¿Sabías que usas combustibles fósiles a diario? La química quiere reemplazarlos

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Aunque solemos asociar los combustibles fósiles con gasolina, diésel o generación eléctrica, la realidad es mucho más cercana e invisible: están presentes en la ropa deportiva que usamos, en las cremas que aplicamos sobre la piel, en la pasta dental, en envases y hasta en bolsas de basura. Buena parte de estos objetos cotidianos dependen de glicoles, polímeros, alcoholes y otros compuestos petroquímicos que forman parte de la base industrial de miles de marcas. En otras palabras, convivimos diariamente con productos con combustibles fósiles sin advertirlo, porque su presencia se encuentra integrada en formulaciones, texturas y materiales que damos por sentados.

Sin embargo, esta dependencia está comenzando a cambiar gracias al auge de la química verde y de ingredientes de origen vegetal capaces de replicar —e incluso mejorar— el desempeño de sus equivalentes fósiles. La expansión de soluciones como glicerina derivada de biodiésel, sorbitol vegetal, bioetilenglicol y compuestos como Zemea está impulsando una nueva generación de productos de consumo con menor huella de carbono. 

Sin duda, la sustitución de productos con combustibles fósiles por alternativas bio-basadas representa una transformación profunda en cadenas de suministro, innovación y narrativa ESG.

Productos con combustibles fósiles en la vida diaria y sus sustitutos vegetales

Uno de los mejores ejemplos está en cosméticos y cuidado personal. Lociones, protectores solares, champús, geles de baño y tintes para el cabello suelen utilizar glicoles derivados del petróleo para hidratar, estabilizar conservantes y mejorar la textura. Hoy, compuestos como Zemea, elaborado 100% a partir de maíz, están sustituyendo estas formulaciones sin alterar la experiencia del usuario. El cambio es casi imperceptible para el consumidor, pero estratégico para la industria: se conserva desempeño mientras se reduce dependencia fósil.

productos con combustibles fósiles

Otro caso cotidiano está en alimentos, salud y cuidado bucal. El sorbitol, un alcohol de azúcar de origen vegetal, se ha convertido en pieza clave para sustituir ciertos derivados petroquímicos en pastas dentales, jarabes y productos sin azúcar. Su origen renovable y su versatilidad funcional muestran cómo la química de base biológica puede entrar en segmentos altamente regulados sin sacrificar estabilidad ni seguridad.

La transición también avanza en textiles y empaques. Muchos poliésteres y plásticos dependen de etilenglicoles de origen fósil; sin embargo, el bioetilenglicol producido a partir de maíz o residuos agrícolas ya está habilitando plásticos y fibras con menor intensidad de carbono. Esto es particularmente relevante para marcas de moda, consumo masivo y logística que buscan reducir emisiones Scope 3 sin rediseñar completamente el producto final.

El mensaje de fondo es claro: los productos con combustibles fósiles están siendo reemplazados no por versiones “eco” menos eficientes, sino por soluciones capaces de competir en desempeño, estabilidad y escalabilidad industrial.

Por qué estas alternativas son más sostenibles y qué valor generan

La principal ventaja ambiental de los ingredientes bio-basados es su menor huella de carbono. En el caso de Zemea, Primient Covation reporta hasta 40% menos emisiones de gases de efecto invernadero frente a glicoles derivados del petróleo. Esto convierte a la química vegetal en una herramienta directa de descarbonización para empresas que necesitan avanzar en compromisos net-zero sin comprometer calidad de producto.

productos con combustibles fósiles

Además, estas alternativas fortalecen la resiliencia financiera. Muchos productos con combustibles fósiles están sujetos a la volatilidad de precios del petróleo, lo que impacta costos de manufactura, márgenes y planeación. Los compuestos de origen biológico, al depender de materias primas agrícolas o subproductos de otras industrias, pueden ofrecer una estructura de costos más estable y predecible, un factor especialmente valioso para compras estratégicas y planeación de supply chain.

Desde la perspectiva ESG, el valor va más allá de carbono y costos. La trazabilidad de cadenas de suministro, certificaciones de terceros, programas como USDA BioPreferred, EcoVadis o CDP y la validación externa de desempeño ambiental mejoran reputación, acceso a capital y credibilidad frente a clientes corporativos. La sostenibilidad deja de ser promesa y se convierte en dato verificable.

En términos de innovación, la química verde también amplía posibilidades. Ingredientes como Zemea han mostrado beneficios funcionales inesperados —texturas más ligeras, mejor hidratación o nuevas aplicaciones— que generan ventaja competitiva más allá del discurso ambiental.

El papel de consumidores y empresas en acelerar la transición

Para los consumidores, el cambio más poderoso está en la decisión cotidiana. Elegir productos formulados con ingredientes bio-basados, empaques con menor dependencia petroquímica o marcas que transparenten sus insumos permite crear señales de mercado que aceleren la sustitución de productos con combustibles fósiles. Lo relevante es que este consumo ya no exige sacrificar calidad, ya que muchas de estas soluciones igualan o superan la experiencia tradicional.

Las empresas, por su parte, tienen una responsabilidad estructural mayor: integrar criterios de química sostenible en innovación, procurement y diseño de producto. Sustituir insumos fósiles no debe verse como acción aislada del área ESG, sino como una palanca transversal de eficiencia, reputación, cumplimiento regulatorio y diferenciación de marca.

También será clave la colaboración en cadena de valor. Proveedores, fabricantes, retailers y marcas deben compartir trazabilidad, validación científica y métricas de impacto para escalar estas soluciones. La transición no depende únicamente del laboratorio, sino de la capacidad de la cadena para absorber innovación y traducirla en volumen comercial.

Desde la responsabilidad social, esta evolución representa una oportunidad extraordinaria: demostrar que la sostenibilidad puede habitar en los detalles invisibles del producto, justo donde se toman decisiones químicas que definen el impacto real del consumo masivo.

Adicción a drogas es catalogada como enfermedad: empresas deben priorizar rehabilitación

El Segundo Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito ha reconocido la adicción a las drogas como una enfermedad que puede generar incapacidad temporal. A partir de este criterio, despedir a una persona trabajadora por ausencias vinculadas con farmacodependencia queda fuera del marco permitido, obligando a los empleadores a privilegiar la rehabilitación y, en su caso, la suspensión temporal antes que cualquier rescisión. La resolución no sólo modifica la lectura jurídica de las faltas, sino que introduce una nueva obligación de actuación para las áreas de recursos humanos, cumplimiento y salud ocupacional.

¿Qué implicaciones tendrá esto para el empleador y cómo deberá proceder si detecta un caso de adicción a las drogas dentro de su plantilla? A continuación, analizamos qué exige realmente este criterio, cómo cambia la gestión del riesgo laboral y qué papel deberán asumir las organizaciones frente a un problema que ya es reconocido como asunto de salud pública.

¿Por qué la adicción a las drogas se cataloga como enfermedad?

La resolución del Segundo Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito no surge en el vacío de una demanda por despido injustificado promovida contra el IMSS, donde la parte patronal argumentó que la persona trabajadora acumuló más de tres faltas injustificadas en un mes. Sin embargo, al revisarse el expediente, el Tribunal determinó que dichas inasistencias estaban vinculadas con un padecimiento reconocido clínicamente, por lo que no podían analizarse bajo la lógica tradicional del abandono o incumplimiento laboral. Dicho caso llevó a la revisión del criterio que también descansa en una evolución médica y jurídica.

La justificación central del criterio descansa en que la adicción a las drogas ya había sido reconocida desde 2010 por la Suprema Corte de Justicia de la Nación como una enfermedad, alineándose además con la postura de la Organización Mundial de la Salud y de la Secretaría de Salud, que la consideran un trastorno crónico, incapacitante y perteneciente al ámbito de la salud mental y del comportamiento. Bajo esa lógica, el Tribunal concluyó que las ausencias provocadas por farmacodependencia deben recibir un tratamiento equivalente al de cualquier incapacidad temporal, privilegiando la rehabilitación sobre la sanción.

adicción a las drogas

Más allá del plano legal, el criterio responde a una razón social de fondo: combatir la estigmatización. Durante décadas, la dependencia a sustancias ha sido interpretada como una falla moral o disciplinaria, cuando en realidad responde a factores biológicos, psicológicos, sociales e incluso laborales. El fallo busca precisamente corregir ese sesgo y trasladar al entorno de trabajo una visión basada en derechos humanos, salud y no discriminación.

¿Qué obligaciones adquiere el empleador y cómo deberá proceder?

A partir de este criterio, el empleador adquiere la obligación de no rescindir la relación laboral cuando las ausencias deriven de una incapacidad temporal por adicción a las drogas. La vía correcta será, en todo caso, la suspensión temporal del vínculo mientras la persona recibe atención médica y rehabilitación. Esto obliga a las organizaciones a modificar protocolos internos de ausentismo, sanciones y gestión disciplinaria.

Según informa El Economista, el primer paso debe ser una intervención confidencial y directa con la persona trabajadora. La empresa no debe recurrir a familiares, compañeros o terceros, ya que hacerlo puede vulnerar privacidad y protección de datos sensibles. El acercamiento debe centrarse en confirmar si existe diagnóstico, identificar si la persona desea recibir apoyo y orientarla hacia servicios médicos, psicológicos o psiquiátricos, idealmente a través de instituciones de seguridad social.

También será necesario fortalecer los mecanismos de prevención psicosocial, ya que la adicción a las drogas puede estar asociada con burnout, estrés laboral crónico, violencia organizacional o condiciones de riesgo no detectadas, por lo que la empresa debe revisar la aplicación de la NOM-035, los canales de apoyo emocional y los programas de asistencia al empleado. Más que una obligación reactiva, el criterio obliga a construir capacidades preventivas.

Desde la perspectiva operativa, el protocolo ideal incluye: documentación clínica de ausencias, suspensión justificada, plan de seguimiento, reintegración gradual y capacitación a mandos medios para evitar estigmas. Esto no significa tolerar conductas de riesgo, como presentarse bajo el influjo de sustancias, lo cual sigue siendo causal bajo el artículo 47 de la LFT; significa distinguir entre conducta sancionable y enfermedad tratable

adicción a las drogas

Consecuencias para el empleador por no atender la medida

Ignorar este criterio puede colocar al empleador en una posición de alta vulnerabilidad legal y reputacional. La consecuencia más inmediata sería una demanda por despido injustificado, con exposición a reinstalación, pago de salarios caídos, indemnización constitucional y costos procesales. Dado que el criterio ya reconoce la adicción a las drogas como causa de incapacidad temporal, la rescisión automática perdería sustento frente a tribunales laborales.

A ello se suma el riesgo de que el caso sea interpretado como discriminación por condición de salud, particularmente si la persona no incurrió en trabajo bajo el influjo de sustancias ni puso en riesgo a terceros. En estos escenarios, el despido puede entenderse como una sanción basada en estigma y tabú, no en desempeño objetivo, agravando la responsabilidad patronal.

Un tercer frente crítico es la NOM-035-STPS. Si la farmacodependencia está vinculada con burnout, estrés severo, violencia laboral o ausencia de mecanismos de detección de riesgos psicosociales, la autoridad podría interpretar que la empresa falló en su obligación preventiva. Esto abre la puerta a multas, inspecciones y observaciones sobre incumplimiento normativo.

En términos ESG, estas omisiones pueden deteriorar indicadores de bienestar, seguridad, retención de talento, derechos humanos y gobernanza social. Para el empleador, el costo no será solo jurídico: también puede afectar reputación, clima laboral, productividad y confianza de inversionistas que hoy evalúan con rigor la gestión del capital humano.

adicción a las drogas

ESG, salud pública y corresponsabilidad: el nuevo reparto de responsabilidades entre empresas y gobierno

El reconocimiento de la adicción a las drogas como enfermedad incapacitante temporal no solo redefine obligaciones laborales, sino que reconfigura la frontera de responsabilidades entre sector privado y Estado. El mayor impacto se ubica en la dimensión social, donde las empresas deberán fortalecer sistemas de salud ocupacional, prevención de riesgos psicosociales, protocolos de crisis y mecanismos de acompañamiento clínico sin invadir la esfera médica que corresponde a las instituciones públicas. Esto impactará indicadores clave como ausentismo, accidentabilidad, retención, clima laboral, bienestar y derechos humanos, cada vez más observados por inversionistas, auditorías y agencias de rating ESG.

Sin embargo, la medida también abre un debate legítimo sobre la distribución de cargas. La adicción a las drogas es un problema de salud pública cuya raíz rara vez se limita al trabajo: influyen condiciones sociales, violencia, disponibilidad de sustancias, deterioro comunitario, salud mental insuficientemente atendida y campañas preventivas todavía poco eficaces. Bajo esta realidad, sería desproporcionado trasladar a las empresas una responsabilidad total sobre un fenómeno cuya incubación social ocurre, en gran medida, fuera del centro laboral. El papel del gobierno debe ser mucho más robusto en prevención primaria, regulación de propaganda, fortalecimiento de servicios de salud mental, tratamiento accesible y campañas de concientización sostenidas que reduzcan el estigma y frenen el avance de nuevas adicciones.

Para el sector privado, la responsabilidad correcta no es sustituir al sistema de salud, sino convertirse en un actor de detección temprana y contención responsable. Esto implica integrar la prevención de adicción a las drogas dentro de los sistemas de bienestar corporativo, programas de asistencia al empleado, cumplimiento estricto de la NOM-035 y capacitación de liderazgos para identificar señales de alerta sin criminalizar a la persona trabajadora. Las organizaciones con mayor madurez ESG incluso podrán traducir esta medida en mejores resultados de productividad y menor litigiosidad, al reducir accidentes, ausentismo prolongado y rotación derivada de una intervención tardía.

La consecuencia estructural para los empleadores será una evolución de su modelo de gestión humana: pasar de una lógica sancionatoria a una lógica de prevención, tratamiento y reintegración laboral. Esto implicará inversión en protocolos, mayor coordinación con instituciones de seguridad social y métricas más sofisticadas sobre salud mental y riesgos psicosociales. Pero el impacto social más profundo dependerá de que el gobierno haga su parte: prevenir desde el territorio, reducir la exposición a sustancias, evitar cualquier normalización o propaganda que banalice su consumo y garantizar rutas efectivas de rehabilitación. Solo así la adicción a las drogas dejará de ser un problema que estalla en el trabajo para convertirse en un desafío abordado desde la política pública, la comunidad y la empresa de forma articulada.

adicción a las drogas

Un problema de salud que requiere corresponsabilidad

La resolución del Segundo Tribunal transforma la gestión laboral de la adicción a las drogas al desplazar el enfoque del castigo hacia la rehabilitación y la protección del derecho a la salud. Para las empresas, el desafío inmediato será traducir este criterio en protocolos sólidos de prevención, suspensión temporal, acompañamiento y reintegración, evitando riesgos de discriminación, despido injustificado e incumplimiento de la NOM-035.

No obstante, la sostenibilidad real de esta medida dependerá de la corresponsabilidad. Sin un Estado que fortalezca prevención, tratamiento y campañas públicas efectivas, la carga seguirá desplazándose hacia los empleadores. El verdadero cambio estructural ocurrirá cuando sector público y privado asuman roles complementarios frente a una crisis que ya no puede verse solo como problema individual, sino como una prioridad de salud pública y responsabilidad social.

When the President calls Grupo Modelo “socially responsible,” it’s worth paying attention…

By Edgar López

This occurred during the morning press conference (“Mañanera”) on April 10. In the middle of the announcement about the “Social World Cup” ahead of the 2026 FIFA World Cup, President Claudia Sheinbaum said verbatim:

“I want to thank Grupo Modelo… It is a Socially Responsible Company and, in addition, it has been very generous”.

The phrase is not minor.

Not so much because of the praise itself, but because of the context in which it appears… and what it reveals.

Grupo Modelo
April 10 Conference

During Andrés Manuel López Obrador’s administration, the language of corporate social responsibility occupied a secondary place in the public narrative. Many companies opted for a low profile: less visibility, more restrained messaging, and a clear reduction in prominence on social issues that, at other times, they might have embraced more openly.

In that context, the fact that the president now revives that category and explicitly grants it is not insignificant.

It’s a signal.

But even more interesting is understanding why that company… and why at that moment.

The recognition does not arise from a recent campaign or an isolated action. It emerges from a narrative that the president herself constructs out loud: the donation of 100 million pesos during the pandemic to rehabilitate Hospital La Pastora (now a breast cancer treatment center), an electric mobility project when she was Head of Government, and now a visible participation in the “Social World Cup.”

That’s where the first clue appears… And if we analyze what was presented by Daniel Cocenzo, President of Grupo Modelo, the story is broader. The executive recalled last year’s announced investment of 3.6 billion dollars for the 2025–2027 period, the free Shakira concert in the Zócalo for the company’s centennial, and detailed the three concrete actions through which they are contributing to the Social World Cup: 500 tickets for matches in Mexico—to be given to tournament winners—mobile screens to bring the World Cup to all 32 states, and equipping 35,000 neighborhood businesses with free licenses, televisions, furniture, and refrigerators, aiming to generate economic spillover in communities.

What we see, then, is not just social responsibility. It is a strategy of presence.

Grupo Modelo
April 10 Conference

One that operates on multiple levels at the same time: it intervenes at moments of high visibility (pandemic, centennial, World Cup), inserts itself into public space, integrates business with social experience, and—perhaps most importantly—gets part of that narrative recognized and validated by public authority.

During the “Fourth Transformation” (4T), many companies learned that visibility could be a risk. The result was a retreat: less narrative, less exposure, more discreet operations.

What the Grupo Modelo case demonstrates is that there are ways to reoccupy that space, but under new rules.

Not through empty aspirational discourse, but through alignment with current public agendas. Not through self-celebration, but through connection with what the government needs to highlight. Not through isolated social investment, but through integration with business and the political context.

For those of us working in CSR and ESG, what we observe here is not only a strategy of visibility or alignment with the public narrative, but a way of integrating social responsibility into business in a country like Mexico. In Grupo Modelo’s case, the social dimension does not appear as a separate layer of operations, but as a component that articulates reputation, territorial presence, institutional relationships, consumption, distribution, and community within a single logic of action.

The question, then, is no longer just what cause is supported or how much is invested, but how that commitment is effectively integrated into the business model and engages with the political, economic, and social reality of the environment in which the company operates.

Could this type of expression open the door for more companies to reenter that public space?

It’s possible. Although, as often happens, the door tends to open more easily for those who know how to read the context… and move at the pace set by those in charge.

What this episode reveals is that recognition is no longer built solely on what a company does or says about itself. It is built at the intersection of its concrete actions, what the government needs to highlight, and what society is willing to acknowledge at that moment.

In the case of Grupo Modelo—part of a large global corporation—the post-pandemic evolution is illustrative. After the health emergency, the company reduced the public profile of initiatives like the “Modelo Volunteers” program and concentrated much of its CSR positioning within Corporate Affairs.

What is now celebrated with presidential praise does not seem to arise exclusively from long-term structural programs that generate recognition by their own weight, but also from a notable ability to read the context, synchronize with the public narrative, and step precisely onto the passing train.

These are well-executed actions, yes. But also clearly aligned with the rhythm of the circumstances shaped by the public environment.

Grupo Modelo
AB InBev Materiality Assessment & Report Development

In the end, it is what suits the company in achieving its strategic objectives: reinforcing its social license to operate, generating visible economic spillover, and differentiating itself in a complex environment.

Nothing more… and nothing less.

And there is much to learn from this case.

Because, as the president herself pointed out when referring to the deeper meaning of the Social World Cup:

“That football should not only be the day we watch television—having a beer—but that we also take advantage of it for a healthy life throughout the country”.

The irony is almost perfect.

While the generosity of one of the main producers of that beer is celebrated, the official discourse invites us to move beyond the classic “football + beer” pairing toward something more elevated.

And perhaps that is the best synthesis of what we are seeing.

Companies that help construct the moment… while at the same time being part of what the public discourse itself seeks to nuance.

Corporate social responsibility in Mexico today is played out—more than ever—at that intersection: between business, power, and the narrative of the moment.

A space where it is not enough to do things well.

You also have to know when, how… and with whom to make them visible.


Edgar

Edgar López Pimentel is currently a Director at Expok, where he exercises his leadership every day with a strong passion for social responsibility and sustainable development. His work has significantly contributed to positioning leading companies in the field of corporate social responsibility.

His academic background, enriched by executive education programs in Senior Management at IPADE Business School and IE Business School, as well as a master’s degree in Corporate Social Responsibility from Universidad Anáhuac México Norte, supports his leadership.

Solo 1 de cada 3 estudiantes STEM es mujer en México: ¿y la equidad laboral futura?

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México enfrenta una paradoja que debería encender alertas en la agenda de responsabilidad social y competitividad. Aunque, de acuerdo con Forbes, en el ciclo escolar 2024–2025 las mujeres representan 54% de la matrícula universitaria, su presencia en las disciplinas que configurarán la economía del futuro sigue siendo insuficiente. El dato es contundente: solo una de cada tres personas que estudian STEM es mujer, según un análisis del IMCO en colaboración con Movimiento STEM+. Esta desproporción revela que el acceso a la educación superior no se traduce automáticamente en igualdad de oportunidades en las áreas de mayor crecimiento y mejor remuneración.

El problema no es únicamente educativo: es una falla sistémica en la formación del capital humano del país. La baja participación de mujeres mexicanas en STEM anticipa una brecha futura en empleabilidad, liderazgo tecnológico e innovación inclusiva. En un entorno donde la inteligencia artificial, la automatización y la digitalización están redefiniendo la demanda laboral, dejar fuera a una parte sustantiva del talento femenino significa comprometer la resiliencia económica, la movilidad social y la capacidad de México para competir en la economía del conocimiento.

Mujeres mexicanas en STEM: una brecha que nace antes de la universidad

El rezago no comienza en la elección de carrera, sino mucho antes. De acuerdo con el análisis, 69% de las jóvenes en México no alcanza competencias matemáticas fundamentales en niveles básicos, y la distancia se amplía en niveles avanzados. Esto evidencia que la subrepresentación de mujeres mexicanas en STEM no responde a falta de capacidad, sino a una trayectoria educativa marcada por sesgos de socialización, menor estímulo en ciencias y expectativas culturales que siguen asociando ciertas disciplinas con lo masculino. La universidad solo refleja una desigualdad incubada desde la infancia.

mujeres mexicanas en STEM

La falta de orientación vocacional con perspectiva de género profundiza este patrón. Muchas instituciones siguen abordando la elección profesional desde modelos neutros en apariencia, pero ciegos a las barreras específicas que enfrentan las estudiantes. El resultado es una segregación educativa que posteriormente se convierte en segregación ocupacional. Desde la responsabilidad social corporativa, esto obliga a repensar cómo empresas, fundaciones y sistemas educativos pueden intervenir antes del punto de fuga, fortaleciendo mentorías, referentes femeninos y programas de continuidad académica enfocados en ciencia y tecnología.

El crecimiento del mercado STEM y el riesgo de ampliar la desigualdad laboral

Las implicaciones económicas son directas pues, de acuerdo con Forbes, las carreras STEM ofrecen ingresos 7.4% superiores a otras áreas profesionales, así como mayor acceso a empleo formal y estabilidad laboral. Sin embargo, la baja presencia de mujeres limita su entrada a estos beneficios y prolonga desigualdades que después se reflejan en una brecha salarial de 15% entre hombres y mujeres dentro del propio sector STEM. Es decir, incluso cuando logran ingresar, las condiciones no necesariamente garantizan equidad plena.

El desafío es especialmente crítico porque la demanda de estos perfiles continuará creciendo de forma acelerada. Sectores vinculados con datos, automatización, IA, ciberseguridad, manufactura avanzada y transición energética requerirán cada vez más talento especializado. Si la participación de mujeres mexicanas en STEM no aumenta al mismo ritmo, el país enfrentará un doble costo: por un lado, menos mujeres accediendo a empleos de alto valor; por otro, una escasez de talento estratégico para sectores clave. Esta combinación puede profundizar tanto la desigualdad de género como la brecha de competitividad nacional.

mujeres mexicanas en STEM

Lo que debe cambiar: de la inclusión educativa a la corresponsabilidad empresarial

Cerrar la brecha exige una intervención multisectorial sostenida. El IMCO plantea rutas claras: fomentar el interés por la ciencia desde educación básica, robustecer programas de mentoría, visibilizar referentes femeninos y diseñar políticas públicas que favorezcan permanencia y desarrollo. Pero para que estas medidas tengan impacto estructural, deben articularse con compromisos empresariales más ambiciosos. La agenda de talento ya no puede limitarse al reclutamiento; debe comenzar en la formación temprana, en alianzas escuela-empresa y en estrategias de inversión social que construyan vocaciones STEM con enfoque de equidad.

Para las organizaciones, el reto es estratégico y reputacional. Incrementar la presencia de mujeres mexicanas en STEM no solo responde a una lógica de justicia, sino a una necesidad de negocio: innovación más diversa, mejores decisiones, reducción de sesgos tecnológicos y fortalecimiento de la licencia social para operar en industrias de alta transformación digital. Si no se actúa ahora, la expansión del empleo STEM podría terminar ampliando la brecha de género en lugar de reducirla. La verdadera pregunta no es si habrá más trabajos tecnológicos en el futuro, sino quiénes estarán en condiciones reales de ocuparlos.

La IA habla tu idioma, pero interpreta desde Occidente: el sesgo cultural oculto

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La promesa de la inteligencia artificial multilingüe ha seducido a empresas, gobiernos y usuarios con una narrativa poderosa: si una IA puede responder con fluidez en cualquier idioma, entonces también comprende el contexto social de quien pregunta. Sin embargo, una anécdota ocurrida en Indonesia revela la fragilidad de esa premisa. Lo que ocurrió es que un hombre realizó una consulta a ChatGPT sobre cómo resolver una disputa familiar, pero su respuesta le hizo notar que, pese a contestar con un indonesio perfecto, la respuesta no cuadraba ya que se basaba en presupuestos culturales estadounidenses y no en el contexto cultural de quien hizo la pregunta desde otro lado del mundo. 

Tras notarlo, se lo contó a su amigo, quien resultó ser un investigador que más tarde efectuó todo un análisis sobre el sesgo cultural en la IA y que ahora ha dado origen a un artículo publicado en la Revista Internacional de Sociología Moderna, donde se documenta un patrón de enorme relevancia ética: los grandes modelos lingüísticos dominan idiomas locales, pero continúan razonando desde marcos epistemológicos occidentales. 

El hallazgo, definido como persistencia epistemológica, obliga a revisar una creencia ampliamente extendida en el ecosistema tecnológico: la fluidez lingüística no equivale a comprensión cultural. 

sesgo cultural en la IA

Sesgo cultural en la IA: lo que descubrió la investigación bajo la fluidez multilingüe

Los datos duros detrás del estudio son contundentes. El modelo LLaMA 2 de Meta fue entrenado con aproximadamente 89.7 % de texto en inglés, mientras que LLaMA 3 apenas incorpora alrededor de 5 % de datos en otros idiomas. En paralelo, el árabe —quinto idioma más hablado del planeta— representa menos del 1 % de los grandes datasets de entrenamiento, mientras lenguas con decenas de millones de hablantes, como bengalí o hausa, son prácticamente marginales. Esta asimetría no solo limita representación lingüística: moldea qué valores, nociones de responsabilidad y criterios de “buen resultado” se convierten en norma algorítmica.

El estudio añade un hallazgo especialmente inquietante: investigadores de la University of Oxford identificaron que muchos LLM realizan su razonamiento interno en inglés incluso cuando reciben prompts en otros idiomas. Es decir, el idioma local funciona como interfaz de salida, no como estructura de pensamiento. Bajo esa lógica, conceptos profundamente situados en países como Indonesia, como gotong royong (ayuda mutua comunitaria) o malu (conciencia relacional y regulación social), terminan traducidos a equivalentes psicológicos occidentales como “vergüenza”, perdiendo su dimensión colectiva. Aquí el sesgo cultural en la IA no es anecdótico: es estructural, reproducible y medible.

sesgo cultural en la IA

Cuando la IA ignora cosmovisiones: por qué este problema importa más de lo que parece

La relevancia del fenómeno excede la semántica. Cuando la IA privilegia la fluidez idiomática pero no integra cosmovisiones locales, introduce marcos normativos invisibles en decisiones íntimas, educativas, organizacionales, etc. En los experimentos realizados durante el estudio tambipen se preguntó a la IA sobre la educación empleando la palabra pendidikan (educación) en indonesio. Las respuestas de modelos de IA como ChatGPT, Claude y Gemini priorizaron autonomía personal, pensamiento crítico individual y preparación para el mercado laboral. No obstante, desaparecieron dimensiones históricas de la tradición educativa indonesia: disciplina ética, deber comunitario y formación moral relacional. Lo que se erosiona no es solo un matiz cultural, sino una arquitectura de sentido.

Estos resultados evidencian que el sesgo cultural en la IA puede naturalizar formas de individualismo que debilitan la cohesión social, invisibilizan saberes comunitarios y desplazan valores colectivos. A diferencia de los medios tradicionales, donde el origen cultural del mensaje suele ser reconocible, la IA conversacional opera bajo una apariencia de neutralidad empática. Su tono cercano y personalizado dificulta detectar que ciertas recomendaciones responden a una filosofía moral localizada, no universal. El riesgo reputacional, social y humano para las empresas que despliegan estas herramientas en salud, educación, atención a clientes o bienestar laboral es enorme.

sesgo cultural en la IA

Un cambio poco probable a corto plazo: responsabilidad social de las empresas de IA

No parece que esta situación vaya a modificarse pronto, y la razón es menos técnica que económica. Traducir la salida de modelos entrenados principalmente en inglés es mucho más barato que construir arquitecturas genuinamente multiculturales desde origen. La lógica del mercado favorece escalabilidad, velocidad y captura global, no pluralidad epistemológica. Como ha advertido la investigadora Safiya Umoja Noble, lo que solemos llamar “limitación técnica” suele ser en realidad el resultado de decisiones estructurales sobre infraestructura, propiedad y rentabilidad. El sesgo cultural en la IA emerge así como un subproducto de modelos de negocio, no como una falla accidental.

Desde la óptica de la RSE, esto coloca a las empresas creadoras de IA frente a una responsabilidad histórica. No basta con ampliar idiomas; deben diseñar sistemas que incorporen pluralidad de marcos morales, tradiciones relacionales y nociones no occidentales de bienestar, conflicto y comunidad. El desafío es profundamente social: si estos sistemas continúan exportando individualismos que erosionan vínculos colectivos, podrían reforzar dinámicas de fragmentación social, deslegitimación cultural y homogeneización cognitiva a escala global. La responsabilidad corporativa ya no reside solo en evitar daño, sino en asumir que diseñar IA es también diseñar cultura, ciudadanía y futuro social.

¿Ropa deportiva tóxica? Investigan a Lululemon por químicos potencialmente dañinos

La promesa de bienestar, rendimiento y sostenibilidad que ha convertido a Lululemon en una de las marcas más aspiracionales del mercado athleisure enfrenta hoy una prueba crítica de legitimidad. La compañía se encuentra bajo investigación tras la emisión de una Civil Investigative Demand (CID) por parte del fiscal general de Texas, Ken Paxton, para determinar si sus prendas contienen PFAS —los llamados forever chemicals— y, sobre todo, si informó de manera adecuada a sus consumidores sobre posibles riesgos a la salud.

El caso excede la esfera legal. La narrativa de marca de Lululemon se ha construido sobre salud, autocuidado y desempeño consciente; por ello, la sospecha de tóxicos en ropa Lululemon abre una contradicción reputacional de alta materialidad. Si se confirma la presencia de compuestos persistentes asociados con alteraciones endocrinas, infertilidad o ciertos tipos de cáncer, el caso podría convertirse en un referente sobre debida diligencia fallida, publicidad potencialmente engañosa y deficiencias en la gobernanza de la cadena de suministro.

Tóxicos en ropa Lululemon: la acusación, la investigación y las posturas encontradas

La investigación se centra en determinar si algunas prendas deportivas de la marca contienen PFAS (per- and polyfluoroalkyl substances), compuestos usados históricamente por su resistencia al agua y durabilidad en acabados repelentes.

El fiscal Paxton fue especialmente duro al señalar que no permitirá que “ninguna corporación venda materiales nocivos y tóxicos a consumidores a precio premium bajo la bandera del bienestar y la sostenibilidad”.

La oficina revisará la Restricted Substances List, los protocolos de prueba y las prácticas de proveedores para evaluar si la empresa cumplió con sus propios estándares declarados.

La respuesta corporativa introduce un matiz clave. Lululemon sostiene que eliminó PFAS a inicios de 2024, y que su uso se limitaba a una pequeña porción de productos con tratamiento repelente al agua. Además, afirmó que exige a todos sus proveedores pruebas periódicas mediante terceros acreditados para confirmar cumplimiento continuo. El núcleo del conflicto, por tanto, no es únicamente la presencia actual o pasada de tóxicos en ropa Lululemon, sino si la empresa gestionó con suficiente transparencia el riesgo químico y si su narrativa comercial pudo inducir a error a consumidores que asocian la marca con bienestar integral.

Qué químicos están bajo sospecha y cuáles son sus riesgos para la salud

Los PFAS son conocidos como forever chemicals porque se degradan extremadamente lento en el ambiente y pueden acumularse en agua, suelo, fauna y en el organismo humano. La United States Environmental Protection Agency explica que, debido a su persistencia y uso extendido, hoy se detectan en la sangre de personas y animales a escala global, y diversos estudios los vinculan con efectos adversos para la salud.

Entre los riesgos más citados en la acusación aparecen alteraciones endocrinas, infertilidad y ciertos tipos de cáncer, además de potenciales afectaciones metabólicas e inmunológicas. La preocupación no es menor: cuando estos compuestos están en textiles de uso cotidiano y contacto directo con la piel —especialmente en prendas deportivas sometidas a sudor, fricción y uso prolongado— se amplifica la sensibilidad pública frente a los posibles tóxicos en ropa Lululemon. Más allá del debate científico sobre dosis y exposición real por prenda, la sola posibilidad de que una marca wellness comercialice materiales de esta naturaleza erosiona la percepción de seguridad del consumidor.

Riesgo reputacional, costos y debida diligencia fallida

Desde una lectura ESG, este caso representa un riesgo severo en las tres dimensiones, pero especialmente en Governance y Social. En gobernanza, la pregunta central es si la empresa contó con una debida diligencia química robusta, trazabilidad real sobre insumos y mecanismos preventivos capaces de identificar PFAS antes de que se convirtieran en un problema legal. Si una compañía cuyo posicionamiento premium se sustenta en salud y sostenibilidad no logra anticipar riesgos materiales en su propia cadena, la señal para inversionistas y stakeholders es de debilidad estructural en compliance de producto.

En el plano social, el impacto potencial es aún más delicado. La sospecha de tóxicos en ropa Lululemon implica un posible daño directo a consumidores que, precisamente, compran la marca para mejorar su bienestar físico. Aquí la irresponsabilidad corporativa no estaría solo en usar sustancias nocivas, sino en no haber activado principios de prevención, precaución y transparencia radical frente a riesgos emergentes. La omisión en estos tres frentes puede traducirse en litigios colectivos, caída en confianza, afectación a fidelidad de marca y cuestionamientos de fondos ESG con políticas estrictas de salud del consumidor.

Los costos económicos también pueden ser significativos. A corto plazo, la empresa enfrenta gastos de investigación, asesoría legal, revisión de proveedores, nuevas auditorías químicas y potencial rediseño de materiales y de hecho, tras la noticia, las acciones de la marca ya empezaron a caer. A mediano plazo, si la investigación confirma incumplimientos, podrían sumarse sanciones regulatorias, compensaciones, retiros de producto y pérdida de valor de marca. Con ingresos superiores a 11 mil millones de dólares en 2025, el golpe no pondría necesariamente en riesgo la viabilidad financiera de la firma, pero sí puede erosionar múltiplos de valuación y elevar el costo reputacional de seguir vendiendo una promesa de bienestar sin una debida diligencia suficientemente preventiva.

La lección para líderes de responsabilidad social es contundente: en industrias de consumo, la sostenibilidad ya no puede limitarse a storytelling o materiales reciclados. Debe incluir gestión química preventiva, vigilancia científica, transparencia de supply chain y protocolos de sustitución segura. El caso de tóxicos en ropa Lululemon recuerda que, cuando la narrativa de bienestar supera la evidencia de seguridad, el riesgo ESG deja de ser reputacional y se convierte en una amenaza de valor empresarial.

Trump arremete contra León XIV tras sus declaraciones sobre la guerra

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La escalada verbal entre la Casa Blanca y el Vaticano abrió en las últimas horas un frente de alto riesgo reputacional, geopolítico y ético. Lo que comenzó con una condena moral del papa León XIV a la guerra en Oriente Medio —sin aludir a ningún mandatario en particular— derivó en una respuesta frontal del presidente Donald Trump, quien decidió personalizar el mensaje y convertirlo en un conflicto político directo que trasciende la polémica mediática y pone en tensión la relación entre liderazgo, narrativa pública y legitimidad moral.

La disputa Trump vs León XIV evidencia cómo, en escenarios de guerra y alta polarización, la comunicación de líderes globales puede convertirse en un acelerador de riesgos sistémicos. Mientras el pontífice insistió en “promover la paz” y reiteró que la Iglesia tiene la obligación moral de alzar la voz contra la violencia, Trump respondió con descalificaciones personales, acusaciones sobre Irán y una puesta en escena digital que numerosos sectores calificaron de blasfema e irrespetuosa. En clave ESG, no se trata solo de retórica: se trata del efecto que estos mensajes tienen sobre cohesión social, gobernanza internacional y confianza institucional.

Trump vs León XIV: la cronología de un choque que escaló de la paz al agravio

El punto de partida de este enfrentamiento verbal fue la declaración pública de León XIV del sábado, cuando imploró a los líderes globales: “¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra!”. El mensaje, deliberadamente universal, evitó nombres y países, manteniendo la tradición diplomática vaticana de condenar el conflicto desde principios morales y no desde la confrontación partidista. Sin embargo, la lectura política desde Washington transformó el llamado en un cuestionamiento personal al presidente estadounidense.

La respuesta llegó el domingo. Trump declaró: “No soy un gran seguidor del papa León. Él es una persona muy liberal”, para luego acusarlo de “jugar con un país que quiere un arma nuclear”. Más tarde endureció el tono en Truth Social: “No quiero un papa que critique al presidente de Estados Unidos”, además de calificarlo como “DÉBIL en materia de crimen, y terrible para la política exterior”. La tensión alcanzó un nuevo umbral cuando publicó una imagen generada por IA donde se representaba con iconografía religiosa y, posteriormente, otra en la que aparecía como figura semejante a Jesucristo, ambas ampliamente denunciadas como escandalosas e irrespetuosas.

Lectura ESG: cuando la retórica de alto nivel se convierte en riesgo sistémico

El conflicto Trump vs León XIV debe leerse como un caso de riesgo ESG de alta materialidad, donde la comunicación pública de dos actores con influencia sistémica altera variables de gobernanza, estabilidad geopolítica y cohesión social. La confrontación no ocurre en un vacío simbólico: sucede en medio de la guerra con Irán, con implicaciones sobre energía, cadenas de suministro, volatilidad financiera, percepción de riesgo soberano y seguridad internacional. Cuando el presidente de Estados Unidos acusa al pontífice de “jugar con un país que quiere un arma nuclear”, la retórica trasciende la opinión política y se convierte en una señal que puede afectar decisiones de mercado, posturas diplomáticas y marcos de legitimidad institucional.

Para tomadores de decisiones, la primera capa de análisis está en la G de Governance: la erosión de protocolos mínimos de interlocución responsable entre liderazgos de máxima jerarquía. La buena gobernanza —sea estatal, corporativa o multilateral— exige preservar canales de diálogo con actores que operan como amortiguadores de conflicto. En este caso, León XIV mantuvo una narrativa consistente de paz, multilateralismo y reconciliación, incluso después del ataque directo, insistiendo en que no busca debatir políticamente sino defender un principio moral. Trump, en cambio, desplazó la conversación al terreno del descrédito personal, debilitando el valor institucional del desacuerdo. Para un comité de riesgo, esto equivale a un indicador de deterioro en la gobernanza diplomática, con potencial impacto en negociaciones multilaterales, cooperación internacional y credibilidad de compromisos públicos.

La segunda capa corresponde a la S de Social, donde el riesgo más relevante es la normalización de la polarización moral como herramienta de liderazgo. El uso de imágenes religiosas generadas por IA para amplificar la confrontación —incluida la representación de sí mismo como figura semejante a Jesucristo— introduce un componente de agravio identitario que puede detonar respuestas emocionales en comunidades religiosas, electorados conservadores y grupos de fe transnacionales. Desde la gestión ESG, esto debe traducirse en una alerta de riesgo de fractura de stakeholders, particularmente en audiencias donde religión, nacionalismo y legitimidad política están profundamente entrelazados. La materialidad social no está en la anécdota visual, sino en su capacidad para radicalizar percepciones, erosionar confianza y amplificar discursos de exclusión.

Hay además una tercera dimensión clave para consejos y áreas de sostenibilidad: la materialidad reputacional cruzada. El caso Trump vs León XIV muestra cómo una confrontación entre líderes externos puede modificar el mapa de exposición reputacional de empresas, inversionistas y organizaciones con operaciones en sectores sensibles. Energía, defensa, logística, banca, seguros, tecnología y consumo masivo podrían verse impactados por la volatilidad narrativa derivada del conflicto, especialmente si la escalada retórica afecta la estabilidad en Medio Oriente o las relaciones entre Washington y actores europeos cercanos al Vaticano. Para una organización, esto implica actualizar matrices de stakeholders, escenarios de crisis y mapas de sensibilidad geopolítica.

La lección para liderazgo corporativo es profunda: la comunicación de alto nivel entre jefes de Estado y líderes religiosos debe gestionarse como un factor exógeno de riesgo empresarial, no como ruido político. Hoy, una declaración presidencial o pontificia puede mover mercados, alterar percepciones regulatorias, activar boicots sociales o impactar cadenas globales con la misma rapidez que una sanción económica.La conclusión estratégica es clara: en escenarios de guerra, la retórica pública se convierte en infraestructura de riesgo. Si el lenguaje abre mediación, reduce volatilidad; si humilla, ridiculiza o absolutiza al adversario, amplifica riesgo sistémico. Para quienes evalúan parámetros ESG, el caso Trump vs León XIV es un recordatorio de que la gobernanza responsable también exige medir la calidad ética del discurso que estructura la paz, la diplomacia y la confianza global.

El deber ser: comunicación ética entre jefes de Estado y líderes 

El deber ser de la comunicación responsable entre jefes de Estado, líderes religiosos y actores con influencia global exige distinguir entre desacuerdo y deslegitimación. Criticar una postura es legítimo; reducir al otro a un enemigo simbólico, ridiculizar su investidura o instrumentalizar imágenes religiosas para fines políticos rompe principios básicos de ética pública. En el caso Trump vs León XIV, la frontera se cruzó cuando la narrativa abandonó el debate sobre la guerra para centrarse en ataques identitarios y representaciones visuales que lesionan sensibilidades colectivas.

Para quienes trabajan en responsabilidad social, este episodio deja una lección estratégica: la ética comunicacional no es un valor accesorio, sino un componente de gobernanza. La palabra de un presidente o de un pontífice tiene externalidades globales sobre paz, cohesión y legitimidad democrática. En tiempos de conflicto, la responsabilidad no está solo en lo que se dice, sino en evitar que la comunicación se convierta en combustible para una espiral de hostilidad política, religiosa y social.

La conclusión estratégica es clara: en escenarios de guerra, la retórica pública se convierte en infraestructura de riesgo. Si el lenguaje abre mediación, reduce volatilidad; si humilla, ridiculiza o absolutiza al adversario, amplifica el riesgo sistémico.

¡ALV, HDTPM! La campaña que usa humor mexicano para combatir el desperdicio de alimentos

Cheaf —plataforma que conecta excedentes de alimentos con consumidores— lanza una nueva campaña Out of Home (OOH) que apuesta por el humor característico de la cultura mexicana para enfrentar un problema serio: el desperdicio de alimentos. Bajo el concepto “No es lo que piensas. Es mejor.”, busca generar conciencia a través de dobles lecturas que provocan una pausa y resignifican expresiones cotidianas. 

En México, más de 30 millones de personas viven en inseguridad alimentaria, mientras cada año se desperdician más de 30 millones de toneladas de alimentos, según la Red de Bancos de Alimentos de México y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El fenómeno no solo tiene implicaciones ambientales, sino que evidencia una oportunidad desaprovechada de redistribución.

El reto no solo está en reducirlo, sino en cómo comunicarlo sin caer en mensajes que el consumidor simplemente ignore. 

“Esto nos motivó a cambiar la conversación alrededor del desperdicio sin recurrir a la culpa o al discurso aspiracional, con un enfoque cercano, cotidiano y culturalmente relevante que conecte con las audiencias desde el humor y la familiaridad”, señaló Brenda Cárdenas, Directora de Marketing y Relaciones Institucionales de Cheaf en México. 

Destacó que la campaña comenzará a partir de abril en espacios de alto flujo, como lo son estaciones y trenes del Metro, Metrobús y camiones en vía pública en Ciudad de México, utilizando siglas comúnmente asociadas a expresiones coloquiales para reinterpretarlas con un giro positivo.

Más allá de la ejecución en exteriores, la campaña está diseñada como un ecosistema de conversión. Las piezas en vía pública funcionan como primer punto de contacto, mientras que en canales digitales se amplifica el mensaje con adaptaciones al lenguaje de cada plataforma. La campaña tiene como objetivo lograr más de 230 millones de impactos, cubriendo algunos de los corredores y ubicaciones estratégicas de mayor afluencia en la Ciudad de México. 

desperdicio de alimentos

Ejemplos como “HDTPM” (Hartos de Tirar Productos Maravillosos) y “ALV” (Alimentos Lejos del Vertedero) juegan con la expectativa del espectador para transformar un mensaje que inicialmente puede parecer irreverente en una invitación a reflexionar.

“Más que apelar a la culpa, la intención es conectar desde lo cotidiano. Queremos hablar de un problema real desde un lugar distinto, más cercano a cómo nos comunicamos en México: el humor tiene un poder enorme para abrir conversaciones incómodas y hacerlas accesibles”, añadió Cárdenas. 

En México, una parte significativa del desperdicio de alimentos ocurre en negocios como supermercados, restaurantes y panaderías, donde productos en perfecto estado dejan de venderse por razones como sobreproducción, estándares estéticos o cercanía a su fecha de consumo. 

Frente a este contexto, Cheaf ofrece una alternativa al conectar estos excedentes con personas dispuestas a comprarlos, dándoles una segunda oportunidad antes de que se pierdan.

La nueva campaña continúa la línea de comunicación de la marca, que ha destacado por su tono irreverente con mensajes como “Wey, no mermes” y “¿Pastel viejo? Viejo tú que aplaudes al bailar”. Con esta activación, Cheaf busca posicionarse no solo como una app funcional, sino como una marca capaz de traducir un problema sistémico en un mensaje culturalmente relevante.“No es lo que piensas. Es mejor” es una invitación a cuestionar, reinterpretar y actuar. “Si logramos que alguien se detenga, sonría y después replantee su forma de consumir, ya dimos un primer paso. La clave es que ese momento se traduzca en acción”, finalizó Cárdenas.

Cómo la logística estandarizada ayuda a mantener la cadena de frío en la industria láctea

La industria láctea depende de una logística altamente especializada para garantizar que productos como leche, yogur y queso lleguen en condiciones óptimas desde su origen hasta el consumidor final. En este sector, mantener una cadena de frío eficiente —un sistema continuo de almacenamiento, transporte y distribución bajo temperatura controlada— es fundamental para preservar la calidad, seguridad y vida útil de los productos perecederos. 

A nivel global, los desafíos para mantener esta infraestructura siguen siendo significativos. De acuerdo con el informe Sustainable Food Cold Chains: Opportunities, Challenges and the Way Forward, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la falta de sistemas de refrigeración eficientes provoca la pérdida de aproximadamente 526 millones de toneladas de alimentos al año, equivalentes al 12% de la producción alimentaria mundial (UNEP & FAO, 2022). 

Diversos estudios sobre logística alimentaria señalan que estas pérdidas están estrechamente relacionadas con fallas en infraestructura, transporte y coordinación dentro de las cadenas de suministro de productos perecederos. En el caso de los lácteos, cuya estabilidad depende de mantener temperaturas controladas desde su producción hasta el consumo, una cadena de frío eficiente se vuelve un elemento clave para garantizar la seguridad alimentaria y reducir desperdicios a lo largo de la cadena logística. 

Logística estandarizada para proteger productos perecederos

Uno de los factores que contribuyen a mejorar la eficiencia de la cadena de frío es la estandarización de las plataformas logísticas, incluyendo los pallets utilizados en transporte y almacenamiento. 

CHEP opera bajo un sistema de pallets compartidos y reutilizables, fabricados con madera proveniente de fuentes sustentables. Este modelo permite extender el ciclo de vida de cada plataforma, minimizar residuos y reducir el uso de madera virgen dentro de las redes logísticas.

Gracias a este sistema de pooling y reutilización, los clientes de CHEP han logrado:

  • reducir 8,227,627 kg de emisiones de CO₂,
  • evitar 10,277,515 kg de residuos
  • ahorrar 37,663,737 dm³ de madera, lo que equivale a preservar más de 36 mil árboles dentro de las cadenas de suministro.
CHEP

En sectores como el lácteo, donde la eficiencia operativa es fundamental para mantener la integridad de la cadena de frío, el uso de pallets certificados facilita el manejo logístico dentro de cámaras de refrigeración y centros de distribución, además de optimizar los tiempos de carga y descarga y reducir el riesgo de daño a producto. 

Circularidad y colaboración en las cadenas de suministro

La adopción de modelos logísticos circulares también está ganando relevancia dentro de la industria alimentaria, donde cada vez más empresas buscan reducir su impacto ambiental sin comprometer la eficiencia operativa. 

En México, esta transición también comienza a reflejarse en el marco regulatorio. En enero de 2026 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Ley General de Economía Circular, cuyo objetivo es impulsar un modelo productivo que incremente la vida útil de los productos, minimice la generación de residuos y promueva el aprovechamiento eficiente de los recursos a lo largo de toda la cadena de valor (DOF, 2026). En este contexto, soluciones logísticas basadas en la reutilización y estandarización de plataformas, como los sistemas de pooling de pallets, adquieren mayor relevancia para industrias que buscan mejorar su eficiencia operativa y reducir su impacto ambiental. 

De acuerdo con Giovanni Mirabent, Country General Manager para México y Key Accounts para América Latina:

“La transición hacia cadenas de suministro más circulares requiere repensar cómo se utilizan y gestionan los recursos dentro de la logística. Modelos como el pooling de pallets permiten extender la vida útil de los materiales, reducir residuos y mejorar la eficiencia operativa, algo especialmente relevante para industrias como la alimentaria, donde la logística es crítica”.

En un contexto donde la demanda de alimentos continúa creciendo y las cadenas logísticas se vuelven cada vez más complejas, fortalecer la infraestructura de la cadena de frío y adoptar soluciones logísticas más eficientes será clave para reducir desperdicios, mejorar la seguridad alimentaria y avanzar hacia redes de suministro más sostenibles.

Laboratoria: los trabajos de mujeres tienen un riesgo de automatización 3 veces mayor que los de los hombres

En un mercado laboral en constante transformación, en Laboratoria, organización social que empodera a mujeres de México y Latinoamérica a través de habilidades humanas cruciales en el mercado laboral actual y conocimientos tecnológicos, presenta su visión sobre el futuro del trabajo ante el auge de la Inteligencia Artificial (IA). En este nuevo paradigma, reafirma su compromiso para discutir la manera en que el contexto global impacta en las posibilidades para que estas mujeres obtengan empleos de calidad y continúa preparándolas para las demandas de la economía digital regional. 

Un punto de partida desigual: la brecha persiste 

A pesar del crecimiento digital en la región, las mujeres continúan enfrentando barreras sistémicas. Según el informe “Un desafío pendiente: la brecha de género en tecnología en Latinoamérica”, realizado por Laboratoria y McKinsey, en 3 de cada 4 empresas las mujeres son minoría en roles tecnológicos. Tras años de avances, en 2023 esta brecha volvió a ampliarse por primera vez desde 2016.

El contexto actual muestra factores críticos de desigualdad:

  • Baja postulación: Solo un tercio de los aplicantes a puestos tecnológicos son mujeres.
  • Segregación de roles: Existe una alta concentración de mujeres en diseño y análisis de datos, pero una presencia casi inexistente en ciberseguridad o desarrollo back-end.
  • Desigualdad salarial: En promedio, las mujeres en el sector ganan un 24% menos que sus pares masculinos.

Y, además, la IA ha cambiado las reglas del juego

En este contexto de disparidad, en donde los trabajos de las mujeres corren el riesgo de automatizarse 3 veces más que los de los hombres, la llegada de la IA ha modificado drásticamente las expectativas de las empresas. De acuerdo con el Foro Económico Mundial (FEM), se espera que el 39% de las habilidades clave cambien para 2030. Aunque se proyecta la creación neta de 78 millones de empleos a nivel global, el mercado demanda perfiles cada vez más especializados en IA, big data, ingenierías fintech y aprendizaje automático. En años recientes, en Laboratoria se ha constatado que, para las empresas, el reto ya no es solo atraer talento que sepa usar herramientas, sino profesionales capaces de orquestarlas estratégicamente.

“Las habilidades técnicas son importantes, pero ya no son suficientes en la era de la IA. Necesitamos preparar a las mujeres en habilidades digitales, sí, pero en igual medida en el desarrollo de pensamiento creativo y crítico, resiliencia, flexibilidad y liderazgo, que van a la alza de acuerdo con el Foro Económico Mundial. Las egresadas de todos nuestros programas se desenvuelven en ambos aspectos, y están preparadas para el panorama laboral actual”, afirma Ursula Quijano, directora para México de Laboratoria.

Laboratoria

Laboratoria: soluciones para un entorno cambiante

Tras 11 años de experiencia capacitando a mujeres en condiciones de subempleo y desempleo en México y 10 países más de Latinoamérica, Laboratoria ha evolucionado sus modelos de formación para responder a estas nuevas necesidades. La organización ha pasado de entrenar exclusivamente programadoras a fortalecer habilidades adyacentes a la tecnología, para que puedan desempeñarse en áreas diversas como ventas, operaciones y marketing, entre otras, reconociendo que todos los trabajos están siendo habilitados por la tecnología, pero sin olvidar el factor humano ni las habilidades de liderazgo y pensamiento crítico indispensables en el mercado laboral hoy.

Para las mujeres, Laboratoria ofrece un enfoque integral que combina:

  • Agencia personal: Desarrollo de la autoconciencia, confianza y resiliencia, factores críticos para el éxito laboral actual.
  • Habilidades técnicas y de IA: Formación continua en análisis de datos y manejo de herramientas de IA generativa.

Para las empresas, que cada vez más están invirtiendo en programas de reskilling y upskilling Laboratoria se convierte en un aliado estratégico que facilita:

  • Conexión con talento diverso: Acceso a una red de mujeres capacitadas que reduce tiempos de contratación y mejora la productividad.
  • Capacitación a la medida: Diseño de programas personalizados para potenciar las habilidades digitales específicas que cada compañía requiere.
  • Servicios de outplacement: Programas de transición profesional con enfoque humano para empleados despedidos, financiados por el empleador.
  • Marca empleadora e impacto social: Posicionamiento como líderes comprometidos con la diversidad y la inclusión en la era digital.

En conjunto, de la mano de empresas aliadas y mujeres de la región, Laboratoria trabaja continuamente para que los puestos laborales en la era de IA sean inclusivos, diversos y cuenten con un talento capacitado con las habilidades que el futuro demanda. Para más información visita https://laboratoria.la/