Grupo Bimbo comunica con profunda pena el fallecimiento de Don Roberto Servitje Sendra (1928–2025), a los 97 años de edad en la Ciudad de México. Fue uno de nuestros fundadores, primer colaborador de Grupo Bimbo y un referente fundamental en la historia de nuestra empresa.
Don Roberto deja un legado invaluable. Fue un hombre de valores, profundas convicciones, generoso en el trato y firme en el propósito. Con calidez humana y disciplina empresarial, supo inspirar y liderar a miles de colaboradores en la construcción de una empresa que siempre concibió como una gran familia.
Austero, cercano y comprometido con el bien común, fue formador de equipos, mentor de líderes y sembrador de valores. En cada paso nos recordó que el verdadero éxito se mide en el impacto positivo que generamos en las personas y en las comunidades donde tenemos presencia. Su liderazgo discreto pero contundente dejó una huella imborrable.
Fue un autodidacta con vocación de servicio, apasionado por la mecánica, la pintura y la formación continua. Gracias a su liderazgo, la empresa fortaleció su capacidad tecnológica, profesionalizó sus procesos y definió principios de gestión que siguen vigentes hasta hoy. Su visión trascendió nuestra organización, participando en consejos empresariales de gran relevancia en México y el extranjero.
Don Roberto inició su trayectoria en Grupo Bimbo como Supervisor de Ventas, luego se convirtió en cajero y más adelante creó el Departamento de Vehículos, del cual fue su principal impulsor. Ocupó diversos puestos dentro de la empresa, fue Gerente General en Guadalajara (1956), en Monterrey (1961) y en la Ciudad de México (1963), así como Subdirector General (1969), Director General (1978) y Presidente del Consejo de Administración (1994 – 2013).
En nombre de toda la familia de Grupo Bimbo, extendemos nuestras más sinceras condolencias a sus hijos, nietos, bisnietos, familiares y amigos.
El recuerdo de Don Roberto permanecerá como el de un hombre íntegro, visionario y generoso, cuya vida fue inspiración para miles. Hoy celebramos su legado y honraremos su memoria continuando con su ejemplo, con el mismo compromiso y dedicación con los que trabajó siempre por el bienestar de los demás.
La inclusión social implica eliminar barreras que impiden a muchas personas participar plenamente en la vida cultural, económica y social de sus comunidades. Este principio busca asegurar que todas y todos, sin importar edad, género o nivel educativo, tengan acceso a las mismas oportunidades y puedan vivir con dignidad y autonomía. Para ello, no basta con buenas intenciones, sino que se requieren estrategias concretas que generen condiciones reales de participación.
En pleno siglo XXI, uno de los pasos más importantes hacia este objetivo es garantizar que las personas cuenten con las habilidades necesarias para acceder al entorno digital. Saber utilizar la tecnología se ha vuelto un requisito básico para comunicarse, informarse, trabajar, estudiar y protegerse. Sin embargo, muchas personas adultas y adultas mayores se han quedado al margen de esta nueva dinámica por razones generacionales, económicas o sociales, lo que limita su acceso a oportunidades e incluso vulnera su seguridad digital.
Conscientes de esta realidad, Clarios, empresa líder en soluciones avanzadas de almacenamiento de energía, ha puesto en marcha una iniciativa que representa un claro impulso a la inclusión social, ya que busca empoderar a mujeres adultas mediante el aprendizaje de herramientas digitales básicas que les permitan ser más independientes, participar en la vida comunitaria y tener acceso a información y oportunidades que antes les parecían lejanas.
Impulso a la inclusión social: el compromiso con perspectiva de género de Clarios
Clarios ha demostrado un compromiso sostenido con generar desarrollo social en las comunidades donde opera y es por ello que bajo el pilar “Educación para el Futuro” de su Estrategia de Impacto Social, la compañía ha diseñado el Programa de Inclusión Digital para Mujeres con el objetivo de reducir la brecha que afecta particularmente a mujeres adultas. Este programa arrancó en abril de 2025 en los García, Nuevo León y Torreón, Coahuila, donde la empresa tiene presencia industrial.
La compañía decidió dirigir el programa específicamente a mujeres tras haber detectado que muchas de ellas no cuentan con acceso a formación digital debido a su edad, condición económica o falta de vinculación laboral:
“Conscientes de la exclusión que enfrentan estas mujeres, realizamos este programa como un apoyo muy necesario para equilibrar sus oportunidades de acceder a una mejor calidad de vida”.
Octavio Salinas, gerente de impacto social en Clarios LATAM.
Durante el curso, impartido con ayuda de Travy, las participantes adquieren habilidades esenciales como el uso óptimo de celulares, protección de cuentas y personales, prevención de fraudes, manejo de redes sociales, edición de imágenes y videos, y uso básico de plataformas tecnológicas. Además, se les introduce en herramientas como Canva, CapCut y ChatGPT, para que puedan emprender o simplemente interactuar con mayor seguridad en el entorno digital.
Esta capacitación, totalmente gratuita, promueve el desarrollo de habilidades útiles tanto para la vida cotidiana como para oportunidades futuras, pero, más allá del conocimiento técnico, el programa proporciona a las beneficiarias seguridad para navegar en el mundo digital, fortalece su autonomía y refuerza el sentido de comunidad al abrirles puertas para mantenerse comunicadas, todo lo cual, hace de este curso un verdadero para el impulso a la inclusión social.
Un curso que transforma vidas desde el acceso al entorno digital
El 25 de junio de 2025, la empresa líder en soluciones de almacenamiento de energía celebró el cierre del curso que vio crecer a las primeras generaciones de mujeres beneficiadas con dos meses de capacitación en habilidades digitales. El Programa de Inclusión Digital para Mujeres no solo ofreció contenido teórico y práctico, sino también una experiencia transformadora para quienes participaron.
Uno de los primeros aprendizajes que las participantes adquirieron fue el uso de las funcionalidades del teléfono celular. Muchas de las participantes, como María del Carmen Castillo, confesaron que apenas sabían usar WhatsApp o Facebook:
“Me siento satisfecha y más que nada bien bendecida porque yo llegué aquí teniendo de miedo el teléfono la verdad, yo solo usaba Facebook y WhatsApp, no sabía de ninguna otra aplicación. Yo creo que lo que aprendimos nos va a servir mucho, ahorita ya puedo editar una foto para mi nieta, ya hice un video con recuerdos de la boda de mi hija, me sirvió mucho. Muchas gracias a Clarios por la oprtunidad”.
Aunque aprendizajes como estos pueden parecer simples, para la beneficiarias representan un gran avance hacia la autonomía y la integración social. Para mujeres como Maria Adela Rodríguez, quien también participó en el curso, una de las herramientas más importantes que le brindaron fue la de saber cómo proteger sus cuentas e información personal:
“Gracias por darnos esta oportunidad, cosas que no sabía las aprendí gracias a ustedes. Me gustó mucho Canva y la parte de la seguridad para los aparatos y en las redes sociales porque a veces nos mandan mensajes o links y los abría uno muy fácilmente, entonces esa es una de las cosas que me llevo”.
Además, este curso brindó a las participantes herramientas para poder ejercer un mejor control parental. En un contexto donde niñas y niños interactúan con el mundo digital desde muy pequeños, saber cómo acompañarlos y protegerlos es fundamental y gracias al programa de Clarios hoy las madres están mejor preparadas para guiar a sus familias, no desde la distancia, sino con autoridad y confianza:
“Estos conocimientos me van a servir también para que pueda yo conversar con mi nieto, con mi niña chiquita que va en primero de primaria. También veo que me va ayudar mucho Para orientar a mis a mis nietos y también para ya no molestar tanto a mis seres queridos y ser un poquito más independiente”.
Reina Belén López García, beneficiaria del programa.
Otras de las beneficiarias expresaron que aprender a utilizar el celular, las videollamadas y las redes sociales les permitieron reconectarse con familiares lejanos y abatir la soledad:
“Me siento muy contenta porque yo era una persona muy encerrada, iba de mi trabajo a mi casa, entonces me ayudó mucho este curso, aprendí a usar las redes sociales. Gracias a la empresa Clarios por haber hecho este grupo”.
Rosy Berlangas, beneficiaria del programa.
Además, muchos descubrieron nuevas posibilidades con la edición de videos y el diseño gráfico en plataformas como Canva: “Pude hacer mis videos con CapCut y diseñar con ayuda de ChatGPT porque yo no tengo mucha creatividad”, dijo Reina Belén López. Estos aprendizajes no solo les permiten expresarse, sino que también son herramientas que les permiten anunciar de formas más efectivas los emprendimientos que muchas de ellas ya tienen o quieren empezar: “Me gusta la creación de contenido, pero por miedo no me atrevía. Ahora ya conozco herramientas y tengo ideas”, compartió Jocelyn Alondra Arcos.
Cabe destacar que, para aquellas mujeres que fueron parte del programa, el acceso a la información ya no depende de terceros, sino de su capacidad para buscar, evaluar y decidir con las herramientas que les dio el curso. Muchas de ellas afirmaron sentirse más seguras, más empoderadas y con ganas de seguir aprendiendo”. Todo ello, gracias a una iniciativa que no solo enseñó habilidades técnicas, sino que sembró confianza y generó verdadero impulso a la inclusión social.
Creando oportunidades para ellas
El impacto del programa de Inclusión Digital para Mujeres de Clarios puesto en operación en ocho puntos aledaños a sus plantas en García, Nuevo León y Torreón, Coahuila, ha sido significativo y visible. La empresa logró capacitar a cerca de 200 mujeres adultas y, gracias a la metodología de enseñanza personalizada y al acompañamiento de profesionales comprometidos, cada una de ellas adquirió herramientas para integrarse con mayor libertad y autonomía al entorno digital.
Las beneficiarias, provenientes de contextos diversos, coincidieron en algo: gratitud. “Primeramente gracias por la oportunidad, es un curso muy completo y son oportunidades que no se dan a diario y menos para mujeres. Agradezco a Clarios que hayan tomado en cuenta a las mujeres de García para este curso. Muchas gracias”, expresó Jocelyn Arcos.
El impulso a la inclusión social que representa este programa no solo reside en el acceso al conocimiento, sino en la manera en que las mujeres se sintieron vistas, acompañadas y valoradas, tal como concluyó Reina:
“Estoy muy agradecida con Clarios porque nos da la oportunidad a todas las mujeres sin importar la edad que tengamos. Las personas de mi edad decimos ‘ya para qué, ya no me va a servir esto’, pero yo pienso que todavía tenemos mucho más que dar”.
Reina Belén López García, beneficiaria del programa.
Y como ella, otras tantas encontraron no solo nuevas habilidades, sino nuevas posibilidades.
Tecnología con propósito: la visión de Clarios
El Programa de Inclusión Digital para Mujeres que impulsa Clarios es un ejemplo claro de cómo la tecnología, cuando se orienta al bienestar común, puede ser una herramienta poderosa de transformación social. Al acercar el mundo digital a quienes habían sido excluidas, la empresa no solo forma habilidades, sino que fortalece la autonomía y la participación activa de las mujeres en sus comunidades.
Estas acciones reflejan un compromiso profundo con el desarrollo equitativo y demuestran que el impulso a la inclusión social no se logra sólo con discursos, sino con proyectos como este, que parten de una necesidad real y devuelven dignidad a quienes la sociedad ha dejado atrás. Con este programa, Clarios avanza en la construcción de un futuro más justo y de un presente en el que todas las personas, sin importar su edad, puedan participar plenamente.
Donald Trump ha vuelto a generar polémica, esta vez por declarar que Coca-Cola comenzará a utilizar azúcar de caña en su clásica bebida. El anuncio, compartido en su red Truth Social, ha levantado especulaciones sobre un posible cambio en la fórmula de Coca-Cola, una decisión que, más allá de lo anecdótico, podría tener implicaciones profundas en temas de salud pública, costos, sostenibilidad y hasta comercio internacional.
Aunque Coca-Cola no ha confirmado la afirmación, el simple hecho de que un líder político influya en la composición de un producto tan emblemático levanta alertas entre expertos en nutrición, economía y responsabilidad social. ¿Se trata de una verdadera preocupación por la salud o de una estrategia populista? A continuación, analizamos los ingredientes detrás de esta posible nueva fórmula de Coca-Cola.
La historia azucarada de Coca-Cola
De acuerdo con un artículo de Time, desde 1980, Coca-Cola utiliza jarabe de maíz con alta fructosa como su principal endulzante en Estados Unidos. Este cambio fue una respuesta a la volatilidad en el precio del azúcar, pero también a la estabilidad que ofrecía el jarabe en términos de producción y conservación del sabor.
Sin embargo, el jarabe de maíz ha sido señalado por décadas como un ingrediente clave en la epidemia de obesidad en EE. UU. Ante esto, Coca-Cola ya contaba con versiones como la MexiCoke (importada de México), que usa azúcar de caña y es preferida por muchos consumidores por su sabor más “natural” y su percepción como una alternativa menos procesada.
La posible modificación en la fórmula de Coca-Cola no sería un cambio inédito, pero sí una jugada que pone sobre la mesa la relación entre decisiones políticas y la industria alimentaria.
"I have been speaking to @CocaCola about using REAL Cane Sugar in Coke in the United States, and they have agreed to do so. I’d like to thank all of those in authority at Coca-Cola. This will be a very good move by them — You’ll see. It’s just better!" –President Donald J. Trump pic.twitter.com/9L27oxlYUj
Robert F. Kennedy Jr., actual secretario de Salud y Servicios Humanos, respalda la iniciativa de eliminar edulcorantes artificiales y jarabes en los productos alimenticios. Según él, el jarabe de maíz con alta fructosa “es una fórmula para volverte obeso y diabético”. Su cruzada contra los alimentos ultraprocesados forma parte del plan “Hacer que Estados Unidos vuelva a ser saludable”.
A pesar de estas posturas, estudios recientes coinciden en que el azúcar de caña no es sustancialmente más saludable que el jarabe de maíz. “El azúcar es solo azúcar”, señaló Lisa Sasson, profesora de nutrición en NYU. Aunque la percepción del consumidor incline la balanza hacia el azúcar de caña, los beneficios reales podrían ser limitados si no se acompaña de una estrategia integral de salud y educación nutricional.
Cambiar la fórmula de Coca-Cola sin modificar hábitos de consumo o sin educación alimentaria es solo un parche en una problemática estructural.
Implicaciones económicas del cambio
Modificar la fórmula de Coca-Cola podría encarecer el producto en un 10 a 15 %, según estimaciones de Investopedia. Este incremento responde no solo al costo del azúcar de caña frente al jarabe de maíz, sino también a las tensiones comerciales derivadas de los aranceles que la administración Trump ha impuesto a países exportadores clave como México y Brasil.
Estas tarifas podrían desincentivar la importación de azúcar más accesible y terminar afectando directamente al bolsillo del consumidor estadounidense. Además, la Asociación de Refinadores de Maíz advirtió que una transición así podría implicar la pérdida de empleos y una afectación considerable al sector agrícola nacional.
Es decir, cambiar la fórmula de Coca-Cola no solo altera una bebida, sino que activa un efecto dominó en cadenas de suministro, políticas agrícolas y estabilidad de precios.
What Trump did today:
– Forgot he appointed Fed Chair Powell during his first term – Yelled at a reporter to be quiet – Said he can't appoint special counsel to investigate Epstein because he has "nothing to do with that" – Prioritized changing the type of sugar in Coca Cola pic.twitter.com/14G9wmli6M
Trump ha demostrado ser un maestro del simbolismo. El botón para pedir Coca-Cola Light en el Despacho Oval fue una anécdota que captó la atención pública, y su reciente declaración sobre el azúcar de caña podría seguir esa misma línea: conectar con el “americano promedio” a través de decisiones que parecen simples pero que resuenan culturalmente.
Coca-Cola, como marca, es un símbolo de identidad nacional, y proponer una fórmula de Coca-Cola “más real” o “más natural” puede sonar como un intento de devolver autenticidad a un país saturado de productos ultraprocesados. Sin embargo, cuando las decisiones sobre alimentación se toman desde la tribuna política y no desde la evidencia científica, los resultados pueden ser contraproducentes.
Coca-Cola ante el dilema: salud vs. mercado
La marca Coca-Cola ha sabido diversificar sus productos y adaptarse a distintos mercados. Ya produce variantes con azúcar de caña, como la MexiCoke y versiones Kosher para Pésaj. También ha experimentado con sabores locales en EE. UU., manteniéndose a la vanguardia en innovación.
Sin embargo, cambiar su fórmula de Coca-Cola principal en EE. UU. es un paso mayor que implica riesgos reputacionales y financieros. ¿Responderá la empresa al entusiasmo presidencial o mantendrá su enfoque en lo que dicta el análisis de mercado y la ciencia alimentaria? La presión está ahora sobre los equipos de sostenibilidad, salud y regulación de la empresa.
The reason we put high-fructose corn syrup in Coke here in America is to support American corn farmers. You know… farmers in red states that Trump won.
Trump can force Coca-Cola to import sugar cane from the tropics to put in our soda, but that then hurts American farmers and… pic.twitter.com/hFKekL49Gb
El impacto en la responsabilidad social empresarial
Desde una perspectiva de responsabilidad social, el debate sobre los ingredientes de Coca-Cola va más allá del marketing. Se trata de asumir un compromiso real con la salud pública, la transparencia en los ingredientes y el respeto por las políticas ambientales y económicas locales e internacionales.
Modificar la fórmula de Coca-Cola podría ser una oportunidad para alinear la marca con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente aquellos vinculados a salud y nutrición. Pero también podría convertirse en un caso de greenwashing si no se comunica con claridad, sustento técnico y verdadero impacto.
El supuesto cambio en la fórmula de Coca-Cola, impulsado por una declaración de Donald Trump, abre un debate necesario sobre salud, industria alimentaria, decisiones políticas y responsabilidad empresarial. Más allá del ruido mediático, la pregunta central sigue siendo: ¿puede una modificación en un refresco emblemático transformar un sistema alimentario plagado de excesos y desinformación?
La respuesta no está en el tipo de azúcar, sino en qué tan en serio se toma el reto de mejorar los hábitos de consumo y el entorno regulatorio. Coca-Cola, como líder global, tiene la posibilidad de ir más allá de las declaraciones presidenciales y liderar una conversación honesta, coherente y basada en evidencia. Solo así el cambio en su fórmula será más que una anécdota.
Como parte de su compromiso global con la sustentabilidad y la economía circular, IKEA ha comenzado a reemplazar sus bolsas de plástico para accesorios por nuevas versiones hechas de papel. Este cambio permitirá reducir el consumo anual de plástico en aproximadamente 1,400 toneladas.
Esta acción está alineada con la iniciativa Plastics Out Agenda, que busca eliminar gradualmente los empaques plásticos para 2028, y representa un avance significativo hacia el objetivo de utilizar únicamente materiales renovables y reciclables.
“Se trata de un paso importante en nuestro camino hacia la reducción del uso de plástico y la transición a materiales más sustentables. Pasamos varios años probando diferentes soluciones antes de decidirnos por esta bolsa de papel. Con este cambio, reduciremos el uso de plástico virgen en hasta 1,400 toneladas anuales. Esto demuestra que incluso los pequeños cambios pueden generar grandes resultados”, señaló Lukas Exner, Director de Producción y Distribución de IKEA Components.
Las bolsas se fabrican internamente, utilizando papel obtenido de residuos de producción, lo que permite seguir avanzando en la eliminación progresiva del plástico dentro de los procesos de IKEA.
La implementación de estas nuevas bolsas será gradual y se llevará a cabo por etapas, en diferentes categorías de producto.
El objetivo de eliminar progresivamente los empaques plásticos de consumo para 2028 se extenderá a todos los proveedores y socios dentro de la cadena de valor de IKEA. La transición comenzará con productos de la colección STOCKHOLM 2025, así como con parte de la gama actual, como PAX y KALLAX.
“Estas bolsas están elaboradas con residuos de madera. Para asegurar su durabilidad, incluirán un delgado recubrimiento plástico; sin embargo, seguirán siendo reciclables”, explicó Daniela Brito, Líder de Sustentabilidad para IKEA México. “Además, continuamos investigando alternativas para sustituir esta capa por materiales 100 % renovables, en línea con nuestra meta de eliminar el plástico virgen para 2028”, concluyó.
IKEA continúa fortaleciendo sus acciones a favor de las personas y el planeta. Un ejemplo reciente es la colección ÅTERSTÄLLA, lanzada en septiembre de 2024, que ha permitido ahorrar aproximadamente 34 millones de litros de agua, reducir 126.9 toneladas de emisiones de CO₂ y evitar que 6,344 kg de residuos textiles terminen en vertederos. Además, esta iniciativa ha impulsado el negocio local en México mediante alianzas estratégicas con proyectos como Básicos de México.
En los últimos años, el cambio climático ha dejado de ser una preocupación lejana para convertirse en una amenaza tangible que afecta todos los aspectos de nuestra vida. Ante la magnitud del problema, muchas personas han comenzado a sentir que no hay nada que puedan hacer para detenerlo. Este fenómeno psicológico, conocido como fatalismo climático, representa una barrera silenciosa que impide la acción colectiva y alimenta la apatía frente a la crisis ambiental.
¿Qué es el fatalismo climático? Es una percepción emocional y cognitiva que se manifiesta cuando las personas creen que el daño ambiental es tan grave que ya no hay soluciones posibles. Esta sensación de impotencia colectiva tiene consecuencias profundas: reduce la participación ciudadana, frena políticas públicas ambiciosas y obstaculiza el avance de la responsabilidad social empresarial en temas de sostenibilidad. Entender este concepto no solo es clave para la acción climática, sino también para contrarrestar el desánimo y recuperar el sentido de agencia.
¿Qué es el fatalismo climático y por qué importa?
Hablar de qué es el fatalismo climático implica comprender una reacción humana ante el colapso ambiental: la resignación. Esta postura se basa en la idea de que el cambio climático ya no puede detenerse y que cualquier intento es inútil. Es una respuesta emocional ante la abrumadora cantidad de malas noticias, informes catastróficos y falta de resultados visibles.
Este fatalismo no solo afecta a personas comunes; también se filtra en decisiones empresariales y políticas.
Cuando líderes, organizaciones o gobiernos adoptan esta visión, se detiene la inversión en soluciones sostenibles. Se posterga lo urgente, y se debilita el impulso hacia la innovación ambiental o la adaptación climática.
Combatir esta perspectiva es esencial. El fatalismo climático desactiva la esperanza, pero también la acción. Reconocer sus síntomas permite abrir el diálogo, fortalecer las estrategias de comunicación responsable y fomentar una visión más proactiva frente a la emergencia ambiental global.
El papel de los medios en la narrativa climática
Los medios de comunicación tienen un rol protagónico en cómo percibimos la crisis climática. El enfoque constante en desastres, temperaturas récord y predicciones apocalípticas puede contribuir a reforzar el fatalismo climático. Las audiencias, sobre todo las más jóvenes, se ven expuestas a una narrativa que rara vez incluye soluciones, avances o ejemplos de resiliencia.
Esto genera lo que se conoce como “parálisis informativa”: la saturación de noticias negativas impide procesar lo que ocurre y actuar al respecto. Si la única narrativa es que todo está perdido, ¿por qué intentar cambiar algo? Aquí es donde los medios pueden —y deben— desempeñar un papel transformador.
En lugar de evocar solo miedo, pueden difundir historias de éxito, innovación climática y responsabilidad social aplicada. El cambio en la narrativa puede marcar la diferencia entre la desesperanza y el compromiso, entre el colapso emocional y la movilización colectiva.
¿Cómo nos afecta el fatalismo climático en la vida cotidiana?
Más allá del plano global, el fatalismo climático tiene consecuencias directas en nuestras decisiones individuales. Muchas personas han dejado de reciclar, de ahorrar energía o de involucrarse en iniciativas ambientales porque sienten que “ya no sirve de nada”. Esta pérdida de sentido impide el cambio desde lo cotidiano.
También afecta la salud mental. La ansiedad ecológica se combina con la resignación, lo que da lugar a estados de desesperanza crónica. Especialmente entre jóvenes, esta sensación puede derivar en apatía o incluso en el rechazo a tener hijos, por temor al futuro del planeta.
Si normalizamos esta visión derrotista, renunciamos a la posibilidad de transformar.
Por eso, es urgente promover una cultura del cuidado ambiental que recupere la noción de que cada acción cuenta, y que el cambio comienza con decisiones pequeñas pero significativas.
El fatalismo climático y la responsabilidad social
Dentro del mundo empresarial, el fatalismo climático puede tener efectos devastadores en la cultura organizacional. Si una empresa considera que el deterioro ambiental es irreversible, perderá interés en invertir en prácticas sostenibles o en reducir su huella de carbono. Esto no solo es éticamente cuestionable, sino también perjudicial para su competitividad y reputación.
La responsabilidad social empresarial (RSE) exige una postura activa frente al cambio climático. Reconocer los desafíos sin rendirse ante ellos es parte de una gestión ética. Las empresas que adoptan una visión positiva y resiliente son las que lideran en innovación, atraen talento y generan confianza en sus grupos de interés.
Combatir el fatalismo es, entonces, una acción estratégica. Supone volver a creer en la capacidad transformadora de las empresas, los consumidores y las alianzas multisectoriales para construir un futuro más justo y habitable.
Alternativas al discurso del desastre: esperanza como motor
Aunque el panorama climático es complejo, existen muchas señales de cambio que deben ser visibilizadas. Avances en energías limpias, acuerdos internacionales como el Acuerdo de París, el auge de la economía circular y las innovaciones tecnológicas demuestran que aún hay margen para actuar.
El primer paso para contrarrestar el fatalismo climático es reformular el mensaje: sí, estamos ante una crisis, pero aún podemos decidir el rumbo. Desde el activismo juvenil hasta las acciones gubernamentales y corporativas, hay una base sólida para la esperanza informada.
Reemplazar el miedo paralizante por un optimismo crítico no significa negar la gravedad del problema, sino enfrentarla con determinación. Necesitamos construir una cultura donde la acción climática se vea como posible, necesaria y urgente.
¿Cómo prevenir el fatalismo climático?
Una forma de prevenir el fatalismo climático es promover la alfabetización ambiental desde edades tempranas. Entender los procesos, causas y consecuencias del cambio climático ayuda a generar conciencia sin caer en el pesimismo extremo. La educación debe incluir también herramientas para actuar.
Otra vía es fortalecer las redes de acción comunitaria. Ver que otras personas están comprometidas con el medio ambiente crea un efecto de contagio positivo. El sentido de pertenencia y colaboración reduce la sensación de soledad frente a la crisis y abre posibilidades reales de incidencia local.
Por último, es necesario que gobiernos, empresas y sociedad civil se comprometan con una comunicación clara, transparente y basada en soluciones. Así, construiremos narrativas que inspiren acción, responsabilidad y un nuevo sentido de futuro compartido.
Del fatalismo a la resiliencia colectiva
Ahora que sabemos qué es el fatalismo climático, entendemos que se trata de un obstáculo silencioso pero poderoso para el progreso ambiental. Su influencia no solo nos afecta emocionalmente, sino que limita nuestra capacidad para organizarnos, actuar y exigir soluciones estructurales. Superarlo requiere tanto conciencia individual como estrategias colectivas.
No estamos condenados a la inacción. La crisis climática aún permite margen de maniobra, especialmente si asumimos con responsabilidad el rol que cada uno puede desempeñar. Transformar el miedo en acción, el cansancio en colaboración, y la desesperanza en innovación, es la clave para dar el siguiente paso hacia un futuro
En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, la inclusión de los adultos mayores en estos procesos es más urgente que nunca. Conscientes de ello, Uber ha lanzado una nueva función en su plataforma diseñada específicamente para personas mayores de 60 años. Esta herramienta no solo responde a una necesidad funcional de transporte, sino que abre la puerta a una movilidad más justa, más segura y, sobre todo, más humana.
Un articulo de la Jornada comparte que este esfuerzo se alinea con un enfoque de responsabilidad social que busca cerrar brechas digitales, fomentar la autonomía y generar oportunidades de acceso a servicios esenciales. En colaboración con el Gobierno de la Ciudad de México y su programa Pilares, Uber fortalece su compromiso social al crear una experiencia tecnológica adaptada a quienes suelen ser excluidos del diseño digital tradicional. Así nace el Uber para adultos mayores.
Un rediseño con sentido: así funciona el Uber para adultos mayores
La nueva versión del servicio fue diseñada con participación activa de adultos mayores y expertos en accesibilidad digital. La plataforma mantiene sus funciones básicas, pero ahora con un diseño simplificado, navegación intuitiva y texto más grande. Lo esencial: que sea comprensible y fácil de usar desde el primer toque.
Además, permite que familiares administren los métodos de pago y programen destinos frecuentes. Esta característica no solo brinda confianza, sino que fortalece el acompañamiento familiar en el proceso de digitalización. La opción está disponible en el apartado Perfil Familiar y ya puede utilizarse en todo el país.
Con este rediseño, el Uber para adultos mayores no es solo una mejora tecnológica: es un acto de empatía. En un entorno donde la mayoría de las apps están pensadas para jóvenes, esta adaptación reconoce que la inclusión no es un gesto, sino una necesidad.
Movilidad con dignidad: más allá del traslado
Diego Martínez, director de Políticas Públicas de Uber México, fue enfático:
No se trata solo de trasladarse, sino de hacerlo con dignidad y libertad.
Esta frase resume el verdadero propósito del Uber para adultos mayores: facilitar el acceso a derechos fundamentales como salud, educación y empleo.
Para muchos adultos mayores, las limitaciones de movilidad son también barreras sociales. Al romperlas, se abren nuevas posibilidades de participación en la vida comunitaria. El enfoque de esta innovación no es asistencialista, sino de empoderamiento.
Movilizarse ya no será una preocupación ni una carga para familiares o cuidadores. La independencia se refuerza desde lo digital, y eso también es inclusión social.
#CDMX 🚗 Uber y #PILARES se alían para llevar tecnología y movilidad a adultos mayores en CDMX
La iniciativa busca acercar la tecnología y facilitar la movilidad de un sector históricamente excluido del mundo digital.
El trabajo conjunto con el programa Pilares amplifica el alcance de esta iniciativa. Uber donará 700 viajes para personas adultas mayores que asisten a estos centros comunitarios, permitiéndoles participar en actividades culturales, educativas y de capacitación.
Luz del Alba Riande, directora de Educación Participativa y Comunitaria de Pilares, resaltó que esta acción se alinea con la campaña Reconecta tu Vida, que promueve habilidades digitales entre adultos mayores. Así, el transporte se convierte en un medio para lograr autonomía tecnológica.
La colaboración entre el sector privado y el gobierno es fundamental para impulsar cambios sostenibles. En este caso, ambos actores se comprometen a reducir la brecha digital y fomentar una movilidad más equitativa.
¡La autonomía digital se vive aquí y ahora con #PILARES y @Uber_MEX!📲 Con la alianza con @Uber_MEX, hoy personas adultas mayores aprenden a usar la tecnología para ganar confianza y mover su vida con mayor independencia.#ReconectaEnPILARES es descubrir nuevas posibilidades. 📲 pic.twitter.com/0DFXxXnsEd
Uno de los aspectos más valiosos del Uber para adultos mayores es la tranquilidad que ofrece a sus usuarios y sus familias. Gracias al monitoreo en tiempo real y la opción de pagos familiares, se refuerzan la seguridad y la confianza en el servicio. De acuerdo con Cecilia Román, gerente de Comunicación de Seguridad de Uber:
Esta función permite pagar desde tarjetas previamente registradas, evitando el uso de efectivo y simplificando el proceso. Además, los familiares pueden seguir el trayecto del viaje desde su propio dispositivo.
La combinación de tecnología y cuidado intergeneracional es una fórmula poderosa para promover el bienestar. En este modelo, la seguridad se convierte en parte esencial de la experiencia del usuario.
Movilidad que conecta, transforma e incluye
Hablar de transporte no es solo hablar de trayectos; es hablar de autonomía, dignidad y acceso a derechos. El Uber para adultos mayores representa un paso importante hacia una ciudad más inclusiva, donde la edad no sea un obstáculo para disfrutar de la vida en movimiento.
Desde el rediseño de la aplicación hasta la alianza con centros comunitarios, esta iniciativa demuestra que la tecnología puede (y debe) estar al servicio de los más vulnerables. La inclusión digital no es un destino, sino un camino que debemos recorrer en conjunto.
La salud mental infantil y adolescente preocupa cada vez más y en este contexto una empresa tecnológica estadounidense ha lanzado un nuevo dispositivo diseñado para proteger a los menores de los peligros del mundo digital. Se trata del Sage Mobile, un iPhone para niños sin navegador web, sin redes sociales y sin posibilidad de descargar aplicaciones como Instagram o TikTok, considerado por sus creadores como un teléfono seguro que permite a los menores reconectarse con la vida real.
Este modelo, aunque costoso (99 libras al mes), responde a una necesidad creciente entre padres que buscan herramientas confiables para guiar la vida digital de sus hijos. En Reino Unido, su lanzamiento coincide con nuevas regulaciones que exigen verificación de edad para acceder a contenido para adultos, lo que refuerza su utilidad como herramienta preventiva ante los riesgos del ecosistema digital actual.
iPhone para niños: una alternativa frente a los riesgos digitales
El uso problemático de los teléfonos inteligentes ha sido vinculado con mayores tasas de ansiedad y depresión en menores, una realidad que pone en entredicho el acceso libre a las redes sociales desde edades tempranas. Frente a ello, el iPhone para niños de Sage Mobile ofrece una solución concreta: eliminar por completo el acceso a contenidos que puedan ser perjudiciales para el desarrollo emocional y psicológico.
Esta versión modificada del iPhone 16 incluye un software personalizado que bloquea navegadores, juegos y plataformas sociales, permitiendo solo el uso de apps con fines educativos, bancarios o logísticos. El resultado es un dispositivo que limita el tiempo frente a pantalla a entre 15 minutos y una hora diaria, frente a las casi tres horas promedio entre menores de 8 a 14 años en Reino Unido.
Además de limitar el acceso, esta herramienta promueve la autorregulación, ya que al no ofrecer estímulos adictivos, los niños pierden rápidamente el interés. Esto ha demostrado ser clave para que los menores recuperen tiempo de juego, interacción social y otras experiencias del mundo offline que enriquecen su desarrollo integral.
Un modelo de seguridad, pero con un alto costo
A pesar de su enfoque innovador, el iPhone para niños ha sido criticado por su precio, considerablemente más alto que el de un contrato regular de iPhone. Su costo mensual de 99 libras, que equivale a más del doble de la renta de un iPhone 16 convencional, incluye la posibilidad de cancelar en cualquier momento y compensa la pérdida de ingresos derivados de la eliminación de tiendas de apps y publicidad.
Sin embargo, esto plantea una problemática importante en términos de equidad: ¿quiénes pueden realmente proteger a sus hijos de forma efectiva? Activistas como Daisy Greenwell, de la campaña Smartphone Free Childhood, señalan que los menores de familias con bajos ingresos son quienes más expuestos están a los peligros en línea, y este tipo de soluciones resultan inaccesibles para ellos.
La reflexión es clara: mientras este teléfono representa un avance en la seguridad digital infantil, también evidencia la necesidad urgente de que los gobiernos y las empresas tecnológicas asuman un papel más proactivo en la creación de políticas inclusivas para todos los menores, no solo para quienes pueden pagar.
Reacción ante una nueva cultura digital
El debate sobre el uso de smartphones por menores de edad ha escalado al punto de generar propuestas legislativas. Jack Thorne, autor de la serie Adolescence, sugiere que los teléfonos inteligentes deberían ser tratados como cigarrillos: prohibidos antes de los 16 años. Su preocupación se centra en cómo los algoritmos de plataformas como TikTok o Instagram conducen rápidamente a contenidos nocivos, incluyendo discursos de odio y desinformación.
En este contexto, el iPhone para niños no solo aparece como una opción tecnológica, sino como una respuesta cultural a un entorno digital cada vez más insidioso. La posibilidad de iniciar la vida digital con límites claros y propósito educativo es una demanda que cada vez más padres abrazan.
Aun así, se mantiene la discusión sobre si es deseable restringir o educar, bloquear o acompañar. Lo cierto es que la aparición de este tipo de dispositivos pone sobre la mesa una verdad ineludible: el modelo actual de acceso digital libre y sin filtros no está funcionando para los menores.
Oportunidad para el sector responsable
Empresas como Techless, desarrolladora del iPhone para niños, están marcando una pauta para la industria tecnológica: priorizar el bienestar por encima del tiempo frente a pantalla y los ingresos por publicidad. Esto plantea oportunidades para el sector empresarial comprometido con la responsabilidad social, que puede sumarse a iniciativas que fomenten una vida digital más segura para la infancia.
Además, el modelo de Sage Mobile demuestra que es posible combinar tecnología con ética desde el diseño de productos. La tienda de aplicaciones curada, el bloqueo de funciones adictivas y el enfoque en funciones prácticas representan una visión alternativa del consumo digital.
Este nuevo paradigma invita a marcas, gobiernos e instituciones educativas a colaborar para generar un entorno más seguro, donde cada niño, independientemente de su nivel socioeconómico, pueda disfrutar de los beneficios de la tecnología sin estar expuesto a sus efectos más nocivos.
Protección digital, un derecho urgente
El lanzamiento del iPhone para niños responde a una realidad alarmante: los smartphones y redes sociales pueden ser perjudiciales para el desarrollo infantil si no hay mediación adecuada. Al limitar el acceso a apps y contenidos inseguros, este dispositivo ofrece una vía concreta para que los menores tengan un primer acercamiento saludable al mundo digital.
Sin embargo, también plantea desafíos en términos de accesibilidad y justicia social. El costo elevado restringe su impacto a una élite económica, mientras que la mayoría de los niños vulnerables siguen desprotegidos. Por ello, más allá de iniciativas privadas, se necesita una respuesta colectiva que garantice la seguridad digital como un derecho para todos los menores, no un privilegio de unos cuantos.
En un mundo donde las marcas enfrentan presiones políticas, presupuestarias y sociales, muchas están optando por silenciar su compromiso con la sostenibilidad. Esto ha dado pie a una nueva tendencia: ajustar, posponer o suavizar las iniciativas ESG para evitar polémicas y frenar riesgos inmediatos. Pero ¿a qué costo?
Mientras los gigantes como BlackRock o PepsiCo recalculan sus promesas sostenibles, los consumidores no solo están atentos: están actuando. No buscan reportes bonitos ni promesas lejanas; buscan coherencia, compromiso real y marcas que les mejoren la vida. En este nuevo panorama, entender qué es el “retroceder en ESG” es clave para no perder relevancia, ni clientes.
Retroceder en ESG y por qué debe importarnos
Retroceder en ESG no es simplemente eliminar una campaña o cambiar un objetivo de fecha, de acuerdo con Sustainable Brands, es enviar un mensaje claro: el compromiso con un futuro más justo y sostenible ya no es prioridad. Y aunque pueda parecer una estrategia de contención, puede resultar en una pérdida irreversible de confianza.
Actualmente, cerca del 80 % de las empresas están ajustando sus metas ESG por temor a represalias políticas o por recortes presupuestarios. Pero el verdadero peligro no es el ruido mediático, sino desconectarse de las expectativas sociales que ya son parte del consumo consciente.
Entender qué es el “retroceder en ESG” implica asumir que los valores corporativos son tan importantes como el producto. Cada paso atrás no solo aleja a los consumidores, sino que diluye el propósito que las marcas han construido con tanto esfuerzo.
FCC commissioner Brendan Carr has opened investigations into Disney and Comcast-NBCUniversal’s DEI efforts, calling them "invidious forms of discrimination."
Carr — who once wore a gold Trump-head lapel pin — says he’ll block media mergers tied to companies that promote DEI.… pic.twitter.com/rFq0pocjMw
El nuevo consumidor: menos narrativa, más acciones reales
La sostenibilidad ya no es un plus; es parte de la ecuación del valor. La encuesta de PA Consulting lo deja claro: el 86 % de los consumidores quiere que las marcas impulsen el cambio social. Pero no basta con decirlo, hay que demostrarlo.
Los consumidores, especialmente los más jóvenes, están dispuestos a pagar más por experiencias que reflejen sus valores. No preguntan si una marca tiene ESG; preguntan si esa marca hace su vida mejor y si vale la pena confiar en ella.
Por eso, retroceder en ESG es retroceder en relevancia. Cuando una empresa elige el silencio o la ambigüedad, el consumidor lo interpreta como desinterés. Y en un mercado saturado, eso puede ser el final de la lealtad.
Los peligros del silencio: perder más que reputación
Callar o suavizar los compromisos ESG puede parecer prudente, pero tiene consecuencias visibles. El respeto por la marca cae, las ventas disminuyen y se pierde el voto de confianza de una generación que compra con propósito.
El 77 % de los consumidores pierde el respeto por marcas que priorizan el beneficio económico sobre el bienestar del planeta. Y ese respeto perdido no se recupera con una campaña de marketing.
Qué es el “retroceder en ESG” si no una decisión que pone en pausa la innovación, la conexión con el público y la ventaja competitiva. En un entorno de consumo cada vez más informado, las marcas que eligen el silencio se quedan atrás.
De los discursos a los hechos: así lideran las marcas que no temen al cambio
Algunas empresas están demostrando que la sostenibilidad no necesita pancartas, sino acciones diarias. The Honest Company y Rivian son prueba de ello: lideran con transparencia, calidad y una propuesta de valor centrada en las personas.
Lo que distingue a estas marcas no es solo su oferta sostenible, sino la forma en que integran los valores en cada decisión: desde el diseño del producto hasta la experiencia del usuario. No están hablando de ESG, lo están viviendo.
Aquí no hay lugar para el “greenhushing”. Al contrario, estas empresas demuestran que la sostenibilidad puede ser rentable, innovadora y profundamente humana. Le dan otro significado a lo que muchos entienden como “retroceder en ESG”: lo convierten en una oportunidad para avanzar.
Estrategias prácticas para avanzar sin sobrecargar los recursos
En lugar de recortar, es momento de rediseñar. Las marcas que prosperarán son aquellas que integren la sostenibilidad en las experiencias cotidianas: envases reciclados, envíos carbono neutro, abastecimiento ético visible para el cliente.
Conocer al consumidor mediante datos permite adaptar las decisiones ESG a las verdaderas prioridades de las audiencias. Así, la sostenibilidad deja de ser genérica y se vuelve personal.
Además, comunicar sin tecnicismos y con honestidad es esencial. Las marcas que reconocen sus avances y también sus retos construyen una narrativa genuina, poderosa y sostenible. Ahí está la clave para evitar “retroceder en ESG” sin dejar de ser competitivas.
Redefinir ESG: más que reportes, es una herramienta de conexión
El término ESG puede estar en disputa, pero sus principios siguen más vivos que nunca. No se trata de modas o etiquetas, sino de una forma de operar, de diseñar y de servir con propósito.
Las marcas deben dejar de ver ESG como un informe y empezar a verlo como un puente: entre lo que hacen, lo que comunican y lo que el consumidor espera de ellas. Cuando esto sucede, la sostenibilidad deja de ser un gasto y se convierte en inversión.
Redefinir qué es el “retroceder en ESG” significa entender que no se trata de frenar, sino de transformar. Quienes asuman esta misión no solo llenarán el vacío, sino que liderarán el camino hacia un modelo de negocio más completo y humano.
Avanzar con propósito es el único camino rentable
Retroceder puede parecer seguro, pero en sostenibilidad, quedarse quieto es perder. Este momento representa una oportunidad para reformular la narrativa ESG, alejarla de los informes y acercarla a la gente.
El consumidor ya lo ha dicho: quiere marcas valientes, coherentes y centradas en el bien común. Quienes comprendan qué es el “retroceder en ESG” y decidan no tomar ese camino, serán los que lideren el mercado del futuro.
Porque en este nuevo escenario, ser sostenibles no es solo correcto: es estratégico, rentable y urgente.
El mundo corporativo y los gobiernos llevan décadas promoviendo una agenda de sostenibilidad que, en teoría, debería ayudar a resolver las grandes crisis sociales y ambientales de nuestro tiempo. Sin embargo, los datos más recientes revelan una fuerte disonancia entre los discursos y la realidad. Una nueva investigación global demuestra que la mayoría de los expertos ya no cree en los enfoques actuales.
De acuerdo con Sustainable Brands, el 93% de los líderes en sostenibilidad encuestados por ERM, GlobeScan y Volans considera que la agenda necesita revisarse, y más de la mitad cree que esa revisión debe ser radical. Este no es solo un llamado al cambio, sino una advertencia seria: la sostenibilidad no es sostenible si seguimos como hasta ahora. Es momento de replantear el camino.
El gran desencanto: ¿quién está fallando?
A pesar de décadas de trabajo, gobiernos, empresas e incluso la ONU están reprobados en la percepción de quienes más saben del tema. Solo el 5% de los expertos valora positivamente el papel de los gobiernos nacionales, mientras que el sector privado apenas alcanza un 14%. La confianza en Naciones Unidas también se ha desplomado 12 puntos desde 2021.
Las ONG, tradicionalmente percibidas como agentes de cambio, no se salvan: su aprobación cayó 16 puntos, quedando en 45%. Los actores clave de la sostenibilidad no solo están estancados, sino perdiendo legitimidad. Ante este panorama, la pregunta que se impone es contundente: ¿cómo esperamos avanzar si quienes lideran el camino ya no convencen a nadie?
Este diagnóstico refuerza la idea central de este estudio: la sostenibilidad no es sostenible bajo los esquemas actuales. Y no es una afirmación alarmista, sino una fotografía precisa de la percepción global entre quienes han dedicado su vida profesional a este campo.
Resistencias crecientes: la otra cara del problema
En paralelo a la ineficacia institucional, crece la resistencia social y política. El 70% de los expertos identifica una reacción negativa significativa contra la agenda de sostenibilidad, con una intensidad preocupante en América del Norte, donde alcanza el 91%. La polarización política y cultural se convierte en un obstáculo directo al cambio estructural.
Este fenómeno no solo desacelera avances; también los revierte. En contextos como EE.UU., las discusiones sobre acción climática, equidad y diversidad se han convertido en banderas de batalla partidista, restando legitimidad y apoyo a políticas clave.
Frente a este escenario, los líderes deben entender que la sostenibilidad no es sostenible si no se protege de la manipulación ideológica y se construye desde el consenso, no desde la confrontación.
¿Dónde sí hay esperanza? Impacto vs. viabilidad
A pesar de los desafíos, el estudio identifica rutas concretas hacia una sostenibilidad más efectiva. La innovación tecnológica, la integración de ESG en decisiones empresariales y la economía circular son percibidas como acciones de alto impacto y factibilidad. Aquí hay una oportunidad para reenfocar esfuerzos.
A nivel público, las políticas de fijación de precios al carbono y el desarrollo de ciudades sostenibles también destacan por su alto potencial transformador. Estas acciones no requieren revoluciones imposibles, pero sí voluntad política y alianzas intersectoriales fuertes.
El mensaje es claro: la sostenibilidad no es sostenible como ideal abstracto. Necesita convertirse en un conjunto concreto de acciones integradas, medibles y adaptables que realmente respondan a los contextos locales y globales.
Insurgentes vs. titulares: dos visiones de futuro
El informe también propone una lectura interesante sobre las mentalidades dentro del ecosistema de sostenibilidad: titulares e insurgentes. Los primeros apuestan por mejoras graduales y regulación institucional; los segundos impulsan cambios disruptivos y nuevas formas de gobernanza.
Mientras los tradicionalistas e institucionalistas abogan por ajustes desde adentro, los pathfinders y radicales exigen reimaginar el sistema completo. La diversidad de perspectivas refleja un campo en tensión, pero también en movimiento.
Esta segmentación no es una lucha de bandos, sino una señal de que la pluralidad de enfoques es vital. Pero no podemos ignorar la advertencia de fondo: la sostenibilidad no es sostenible sin una estrategia común que articule estas visiones divergentes hacia metas compartidas.
Liderazgo con visión: lo que hace falta
Más allá de las tácticas, lo que se necesita es liderazgo. Líderes valientes que asuman la insatisfacción actual como un punto de inflexión y no como una crisis sin salida. El 90% de los expertos está de acuerdo: los enfoques actuales son insuficientes y deben evolucionar.
Este momento crítico debe leerse como una oportunidad. Las empresas tienen en sus manos la posibilidad de generar soluciones que además de rentables, sean regenerativas. Desde la inversión de impacto hasta la educación en sostenibilidad, hay caminos viables, solo falta voluntad.
No olvidemos que la sostenibilidad no es sostenible si no está respaldada por líderes coherentes con el largo plazo, capaces de asumir riesgos, escuchar nuevas voces y acelerar el paso sin perder el rumbo.
Reiniciar la brújula
Lo que deja claro este estudio es que no basta con hacer más de lo mismo. La narrativa tradicional de la sostenibilidad está agotada. Es hora de dejar atrás la complacencia y entrar en una fase de rediseño profundo.
Las estrategias del futuro no podrán construirse con herramientas del pasado. Necesitamos un nuevo lenguaje, nuevas métricas y nuevos liderazgos que reconozcan que la sostenibilidad no es sostenible si sigue siendo un apéndice de los negocios y no su núcleo.
La brújula está lista para reiniciarse. Solo necesitamos el valor para girarla.
Trabajo en temas de sostenibilidad y responsabilidad social. Desde ahí, uno de los conceptos más relevantes (y menos entendidos) es el de stakeholder engagement: la capacidad de una organización para relacionarse de forma estratégica con sus grupos de interés, especialmente en territorios donde la operación depende de más actores que los formales.
En Guerrero, Jalisco y Michoacán, sacerdotes y agentes de pastoral están siendo entrenados para acercarse a grupos criminales. El objetivo: garantizar condiciones mínimas para seguir presentes en sus comunidades, evitar agresiones, proteger a la población y preservar cierta estabilidad local.
Esto se lee hoy tanto en Reforma como en El Universal, y recordé el libro Narconomics, de Tom Wainwright, que analiza a los cárteles como si fueran empresas multinacionales: con estructuras de distribución, estrategias de expansión, manejo de marca, fijación de precios y relaciones públicas.
Lo que el libro propone desde el análisis, este caso lo confirma desde la realidad: en ciertos territorios, la “licencia de operación” no se tramita con el Estado, sino con quien ejerce el control real del territorio.
Y si eso aplica para sacerdotes…
¿Qué tan lejos están muchas empresas de hacer lo mismo?
¿O cuántas ya lo hacen, sin nombrarlo, como una práctica más de gestión local en sectores como minería, infraestructura, energía o agroindustria?
🔴 La finalidad es dotar de herramientas a los sacerdotes para dialogar con integrantes del crimen organizado y así reducir la violencia, mejorar las condiciones humanitarias de la población y disminuir su nivel de vulnerabilidad. 👉 https://t.co/FwdFeCEl6xpic.twitter.com/rz6zmA8ZAV
Nos guste o no, esto también forma parte del terreno de la sostenibilidad: sostener las operaciones en el tiempo, incluso en contextos adversos, obliga a desarrollar capacidades de relacionamiento que pocas veces caben en los manuales de ESG ni en los códigos de ética.
Y es justo ahí donde la sostenibilidad se desprende de ciertas utopías —de sus versiones más limpias, idealistas o institucionales— para enfrentar la realidad del territorio.
Porque si hasta los religiosos se capacitan para ejercer su labor en medio del crimen organizado…
¿De verdad creemos que las empresas no lo hacen, o no lo han tenido que hacer?
Y entonces la pregunta se vuelve inevitable:
¿Cómo puede sostenerse una agenda de sustentabilidad en países donde el Estado no garantiza ni seguridad ni bienestar?
No es una provocación.
Es el tipo de pregunta que revela la distancia —a veces abismal— entre el discurso aspiracional de la sustentabilidad y las decisiones reales que se toman para garantizar la sostenibilidad de las operaciones.
Y en ese contexto, vale la pena preguntarse:
¿Establecer diálogos con actores informales es un dilema moral o una decisión ejecutiva?
¿Es una estrategia para sostenerse o una traición al ideal de la sustentabilidad?
Tal vez ha llegado el momento de aceptar que la sostenibilidad no siempre se ejerce desde la virtud, sino desde la tensión.
Y que alcanzar verdadera sustentabilidad requiere, primero, reconocer la complejidad del terreno en el que operamos.
Amén.
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.