Greenpeace señala a CEMEX por daño la Selva Maya; pone en duda su RSE

La Selva Maya, uno de los pulmones verdes más importantes de Mesoamérica, vuelve a estar en el centro de la controversia. Esta vez, la organización ambientalista Greenpeace ha levantado la voz contra una de las empresas más grandes del país: CEMEX, por sus planes de explotar material pétreo en una zona selvática cercana a Tulum, en el estado de Quintana Roo.

En el marco de su campaña México al grito de Selva, activistas de Greenpeace realizaron una protesta simbólica en la sede de la SEMARNAT en Cancún. El objetivo: exigir el fin de las autorizaciones para deforestar y dinamitar áreas protegidas. Lo que está en juego no es solo la biodiversidad de la región, sino también la legitimidad del discurso de sostenibilidad que muchas empresas aseguran adoptar. Y en este caso, CEMEX está en el centro del huracán.

El nuevo capítulo del modelo extractivo: de Calica a CEMEX

El conflicto actual no surge de la nada. Durante más de tres décadas, Calica —filial de Vulcan Materials Company— operó una mina de extracción en la zona que hoy se ha convertido en un símbolo de devastación ambiental. Tras su clausura por la Profepa en 2022 y la declaratoria como Área Natural Protegida en 2024, se pensó que la historia había llegado a su fin.

Pero, como advierte Carlos Samayoa, vocero de Greenpeace, ese modelo no solo no ha desaparecido, sino que está siendo replicado. Greenpeace señala a CEMEX por seguir la misma lógica que su predecesora: deforestar selva virgen, dinamitar el suelo y extraer grandes volúmenes de piedra para abastecer megaproyectos como el Tren Maya o el desarrollo turístico.

Greenpeace señala a CEMEX

La empresa ha solicitado la modificación del uso de suelo en al menos 650 hectáreas de terreno forestal para establecer un nuevo banco de materiales. Según su propia Manifestación de Impacto Ambiental, los recursos extraídos se destinarían a obras prioritarias del gobierno federal, lo que refuerza la preocupación de que este modelo de desarrollo pone en segundo plano la protección del medio ambiente.

Sascaberas: heridas abiertas en el corazón de la península

Las llamadas sascaberas, nombre local para los bancos de material pétreo, se han convertido en uno de los principales enemigos de la Selva Maya. Su proliferación responde al crecimiento urbano desmedido, el turismo masivo y la necesidad de insumos para megaproyectos. Y su impacto ya es medible: cerca de 10 mil hectáreas han sido taladas.

En la protesta realizada frente a SEMARNAT, Greenpeace arrojó simbólicamente material pétreo desde un camión como denuncia visual de lo que estas prácticas representan: destrucción, fragmentación del hábitat y contaminación del acuífero más grande de México.

Además, el uso de dinamita y trascabos para abrir paso a estas actividades pone en riesgo no solo la vida silvestre, sino también el delicado sistema de ríos subterráneos que atraviesa la región. En este contexto, Greenpeace señala a CEMEX como un actor clave en la continuidad de este modelo, que, según ambientalistas, debería haberse detenido tras el caso Calica.

Comunidades excluidas: los otros afectados invisibles

Uno de los elementos más graves del caso es la omisión de consulta a las comunidades locales. Habitantes de Francisco Uh May, una comunidad maya colindante con el terreno en disputa, han denunciado públicamente que no fueron consultados de forma previa, libre e informada, como lo exigen los estándares internacionales.

Más allá del daño ambiental, se trata de una violación directa a los derechos de los pueblos originarios. La selva no solo es su hogar, sino también su fuente de agua, medicina, alimentos y cultura. Ignorar sus voces es perpetuar una lógica extractivista que coloca el progreso económico por encima de los derechos humanos.

El hecho de que Greenpeace señale a CEMEX también está relacionado con esta dimensión social. La responsabilidad social empresarial implica, como mínimo, garantizar procesos participativos y respetuosos. En este caso, ni siquiera ese umbral parece haberse cumplido.

¿Dónde queda la responsabilidad social?

La participación de CEMEX en este modelo extractivo resulta especialmente preocupante considerando que es una empresa que presume sus compromisos con la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente. De ahí que la denuncia pública no sea solo ambiental, sino también reputacional.

Hoy en día, la responsabilidad social no puede limitarse a reportes anuales ni campañas institucionales. Las empresas son llamadas a actuar con coherencia, sobre todo cuando sus decisiones pueden tener efectos irreversibles en el entorno y las comunidades.

Por eso, cuando Greenpeace señala a CEMEX, el cuestionamiento va más allá de una sola empresa: pone en jaque todo un discurso empresarial que dice estar alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero que en la práctica sigue replicando modelos altamente destructivos.

Un llamado urgente: detener el modelo antes de que sea irreversible

Greenpeace ha sido enfática: cerrar Calica no resolvió el problema, solo le cambió de nombre. Mientras SEMARNAT continúe otorgando permisos para este tipo de actividades, el riesgo de perder los ecosistemas únicos de la península de Yucatán seguirá creciendo.

Activistas, científicos y comunidades locales coinciden: se necesitan medidas de protección más ambiciosas que incluyan tanto la superficie como el subsuelo. Y estas medidas no pueden quedar supeditadas a intereses comerciales o políticos.

La protesta frente a SEMARNAT no fue un acto aislado, sino una advertencia: la Selva Maya está al límite. Greenpeace señala a CEMEX como un actor que, en lugar de liderar un cambio hacia un modelo regenerativo, estaría optando por repetir prácticas ya condenadas por su impacto ambiental y social.

Entre el discurso y la acción, la selva no puede esperar

En un país que se enfrenta a una crisis climática cada vez más evidente, no hay espacio para medias tintas. El caso de CEMEX y las sascaberas en la Selva Maya plantea una disyuntiva crítica: o las empresas y autoridades se alinean con una visión verdaderamente sostenible, o seguirán alimentando un modelo que prioriza el corto plazo sobre el bienestar común.

La denuncia de Greenpeace no es un ataque empresarial, sino un recordatorio urgente de que los compromisos sociales y ambientales deben reflejarse en las decisiones más estratégicas de una compañía.

¿Cuál es el impacto social de la gentrificación y cómo las empresas pueden mitigarla?

La gentrificación es un fenómeno urbano que ha ganado relevancia en los últimos años, especialmente en grandes ciudades donde la revalorización de ciertas zonas provoca un aumento acelerado de los precios de vivienda, desplazando a las comunidades originales. Este proceso no solo transforma el paisaje urbano, sino que también tiene consecuencias profundas en el tejido social, afectando a personas que históricamente han habitado esos barrios.

Cuando hablamos del impacto social de la gentrificación, no se trata solo de un cambio en la estética urbana o la llegada de nuevos servicios; implica la pérdida de redes comunitarias, el debilitamiento de la identidad cultural local y un aumento en la desigualdad. En este contexto, el papel de las empresas se vuelve crucial: pueden ser parte del problema, pero también parte de la solución si adoptan una postura ética y proactiva.

¿Qué es la gentrificación y por qué importa?

La gentrificación ocurre cuando zonas tradicionalmente habitadas por comunidades de bajos o medianos ingresos se vuelven atractivas para inversores y clases más altas, provocando un alza en los costos. Este fenómeno transforma la dinámica social del lugar, expulsando a residentes que ya no pueden costear vivir allí.

Aunque puede traer mejoras urbanas y desarrollo económico, también suele ignorar las necesidades de los habitantes originales. Los espacios públicos cambian, los negocios locales desaparecen y con ello se erosiona la historia viva de las comunidades. Comprender el impacto social de la gentrificación es fundamental para construir ciudades más inclusivas.

impacto social de la gentrificación

Desde la responsabilidad social empresarial, es necesario revisar si los proyectos que una compañía impulsa en ciertas zonas están promoviendo el desarrollo integral o simplemente responden a intereses comerciales a corto plazo.

El desplazamiento silencioso: una crisis habitacional

Uno de los efectos más visibles del impacto social de la gentrificación es el desplazamiento forzado de las familias. A medida que el costo de vida se eleva, muchos residentes se ven obligados a mudarse a zonas más alejadas, perdiendo acceso a servicios, empleos y redes de apoyo.

Este desplazamiento no siempre es inmediato, muchas veces es progresivo y silencioso. Las familias enfrentan aumentos constantes de renta, nuevos requisitos para alquileres o venta de inmuebles que terminan por marginarlos. Lo que comienza como renovación urbana, puede derivar en una crisis habitacional invisible.

El acceso a una vivienda digna es un derecho humano. Las empresas del sector inmobiliario, comercial y turístico tienen la responsabilidad de analizar si sus acciones están promoviendo una ciudad para todos o para unos pocos.

Pérdida de identidad y cultura barrial

La gentrificación no solo transforma edificios; transforma también las dinámicas sociales y culturales. Los barrios tienen historia, sabores, costumbres y ritmos propios que corren el riesgo de desaparecer cuando se convierten en destinos de moda.

Tiendas tradicionales, espacios comunitarios, arte callejero, festividades locales y otras expresiones culturales tienden a ser desplazadas por cafeterías boutique, cadenas comerciales o desarrollos homogéneos. Este borrado cultural tiene un alto impacto social de la gentrificación.

Las empresas pueden contribuir a la preservación cultural apoyando proyectos locales, invirtiendo en la identidad del barrio e integrando a la comunidad en el diseño y ejecución de sus proyectos.

La responsabilidad empresarial frente a la gentrificación

En muchas ocasiones, empresas inmobiliarias, turísticas o de servicios son señaladas como catalizadoras de la gentrificación. Sin embargo, adoptar un enfoque de responsabilidad social puede convertirlas en agentes de cambio positivo.

Una empresa consciente evalúa el entorno antes de desarrollar proyectos, escucha a las comunidades locales, crea alianzas con organizaciones vecinales y mitiga impactos negativos. Invertir con ética también implica buscar un equilibrio entre rentabilidad y bienestar social.

Integrar criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) en la toma de decisiones puede ayudar a prevenir que las operaciones de una compañía alimenten la exclusión y, en cambio, promuevan un desarrollo verdaderamente sostenible.

Soluciones urbanas con enfoque social

Existen alternativas para que el desarrollo urbano no implique desplazamiento. Una de ellas es el “desarrollo inclusivo”, un modelo que considera la permanencia de los habitantes actuales en las zonas intervenidas, con acceso a servicios, empleo y mejoras en calidad de vida.

Otro ejemplo es el uso de herramientas como los fideicomisos de tierras comunitarias o programas de renta controlada, que permiten mantener precios accesibles. Las alianzas público-privadas también pueden ser clave para crear soluciones habitacionales sostenibles.

Las empresas que integran este tipo de prácticas no solo previenen el impacto social de la gentrificación, sino que además construyen reputación positiva, confianza con las comunidades y resiliencia a largo plazo.

Turismo y gentrificación: una relación compleja

El turismo es uno de los sectores que más ha impulsado procesos de gentrificación, sobre todo en ciudades con alto valor histórico o cultural. Plataformas de hospedaje temporal, como Airbnb, han elevado los precios de renta en muchos barrios, vaciándolos de residentes permanentes.

Aunque el turismo puede beneficiar económicamente a ciertos sectores, su descontrol también contribuye al impacto social de la gentrificación. Los comercios locales son reemplazados por negocios para turistas, y la vida comunitaria pierde su esencia.

impacto social de la gentrificación

Una práctica responsable en este ámbito implica promover el turismo sostenible, con beneficios redistribuidos, límites claros y participación activa de la comunidad en la gestión del territorio.

Cómo las empresas pueden mitigar el impacto social de la gentrificación

Existen múltiples acciones que las empresas pueden implementar para mitigar el impacto social de la gentrificación: establecer políticas de compras locales, contratar mano de obra del barrio, crear espacios accesibles para toda la población y ofrecer vivienda asequible como parte de sus desarrollos.

También es importante realizar estudios de impacto social antes de comenzar cualquier intervención urbana. Escuchar las voces locales y establecer mecanismos de diálogo continuo ayuda a prevenir conflictos y construir confianza mutua.

Finalmente, rendir cuentas y transparentar los beneficios sociales de cada proyecto fortalece la legitimidad empresarial y demuestra un compromiso real con el bienestar colectivo.

El futuro urbano se escribe con responsabilidad

El impacto social de la gentrificación nos obliga a repensar cómo se desarrolla una ciudad. No basta con mejorar el paisaje urbano si a cambio se excluye a quienes le dan vida. Empresas, gobiernos y sociedad civil deben trabajar juntos para garantizar que el progreso no se traduzca en despojo.

Las empresas tienen un papel clave: pueden ser parte de una transformación más justa si colocan a las personas en el centro de sus decisiones. Invertir en ciudades incluyentes no solo es ético, también es una apuesta inteligente para un futuro más sostenible y resiliente.

¿México ha avanzado contra la discriminación de la mujer? ONU responde

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México ha transitado un largo camino en la lucha por los derechos de las mujeres. Desde 2019, se han impulsado reformas legales que prometen un cambio de fondo, orientadas a la igualdad sustantiva y la erradicación de la violencia de género. Sin embargo, los avances legales no siempre se traducen en justicia cotidiana para las mexicanas, comparte un artículo de La Jornada.

Así lo dejó claro el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra las Mujeres (Cedaw) de la ONU, que recientemente emitió sus conclusiones sobre la situación actual. Si bien reconoce progresos normativos, también lanza alertas contundentes sobre temas estructurales no resueltos que siguen perpetuando la discriminación de la mujer en México.

Reformas legales: avances importantes, pero insuficientes

El Cedaw aplaudió las reformas constitucionales y legales adoptadas por México desde 2019, que han sentado las bases para una institucionalidad con perspectiva de género. Reconoció también el desarrollo de políticas públicas dirigidas a erradicar la violencia contra las mujeres.

Sin embargo, señaló que estas acciones aún no son suficientes para transformar de raíz los patrones socioculturales que normalizan la discriminación. La ONU subraya la necesidad de acompañar las leyes con mecanismos de aplicación sólidos y personal capacitado.

discriminación de la mujer en México

La discriminación de la mujer en México no solo se combate con marcos normativos, sino también con voluntad política y articulación efectiva con la sociedad civil, cuyas voces muchas veces siguen siendo excluidas de los espacios de decisión.

Poder judicial: sin enfoque feminista, no hay justicia

Una de las principales preocupaciones del Cedaw se centra en el sistema de justicia. Aunque se han elegido más juezas y magistradas, la ONU advierte que eso no garantiza automáticamente un enfoque feminista en los tribunales.

El comité insta a garantizar la independencia judicial y elevar los criterios de selección de jueces, asegurando su formación en derechos humanos y perspectiva de género. La falta de esta preparación impide que casos de feminicidio, esterilización forzada o desapariciones sean abordados con la sensibilidad que exigen.

La discriminación de la mujer en México se perpetúa también en los juzgados, donde muchas veces las víctimas encuentran revictimización o indiferencia, en lugar de justicia y reparación.

Agresiones a periodistas y buscadoras: una deuda urgente

El informe también enciende las alarmas sobre las crecientes agresiones hacia periodistas, defensoras de derechos humanos y mujeres buscadoras. Estas mujeres enfrentan amenazas, desapariciones y asesinatos por ejercer su labor.

El Cedaw exhorta al Estado mexicano a reforzar los mecanismos de protección, dotarlos de presupuesto suficiente y mejorar la coordinación entre niveles de gobierno. Denuncia que la labor de las buscadoras no es reconocida como defensa de derechos humanos, lo que limita su acceso a medidas de protección.

Frente a este panorama, la discriminación de la mujer en México adquiere un carácter aún más grave, cuando se normaliza la violencia contra quienes luchan por verdad y justicia para otras.

Grupos vulnerables: interseccionalidad como deuda pendiente

La ONU también pone el foco en mujeres históricamente marginadas, como las indígenas, afromexicanas, personas con discapacidad, diversidad sexual y trabajadoras sexuales. Para ellas, el acceso a derechos básicos como salud, educación o justicia sigue siendo una promesa lejana.

La falta de accesibilidad a servicios, la escasa representatividad en las políticas públicas y la discriminación interseccional generan un entorno hostil y excluyente. El Cedaw recomienda medidas específicas e incluyentes para cada grupo.

Reconocer la diversidad de experiencias y violencias es fundamental para erradicar de fondo la discriminación de la mujer en México, y no limitarse a soluciones generalistas que dejan fuera a miles.

Presupuesto y violencia vicaria: el doble abandono

Las mujeres víctimas de violencia doméstica, especialmente aquellas que enfrentan violencia vicaria —cuando sus hijos son usados como forma de agresión—, enfrentan un abandono sistemático. Muchas veces pierden la custodia o son obligadas a convivir con sus agresores en procesos judiciales sin enfoque de género.

Además, el informe advierte sobre los recortes presupuestarios a servicios de protección, como refugios y centros de justicia. Esto impacta particularmente a mujeres con discapacidad o que viven en zonas rurales, quienes tienen aún más barreras para acceder a estos apoyos.

La discriminación de la mujer en México no es solo simbólica; se refleja también en la falta de recursos que sostengan una respuesta efectiva ante la violencia y la exclusión.

El balance del Cedaw es claro: México ha avanzado, pero aún arrastra profundas deudas estructurales. Reconocer los logros no debe significar bajar la guardia ante las múltiples formas de discriminación que persisten. Las leyes existen, pero su aplicación sigue siendo desigual y, en ocasiones, simbólica.

Erradicar la discriminación de la mujer en México implica ir más allá de los discursos y poner en el centro a las mujeres reales, diversas y valientes que siguen enfrentando riesgos por exigir justicia. El verdadero cambio será tangible cuando cada mujer pueda vivir sin miedo, con dignidad y con plenos derechos.

10 formas en que el trabajo remoto reduce emisiones de carbono

El auge del trabajo remoto ha transformado no solo la manera en que interactuamos laboralmente, sino también el impacto que generamos sobre el medio ambiente. Lo que inició como una medida de emergencia durante la pandemia, hoy representa una oportunidad para repensar nuestra huella ecológica desde el ámbito corporativo y personal.

Diversos estudios han demostrado que el trabajo remoto contribuye a la reducción de emisiones de carbono, pero pocas veces se analiza a profundidad el cómo y el porqué de estos efectos. En esta nota desglosamos diez formas concretas en las que esta modalidad puede convertirse en una aliada estratégica para la sostenibilidad y la responsabilidad social empresarial.

10 formas en las que el trabajo remoto puede contribuir a la reducción de emisiones de carbono

1. Disminución del uso del automóvil particular

Una de las formas más evidentes en que el trabajo remoto contribuye a la reducción de emisiones es al evitar millones de viajes diarios en automóvil. Esto significa menos consumo de combustibles fósiles y una baja considerable en la emisión de CO₂ a la atmósfera.

Según datos de la Agencia Internacional de Energía, el transporte representa casi una cuarta parte de las emisiones globales de CO₂. Al eliminar el traslado diario a la oficina, se reduce la congestión vehicular y la necesidad de construir más infraestructura para autos, lo que a largo plazo también tiene beneficios ambientales.

2. Menor demanda de transporte público

Aunque el transporte público es más eficiente en términos de emisiones por persona, su operación también conlleva un gasto energético considerable. Con menos personas desplazándose diariamente, se pueden ajustar frecuencias y rutas, optimizando el uso de energía.

Además, una reducción en la sobrecarga del transporte urbano permite a las ciudades invertir en opciones más sostenibles y eficientes. Así, el trabajo remoto contribuye a la reducción de emisiones al descongestionar sistemas saturados que operan con energía fósil.

3. Reducción del consumo energético en oficinas

Los grandes edificios corporativos requieren sistemas complejos de aire acondicionado, calefacción, iluminación y tecnología que funcionan durante largas jornadas. Con menos personal presencial, se reduce la necesidad de mantener estos sistemas activos a plena capacidad.

Esta eficiencia energética en la infraestructura se traduce directamente en menos consumo de electricidad y, por ende, menos emisiones asociadas a su generación. Empresas que adoptan modelos híbridos pueden incluso redimensionar sus espacios y hacerlos más sostenibles.

4. Menor generación de residuos en oficinas

El trabajo remoto implica que las personas ya no generen residuos en masa en un mismo lugar: menos papeles impresos, vasos desechables, empaques de comida o residuos de cafetería. Esta dispersión contribuye a una reducción global de residuos urbanos.

Además, los trabajadores remotos suelen adoptar hábitos más responsables en sus hogares, como usar materiales reutilizables o controlar mejor su consumo. Este cambio de comportamiento aporta indirectamente al objetivo de sostenibilidad.

5. Incentivo para ciudades más descentralizadas

Cuando muchas personas pueden trabajar desde cualquier lugar, la necesidad de vivir cerca de los grandes centros urbanos disminuye. Esto alivia la presión sobre ciudades contaminadas y congestivas, promoviendo una mejor distribución poblacional.

Este fenómeno, conocido como “desurbanización funcional”, permite que más personas vivan en entornos con mayor cobertura verde, menor densidad vehicular y mejor calidad del aire. Así, el trabajo remoto contribuye a la reducción de emisiones al redistribuir el impacto urbano.

6. Promoción del consumo local y responsable

Trabajar desde casa permite a las personas consumir productos y servicios de su entorno inmediato, lo que acorta cadenas logísticas y reduce las emisiones por transporte de mercancías. Las economías locales se fortalecen y el impacto ambiental se minimiza.

Este tipo de consumo consciente y de proximidad es una de las claves para una economía circular y baja en carbono. Empresas que promueven el home office también pueden fomentar proveedores locales para sus empleados, amplificando el impacto positivo.

7. Optimización del uso de recursos digitales

El teletrabajo ha acelerado la digitalización de procesos, lo que reduce la necesidad de insumos físicos como papel, impresoras, carpetas o envíos postales. Esta transformación no solo ahorra tiempo, también reduce la huella ambiental.

Aunque los centros de datos también consumen energía, su eficiencia es mucho mayor que la de procesos físicos tradicionales. El trabajo remoto contribuye a la reducción de emisiones al digitalizar rutinas que antes implicaban recursos materiales y traslados.

8. Rediseño de hábitos personales más sostenibles

Al tener mayor control de su entorno, muchas personas han rediseñado sus rutinas para ser más amigables con el ambiente: desde cocinar en casa hasta usar luz natural o reducir el uso de aire acondicionado. Estos cambios, aunque pequeños, suman en el conjunto global.

La autonomía que brinda el home office empodera a los individuos para tomar decisiones sostenibles en su vida cotidiana, algo que en un entorno corporativo tradicional puede verse limitado. Esta transformación cultural es uno de los beneficios menos visibles, pero más duraderos.

9. Reducción de viajes de negocios

Muchas reuniones que antes requerían vuelos o traslados ahora se realizan por videollamadas. Esta reducción en los viajes corporativos es una de las formas más claras en que el trabajo remoto contribuye a la reducción de emisiones de carbono.

Con menos vuelos de trabajo, las empresas no solo ahorran en costos, sino también en su huella ambiental. Algunas ya han adoptado políticas para limitar sus viajes y priorizar la conexión digital como alternativa sostenible.

10. Estímulo a políticas empresariales más verdes

Las compañías que adoptan el trabajo remoto como parte de su cultura organizacional suelen acompañarlo de iniciativas más amplias de sostenibilidad, como metas de carbono neutro, compensación de emisiones o inversión en energías limpias.

Este tipo de acciones no solo reducen el impacto ambiental directo de la empresa, también influyen en su reputación y compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El home office se convierte así en un catalizador para una transformación corporativa más profunda.

Más allá de las emisiones: efectos colaterales positivos

El impacto ambiental del trabajo remoto también se extiende a otros aspectos de la vida urbana: menos ruido, mayor seguridad vial y mejor salud mental al reducir el estrés del traslado diario. Estos beneficios complementarios fortalecen el argumento a favor de modelos híbridos.

Además, al permitir una mayor flexibilidad, el teletrabajo promueve la inclusión laboral de personas con discapacidad, madres o cuidadores, fomentando una cultura organizacional más diversa y resiliente frente a los desafíos climáticos y sociales.

Consideraciones para evitar el efecto rebote

Es importante considerar que el trabajo remoto no es automáticamente sostenible. Si no se gestiona correctamente, puede generar un “efecto rebote”, como el uso excesivo de energía en casa, duplicación de recursos o incluso aislamiento social.

Por eso, es fundamental que las empresas acompañen esta modalidad con educación ambiental, herramientas eficientes, asesoría técnica y promoción de estilos de vida sostenibles. Solo así se asegura que el trabajo remoto realmente contribuya a la reducción de emisiones y no lo contrario.

El trabajo remoto representa una oportunidad real para que las empresas y personas reduzcan su impacto ambiental sin comprometer su productividad. Desde la movilidad hasta los hábitos de consumo, esta modalidad transforma silenciosamente la relación entre trabajo y medio ambiente.

Sin embargo, para que su efecto sea positivo y duradero, requiere de estrategias claras, liderazgo consciente y compromiso colectivo. Comprender cómo el trabajo remoto contribuye a la reducción de emisiones es el primer paso para aprovechar su verdadero potencial en la transición hacia un futuro más sustentable.

¿Prohibir celulares mejora la salud mental estudiantil? Este país lo está intentando

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Desde hace años, el uso excesivo de pantallas ha encendido las alertas en el ámbito educativo. Pero fue hasta enero de 2024 que Países Bajos dio un paso firme: prohibir celulares en clase en prácticamente todas sus escuelas secundarias. A más de un año de implementación, los primeros resultados no solo apuntan a una mejora en la concentración académica, sino también a un inesperado pero bienvenido efecto en la salud mental de los adolescentes, de acuerdo con el Excélsior.

La medida, respaldada por docentes, familias y autoridades, no fue una decisión improvisada. Respondió a una inquietud creciente sobre la hiperconectividad en la adolescencia y sus consecuencias en el entorno escolar. Ahora, los datos comienzan a contar una historia: más tranquilidad, menos ansiedad y una participación más activa en clase. Pero también hay retos nuevos, especialmente en la forma en que los jóvenes procesan sus emociones sin la mediación constante de una pantalla.

Un aula sin pantallas: los primeros efectos de prohibir celulares en clase

Cuando el gobierno neerlandés impulsó la política de prohibir celulares en clase, lo hizo con el respaldo de la comunidad educativa. Desde entonces, el 99 % de las escuelas secundarias ha adoptado medidas estrictas para limitar el acceso a dispositivos durante las clases. Muchos estudiantes deben dejar sus teléfonos en casa o guardarlos en cajas fuertes al inicio del día.

Un año después, el cambio es palpable. El 75 % de los centros reporta mejoras en la concentración y el 59 % señala un ambiente social más saludable. Aunque el rendimiento académico solo subió en un 28 %, el bienestar emocional destaca como uno de los beneficios más significativos.

prohibición de celulares en clases

Sin embargo, no todo es positivo. La eliminación de esta “válvula de escape digital” ha dado lugar a un aumento de episodios de acoso físico y actitudes disruptivas. Estos efectos secundarios exigen nuevas estrategias de contención emocional que acompañen la política educativa.

Más conexión humana, menos ansiedad digital

Una de las transformaciones más notorias ha sido la mejora en la interacción entre estudiantes y docentes. El 41 % de los profesores asegura que la participación en clase ha aumentado desde que se decidió prohibir celulares en clase. La atención plena, antes fragmentada por notificaciones constantes, vuelve a estar presente.

Además, el 64 % del alumnado afirma sentirse menos presionado socialmente al no tener el celular consigo. En un entorno donde la comparación digital constante alimentaba la ansiedad, este cambio ha traído un respiro. Menos selfies, más conversación cara a cara.

Esto se traduce también en un efecto preventivo: reducir la exposición digital durante el horario escolar podría mitigar el riesgo de problemas de salud mental más graves. Así lo advierte el Instituto Trimbos, que ha documentado un alza preocupante en síntomas depresivos y ansiedad entre jóvenes desde 2017.

Primaria y educación especial: impacto moderado pero relevante

En el nivel primario, el impacto de prohibir celulares en clase ha sido más discreto. El 89 % de las escuelas ha implementado alguna forma de restricción, pero solo el 23 % reporta mejoras notables en el bienestar del alumnado. Aun así, reducir la exposición temprana a dispositivos se percibe como una inversión a largo plazo en salud emocional.

Un fenómeno emergente ha sido el uso de relojes inteligentes como sustituto del celular. Aunque más difíciles de controlar, no han generado conflictos mayores. En estos casos, las escuelas trabajan en adaptar sus políticas con flexibilidad y vigilancia.

En la educación especial, el uso de celulares ya estaba limitado. Las excepciones continúan aplicándose con criterios de accesibilidad, permitiendo que estudiantes con discapacidades accedan a herramientas de apoyo como lectores de pantalla o audífonos conectados.

¿Tendencia europea o política aislada?

La experiencia de Países Bajos no es un caso aislado. Francia ya había implementado una política similar en 2018, y Suecia sigue pasos parecidos. Lo que distingue al modelo neerlandés es su enfoque consensuado: más del 95 % de las escuelas secundarias lo han adoptado sin necesidad de legislación formal, priorizando acuerdos entre comunidad educativa y Estado.

Este movimiento responde a un contexto más amplio. Un informe reciente reveló que los adolescentes pasan entre 3 y 5 horas diarias en el celular fuera del aula. En ese sentido, reducir esta exposición en horario escolar se vuelve una estrategia de higiene digital necesaria.

Las autoridades ahora evalúan ir más allá: extender las restricciones al uso de redes sociales durante los horarios escolares. La medida, aunque polémica, busca consolidar un entorno más saludable para el desarrollo emocional de los estudiantes.

Una oportunidad para repensar la convivencia escolar

Más allá de los beneficios inmediatos, prohibir celulares en clase ha detonado una reflexión más amplia sobre el rol de la tecnología en la vida escolar. ¿Cómo crear entornos que fortalezcan la empatía, la escucha activa y la salud emocional? ¿Qué herramientas pueden reemplazar las pantallas como vía de regulación emocional?

Aunque algunos efectos colaterales requieren atención, como el incremento de conductas disruptivas, también abren la puerta a innovar en estrategias socioemocionales. El aula libre de pantallas exige nuevos recursos pedagógicos y una presencia docente más cercana y proactiva.

En última instancia, la escuela no solo educa en contenidos: también moldea hábitos, vínculos y formas de habitar el mundo. En ese sentido, reducir la dependencia digital durante el horario escolar es un acto de responsabilidad educativa con implicaciones de largo alcance.

Tecnología sí, pero con propósito

Prohibir celulares en clase no se trata de demonizar la tecnología, sino de usarla con conciencia. La experiencia neerlandesa muestra que limitar su uso en las aulas puede mejorar significativamente el bienestar emocional de los adolescentes y fortalecer el tejido social escolar.

Este tipo de políticas requieren diálogo constante, ajustes y acompañamiento emocional. Pero si algo ha demostrado este experimento a gran escala es que hay una alternativa posible a la hiperconectividad: una en la que la atención plena, la convivencia real y la salud mental tengan un lugar privilegiado en la educación.

En un mundo cada vez más digital, apostar por momentos de desconexión consciente puede ser, paradójicamente, una de las decisiones más conectadas con el bienestar de las nuevas generaciones.

Fundación PepsiCo México invertirá cerca de 7 millones de pesos para nutrir el futuro de un millón de personas de la mano de BAMX

Fundación PepsiCo México celebró su 13° aniversario de la mano de su red de aliados, beneficiarios, voluntarios y marcas insignia como Sabritas, Gamesa, Quaker y Natuchips. En un evento encabezado por Isaías Martínez, presidente de la fundación y de la compañía, se anunció la inversión de 6.7 millones de pesos para contribuir a la seguridad alimentaria de un millón de personas durante los próximos cinco años por medio de la Red de Bancos de Alimentos de México (Red BAMX).

“Nuestra historia nos define como aliados que liberan el potencial de las comunidades. A través de nuestra Fundación, durante 13 años hemos sido  un agente de cambio positivo en los lugares en los que estamos presentes. Esta inversión representa nuestro compromiso con aliados, beneficiarios, así como con los voluntarios de nuestra familia conformada por más de 200 marcas que, en cada programa, continúan alimentando el cambio”, afirmó Isaías Martínez, presidente de PepsiCo Alimentos México y de Fundación PepsiCo.

La inversión pondrá foco en tres ejes clave:

  1. Adquisición y donación de un camión de cinco toneladas, que permitirá mejorar la capacidad logística, el rescate y la distribución de alimentos por parte de Red BAMX en la zona del Bajío.
  2. Fortalecimiento de la infraestructura de los Bancos de Alimentos, al permitir un almacenamiento más eficiente y una mayor cobertura. Los Bancos de Alimentos que se beneficiarán son los ubicados en Zapotlanejo, Jalisco; Mérida, Yucatán y San Cristobal de las Casas, Chiapas.
  3. Inversión en el Fondo para el Rescate en el Campo, que habilitará la recuperación de alimentos directamente desde el origen y contribuirá a reducir el desperdicio. El fondo revolvente es una herramienta financiera que permite dar viabilidad a las actividades de rescate de alimentos desde el campo, como puede ser apoyar a productores para el aprovechamiento de productos no comercializados.
Fundación PepsiCo México

“Para la Red BAMX, esta alianza representa mucho más que una inversión: es una oportunidad real de transformar el acceso a los alimentos en las regiones donde más se necesita. Gracias al compromiso de Fundación PepsiCo México podremos fortalecer nuestra infraestructura, llegar más lejos y seguir alimentando el cambio en comunidades del Bajío y el sureste del país”, señaló Mariana Jiménez, Directora General de la Red BAMX.

En 2024, Red BAMX rescató más de 182 toneladas de alimento, reflejo del impacto colectivo de sus acciones. La alianza con Fundación PepsiCo México se suma a los esfuerzos de la Red para fortalecer la seguridad alimentaria. Además del rescate de alimentos, la organización lidera programas integrales de impacto social y ambiental, entre los que destacan:

  • Comer en Familia, que promueve la educación alimentaria y prácticas saludables
  • Al Rescate, iniciativa que recupera alimentos preparados de hoteles y restaurantes mediante una app móvil y
  • Pacto por la Comida, acuerdo voluntario que une a organizaciones para crear sistemas alimentarios más sostenibles y reducir el desperdicio.

Lo anterior es testimonio de una historia de 13 años a lo largo de los cuales la Fundación PepsiCo  ha invertido 28 millones de dólares en organizaciones de gran alcance en el país, lo cual se ha traducido en un beneficio para más de 5 millones de personas.

Fundación PepsiCo México

“En PepsiCo, creemos en el poder de las alianzas para generar cambios reales y alimentar el cambio. Por eso, seguiremos impulsando el trabajo de organizaciones de la sociedad civil con experiencia probada en transformar comunidades y fomentar el desarrollo sostenible en las zonas que más lo necesitan” señaló Leonor Quiroz, Directora Sr. de Comunicación Corporativa & Impacto Social para PepsiCo Alimentos México.

“Con nuestros tres programas insignia –Agrovita, Hambre Cero y Redes Solidarias– hemos tenido la oportunidad de habilitar a organizaciones como la Red de Bancos de Alimentos de México, Un Kilo de Ayuda y Save the Children, entre otras, que son reconocidas por ser agentes de cambio para la sociedad mexicana. Nos enorgullece ser parte de esta huella”,  comentó Dulce Santana, Gerente Senior de Impacto Social y Fundación PepsiCo México, durante el evento de celebración por los 13 años de la fundación.

Fundación PepsiCo México continuará reforzando sus tres pilares estratégicos de intervención, que abarcan desde la cobertura de necesidades básicas para poblaciones que no cuentan con acceso a alimentos o agua; construcción de capacidades locales, por medio de conocimientos, infraestructura y habilidades duras y blandas; y autogestión, mediante planes de salida sostenibles que permiten a las comunidades continuar prosperando de manera autónoma.

Epson fue seleccionada por vigésimo segundo año consecutivo para integrar  el índice FTSE4Good

Seiko Epson Corporation (TSE: 6724, “Epson”) fue seleccionada para integrar la serie de índices FTSE4Good, desarrollada por FTSE Russell, empresa del grupo London Stock Exchange Group. Este es el vigésimo segundo año consecutivo en que Epson forma parte del índice.

Epson aspira a alcanzar la sostenibilidad y enriquecer a las comunidades a largo plazo. La empresa considera que su inclusión en este índice constituye una evidencia objetiva de sus iniciativas en materia ambiental y social, y un reconocimiento a su posición como empresa sostenible.

La serie de índices FTSE4Good, creada por el proveedor global FTSE Russell, está diseñada para medir el desempeño de las empresas que demuestran prácticas destacadas en los ámbitos ambiental, social y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés). Estos índices se utilizan ampliamente para el desarrollo y la evaluación de fondos de inversión sostenible y otros instrumentos financieros responsables.

https://twitter.com/EpsonAmerica/status/1914723227030388841

Además del índice FTSE4Good, Epson también integra otros índices de inversión ESG conformados por acciones japonesas y utilizados por el Fondo de Inversión en Pensiones del Gobierno de Japón (GPIF), entre ellos: FTSE Blossom Japan Index; FTSE Blossom Japan Sector Relative Index; MSCI Nihonkabu ESG Select Leaders Index; MSCI Japan Empowering Women Index (WIN); S&P/JPX Carbon Efficient Index; y Morningstar Japan ex-REIT Gender Diversity Tilt Index.

Gestión de Sostenibilidad

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FTSE Russell

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Serie de Índices FTSE4Good 

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10 sesgos inconscientes en campañas sociales: cómo detectarlos y evitarlos

En un mundo que apuesta por la inclusión, la equidad y la representación, las campañas sociales tienen un papel crucial. Sin embargo, incluso con buenas intenciones, pueden estar impregnadas de sesgos inconscientes que refuerzan estereotipos, invisibilizan a ciertos grupos o replican dinámicas de poder. Estos errores no siempre son evidentes, pero pueden tener un alto costo en credibilidad, impacto y confianza social.

Comprender los sesgos inconscientes en campañas es esencial tanto para organizaciones como para creativos, comunicadores y profesionales de la responsabilidad social. Este artículo busca ser una guía práctica y reflexiva para identificar esos errores invisibles, prevenirlos y avanzar hacia narrativas más justas y representativas. Porque no basta con tener un buen mensaje; también importa cómo se comunica.

10 sesgos inconscientes en campañas sociales: cómo detectarlos y evitarlos

1. El sesgo del salvador blanco

Uno de los sesgos más comunes es mostrar a personas blancas o privilegiadas como “salvadoras” de comunidades racializadas o vulnerables. Esta narrativa refuerza la idea de superioridad moral o económica, además de perpetuar desigualdades históricas.

Este enfoque ha sido ampliamente criticado en campañas internacionales y puede observarse incluso en iniciativas bienintencionadas. Para evitarlo, es importante co-crear los mensajes con las comunidades involucradas y mostrar su agencia, no solo su vulnerabilidad.

2. Invisibilización de la diversidad funcional

Muchas campañas sociales omiten representar a personas con discapacidad, o lo hacen desde una óptica condescendiente o paternalista. Este sesgo no solo excluye a un grupo importante de la población, sino que también refuerza prejuicios sobre sus capacidades.

La clave está en incluir a personas con discapacidad como sujetos activos, protagonistas y expertos de su propia experiencia. La representación debe ser realista, no simbólica ni estereotipada.

 sesgos inconscientes en campañas

3. Sesgo de género en los roles

Reforzar roles tradicionales de género —como mostrar solo a mujeres en tareas de cuidado o a hombres como líderes— es un sesgo recurrente en campañas sociales. Aunque parezca sutil, tiene un impacto profundo en la percepción social.

Evitar este sesgo implica revisar cómo se distribuyen los papeles, quién habla, quién actúa y desde qué lugar lo hace cada género. El equilibrio y la ruptura de estereotipos deben ser una prioridad en toda campaña.

4. Tokenismo cultural

Este sesgo ocurre cuando se incluye a una persona de una minoría solo para aparentar diversidad, sin que tenga un papel relevante o voz propia. Se convierte en un gesto vacío que puede generar rechazo más que inclusión.

En lugar de usar rostros diversos como decoración, hay que darles protagonismo real, permitir que sus historias y contextos formen parte del mensaje y construir desde la autenticidad.

5. Sesgo urbano-centralista

Muchas campañas sociales asumen que su audiencia vive en grandes ciudades, con acceso a servicios digitales o transporte público. Esto excluye a poblaciones rurales, indígenas o desconectadas digitalmente.

Para contrarrestar este sesgo, es fundamental considerar diferentes realidades geográficas y adaptar tanto los mensajes como los medios de difusión. No todos viven en el mismo entorno, y eso importa.

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6. Infantilización de los adultos mayores

Las campañas que hablan de personas mayores como si fueran niños o como si estuvieran siempre enfermos caen en un sesgo que limita su autonomía y participación activa en la sociedad.

Es esencial mostrar a los adultos mayores como personas plenas, con diversidad de intereses, historias y capacidades. Evitar el tono condescendiente es clave para no deshumanizar a este grupo.

7. Estigmatización de la pobreza

Usar imágenes que muestren la pobreza de manera impactante o amarillista para generar compasión puede ser contraproducente. Este sesgo cosifica a las personas y reduce su identidad a una situación económica.

Una buena campaña debe equilibrar la visibilización del problema con el respeto a la dignidad de quienes lo viven. Mostrar soluciones, fortalezas comunitarias y testimonios empoderados es más ético y efectivo.

8. Sesgo etario hacia la juventud

No incluir a jóvenes como agentes de cambio o asumir que no están interesados en temas sociales también es un sesgo frecuente. La juventud suele ser retratada como pasiva, apática o problemática.

Lo cierto es que muchos movimientos sociales actuales son liderados por jóvenes. Las campañas deben reflejar esto con autenticidad y darles espacio para hablar en sus propios términos.

9. Centralización del idioma español como única vía

El idioma puede ser una barrera. Campañas que no consideran lenguas indígenas, lengua de señas o versiones accesibles están ignorando a millones de personas. Este es un sesgo lingüístico invisibilizado.

Incluir traducciones y adaptaciones demuestra un compromiso real con la inclusión. Además, fortalece la legitimidad de la campaña al llegar verdaderamente a más públicos.

10. Uso exclusivo de cuerpos normativos

Mostrar solo cuerpos delgados, jóvenes y con estéticas eurocentradas es un sesgo muy extendido, incluso en campañas que hablan de diversidad. Esto limita la identificación y refuerza estándares inalcanzables.

Representar cuerpos diversos, sin romantizar ni exotizar, es un acto de responsabilidad. La belleza no debe ser el filtro que determine quién puede protagonizar una campaña social.

¿Por qué ocurren los sesgos inconscientes en campañas?

Los sesgos inconscientes en campañas ocurren porque los equipos creativos —como toda persona— están influenciados por su entorno, cultura, formación y privilegios. No siempre es fácil ver lo que no se cuestiona, especialmente si se trabaja bajo presión o sin perspectivas externas.

Además, la falta de participación activa de los grupos representados, así como la escasa formación en comunicación inclusiva, pueden dejar pasar estos errores sin notar su impacto. El diseño de campañas más diversas requiere intencionalidad, escucha y humildad.

Herramientas para detectar y evitar sesgos

Existen metodologías y guías que ayudan a prevenir los sesgos inconscientes en campañas, como el uso de checklists de inclusión, análisis de representación, pruebas con grupos focales o la asesoría de consultores en diversidad. También es útil la revisión cruzada entre equipos de distintas áreas.

Incluir voces diversas en la creación del mensaje, invertir en formación continua y utilizar el enfoque de interseccionalidad permite que las campañas tengan más impacto, respeto y resonancia. Detectar los sesgos no es un castigo: es una oportunidad para comunicar mejor.

Los sesgos inconscientes en campañas no son errores menores. Pueden invisibilizar, excluir o incluso dañar a las mismas personas que se busca apoyar. Detectarlos y corregirlos no solo mejora la calidad ética de una campaña, también fortalece su efectividad y legitimidad ante la audiencia.

En un contexto en el que la responsabilidad social va más allá del discurso, las marcas, fundaciones y organizaciones deben asumir el reto de comunicarse con empatía, respeto y visión crítica. Solo así lograremos que nuestras campañas sociales transformen, en lugar de reproducir, las desigualdades que queremos cambiar.

Solo 6 de cada 100 jóvenes quiere ser líder empresarial; eligen estabilidad mental

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Las aspiraciones profesionales de las nuevas generaciones están marcando un cambio drástico en las estructuras organizacionales tradicionales. Según la encuesta global de Deloitte, solo el 6% de millennials y generación Z desea ocupar posiciones de liderazgo, una cifra que evidencia una crisis de liderazgo sin precedentes.

De acuerdo con un artículo de El Economista, este fenómeno no responde a una falta de ambición, sino a un nuevo enfoque de vida profesional: estabilidad emocional, sentido de propósito y balance personal. Las nuevas generaciones no rechazan la influencia, sino el modelo tradicional de poder que no representa sus valores ni su bienestar integral.

Crisis de liderazgo: ¿desinterés o transformación?

La denominada crisis de liderazgo no es sinónimo de apatía, sino de una transformación profunda en las prioridades profesionales. Para millennials y generación Z, ser líder no es un objetivo si implica renunciar a su salud mental, su tiempo personal o sus principios éticos.

Ambas generaciones buscan trayectorias profesionales que estén alineadas con sus valores, en entornos flexibles y significativos. La figura del líder tradicional se percibe como distante, autoritaria o desconectada de estos ideales, lo que genera desincentivo.

Frente a esto, las organizaciones deben replantearse qué tipo de liderazgo están promoviendo: ¿uno basado en jerarquías rígidas o uno que pone al ser humano en el centro?

Mentoría, no dirección: lo que piden las nuevas generaciones

Lejos de rechazar el acompañamiento, millennials y Z anhelan figuras líderes que inspiren, orienten y motiven. De hecho, 86% y 84%, respectivamente, consideran clave contar con mentoría y espacios de aprendizaje continuo dentro de las empresas.

No buscan jefes, sino guías. Líderes empáticos que construyan entornos psicológicamente seguros y con oportunidades de desarrollo reales, no discursos vacíos. La crisis de liderazgo podría revertirse si se fomenta un estilo más horizontal, cercano y humano.

Sin embargo, apenas dos de cada diez personas encuestadas considera que en su entorno laboral actual existe una cultura verdaderamente inclusiva y positiva, lo que revela una gran área de oportunidad para las empresas.

Liderar con propósito: una motivación aún vigente

A pesar del bajo interés en roles ejecutivos, más del 67% de la generación Z y el 72% de los millennials afirma sentirse emocionalmente estables cuando perciben que su trabajo tiene un impacto social positivo. La clave está en el propósito.

Las organizaciones que logren conectar las actividades diarias con una causa mayor podrán revertir parte de esta crisis de liderazgo y atraer talento que desee influir desde otros espacios de decisión, más colaborativos y menos jerárquicos.

El nuevo liderazgo no solo se mide en resultados financieros, sino en la capacidad de construir entornos laborales con sentido, empatía y responsabilidad social compartida.

La paradoja del liderazgo como habilidad blanda

A pesar de no buscar activamente puestos de poder, los jóvenes valoran el liderazgo como una habilidad esencial. Según Deloitte, 89% de la generación Z y 85% de los millennials lo consideran clave para avanzar profesionalmente, junto con la empatía y la comunicación.

En tiempos donde la inteligencia artificial asume cada vez más funciones operativas, las habilidades humanas —como el liderazgo inspirador— cobran mayor relevancia. Es una paradoja: no quieren liderar a la vieja usanza, pero sí desarrollar capacidades de liderazgo adaptadas al futuro.

Esta visión reconfigura la crisis de liderazgo como una oportunidad para redefinir qué significa liderar en un entorno más ético, emocionalmente inteligente y diverso.

Capacitación continua: motor de la confianza

La encuesta revela que el 70% de la generación Z y el 59% de los millennials ya se capacita semanalmente. Esta cultura de mejora constante es clave para recuperar la confianza en las estructuras organizacionales y mitigar la rotación de talento.

Las y los jóvenes esperan que las empresas les faciliten acceso a formación —sin impactar su carga laboral—, y que los líderes promuevan estos espacios como parte de su responsabilidad. De no hacerlo, la crisis de liderazgo se profundizará al no generar entornos retadores ni seguros.

Empresas que apuesten por el aprendizaje y la adaptabilidad estarán mejor preparadas para cerrar la brecha generacional e impulsar nuevos modelos de liderazgo.

El liderazgo necesita una nueva narrativa

La crisis de liderazgo que enfrentan las organizaciones no es una sentencia, sino una llamada de atención. Las nuevas generaciones no han dejado de soñar con influir, pero buscan hacerlo desde espacios coherentes con sus valores, emociones y aspiraciones.

Si las empresas desean sobrevivir y prosperar, deben abandonar modelos rígidos y construir una narrativa de liderazgo más humana, empática y centrada en el propósito. Solo así podrán reconectar con quienes ya están marcando el rumbo del futuro laboral.

El calor extremo amenaza la producción de leche en todo el mundo

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El cambio climático ya no es una amenaza lejana, sino una realidad que está afectando procesos clave para la seguridad alimentaria mundial. Una de las industrias más golpeadas es la lechera, donde nuevas evidencias científicas señalan cómo las olas de calor intensas están reduciendo de manera sostenida la capacidad de producción.

Un estudio reciente realizado en Israel, basado en datos de más de 130,000 vacas a lo largo de 12 años, concluye que el calor extremo amenaza la producción de leche, y que para 2050 podríamos enfrentar una reducción promedio del 4% en la producción diaria. De acuerdo con The Guardian, las implicaciones no solo son económicas: también afectan la resiliencia de millones de hogares y ponen en riesgo la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios.

Calor extremo amenaza la producción de leche: ¿por qué importa?

Cuando hablamos del impacto climático en la industria alimentaria, pocas veces se visualiza lo que ocurre en las granjas. Sin embargo, el calor extremo amenaza la producción de leche al provocar estrés térmico en las vacas, reduciendo su rendimiento hasta en un 10%.

El estrés térmico no solo disminuye la producción diaria; también tiene efectos persistentes. Basta una hora de temperatura de bulbo húmedo superior a 26 °C para afectar negativamente a las vacas, y estas pueden tardar hasta diez días en recuperarse.

Esto representa un desafío para las cadenas de valor lácteo, especialmente en regiones tropicales y subtropicales, donde las olas de calor son más frecuentes y severas. El impacto acumulado amenaza la estabilidad de las comunidades que dependen de esta actividad para subsistir.

Un problema global con efectos locales

El estudio también señala que esta problemática no se distribuye de manera equitativa. El sur de Asia, por ejemplo, será una de las zonas más afectadas, al concentrar la mayor parte del crecimiento proyectado en la producción lechera mundial.

En estas regiones, donde las condiciones climáticas extremas se intensifican por la quema de combustibles fósiles, el riesgo para la seguridad alimentaria es mayor. La dependencia de pequeños productores y economías informales agrava aún más el problema.

En otras palabras, el calor extremo amenaza la producción de leche de una forma que puede incrementar las desigualdades estructurales, afectando con mayor severidad a quienes menos capacidad tienen de adaptación.

¿Qué se está haciendo? Adaptación y sus límites

En Israel, la mayoría de las granjas ya han implementado tecnologías de enfriamiento para mitigar los efectos del calor en el ganado. Estas incluyen sistemas de sombra, ventilación y aspersores que permiten reducir la carga térmica en los animales.

No obstante, los resultados del estudio revelan que estas medidas solo compensan parcialmente el daño. En días con temperaturas superiores a los 24 °C, las estrategias actuales apenas logran mitigar el 40% del impacto del calor.

Esto sugiere que, si bien la adaptación es clave, no será suficiente si no se acompañan de medidas estructurales más profundas. La evidencia es clara: el calor extremo amenaza la producción de leche incluso en contextos tecnológicamente avanzados.

Estrategias sociales y políticas para enfrentar el problema

La investigadora Claire Palandri subraya que enfriar a las vacas no basta. Es necesario considerar factores de bienestar animal, como el confinamiento o la separación de los terneros, que aumentan su sensibilidad al calor.

Desde la perspectiva de la responsabilidad social, esto exige una transformación de los modelos productivos hacia prácticas más empáticas y sostenibles. Incorporar criterios de bienestar animal ya no es solo una cuestión ética, sino de eficiencia y resiliencia.

El calor extremo amenaza la producción de leche y eso implica también repensar el rol de los responsables políticos, los productores y los consumidores en el diseño de un sistema más justo y sostenible.

Emisiones ganaderas y el círculo vicioso del calentamiento

Hay un componente adicional que vuelve urgente esta conversación: el ganado es responsable de cerca de un tercio de las emisiones de metano de origen humano, un gas que contribuye significativamente al calentamiento global.

Esto crea un círculo vicioso: a mayor ganadería, mayor metano; a mayor calentamiento, más estrés térmico; y como resultado, menor producción de leche. Romper este ciclo exige una transición hacia modelos menos intensivos y más regenerativos.

Para los profesionales de la responsabilidad social, este dilema representa una oportunidad clave: apoyar innovaciones que combinen productividad con impacto positivo, desde la inversión social hasta la gobernanza climática.

El estudio israelí es un llamado de atención contundente: el calor extremo amenaza la producción de leche y lo seguirá haciendo en las próximas décadas si no tomamos medidas urgentes. Más allá de la productividad, está en juego el bienestar de millones de familias y la estabilidad de nuestros sistemas alimentarios.

Desde la responsabilidad social empresarial hasta las políticas públicas, es hora de integrar esta alerta climática en la toma de decisiones. El futuro de la leche no solo depende del clima, sino también de nuestra capacidad colectiva para responder con visión y compromiso.