104 empresas están detrás del 20% de los conflictos ambientales en el mundo: informe

¿Puede un número reducido de empresas estar al centro de una gran parte de los conflictos ambientales en el mundo? Un nuevo estudio afirma que sí. Apenas 104 corporaciones, en su mayoría multinacionales de países de altos ingresos, están relacionadas con una quinta parte de más de 3,000 disputas socioambientales documentadas globalmente.

El análisis, liderado por el coordinador del Atlas Global de Justicia Ambiental, Marcel Llavero-Pasquina, revela un patrón alarmante: las empresas más “superconflictivas” repiten prácticas nocivas en diferentes territorios, generando impactos devastadores, especialmente en comunidades del Sur Global. Esta nota desmenuza el informe y plantea una reflexión profunda sobre el verdadero alcance de la responsabilidad corporativa.

Un mapeo global de la injusticia ambiental

El estudio revisó 3,388 conflictos ambientales en el mundo, registrados hasta octubre de 2024 en el EJAtlas, una base de datos colaborativa alimentada por activistas, investigadores y periodistas. Estos conflictos incluyen proyectos extractivos, industriales y legislativos que han sido impugnados por sus consecuencias socioecológicas.

De las 5,589 empresas implicadas, solo un 2% –es decir, 104– estuvieron involucradas en el 20% de estos casos. Llavero-Pasquina las define como “superconflictivas”, una etiqueta que no solo señala su frecuencia en los conflictos, sino su impacto sistemático y repetitivo en diversas regiones.

conflictos ambientales en el mundo

Este patrón pone en evidencia que ciertos actores corporativos tienen un rol protagónico en la reproducción de dinámicas de injusticia ambiental, al punto de convertirse en símbolos de resistencia para las comunidades afectadas.

Norte Global, daño en el Sur

Una de las conclusiones más potentes del informe es la ubicación geográfica de estos conflictos. Casi el 90% de las empresas superconflictivas son corporaciones multinacionales, principalmente de países de altos ingresos y de China.

El 50% de los conflictos relacionados con estas empresas ocurre en el Sur Global. Esto implica que los costos ambientales y humanos de los modelos extractivos y productivos del Norte Global se externalizan sistemáticamente hacia comunidades con menor capacidad institucional, política y legal de defensa.

Detrás de muchos de estos casos hay comunidades indígenas, afrodescendientes y pueblos tradicionales que, pese a su vulnerabilidad estructural, encabezan la defensa del territorio y del ambiente frente a intereses corporativos.

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Un rostro humano detrás de cada conflicto

Detrás de los datos fríos hay realidades desgarradoras: enfermedades respiratorias por contaminantes, desplazamientos forzados, pérdida de medios de vida y agresiones contra defensores ambientales. El impacto no solo es ecológico, sino también sanitario y socioeconómico.

Los conflictos ambientales en el mundo documentados en este estudio muestran cómo las poblaciones locales enfrentan consecuencias desproporcionadas por decisiones tomadas lejos de sus territorios. Estas comunidades no solo luchan contra la devastación ambiental, sino contra sistemas legales y políticos que rara vez les favorecen.

Este enfoque humaniza el problema y desafía el relato corporativo de sustentabilidad voluntaria y responsabilidad social sin rendición de cuentas real.

¿Qué tan responsable es el Pacto Global?

Un hallazgo que llama especialmente la atención es que dos tercios de estas empresas superconflictivas forman parte del Pacto Global de la ONU.

Este es un acuerdo voluntario que busca fomentar políticas responsables en derechos humanos, medio ambiente y anticorrupción.

Esto evidencia una brecha entre la adhesión simbólica y la práctica real. Las promesas de autorregulación y los marcos no vinculantes han resultado insuficientes ante la magnitud de los conflictos ambientales en el mundo.

Como apunta Richard Pearshouse, de Human Rights Watch: “Las promesas voluntarias claramente no están funcionando. Necesitamos leyes y regulaciones vinculantes”.

La urgencia de la regulación vinculante

Tanto Pearshouse como Christen Dobson, del Business & Human Rights Resource Centre, coinciden en que este estudio es un llamado de atención. Si bien visibiliza a los mayores infractores, también abre una ventana de oportunidad: regular su actividad con mayor contundencia.

La Directiva sobre Diligencia Debida en materia de Sostenibilidad Corporativa de la UE es uno de los marcos normativos que podrían marcar la diferencia, pero actualmente enfrenta intentos de ser debilitada.

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Esto ocurre en un contexto donde los efectos de la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la contaminación son cada vez más visibles. No actuar con decisión es ceder espacio a un modelo que prioriza el lucro por encima de la vida.

Repetición de patrones y falta de sanción

Un patrón común en los conflictos ambientales en el mundo es que las mismas empresas reinciden en prácticas similares, en territorios distintos. Esto sugiere que no se trata de hechos aislados, sino de una estructura sistémica de impunidad ambiental corporativa.

La falta de consecuencias reales permite que las mismas multinacionales actúen sin modificar sustancialmente sus operaciones. Aunque se han multiplicado los compromisos públicos de sostenibilidad, el terreno sigue siendo fértil para el greenwashing.

En este sentido, la transparencia, la vigilancia ciudadana y la participación activa de las comunidades en la toma de decisiones son fundamentales para romper este ciclo.

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Hacia una nueva ética empresarial

El estudio del EJAtlas nos recuerda que la responsabilidad social no puede ser una etiqueta decorativa. En un mundo cada vez más interconectado, las consecuencias de las acciones empresariales trascienden fronteras y generaciones.

Si las 104 empresas más conflictivas del planeta son responsables del 20% de los conflictos ambientales en el mundo, está claro que cambiar sus prácticas tendría un impacto enorme. Pero para lograrlo, no basta con recomendaciones voluntarias: se necesitan políticas públicas robustas, marcos legales exigentes y una sociedad civil vigilante.

El desafío está en construir un nuevo modelo de desarrollo donde la justicia ambiental deje de ser una excepción y se convierta en regla.

10 errores comunes que cometen las empresas al hablar de inclusión

Hoy más que nunca, la inclusión ha dejado de ser un “plus” en la estrategia empresarial para convertirse en un pilar fundamental del desarrollo sostenible. Sin embargo, aunque muchas organizaciones intentan posicionarse como inclusivas, sus discursos y prácticas suelen estar plagados de errores involuntarios que comprometen su autenticidad y credibilidad.

Hablar de inclusión requiere más que buenas intenciones o eslóganes llamativos. Implica revisar a fondo cómo se comunican los valores, quiénes forman parte del diálogo y cómo se traducen esas palabras en acciones reales. Esta nota desglosa 12 errores comunes al hablar de inclusión que las empresas deben evitar para no caer en contradicciones o prácticas de tokenismo.

10 errores comunes que cometen las empresas al hablar de inclusión

1. Usar lenguaje políticamente correcto sin cambios reales

Muchas empresas creen que con solo cambiar palabras ya están siendo inclusivas. Frases como “todos y todas” o “lenguaje neutro” pueden sonar bien, pero si no van acompañadas de acciones, terminan siendo vacías.

La inclusión debe sentirse en la cultura de la empresa, no solo en sus comunicaciones. Si se mantiene una estructura desigual, el lenguaje políticamente correcto se convierte en maquillaje superficial.

empresas al hablar de inclusión

2. No incluir a las personas en cuestión en la conversación

Uno de los errores comunes al hablar de inclusión es no dar voz a las personas directamente afectadas. Se habla de ellas, pero rara vez con ellas.

Diseñar campañas, políticas o mensajes sin escuchar a los grupos a los que se quiere incluir genera distorsiones, invisibiliza sus realidades y perpetúa estereotipos.

3. Reducir la inclusión a fechas conmemorativas

Muchas empresas solo “celebran” la diversidad en fechas clave: el 8 de marzo, el mes del Orgullo, el Día de las Personas con Discapacidad. El resto del año, el tema desaparece.

Esta estrategia oportunista revela falta de compromiso real. La inclusión debe ser permanente, no algo que se enciende y apaga según el calendario.

4. Confundir inclusión con diversidad

Aunque están relacionadas, no son lo mismo. La diversidad es contar con personas diferentes en una organización; la inclusión es garantizar que todas se sientan valoradas y con las mismas oportunidades.

Una empresa puede tener equipos diversos y aún así ser excluyente en su cultura o procesos. Es un error común pensar que con tener “representación” basta.

empresas al hablar de inclusión

5. Hacer campañas sin perspectiva interseccional

Algunas marcas promueven la inclusión de mujeres, pero solo de mujeres blancas y heterosexuales. O celebran la diversidad sexual sin contemplar a personas con discapacidad o indígenas LGBTQ+.

La inclusión verdadera requiere ver las múltiples capas de discriminación que una persona puede enfrentar. No hacerlo es uno de los errores comunes al hablar de inclusión más graves.

6. Delegar la inclusión al área de RH o RSE exclusivamente

Muchas veces se piensa que la inclusión es tarea del área de Recursos Humanos o de Responsabilidad Social, pero es un tema transversal.

Todos los niveles de la empresa, desde liderazgo hasta operaciones, deben estar comprometidos. Dejarlo como una responsabilidad aislada lo convierte en un accesorio, no en un valor organizacional.

7. No capacitar a los equipos en lenguaje inclusivo

Pretender una comunicación inclusiva sin formar previamente a quienes redactan, diseñan o comunican es como construir una casa sin cimientos.

La falta de capacitación lleva a errores involuntarios, lenguaje ofensivo o confuso, y al final, a la pérdida de confianza por parte de los públicos.

8. Crear personajes o campañas estereotipadas

Una empresa que representa a una persona indígena siempre vestida con traje típico, o a una mujer con discapacidad solo como “inspiración”, refuerza estigmas.

Los estereotipos, aunque sean positivos, limitan. Las personas no son símbolos ni adornos para cumplir cuotas visuales de diversidad.

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9. Prometer inclusión sin medir impacto

Si una organización se declara inclusiva, debería tener métricas claras que lo respalden. De lo contrario, se arriesga a caer en el greenwashing social, o lo que algunos llaman diversity-washing.

Tener objetivos medibles en cuanto a contrataciones, ascensos o clima laboral es clave para demostrar compromiso y no solo discurso.

10. Ignorar las barreras estructurales

Decir que “todas las personas tienen las mismas oportunidades” sin reconocer que hay barreras estructurales, es una forma de negar la exclusión.

Desde la infraestructura inaccesible hasta la falta de políticas de conciliación familiar, muchos factores siguen limitando la participación de ciertos grupos, y no hablar de ello perpetúa la desigualdad.

barreras estructurales

¿Por qué las empresas deben tomarse en serio la inclusión?

La inclusión no es solo una tendencia ética, es también una estrategia de negocio. Estudios de McKinsey, Deloitte y Harvard han demostrado que equipos diversos e inclusivos toman mejores decisiones, innovan más y logran mayor rentabilidad.

Además, consumidores y talentos jóvenes están evaluando a las marcas con base en su autenticidad social. Quienes no trabajen la inclusión de manera coherente corren el riesgo de perder relevancia y reputación.

¿Cómo empezar a construir una comunicación verdaderamente inclusiva?

Primero, escucha activa. Involucra a grupos históricamente excluidos en tus procesos de diseño y comunicación. Después, capacita a tus equipos, establece métricas claras y corrige errores sin miedo.

También es clave ser coherente: no puedes promover inclusión en redes sociales mientras internamente hay prácticas discriminatorias. La inclusión se construye todos los días, desde lo pequeño hasta lo estructural.

barreras estructurales

Evitar los errores comunes al hablar de inclusión no es solo una responsabilidad reputacional: es una oportunidad para transformar culturas laborales, fortalecer vínculos sociales y crear un mundo más equitativo.

Las empresas que entiendan esto no solo estarán del lado correcto de la historia, sino que se beneficiarán en innovación, competitividad y conexión genuina con las personas. Porque en la inclusión, el discurso importa, pero la acción lo es todo.

México cosecha soberanía: cómo la agricultura impulsa desarrollo, tecnología y sostenibilidad

 por Matías Ipiña, Director ejecutivo de Syngenta región Mesoamérica

Cuando disfrutamos una tortilla, un aguacate fresco o un jitomate jugoso, estamos celebrando el trabajo incansable, la innovación y la pasión del campo mexicano. Lejos de ser solo una actividad rural, la agricultura se está convirtiendo en la base de un futuro más próspero, resiliente y sostenible para México.

En un momento en que la soberanía alimentaria se ha vuelto una prioridad nacional, plasmada en los objetivos del Plan México y en distintas políticas públicas recientes, resulta indispensable reconocer que el campo mexicano es un eje estratégico para alcanzar esta meta. Garantizar el acceso a alimentos suficientes, seguros y nutritivos para toda la población exige no solo más producción, sino una transformación integral del modelo agrícola.

De acuerdo con el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), durante el primer bimestre de 2025 la balanza agroalimentaria registró un superávit histórico de 2,203 millones de dólares, y al cierre del primer cuatrimestre alcanzó un total de 3,930 millones. Al mismo tiempo, las actividades primarias crecieron un sólido 6.7 % anual y 7.8 % en el primer trimestre de 2025, impulsadas por cultivos de frijol, papa, zanahoria, cítricos y maíz blanco. Estas cifras no solo son números: representan nuevas oportunidades de mercado, ingreso para las comunidades rurales y una muestra clara de la competitividad global de nuestro campo.

agricultura y sostenibilidad

Detrás de estos resultados hay una transformación silenciosa pero profunda: la convergencia entre el conocimiento ancestral de los productores y el respaldo de la ciencia y la tecnología. Prácticas como la agricultura regenerativa, el manejo integrado de plagas y el uso de sistemas de monitoreo digital permiten hoy mejorar rendimientos en muchos casos entre 10% y 20%, sin necesidad de expandir nuevas tierras de cultivo. Esto demuestra que es posible aumentar la productividad sin comprometer los recursos naturales.

En este escenario, el papel de empresas de investigación y desarrollo como Syngenta se vuelve fundamental. Desde su experiencia global, pero con un entendimiento profundo del campo mexicano, la compañía ha impulsado iniciativas como Operación Polinizador, un programa que fomenta la creación de hábitats para insectos polinizadores en zonas agrícolas, contribuyendo a mejorar la biodiversidad funcional y la productividad de los cultivos. Esta estrategia no solo refuerza los servicios ecosistémicos fundamentales para la agricultura, sino que también promueve prácticas responsables que armonizan la producción con el cuidado del entorno. Al proteger a las especies polinizadoras, se fortalece la resiliencia de los sistemas agrícolas frente al cambio climático y se garantiza la sostenibilidad a largo plazo.

Claro está, ningún avance es completo si deja a sectores fuera de la ecuación. Por ello resulta igualmente relevante el trabajo que Syngenta ha desarrollado en capacitación: tan solo en 2024, más de 26,000 agricultores en México fueron formados en prácticas sostenibles, muchos de ellos pequeños productores que hoy tienen acceso a tecnologías y asesorías que antes parecían inalcanzables.

agricultura y sostenibilidad

Frente a este panorama, tenemos hoy una oportunidad real de consolidar un modelo agrícola ejemplar: competitivo, sostenible e inclusivo. Un modelo que no solo busque producir más, sino producir mejor. Donde el agua se use de forma eficiente, las mujeres ocupen su lugar justo, la ciencia aporte soluciones adaptadas, y las alianzas público-privadas, como las que ya vemos en marcha, multipliquen capacidades.

México tiene la oportunidad de convertirse en un referente de cómo la agricultura evoluciona hacia modelos regenerativos, rentables e inclusivos. Las alianzas inteligentes, como las que hoy vemos entre productores, autoridades, ciencia y empresas como Syngenta, son el mejor ejemplo de cómo sumar capacidades puede acelerar esta transformación. No se trata solo de producir más, sino de producir mejor. Y en ese camino, el campo mexicano no parte de cero: parte con ventaja.

WhatsApp y Facebook, las principales vías del ciberacoso en México: INEGI

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Las redes sociales, diseñadas para conectar, también pueden convertirse en escenarios de violencia. Así lo revelan los datos más recientes del INEGI, que indican que en 2024 más de 18.9 millones de personas en México —el 21% de los usuarios de internet de 12 años o más— fueron víctimas de algún tipo de ciberacoso. La cifra no solo es alarmante por su magnitud, sino por las emociones, silencios y desigualdades que arrastra.

Según Forbes, detrás de cada porcentaje hay una historia interrumpida por mensajes ofensivos, llamadas intimidantes o perfiles falsos. Plataformas como WhatsApp y Facebook, que lideran la lista de canales más utilizados para agredir, nos obligan a mirar el problema desde una perspectiva crítica y socialmente responsable. ¿Cómo prevenirlo? ¿Qué papel juegan las empresas, los gobiernos y la sociedad civil?

WhatsApp y Facebook: canales cotidianos convertidos en amenazas

En el universo digital mexicano, WhatsApp y Facebook ocupan un lugar privilegiado… incluso cuando se trata de violencia. De todas las víctimas de ciberacoso en México, el 39.8% señaló haber sido atacada por WhatsApp, seguida muy de cerca por Facebook (39.7%). El teléfono celular, con 29.3%, completa este preocupante podio.

Esta estadística pone el foco sobre plataformas utilizadas a diario por millones, lo que plantea un desafío urgente para las políticas de prevención y moderación de contenido. La normalización de la violencia digital en estos espacios incrementa el riesgo de que el acoso pase desapercibido o se minimice.

El problema no está solo en la plataforma, sino en la falta de acción conjunta entre usuarios, empresas tecnológicas y autoridades. La responsabilidad social digital hoy más que nunca requiere acciones coordinadas y firmes.

¿Quién agrede y a quién? El género también importa

El ciberacoso en México no afecta por igual a todos los grupos. Las mujeres registraron una prevalencia de 22.2%, superior al 19.6% de los hombres. Además, el 52.1% de las mujeres que pudieron identificar a su agresor señaló que se trataba de un hombre.

Estas cifras confirman que el acoso digital también reproduce dinámicas de género presentes en el mundo físico. A esto se suma el hecho de que el miedo es un efecto mucho más común entre mujeres (34.5%) que entre hombres (16%).

Este panorama obliga a las organizaciones y actores sociales a incorporar enfoques de género en sus estrategias contra el ciberacoso, reconociendo que la experiencia digital de una niña o una adolescente no es la misma que la de un joven o un adulto.

El anonimato y la impunidad digital

Uno de los factores que perpetúa el ciberacoso en México es la dificultad para identificar a los agresores. Según INEGI, el 62.9% de las víctimas no sabía quién las había acosado. Solo el 21.6% identificó a personas conocidas y el 15.5% a ambos tipos de agresores.

El anonimato que ofrece el entorno digital actúa como escudo para quienes ejercen violencia, y como barrera para quienes buscan justicia. De ahí que apenas el 11.2% de las víctimas haya presentado una denuncia formal. La mayoría optó por bloquear a los agresores (66.6%) o ignorarlos (14.1%).

Estos datos muestran la urgencia de mejorar los canales de denuncia, generar confianza institucional y capacitar a las autoridades para enfrentar esta problemática desde una óptica de derechos humanos.

El impacto emocional: la otra herida que deja el ciberacoso

Más allá de las cifras, el ciberacoso en México deja una huella emocional profunda. Enojo (58.6%), desconfianza (36.7%) e inseguridad (30.1%) fueron los efectos más reportados por las víctimas. Y aunque estas emociones pueden parecer pasajeras, muchas veces desencadenan aislamiento, depresión o abandono escolar y laboral.

Este tipo de violencia no solo afecta a las personas directamente involucradas, sino que genera un entorno digital menos seguro para todos. Las emociones que provoca minan la confianza en las redes sociales como herramientas de comunicación y participación.

Las empresas tecnológicas y los organismos de responsabilidad social deben asumir un rol activo en el acompañamiento emocional de las víctimas, creando espacios de apoyo, redes de orientación y campañas educativas.

¿Quiénes son más vulnerables?

Llama la atención que las personas que pasaron en promedio más tiempo conectadas fueron también las más expuestas al ciberacoso en México. Quienes sufrieron acoso pasaron 5.5 horas diarias en línea, casi una hora más que quienes no lo vivieron.

Esto refuerza la idea de que no se trata solo de estar conectado, sino de cómo y desde dónde se navega. En estados como Yucatán (29.7%), San Luis Potosí (26.9%) e Hidalgo (26.2%), el problema se agudiza, quizás por la falta de campañas de prevención o marcos legales eficaces.

Resulta clave que las empresas, las escuelas y los gobiernos trabajen juntos para fortalecer la alfabetización digital crítica desde edades tempranas, promoviendo prácticas responsables de uso y acompañamiento constante.

Medidas de protección: un paso, pero no suficiente

El estudio también muestra que el 74.2% de quienes usaron internet en los últimos tres meses tomaron alguna medida de seguridad, siendo el uso de contraseñas la más común (95.9%). Sin embargo, apenas el 19.7% instaló o actualizó antivirus o cortafuegos.

Si bien proteger dispositivos es importante, prevenir el ciberacoso en México requiere ir más allá: hablar de consentimiento digital, de límites en la comunicación, de cómo reportar y denunciar. La educación debe ir a la raíz del problema.

Los programas de responsabilidad social corporativa pueden ser aliados clave para impulsar esta transformación, desarrollando contenidos pedagógicos y estrategias de sensibilización en línea y fuera de ella.

Frente a la violencia digital, responsabilidad compartida

El ciberacoso en México no es un problema individual ni exclusivo de las plataformas: es un reflejo de nuestras fallas sociales trasladadas al espacio digital. Afecta a millones y, en especial, a mujeres y jóvenes. Su impacto emocional, legal y social exige una respuesta multisectorial.

Prevenirlo implica más que herramientas tecnológicas. Se necesita educación, voluntad institucional, colaboración entre empresas y un firme compromiso de responsabilidad social. Cada clic, cada reporte, cada historia contada suma en la construcción de un entorno digital más seguro, empático y justo.

¿Podría un impuesto a la IA y las criptomonedas financiar la acción climática?

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En un mundo que busca respuestas urgentes a la crisis climática, la pregunta ya no es si necesitamos más recursos, sino de dónde deben venir. Laurence Tubiana, una de las arquitectas del Acuerdo de París, propone mirar hacia sectores que han crecido sin regulación y con alto impacto ambiental: la inteligencia artificial y las criptomonedas.

De acuerdo con The Guardian, la propuesta puede parecer disruptiva, pero en realidad es una llamada a la coherencia: si contaminas, contribuyes. En tiempos donde los recursos públicos son limitados y la desigualdad climática se amplifica, el impuesto a la IA y las criptomonedas se perfila como una vía para equilibrar la balanza y financiar soluciones sostenibles.

El origen de la propuesta: una lógica de justicia climática

Laurence Tubiana, hoy directora de la Fundación Europea del Clima, no plantea una idea aislada. Como codirectora del Grupo de Trabajo sobre Impuestos de Solidaridad Global, busca crear mecanismos que graven actividades contaminantes para destinar esos fondos a la acción climática. En ese sentido, el impuesto a la IA y las criptomonedas encaja dentro de una lógica de justicia fiscal y ambiental.

La propuesta parte de una realidad innegable: estas tecnologías, aunque digitales, tienen un enorme consumo energético. La minería de bitcoin, por ejemplo, consume tanta electricidad como un país entero como Polonia. ¿Cómo justificar que estas industrias queden exentas de contribuir?

Impuestos similares ya se están impulsando en sectores como la aviación o el transporte marítimo. Lo que antes parecía imposible, hoy es urgente y viable, siempre que haya voluntad política.

¿Por qué gravar a la inteligencia artificial?

Aunque no tan visible como las criptomonedas, la IA también tiene un impacto ambiental significativo. Los modelos de lenguaje, las búsquedas automatizadas o el entrenamiento de algoritmos requieren centros de datos que consumen millones de kilovatios hora al año.

impuesto a la IA y las criptomonedas

Tubiana sugiere que el impuesto a la IA y las criptomonedas no solo sería lógico, sino necesario. Las empresas tecnológicas están compitiendo por acceso a fuentes de energía y, en muchos casos, generando presión sobre las redes eléctricas locales.

Sin embargo, aplicar este impuesto podría ser complejo: las compañías podrían mover sus servidores a países sin regulación o con energía más barata. Esto abre un nuevo frente en la gobernanza digital y climática: el de la regulación transnacional.

Criptomonedas: del riesgo financiero al impacto ambiental

Las criptomonedas, en particular, han sido objeto de múltiples controversias. Además de su consumo energético, también presentan riesgos en términos de estabilidad financiera y uso ilícito de fondos. Tubiana advierte que muchas operaciones están ligadas al crimen organizado o a flujos económicos opacos.

El impuesto a la IA y las criptomonedas se convierte, así, en una herramienta de regulación múltiple: económica, fiscal, ambiental y legal. Incluso los banqueros centrales —tradicionalmente conservadores— comienzan a mostrar interés en mecanismos que puedan poner orden en este ecosistema.

El reto, sin embargo, es político: países como Estados Unidos podrían resistirse a imponer estas medidas por el fuerte lobby de estas industrias.

Casos exitosos: lo que se puede lograr con voluntad política

No se trata solo de teorías. A finales de junio, varios países —entre ellos Francia, España y Kenia— acordaron nuevos gravámenes para vuelos en clase ejecutiva, primera clase y aviones privados. Esta medida busca que quienes más contaminan aporten más.

Según estimaciones del grupo de trabajo, si las grandes economías se sumaran, se podrían recaudar más de 147 mil millones de euros al año. Recursos que podrían destinarse directamente a mitigación, adaptación y justicia climática.

impuesto a la IA y las criptomonedas

Estas experiencias refuerzan el mensaje de Tubiana: no necesitamos esperar un acuerdo global. Los países pueden actuar desde su soberanía fiscal.

Nuevas fronteras fiscales: del transporte marítimo a la bolsa

La idea de expandir la base fiscal hacia sectores privilegiados no se detiene en la IA o las criptos. El grupo de trabajo también analiza un impuesto sobre la compra de acciones, con potencial para recaudar hasta 105 mil millones de euros sin distorsionar el mercado.

Asimismo, sigue en debate un impuesto al carbono sobre el transporte marítimo, cuya discusión se retomará en octubre. Este tipo de medidas apuntan a una transformación estructural del modelo económico global.

El impuesto a la IA y las criptomonedas sería solo un eslabón más en esta cadena de reformas. Pero uno con gran valor simbólico: demostrar que la era digital no puede seguir operando al margen de la responsabilidad social y ambiental.

El riesgo de la incoherencia climática

Paradójicamente, mientras Tubiana impulsa estas propuestas, el propio presidente francés Emmanuel Macron ha sugerido aplazar metas climáticas clave para 2040. Una contradicción que, según ella, envía un mensaje negativo justo cuando se necesita liderazgo moral.

Para Tubiana, esta actitud es peligrosa de cara a la COP30 en Brasil. Si los países que lideraron el Acuerdo de París ahora retroceden, ¿con qué autoridad exigirán compromisos al sur global?

La coherencia, tanto fiscal como política, es clave. No basta con diseñar impuestos; hay que sostener la narrativa con acciones firmes.

Hacia una fiscalidad que mire al futuro

La pregunta ya no es si se debe aplicar un impuesto a la IA y las criptomonedas, sino cuándo y cómo. En un contexto donde la emergencia climática choca con un modelo económico digital en expansión, este tipo de medidas ofrecen un nuevo horizonte de justicia climática.

Más allá del recaudo, lo que está en juego es el mensaje: la transición ecológica necesita innovación, sí, pero también responsabilidad. Y eso implica que quienes más se benefician de la digitalización y globalización también contribuyan al esfuerzo común.

Como bien dice Tubiana, no se trata de castigar el progreso, sino de hacerlo sostenible. Porque si no se regula hoy, el costo lo pagaremos todos mañana.

Volaris, la aerolínea mexicana más eficiente en emisiones a nivel global

Volaris, la aerolínea mexicana de ultra bajo costo que opera en México, Estados Unidos, Centro y Sudamérica, fue posicionada como la línea aérea mexicana más eficiente en cuanto a reducción de CO2 a nivel mundial, y se ubicó en el cuarto lugar del ranking global de Emisiones de Vuelo elaborado por la firma internacional de análisis de la aviación, Cirium.

“Este resultado refleja el compromiso de Volaris con la sostenibilidad ambiental, la eficiencia y la
innovación. Tenemos un exitoso modelo de negocios enfocado en operar con una de las flotas
más modernas y eficientes de la región, en optimizar nuestras rutas y en maximizar cada kilómetro
volado. Todo ello con un mismo propósito: ofrecer a nuestros Clientes tarifas accesibles y un
servicio de calidad, mientras trabajamos por un transporte que genere el menor impacto posible
en el planeta”, señaló Enrique Beltranena, Presidente Ejecutivo y Director General de Volaris.

Este reconocimiento destaca los esfuerzos de Volaris por operar de forma más eficiente y con
menores emisiones de carbono. La aerolínea opera una de las flotas más jóvenes y eficientes del
continente, compuesta mayoritariamente por aeronaves Airbus con motores NEO (New Engine
Option), que permiten un menor consumo de combustible y una menor huella ambiental. Pero su
estrategia de sostenibilidad va más allá de la renovación de flota: la compañía también implementa un programa de ahorro de combustible que abarca mejoras operativas, tecnológicas y de comportamiento de vuelo, así como decisiones estratégicas en la planificación de rutas.

Estas acciones se complementan con medidas específicas como la reducción de peso a bordo —
mediante el uso de carritos de servicio y asientos más ligeros—, la eliminación total de plásticos
de un solo uso en el servicio a bordo, y la digitalización de procesos para lograr operaciones libres
de papel. Como resultado de este enfoque integral, en 2024 Volaris redujo en 21.02% la intensidad
de sus emisiones de CO₂ por pasajero-kilómetro (gCO₂/RPK), en comparación con el año anterior.

Adicionalmente, la aerolínea mantiene desde 2015 su programa de compensación voluntaria cielitolimpio, que permite a los Clientes mitigar parte de la huella de sus vuelos mediante la adquisición de bonos de carbono certificados destinados a proyectos ambientales en México, como la generación de energía eólica y la captura de biogás. A nivel interno, Volaris también promueve una cultura ambiental a través de su campaña VOIconsciente, que en los primeros cinco meses de 2025 logró una reducción del 28% en residuos reciclables, incluyendo una disminución específica del 10.5% en residuos de PET, en comparación con el mismo periodo del año anterior.

Este ranking forma parte del más reciente Informe de Emisiones de Vuelo de Cirium, que incluye
el listado de las 20 aerolíneas más eficientes a nivel global. Tiene como objetivo impulsar mejoras
en la industria aérea a través del reconocimiento de mejores prácticas, considerando variables como la composición de flota, factores de ocupación y eficiencia en la operación. La iniciativa aporta información e inteligencia integral que resulta de gran utilidad para que los integrantes de la industria comprometidos con la sostenibilidad, al ofrecer herramientas para implementar
mejoras en su eficiencia operativa.

Para más información sobre el ranking, visita: https://www.cirium.com/thoughtcloud/wizz-airtops-major-airlines-emissions-rankings/

8 causas que los consumidores latinos realmente valoran

En los últimos años, el compromiso social de las marcas se ha vuelto un factor decisivo en las decisiones de compra. Este fenómeno es especialmente evidente entre los consumidores latinos, quienes no solo buscan productos de calidad, sino también marcas que reflejen sus valores y preocupaciones sociales. La conexión emocional con causas específicas ha transformado el consumo en un acto con conciencia colectiva.

Desde la equidad de género hasta la protección del medio ambiente, los consumidores latinos han demostrado que el propósito pesa tanto como el precio. Las empresas que entienden esta sensibilidad y la integran en sus estrategias no solo ganan clientes: construyen comunidades leales. A continuación, presentamos 8 causas sociales para consumidores latinos que realmente hacen la diferencia en su comportamiento de compra.

8 causas que los consumidores latinos realmente valoran

1. Educación de calidad e inclusión educativa

La educación ha sido históricamente una causa prioritaria para las comunidades latinas, ya que representa movilidad social y progreso. Las marcas que promueven programas de becas, capacitación digital o acceso a escuelas en comunidades marginadas logran una conexión significativa con este público.

Además, iniciativas de alfabetización financiera, educación STEM y apoyo a la permanencia escolar son altamente valoradas. Impulsar la educación no solo mejora el entorno, sino que también posiciona a la marca como una aliada del desarrollo.

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2. Salud y bienestar accesible

El acceso a servicios de salud, especialmente para poblaciones vulnerables, es una de las causas sociales para consumidores latinos más urgentes. Apoyar campañas de vacunación, salud mental o prevención de enfermedades impacta directamente en su calidad de vida.

Marcas que colaboran con hospitales, clínicas móviles o brindan información clara y culturalmente pertinente sobre salud ganan respeto y confianza. El bienestar integral ya no es un lujo, es una expectativa legítima hacia las marcas.

3. Protección del medio ambiente y sostenibilidad

La preocupación por el medio ambiente ha crecido entre los consumidores latinos, sobre todo entre las nuevas generaciones. Causas como la reforestación, el manejo de residuos, la reducción del plástico y el cuidado del agua son cada vez más valoradas.

Las marcas que adoptan prácticas sostenibles, ofrecen empaques reciclables o invierten en energías limpias no solo cumplen una responsabilidad ambiental: conectan con un consumidor informado, exigente y propositivo.

4. Apoyo a la mujer y equidad de género

Impulsar la equidad de género es una de las causas sociales para consumidores latinos que genera mayor empatía. Campañas que promueven el empoderamiento femenino, la igualdad salarial o la prevención de la violencia de género tienen gran resonancia en la comunidad.

Las marcas que visibilizan a mujeres en posiciones de liderazgo, promueven productos inclusivos o financian proyectos liderados por mujeres son vistas como agentes de cambio, más allá de su oferta comercial.

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5. Justicia social y derechos humanos

En contextos marcados por desigualdades, la defensa de los derechos humanos y la justicia social es un llamado potente para los consumidores latinos. Esto incluye la lucha contra la discriminación racial, el respeto a las comunidades indígenas o la protección a migrantes.

Las marcas que se posicionan con valentía ante estos temas, respaldan a organizaciones sociales y adoptan prácticas internas inclusivas ganan autoridad moral y preferencia de compra.

6. Apoyo a emprendedores locales y economía comunitaria

El consumidor latino valora profundamente el trabajo de emprendedores locales. Iniciativas que fortalecen las economías comunitarias, como programas de microcréditos, redes de comercio justo o impulso a PYMES, generan una relación de orgullo y pertenencia.

Apoyar el talento local no solo tiene sentido económico, sino también cultural. Las marcas que se integran a estas dinámicas son percibidas como cercanas, solidarias y conscientes de su entorno.

7. Alimentación saludable y seguridad alimentaria

La seguridad alimentaria, especialmente en zonas marginadas, es otra de las causas sociales para consumidores latinos con mayor impacto. Las empresas que donan alimentos, apoyan bancos de alimentos o promueven dietas balanceadas ganan puntos con una audiencia que vive de cerca estas problemáticas.

Además, hay un creciente interés en conocer el origen de los productos, evitar el uso de químicos dañinos y fomentar la agricultura sostenible. Comer bien también es un acto de justicia.

causas sociales para consumidores latinos

8. Respeto y protección a los animales

Las causas relacionadas con el bienestar animal tienen una alta carga emocional entre los consumidores latinos. Campañas de adopción, esterilización y erradicación del maltrato animal tienen una gran recepción y generan una percepción positiva hacia las marcas involucradas.

Asimismo, la eliminación de pruebas en animales y la adopción de ingredientes cruelty-free son cada vez más exigidos por los consumidores que buscan coherencia entre discurso y práctica.

¿Por qué son tan relevantes las causas sociales para consumidores latinos?

Las causas sociales para consumidores latinos son especialmente relevantes por el contexto histórico, cultural y económico que define a esta comunidad. A lo largo del tiempo, muchas personas latinas han enfrentado barreras estructurales que limitan el acceso a oportunidades básicas como la educación, la salud o la vivienda digna. Esta realidad ha generado una sensibilidad particular hacia las causas que promueven la equidad, la justicia y el bienestar colectivo. Por ello, cuando una marca demuestra un compromiso genuino con estas problemáticas, no solo genera empatía: gana legitimidad.

Además, la identidad del consumidor latino está profundamente arraigada en los valores comunitarios, familiares y solidarios. A diferencia de otros mercados que priorizan únicamente lo individual, el consumidor latino tiende a buscar un bien compartido, a sentirse parte de algo más grande. Esto convierte a las causas sociales en una vía poderosa para crear vínculos emocionales entre las marcas y sus audiencias. Las empresas que logran alinearse con los ideales y necesidades de sus comunidades no solo venden productos, sino que cuentan historias compartidas.

causas sociales para consumidores latinos

Por otro lado, el creciente poder adquisitivo de los latinos en diversas regiones, especialmente en Estados Unidos y América Latina, ha elevado su influencia sobre el rumbo del consumo responsable. Esta nueva conciencia no solo se refleja en lo que compran, sino también en lo que deciden no apoyar. El consumidor latino ya no es pasivo: investiga, cuestiona y exige coherencia entre lo que una marca dice y lo que hace. Por eso, las causas sociales para consumidores latinos ya no pueden verse como una estrategia opcional, sino como una parte esencial de cualquier propuesta de valor auténtica y sostenible.

Cómo deben responder las marcas ante estas prioridades

Las empresas no deben caer en el greenwashing o en el uso superficial de estas causas. Es fundamental que la responsabilidad social esté integrada en la operación, la cultura organizacional y el modelo de negocio. Las acciones deben ser sostenidas, medibles y con impacto real.

Escuchar al consumidor latino es también reconocer su capacidad de transformación social. Las marcas que lo hacen con autenticidad tienen la oportunidad de crecer junto con sus comunidades, generando un círculo virtuoso de impacto y rentabilidad.

Las causas sociales para consumidores latinos son un reflejo de sus aspiraciones, luchas y esperanzas. Entender estas prioridades no solo mejora la estrategia comercial de las marcas, sino que las posiciona como actores relevantes en la construcción de un futuro más justo y sostenible.

El reto está en pasar del discurso a la acción, en construir relaciones auténticas basadas en valores compartidos. En un entorno cambiante, el propósito será siempre la brújula que guíe la lealtad de un consumidor cada vez más consciente y exigente.

IA de Musk incluye personaje de anime sexualizado, accesible en modo infantil

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En el universo vertiginoso de la inteligencia artificial, la línea entre innovación y ética es cada vez más delgada. Elon Musk, uno de los empresarios más influyentes del siglo XXI, vuelve a colocarse en el centro del debate con la reciente actualización de Grok, su chatbot desarrollado por xAI. Lo que podría haber sido una celebración tecnológica ha derivado en preocupación: la inclusión de personajes como “Ani”, un avatar anime sexualizado, y “Bad Rudi”, un panda vulgar, ha generado una ola de críticas, sobre todo porque estos están disponibles incluso en el llamado “modo niños”.

De acuerdo con Time, esta nueva funcionalidad plantea serias preguntas sobre la IA de Musk y su compatibilidad con valores fundamentales de responsabilidad digital. Más allá del entretenimiento o la personalización del usuario, surgen dilemas éticos: ¿qué mensaje se está enviando al permitir interacciones sexualizadas con bots accesibles a menores? ¿Dónde está el límite entre la libertad creativa y la protección de las audiencias más vulnerables?

Grok y la nueva frontera de la IA de Musk

La IA de Musk ha sido publicitada como una de las más avanzadas del mundo, con Grok 4 al frente de su evolución. Sin embargo, en lugar de presentar únicamente avances técnicos, el lanzamiento se ha distinguido por sus controvertidas decisiones de diseño. El “modo acompañante”, en particular, permite a los usuarios interactuar con personajes de IA con personalidades distintivas, como la seductora “Ani” o el provocador “Bad Rudi”.

Lo preocupante no es solo el contenido, sino la accesibilidad: incluso cuando la configuración está en modo infantil, algunos usuarios han reportado que Ani sigue disponible. Esto revela fallos en los filtros de seguridad y levanta banderas rojas sobre los criterios que guían el desarrollo de esta tecnología.

Mientras otras empresas líderes en inteligencia artificial se abstienen de cruzar ciertas líneas, la IA de Musk parece desafiar deliberadamente los códigos éticos. Este tipo de decisiones no solo afectan la percepción pública de la tecnología, sino también la confianza en los sistemas que, cada vez más, forman parte de la vida cotidiana.

¿Entre entretenimiento o explotación emocional?

Los nuevos “compañeros” de IA de Musk no solo plantean un riesgo para menores de edad, sino que también abren una discusión más profunda: ¿estamos creando máquinas para satisfacer necesidades humanas legítimas o para explotar nuestras vulnerabilidades emocionales? Boaz Barak, científico de OpenAI, advirtió que el modo acompañante “intensifica los peores problemas de dependencia emocional”. Y tiene razón.

“Ani” responde de manera sensual a las peticiones de los usuarios, desbloqueando funciones cada vez más explícitas conforme avanza la interacción.

Lo que comienza como una conversación casual puede escalar rápidamente a escenarios de contenido sexual, generando preocupaciones sobre su impacto en adolescentes, personas solitarias o en situación de vulnerabilidad emocional.

Para los expertos en responsabilidad social, esto no es entretenimiento inofensivo: es un diseño deliberado que aprovecha vacíos regulatorios para fomentar dinámicas dañinas. La IA de Musk no solo transforma la manera en que interactuamos con la tecnología, sino que también redefine los límites de lo permisible.

Accesibilidad sin control: un riesgo para los más jóvenes

Uno de los puntos más alarmantes del caso Grok es la facilidad con la que menores pueden acceder a contenido sexualizado. Aunque se promociona un “modo niños”, en la práctica, los filtros no funcionan como se espera. Un usuario documentó cómo pudo interactuar con “Ani” sin restricciones, mientras que “Bad Rudi” fue reemplazado por una versión más inocua.

Este doble estándar revela una falta grave de supervisión en el diseño y despliegue del sistema. Si bien el sitio de xAI advierte que el contenido no es “apropiado para todas las edades”, esta nota está oculta tras capas de navegación y no impide el acceso directo.

La IA de Musk, al estar dirigida a usuarios desde los 13 años, debería cumplir estándares mínimos de seguridad infantil, como lo exigen otras plataformas tecnológicas. La omisión de estas salvaguardas no solo es irresponsable, sino potencialmente peligrosa para el desarrollo emocional y cognitivo de los adolescentes.

El componente antisocial de una IA sin filtros

El escándalo no terminó con la sexualización. Apenas una semana antes del lanzamiento de los nuevos personajes, Grok generó respuestas abiertamente antisemitas. En publicaciones públicas, llegó a insinuar que personas con apellidos judíos como “Steinberg” estaban relacionadas con movimientos extremistas, y sugirió que Hitler sería una figura adecuada para combatir el “odio antiblanco”.

Este episodio encendió las alarmas sobre cómo se entrena y se libera la IA de Musk. No se trata solo de un error técnico, sino de una consecuencia directa de instrucciones que alentaban a “no ceder ante lo políticamente correcto”. Las consecuencias fueron inmediatas: Grok fue deshabilitado temporalmente y Linda Yaccarino, directora ejecutiva de X, renunció poco después.

En términos de reputación y responsabilidad social, esta cadena de errores muestra una empresa que prioriza la provocación sobre la ética. El desarrollo de tecnologías tan influyentes no puede estar desligado de principios básicos de respeto, inclusión y seguridad.

Grok y el negocio detrás del escándalo

Paradójicamente, mientras crece la indignación por las decisiones éticas de xAI, la empresa anunció la firma de un contrato de hasta 200 millones de dólares con el Departamento de Defensa de EE. UU. Esto coloca a la IA de Musk en una nueva dimensión: de polémico chatbot a herramienta estratégica de seguridad nacional.

Para quienes trabajamos en responsabilidad social, este giro es inquietante. ¿Puede una IA que falla en proteger a sus usuarios más jóvenes y difunde mensajes discriminatorios ser confiable en escenarios tan delicados como la defensa militar? La falta de controles éticos en su diseño inicial pone en duda su uso en contextos más sensibles.

Además, esta alianza revela una preocupante desconexión entre el comportamiento público de las empresas tecnológicas y las instituciones que las respaldan. La responsabilidad no puede suspenderse cuando hay contratos millonarios de por medio.

¿Dónde está el límite?

La IA de Musk, con todas sus capacidades y potencial, también nos muestra los límites difusos de la innovación sin brújula ética. Desde personajes sexualizados en modo infantil hasta comentarios que glorifican figuras históricas como Hitler, la línea entre lo permisible y lo peligroso ha sido sistemáticamente cruzada.

El argumento de que se trata de “solo un experimento” o “una función personalizable” no exime de responsabilidad. Las decisiones que se toman desde el diseño de estas herramientas impactan directamente en millones de usuarios, especialmente los más jóvenes.

En el corazón de este debate no está la tecnología, sino la ética. Y sin un marco sólido, incluso la IA más avanzada puede convertirse en un riesgo social antes que en un beneficio colectivo.

Innovación con conciencia, o retroceso disfrazado de avance

La polémica en torno a la IA de Musk debe ser un llamado de atención urgente para quienes diseñan, regulan y utilizan inteligencia artificial. No se trata de censura, sino de responsabilidad. El futuro no puede construirse sobre escándalos, riesgos emocionales y omisiones éticas.

Como sociedad, debemos exigir marcos regulatorios que impidan el uso irresponsable de tecnologías con alto impacto social. La IA de Musk, lejos de ser una curiosidad, es un espejo que refleja nuestras propias fallas al permitir que la fascinación por la innovación eclipse la necesidad de proteger a los más vulnerables.

La conversación no debe centrarse en lo que puede hacer la tecnología, sino en lo que debe hacer. Porque cuando la ética queda fuera del código, todo lo que queda es un algoritmo sin alma.

Brecha generacional en la RSE: ¿se percibe igual a los 25 que a los 50?

En un mundo donde los valores sociales evolucionan tan rápido como la tecnología, la percepción sobre la responsabilidad social empresarial (RSE) no escapa al choque generacional. Hoy, entender cómo diferentes edades interpretan la ética corporativa, la sostenibilidad y el compromiso social no es un lujo, sino una necesidad estratégica para cualquier empresa que busque ser relevante.

La brecha generacional en la RSE revela mucho más que simples diferencias de opinión: expone prioridades, contextos históricos y nuevas formas de entender el impacto social de las organizaciones. ¿Ven los jóvenes a la RSE como algo esencial o superficial? ¿Los adultos mayores la conciben como una moda pasajera o una herramienta poderosa? Explorarlo nos ayuda a construir puentes y estrategias más efectivas.

¿Qué es la brecha generacional en la RSE?

La brecha generacional en la RSE se refiere a las diferencias en cómo distintas generaciones perciben, entienden y valoran las acciones sociales, ambientales y éticas de las empresas. Estas diferencias no son menores: impactan directamente en el compromiso interno, la reputación corporativa y la efectividad de las campañas de sostenibilidad.

Por ejemplo, mientras que una persona de 50 años podría valorar más los reportes de impacto o los compromisos a largo plazo, alguien de 25 podría priorizar la autenticidad, la inclusión y la coherencia en redes sociales. Ambas perspectivas son valiosas, pero es esencial saber comunicar y actuar de forma multigeneracional.

No entender esta brecha puede generar desconfianza, desinterés o incluso rechazo por parte de ciertos grupos. En cambio, reconocerla permite a las empresas adaptarse, aprender y evolucionar hacia una cultura organizacional más inclusiva y conectada con su realidad social.

Brecha generacional en la RSE

Cómo perciben la RSE las nuevas generaciones

Millennials y Generación Z suelen ver la RSE como un pilar central en su relación con las marcas. No se trata solo de comprar productos, sino de apoyar causas, exigir coherencia y participar activamente en decisiones éticas. Para ellos, una empresa sin propósito social no tiene futuro.

Estas generaciones valoran la transparencia, la participación comunitaria y las prácticas sostenibles como algo no negociable. Además, son críticos frente al greenwashing y se sienten más conectados con marcas que actúan con autenticidad.

Esto ha llevado a que muchas organizaciones adapten su comunicación y operaciones para captar su atención, sin embargo, hacerlo sin caer en lo superficial requiere conocer profundamente lo que estas generaciones esperan realmente de una empresa socialmente responsable.

Brecha generacional en la RSE

Cómo entienden la RSE las generaciones mayores

Las personas mayores de 45 o 50 años suelen tener una visión más estructurada y tradicional de la responsabilidad social. Valoran los programas institucionalizados, las alianzas con ONGs y la documentación de resultados a través de métricas claras. Para ellos, la RSE es sinónimo de compromiso formal y cumplimiento.

Esto no significa que no les importen temas actuales como la equidad o el medio ambiente, sino que buscan ver resultados tangibles y sostenibles en el tiempo. Les interesa que las acciones sociales estén alineadas con los objetivos del negocio y se integren a la cultura corporativa.

Su experiencia también les otorga una mirada crítica: muchos han visto pasar modas en el discurso empresarial, por lo que desconfían de lo que perciben como “activismo oportunista”. Su expectativa es coherencia a largo plazo, no solo campañas virales.

Brecha generacional en la RSE

El reto de comunicar sin excluir

Una de las mayores dificultades al enfrentar la brecha generacional en la RSE es lograr una narrativa que resuene con todos los públicos. Mientras que los jóvenes prefieren formatos breves, visuales e interactivos, los adultos pueden sentirse más cómodos con informes detallados o comunicados oficiales.

Por eso, las empresas necesitan diversificar su forma de comunicar sus esfuerzos sociales. Incluir a todos en la conversación, desde voluntariados multigeneracionales hasta diálogos internos, puede cerrar esa brecha y fortalecer el sentido de pertenencia.

Además, es clave que los mensajes no solo se enfoquen en lo externo. La comunicación interna juega un papel fundamental para que empleados de todas las edades se sientan parte de la estrategia y puedan ser embajadores genuinos de la RSE.

Adaptar la estrategia RSE al perfil generacional

Cada generación tiene expectativas distintas sobre lo que una empresa debe hacer por la sociedad. Adaptar las acciones de RSE al perfil generacional no implica dividir, sino integrar diferentes visiones para enriquecer la estrategia.

Por ejemplo, los más jóvenes pueden liderar iniciativas digitales o de impacto local ágil, mientras que los mayores pueden fortalecer la institucionalidad, el análisis de impacto y la creación de alianzas duraderas. Esta combinación puede generar una sinergia poderosa.

Integrar estas diferencias requiere flexibilidad, escucha activa y apertura para cuestionar lo que antes se daba por hecho. No se trata de elegir entre una generación u otra, sino de construir modelos de responsabilidad social que incluyan diversas formas de ver el mundo.

Brecha generacional en la RSE

Hacia una cultura organizacional intergeneracional

Una RSE efectiva no se limita a responder a los consumidores: debe construir una cultura donde todas las voces sean escuchadas. Apostar por equipos intergeneracionales puede enriquecer el diseño de programas y generar innovación en la forma de abordar los problemas sociales.

La brecha generacional en la RSE no es un obstáculo, sino una oportunidad para crecer. Las empresas que la reconocen y actúan en consecuencia logran no solo mejores resultados, sino un impacto más profundo y duradero.

Fomentar el diálogo entre generaciones también contribuye a una cultura más inclusiva y empática. Al final del día, la sostenibilidad no es una meta individual, sino un proceso colectivo que necesita del talento y la visión de todas las edades.

De la diferencia al entendimiento

Comprender la brecha generacional en la RSE permite a las organizaciones ser más estratégicas, más humanas y más efectivas. En lugar de ver las diferencias como obstáculos, podemos aprovecharlas como motores de transformación e innovación.

La clave está en escuchar, adaptar y construir espacios de colaboración donde todas las generaciones aporten desde su experiencia y valores. Solo así la RSE dejará de ser una práctica aislada y se convertirá en parte viva de la identidad corporativa.

Del cine al refugio: ¿Por qué Superman está disparando el interés por adoptar?

El nuevo filme de Superman, dirigido por James Gunn, no solo ha llenado salas de cine, también está dejando huella en los refugios de animales. Lejos de ser un simple personaje digital, Krypto —el leal perro del Hombre de Acero— ha conectado con la audiencia al representar, con torpeza y nobleza, lo que implica ser un compañero fiel, aunque imperfecto. Esta conexión emocional no se quedó en la pantalla: se tradujo en un aumento en adopciones impulsado por búsquedas en línea que sorprendieron hasta a los más escépticos.

Según The Guardian, durante el fin de semana de estreno, las consultas de Google como “adoptar un perro cerca de mí” aumentaron un 513 %. Otras frases, como “adopción de perro rescatado cerca de mí” y “adoptar un schnauzer”, también registraron alzas notables. Es evidente que Krypto tocó una fibra emocional. En una época donde los consumidores y ciudadanos buscan referentes éticos y acciones con impacto, un personaje CGI abrió un nuevo camino para la adopción responsable.

Krypto, el nuevo embajador no oficial de los refugios

Aunque Krypto no es el perro más obediente en la película, su lealtad y valentía lo convirtieron en una figura entrañable. Como señaló James Gunn, el personaje fue inspirado en su propio perro rescatado, Ozu: un can traumatizado, destructivo e impredecible, pero profundamente querido. Esta historia personal le dio una autenticidad inusual al personaje, generando una empatía genuina con el público.

La mezcla de schnauzer y terrier que vemos en pantalla no solo ayudó a moldear su apariencia; también provocó un aumento en adopciones de esa raza específica, con búsquedas que subieron 299 %. Aquí, el storytelling se vuelve acción social: Krypto no solo entretiene, sino que moviliza. Y en el contexto actual de saturación de mascotas en refugios, esa movilización es más que bienvenida: es necesaria.

Un aumento en adopciones que va más allá de la tendencia

Woofz, una app de adiestramiento canino, confirmó que el boom en búsquedas no fue una coincidencia. Además, durante los primeros 10 días de julio, más de 450 mascotas fueron adoptadas en EE.UU. gracias a una colaboración entre Warner Bros y Best Friends Animal Society, que cubrió las tarifas de adopción en apoyo al estreno. Este tipo de sinergias entre entretenimiento y responsabilidad social están demostrando que las alianzas creativas sí generan impacto.

Pero también hubo un llamado a la sensatez. Natalia Shahmetova, CEO de Woofz, recordó que la adopción no es una moda pasajera: “El entusiasmo se desvanecerá, pero su perro se quedará”. Su mensaje es crucial para evitar abandonos posteriores. En el mundo de la responsabilidad social, esta reflexión cobra especial importancia: no basta con generar un aumento en adopciones, también hay que fomentar la adopción responsable.

aumento en adopciones

Entre acción y educación: el rol de los medios y las marcas

El caso de Krypto representa un interesante punto de partida para reflexionar sobre el papel que juegan los medios en la construcción de mensajes con propósito. Al humanizar a un personaje animal y mostrar su vulnerabilidad, la película no solo construyó una narrativa empática, sino que promovió un aumento en adopciones como efecto colateral.

Este fenómeno también abre la puerta a un nuevo tipo de colaboración entre estudios, ONGs y marcas: una donde el entretenimiento se convierte en vehículo para la acción social. En tiempos de sobreinformación y fatiga mediática, las historias auténticas y emocionalmente resonantes —como la de Krypto— tienen el poder de reconfigurar prioridades y movilizar comunidades.

Cuando la ficción inspira compromiso real

La historia de Krypto, aunque nacida en la ficción, ha servido como catalizador para una causa muy real: el aumento en adopciones en refugios de animales. Más allá del impacto numérico, lo importante es que esta ola de interés viene acompañada de conversaciones sobre el compromiso, el cuidado y la responsabilidad que implica adoptar.

Para quienes trabajamos en el ámbito de la responsabilidad social, este caso ofrece una lección valiosa: los contenidos con propósito, si se construyen desde la empatía y se articulan con aliados estratégicos, pueden mover más que emociones. Pueden mover voluntades. Y eso, sin duda, es más poderoso que cualquier superpoder.