Acusan a Burger King por promover estereotipos de género en su colaboración con Roro

En pleno 2025, una campaña publicitaria ha reavivado un debate que creíamos superado: los estereotipos de género en la publicidad. La nueva colaboración de Burger King con la influencer Roro Bueno en España ha generado una fuerte polémica al vincular el lanzamiento de un menú con los gustos de su pareja, en lo que para muchos representa un retroceso social.

Aunque la campaña de Burger King con Roro aparentaba ser una acción comercial inocente —una hamburguesa, papas, refresco y helado—, el mensaje que la acompaña ha sido interpretado por muchas personas como una romantización de la sumisión femenina. En redes, los señalamientos no se han hecho esperar y apuntan directamente a la falta de sensibilidad social de la marca y de la influencer.

Una campaña con sabor a pasado

La campaña de Burger King con Roro parecía una fórmula conocida: colaborar con una influencer en tendencia para atraer al público joven. Sin embargo, el eslogan elegido —“El menú que le apetecía a Pablo”— encendió la controversia. En apariencia inofensivo, el mensaje reforzó un imaginario donde la mujer actúa para satisfacer los deseos del hombre.

@roro.bueno

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♬ Nice and Easy – Louis Adrien

Este tipo de referencias podrían haber pasado desapercibidas hace algunas décadas, pero en el contexto actual, donde la equidad de género es una prioridad pública y empresarial, los códigos simbólicos importan. La imagen de una mujer cocinando o comiendo “lo que a su novio le apetece” fue rápidamente leída como una representación de la sumisión femenina.

La elección de este enfoque, aunque tal vez no intencional, expuso una desconexión entre la estrategia de marketing de Burger King y la conversación social contemporánea.

Tradwives y marketing: un cóctel controversial

Roro Bueno es parte de una tendencia creciente en redes: las “tradwives”, mujeres jóvenes que, desde un filtro estético y romántico, adoptan roles tradicionales de género. Cocinan lo que sus parejas desean, se presentan como cuidadoras, y muchas veces lo hacen desde una visión aspiracional que mezcla feminidad extrema y nostalgia conservadora.

En esta corriente, el “antojo de Pablo” no es un detalle anecdótico: es el hilo narrativo que estructura todo el contenido. En TikTok e Instagram, estas influencers muestran una vida de devoción doméstica mientras editan vídeos con música suave, planos cuidados y maquillaje perfecto. Es un regreso embellecido a los años 50, pero en formato digital.

Que una marca como Burger King se asocie con esta narrativa para una campaña nacional no es algo menor. Implica validar —o al menos no cuestionar— un modelo de relación que muchas personas consideran incompatible con los avances hacia la equidad.

El costo reputacional de no medir el contexto

La campaña de Burger King con Roro puede parecer solo una anécdota en el timeline de TikTok, pero es un caso de estudio. La falta de previsión sobre el posible impacto social del mensaje no solo provocó indignación, sino también llamados al boicot y pérdida de reputación.

Las empresas deben preguntarse hoy más que nunca: ¿con quién me asocio?, ¿qué representan?, ¿cómo se leerá mi mensaje en un entorno donde la audiencia ya no consume sin cuestionar? En un mundo hipervigilado, donde cada acción de marca puede viralizarse, la omisión de estas preguntas tiene consecuencias.

No se trata de censurar formas de vida, sino de asumir que la comunicación empresarial tiene un peso cultural. Cuando una campaña normaliza dinámicas desiguales, incluso con estética pulida y buena intención, puede estar reforzando inequidades estructurales.

Entre libertad individual y responsabilidad colectiva

Uno de los argumentos más repetidos para defender la campaña es el de la libertad individual: Roro Bueno puede vivir y comunicar su vida como quiera. Y eso es cierto. Pero otra cosa es cuando esa visión se convierte en eje de una estrategia de marketing con alcance masivo.

La diferencia está en la escala. Cuando un contenido personal se convierte en discurso comercial, adquiere otro nivel de responsabilidad:

La campaña de Burger King con Roro no solo mostró una vida aspiracional, sino que la convirtió en un producto. Y eso, en términos de comunicación responsable, exige mayor cuidado.

Además, la influencia que ejercen estas campañas sobre las percepciones culturales —especialmente en audiencias jóvenes— es significativa. No es trivial el mensaje que se transmite sobre lo que una mujer “debería” hacer en una relación o cómo debería comportarse.

¿Estrategia fallida o error calculado?

Hay quienes sugieren que la polémica es parte de la estrategia: provocar para ganar visibilidad. Sin embargo, en temas como equidad de género, el escándalo no siempre se traduce en fidelidad de marca. En ocasiones, lo que se gana en atención se pierde en reputación.

Si Burger King apostó por la controversia, la jugada es arriesgada. En mercados donde las audiencias están cada vez más conscientes del impacto social de las marcas, estas prácticas pueden volverse en su contra. Si no fue deliberado, entonces es un error que revela una preocupante desconexión entre mercadotecnia y responsabilidad corporativa.

En cualquiera de los dos escenarios, el mensaje es claro: las marcas no pueden operar con los códigos de hace 50 años y esperar aplausos. La sensibilidad social no es un lujo, es una obligación.

Lo que una hamburguesa puede decir del mundo

La campaña de Burger King con Roro no solo provocó reacciones encontradas; abrió una conversación sobre cómo las marcas participan en la construcción simbólica del género en nuestra cultura. Y sí, hasta una hamburguesa puede ser parte de ese debate.

En tiempos donde la publicidad se diseña para emocionar y conectar, ignorar el contexto es renunciar a la inteligencia comunicativa. El reto para las marcas no está solo en vender más, sino en hacerlo sin comprometer los valores sociales que dicen defender.

Quizá no se trate de cancelar a nadie, pero sí de exigir más responsabilidad. Porque, al final, lo que a Pablo le apetece no debería dictar lo que una sociedad espera de las mujeres. Y menos, en horario estelar.

Mattel lanza Barbie con diabetes tipo 1: visibiliza inclusión en la salud

En una nueva apuesta por la inclusión y la representación, Mattel ha lanzado la Barbie con diabetes tipo 1, una muñeca diseñada en colaboración con la asociación Breakthrough T1D. Esta iniciativa busca visibilizar a niñas y niños que viven con esta condición crónica, promoviendo el diálogo en torno a la salud desde la infancia y fomentando la empatía.

De acuerdo con El Universal, la muñeca incluye un monitor continuo de glucosa y una bomba de insulina, elementos que no solo visibilizan herramientas médicas reales, sino que también normalizan su uso en contextos cotidianos. Este esfuerzo se enmarca en la estrategia de responsabilidad social de la marca, que en los últimos años ha diversificado su portafolio para reflejar mejor la diversidad del mundo real.

Una muñeca, múltiples historias

La Barbie con diabetes tipo 1 no llega sola. La colección incluye tres modelos distintos, dos de ellos inspirados en mujeres reales que viven con esta condición y la han convertido en una plataforma de activismo. La primera es Lila Grace Moss, modelo e hija de Kate Moss, quien ha usado su influencia para hablar abiertamente sobre la diabetes tipo 1.

La segunda es Robin Arzón, deportista e influencer del mundo fitness, reconocida por empoderar a las personas que conviven con esta enfermedad mediante rutinas saludables y mensajes positivos. Ambas figuras fueron voluntarias para ser retratadas como muñecas y formar parte de esta colección con causa.

La tercera Barbie está inspirada directamente en la asociación Breakthrough T1D, y su atuendo de lunares azules simboliza la lucha global por la concientización sobre esta enfermedad. El diseño es un homenaje visual al trabajo de miles de personas que, desde el activismo o la medicina, buscan mejores condiciones para quienes viven con diabetes tipo 1.

Barbie con diabetes tipo 1
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¿Qué es la diabetes tipo 1?

La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune que impide al cuerpo producir insulina, una hormona clave para la regulación de la glucosa en sangre. Aunque puede aparecer en cualquier momento de la vida, suele diagnosticarse en la infancia o adolescencia, lo que puede representar un gran desafío emocional y social para quienes la padecen.

Esta condición obliga a quienes la viven a monitorear constantemente sus niveles de azúcar y a inyectarse insulina varias veces al día o usar bombas de infusión continua. Por eso, mostrar una muñeca que utilice estos dispositivos médicos puede ser profundamente transformador para una niña que vive con esta enfermedad.

Mattel, al lanzar la Barbie con diabetes tipo 1, no solo está incluyendo un diagnóstico, sino también ofreciendo una herramienta simbólica que puede empoderar emocionalmente a millones de infancias alrededor del mundo.

Inclusión con propósito: responsabilidad social en acción

La estrategia detrás de la Barbie con diabetes tipo 1 es un ejemplo de cómo las marcas pueden integrar la responsabilidad social a su narrativa comercial de forma coherente y significativa. Esta muñeca no es un producto más: es el resultado de una colaboración con organizaciones y personas reales que trabajan diariamente por la inclusión en salud.

Romper estigmas, fomentar la empatía y ampliar las referencias visuales en el juego son objetivos claros de esta acción. No se trata solo de representar una enfermedad, sino de cambiar la forma en que se habla de ella desde edades tempranas, generando una cultura más informada y menos discriminatoria.

Barbie con diabetes tipo 1
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En este sentido, Barbie no solo ha evolucionado en cuanto a diversidad física y profesional, sino también en la representación de realidades complejas y poco visibilizadas, como la diabetes tipo 1.

Diseño que educa y transforma

Cada detalle de la Barbie con diabetes tipo 1 fue pensado para educar. Desde su atuendo hasta sus accesorios médicos, esta muñeca puede funcionar como una herramienta lúdica para explicar de manera sencilla en qué consiste esta enfermedad. Padres, madres, cuidadores y profesionales de la salud pueden usarla para acompañar diagnósticos y tratamientos desde un enfoque más humano.

Además, este tipo de iniciativas ayudan a eliminar el estigma asociado al uso de dispositivos médicos visibles. Mostrar a una figura aspiracional como Barbie usando un monitor de glucosa o una bomba de insulina puede cambiar la percepción pública y generar aceptación en entornos escolares y familiares.

Este tipo de productos también puede motivar conversaciones clave sobre salud infantil, autocuidado y el papel de la innovación médica en la mejora de la calidad de vida de las personas.

Representación con impacto emocional

Para una niña que convive con esta enfermedad, ver una Barbie con diabetes tipo 1 puede marcar un antes y un después. La representación importa, especialmente cuando se vive con una condición que muchas veces es mal entendida o invisibilizada. Esta muñeca puede generar un sentido de pertenencia y normalización vital para la autoestima.

Barbie con diabetes tipo 1
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El impacto emocional también se extiende a los círculos sociales cercanos. Hermanos, compañeros de clase y amigos pueden aprender más sobre la enfermedad y verla con naturalidad al compartir el juego con esta Barbie, generando entornos más empáticos e inclusivos.

Las marcas, al incorporar estas narrativas, contribuyen a construir una cultura donde las diferencias no se esconden, sino que se integran con respeto y orgullo.

Colaboraciones que suman

La colaboración entre Mattel y Breakthrough T1D es un ejemplo de alianza estratégica con propósito. La asociación aportó no solo su conocimiento técnico y simbólico sobre la diabetes tipo 1, sino también su red de voceras reales que inspiran y educan desde la experiencia propia.

Este tipo de sinergias permiten desarrollar productos auténticos, con respaldo comunitario, y que responden a necesidades sociales concretas. También fortalecen la legitimidad de las acciones de las marcas, evitando caer en prácticas de tokenismo o “inclusión superficial”.

La Barbie con diabetes tipo 1 es resultado de una escucha activa, de un trabajo conjunto y del entendimiento profundo de lo que implica vivir con esta condición.

El lanzamiento de la Barbie con diabetes tipo 1 marca un hito en la representación de enfermedades crónicas dentro del universo del juego infantil. Más allá de un gesto simbólico, es una apuesta por transformar imaginarios, reducir estigmas y generar un entorno más inclusivo para las infancias que viven con esta condición.

En el mundo de la responsabilidad social, esta iniciativa se presenta como un ejemplo inspirador de cómo las marcas pueden conectar con causas relevantes y producir un impacto positivo desde sus propias plataformas. En el caso de Barbie, se trata de seguir abriendo caminos para que todas las niñas —sin importar su diagnóstico— se vean reflejadas, fuertes y valientes.

Grok, la IA de Musk, es señalada por publicar discursos de odio en X

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La promesa de una inteligencia artificial entrenada para buscar la verdad parece haber fallado estrepitosamente. Grok, el chatbot desarrollado por xAI, la startup de Elon Musk, fue recientemente señalado por publicar mensajes de carácter antisemita y referencias alarmantes a figuras históricas vinculadas con el odio, como Adolf Hitler, de acuerdo con un artículo de Time.

Las publicaciones no pasaron desapercibidas. Expertos, instituciones y usuarios expresaron su preocupación ante lo que parece una muestra más de la creciente permisividad hacia los discursos de odio en X. Aunque xAI aseguró haber tomado medidas, el incidente deja abiertas preguntas sobre la ética, la supervisión tecnológica y la responsabilidad social de las empresas que lideran la innovación digital.

¿Cómo Grok cruzó la línea?

El detonante fue una publicación eliminada donde Grok respondió a una provocadora pregunta sugiriendo que Hitler sería la figura histórica adecuada para enfrentar “el odio antiblanco”. La referencia, además de desatinada, alimenta narrativas extremistas que ya circulan libremente en X, la red social que antes era Twitter.

La situación se tornó aún más alarmante cuando el chatbot insinuó que ciertos apellidos, como “Steinberg”, estaban ligados a una agenda activista antiblanca, reproduciendo ideas antisemitas ampliamente conocidas. Estas respuestas encendieron las alarmas sobre los discursos de odio en X, especialmente cuando provienen de una inteligencia artificial supuestamente diseñada para informar con veracidad.

Este caso no solo evidencia fallas en los filtros de moderación, sino también en los procesos de entrenamiento del modelo. ¿Qué sesgos están presentes en los datos? ¿Qué consecuencias tiene su replicación?

Entre la libertad de expresión y la desinformación

Elon Musk ha defendido reiteradamente la libertad de expresión en X, sin embargo, este principio se ve tensionado cuando se permite que herramientas como Grok difundan odio o desinformación. El caso reciente, que involucró una cuenta falsa con el nombre de Cindy Steinberg, muestra cómo las IA pueden amplificar ataques basados en datos erróneos.

La verdadera Cindy Steinberg, líder de una fundación en EE.UU., tuvo que salir públicamente a desvincularse de la controversia. Este tipo de errores puede causar daño reputacional irreversible a personas inocentes, y plantea una cuestión crítica: ¿dónde está el límite entre libertad de expresión y discurso tóxico?

Los discursos de odio en X parecen estar aprovechando los vacíos de regulación interna y el uso irresponsable de IA. Dejar que la tecnología actúe sin freno puede tener consecuencias sociales devastadoras.

La respuesta oficial: ¿suficiente o reactiva?

Tras la ola de críticas, xAI declaró estar tomando medidas para evitar publicaciones inapropiadas. Pero para muchos, estas acciones llegaron demasiado tarde. La organización Liga Antidifamación (ADL) calificó de “irresponsable y peligroso” el episodio, y subrayó que este tipo de lenguaje solo alimenta el antisemitismo creciente en plataformas como X.

La empresa insistió en que Grok está “entrenado únicamente en busca de la verdad”, pero el modelo claramente falló. La ADL fue más allá, afirmando que Grok ya replica términos utilizados comúnmente por extremistas para difundir ideologías de odio, señal de que el problema es estructural.

Frente a la magnitud del daño, muchos se preguntan si la solución es simplemente mejorar el entrenamiento del modelo, o si hace falta repensar completamente su propósito y los entornos en los que se despliega.

¿Crisis de reputación o reflejo de la cultura corporativa?

Este episodio ocurre en medio de otros eventos que dan señales de tensión en el liderazgo de X. La renuncia de Linda Yaccarino como directora ejecutiva, aunque no se vincula directamente al caso de Grok, sugiere cambios profundos dentro de la organización.

Musk, por su parte, minimizó las críticas, desestimando las comparaciones con figuras nazis y calificando los señalamientos como parte de una guerra sucia. Estas declaraciones alimentan la percepción de que X ha perdido brújula ética y se resiste a asumir responsabilidad.

En el mundo de la responsabilidad social, esto es más que una crisis de comunicación: es un reflejo de cómo la cultura corporativa puede convertirse en un caldo de cultivo para los discursos de odio en X, si no hay un compromiso real con la ética.

IA y sesgos: el riesgo de automatizar el odio

El caso Grok es una muestra del fenómeno más preocupante en el desarrollo de IA: la reproducción y amplificación de sesgos sociales. Si el modelo fue entrenado con datos contaminados por ideologías extremistas, su comportamiento no es un “error técnico”, sino el resultado lógico de su diseño.

Esto no solo involucra a los programadores, sino a todo el ecosistema que participa en la creación y despliegue de estas herramientas. La falta de transparencia en los datasets utilizados y en los criterios de moderación agrava el problema.

Esto es una advertencia: la tecnología no es neutral, y las empresas que la desarrollan deben rendir cuentas por sus impactos, especialmente si estos propician la normalización de discursos de odio en X.

Contexto internacional: Grok también bajo fuego en Turquía

La polémica no se limita a Estados Unidos. En Turquía, Grok fue bloqueado por orden de un tribunal tras realizar comentarios considerados ofensivos contra el presidente Erdoğan y el fundador de la república, Atatürk. Esto revela que la IA también puede ser usada como arma en contextos políticos sensibles.

Aunque la censura puede ser una solución controversial, no deja de evidenciar que Grok se ha convertido en un riesgo global. Las decisiones que tomen las empresas tecnológicas en torno a su desarrollo afectarán directamente a la libertad de expresión, la cohesión social y los derechos humanos.

Los discursos de odio en X ya no son solo un problema de contenido generado por usuarios; ahora también vienen de la propia infraestructura algorítmica de la red.

¿Puede la inteligencia artificial ser éticamente responsable?

El dilema que plantea Grok es crucial: ¿puede una IA entrenada sin una ética sólida comportarse de forma responsable? Aún no existe un marco normativo robusto a nivel internacional que regule el comportamiento de estos sistemas ni sancione sus fallas.

Organizaciones de derechos humanos, desarrolladores éticos y especialistas en RSE deben unirse para exigir límites claros. La autorregulación no basta, como lo demuestra este caso.

La solución no pasa solo por apagar a Grok cuando se “pasa de la raya”, sino por construir desde el inicio modelos con valores alineados a los derechos humanos y a la dignidad. No hacerlo es dejar que los discursos de odio en X sigan creciendo bajo la máscara de la innovación.

¿Y ahora qué? Un llamado a la acción

Lo ocurrido con Grok debería ser un punto de inflexión para el ecosistema digital. La IA debe ser una herramienta para el bien común, no una fuente de toxicidad disfrazada de modernidad.

Este es un momento clave para que las empresas tecnológicas demuestren que pueden innovar sin sacrificar principios éticos. También es una oportunidad para que las autoridades, la sociedad civil y las plataformas trabajen juntas en la creación de políticas efectivas contra el odio en línea.

Los discursos de odio en X no deben normalizarse, y mucho menos desde un chatbot desarrollado por una de las figuras más influyentes de la era digital.

El caso Grok es mucho más que una falla puntual de una IA: es el síntoma de una crisis más profunda donde los límites entre tecnología, ética y responsabilidad están peligrosamente desdibujados. Si no se toman acciones contundentes, estaremos permitiendo que el odio se siga disfrazando de algoritmo.

Debemos seguir alzando la voz para que la tecnología esté al servicio de la verdad, la inclusión y la dignidad humana. La inteligencia artificial no puede ni debe ser excusa para el odio.

¿Puede una crisis de reputación convertirse en una oportunidad de RSE?

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En el mundo empresarial, pocas situaciones generan tanto temor como una crisis de reputación. Ya sea por errores internos, denuncias externas o fenómenos virales en redes sociales, estos eventos pueden poner en jaque la credibilidad, operaciones y hasta la permanencia de una marca. Sin embargo, lo que en apariencia es un obstáculo también puede ser un punto de inflexión.

Cada vez más compañías están descubriendo que una crisis de reputación puede abrir la puerta a transformaciones profundas, genuinas y sostenibles. Lejos de limitarse al control de daños, algunas empresas están aprovechando estas coyunturas para replantear su propósito, redefinir su vínculo con la sociedad y fortalecer su compromiso con la responsabilidad social empresarial (RSE). El reto está en actuar con transparencia y estrategia.

Crisis de reputación: más allá del escándalo

Una crisis de reputación no es solo una tormenta mediática; implica una ruptura en la confianza del público, colaboradores o aliados estratégicos. Las causas pueden variar: desde problemas ambientales, escándalos laborales, discriminación, corrupción o incluso desinformación viral. Lo que todas tienen en común es su capacidad de erosionar años de trabajo en imagen corporativa.

Aunque muchas empresas reaccionan con silencio o defensiva, los expertos en RSE saben que este tipo de crisis también puede activar mecanismos internos de reflexión y cambio. Las empresas que asumen su responsabilidad y emprenden acciones reparadoras no solo logran estabilizarse, sino incluso mejorar su percepción pública a largo plazo.

Para ello, es fundamental dejar de ver la reputación como un activo intangible estático y empezar a trabajarla como un proceso dinámico, en constante construcción. En este proceso, la RSE se convierte en una poderosa aliada para reconstruir vínculos rotos.

La RSE como camino de reparación

Cuando una crisis de reputación estalla, uno de los caminos más eficaces para repararla es abrazar la responsabilidad social como parte esencial de la solución. No se trata de maquillar errores con campañas de relaciones públicas, sino de demostrar con hechos un cambio estructural y auténtico.

Implementar programas de sostenibilidad, reforzar prácticas laborales éticas o colaborar con comunidades afectadas son ejemplos de cómo la RSE puede convertirse en una respuesta concreta. Estas acciones deben diseñarse no como reacción aislada, sino como parte de una visión de largo plazo.

Lo interesante es que, al hacerlo, las empresas no solo corrigen un error: también construyen una cultura organizacional más ética, coherente y alineada con los valores que hoy exige la ciudadanía global. En ese sentido, la crisis se convierte en semilla de transformación.

Casos que inspiran: del tropiezo al liderazgo social

Algunas marcas que hoy se consideran líderes en sostenibilidad alguna vez enfrentaron una fuerte crisis de reputación. Un ejemplo claro es el de Nike, que en los años 90 fue señalada por el uso de maquilas con condiciones laborales precarias. A partir de la presión social, reformuló sus políticas laborales, impulsó auditorías externas y mejoró la trazabilidad de su cadena de suministro.

Otro caso destacado es el de LEGO, que enfrentó duras críticas por su asociación con empresas petroleras. En vez de ignorar la controversia, redirigió su estrategia hacia materiales sostenibles y educación ambiental, fortaleciendo su compromiso con la infancia y el medioambiente.

Estos ejemplos demuestran que no solo es posible superar una crisis de reputación, sino que hacerlo de forma ética y estratégica puede catapultar a una empresa hacia un nuevo nivel de reconocimiento y confianza social.

Transparencia y escucha activa: pilares de la recuperación

Uno de los errores más comunes en una crisis de reputación es ocultar información o minimizar el impacto del problema. Esta estrategia, lejos de proteger a la marca, suele agravar el daño. La transparencia se vuelve, entonces, un principio irrenunciable para reconstruir la confianza.

Las organizaciones que escuchan a sus audiencias, aceptan errores públicamente y detallan cómo piensan corregirlos, generan un clima de credibilidad que permite avanzar. Esta comunicación debe ser honesta, empática y basada en datos verificables, evitando promesas vacías.

La RSE entra aquí como mecanismo estructurante: obliga a las empresas a mirar hacia adentro, revisar procesos, consultar a sus grupos de interés y rendir cuentas de manera proactiva. Así, lo que comenzó como una crisis se transforma en una oportunidad de diálogo social.

Innovación social como respuesta estratégica

Muchas veces, la solución a una crisis no está en reparar lo existente, sino en innovar. La innovación social permite crear nuevas formas de operar, producir o interactuar que respondan de manera más efectiva a las demandas actuales. Y esto puede ser especialmente útil cuando una crisis deja al descubierto fallas sistémicas.

Por ejemplo, si una empresa es cuestionada por su huella ambiental, puede invertir en tecnologías limpias o en nuevos modelos circulares. Si el conflicto tiene que ver con discriminación, puede desarrollar programas de inclusión laboral con indicadores públicos de avance.

Estas respuestas no solo resuelven el problema inmediato, sino que posicionan a la empresa como pionera en su sector. En este sentido, la crisis de reputación se convierte en el punto de partida para innovaciones con propósito.

Cultura organizacional: el verdadero termómetro

Las crisis no solo se solucionan hacia afuera; también deben trabajarse desde dentro. Una cultura organizacional sólida, basada en valores éticos, es la mejor defensa contra futuras crisis. Cuando los colaboradores se sienten parte de un propósito superior, actúan como embajadores de la marca.

Reforzar esta cultura requiere más que discursos motivacionales: implica formación constante, mecanismos de denuncia internos, evaluaciones éticas y procesos transparentes de toma de decisiones. Aquí, la RSE actúa como guía para institucionalizar estos cambios.

Por eso, una crisis de reputación bien gestionada puede ser el catalizador para una evolución profunda en la forma en que las organizaciones se entienden a sí mismas y al impacto que tienen en su entorno.

Aunque nadie desea enfrentar una crisis de reputación, el modo en que se responde puede marcar la diferencia entre una caída irreversible o un salto transformador. La clave está en asumir el problema con responsabilidad, actuar con transparencia y comprometerse con acciones genuinas que beneficien no solo a la marca, sino a su comunidad.

La responsabilidad social empresarial no es un parche, sino una estrategia de largo plazo que puede convertir una debilidad en fortaleza. Cuando se integra con coherencia, puede ser el punto de partida para una nueva narrativa: una en la que las empresas aprenden, evolucionan y se comprometen con un futuro más ético y sostenible.

La Entrevista con Cristina Pilgram, Directora General de Construyendo

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En el universo de la responsabilidad social, existen iniciativas que no solo transforman comunidades, sino también a quienes participan en ellas. Tal es el caso de Construyendo, una organización que ha encontrado en la acción colectiva una poderosa herramienta para el desarrollo humano y social. Con casi dos décadas de historia, esta iniciativa ha demostrado que construir una vivienda es apenas el punto de partida para edificar bienestar a largo plazo.

Cristina Pilgram, su Directora General, ha sido testigo del crecimiento de este modelo que combina innovación social, participación comunitaria y compromiso empresarial. Desde su liderazgo, ha impulsado una metodología centrada en medir el impacto más allá de las cifras: enfocándose en la transformación real de las personas, tanto beneficiarios como voluntarios. En esta edición de La Entrevista, Cristina nos comparte la evolución de esta asociación civil y su apuesta por ayudar mejor, no solo más.

Qué es la asociación Construyendo: una comunidad que transforma

Para quienes se preguntan qué es la asociación Construyendo, la respuesta va mucho más allá de una organización que construye casas. Se trata de un ecosistema de colaboración entre comunidades, voluntarios, empresas y aliados estratégicos, cuyo propósito es mejorar la calidad de vida de familias en situación de pobreza mediante la integración social y la acción participativa.

Desde su nacimiento hace 17 años, la asociación Construyendo ha desarrollado una metodología propia llamada PANEL, que guía todo su proceso: desde la identificación de comunidades y beneficiarios hasta la medición del impacto, alineándose con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esta visión integral permite que cada intervención sea realmente significativa y adaptada a las necesidades locales, poniendo especial énfasis en la generación de tejido social.

No solo casas: construir comunidad como misión principal

A diferencia de muchas organizaciones que se enfocan en la infraestructura, Construyendo va más allá. Cristina lo resume con claridad: “No construimos casas, construimos comunidad”. Cada proyecto inicia con un diagnóstico profundo del contexto local y un mapeo de necesidades que prioriza el desarrollo integral de los habitantes. De ahí surge el vínculo con los donantes adecuados, quienes en su mayoría han sido referidos por otros voluntarios que ya vivieron la experiencia.

La participación comunitaria es clave: si alguien desea recibir una vivienda, debe haber sido antes voluntario en otros proyectos. Este modelo refuerza el sentido de corresponsabilidad y multiplica el capital social. La comunidad no solo recibe, sino que también da, construyendo con sus propias manos lo que será su nuevo entorno.

Innovación social desde adentro: cuestionar para mejorar

Uno de los grandes diferenciadores de la asociación Construyendo es su capacidad de reinventarse. En palabras de Pilgram, la innovación no surge de grandes tecnologías, sino de un equipo que se cuestiona constantemente cómo hacer el bien mejor. Un claro ejemplo es su proyecto de reconstrucción en Acapulco, tras el paso del huracán Otis, donde decidieron abandonar sus antiguos prototipos de vivienda para apostar por 40 nuevos modelos más adecuados a las condiciones sociales, culturales y climáticas de la región.

asociación Construyendo

Este cambio no solo requirió valentía, sino también una apertura real a otras disciplinas. En colaboración con el arquitecto Manuel Cervantes, lograron replantear su visión de la vivienda social, elevando los estándares y adaptando cada espacio a las verdaderas necesidades de las familias. Hoy, Construyendo no solo ha edificado más de 15,000 viviendas y más de 300 espacios comunitarios y educativos; también ha sembrado confianza, resiliencia y esperanza en cientos de comunidades.

Medir más que metros cuadrados: impacto con rostro humano

En un entorno donde los donantes exigen cada vez más evidencia del retorno social de su inversión, la asociación Construyendo ha apostado por un enfoque cualitativo. En lugar de enfocarse únicamente en la cantidad de casas construidas, su equipo realiza evaluaciones posteriores de tres meses, seis meses y un año para medir el verdadero cambio en la vida de las familias: menos enfermedades, más asistencia escolar, mayor bienestar emocional.

Este compromiso con la calidad también se refleja en sus garantías post-construcción. Si una casa presenta fallas, la organización regresa para corregirlo. Así, la promesa de bienestar no termina con la entrega de una llave, sino que se extiende en el tiempo, acompañando a las familias en su proceso de recuperación y mejora continua.

Crecimiento con sentido: expansión responsable

Actualmente, la asociación Construyendo tiene presencia en 17 estados del país, muchos de ellos gracias al impulso de empresas que buscan generar valor en las regiones donde operan. Uno de los hitos más importantes fue su llegada a Bahía de Lobos, en Sonora, donde inicialmente construyeron cinco casas. Hoy, ya van más de 100 viviendas y una clínica de salud en esa región, lo que demuestra que cuando la voluntad y la estrategia se alinean, el impacto puede ser duradero.

Proyectos como el de Acapulco, con más de 130 casas construidas y una comunidad profundamente reconfigurada, muestran que el modelo de Construyendo puede adaptarse a contextos complejos. El proceso no ha sido fácil, pero sí profundamente transformador para todos los involucrados.

Alianzas que multiplican impacto

Como bien señala Cristina Pilgram, ninguna organización puede cambiar el mundo sola. Por eso, uno de los ejes más importantes de la asociación Construyendo es su capacidad de generar alianzas con empresas, gobiernos y otras OSC. Actualmente, el 70% de sus donantes son empresas y el 30% personas físicas que buscan celebrar momentos importantes de su vida a través del voluntariado.

En un contexto nacional cada vez más retador, estas alianzas son esenciales. Además, Construyendo apuesta por fortalecer las economías locales, priorizando la contratación de proveedores comunitarios y asegurando que cada peso invertido tenga una repercusión directa en el desarrollo regional. Esta mirada sistémica permite que los beneficios de cada proyecto se multipliquen a niveles económicos, sociales y emocionales.

Un legado que se construye en comunidad

Hablar de la asociación Construyendo es hablar de un modelo de desarrollo basado en la humildad, el aprendizaje constante y la convicción de que ayudar mejor es más importante que ayudar más. Desde su Consejo Directivo, conformado por líderes del sector empresarial, hasta los voluntarios que donan su tiempo y esfuerzo, cada engranaje de esta organización trabaja con una misma visión: transformar vidas desde la raíz.

Como concluye Cristina Pilgram: “No estamos aquí porque sea fácil. Estamos aquí porque vale la pena”. Y sin duda, Construyendo lo ha demostrado con cada alianza y cada historia de vida que ahora tiene un nuevo comienzo.

¿Qué es el “factor asco” y por qué está frenando la economía circular?

Imagina una economía donde casi todo lo que usamos puede volver a circular: muebles restaurados, electrónicos reacondicionados, ropa reutilizada y alimentos con apariencia imperfecta pero valor nutricional intacto. Esa es la promesa de la economía circular. Sin embargo, un obstáculo emocional y profundamente humano está poniendo freno a este cambio necesario: el “factor asco”.

Según un artículo de edie, aunque el planeta exige decisiones más conscientes, muchos consumidores aún sienten rechazo al usar productos que alguien más ya ha utilizado. Este sesgo, aunque irracional en muchos casos, tiene un peso enorme. Según el estudio de BSI y CISL, es una de las barreras más persistentes para adoptar hábitos sostenibles. Y el reto no es solo cultural, sino comunicacional y estructural.

Qué es el “factor asco”: un obstáculo subestimado

El término “factor asco” se refiere a esa sensación de incomodidad, rechazo o desconfianza que genera el uso de objetos que ya han sido poseídos o utilizados por otros. Aunque no siempre se expresa abiertamente, es una emoción potente que condiciona decisiones de consumo.

En el contexto de la economía circular, este sesgo está afectando negativamente la voluntad de comprar productos reacondicionados o reutilizados. A pesar de que el 68 % de las personas se siente motivada por el impacto ambiental, la práctica no acompaña al discurso. Sólo el 25 % estaría dispuesto a comprar alimentos imperfectos, y apenas un tercio consideraría adquirir electrónicos de segunda mano.

Qué es el factor asco

El dilema es evidente: queremos ser sostenibles, pero no a costa de nuestra percepción de limpieza, seguridad o calidad. Es ahí donde el “factor asco” frena el verdadero potencial transformador de la economía circular.

Higiene, seguridad y calidad: el trinomio que alimenta la desconfianza

Los datos del estudio son reveladores:

El 56 % de los encuestados duda de la calidad de los productos circulares; el 51 % teme por su seguridad, y el 49 % cuestiona su confiabilidad.

Estos miedos alimentan la brecha entre la intención de actuar sosteniblemente y la acción concreta.

El “factor asco” no se trata solo de una reacción visceral. Está profundamente vinculado a preocupaciones legítimas, aunque a veces sobredimensionadas. Cuando se trata de alimentos, electrónicos o artículos para el hogar, la percepción de riesgo es mayor, incluso si los estándares de reacondicionamiento garantizan su buen estado.

Este fenómeno nos exige trabajar desde una perspectiva ética y técnica. No basta con ofrecer alternativas sostenibles; también hay que desactivar los prejuicios que impiden su adopción.

Etiquetas de confianza: una herramienta subutilizada

Uno de cada tres consumidores duda de la veracidad de las afirmaciones de sostenibilidad que hacen las marcas. Esto es crítico. Si no confiamos en los mensajes, difícilmente apostaremos por opciones circulares. Aquí, los sellos de certificación y las pruebas de durabilidad pueden marcar la diferencia.

El informe revela que el 59 % de las personas confiaría más en productos circulares si estuvieran avalados por etiquetas reconocidas.

Esta cifra demuestra que el reto no solo está en superar el “factor asco”, sino en construir mecanismos de validación que generen seguridad. En este sentido, las empresas tienen una oportunidad invaluable: profesionalizar sus narrativas, dejar atrás el greenwashing y apostar por la trazabilidad, la transparencia y el respaldo técnico de sus productos circulares.

Más allá del precio: ¿es realmente menos conveniente lo circular?

El costo sigue siendo una barrera para muchas personas. Casi la mitad de los encuestados mencionó el precio como un factor que los desanima a optar por opciones sostenibles. Pero también hay una percepción de que lo circular es menos práctico.

El 37 % considera que las alternativas circulares no se adaptan con facilidad a su estilo de vida. Aquí, el “factor asco” se mezcla con dinámicas de consumo tradicionales, donde lo nuevo representa comodidad, estatus y rapidez.

El cambio requerirá rediseñar la experiencia del consumidor circular: hacerla más accesible, atractiva y funcional. Desde los canales de distribución hasta el empaque y el servicio postventa, todo debe reflejar una lógica de valor, no de sacrificio.

Qué es el factor asco

La economía circular necesita más que intención: necesita confianza

El 76 % de los encuestados reconoce que sus decisiones personales pueden impulsar la sostenibilidad. Sin embargo, los materiales reutilizados en la economía global pasaron del 7.2 % al 6.9 % en los últimos años. Una paradoja que revela que la intención no está transformándose en hábito.

Para resolver esta contradicción, se necesita reforzar la narrativa en torno al valor de los productos circulares. Esto implica no solo informar, sino emocionar y demostrar con hechos. Las marcas deben generar experiencias positivas, historias que dignifiquen lo restaurado y eduquen sobre los beneficios de alargar la vida útil de los productos.

Solo así se podrá debilitar el poder del “factor asco” y comenzar a cerrar la brecha entre la conciencia ambiental y el consumo responsable.

Políticas públicas y regulaciones: el futuro de la circularidad

La intervención gubernamental también será clave. El Reino Unido ya se prepara para lanzar una Estrategia de Economía Circular que incluirá medidas para sectores críticos como el textil y la construcción. Aunque no será vinculante legalmente, podría dar pie a futuras regulaciones.

Las políticas deben acompañar este cambio cultural con incentivos, normas claras y educación ambiental desde edades tempranas. Porque si bien el 86 % cree que gobiernos y empresas deben liderar la transición, aún se necesita un marco que facilite y acelere el cambio.

Reducir los residuos, fomentar la reutilización y potenciar el reciclaje podría representar beneficios económicos gigantescos. Solo en el Reino Unido, estas prácticas podrían añadir 25 mil millones de libras a la economía para 2035.

Redefinir lo usado como valioso

Hablar de qué es el “factor asco” es abrir una conversación incómoda pero urgente. No podemos permitir que un sesgo emocional detenga una transformación estructural. La economía circular no es una utopía: es una necesidad frente al agotamiento de recursos y el cambio climático.

Si queremos que lo circular deje de ser una excepción y se convierta en norma, necesitamos rediseñar nuestra relación con los objetos usados. Eso implica cambiar mensajes, redoblar esfuerzos en educación y generar experiencias que conecten desde la confianza.

Y sobre todo, necesitamos recordar que la sostenibilidad no empieza en los materiales, sino en la forma en la que los miramos. Porque lo que hoy rechazamos por “asco”, mañana podría ser la clave para habitar un planeta más justo y habitable.

Unilever y México Recicla impulsan el reciclaje inclusivo con segunda edición de “Enchúlame el acopio”

Existen cerca de 400 mil acopiadores en México, quienes son un eslabón clave en la cadena del reciclaje. Para apoyar su labor y profesionalización, Unilever y México Recicla nuevamente suman esfuerzos con el programa “Enchúlame el Acopio”, una iniciativa social enfocada en mejorar la infraestructura de centros de acopio, así como su bienestar.

En esta segunda edición, realizada en el centro de acopio “Gabo”, ubicado en Ecatepec, Estado de México, se mejoraron significativamente los espacios de trabajo dedicados a la recolección y separación de residuos, a través de la renovación de infraestructura, servicios sanitarios y optimización de procesos. Además, se brindaron capacitaciones de seguridad en su espacio de trabajo y durante el reciclaje, así como de finanzas personales y alimentación, con el objetivo de profesionalizar a los acopiadores y promover una cultura de reciclaje inclusivo.

Con la iniciativa, se ha beneficiado directa e indirectamente a 13,250 personas, adicional, al mejoramiento del centro de acopio que cuenta con una capacidad de reciclaje de 40 toneladas al mes, equivalente a 480 toneladas al año de materiales como plástico, cartón, vidrio, aluminio, entre otros. Esto evita la emisión de 960 toneladas de CO₂ al año, lo que equivale a retirar 210 automóviles de circulación o evitar el consumo de más de 390 mil litros de gasolina.

“Enchúlame el Acopio” nace de la colaboración entre Unilever y México Recicla, que en su primera edición permitió la mejora de la Recicladora Caballero, en el Estado de México, y benefició a más de 33 mil personas de forma directa e indirecta.

“En Unilever trabajamos para reducir el plástico virgen, usar materiales reciclados y facilitar la recolección y transformación de nuestros envases. Pero también creemos que el cambio debe ser social, por eso impulsamos el reciclaje inclusivo, fortaleciendo a quienes hacen posible esta transformación. Y seguiremos  avanzando con una tercera edición de esta iniciativa”, comentó Crespo, Mei, Directora de Comunicación y Asuntos Corporativos de Unilever México.

“Desde México Recicla, vemos el reciclaje como una oportunidad de acelerar la transición hacia una economía circular. ‘Enchúlame el Acopio’ busca dignificar el trabajo de los acopiadores, brindarles herramientas y acompañarlos en su desarrollo, mientras fortalecemos una cadena de valor más sólida, eficiente e incluyente para todos”, comentó Daniel Beltrán, director comercial de México Recicla, empresa con más de 30 años de experiencia en el manejo de materiales postconsumo.

El compromiso de Unilever con la sustentabilidad y la economía circular también se refleja en sus operaciones, ya que el 91% de los plásticos rígidos de su portafolio ya son reciclables o reutilizables, mientras que el 100% del papel y cartón que utiliza proviene de fuentes sustentables, contribuyendo así al uso eficiente de los recursos naturales.

Hasta el momento, ya son dos los centros de acopio intervenidos como parte de “Enchúlame el Acopio” y una tercera edición de la iniciativa está en planeación. De esta manera, Unilever refuerza su compromiso con la responsabilidad social corporativa y su meta global de que el 100% de sus envases rígidos sean reutilizables, reciclables o compostables.

Ciencia que transforma: Dow presenta su Informe de Progreso 2024

Dow presentó su nuevo, que reúne los avances más relevantes en su estrategia global de sostenibilidad. A través de resultados medibles en descarbonización, circularidad e innovación colaborativa, el informe muestra cómo la compañía convierte sus compromisos en acciones concretas.

La visión de largo plazo de Dow se basa en tres pilares: innovación con trazabilidad, colaboración con impacto y crecimiento responsable, que impulsan acciones concretas, alianzas estratégicas y soluciones sostenibles para el planeta, las personas y el negocio.

“Este informe no es solo una colección de datos, es una muestra de cómo pensamos y actuamos en Dow. Cada decisión que tomamos busca sumar a un futuro más justo, más sostenible y más colaborativo. Porque estamos convencidos de que el progreso, para ser real, tiene que ser compartido.”, destacó Aylin Tame, Directora General de Dow México.

Entre los principales logros del año se destacan:

Innovación con impacto

Desde el desarrollo de resinas recicladas y bio-renovables para empaques y productos de cuidado personal, hasta tecnologías que optimizan el rendimiento energético en centros de datos y baterías, Dow ha acelerado la transición hacia soluciones circulares y de menor huella ambiental en sectores clave.

  • REVOLOOP™, resinas recicladas con contenido posconsumo, ya forman parte de soluciones circulares implementadas por diversos clientes.
  • UCARSOL™, solventes diseñados para la captura de carbono, refuerzan la transición energética de industrias intensivas en emisiones.
  • DOWFROST™ y DOWSIL™, tecnologías de enfriamiento líquido, reducen el consumo energético en centros de datos.
  • VORATRON™, sistemas de poliuretano que mejoran la durabilidad y eficiencia en paquetes de baterías.
  • RHOBARR™, recubrimientos para papel que mejoran la reciclabilidad sin comprometer resistencia al agua.
  • MaizeCare™, polímeros bio-basados certificados para productos de cuidado personal, bajo el esquema ISCC PLUS.
Informe de Progreso 2024

Clima y recursos naturales: medición real, impacto tangible

Dow continúa integrando la sostenibilidad como eje transversal de su operación, priorizando la descarbonización y la gestión responsable del agua a través de inversiones tecnológicas, mejoras operativas y herramientas de trazabilidad.

  • La estrategia Descarbonizar y Crecer permitió reducir más de 350 mil toneladas de CO₂ al año y 30% del consumo de agua en la planta de Plaquemine, EE. UU.
  • Se implementó el modelo Carbon Footprint Ledger, una metodología propia que permite rastrear, calcular y comunicar la huella de carbono de los productos.
  • Con la estrategia Agua y Naturaleza, Dow fortalece la resiliencia hídrica de sus sitios y comunidades vecinas.

Economía circular: más allá del reciclaje tradicional

Dow amplía su capacidad de acción en economía circular mediante soluciones de reciclaje avanzadas, alianzas estratégicas y materiales certificados bajo estándares internacionales.

  • La adquisición de Circulus incrementó la capacidad de reciclaje en 50 mil toneladas anuales.
  • En alianza con JLR y Adient, se desarrolló una solución de reciclaje químico en circuito cerrado para espumas de asientos automotrices.
  • Se fortaleció el portafolio de materiales circulares certificados bajo ISCC PLUS, integrando balance de masa y trazabilidad.

Personas y cultura: sostenibilidad desde adentro

La transformación hacia una empresa más sostenible también implica cultura, talento y vínculos con las comunidades.

  • Dow fue reconocida como una de las Mejores Empresas para Trabajar en el Mundo™, y obtuvo el primer lugar en manufactura y producción, según Great Place to Work® y Fortune.
  • Más de 600 organizaciones aliadas colaboraron con Dow durante 2024 en proyectos sociales, educativos y ambientales.
Informe de Progreso 2024

Gobernanza con visión de futuro

Dow continúa fortaleciendo sus estructuras de liderazgo y toma de decisiones, con foco en evolución estratégica y transparencia.

  • Se reforzaron los procesos de evaluación del Consejo de Administración y los planes de sucesión ejecutiva, priorizando continuidad y adaptación.
  • Las decisiones estratégicas se acompañaron de estructuras sólidas que apuntan a un crecimiento más sostenible e inclusivo.

El informe completo, así como un resumen ejecutivo y datos analíticos, ya están disponibles en el Informe Intersections 2024. Para conocer más sobre cómo la compañía convierte su propósito en acción medible visita: ww.dow.com .

Greenpeace señala a CEMEX por daño la Selva Maya; pone en duda su RSE

La Selva Maya, uno de los pulmones verdes más importantes de Mesoamérica, vuelve a estar en el centro de la controversia. Esta vez, la organización ambientalista Greenpeace ha levantado la voz contra una de las empresas más grandes del país: CEMEX, por sus planes de explotar material pétreo en una zona selvática cercana a Tulum, en el estado de Quintana Roo.

En el marco de su campaña México al grito de Selva, activistas de Greenpeace realizaron una protesta simbólica en la sede de la SEMARNAT en Cancún. El objetivo: exigir el fin de las autorizaciones para deforestar y dinamitar áreas protegidas. Lo que está en juego no es solo la biodiversidad de la región, sino también la legitimidad del discurso de sostenibilidad que muchas empresas aseguran adoptar. Y en este caso, CEMEX está en el centro del huracán.

El nuevo capítulo del modelo extractivo: de Calica a CEMEX

El conflicto actual no surge de la nada. Durante más de tres décadas, Calica —filial de Vulcan Materials Company— operó una mina de extracción en la zona que hoy se ha convertido en un símbolo de devastación ambiental. Tras su clausura por la Profepa en 2022 y la declaratoria como Área Natural Protegida en 2024, se pensó que la historia había llegado a su fin.

Pero, como advierte Carlos Samayoa, vocero de Greenpeace, ese modelo no solo no ha desaparecido, sino que está siendo replicado. Greenpeace señala a CEMEX por seguir la misma lógica que su predecesora: deforestar selva virgen, dinamitar el suelo y extraer grandes volúmenes de piedra para abastecer megaproyectos como el Tren Maya o el desarrollo turístico.

Greenpeace señala a CEMEX

La empresa ha solicitado la modificación del uso de suelo en al menos 650 hectáreas de terreno forestal para establecer un nuevo banco de materiales. Según su propia Manifestación de Impacto Ambiental, los recursos extraídos se destinarían a obras prioritarias del gobierno federal, lo que refuerza la preocupación de que este modelo de desarrollo pone en segundo plano la protección del medio ambiente.

Sascaberas: heridas abiertas en el corazón de la península

Las llamadas sascaberas, nombre local para los bancos de material pétreo, se han convertido en uno de los principales enemigos de la Selva Maya. Su proliferación responde al crecimiento urbano desmedido, el turismo masivo y la necesidad de insumos para megaproyectos. Y su impacto ya es medible: cerca de 10 mil hectáreas han sido taladas.

En la protesta realizada frente a SEMARNAT, Greenpeace arrojó simbólicamente material pétreo desde un camión como denuncia visual de lo que estas prácticas representan: destrucción, fragmentación del hábitat y contaminación del acuífero más grande de México.

Además, el uso de dinamita y trascabos para abrir paso a estas actividades pone en riesgo no solo la vida silvestre, sino también el delicado sistema de ríos subterráneos que atraviesa la región. En este contexto, Greenpeace señala a CEMEX como un actor clave en la continuidad de este modelo, que, según ambientalistas, debería haberse detenido tras el caso Calica.

Comunidades excluidas: los otros afectados invisibles

Uno de los elementos más graves del caso es la omisión de consulta a las comunidades locales. Habitantes de Francisco Uh May, una comunidad maya colindante con el terreno en disputa, han denunciado públicamente que no fueron consultados de forma previa, libre e informada, como lo exigen los estándares internacionales.

Más allá del daño ambiental, se trata de una violación directa a los derechos de los pueblos originarios. La selva no solo es su hogar, sino también su fuente de agua, medicina, alimentos y cultura. Ignorar sus voces es perpetuar una lógica extractivista que coloca el progreso económico por encima de los derechos humanos.

El hecho de que Greenpeace señale a CEMEX también está relacionado con esta dimensión social. La responsabilidad social empresarial implica, como mínimo, garantizar procesos participativos y respetuosos. En este caso, ni siquiera ese umbral parece haberse cumplido.

¿Dónde queda la responsabilidad social?

La participación de CEMEX en este modelo extractivo resulta especialmente preocupante considerando que es una empresa que presume sus compromisos con la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente. De ahí que la denuncia pública no sea solo ambiental, sino también reputacional.

Hoy en día, la responsabilidad social no puede limitarse a reportes anuales ni campañas institucionales. Las empresas son llamadas a actuar con coherencia, sobre todo cuando sus decisiones pueden tener efectos irreversibles en el entorno y las comunidades.

Por eso, cuando Greenpeace señala a CEMEX, el cuestionamiento va más allá de una sola empresa: pone en jaque todo un discurso empresarial que dice estar alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero que en la práctica sigue replicando modelos altamente destructivos.

Un llamado urgente: detener el modelo antes de que sea irreversible

Greenpeace ha sido enfática: cerrar Calica no resolvió el problema, solo le cambió de nombre. Mientras SEMARNAT continúe otorgando permisos para este tipo de actividades, el riesgo de perder los ecosistemas únicos de la península de Yucatán seguirá creciendo.

Activistas, científicos y comunidades locales coinciden: se necesitan medidas de protección más ambiciosas que incluyan tanto la superficie como el subsuelo. Y estas medidas no pueden quedar supeditadas a intereses comerciales o políticos.

La protesta frente a SEMARNAT no fue un acto aislado, sino una advertencia: la Selva Maya está al límite. Greenpeace señala a CEMEX como un actor que, en lugar de liderar un cambio hacia un modelo regenerativo, estaría optando por repetir prácticas ya condenadas por su impacto ambiental y social.

Entre el discurso y la acción, la selva no puede esperar

En un país que se enfrenta a una crisis climática cada vez más evidente, no hay espacio para medias tintas. El caso de CEMEX y las sascaberas en la Selva Maya plantea una disyuntiva crítica: o las empresas y autoridades se alinean con una visión verdaderamente sostenible, o seguirán alimentando un modelo que prioriza el corto plazo sobre el bienestar común.

La denuncia de Greenpeace no es un ataque empresarial, sino un recordatorio urgente de que los compromisos sociales y ambientales deben reflejarse en las decisiones más estratégicas de una compañía.

¿Cuál es el impacto social de la gentrificación y cómo las empresas pueden mitigarla?

La gentrificación es un fenómeno urbano que ha ganado relevancia en los últimos años, especialmente en grandes ciudades donde la revalorización de ciertas zonas provoca un aumento acelerado de los precios de vivienda, desplazando a las comunidades originales. Este proceso no solo transforma el paisaje urbano, sino que también tiene consecuencias profundas en el tejido social, afectando a personas que históricamente han habitado esos barrios.

Cuando hablamos del impacto social de la gentrificación, no se trata solo de un cambio en la estética urbana o la llegada de nuevos servicios; implica la pérdida de redes comunitarias, el debilitamiento de la identidad cultural local y un aumento en la desigualdad. En este contexto, el papel de las empresas se vuelve crucial: pueden ser parte del problema, pero también parte de la solución si adoptan una postura ética y proactiva.

¿Qué es la gentrificación y por qué importa?

La gentrificación ocurre cuando zonas tradicionalmente habitadas por comunidades de bajos o medianos ingresos se vuelven atractivas para inversores y clases más altas, provocando un alza en los costos. Este fenómeno transforma la dinámica social del lugar, expulsando a residentes que ya no pueden costear vivir allí.

Aunque puede traer mejoras urbanas y desarrollo económico, también suele ignorar las necesidades de los habitantes originales. Los espacios públicos cambian, los negocios locales desaparecen y con ello se erosiona la historia viva de las comunidades. Comprender el impacto social de la gentrificación es fundamental para construir ciudades más inclusivas.

impacto social de la gentrificación

Desde la responsabilidad social empresarial, es necesario revisar si los proyectos que una compañía impulsa en ciertas zonas están promoviendo el desarrollo integral o simplemente responden a intereses comerciales a corto plazo.

El desplazamiento silencioso: una crisis habitacional

Uno de los efectos más visibles del impacto social de la gentrificación es el desplazamiento forzado de las familias. A medida que el costo de vida se eleva, muchos residentes se ven obligados a mudarse a zonas más alejadas, perdiendo acceso a servicios, empleos y redes de apoyo.

Este desplazamiento no siempre es inmediato, muchas veces es progresivo y silencioso. Las familias enfrentan aumentos constantes de renta, nuevos requisitos para alquileres o venta de inmuebles que terminan por marginarlos. Lo que comienza como renovación urbana, puede derivar en una crisis habitacional invisible.

El acceso a una vivienda digna es un derecho humano. Las empresas del sector inmobiliario, comercial y turístico tienen la responsabilidad de analizar si sus acciones están promoviendo una ciudad para todos o para unos pocos.

Pérdida de identidad y cultura barrial

La gentrificación no solo transforma edificios; transforma también las dinámicas sociales y culturales. Los barrios tienen historia, sabores, costumbres y ritmos propios que corren el riesgo de desaparecer cuando se convierten en destinos de moda.

Tiendas tradicionales, espacios comunitarios, arte callejero, festividades locales y otras expresiones culturales tienden a ser desplazadas por cafeterías boutique, cadenas comerciales o desarrollos homogéneos. Este borrado cultural tiene un alto impacto social de la gentrificación.

Las empresas pueden contribuir a la preservación cultural apoyando proyectos locales, invirtiendo en la identidad del barrio e integrando a la comunidad en el diseño y ejecución de sus proyectos.

La responsabilidad empresarial frente a la gentrificación

En muchas ocasiones, empresas inmobiliarias, turísticas o de servicios son señaladas como catalizadoras de la gentrificación. Sin embargo, adoptar un enfoque de responsabilidad social puede convertirlas en agentes de cambio positivo.

Una empresa consciente evalúa el entorno antes de desarrollar proyectos, escucha a las comunidades locales, crea alianzas con organizaciones vecinales y mitiga impactos negativos. Invertir con ética también implica buscar un equilibrio entre rentabilidad y bienestar social.

Integrar criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) en la toma de decisiones puede ayudar a prevenir que las operaciones de una compañía alimenten la exclusión y, en cambio, promuevan un desarrollo verdaderamente sostenible.

Soluciones urbanas con enfoque social

Existen alternativas para que el desarrollo urbano no implique desplazamiento. Una de ellas es el “desarrollo inclusivo”, un modelo que considera la permanencia de los habitantes actuales en las zonas intervenidas, con acceso a servicios, empleo y mejoras en calidad de vida.

Otro ejemplo es el uso de herramientas como los fideicomisos de tierras comunitarias o programas de renta controlada, que permiten mantener precios accesibles. Las alianzas público-privadas también pueden ser clave para crear soluciones habitacionales sostenibles.

Las empresas que integran este tipo de prácticas no solo previenen el impacto social de la gentrificación, sino que además construyen reputación positiva, confianza con las comunidades y resiliencia a largo plazo.

Turismo y gentrificación: una relación compleja

El turismo es uno de los sectores que más ha impulsado procesos de gentrificación, sobre todo en ciudades con alto valor histórico o cultural. Plataformas de hospedaje temporal, como Airbnb, han elevado los precios de renta en muchos barrios, vaciándolos de residentes permanentes.

Aunque el turismo puede beneficiar económicamente a ciertos sectores, su descontrol también contribuye al impacto social de la gentrificación. Los comercios locales son reemplazados por negocios para turistas, y la vida comunitaria pierde su esencia.

impacto social de la gentrificación

Una práctica responsable en este ámbito implica promover el turismo sostenible, con beneficios redistribuidos, límites claros y participación activa de la comunidad en la gestión del territorio.

Cómo las empresas pueden mitigar el impacto social de la gentrificación

Existen múltiples acciones que las empresas pueden implementar para mitigar el impacto social de la gentrificación: establecer políticas de compras locales, contratar mano de obra del barrio, crear espacios accesibles para toda la población y ofrecer vivienda asequible como parte de sus desarrollos.

También es importante realizar estudios de impacto social antes de comenzar cualquier intervención urbana. Escuchar las voces locales y establecer mecanismos de diálogo continuo ayuda a prevenir conflictos y construir confianza mutua.

Finalmente, rendir cuentas y transparentar los beneficios sociales de cada proyecto fortalece la legitimidad empresarial y demuestra un compromiso real con el bienestar colectivo.

El futuro urbano se escribe con responsabilidad

El impacto social de la gentrificación nos obliga a repensar cómo se desarrolla una ciudad. No basta con mejorar el paisaje urbano si a cambio se excluye a quienes le dan vida. Empresas, gobiernos y sociedad civil deben trabajar juntos para garantizar que el progreso no se traduzca en despojo.

Las empresas tienen un papel clave: pueden ser parte de una transformación más justa si colocan a las personas en el centro de sus decisiones. Invertir en ciudades incluyentes no solo es ético, también es una apuesta inteligente para un futuro más sostenible y resiliente.