¿Tu empresa es líder en sostenibilidad? HSBC te invita a demostrarlo

La sostenibilidad ya no es una opción: es una necesidad urgente para el sector empresarial. Conscientes de esto, HSBC y EY han lanzado la cuarta edición del Premio Empresas Líderes en Innovación Sustentable (ELIS), una iniciativa que busca reconocer a las empresas mexicanas que están liderando con innovación, responsabilidad y visión de largo plazo. El objetivo no es solo premiar, sino visibilizar modelos de negocio capaces de transformar realidades sociales, económicas y ambientales.

En un contexto marcado por la transición hacia economías más limpias y resilientes, destacar en sostenibilidad representa una ventaja competitiva de reputación, impacto y rentabilidad. Este galardón impulsa a las organizaciones a medir, mejorar y compartir sus esfuerzos en materia ASG (ambiental, social y de gobernanza), reforzando la idea de que la sostenibilidad también puede ser sinónimo de éxito empresarial.

Un reconocimiento que impulsa a transformar

Desde hace cuatro años, HSBC ha decidido ir más allá de ser una institución financiera responsable. Por ello, a través de su premio, el banco busca amplificar el compromiso empresarial con el desarrollo sostenible, incentivando a aquellas organizaciones que ya están generando cambios positivos y medibles en México.

Este galardón no solo reconoce iniciativas puntuales, sino modelos de negocio que integran la sostenibilidad como eje central de su operación. Empresas que han apostado por innovar con propósito, resolver desafíos complejos como el cambio climático, la desigualdad o la gobernanza responsable, y que a su vez han logrado demostrar que es posible generar valor económico y transformación social simultáneamente.

La visión de HSBC es clara: construir un ecosistema empresarial donde la descarbonización, la digitalización y el desarrollo inclusivo dejen de ser aspiracionales y se conviertan en práctica común. Este premio visibiliza a quienes ya lo están logrando y ofrece una plataforma de inspiración para quienes aún están en el camino.

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¿Qué empresas pueden inscribirse al Premio Empresas Líderes en Innovación Sustentable?

El Premio Empresas Líderes en Innovación Sustentable distingue a empresas con impacto positivo en los tres pilares de la sostenibilidad: ambiental, social y de gobernanza. Está dirigido a compañías legalmente establecidas en México que hayan implementado estrategias ASG con resultados cuantificables por al menos 12 meses.

Requisitos generales:

●     Empresas con ventas ≥ 250 millones de pesos (12.5 millones USD) en 2024.

●     También podrán postularse empresas con ventas entre 50 y 800 millones de pesos (2.5 a 40 millones USD), si su modelo de negocio promueve la nueva economía.

●     No podrán participar instituciones financieras, cooperativas, ONGs ni fundaciones.

●     No es necesario se cliente HSBC para participar.

Categorías disponibles:

●     Ambiental: Proyectos que impulsen una economía baja en emisiones, fomenten la economía circular o la biodiversidad.

●     Social: Iniciativas que mejoren la calidad de vida en comunidades o fomenten empleo decente.

●     Gobernanza: Estrategias corporativas alineadas con criterios ESG.

Novedades 2025:

●     Se incorpora la categoría New Economy para empresas que, mediante soluciones digitales o tecnológicas, impulsan la transición sostenible.

Datos importantes:

●     Cierre de inscripciones: 15 de julio de 2025

●     Ceremonia de premiación: 16 de octubre de 2025

●     No es necesario ser cliente de HSBC.

●     El jurado estará conformado por expertos independientes en sostenibilidad.

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Un galardón con visión de futuro

Participar en esta iniciativa es una oportunidad para que las empresas consoliden su posicionamiento como referentes en sostenibilidad. Ser reconocida por una institución como HSBC refuerza la credibilidad ante inversionistas, aliados y consumidores cada vez más exigentes en temas ASG.

Además de visibilidad, el premio permite formar parte de una red de empresas comprometidas con transformar sus industrias desde dentro. Las ganadoras de ediciones anteriores han demostrado que integrar estos valores genera resultados medibles tanto en impacto social como en competitividad de mercado.

Con la incorporación de la categoría New Economy, HSBC apuesta por una visión aún más ambiciosa: premiar a empresas que integran tecnología, digitalización y sostenibilidad de manera transversal, alineadas con los retos globales más urgentes.

La sostenibilidad como nuevo estándar empresarial

El Premio Empresas Líderes en Innovación Sustentable también representa una llamada a la acción: pasar del discurso a la implementación real. Aquellas empresas que han logrado institucionalizar la sostenibilidad como parte integral de su estrategia ahora tienen una plataforma para compartir sus logros y acelerar la transformación del ecosistema empresarial mexicano.

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Reconocer a quienes lideran con el ejemplo no solo genera incentivos; también establece estándares que elevan el nivel de ambición en todas las industrias. Este tipo de premios fortalece la cultura de mejora continua y fomenta la colaboración intersectorial para enfrentar desafíos globales con soluciones locales.

Postularse no es solo un acto de ambición empresarial; es también una declaración de principios. Una afirmación de que sí es posible hacer negocios rentables sin renunciar al propósito ni al impacto.

Un reconocimiento con propósito

Iniciativas como el Premio Empresas Líderes en Innovación Sustentable de HSBC son mucho más que una convocatoria: son una muestra del compromiso del sector financiero con el futuro del planeta y de las personas. Al destacar a empresas que ya están liderando el camino, HSBC no solo inspira, sino que también legitima y multiplica sus esfuerzos.Ser parte representa un logro de alto prestigio y un hito reputacional para cualquier empresa. Esta es tu oportunidad para unirte a quienes están visibilizando que es posible generar valor económico mientras se responde a los grandes retos sociales y ambientales de nuestro tiempo. Si quieres saber más da click aquí.

20 errores al usar lenguaje inclusivo

El lenguaje inclusivo ha emergido como una herramienta poderosa para promover la equidad y la representación de todas las personas, independientemente de su género, identidad o condición. Sin embargo, su implementación no está exenta de desafíos y errores comunes que pueden contradecir su propósito original. Identificar y comprender estos errores es esencial para utilizar el lenguaje inclusivo de manera efectiva y respetuosa.

A continuación, se detallan 20 errores frecuentes al usar lenguaje inclusivo, con el objetivo de fomentar una comunicación más consciente y equitativa.

20 errores al usar lenguaje inclusivo

1. Uso de símbolos no pronunciables como “@”, “x” o “*”

Aunque estos símbolos buscan neutralizar el género, presentan problemas de pronunciación y accesibilidad, especialmente para personas con discapacidades visuales que utilizan lectores de pantalla. Además, no son reconocidos por las normas gramaticales del español, lo que puede generar confusión.

Es preferible utilizar términos neutros existentes o reformular las frases para evitar la necesidad de estos símbolos, garantizando así una comunicación clara y accesible para todos.

2. Repetición excesiva de desdoblamientos de género

Frases como “los y las estudiantes” o “todos y todas” pueden resultar redundantes si se utilizan constantemente, afectando la fluidez del discurso.

Es recomendable emplear términos colectivos neutros, como “el estudiantado” o “el personal”, que incluyen a todas las personas sin necesidad de desdoblamientos repetitivos.

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3. Aplicación inconsistente del lenguaje inclusivo

Utilizar lenguaje inclusivo solo en ciertos contextos o documentos y omitirlo en otros puede transmitir una imagen de falta de compromiso con la inclusión.

Es importante adoptar una política coherente que integre el lenguaje inclusivo en todas las formas de comunicación, reflejando un compromiso genuino con la equidad.

4. Ignorar la opinión de las personas involucradas

Imponer términos inclusivos sin consultar a las personas a las que se refieren puede resultar en una falta de respeto hacia sus identidades y preferencias.

Es esencial dialogar y respetar las autodenominaciones de las personas, adaptando el lenguaje para reflejar sus identidades de manera precisa y respetuosa.

5. Utilizar eufemismos que invisibilizan realidades

Sustituir términos como “personas con discapacidad” por eufemismos como “personas con capacidades diferentes” puede minimizar las experiencias y luchas de estas comunidades.

Es fundamental nombrar las realidades de manera directa y respetuosa, reconociendo las identidades y experiencias de las personas sin recurrir a eufemismos que puedan resultar ofensivos o condescendientes.

6. Creer que el lenguaje inclusivo solo se refiere al género

El lenguaje inclusivo también abarca otras dimensiones de la identidad, como la orientación sexual, la raza, la etnia, la edad y la discapacidad.

Adoptar un enfoque interseccional en el uso del lenguaje inclusivo permite una representación más completa y respetuosa de la diversidad humana.

7. No considerar la accesibilidad en la comunicación

El uso de formatos o terminologías que no son accesibles para todas las personas, como documentos no compatibles con lectores de pantalla, puede excluir a ciertos grupos.

Es crucial garantizar que todas las formas de comunicación sean accesibles, considerando las necesidades de personas con diversas capacidades.

8. Implementar el lenguaje inclusivo sin formación adecuada

Adoptar el lenguaje inclusivo sin una comprensión clara de sus principios puede llevar a errores y malentendidos.

Es recomendable proporcionar formación y recursos a todas las personas involucradas en la comunicación para asegurar una implementación efectiva y coherente del lenguaje inclusivo.

9. Utilizar lenguaje inclusivo solo en el lenguaje escrito

Limitar el uso del lenguaje inclusivo al ámbito escrito y omitirlo en la comunicación oral puede generar incoherencias y transmitir un compromiso superficial con la inclusión.

Es importante integrar el lenguaje inclusivo en todas las formas de comunicación, tanto escritas como orales, para reflejar un compromiso auténtico con la equidad.

10. No adaptar el lenguaje inclusivo al contexto cultural

Aplicar términos o estructuras de lenguaje inclusivo sin considerar el contexto cultural puede resultar en malentendidos o rechazo.

Es esencial adaptar el lenguaje inclusivo a las particularidades culturales y lingüísticas de cada comunidad, respetando sus normas y sensibilidades.

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11. Reforzar estereotipos bajo la apariencia de inclusión

Utilizar expresiones que, aunque inclusivas en apariencia, perpetúan estereotipos de género o roles tradicionales puede contradecir los objetivos del lenguaje inclusivo.

Es necesario revisar y reflexionar sobre el contenido del lenguaje para asegurar que no se reproduzcan estereotipos o prejuicios.

12. No actualizar el lenguaje conforme evoluciona la sociedad

El lenguaje es dinámico y refleja los cambios sociales. No adaptarse a nuevas terminologías o formas de expresión inclusivas puede resultar en una comunicación desactualizada o excluyente.

Es importante mantenerse informado y abierto a la evolución del lenguaje para asegurar una comunicación inclusiva y relevante.

13. Utilizar lenguaje inclusivo como estrategia de marketing sin compromiso real

Adoptar el lenguaje inclusivo únicamente como una táctica de marketing, sin un compromiso genuino con la inclusión, puede ser percibido como oportunismo.

La inclusión debe ser un valor fundamental y reflejarse en todas las prácticas y políticas de una organización, más allá de la comunicación externa.

14. No revisar el lenguaje visual y simbólico

La inclusión no solo se refiere al lenguaje verbal; las imágenes, símbolos y representaciones visuales también deben reflejar la diversidad y evitar estereotipos.

Es esencial revisar y adaptar todos los elementos de comunicación visual para asegurar una representación inclusiva y respetuosa.

15. Corregir de manera impositiva a quienes no utilizan lenguaje inclusivo

Imponer el uso del lenguaje inclusivo sin empatía o comprensión puede generar resistencia y rechazo.

Es más efectivo fomentar el diálogo y la educación, promoviendo una comprensión compartida de la importancia del lenguaje inclusivo.

16. No contar con políticas claras sobre el uso del lenguaje inclusivo

La ausencia de directrices o políticas institucionales sobre el uso del lenguaje inclusivo puede llevar a inconsistencias y malentendidos.

Es recomendable establecer políticas claras y proporcionar recursos para guiar la implementación coherente del lenguaje inclusivo en todas las áreas de una organización.

17. Resistirse al cambio y aferrarse a normas tradicionales

Negarse a adaptar el lenguaje a las nuevas realidades sociales puede perpetuar exclusiones y desigualdades.

Es importante reconocer que el lenguaje evoluciona y que su adaptación es esencial para reflejar y promover una sociedad más justa e inclusiva.

18. No considerar el impacto del lenguaje en la percepción social

El lenguaje influye en cómo percibimos y entendemos el mundo. Utilizar un lenguaje excluyente puede reforzar prejuicios y discriminaciones.

Adoptar un lenguaje inclusivo contribuye a construir una sociedad más equitativa y respetuosa, donde todas las personas se sientan representadas y valoradas.

19. Utilizar lenguaje inclusivo sin coherencia con las acciones

El lenguaje inclusivo debe reflejar un compromiso real con la inclusión. Si no se acompaña de acciones concretas, puede percibirse como superficial o hipócrita.

Es fundamental que el lenguaje inclusivo esté alineado con prácticas y políticas inclusivas en todos los niveles de una organización o comunidad.

20. No evaluar y ajustar continuamente las prácticas de lenguaje inclusivo

La implementación del lenguaje inclusivo no es un proceso estático. No evaluar y ajustar regularmente las prácticas puede llevar a la perpetuación de errores o la exclusión inadvertida de ciertos grupos.

Es esencial establecer mecanismos de retroalimentación y revisión para asegurar que el lenguaje inclusivo se mantenga efectivo y relevante.

Importancia del lenguaje inclusivo en la responsabilidad social

El lenguaje inclusivo es una herramienta fundamental en la promoción de la responsabilidad social. Al adoptar un lenguaje que refleje y respete la diversidad, las organizaciones y comunidades demuestran un compromiso con la equidad y la justicia social.

Además, el uso del lenguaje inclusivo contribuye a crear entornos más acogedores y respetuosos, donde todas las personas se sienten valoradas y representadas. Esto fortalece la cohesión social y promueve una cultura de inclusión y respeto mutuo.

Recomendaciones para integrar el lenguaje inclusivo de forma auténtica

Más allá de evitar errores al usar lenguaje inclusivo, es importante adoptar una perspectiva crítica y formativa. Esto implica capacitar a equipos, crear manuales de estilo, revisar constantemente las comunicaciones y, sobre todo, escuchar a las comunidades representadas.

El lenguaje inclusivo no debe ser una lista de palabras permitidas, sino una herramienta viva que acompaña la evolución social. Por ello, hay que abordarlo desde la empatía, la apertura y el compromiso con la diversidad.

Hablar de los errores al usar lenguaje inclusivo no busca generar culpa, sino reflexión. Solo así podemos construir una comunicación más equitativa, sensible y efectiva. El lenguaje tiene un poder transformador que, bien utilizado, puede ser una poderosa herramienta para el cambio social.

Incorporar el lenguaje inclusivo de forma informada y coherente fortalece no solo nuestras palabras, sino también nuestras acciones. Como profesionales y ciudadanos, tenemos la responsabilidad de usarlo para sumar, visibilizar y construir puentes más humanos.

IMURecicla reafirma su compromiso con el medio ambiente en el marco del Día Mundial del Reciclaje

En el marco del Día Mundial del Reciclaje, el programa de responsabilidad social IMURecicla —la iniciativa de acopio de pilas usadas de acceso público más grande de América Latina— reafirma su compromiso con el cuidado del medio ambiente y la gestión responsable de residuos peligrosos. Impulsado por Grupo IMU, empresa especializada en publicidad en mobiliario urbano, el programa ha generado un impacto ambiental y educativo positivo en todo el país a través de diversas iniciativas.

Desde su creación en 2007, IMURecicla ha recolectado más de mil 400 toneladas de pilas usadas, evitando que sus componentes tóxicos afecten el aire, el suelo y los cuerpos de agua. Estas acciones responden a la misión de Grupo IMU de “hacer mejores ciudades” mediante el uso responsable de su mobiliario urbano, en el que destacan los parabuses,  y su modelo de responsabilidad social.

Una estrategia basada en cinco pilares clave

El impacto de IMURecicla se estructura alrededor de cinco pilares fundamentales:

●     IMU Recolectores: Puntos de acopio de pilas en desuso, instaladas en espacios públicos para el acopio de pilas usadas.

●     Concurso Escolar: Iniciativa educativa dirigida a estudiantes de nivel básico, que en 2025 celebrará su 16ª edición.

●     Concurso de Cartel y Video: Certamen creativo para jóvenes de nivel medio superior y aficionados al diseño, con ocho ediciones realizadas.

●     Alianzas estratégicas: Con instituciones educativas, culturales y deportivas.

●     Campañas de concientización: Para promover el reciclaje responsable de pilas.

IMURecicla

Red nacional de IMU Recolectores

IMURecicla cuenta con una red de cerca de 900 IMU Recolectores instalados en Ciudad de México y su zona metropolitana, Guadalajara, Pachuca, Veracruz, Tijuana y Puebla. Estos puntos de acopio se encuentran ubicados en sitios estratégicos como parques, estaciones de transporte, centros comerciales, museos y estadios, lo que facilita a la ciudadanía la disposición segura de pilas usadas.

Mediante esta red, se recolectan aproximadamente 6 mil 500 kilogramos de pilas mensualmente, las cuales son trasladadas a centros especializados para su tratamiento conforme a la normatividad vigente.

A lo anterior se suma el impacto del Concurso Escolar, que entre 2018 y 2024 logró reunir más de 47 toneladas de pilas, con la participación activa de más de 140 mil alumnos de 288 escuelas.

Educación ambiental y alianzas estratégicas

IMURecicla ha tejido una sólida red de aliados estratégicos en distintos sectores, como el educativo, cultural y deportivo, entre los que se encuentran: Ecolana, una plataforma digital que promueve el reciclaje; Museo Interactivo de Economía (MIDE), el Papalote Museo del Niño, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC); así como los equipos pertenecientes a la Liga Mexicana de Beisbol: Diablos Rojos del México, Pericos de Puebla y el Águila de Veracruz.

IMURecicla

Estas alianzas fortalecen la labor educativa y de concientización sobre la importancia del reciclaje de pilas como una acción colectiva con beneficios significativos para el medio ambiente.

Un pequeño gesto, un gran impacto

Se estima que una sola pila puede contaminar hasta 600 mil litros de agua si no se desecha correctamente. Esto se debe a que contiene metales pesados como mercurio, cadmio, litio y plomo, y su degradación puede tardar entre 500 y mil años.

Por ello, IMURecicla hace un llamado a la población a tomar acción y llevar sus pilas usadas a los puntos de recolección habilitados.

Para conocer más acerca del programa y localizar el IMURecolector más cercano, visita: https://imu.com.mx/services/imurecicla/

Es tres veces más probable que la IA reemplace a una mujer que a un hombre: OIT

La inteligencia artificial generativa (IA generativa) está transformando el mercado laboral global, automatizando tareas y redefiniendo roles en múltiples sectores. Un estudio conjunto de la OIT y el Instituto Nacional de Investigación de Polonia (NASK) revela que uno de cada cuatro empleos está potencialmente expuesto a esta tecnología. Aunque la transformación, más que la eliminación, es el resultado más probable, los efectos no son uniformes.

Particularmente preocupante es la brecha de género en esta exposición: las mujeres enfrentan un riesgo tres veces mayor de reemplazo por IA que los hombres, especialmente en países de altos ingresos. Esta desigualdad refleja divisiones ocupacionales históricas y una falta de políticas que prioricen la equidad en la transición digital. Ante este escenario, el impacto de la IA en el trabajo debe analizarse desde una óptica de justicia social y de derechos laborales.

El impacto de la IA en el trabajo y la exposición ocupacional

El informe “Generative AI and Jobs” representa la evaluación más detallada hasta ahora sobre cómo la IA generativa puede remodelar el mundo laboral. Al analizar más de 30,000 tareas ocupacionales con ayuda de modelos de IA y revisión experta, se identificaron “gradientes de exposición” que revelan los niveles de riesgo por ocupación.

El impacto de la IA en el trabajo se concentra principalmente en los sectores administrativos, debido a su alta automatización potencial. Sin embargo, también se han identificado riesgos crecientes en sectores cognitivos y altamente digitalizados como medios, finanzas y desarrollo de software. Esta capacidad transformadora de la IA obliga a repensar qué competencias deben fortalecer los trabajadores para adaptarse.

A pesar del potencial de la IA generativa, la automatización total de empleos sigue siendo poco común. Muchas tareas aún necesitan intervención humana, especialmente en contextos donde las habilidades blandas, el juicio ético y la creatividad siguen siendo irremplazables. La clave, por tanto, está en dirigir la innovación hacia modelos inclusivos y resilientes.

impacto de la IA en el trabajo

Brechas de género: una urgencia silenciosa

Uno de los hallazgos más alarmantes del informe es que el 9.6 % del empleo femenino en países de altos ingresos está en riesgo de automatización por IA, frente al 3.5 % de los empleos masculinos. Esta disparidad resalta la necesidad de diseñar políticas públicas con enfoque de género en la transformación digital.

Las mujeres están sobrerrepresentadas en funciones administrativas, justamente las más expuestas a la automatización. Esto significa que, si no se interviene, la IA podría profundizar las desigualdades estructurales del mundo laboral. De ahí la urgencia de incluir la perspectiva de género en la discusión sobre el impacto de la IA en el trabajo.

Además, la falta de representación femenina en el desarrollo de tecnologías de IA contribuye a perpetuar sesgos de género. Solo el 22 % de las mujeres del sector tecnológico trabajan en IA, lo que limita la diversidad en la creación de soluciones tecnológicas y refuerza estereotipos existentes.

Transformación, no eliminación

El estudio aclara que la IA generativa tiene más potencial para transformar tareas que para eliminar empleos completos. Sin embargo, esta transformación no es automática ni equitativa: depende del acceso a herramientas digitales, la infraestructura tecnológica y las políticas de cada país.

Los países con economías emergentes enfrentan desafíos particulares. La falta de conectividad, brechas educativas y debilidad institucional pueden convertir un proceso transformador en un proceso excluyente. Es necesario que los gobiernos actúen con responsabilidad, reconociendo el impacto de la IA en el trabajo como una oportunidad para avanzar en inclusión y no retroceder.

La adaptación debe ir acompañada de inversión en capacitación, creación de nuevos roles laborales y un diálogo social que incluya a trabajadores, empleadores y academia. De lo contrario, se corre el riesgo de que esta transformación se traduzca en pérdida de derechos y precariedad.

Un índice para anticipar riesgos y diseñar soluciones

El índice global presentado por la OIT y NASK ofrece una herramienta replicable que permite a los países anticipar los efectos de la IA generativa en su fuerza laboral. Este enfoque de anticipación es clave para diseñar estrategias proactivas, sostenibles e inclusivas.

Gracias a la validación de expertos y al uso de microdatos, el índice proporciona una visión detallada y confiable. Esto permite a los responsables políticos enfocar sus esfuerzos en sectores y poblaciones específicas. La prevención, en este caso, es más efectiva que la corrección tardía.

Adoptar este tipo de herramientas en políticas públicas, especialmente en economías en desarrollo, es un paso crucial para enfrentar el impacto de la IA en el trabajo con enfoque preventivo, adaptativo y centrado en la dignidad laboral.

Responsabilidad compartida y oportunidades éticas

El futuro del trabajo está siendo moldeado hoy, y la IA generativa es una de sus principales fuerzas. Por ello, la responsabilidad no recae únicamente en los gobiernos: las empresas, las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones académicas también deben asumir un rol activo en esta transformación.

La ética tecnológica exige que se analicen no solo los beneficios productivos de la IA, sino también sus consecuencias sociales. El impacto de la IA en el trabajo puede traducirse en oportunidades de mejora si se abordan desde una perspectiva integral y con sentido de responsabilidad social.

Crear entornos laborales más equitativos, resilientes y sostenibles es posible si alineamos el desarrollo tecnológico con la protección de derechos y la promoción del bienestar humano. La IA no debe ser un fin en sí misma, sino una herramienta para construir una sociedad más justa.

El avance de la inteligencia artificial generativa marca una nueva era en la evolución del trabajo, pero sus efectos no son automáticos ni homogéneos. El estudio de la OIT y NASK nos invita a actuar desde la responsabilidad social, priorizando a quienes corren mayores riesgos, especialmente las mujeres.

En este contexto, hablar del impacto de la IA en el trabajo no es solo hablar de tecnología, sino de dignidad, inclusión y justicia. Solo así podremos garantizar que el futuro laboral, aunque digital, siga siendo profundamente humano.

La clave de la estabilidad económica está… ¿en las emisiones?

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Las consecuencias de la crisis climática ya no son un escenario futurista: están aquí, elevando el precio de los productos básicos, empujando a millones a la hambruna y desestabilizando los mercados. Frente a este panorama, el llamado de la ONU es claro: solo una acción contundente sobre las emisiones de gases de efecto invernadero puede revertir esta tendencia.

Durante su participación en Panamá, el secretario ejecutivo de la CMNUCC, Simon Stiell, fue enfático: las políticas climáticas sólidas no solo salvan ecosistemas, también salvan economías. Hoy más que nunca, debemos reconocer que la clave de la estabilidad económica podría no estar en los mercados financieros… sino en nuestra respuesta climática, comparte The Guardian.

La crisis climática como detonante económico

Las sequías que hoy azotan el Canal de Panamá no solo afectan la logística marítima, también provocan una alteración en la cadena global de suministros. Stiell lo explicó sin rodeos: cuando los cultivos fallan por falta de agua, los estantes se vacían y el hambre reaparece, incluso en regiones que antes se consideraban inmunes.

Este contexto pone en evidencia que no se puede hablar de estabilidad sin considerar los efectos del cambio climático. La volatilidad de los precios de alimentos y energía, así como la escasez de productos, no son fenómenos aislados. Son síntomas de una inestabilidad estructural.

Por ello, no es exagerado afirmar que la clave de la estabilidad económica radica en cómo enfrentemos las emisiones. La falta de acción climática no solo impacta al medioambiente, también amenaza la seguridad alimentaria y financiera de millones.

clave de la estabilidad económica

Políticas climáticas: el nuevo pilar del desarrollo económico

Lejos de ser un freno al crecimiento, las políticas climáticas pueden ser el motor de nuevas economías. Así lo afirma Stiell: los planes climáticos actuales deben centrarse en el crecimiento de industrias sostenibles y resilientes. Las oportunidades están ahí para quienes decidan actuar con visión.

Un marco regulatorio claro y ambicioso puede reducir la incertidumbre para los inversionistas. Empresas y gobiernos que ofrezcan certidumbre en sus compromisos ambientales se vuelven más atractivos para el capital internacional.

Y es que la clave de la estabilidad económica no solo está en reducir emisiones, sino en transformar esta reducción en una ventaja competitiva. Crecimiento verde, innovación tecnológica y justicia climática no son caminos separados, sino componentes de una misma estrategia.

Inversión climática: oportunidad para todos, responsabilidad compartida

El interés de los inversionistas en proyectos climáticos existe, pero requiere señales claras. Desde impuestos verdes hasta subsidios bien direccionados, los gobiernos deben construir un entorno favorable para canalizar capital hacia energías limpias y soluciones resilientes.

Pero también se necesita un enfoque equitativo. No todos los países parten del mismo punto, ni cuentan con los mismos recursos. Mientras algunos avanzan con rapidez, otros se quedan atrás, arriesgando que la transición se convierta en una brecha más que en una solución.

clave de la estabilidad económica

Si queremos que la inversión climática realmente sea la clave de la estabilidad económica global, debemos garantizar que la financiación llegue a donde más se necesita. La acción climática debe ser también una acción solidaria.

Justicia climática y el rol del financiamiento internacional

Organizaciones como Oxfam, Greenpeace y Save the Children han reiterado que la financiación climática no puede quedarse en promesas. Gravar a los grandes emisores, redirigir subsidios fósiles o establecer impuestos al lujo podrían liberar recursos suficientes para cerrar la brecha financiera.

El Reino Unido, pese a su liderazgo histórico, ha reducido significativamente su ayuda exterior. La incertidumbre sobre su continuidad debilita el mensaje de compromiso global y deja en el limbo a millones que dependen de estos fondos.

La clave de la estabilidad económica también implica justicia climática: quienes más han contribuido al problema deben ser los primeros en financiar la solución. No se trata de caridad, sino de coherencia, responsabilidad y supervivencia compartida.

El futuro de los planes climáticos: crecimiento con equidad

Los nuevos planes climáticos propuestos deben ir más allá de los recortes. Deben apostar por el crecimiento: más empleos, mayor inversión, industrias resilientes y comunidades con acceso a oportunidades reales.

Cuando se prioriza la equidad en el diseño de estos planes, el impacto es transformador. Dejar atrás a los países más vulnerables no solo es injusto, también es estratégicamente inviable. El cambio debe ser incluyente o no será sostenible.

Por eso, insistir en que la clave de la estabilidad económica está en las emisiones no es una exageración, sino una verdad urgente. El futuro dependerá de cómo se implementen estos planes hoy, con una visión colectiva y de largo plazo.

El cambio climático no es una amenaza futura, es una crisis presente con implicaciones económicas profundas. La clave de la estabilidad económica ya no se mide solo en cifras de crecimiento, sino en la capacidad de resiliencia frente a eventos extremos, en el acceso equitativo a recursos y en el tipo de inversiones que priorizamos.

Los gobiernos tienen en sus manos una poderosa herramienta: sus planes climáticos. Si estos se enfocan en crecimiento con justicia, en transformar emisiones en oportunidades y en fortalecer la cooperación internacional, podremos aspirar a una economía verdaderamente estable.

Porque sí: en un mundo cada vez más caliente, incierto y desigual, la clave de la estabilidad económica podría estar, precisamente, en cómo respondamos hoy a la crisis de las emisiones.

Compensaciones de carbono no borran daño por GEI; esta empresa lo admite y pide disculpas

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En un hecho sin precedentes, Energy Australia —una de las empresas energéticas más grandes del país— ha reconocido públicamente que las compensaciones de carbono no eliminan el daño causado por los gases de efecto invernadero (GEI). Esta declaración, surgida a raíz de un proceso legal impulsado por Parents for Climate, marca un antes y un después en la manera en que las grandes corporaciones abordan sus compromisos climáticos, de acuerdo con The Guardian.

El caso, que derivó en una disculpa formal y un acuerdo extrajudicial, puso en evidencia que la publicidad utilizada para promover el programa “Go Neutral” podría haber sido engañosa para los más de 400 mil clientes que se sumaron creyendo que neutralizaban su impacto ambiental. Aceptar que las compensaciones de carbono no son una solución definitiva representa un acto de responsabilidad que también abre un debate urgente en la comunidad empresarial.

Un giro inesperado en la narrativa corporativa

Por primera vez, una empresa energética de gran escala admite que las compensaciones de carbono no logran revertir el daño ambiental generado por la quema de combustibles fósiles. Energy Australia, que había promovido durante años su programa “Go Neutral”, ha dado marcha atrás y reconocido que este enfoque no es suficiente para mitigar el impacto de las emisiones.

Este reconocimiento se dio en el marco de una acción legal encabezada por la organización Parents for Climate, la cual cuestionó la veracidad de las afirmaciones de neutralidad climática. El acuerdo alcanzado evitó un juicio que sin duda habría generado mayor exposición mediática y legal.

Lo relevante no es solo la disculpa, sino el reconocimiento explícito de que los mecanismos actuales para certificar la neutralidad de carbono no cumplen con los estándares que las empresas responsables deben adoptar. Este caso deja claro que el greenwashing ya no pasa desapercibido.

Compensaciones de carbono: ¿solución o distracción?

El concepto de compensaciones de carbono ha sido ampliamente utilizado por empresas para declarar sus productos o servicios como “carbono neutral”. Sin embargo, como lo evidencia el caso de Energy Australia, esto ha generado una falsa sensación de progreso ambiental en los consumidores.

El propio director ejecutivo de Parents for Climate, Nic Seton, señaló que este tipo de estrategias terminan por erosionar la confianza pública. Las compensaciones no deben ser vistas como un permiso para seguir contaminando, sino como un complemento —no un sustituto— de las acciones reales de descarbonización.

En este sentido, el caso pone sobre la mesa la urgencia de redefinir el rol de las compensaciones dentro de las estrategias corporativas de sostenibilidad. Es momento de priorizar la reducción directa de emisiones, en lugar de esconderlas tras certificaciones ambiguas.

Implicaciones para el sector empresarial

El precedente que sienta esta declaración tiene profundas implicaciones para otras empresas que aún utilizan las compensaciones de carbono como eje de su estrategia climática. La industria energética, en particular, enfrenta crecientes demandas de transparencia y efectividad en sus compromisos ambientales.

Energy Australia ha admitido que su enfoque anterior no fue el más efectivo. Como parte del acuerdo, la empresa se ha comprometido a centrar sus esfuerzos en ayudar a los clientes a reducir directamente sus emisiones, lo que representa un giro positivo en su enfoque de responsabilidad social.

Este cambio también plantea una oportunidad para que el resto del sector revise y fortalezca sus prácticas. La rendición de cuentas y la alineación con metas científicas deben ser pilares de cualquier política de sostenibilidad creíble.

Replanteando los marcos regulatorios

Otro aspecto relevante es el papel del programa Climate Active, respaldado por el gobierno federal, que certificaba las compensaciones de carbono utilizadas por Energy Australia. Las dudas sobre su eficacia abren una conversación sobre la necesidad de marcos regulatorios más exigentes y alineados con la ciencia climática.

El Carbon Market Institute, que representa a los actores del mercado de compensaciones, ha expresado su apoyo al acuerdo y ha pedido una reforma del programa para enfocarlo en lograr emisiones netas cero. Reconocen que las compensaciones de carbono deben complementar, y no reemplazar, políticas efectivas de reducción de emisiones.

Esto sugiere que el problema no es la herramienta en sí, sino su mal uso. Regular con mayor precisión su aplicación permitirá evitar abusos y fomentar una transición energética auténtica, alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

De la compensación a la transformación

En su declaración, Energy Australia no solo se disculpó, sino que también reconoció que las compensaciones de carbono no deben ser utilizadas para postergar acciones más profundas. “Nos enfocaremos en formas más eficaces de ayudar a nuestros clientes a reducir sus emisiones”, afirmaron.

Este cambio de rumbo implica pasar de una lógica de compensación a una lógica de transformación. Es decir, invertir en eficiencia energética, energías renovables, y educación ambiental que fomente cambios de hábito en los consumidores.

Este caso ofrece una valiosa lección: la transparencia y el compromiso con soluciones reales no solo son éticamente correctos, sino estratégicamente necesarios en un contexto donde la ciudadanía exige congruencia y autenticidad.

El caso de Energy Australia marca un parteaguas en la forma en que las empresas abordan su impacto ambiental. Admitir que las compensaciones de carbono no borran el daño por emisiones de GEI no solo es un acto de responsabilidad, sino también una llamada de atención al sector empresarial y a los marcos regulatorios.

La transición hacia prácticas realmente sostenibles requiere abandonar fórmulas simplistas y comprometerse con medidas que reduzcan de manera efectiva las emisiones. En un momento en que el greenwashing ya no es tolerado, la coherencia y la acción directa son las únicas rutas aceptables para alcanzar la neutralidad climática con legitimidad.

Recortes de Trump dejan a comunidades latinas vulnerables ante el cambio climático

En un contexto donde la emergencia climática exige respuestas urgentes y coordinadas, las recientes decisiones del expresidente Donald Trump en materia medioambiental han dejado al descubierto una profunda brecha de protección y justicia ambiental. Las comunidades latinas vulnerables, muchas de ellas asentadas en zonas de alto riesgo, enfrentan hoy mayores desafíos tras los recortes federales que interrumpieron programas clave de mitigación y resiliencia climática.

De acuerdo con Forbes, el informe presentado por Climate Power En Acción visibiliza este retroceso, resaltando cómo los esfuerzos comunitarios por proteger el medio ambiente y sus propias condiciones de vida han sido debilitados desde el poder federal. Las comunidades latinas vulnerables, que ya vivían en contextos de riesgo, ahora se enfrentan a una doble amenaza: la crisis climática y el abandono institucional.

Retrocesos que debilitan años de lucha ambiental

Las organizaciones de justicia ambiental lideradas por latinos han expresado su preocupación ante el desmantelamiento de políticas que, aunque limitadas, representaban avances para proteger a las poblaciones más expuestas. Programas federales destinados a energía limpia, educación climática y fortalecimiento de la resiliencia comunitaria han sido suspendidos sin previo aviso.

Estas medidas han afectado directamente a iniciativas locales que dependían de recursos públicos para operar en regiones donde el cambio climático ya se manifiesta con huracanes, sequías e incendios forestales. Las comunidades latinas vulnerables, que históricamente han sido relegadas de las decisiones medioambientales, ahora ven cómo los pocos mecanismos de protección existentes desaparecen.

El congelamiento de inversiones y la cancelación de contratos han obligado a muchas organizaciones aliadas a reducir o cerrar sus programas, debilitando las redes de apoyo comunitario. La falta de claridad institucional y el impacto financiero están generando un efecto dominó, en el que las consecuencias se multiplican en los territorios más frágiles.

El impacto económico y social de los recortes

La decisión de congelar más de 2,370 millones de dólares en inversiones federales tiene consecuencias concretas en el día a día de miles de familias latinas. En estados como Arizona, organizaciones comunitarias han tenido que cancelar programas de asistencia ambiental por la pérdida de fondos previamente aprobados.

Uno de los casos más alarmantes es el de una organización que vio esfumarse 1.9 millones de dólares, destinados a iniciativas de educación climática, movilidad sostenible y fortalecimiento comunitario. Otra entidad, que ya tenía listas sus actividades, se vio forzada a cancelarlas por completo tras el retiro abrupto del financiamiento.

Estas interrupciones no solo afectan la operación de las ONG, sino que incrementan el sentimiento de incertidumbre y abandono entre las comunidades latinas vulnerables. La reducción de estos apoyos económicos representa una barrera para enfrentar riesgos climáticos, profundizando las desigualdades estructurales que afectan a estas poblaciones.

El desmantelamiento de las agencias climáticas

El informe también señala que el recorte de fondos vino acompañado de despidos masivos en agencias como la NOAA y el Servicio Forestal de Estados Unidos. Estos organismos, cruciales para la previsión meteorológica, la protección de ecosistemas y la respuesta ante desastres, han perdido capacidad operativa en momentos clave.

Al desmantelar estas estructuras, se eliminan también las herramientas que permiten alertar y proteger a las comunidades en riesgo. Los eventos extremos como los huracanes Milton y Helene demostraron la necesidad de contar con instituciones robustas y bien financiadas. Sin ellas, las comunidades latinas vulnerables quedan a merced de fenómenos naturales sin preparación ni respaldo.

Esto representa una amenaza sistémica. No se trata solo de un cambio administrativo, sino del debilitamiento de la infraestructura pública que sostenía los programas climáticos en zonas de alta vulnerabilidad. El costo humano y ambiental de estas decisiones es incalculable y duradero.

Cancelación de contratos: una alerta nacional

Los contratos federales cancelados por la administración Trump afectaron directamente a iniciativas que daban soporte técnico, educativo y de comunicación a comunidades latinas. Uno de los casos más significativos es el de la Red Hispana de Comunicaciones, que había firmado un contrato por 7.5 millones de dólares con el Servicio Forestal.

Este tipo de acuerdos permitían llevar información oportuna sobre cambio climático, riesgos naturales y medidas de prevención a poblaciones marginadas. Su cancelación, además de interrumpir programas clave, manda un mensaje desalentador a quienes trabajan por la justicia ambiental en primera línea.

El impacto no se limita a unas cuantas organizaciones: son más de 40 contratos los que se han visto afectados, muchos de ellos destinados a comunidades latinas vulnerables en zonas urbanas y rurales. Esta situación demanda una respuesta articulada de la sociedad civil, filantropía y gobiernos locales para evitar un colapso de capacidades.

comunidades latinas vulnerables

Comunidades latinas vulnerables: en la primera línea del cambio climático

El informe subraya una realidad ineludible: las comunidades latinas vulnerables están en la primera línea del impacto climático. Viven en áreas expuestas, cuentan con menos recursos para adaptarse, y sufren mayores barreras para acceder a políticas de protección. Sin apoyos, estas comunidades quedan aún más desprotegidas ante la crisis ambiental.

La justicia climática no puede construirse sin equidad social y representación real de las comunidades afectadas. Es urgente volver a priorizar programas que integren a líderes latinos, escuchen sus necesidades y fortalezcan su resiliencia frente a eventos climáticos extremos. La exclusión institucional no puede ser la norma.

Frente a esta situación, se hace evidente la necesidad de diseñar políticas climáticas con enfoque inclusivo, territorial y cultural. Invertir en las comunidades latinas vulnerables no es solo una obligación moral, sino una estrategia inteligente para enfrentar la crisis desde lo local hacia lo nacional.

Los recortes de la administración Trump han expuesto a las comunidades latinas vulnerables a una crisis dentro de otra: la del abandono climático. Las consecuencias de estas decisiones van más allá de lo presupuestal; impactan vidas, futuros y territorios. La omisión institucional no debe normalizarse.

En tiempos donde el cambio climático exige colaboración y responsabilidad, es indispensable que las políticas públicas se alineen con la protección de los más afectados. Reactivar programas de justicia ambiental y devolver recursos a las comunidades latinas vulnerables es un paso necesario hacia la equidad climática.

La responsabilidad social no solo consiste en señalar retrocesos, sino en impulsar soluciones. Las organizaciones, empresas y gobiernos tienen ante sí el reto de reconstruir los puentes rotos y asegurar que ninguna comunidad quede atrás en la lucha por un planeta justo y habitable.

HEINEKEN México apuesta por la circularidad como motor de cambio

Cada 17 de mayo se conmemora el Día Mundial del Reciclaje, una fecha para reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo y el impacto de los residuos en el planeta. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), cada año se produce más de 430 millones de toneladas de plástico en el mundo, de las cuales una parte considerable termina contaminando suelos, océanos y cadenas alimenticias.

En México, cada persona genera en promedio 66 kilos de residuos plásticos al año, de acuerdo con el Inventario Nacional de Fuentes de Contaminación Plástica, elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), lo que posiciona al país entre los mayores consumidores de plástico en América Latina.

En este contexto, empresas como HEINEKEN México reafirman su compromiso con la sustentabilidad ambiental y la economía circular, al impulsar un esquema de negocio basado en la innovación tecnológica y eficiencia en el uso de los recursos. Guiada por su estrategia global “Brindar un Mundo Mejor”, la compañía apuesta por soluciones que contribuyen al cuidado del medio ambiente y promueven un consumo más consciente, todo esto alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Una de sus iniciativas más destacadas comenzó en 2022, con la implementación de los multiempaques Hi-Cone RingCycles™PCR (post-consumer recycled content) en sus productos en presentación de lata (4, 6 y 8 packs). Esta tecnología Hi-Cone PCR, utiliza plástico reciclado postconsumo, lo que permite eliminar el uso de plástico virgen, disminuir hasta en un 83% el consumo de agua y un 75% menos gases de efecto invernadero.

HEINEKEN reciclaje

El proceso de elaboración del multiempaque Hi-Cone RingCycles™ PCR es sencillo y eficiente: los plásticos flexibles posconsumo son recolectados, clasificados, lavados, triturados y fundidos para convertirse en pellets totalmente reciclables, listos para reintegrarse a la cadena productiva. 

“En Hi-Cone, trabajamos de la mano con socios estratégicos comprometidos con el medio ambiente como HEINEKEN México, ofreciéndoles empaques que apoyan sus objetivos de sostenibilidad y reducen el impacto ambiental” comentó Elizabeth Sheaffer, Directora Global de Marketing y Sustentabilidad de Hi-Cone.

Acciones como esta contribuyen a la ambición global de circularidad que HEINEKEN Company se ha planteado hacia 2030, enfocada en incorporar la circularidad en su cadena de valor. Uno de los ejes clave es el rediseño de empaques para minimizar la generación de residuos y maximizar la reutilización de materiales, a través de la implementación de procesos circulares en la producción de sus empaques.

Esta ambición de circularidad comprende tres principales metas esenciales:

  • 43% de los volúmenes vendidos en formato reutilizable 
  • 50% de contenido reciclado en botellas y latas 
  • 99% de los envases deben ser reciclables por diseño 

“En HEINEKEN México estamos convencidos de que el reciclaje y la innovación van de la mano para enfrentar los grandes retos ambientales actuales. Apostamos por soluciones que no solo mejoran la eficiencia, sino que también permiten cerrar el ciclo de los materiales y ofrecer al consumidor opciones circulares”, expresó Inti Pérez, directora de Sustentabilidad de HEINEKEN México.

Como parte de su enfoque hacia una economía circular, desde el 2024 HEINEKEN México forma parte de Reciclamanía Evoluciona, una iniciativa de Walmart de México y Centroamérica que busca facilitar a los consumidores el acceso a espacios de reciclaje para sus productos posconsumo; esto permite conectar y extender la vida útil de los materiales y así reducir la huella ambiental.

“Reciclamanía Evoluciona es parte de nuestro compromiso por brindar soluciones accesibles que inspiren al consumidor a participar activamente en la economía circular. Gracias a este esfuerzo colectivo, hemos reciclado más de 800 toneladas de materiales desde su origen en 2019 con el apoyo de más de cientos de clientes Estamos convencidos de que la colaboración con aliados como HEINEKEN México es fundamental para escalar el impacto ambiental positivo que buscamos generar”, comentó Manolo Reynaud, Director de Sustentabilidad de Walmart de México y Centroamérica”.

https://twitter.com/HeinekenMexico/status/1923506294914437456


Tres aliados se unen para invitar a los consumidores a llevar a reciclar sus latas de cervezas favoritas de la familia HEINEKEN México y los anillos de plástico reciclado posconsumo , a los centros de acopio más cercanos de Reciclamanía Evoluciona, y así juntos contribuir a un mundo mejor.

Ante este compromiso de maximizar la circularidad, todos los días la cervecera ponen manos a la obra para transformar y optimizar la cadena de valor, mediante otras iniciativas como:

  • Enfriadores circulares, una solución que extiende la vida útil de equipos mediante mantenimiento, reconstrucción o reciclaje completo. En alianza con IMBERA buscamos disminuir los residuos incorporando un reactor único que trasforme el poliuretano en materia prima reutilizable para nuevos enfriadores.
  • Etiquetas recicladas: Como parte de su compromiso con el medio ambiente, las cervezas INDIO® y Tecate®, cuentan con la primera etiqueta reciclada en su totalidad en México, avalada por la FSC -N004104 (Forest Stewardship Council).
  • E-learning de economía circular: Primer e-learning de economía circular creado en colaboración con la Fundación Ellen MacArthur y el Tecnológico de Monterrey que busca capacitar, sensibilizar y acompañar a los participantes en los principios de la economía circular, promoviendo la innovación sostenible y la utilización eficiente de los recursos naturales.
  • Uniformes circulares: Esta iniciativa tiene la finalidad de recuperar los residuos plásticos para producir material textil que pueda ser utilizado en la elaboración de uniformes, playeras y pantalones para los colaboradores de la compañía.

HEINEKEN México, a través de su propósito de “Brindar momentos de alegría para inspirar un mundo mejor”, busca contribuir a un impacto positivo que sume a la transformación de la industria cervecera y que acompañe a los consumidores a un consumo responsable con el medioambiente.

¿Por qué Gates va a cerrar su fundación? El plan detrás de los 200 mil millones

En su 25º aniversario, la Fundación Gates sorprendió al anunciar su cierre definitivo para 2045. Con más de dos décadas transformando la salud global y combatiendo la pobreza extrema, este anuncio plantea dudas entre los actores clave del desarrollo sostenible. El legado de más de 100 mil millones de dólares y millones de vidas salvadas no es menor, pero el momento elegido para comunicarlo es particularmente sensible.

De acuerdo con una entrevista realizada por The New York Times, la decisión parece responder tanto a una estrategia de maximización de impacto como a una visión optimista (y debatida) sobre el futuro. La fundación se ha propuesto agotar sus recursos —incluyendo casi toda la fortuna personal de Gates— en los próximos 20 años, canalizando más de 200 mil millones de dólares en ese lapso. ¿Qué implica esto para el ecosistema filantrópico global? ¿Y para los países más vulnerables?.

El simbolismo del cierre de Fundación Gates

El anuncio del cierre de Fundación Gates es más que un punto final: representa una transición en la forma en que se entiende la filantropía moderna. Fundada en un momento de optimismo global, la organización se volvió símbolo de un tipo de ayuda eficiente, tecnificada y con fuerte respaldo financiero. Su desaparición marca el fin de una era donde el liderazgo filantrópico provenía de fortunas tecnológicas y compromisos personales.

Esta decisión lanza una señal ambigua: ¿es una victoria, una retirada o ambas? Por un lado, Gates afirma que se han creado herramientas para que los Estados y comunidades tomen la estafeta; por otro, el contexto internacional actual contradice esa confianza. ¿Podrán los gobiernos —con presupuestos reducidos y presiones políticas internas— llenar ese vacío?

En términos prácticos, el cierre de Fundación Gates también pone presión sobre otras organizaciones filantrópicas. Las expectativas de impacto, escala y eficiencia se elevan mientras se reduce la cantidad de actores capaces de sostener intervenciones a largo plazo. Esto obligará a redefinir el rol de la filantropía en un mundo cada vez más inestable.

El legado: avances y limitaciones

En sus 25 años de operación, la fundación logró reducir la mortalidad infantil global a la mitad y expandió la cobertura de vacunas en países donde antes no llegaban. Las cifras son claras: se salvaron decenas de millones de vidas y se generó una arquitectura de salud pública global más robusta. Sin embargo, los progresos no han sido lineales, y las emergencias recientes lo evidencian.

La pandemia de COVID-19 puso en pausa avances estructurales, afectando rutinas de vacunación, programas de salud sexual y reproductiva, y provocando retrocesos en indicadores de pobreza. A eso se suma la creciente deuda en los países más pobres, que ahora enfrentan mayores obstáculos para sostener los logros alcanzados gracias al financiamiento internacional.

Así, el cierre de Fundación Gates ocurre en un momento donde las grietas del sistema son visibles. Es justo preguntarse si este legado será resiliente o si quedará vulnerable ante la falta de continuidad. Lo que sí queda claro es que la capacidad de adaptación del sector dependerá de su habilidad para tejer nuevas alianzas y modelos de sostenibilidad.

El contexto político y el retroceso de la ayuda

Uno de los factores que más preocupan a Gates es el retroceso de la ayuda internacional, especialmente desde la administración Trump. La reducción drástica del presupuesto de programas como PEPFAR no solo afecta la salud global, sino que pone en riesgo avances fundamentales en la lucha contra enfermedades como el VIH y la polio. En palabras de Gates, los recortes podrían traducirse en millones de muertes adicionales.

La cultura de la filantropía también ha cambiado. De la época dorada del Compromiso de Donación hemos pasado a una etapa más polarizada, donde la riqueza extrema ya no siempre se traduce en inversión social. A esto se suma una creciente desconfianza pública sobre las motivaciones detrás de las grandes fundaciones, muchas veces cuestionadas por prácticas poco transparentes o acusaciones de greenwashing.

El cierre de Fundación Gates no puede entenderse sin considerar este contexto político y cultural. Lo que está en juego no es solo el dinero, sino el modelo de filantropía que ha dominado las últimas dos décadas. Y aunque Gates apuesta por una transición ordenada, el riesgo de dejar un vacío institucional y financiero es más real que nunca.

Una filantropía acelerada: 200 mil millones en 20 años

Lo más audaz del plan es la promesa de invertir más de 200 mil millones de dólares antes de cerrar la fundación. Esta estrategia de “acelerar para salir” busca resolver problemas estructurales en tiempo récord. La idea no es nueva, pero sí rara en el sector: muchas fundaciones buscan perpetuarse, no desaparecer. Aquí, en cambio, se privilegia el impacto sobre la longevidad.

El desafío será ejecutar estos recursos con eficacia en un entorno marcado por la desigualdad y el cambio climático. Para eso, la fundación apunta a reforzar innovaciones tecnológicas, herramientas biomédicas e inteligencia artificial como motores del desarrollo. Pero ¿será suficiente la tecnología para resolver desigualdades tan profundas?

Además, hay una pregunta ética que no puede ignorarse: ¿qué pasa cuando una fundación se convierte en el actor principal de temas que deberían ser responsabilidad pública? El modelo Gates, aunque generoso, también fue criticado por centralizar decisiones clave en manos privadas. El cierre puede interpretarse como un intento de reequilibrar esa ecuación.

Lecciones para el ecosistema de responsabilidad social

El cierre de Fundación Gates nos obliga a repensar los modelos de sostenibilidad en el ámbito de la responsabilidad social. Ya no se trata solo de medir impacto o escalar proyectos: ahora, la discusión gira en torno a la permanencia, la institucionalidad y la corresponsabilidad entre sectores. ¿Qué pueden aprender las empresas, gobiernos y sociedad civil de esta decisión?

En primer lugar, que la filantropía no debe reemplazar al Estado, sino complementar su función con estrategias bien articuladas. En segundo lugar, que la transparencia y la comunicación de resultados son clave para construir confianza pública. Y por último, que incluso los actores más grandes tienen un límite temporal y operativo.

Ante el cierre de Fundación Gates, el ecosistema de responsabilidad social necesita fortalecer sus capacidades colectivas. La cooperación entre organizaciones medianas, la articulación con redes locales y la formación de liderazgos comunitarios serán claves para garantizar que el impacto no desaparezca junto con el dinero.

Melinda, Buffett y los nuevos actores

El anuncio de cierre también refleja un cambio generacional en la filantropía. Tras su divorcio en 2021, Melinda French Gates dejó la fundación para impulsar su propia iniciativa, mientras que Warren Buffett ya ha anunciado que no continuará apoyando a la Fundación Gates tras su fallecimiento. Esto obliga a mirar hacia los nuevos actores y tendencias del sector.

La figura del “filántropo estrella” está en transformación. Ahora vemos el auge de colectivos filantrópicos más horizontales, de iniciativas lideradas por mujeres, jóvenes y representantes de comunidades históricamente marginadas. Esta descentralización del poder puede ser una oportunidad para democratizar la toma de decisiones.

Sin embargo, la ausencia de referentes como la Fundación Gates también implica una pérdida de estabilidad. El reto será construir nuevas plataformas de financiamiento y colaboración capaces de sostener el progreso sin depender exclusivamente de mega donantes. El tiempo corre y las necesidades no esperan.

¿Un mundo sin la Fundación Gates?

Gates insiste en que sueña con un mundo donde su fundación ya no sea necesaria. La frase suena idealista, pero también encierra una invitación: construir un sistema global más justo, menos dependiente de fortunas individuales. Para lograrlo, se requiere algo más que recursos: se necesita visión colectiva.

Las herramientas están ahí: innovación, colaboración, voluntad política. Pero aún falta el compromiso de muchos sectores para garantizar que los logros del pasado no se diluyan en el futuro. La Fundación Gates no puede —ni debe— ser recordada solo como una organización poderosa, sino como un catalizador de transformación.

¿Estamos preparados para vivir sin ella? Esa es la gran pregunta. Su cierre no es el fin de la filantropía, pero sí un parteaguas. Un llamado a imaginar nuevas formas de actuar, con mayor equidad, corresponsabilidad y profundidad.

Un cierre que desafía, no que termina

El cierre de Fundación Gates es, sin duda, un hito en la historia de la filantropía contemporánea. Más allá de la cifra monumental de 200 mil millones de dólares, lo que está en juego es la manera en que entendemos la ayuda, la justicia y el impacto a largo plazo. Para quienes trabajamos en responsabilidad social, este anuncio nos interpela de forma directa.

No se trata solo de lamentar una pérdida, sino de aprovechar la oportunidad para reconstruir el sector con base en aprendizajes, alianzas auténticas y visión compartida. El cierre de Fundación Gates debe inspirarnos a pensar más allá de las estructuras existentes y a preguntarnos: ¿cómo podemos continuar —y mejorar— lo que ella comenzó?

Porque el mundo sin la Fundación Gates está más cerca de lo que pensamos. Y es ahora cuando debemos demostrar que el legado continúa.

¿Qué es el brand activism?

En una era donde las marcas ya no pueden permanecer neutrales ante los temas sociales, el brand activism se ha convertido en una poderosa herramienta para conectar con consumidores conscientes. Cada vez más empresas están asumiendo posturas claras frente a causas como la equidad de género, la justicia climática o la diversidad. Pero esta valentía de hablar puede ser recompensada o penalizada, dependiendo de la forma y el momento en que se comunique.

Tomar partido puede traducirse en fidelidad de marca, relevancia cultural e incluso mejores cifras de negocio. Sin embargo, también puede desatar crisis, boicots o acusaciones de oportunismo si la causa no se alinea con la identidad corporativa o si el mensaje resulta poco auténtico. Este delicado equilibrio ha colocado al brand activism en el centro del debate sobre ética empresarial y reputación.

Brand activism: más allá de las campañas

El brand activism va mucho más allá de lanzar una campaña con un mensaje social. Implica una postura corporativa clara, acciones coherentes con los valores declarados y una alineación real con las causas elegidas. No basta con un hashtag o una colaboración con influencers: la audiencia espera congruencia.

Según estudios de Edelman y Accenture, más del 60% de los consumidores espera que las marcas tomen postura frente a los problemas sociales más relevantes. Pero también exigen autenticidad: las marcas deben demostrar compromiso a largo plazo, y no simplemente reaccionar cuando una causa se vuelve viral.

Las marcas que lo hacen bien incorporan los valores que defienden en su cultura organizacional, políticas internas y cadena de suministro. Así, el brand activism se convierte en una extensión natural de su propósito corporativo y no en una estrategia de marketing oportunista.

El backlash: cuando la postura genera rechazo

Una de las mayores amenazas del brand activism es el backlash o reacción negativa por parte del público, especialmente en entornos polarizados. En un mundo hiperconectado, cualquier declaración puede ser analizada, cuestionada y viralizada en cuestión de minutos.

Ejemplos como el de Bud Light o Nike muestran que incluso las marcas más grandes pueden enfrentar boicots o divisiones entre sus consumidores por mostrar apoyo a ciertos movimientos sociales. Lo que para unos es valentía, para otros puede ser provocación.

Por eso, las marcas deben evaluar cuidadosamente los riesgos antes de alzar la voz. El brand activism no es solo una declaración pública: implica preparación, gestión de crisis y un compromiso con el debate, incluso cuando este no sea cómodo.

Cómo evitar el greenwashing y otras formas de activismo superficial

Uno de los errores más comunes en el brand activism es caer en prácticas como el greenwashing o el rainbow washing: aparentar compromiso con causas ambientales o de diversidad sin tener acciones reales que lo respalden. Esto, más que ayudar, erosiona la confianza.

Las audiencias actuales, especialmente las generaciones jóvenes, tienen un radar afinado para detectar la autenticidad. Si una marca promueve la equidad de género pero tiene una junta directiva sin mujeres, o si habla de inclusión sin modificar sus prácticas internas, perderá credibilidad.

La clave está en construir desde dentro. Las acciones internas deben preceder al discurso externo. Cuando el compromiso es genuino, las campañas se sienten orgánicas y el brand activism deja de ser una estrategia para convertirse en parte del ADN corporativo.

El futuro del brand activism: de lo reactivo a lo transformador

El brand activism del futuro no se limitará a reaccionar ante eventos sociales o crisis mediáticas, sino que buscará ser parte activa de soluciones reales. Las marcas pueden convertirse en agentes de cambio, usando su influencia, recursos y canales para transformar realidades.

Este enfoque requiere una nueva mentalidad empresarial, donde la rentabilidad no se vea en contraposición con la responsabilidad social. Marcas como Patagonia o Ben & Jerry’s han demostrado que es posible crecer sin dejar de lado un activismo firme y valiente.

En ese sentido, el brand activism puede evolucionar desde un gesto comunicativo hacia un modelo de negocio más consciente, ético y sostenible. Las empresas que abracen este cambio estarán mejor preparadas para los retos sociales y reputacionales del siglo XXI.

Casos de éxito: cuando tomar postura da resultados

Aunque los riesgos existen, también hay ejemplos exitosos que demuestran que el brand activism bien ejecutado puede fortalecer el posicionamiento de marca. Nike, con su apoyo a Colin Kaepernick, vio un aumento en sus ventas y una conexión más profunda con sus consumidores jóvenes.

Otro caso es el de Dove, cuya campaña por la belleza real no solo cambió la narrativa de la industria cosmética, sino que reforzó su identidad y propósito. En ambos casos, las marcas se arriesgaron, pero lo hicieron de forma coherente y alineada con sus valores históricos.

El éxito de estas iniciativas demuestra que tomar postura no tiene por qué ser un arma de doble filo. Con estrategia, coherencia y compromiso, el activismo puede consolidar una marca como líder en temas sociales.

El rol del consumidor: más exigente, más informado

El brand activism también ha sido impulsado por un consumidor más crítico, informado y dispuesto a premiar —o castigar— las decisiones corporativas. Las redes sociales han empoderado a la audiencia para exigir transparencia, inclusión y acción.

Hoy, el consumidor no solo compra un producto, sino una postura. Quiere saber qué marcas comparten sus valores y cómo actúan frente a temas que considera importantes. Este cambio en el comportamiento ha elevado el nivel de responsabilidad que las empresas deben asumir.

Por eso, las marcas ya no pueden improvisar. Necesitan construir relaciones basadas en confianza, demostrar resultados y mantener un diálogo constante con sus audiencias. El activismo de marca no es una moda: es una nueva forma de hacer negocios.

¿Tomar postura o quedarse en silencio?

El dilema no es si una marca debe tomar postura, sino cómo y cuándo hacerlo. El silencio ya no es neutral: puede interpretarse como complicidad o desconexión con los valores del entorno. Pero hablar sin sustento también tiene consecuencias.

Por eso, el brand activism debe ser un reflejo de convicciones reales y no solo de tendencias del momento. Cuando las marcas alinean su discurso con su propósito y actúan con coherencia, el activismo deja de ser un arma de doble filo para convertirse en una poderosa herramienta de transformación.