Apple fortalece accesibilidad para discapacidad visual, auditiva y motriz

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La conversación sobre inclusión tecnológica ha evolucionado. Hoy, no solo se trata de adaptar dispositivos para determinados grupos, sino de construir ecosistemas capaces de responder a distintas realidades humanas desde el diseño. En ese contexto, Apple anunció una nueva generación de herramientas impulsadas por inteligencia artificial enfocadas en personas con discapacidad visual, auditiva y motriz, reforzando una narrativa que la empresa ha sostenido durante años: la accesibilidad como parte esencial de la innovación.

Las nuevas funciones, que llegarán a iPhone, iPad, Mac, Apple TV y Apple Vision Pro, ponen sobre la mesa una pregunta importante para el sector empresarial: ¿qué significa realmente desarrollar productos inclusivos? Más allá de la conversación sobre reputación o diferenciación, el anuncio muestra cómo la tecnología inclusiva puede dejar de verse como un añadido para convertirse en infraestructura cotidiana, especialmente en un mundo donde más de mil millones de personas viven con alguna discapacidad.

Tecnología inclusiva: cuando la IA comienza a describir el mundo

Uno de los anuncios más relevantes fue la evolución de VoiceOver e Image Explorer, herramientas que ahora podrán describir imágenes, documentos, recibos y escenas en tiempo real con un nivel de detalle mucho más preciso gracias a Apple Intelligence. Además, los usuarios tendrán la posibilidad de hacer preguntas complementarias utilizando lenguaje natural sobre aquello que aparece frente a la cámara del dispositivo.

Para personas con discapacidad visual, esto representa un cambio significativo en la experiencia de autonomía. No se trata únicamente de escuchar una descripción automática, sino de interactuar con el entorno y obtener contexto adicional. Una factura, una señalización o incluso una escena compleja pueden interpretarse mediante conversación, reduciendo barreras en actividades cotidianas.

tecnología inclusiva

El movimiento también abre una discusión relevante sobre el papel de la inteligencia artificial en la accesibilidad. Mientras gran parte de la conversación pública sobre IA suele concentrarse en productividad o entretenimiento, Apple parece insistir en otro camino: convertirla en una herramienta de asistencia permanente. En ese sentido, la tecnología inclusiva comienza a adquirir un rol más tangible dentro de la vida diaria.

Discapacidad visual, auditiva y motriz: un ecosistema pensado desde distintas necesidades

Las novedades no se limitan únicamente a herramientas de visión asistida. Apple anunció subtítulos automáticos para videos que originalmente no los tienen, una función diseñada para personas con discapacidad auditiva. El sistema operará directamente desde el dispositivo mediante reconocimiento de voz local, permitiendo generar captions en videos grabados en iPhone, contenido compartido entre usuarios y plataformas de streaming dentro del ecosistema Apple.

Al mismo tiempo, Magnifier —pensada para personas con baja visión— integrará capacidades conversacionales. Los usuarios podrán preguntar sobre textos o elementos visuales y ejecutar comandos de voz como “acercar imagen” o “encender la linterna”. Esto sugiere una transición importante: las herramientas dejan de ser únicamente reactivas y comienzan a comportarse como asistentes inteligentes.

Para quienes viven con discapacidad motriz, uno de los anuncios más comentados fue la integración entre Apple Vision Pro y sistemas compatibles de sillas de ruedas motorizadas. A través del seguimiento ocular, el visor permitirá controlar movimientos usando únicamente la mirada, mientras que visionOS incorporará nuevas opciones de selección visual y gestos faciales para ampliar la navegación.

Tecnología inclusiva y privacidad: el equilibrio que Apple intenta mantener

En medio del auge de la inteligencia artificial, Apple también aprovechó el anuncio para reforzar un tema particularmente sensible: la privacidad. Tim Cook, CEO de Apple, aseguró que la accesibilidad forma parte del ADN de la compañía y enfatizó que muchas de las funciones de Apple Intelligence operan directamente en el dispositivo, sin depender totalmente de procesamiento remoto.

La decisión no es menor. En un contexto donde distintas investigaciones han advertido sobre vulnerabilidades relacionadas con autenticación y modelos de IA, garantizar que la información personal permanezca dentro del dispositivo puede representar un diferenciador relevante, especialmente cuando se trata de usuarios que dependen de herramientas sensibles para su autonomía.

Este enfoque también responde a una exigencia creciente del mercado. Las empresas tecnológicas enfrentan cada vez más presión regulatoria y social para diseñar soluciones accesibles sin comprometer derechos digitales fundamentales. La tecnología inclusiva, en este escenario, ya no puede desligarse de conversaciones sobre ética, seguridad y confianza.

Tecnología inclusiva: inclusión genuina o estrategia de negocio

Aunque las nuevas funciones pueden interpretarse como una acción orientada al bienestar social, sería simplista entenderlas únicamente desde esa óptica. La accesibilidad también representa una oportunidad estratégica. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de mil millones de personas viven con algún tipo de discapacidad en el mundo, una población históricamente subatendida por la industria tecnológica.

Apple lleva años posicionándose como una de las compañías más activas en accesibilidad digital y, dentro de comunidades tecnológicas y foros especializados, sus herramientas suelen considerarse entre las más robustas del mercado. Apostar por productos pensados para personas con discapacidad visual, auditiva y motriz fortalece no solo la experiencia del usuario, sino también el posicionamiento reputacional de la empresa.

Sin embargo, el debate permanece abierto. Vision Pro, por ejemplo, sigue siendo un dispositivo premium con acceso limitado para gran parte de la población, lo que plantea preguntas sobre el alcance real de estas soluciones. La inclusión tecnológica no solo implica crear herramientas innovadoras, sino garantizar que puedan llegar a quienes realmente las necesitan.

El anuncio de Apple deja claro que la accesibilidad está dejando de ser un apartado secundario dentro de la innovación tecnológica. Las nuevas capacidades impulsadas por inteligencia artificial muestran cómo las herramientas digitales pueden adaptarse mejor a las personas y no al revés, especialmente para quienes viven con discapacidad visual, auditiva y motriz.

No obstante, también obliga a mirar el panorama con una perspectiva más amplia. La inclusión puede generar impacto social, pero también es una ventaja competitiva poderosa en un mercado cada vez más atento a la diversidad y la experiencia de usuario. La diferencia estará en qué tan capaces sean las empresas de convertir la tecnología inclusiva en soluciones verdaderamente accesibles, escalables y centradas en las personas.

La nueva realidad de la ESG: lo que las empresas deben hacer ante su fragmentación

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Durante años, hablar de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) fue hablar de una visión integral. Las empresas comenzaron a entender que el impacto ambiental, las prácticas laborales, los derechos humanos y la ética corporativa no podían gestionarse de manera aislada. Bajo esta lógica, surgió una narrativa poderosa: integrar todas estas dimensiones en una sola estrategia empresarial permitiría construir organizaciones más sostenibles, resilientes y competitivas.

Sin embargo, esa aparente armonía comienza a mostrar fisuras. La fragmentación de la ESG está transformando las reglas del juego y obligando a las organizaciones a replantear cómo entienden la sostenibilidad corporativa. Lo que antes parecía un paraguas estratégico uniforme, hoy evoluciona en distintas direcciones, impulsadas por regulaciones, presiones de mercado y exigencias operativas cada vez más complejas.

La fragmentación de la ESG: tres pilares, tres velocidades

En apariencia, la ESG sigue presentándose como un concepto cohesionado. Pero detrás de ese acrónimo, cada letra avanza bajo lógicas distintas. La dimensión ambiental responde cada vez más a regulaciones climáticas, esquemas de descarbonización y obligaciones de divulgación financiera relacionadas con emisiones y riesgos de transición.

La dimensión social, por su parte, ya no se limita a programas de bienestar o iniciativas de diversidad. Hoy está profundamente vinculada con la debida diligencia en derechos humanos, condiciones laborales y trazabilidad en las cadenas de suministro. Mientras tanto, la gobernanza se fortalece desde los marcos legales, auditorías internas y sistemas de cumplimiento corporativo.

fragmentación de la ESG

Este cambio marca una realidad ineludible: ya no existe una única conversación ESG. Existen varias conversaciones ocurriendo al mismo tiempo, con distintos ritmos, actores y prioridades. Y ahí es donde comienza el verdadero desafío para las empresas.

Cuando la regulación acelera la fragmentación de la ESG

De acuerdo con Eco-Business, La creciente fragmentación de la ESG no es accidental. Está siendo moldeada, en gran medida, por una regulación global cada vez más especializada. Entre 2025 y 2026, el endurecimiento de normas sobre divulgación climática, derechos humanos y sostenibilidad en cadenas de suministro ha intensificado la presión sobre las empresas.

El problema es que estas regulaciones no avanzan de forma homogénea. Mientras algunas jurisdicciones fortalecen sus requisitos de reporte, otras optan por simplificar procesos para reducir costos regulatorios. El resultado es un entorno empresarial fragmentado, donde las organizaciones deben responder simultáneamente a expectativas múltiples e incluso contradictorias.

Esta situación complica especialmente a compañías multinacionales o con cadenas de valor globales, que enfrentan la tarea de cumplir distintas exigencias según el país, sector o mercado donde operan.

La tensión invisible entre impacto, costos y cumplimiento

Uno de los aspectos menos discutidos de esta transformación es el conflicto interno que puede surgir entre las prioridades ESG. En teoría, las estrategias ambientales, sociales y de gobernanza deberían reforzarse mutuamente. En la práctica, no siempre sucede así.

Por ejemplo, una empresa que acelera su transición hacia operaciones bajas en carbono podría enfrentar incrementos de costos en su cadena de suministro. De igual forma, fortalecer la debida diligencia en derechos humanos puede generar retrasos operativos o modificar relaciones con proveedores estratégicos.

Al mismo tiempo, reforzar controles de gobernanza y cumplimiento podría generar estructuras más conservadoras, ralentizando la innovación o la toma de decisiones. La sostenibilidad corporativa deja entonces de ser únicamente una cuestión de propósito para convertirse también en un ejercicio constante de balance y priorización.

El nuevo dueño de la ESG ya no está en un solo escritorio

Otro cambio silencioso, pero profundo, es el desplazamiento de responsabilidades dentro de las organizaciones. Durante años, los equipos de sostenibilidad fungieron como los principales custodios de la agenda ESG. Hoy, ese modelo parece insuficiente.

Las cuestiones ambientales comienzan a recaer sobre equipos financieros, especialmente cuando implican reportes climáticos o decisiones de inversión. Los temas sociales migran hacia áreas de compras, operaciones y gestión de proveedores. Mientras tanto, gobernanza queda cada vez más en manos de auditoría, compliance y departamentos legales.

Esto genera un desafío estructural importante: ¿quién coordina la estrategia global? Aunque la responsabilidad está distribuida, la expectativa de coherencia sigue intacta. El resultado puede ser fricción interna, duplicidad de esfuerzos o falta de alineación entre áreas clave.

Asia-Pacífico y la complejidad de operar en múltiples realidades

La región Asia-Pacífico se ha convertido en un ejemplo claro de esta transformación. Por un lado, existe una fuerte aceleración regulatoria en sostenibilidad y divulgación ESG. Pero al mismo tiempo, cada país prioriza aspectos diferentes, generando marcos regulatorios desiguales.

Además, las cadenas de suministro ubicadas en esta región enfrentan un escrutinio creciente relacionado con derechos laborales, trazabilidad y cumplimiento ambiental. Para muchas empresas globales, el reto ya no es únicamente cumplir, sino coordinar operaciones bajo expectativas cambiantes.

Esta realidad anticipa un escenario que podría extenderse a otros mercados: gestionar ESG ya no dependerá solo de contar con políticas corporativas sólidas, sino de desarrollar capacidad de adaptación organizacional.

Fragmentación de la ESG: cómo deben responder las empresas

Ante este panorama, insistir en gestionar ESG como un único bloque estratégico podría convertirse en un error. Las empresas necesitan reconocer que cada dimensión requiere conocimientos especializados, estructuras diferenciadas y modelos propios de gobernanza.

También será indispensable fortalecer la coordinación interfuncional. Si bien el entorno externo se fragmenta, la organización necesita actuar de manera integrada. Los líderes de sostenibilidad tendrán que convertirse en articuladores entre áreas financieras, operativas, legales y de riesgos.

Finalmente, las empresas deberán aceptar algo incómodo: las concesiones serán inevitables. No todas las decisiones ESG podrán alinearse perfectamente. Habrá momentos en los que será necesario priorizar, justificar y gestionar tensiones entre objetivos ambientales, sociales y económicos.

Lejos de desaparecer, los criterios ESG están entrando en una nueva etapa de evolución. La promesa de un marco único y perfectamente integrado está dando paso a una realidad más compleja, especializada y, en ocasiones, contradictoria. Comprender esta transición será clave para evitar respuestas simplistas frente a desafíos cada vez más sofisticados.

Las organizaciones que logren adaptarse no serán necesariamente aquellas con más reportes o mayores presupuestos de sostenibilidad, sino las que aprendan a gestionar con inteligencia la fragmentación de la ESG, manteniendo coherencia estratégica en medio de intereses, regulaciones y prioridades divergentes.

¿La IA ya está cruzando límites? El Papa León XIV pide “desarmarla”

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa del futuro para convertirse en una fuerza capaz de transformar la economía, el trabajo, la política y hasta los conflictos armados. Mientras empresas tecnológicas compiten por liderar la carrera de la innovación, también crece una pregunta incómoda: ¿qué sucede cuando el desarrollo tecnológico avanza más rápido que los acuerdos éticos y sociales capaces de contenerlo?

En ese contexto, el Papa León XIV lanzó una advertencia que resonó mucho más allá del ámbito religioso. En su primera gran encíclica, Magnifica Humanitas, el pontífice pidió a gobiernos, empresas y ciudadanos actuar con mayor responsabilidad frente a la expansión de esta tecnología. Su mensaje no fue un rechazo absoluto a la innovación, sino una llamada urgente a frenar riesgos de la IA, especialmente aquellos relacionados con la guerra, la manipulación de la información y la concentración del poder tecnológico.

Frenar riesgos de la IA: el mensaje de un Papa ante una carrera sin pausa

No es casual que el Papa haya elegido a la inteligencia artificial como uno de los ejes centrales de su primer gran documento. La discusión ya no gira únicamente en torno a productividad o automatización, sino sobre el impacto humano de sistemas que cada vez toman más decisiones, procesan más datos y tienen mayor influencia sobre la vida cotidiana.

De acuerdo con Reuters, León XIV fue enfático al señalar que el problema no radica solamente en la tecnología, sino en la velocidad con la que se está desplegando. En un entorno donde las compañías tecnológicas enfrentan enormes presiones comerciales, el Papa pidió “ralentizar” el desarrollo y construir marcos regulatorios sólidos. En otras palabras, insistió en la necesidad de frenar riesgos de la IA antes de que los daños se vuelvan irreversibles.

El mensaje resulta particularmente relevante porque no proviene únicamente de una institución moral, sino de una voz que históricamente ha influido en debates sociales globales. El paralelismo con la Revolución Industrial —cuando la Iglesia comenzó a pronunciarse sobre los derechos laborales— no parece accidental.

La guerra automatizada y el temor a perder el control humano

Uno de los puntos más contundentes del documento es la preocupación sobre el uso militar de la inteligencia artificial. León XIV advirtió que algunos sistemas de armas autónomas han evolucionado “prácticamente más allá del alcance humano para controlarlos”, una frase que pone sobre la mesa un debate que parecía reservado para la ciencia ficción.

El riesgo no es menor. Delegar decisiones letales a sistemas automatizados abre interrogantes éticos profundas sobre responsabilidad, rendición de cuentas y humanidad. ¿Quién responde cuando un algoritmo decide atacar? ¿Cómo se garantiza que una máquina distinga entre objetivos militares y civiles?

Para el pontífice, cualquier aplicación militar de la IA debe someterse a restricciones éticas rigurosas. Más aún, calificó como “inaceptable” confiar a sistemas automatizados decisiones relacionadas con la vida y la muerte, reforzando una postura que interpela tanto a gobiernos como a la industria tecnológica.

Desinformación, polarización y una cultura del conflicto

Otra preocupación central del Papa gira en torno al ecosistema digital. León XIV alertó sobre cómo ciertos sistemas de IA pueden amplificar desinformación, incentivar conflictos y privilegiar contenidos polarizantes, especialmente cuando las plataformas priorizan el engagement sobre el bienestar colectivo.

La advertencia llega en un momento especialmente sensible, donde la proliferación de contenido manipulado, deepfakes y narrativas falsas ya afecta procesos democráticos, reputaciones y dinámicas sociales. En ese contexto, la conversación sobre tecnología deja de ser únicamente técnica y se convierte en un asunto de gobernanza.

La pregunta de fondo es incómoda, pero necesaria: ¿estamos diseñando herramientas para informar mejor o para captar más atención a cualquier costo? Desde la óptica del Papa, el problema no es solo tecnológico, sino profundamente humano y político.

Frenar riesgos de la IA también implica proteger a trabajadores y comunidades

La conversación sobre inteligencia artificial suele enfocarse en modelos avanzados y productividad, pero rara vez mira hacia quienes sostienen la cadena tecnológica. León XIV dedicó parte importante de su encíclica a denunciar nuevas formas de explotación vinculadas a la economía digital.

Desde trabajadores que moderan contenidos o entrenan sistemas bajo condiciones precarias, hasta personas involucradas en la extracción de minerales esenciales para dispositivos tecnológicos, el Papa recordó que la innovación también tiene costos humanos invisibles. Particularmente fuerte fue su señalamiento sobre niños y adolescentes trabajando en contextos peligrosos relacionados con la minería de tierras raras.

frenar riesgos de la IA

Aquí emerge una dimensión clave para las agendas ESG y de responsabilidad social: frenar riesgos de la IA no solo implica regular algoritmos, sino también garantizar cadenas de suministro éticas, derechos laborales y condiciones dignas para quienes sostienen la infraestructura tecnológica global.

Una crítica al poder concentrado de los datos

León XIV también lanzó un mensaje directo sobre la propiedad de los datos. El Papa cuestionó que el control de la información quede exclusivamente en manos privadas, planteando la necesidad de una supervisión independiente y de políticas públicas más activas.

Este punto abre un debate especialmente sensible para gobiernos y empresas: quién controla los datos controla también el acceso al conocimiento, los patrones de comportamiento y, potencialmente, decisiones económicas o políticas. En un entorno dominado por grandes tecnológicas, el llamado del Vaticano pone el foco en la gobernanza digital.

Incluso figuras de la industria parecen reconocer esta tensión. Durante el evento de presentación del documento, Chris Olah, cofundador de Anthropic, admitió que los laboratorios de IA enfrentan incentivos comerciales que, en ocasiones, pueden entrar en conflicto con “hacer lo correcto”.

De la Torre de Babel al dilema contemporáneo

Para ilustrar su postura, León XIV recurrió a una referencia bíblica: la Torre de Babel. Más allá del simbolismo religioso, el ejemplo funciona como metáfora de un mundo que podría estar construyendo capacidades tecnológicas sin preguntarse suficientemente hacia dónde se dirige.

La comparación no sugiere rechazar el progreso, sino cuestionar la arrogancia de asumir que toda innovación es necesariamente positiva por el simple hecho de ser posible. La gran interrogante ya no es si la inteligencia artificial seguirá creciendo —porque claramente lo hará—, sino bajo qué principios.

En un escenario marcado por competencia acelerada, conflictos geopolíticos y tensiones económicas, la ética parece estar intentando alcanzar a una tecnología que corre varios pasos adelante.

El llamado del Papa León XIV no es únicamente un posicionamiento religioso; es también una invitación a replantear el modelo de innovación que está moldeando el futuro. Su insistencia en frenar riesgos de la IA apunta a una idea esencial: el desarrollo tecnológico no puede evaluarse solo por su capacidad de generar eficiencia o ganancias, sino también por sus consecuencias sociales, laborales y humanas.

La verdadera discusión quizá no sea si la inteligencia artificial debe avanzar, sino cómo hacerlo sin perder de vista aquello que precisamente intenta servir: las personas. Porque si el progreso tecnológico promete construir un mejor futuro, también debe demostrar que es capaz de hacerlo sin dejar atrás la ética, la dignidad y el bien común.

Starbucks México impulsa una nueva edición de “Todos Sembramos Café” para fortalecer el futuro de las comunidades cafetaleras

Starbucks México, operado por Alsea, anunció hoy el lanzamiento de la edición número 12 de “Todos Sembramos Café”, una iniciativa que este año busca donar más de 800,000 plantas de café resistentes a la roya en Chiapas, Puebla y Veracruz durante 2026, mientras continúa fortaleciendo la resiliencia y el futuro a largo plazo de las comunidades cafetaleras en México.

Desde su lanzamiento en 2014, el programa ha contribuido con más de 6.4 millones de plantas en regiones cafetaleras de todo el país y ha beneficiado a más de 20,000 productores.

“Hace doce años, ‘Todos Sembramos Café’ nació como una respuesta a los desafíos que enfrentaban las comunidades cafetaleras. Hoy, la iniciativa continúa evolucionando para fortalecer el futuro del café a través de innovación, colaboración y apoyo a largo plazo para las comunidades mexicanas detrás de cada taza”, señaló Sarai Jiménez, directora de Construcción y Reputación de Marca de Starbucks México.

Este año, el 60% de las plantas donadas corresponden a variedades de café desarrolladas por Starbucks, incluyendo San Isidro y Victoria, reconocidas por su productividad y adaptabilidad a las condiciones climáticas cambiantes. Esto refleja la evolución continua del programa hacia soluciones agrícolas de largo plazo que apoyan la resiliencia de las comunidades cafetaleras.

Starbucks México

Una iniciativa que evolucionó junto al sector cafetalero de México

A lo largo de los años, “Todos Sembramos Café” ha evolucionado más allá de la donación de plantas de café. A través del Centro de Apoyo al Productor de Starbucks en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, los agrónomos de la compañía trabajan de la mano con comunidades cafetaleras para compartir conocimiento, asistencia técnica y prácticas agrícolas sostenibles que ayudan a mejorar la calidad del café y fortalecer la resiliencia a largo plazo.

Actualmente, más del 90% del café utilizado por Starbucks México en sus bebidas de espresso proviene de México, una relación que conecta directamente a la marca con el desarrollo y sostenibilidad de las regiones cafetaleras del país.

El impacto del programa también se refleja en historias como la de Edilbertha Noriega, caficultora de la sierra de Veracruz, quien participa en la iniciativa junto con su familia:

“Heredé esta tierra de mis padres, quienes, al igual que yo, la trabajaron toda su vida. Ahora la comparto con mi esposo e hijos, quienes están aprendiendo a cuidarla como ellos lo hicieron. Desde que el Centro de Apoyo al Productor de Starbucks se acercó a nosotros y nos integró a ‘Todos Sembramos Café’, nuestra cosecha ha mejorado significativamente y el apoyo que recibimos nos ayuda a no quedarnos sin sustento si llega a presentarse una plaga”, comentó.

Cómo apoyar a la renovación agrícola

Del 25 de mayo al 5 de julio, los clientes podrán apoyar esta edición 2026 mediante la compra de productos participantes y donaciones directas en tiendas Starbucks de México y a través de Starbucks Rewards®. Las ventas ayudarán a impulsar la entrega de plantas de café a comunidades cafetaleras de México.

Entre los productos participantes se encuentran mugs de la colección Discovery Series en formatos de 2 y 14 onzas, así como bolsas de café en grano de media libra de Starbucks® Chiapas, Starbucks® Pike Place, Starbucks® Caffé Verona, Starbucks® Espresso Roast, Starbucks® Sumatra, Starbucks® Kenya y Starbucks® Colombia.

A través de esta nueva edición de “Todos Sembramos Café”, Starbucks México continúa apoyando a las comunidades cafetaleras y fortaleciendo un futuro más resiliente para el café en México. 

AliaRSE por México renueva su presidencia y fortalece su visión de articulación para impulsar una empresa más humana, ética y socialmente responsable

AliaRSE por México, la alianza de organismos empresariales más importante de México promotora de la empresa como el motor más poderoso para el bien común, llevó a cabo el cambio de presidencia de su Consejo Directivo para el periodo 2026–2028, en un acto protocolario que reunió a representantes de organismos empresariales, empresas, organizaciones de la sociedad civil, gobierno, sindicatos y academia, reafirmando el compromiso de la organización con la construcción de una agenda empresarial basada en la responsabilidad social, la sostenibilidad y la articulación multisectorial.

Durante la ceremonia se reconoció la gestión de Gustavo Pérez Berlanga, presidente durante el periodo 2024–2026, cuya administración consolidó una etapa de fortalecimiento institucional, posicionamiento estratégico y proyección de largo plazo para la organización.

Bajo su liderazgo, y desde la visión empresarial y multisectorial impulsada por ICC México, AliaRSE por México fortaleció sus mecanismos de coordinación, consolidó sus líneas de acción y amplió su presencia en espacios de diálogo y colaboración con organismos empresariales, actores multilaterales y plataformas vinculadas a la sostenibilidad, la ética y la integridad corporativa.

Asimismo, su gestión promovió una agenda empresarial más colaborativa y articulada, fortaleciendo alianzas entre empresas, organizaciones y liderazgos comprometidos con la construcción de un entorno económico más sostenible, inclusivo y centrado en las personas.

“AliaRSE por México ha demostrado que la colaboración entre sectores es indispensable para construir una agenda empresarial con impacto real. Me honra haber acompañado una etapa de fortalecimiento institucional y articulación estratégica que deja bases sólidas para seguir impulsando una cultura empresarial más ética, sostenible y socialmente responsable en México”.

Gustavo Pérez Berlanga, presidente saliente de AliaRSE (2024–2026).

En este contexto, se formalizó el nombramiento de Rosa Marta Abascal como nueva presidenta para el periodo 2026–2028.

Empresaria y líder social, Rosa Marta Abascal es fundadora de yoinfluyo.com y de Estrategia Web 360. Ha ocupado posiciones de liderazgo en el ámbito empresarial y organizacional, incluyendo su gestión como Vicepresidencia Nacional de COPARMEX; actualmente coordina la agenda de Responsabilidad Social Empresarial en el Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

AliaRSE por México

Durante su mensaje, destacó que su gestión estará orientada a fortalecer la capacidad de articulación de AliaRSE mediante tres ejes principales: 1) la adopción del modelo de UNIAPAC para impulsar formación en valores y transformación social; 2) la vinculación de proyectos y agendas para multiplicar el impacto colectivo; y 3) el fortalecimiento institucional de la organización para garantizar su permanencia y evolución en el largo plazo.

“Hoy más que nunca necesitamos construir puentes entre empresas, organizaciones e instituciones para transformar realidades desde una visión profundamente humana. Queremos consolidar a AliaRSE como una plataforma viva de articulación, confianza y acción colectiva, capaz de fortalecer la formación en valores, generar sinergias y multiplicar el impacto de proyectos y agendas que contribuyan a construir un México más sostenible, ético y socialmente corresponsable”.

Rosa Marta Abascal, presidenta de AliaRSE para el periodo 2026–2028.

Con este relevo institucional, AliaRSE reafirma su compromiso de seguir promoviendo alianzas, liderazgo empresarial responsable y colaboración multisectorial para contribuir a la construcción de un México más humano, sostenible y socialmente corresponsable.

El súper poder de leer en familia

David Grinberg, Vicepresidente de Comunicaciones

Corporativas de Arcos Dorados Latam

Crecí viendo El Chavo del Ocho, como millones de latinoamericanos. Ese niño que vivía en un barril, en una vecindad donde todos se cuidaban y reían juntos, fue parte de mi infancia. Recuerdo repetir sus frases frente al televisor: “¡eso, eso, eso!” y “sin querer queriendo”. Más que un programa, era un lenguaje común que nos unía como región.

Esa vecindad iba más allá del humor: transmitía pertenencia, cercanía y recuerdos compartidos. Por eso, décadas después, sigue siendo tan relevante y representa algo que hoy parece cada vez más escaso: los momentos compartidos en familia. Si esa vecindad nos unió como espectadores, la lectura puede generar algo similar en la infancia.

Ese mismo espíritu nos inspiró a llevar a El Chavo del Ocho al universo de la lectura, porque cuando un libro llega a un niño no solo cuenta una historia, abre un mundo. Ahí está el verdadero superpoder de leer en familia. Lo que parece un momento simple, un adulto leyendo, un niño escuchando y una página que se pasa fortalece el lenguaje, estimula la imaginación y crea vínculos.

Todavía recuerdo las historias que mi padre me leía antes de dormir. Acostado en la cama, cerraba los ojos y construía imágenes a partir de su voz. Años después repetí ese mismo gesto con mis hijos. Lo que se mantiene no es solo la historia, sino la estructura del vínculo que se forma alrededor de ella: una forma de presencia compartida que se transmite entre generaciones.

Según la UNICEF, leer en voz alta e interactuar con textos es clave en el desarrollo temprano porque fortalece el lenguaje, la comprensión emocional y las habilidades cognitivas. Sin embargo, esos efectos dependen del entorno en el que ocurre la lectura. Ese entorno es el que determina si la práctica se sostiene y se vuelve significativa en la vida cotidiana.

A nivel internacional, uno de los indicadores más utilizados para medir ese entorno es la presencia de al menos tres libros infantiles en el hogar; en México, solo el 39% de los niños menores de cinco años cuenta con ese acceso básico, de acuerdo con la UNESCO. Esto muestra que la discusión sobre lectura infantil no puede limitarse a indicadores educativos, sino que también debe considerar las condiciones concretas de acceso y práctica dentro del hogar.

leer en familia

Ese mismo entorno hoy está atravesado por el lugar predominante de las pantallas en la vida cotidiana. El desafío no es eliminarlas, sino equilibrarlas, porque en ese equilibrio los libros cumplen una función específica: introducir momentos de atención compartida. Como me dijo hace poco Roberto Gómez Fernández, hijo de Roberto Gómez Bolaños: “Podemos seguir viendo pantallas, pero hay que fomentar que los niños lean. Un libro siempre es un vehículo fantástico”.

Desde esa idea de equilibrio, la lectura cobra sentido en la vida cotidiana. Para que ocurra, primero debe ser accesible. Bajo esa idea nació Cajita Feliz Libros de McDonald’s, una iniciativa que acerca libros infantiles a momentos cotidianos en familia. Desde 2012 hasta mayo de este año se han distribuido cerca de 30 millones de libros en hogares latinoamericanos. Más que una cifra, importa lo que sucede después: en casa, cuando una historia se comparte y se convierte en recuerdo, como en mi caso.

Al final, no se trata solo de cuántos libros se entregan, sino de cuántas historias logran conectar a una familia. Tal vez por eso El Chavo del Ocho sigue siendo tan poderoso, no solo por lo que fue, sino por lo que representa, un recuerdo compartido. Latinoamérica creció en esa vecindad.

Hoy, niñas, niños y adultos tienen la posibilidad de construir una vecindad propia a través de la lectura: un espacio de atención compartida donde la historia organiza el encuentro y la experiencia se vuelve memorable. Algo que, con el tiempo, no se recuerde solo por los libros, sino por las personas con quienes se compartió.

Cuando la defensa del territorio se volvió un movimiento ciudadano

Por Aldo Farrugia

En distintos puntos de México, algo está cambiando. Nos estamos uniendo como sociedad para poner alto a varios proyectos que tendrían un impacto ambiental terrible en nuestro país.

Cada vez más personas, colectivos, científicos, pescadores, jóvenes, organizaciones ambientales y ciudadanos están alzando la voz para defender ecosistemas amenazados por megaproyectos turísticos, energéticos e inmobiliarios. Lo que antes parecían luchas aisladas hoy comienza a convertirse en un movimiento nacional de activismo ambiental.

Mahahual, Loreto, el Golfo de California y proyectos como Saguaro se han convertido en símbolos de una conversación más profunda: ¿qué tipo de desarrollo quiere México y cuál es el costo ambiental de ese crecimiento?

En Mahahual, Quintana Roo, miles de personas se movilizaron contra el proyecto “Perfect Day México”, impulsado por Royal Caribbean, un parque acuático de gran escala que organizaciones y especialistas señalaron por sus posibles afectaciones a manglares, arrecifes y especies marinas. La presión ciudadana creció rápidamente en redes sociales, protestas públicas y campañas digitales hasta que la Semarnat anunció que no autorizaría el proyecto por sus riesgos ecológicos.

La movilización reunió a organizaciones como Greenpeace México y DMAS, además de ciudadanos que comenzaron a organizarse desde distintas partes del país. Incluso en redes sociales y foros digitales se multiplicaron las campañas para defender el ecosistema de Mahahual, reflejando cómo el activismo ambiental ya no pertenece únicamente a especialistas, sino también a una generación que entiende que la protección ambiental es también protección del futuro.

Al mismo tiempo, en el Golfo de California, organizaciones y activistas han levantado la voz contra el Proyecto Saguaro, una iniciativa energética ligada al gas natural licuado que, según ambientalistas y científicos, podría poner en riesgo uno de los ecosistemas marinos más importantes del planeta. Las preocupaciones se centran en el tránsito de grandes embarcaciones y su impacto sobre ballenas, mamíferos marinos y biodiversidad del llamado “acuario del mundo”.

En Loreto, Baja California Sur, ciudadanos y colectivos también han comenzado a organizarse ante propuestas que permitirían la llegada de mega cruceros a una de las zonas marinas protegidas más importantes del país. Las protestas y campañas digitales muestran cómo el debate ambiental dejó de ser un tema periférico para convertirse en una causa social cada vez más visible.

Detrás de todas estas luchas hay algo en común: una ciudadanía que empieza a cuestionar proyectos que prometen desarrollo económico, pero que podrían comprometer recursos naturales irreemplazables. También hay una creciente conciencia sobre la fragilidad de los ecosistemas mexicanos y sobre el papel que tienen las comunidades en protegerlos.

México es uno de los países más biodiversos del mundo, pero también uno de los más peligrosos para quienes defienden el medio ambiente. Un informe reciente del Centro Mexicano de Derecho Ambiental documentó asesinatos y agresiones contra defensores ambientales, evidenciando que proteger la naturaleza sigue siendo una lucha de alto riesgo.

Más allá de estar a favor o en contra de proyectos específicos, estas movilizaciones reflejan una nueva realidad: el activismo ambiental en México está creciendo y cada vez tiene más fuerza social, mediática y ciudadana. Hoy, la defensa de un manglar, una ballena o un arrecife ya no es solo una causa ambiental; se ha convertido en una conversación sobre identidad, comunidad y futuro.

Y quizá ahí está lo más importante de todo: entender que los recursos naturales no son infinitos y que defenderlos también es defender a las próximas generaciones.


Aldo-Farrugia

El valor del altruismo, por Aldo Farrugia

Aldo Farrugia es un mexicano comprometido con el altruismo y la RS. Fundador y Director de Comunal, una agencia que promueve el impacto social mediante consultoría, marketing con causa y conferencias. También preside la Fundación Comunal, dedicada al fortalecimiento de organizaciones sin fines de lucro.

Con una formación en Mercadotecnia y certificaciones en Estrategia Comercial y Sostenibilidad, ha colaborado con más de 50 ONGs, enfocándose en ayudar a diversos grupos vulnerables, desde personas con discapacidad hasta pacientes con cáncer.

Busca transformar el individualismo en activismo, fomentando la empatía y la participación social entre los mexicanos. En 2023, desafió sus propios límites al correr el maratón de la CDMX a ciegas para apoyar a niños con retinoblastoma, logrando recaudar más de $500,000 mxn y obteniendo un Récord Guinness.

2025 rompe récord: gobiernos recaudaron más de 100 mil MDD por emisiones de carbono

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La política climática global acaba de alcanzar un punto de inflexión que pocos imaginaban hace apenas una década. De acuerdo con el más reciente informe del Banco Mundial, los mecanismos de fijación de precios del carbono permitieron a los gobiernos recaudar más de 100 mil millones de dólares en 2025, una cifra histórica que confirma cómo la transición ambiental también puede convertirse en una estrategia de fortalecimiento fiscal y desarrollo sostenible. Esta recaudación por emisiones de carbono representa un aumento del 2% respecto al año anterior y coloca a estos instrumentos en el centro de la agenda económica internacional.

Más allá del monto, el récord evidencia una transformación más profunda: cada vez más países consideran que asignar un costo a las emisiones contaminantes no solo ayuda a reducir gases de efecto invernadero, sino que también puede financiar infraestructura, innovación energética y programas de transición justa. Durante años, el debate climático se concentró en los costos de actuar; hoy, la conversación comienza a incluir los beneficios colectivos que pueden surgir cuando las políticas ambientales se diseñan con visión estratégica y criterios de bienestar común.

Recaudación por emisiones de carbono: el avance de una política que gana terreno

Los más de 100 mil millones de dólares movilizados provinieron principalmente de dos mecanismos: los sistemas de comercio de emisiones (ETS, por sus siglas en inglés) y los impuestos al carbono. Ambos parten de un principio sencillo pero poderoso: quien emite gases de efecto invernadero debe internalizar parte del costo ambiental que históricamente ha recaído sobre la sociedad. Al poner precio a la contaminación, los gobiernos generan incentivos económicos para reducir emisiones y, al mismo tiempo, crean nuevas fuentes de ingresos públicos.

El informe Estado y tendencias de la fijación de precios del carbono muestra que el valor promedio de estos instrumentos se ha más que duplicado en la última década. Si hace diez años el precio promedio rondaba los 10 dólares por tonelada de CO2 equivalente, hoy alcanza 21 dólares, con un crecimiento adicional del 7% desde abril del año pasado. El incremento no es menor: refleja una mayor madurez regulatoria y una creciente aceptación política de que la descarbonización necesita señales económicas claras.

recaudación por emisiones de carbono

La cobertura de estas medidas también ha crecido de forma significativa. Actualmente, alrededor del 29% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero está sujeto a mecanismos directos de fijación de precios del carbono mediante 87 políticas nacionales, regionales y subnacionales. Particularmente notable es el avance de los sistemas de comercio de emisiones, cuya cobertura pasó del 8% en 2016 a más del 24% de las emisiones globales actuales, mientras que los impuestos al carbono han mantenido una participación relativamente estable.

Este crecimiento explica por qué la recaudación por emisiones de carbono ha comenzado a verse como una herramienta multifuncional. Ya no se trata únicamente de penalizar la contaminación, sino de construir esquemas capaces de financiar prioridades públicas en un contexto de presiones fiscales, volatilidad energética y crecientes demandas sociales. Tal como señala el Banco Mundial, la sostenibilidad y la resiliencia económica comienzan a converger en una misma ecuación política.

Nuevos mercados y reglas que redefinen la transición

El dinamismo de la fijación de precios del carbono también se observa en la aparición de nuevos mercados y regulaciones. En el último año entraron en operación cinco instrumentos nacionales adicionales, una señal de que la adopción continúa expandiéndose incluso en economías con realidades productivas muy distintas. Entre ellos destaca el Plan de Comercio de Créditos de Carbono de India, orientado particularmente a sectores de difícil abatimiento, donde la reducción de emisiones suele ser más compleja y costosa.

Japón constituye otro ejemplo relevante. Su sistema GX-ETS inició su fase obligatoria en 2026 y ya involucra a más de 700 empresas, cubriendo más de la mitad de las emisiones nacionales del país. Lo relevante no es únicamente el alcance del mecanismo, sino el destino de los recursos obtenidos: los ingresos alimentan un fondo nacional dedicado a proyectos de transición energética. Este enfoque muestra cómo la recaudación por emisiones de carbono puede vincularse directamente con inversiones transformadoras y no limitarse a una función meramente recaudatoria.

Mientras tanto, países como Brasil y Turquía desarrollan esquemas propios, reflejando una tendencia que trasciende regiones y niveles de ingreso. A este panorama se suma el Mecanismo Europeo de Ajuste en Frontera del Carbono (CBAM), que comenzó a aplicar precios al carbono sobre importaciones intensivas en emisiones como cemento, acero, aluminio, electricidad e hidrógeno. Aunque actualmente cubre menos del 0.5% de las emisiones globales, su relevancia política es considerable porque introduce la dimensión climática en las reglas del comercio internacional.

El avance del CBAM ha despertado interés global por los llamados ajustes fronterizos y por nuevas formas de regulación climática vinculadas a la competitividad económica. Para muchas empresas, especialmente aquellas integradas a cadenas globales de valor, el precio del carbono dejó de ser un tema exclusivamente ambiental y pasó a convertirse en un factor estratégico de acceso a mercados, gestión de riesgos y planeación financiera.

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Créditos de carbono y una economía climática en expansión

El informe del Banco Mundial también ofrece señales importantes sobre el mercado voluntario y regulado de créditos de carbono. Entre 2024 y 2025, la emisión de créditos aumentó 8%, confirmando que la demanda por instrumentos capaces de compensar emisiones continúa creciendo pese a la volatilidad de precios observada en algunos segmentos del mercado.

El caso del Reino Unido resulta ilustrativo. Investigaciones recientes muestran que los créditos de carbono aportaron aproximadamente 1,200 millones de libras esterlinas a su economía durante el último año. Aunque los precios promedio disminuyeron ligeramente en 2025, los créditos de alta integridad ambiental mantuvieron un fuerte atractivo para inversionistas y compradores corporativos, evidenciando que la calidad del activo climático comienza a ser más relevante que el simple volumen transado.

Un ejemplo paradigmático es el esquema CORSIA, acordado por la Organización de Aviación Civil Internacional para regular el crecimiento de emisiones en la aviación internacional. Bajo este sistema, aerolíneas de 129 países deben monitorear sus emisiones y adquirir créditos provenientes de proyectos externos para compensar incrementos por encima de los niveles de 2020. El mecanismo podría requerir más de 144 millones de créditos antes de 2028.

La robustez del esquema depende de criterios estrictos de integridad ambiental. Los créditos elegibles deben demostrar adicionalidad, permanencia y ausencia de doble contabilidad, requisitos esenciales para evitar que la compensación se convierta en un ejercicio simbólico. Este énfasis confirma que el futuro del mercado dependerá menos de promesas aspiracionales y más de evidencia verificable de reducción real de emisiones.

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Gobernanza climática: el verdadero desafío detrás del precio al carbono

El récord de 2025 ofrece una lección relevante para los gobiernos y para quienes trabajan en sostenibilidad corporativa: el problema nunca ha sido únicamente recaudar o crear mercados, sino diseñar instituciones capaces de convertir esos recursos en beneficios tangibles para la sociedad y el medio ambiente. La buena gobernanza será el factor decisivo para determinar si estas políticas consolidan una transición justa o simplemente amplían mecanismos financieros sin transformación estructural.

El riesgo del greenwashing también merece atención. Cuando los créditos de carbono o los sistemas de compensación se utilizan para justificar la continuidad de prácticas altamente contaminantes sin planes reales de descarbonización, la legitimidad del mercado se erosiona rápidamente. El precio al carbono debe complementar —no sustituir— estrategias de reducción directa de emisiones, eficiencia energética e innovación tecnológica.

Para que la fijación de precios del carbono cumpla su promesa transformadora, la transparencia, la trazabilidad y la rendición de cuentas deberán convertirse en condiciones irrenunciables. Solo entonces la recaudación por emisiones de carbono podrá consolidarse como algo más que un ingreso fiscal extraordinario: una herramienta de política pública capaz de reconciliar competitividad económica, justicia social y protección ambiental en una misma visión de futuro.

‘Cambiemos el Juego’: la campaña que busca visibilizar las brechas que enfrentan las niñas

Cada mundial de fútbol concentra millones de miradas, moviliza emociones colectivas y convierte al deporte en un lenguaje común capaz de atravesar fronteras. Sin embargo, mientras estadios y pantallas capturan la atención global, persisten otras realidades que rara vez ocupan los titulares con la misma intensidad. En ese escenario surge una apuesta distinta impulsada por la ONG Plan International: utilizar la conversación alrededor del fútbol para colocar en el centro un tema profundamente social y urgente, las desigualdades que viven niñas y adolescentes en América Latina.

En el marco de los mundiales masculino de 2026 y femenino de 2027, la organización lanzó la iniciativa regional “Cambiemos el Juego”, una campaña que busca ir más allá del simbolismo deportivo para cuestionar las condiciones estructurales que limitan el desarrollo de millones de niñas. La propuesta combina visibilidad pública y trabajo territorial con la intención de influir en cambios sociales duraderos, demostrando que los grandes eventos deportivos también pueden convertirse en plataformas para promover derechos y transformar narrativas.

Las reglas desiguales detrás del partido social

Para millones de niñas en América Latina y el Caribe, la desigualdad comienza mucho antes de entrar a una cancha. La región continúa enfrentando profundas brechas asociadas con el embarazo temprano, los matrimonios y uniones infantiles y la violencia basada en género, fenómenos que restringen oportunidades educativas, económicas y sociales desde edades tempranas. Lejos de ser problemáticas aisladas, estas situaciones responden a estructuras culturales y sociales que normalizan la desventaja.

Las cifras dimensionan la magnitud del problema. De acuerdo con datos recopilados por distintas agencias de Naciones Unidas, en América Latina y el Caribe una niña entre 10 y 14 años da a luz cada 15 minutos. A ello se suma que una de cada cuatro niñas se casa o une antes de cumplir los 18 años y que una de cada tres mujeres ha experimentado violencia física o sexual a lo largo de su vida. Estos números revelan que la desigualdad no es una percepción, sino una realidad estadísticamente verificable.

cambiemos el Juego

Desde la perspectiva de Plan International, estas condiciones muestran que las niñas suelen iniciar “el partido” con reglas en su contra. La organización advierte que cuentan con menos oportunidades, menos seguridad y menor reconocimiento social, no por ausencia de talento o aspiraciones, sino porque persisten normas y entornos que reproducen desventajas sistemáticas y limitan su capacidad de decidir sobre sus vidas.

En este contexto surge “Cambiemos el Juego”, una iniciativa regional diseñada para visibilizar estas brechas y promover transformaciones concretas. La campaña se despliega en dos niveles complementarios: por un lado, una estrategia pública que utiliza el fútbol como vehículo de sensibilización y, por otro, un proyecto de intervención comunitaria orientado a fortalecer capacidades y modificar dinámicas sociales que perpetúan la desigualdad.

“Cambiemos el Juego” y el fútbol como herramienta de transformación

La iniciativa “Cambiemos el Juego” se implementará hasta 2028 en comunidades vulnerables de México, El Salvador, Perú y Paraguay. Su metodología convierte el fútbol en un espacio seguro, inclusivo y pedagógico donde las niñas no solo practican deporte, sino que desarrollan habilidades para la vida, fortalecen su autoestima y adquieren conocimientos sobre derechos y participación comunitaria.

El programa no se limita al trabajo con las participantes directas. De forma paralela involucra a familias, pares varones, entrenadoras y actores comunitarios con el objetivo de modificar el entorno social que rodea a las niñas. Esta dimensión resulta especialmente relevante porque reconoce que las desigualdades de género no se resuelven únicamente fortaleciendo capacidades individuales, sino transformando las normas sociales que las sostienen.

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La implementación aprovecha infraestructura ya existente en las comunidades, como canchas, escuelas y centros comunitarios, en alianza con organizaciones locales. Las sesiones son impartidas por entrenadoras provenientes de las propias comunidades, quienes reciben capacitación específica en la metodología. Este enfoque favorece la apropiación local y permite que el conocimiento permanezca en el territorio, aumentando las posibilidades de continuidad y sostenibilidad del proyecto.

La directora regional de Plan International para América Latina y el Caribe, Carmen Elena Alemán, sintetiza el espíritu de la propuesta al afirmar:

“No le pedimos a las niñas que jueguen mejor: pedimos que se cambien las reglas para que puedan jugar en igualdad de condiciones”.

La representante agrega que durante mucho tiempo se ha esperado que las niñas se adapten a estructuras injustas, mientras que “Cambiemos el Juego” plantea lo contrario: trabajar junto con niñas, familias y comunidades para transformar normas, leyes y entornos que hoy las colocan en desventaja.

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Del precedente al potencial: cuando el deporte visibiliza desigualdades

Aunque la campaña regional coincide con el ciclo mundialista de 2026 y 2027, la metodología no parte de cero. Plan International ya la implementó previamente en Nicaragua y Brasil, donde los resultados ofrecen señales alentadoras sobre su efectividad. Más del 70% de las participantes completó el proceso formativo y entre 60% y 80% reportó mejoras significativas en autoestima y capacidad para tomar decisiones.

Además, más de la mitad de las niñas participantes fortaleció conocimientos relacionados con prevención de violencia y derechos, un indicador especialmente relevante en contextos donde la desinformación y la normalización de agresiones limitan la capacidad de protección y denuncia. Estos resultados sugieren que el deporte, cuando se integra dentro de una estrategia pedagógica y comunitaria, puede convertirse en un catalizador de cambios sociales más amplios.

La apuesta de Cambiemos el Juego” también invita a reflexionar sobre el papel que pueden desempeñar los grandes eventos deportivos en la agenda social. Históricamente, los mundiales han funcionado como vitrinas de identidad nacional, espectáculo y negocio; sin embargo, su enorme alcance mediático ofrece igualmente la posibilidad de visibilizar problemáticas que suelen permanecer relegadas.

Aprovechar esa atención global para hablar de embarazos tempranos, violencia y desigualdad de género representa una estrategia de incidencia con potencial significativo. La pregunta de fondo no es únicamente si el fútbol puede cambiar realidades, sino si gobiernos, organizaciones y sociedad civil están dispuestos a utilizar estos espacios de alta exposición para impulsar conversaciones incómodas pero necesarias. En esa lógica, “Cambiemos el Juego” propone que el verdadero marcador no se mida solo en goles, sino en la capacidad colectiva de transformar reglas que durante demasiado tiempo han dejado a millones de niñas jugando en desventaja.

¿Por qué las economías sostenibles podrían convertirse en las más poderosas del mundo?

Durante décadas, el poder económico global se explicó a partir del acceso a combustibles fósiles, capacidad manufacturera y control de rutas comerciales. Hoy, ese tablero está cambiando con rapidez. La competencia entre países ya no se limita a quién produce más o quién posee mayores reservas energéticas, sino a quién logra construir industrias resilientes, cadenas de suministro trazables y sistemas energéticos capaces de reducir vulnerabilidades geopolíticas. La sostenibilidad, lejos de perder relevancia, está redefiniendo la lógica de la competitividad internacional.

La paradoja es evidente. Mientras el término ESG enfrenta críticas políticas y algunos gobiernos o corporaciones moderan su narrativa climática, la transformación económica asociada a tecnologías limpias, electrificación y nuevos estándares industriales continúa acelerándose. En otras palabras, el discurso puede fluctuar, pero el mercado y la infraestructura económica global avanzan en otra dirección. En ese escenario, las economías sostenibles no aparecen como una aspiración idealista, sino como candidatas a liderar la próxima etapa del crecimiento mundial.

Economías sostenibles: la competitividad ya cambió de reglas

La pandemia, la guerra en Ucrania y las crecientes tensiones geopolíticas transformaron la percepción global sobre sostenibilidad. Antes era común tratarla como una agenda centrada exclusivamente en emisiones o reputación corporativa; hoy se relaciona directamente con seguridad energética, soberanía industrial y estabilidad económica. La dependencia de combustibles fósiles importados y cadenas de suministro largas y vulnerables dejó de verse únicamente como un problema ambiental y comenzó a interpretarse como un riesgo estratégico.

Tal como lo ha señalado Eco-Business, esta nueva realidad explica por qué las economías sostenibles están adquiriendo ventajas competitivas relevantes. Reducir dependencia energética mediante renovables, electrificación o eficiencia ya no significa únicamente reducir carbono; implica disminuir exposición a volatilidad de precios, conflictos internacionales y restricciones de abastecimiento. De forma similar, la economía circular y la producción local de insumos estratégicos fortalecen autonomía y capacidad industrial.

Los mercados financieros han internalizado esta transformación con mayor rapidez que el debate político. Aunque la sostenibilidad se ha polarizado en ciertos espacios públicos —particularmente en Estados Unidos—, los grandes inversionistas continúan avanzando en la misma dirección. Fondos de pensiones, fondos soberanos, aseguradoras y bancos de desarrollo operan crecientemente bajo compromisos de cero emisiones netas y marcos de riesgo climático.

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El resultado es una revalorización silenciosa, pero profunda. Las empresas capaces de demostrar estrategias creíbles de reducción de emisiones y adaptación suelen acceder a financiamiento en mejores condiciones y fortalecer su posición ante inversionistas institucionales. Las que no logran hacerlo enfrentan mayores cuestionamientos sobre viabilidad futura y exposición a riesgos regulatorios o de transición.

Esta convergencia entre sostenibilidad y capital también se observa en el ámbito normativo. El marco de divulgación del Consejo Internacional de Normas de Sostenibilidad (ISSB) gana adopción global, mientras Europa mantiene vigentes las Normas Europeas de Reporte de Sostenibilidad (ESRS). Más que regulaciones aisladas, ambas tendencias apuntan hacia una arquitectura común donde transparencia ambiental y desempeño económico se vuelven inseparables.

China, Europa y la geopolítica de la transición

Pocas regiones entendieron tan temprano esta transformación como China. Durante años, Occidente interpretó las inversiones chinas en tecnologías limpias como una apuesta ambiental secundaria; hoy resulta evidente que respondían a una estrategia industrial y geopolítica deliberada.

Actualmente, China produce aproximadamente el 80% de los paneles solares del mundo y domina segmentos clave de las cadenas globales de baterías, movilidad eléctrica e infraestructura asociada al hidrógeno verde y la energía eólica marina. El objetivo no es exclusivamente climático. China busca consolidarse como potencia tecnológica e industrial de la transición energética, controlando mercados que definirán la economía del siglo XXI.

Europa ha seguido un camino distinto, aunque igualmente estratégico. El Pacto Verde Europeo, la Directiva de Reportes de Sostenibilidad Corporativa y el pasaporte digital de productos conforman un ecosistema regulatorio que va mucho más allá del cumplimiento ambiental. Estas herramientas funcionan como infraestructura económica diseñada para movilizar capital, estandarizar cadenas de valor y construir liderazgo industrial sostenible.

Esta posición ofrece ventajas relevantes. Europa cuenta con instituciones financieras sofisticadas, capacidades de ingeniería avanzadas y uno de los marcos regulatorios más robustos del mundo para productos sostenibles. Cualquier empresa capaz de cumplir estándares europeos obtiene, en la práctica, una certificación competitiva de alcance internacional.

La gran pregunta es cómo evolucionará este liderazgo. Europa puede utilizar su arquitectura regulatoria como barrera defensiva o transformarla en plataforma abierta de cooperación con socios como Japón, Corea del Sur, Canadá y economías emergentes. La segunda opción podría convertirla en coordinadora de estándares globales para una economía baja en carbono e intensiva en innovación.

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El costo del rezago: lo que perderán quienes no se adapten

La transformación industrial global no espera consensos políticos. La historia económica muestra que quienes reaccionan tarde ante cambios tecnológicos suelen enfrentar pérdida de competitividad, debilitamiento productivo y dependencia creciente. La transición sostenible parece seguir esa misma lógica.

Las economías que no comprendan esta convergencia podrían enfrentar varios riesgos simultáneos. El primero es financiero. A medida que el capital institucional incorpora criterios climáticos y taxonomías sostenibles, las empresas y países con alta exposición a carbono o baja capacidad de adaptación podrían ver encarecido su acceso al financiamiento.

El segundo riesgo es comercial. Nuevas herramientas regulatorias —como el pasaporte digital de productos o los mecanismos de ajuste de carbono— pueden convertirse en filtros de acceso a mercados. En este escenario, no adaptarse implica quedar fuera de cadenas globales de valor o participar en ellas desde posiciones de menor rentabilidad.

Existe además un riesgo industrial y tecnológico más profundo. Quienes no desarrollen capacidades en manufactura limpia, digitalización o trazabilidad podrían depender crecientemente de países que sí controlen esas tecnologías. La transición energética no solo redistribuye oportunidades; también redefine relaciones de poder y dependencia.

Por ello, hablar de economías sostenibles ya no equivale a discutir únicamente compromisos climáticos. Se trata de evaluar quién dominará tecnologías estratégicas, quién atraerá inversión productiva y quién podrá sostener crecimiento y empleo en un entorno global marcado por nuevas exigencias regulatorias y energéticas.

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La hoja de ruta para construir economías competitivas y resilientes

La buena noticia es que esta transición no está reservada únicamente para grandes potencias. Existen áreas concretas donde gobiernos y líderes empresariales pueden actuar para impulsar economías sostenibles sin sacrificar competitividad ni desarrollo.

La primera es acompañar la modernización industrial en lugar de retrasarla. Diversos especialistas coinciden en que proteger sectores mediante subsidios que perpetúan modelos obsoletos rara vez genera resiliencia. El desafío consiste en apoyar especialmente a empresas medianas y manufactureras para que desarrollen capacidades digitales, trazabilidad y contabilidad de carbono.

La segunda prioridad es reconocer que la infraestructura digital asociada a sostenibilidad será tan estratégica como las redes financieras tradicionales. El pasaporte digital de productos, los sistemas de verificación y los flujos de información ambiental serán esenciales para operar en cadenas globales cada vez más exigentes.

La tercera área es la diplomacia económica. Las normas ambientales pueden convertirse en mecanismos de fragmentación o en plataformas de convergencia internacional. Reconocer equivalencias regulatorias, compartir metodologías y colaborar en estándares interoperables permitirá acelerar la transición sin profundizar desigualdades comerciales.

Finalmente, los gobiernos deben entender que sostenibilidad y competitividad no representan agendas separadas. Como muestran China y Europa, el liderazgo económico futuro dependerá de la capacidad para integrar política industrial, innovación tecnológica y resiliencia energética en una misma estrategia de desarrollo.

Las empresas que dominarán la próxima década ya comenzaron este proceso: digitalizan cadenas de suministro, adoptan contabilidad del carbono, alinean operaciones con taxonomías y convierten el cumplimiento normativo en ventaja comercial. El resto enfrenta una decisión cada vez más clara: adaptarse a la nueva economía o correr el riesgo de quedar atrapado en la anterior.