Sin contrato: así trabajan 17.1 millones de personas en México; ¿las consecuencias?

La fotografía más reciente de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) confirma una de las fracturas más persistentes del mercado laboral mexicano: 17.1 millones de personas subordinadas y remuneradas trabajan sin un contrato por escrito, lo que equivale a 41.4% del total bajo relación de subordinación. La cifra no sólo revela un rezago en la formalización del empleo, sino una falla estructural en la gobernanza laboral de miles de organizaciones que siguen tratando la certeza documental como una formalidad secundaria.

Para quienes observan el fenómeno desde la responsabilidad social, el dato es más que estadístico: millones de trabajadores sin contrato sostienen operaciones, ventas, logística, manufactura y servicios sin una base clara sobre salario, funciones, jornada, causales de rescisión o beneficios adicionales. Aunque la ley protege sus derechos, la ausencia del documento incrementa la opacidad de la relación laboral y erosiona la confianza en el estado de derecho dentro de la empresa.

Más preocupante aún, la tendencia no mejora con la velocidad necesaria. De hecho, de acuerdo con El Economista, al cierre de 2025, la proporción de personal sin contrato repuntó 0.7 puntos porcentuales, y en la última década apenas se ha reducido 4.6 puntos, lo que evidencia que la formalización documental sigue avanzando a un ritmo insuficiente para la escala del problema.

La lectura crítica es contundente: cuando la incertidumbre contractual alcanza a millones de personas, el problema deja de ser administrativo y se convierte en un riesgo material para derechos humanos, reputación corporativa, productividad y cumplimiento.

 trabajadores sin contrato

Precariedad documental y normalización del incumplimiento

El hallazgo más revelador no es sólo el número, sino lo que representa en términos culturales. Como advierte Katia Everardo, especialista en relaciones laborales, la falta de contratos es uno de los incumplimientos más comunes porque “se pasa por alto y se percibe como una formalidad”. Ese punto es clave: la cifra sugiere que en México todavía persiste una cultura empresarial donde la relación laboral se activa operativamente antes que jurídicamente.

Esto genera un entorno donde los trabajadores sin contrato operan con menor claridad sobre su categoría, alcance de funciones, indicadores de desempeño y mecanismos de salida. Vanessa Díaz, directora de Laboral MX, subraya que el contrato no sólo acredita la relación, sino que delimita con precisión qué debe hacer el colaborador y qué ocurre si incumple. Sin ese marco, la gestión del talento queda sujeta a interpretaciones ambiguas, fricciones internas y mayor conflictividad.

Desde una óptica de calidad de vida, esta falta de certeza se traduce en estrés financiero, dificultad para planear patrimonio, obstáculos para acceder a crédito y una sensación constante de vulnerabilidad frente a cambios unilaterales en jornada, salario o beneficios.

¿Por qué ocurre? Entre cultura de informalidad, formatos genéricos y omisión patronal

Las razones detrás del fenómeno son múltiples, pero convergen en una lógica estructural: muchas empresas siguen subestimando el valor estratégico del contrato. En algunos casos, la explicación es operativa: pymes sin área laboral robusta, procesos de contratación acelerados o dependencia de formatos descargados que no reflejan la realidad del puesto. En otros, responde a una visión de corto plazo que privilegia flexibilidad y rapidez sobre certeza jurídica.

Aquí emerge otro hallazgo crítico: el problema no es sólo la ausencia del documento, sino la falta de personalización. Las especialistas coinciden en que copiar formatos genéricos sin adaptarlos a industria, puesto, necesidades del negocio o modalidad de contratación debilita la capacidad probatoria del patrón y la claridad funcional del colaborador. En otras palabras, no basta con “tener contrato”; debe ser un instrumento coherente con la realidad del trabajo.

Para los trabajadores sin contrato, esta omisión abre la puerta a sobrecarga de tareas, redefinición arbitraria del puesto y dificultades para defender límites razonables de responsabilidad, lo que repercute directamente en bienestar, engagement y permanencia.

regreso de los combustibles fósiles

Consecuencias para empresa y trabajador: certeza jurídica rota, litigio y deterioro de vida laboral

La Ley Federal del Trabajo es clara. El artículo 24 establece que las condiciones laborales deben constar por escrito, y el artículo 26 precisa que la falta del contrato no priva al trabajador de sus derechos, sino que la omisión se imputa al patrón. Esto hace que el mayor riesgo recaiga sobre la empresa.

El impacto jurídico es profundo: ante una controversia, el empleador carece del elemento central para acreditar salario, horario, jornada, prestaciones o beneficios supralegales. Como ejemplifica Katia Everardo, si un colaborador acredita razonablemente una jornada extensa, un salario superior o incluso un fondo de ahorro, la ausencia del contrato suele inclinar la interpretación a favor del trabajador. Esto puede derivar en litigios costosos, contingencias laborales y pasivos no previstos.

Para el empleado, la consecuencia más visible es la reducción de calidad de vida. Los trabajadores sin contrato viven con menor certidumbre sobre vacaciones, días de descanso, bonos, crecimiento interno y condiciones de salida. Esta ambigüedad debilita la sensación de justicia organizacional, aumenta ansiedad y reduce la percepción de dignidad laboral, un componente central en cualquier agenda ESG seria.

El papel de las empresas: formalizar como estrategia de responsabilidad social y debida diligencia

El combate a este problema no puede limitarse al cumplimiento normativo. Para las empresas, formalizar contratos debe entenderse como una herramienta de sostenibilidad social, gestión del riesgo y construcción de confianza. La certeza documental protege al colaborador, fortalece la posición jurídica del patrón y mejora la claridad de expectativas, funciones y mecanismos de evaluación.

 trabajadores sin contrato

Desde la RSE, esto implica profesionalizar procesos de contratación, entregar copia del documento antes del inicio de labores, adaptar cada contrato al puesto real y evitar formatos genéricos que no resistan auditoría o juicio. También supone integrar esta práctica en políticas de derechos humanos, compliance laboral y debida diligencia de cadena de suministro, especialmente en proveedores intensivos en mano de obra.

La lección estratégica es clara: reducir el universo de trabajadores sin contrato no sólo fortalece el estado de derecho, también mejora clima laboral, productividad, reputación y resiliencia corporativa. En un mercado donde la legitimidad empresarial depende cada vez más de la calidad del empleo, la formalización ya no es burocracia: es una ventaja competitiva ética.

¿Empaques sostenibles o greenwashing? Señalan a Unilever, Mondelez, Mars, Kraft Heinz

La sostenibilidad se ha convertido en uno de los territorios más disputados dentro de la comunicación corporativa. En particular, los empaques han pasado de ser un elemento funcional a un símbolo visible del compromiso ambiental de las marcas. En los supermercados europeos, frases como “cero residuos plásticos” o “100 % reciclado” no solo informan: seducen, construyen confianza y orientan decisiones de compra.

Sin embargo, en paralelo a este auge narrativo, crece también el escrutinio. Diversas investigaciones han comenzado a cuestionar la veracidad de estas afirmaciones, revelando que detrás de muchas soluciones aparentemente sostenibles existen procesos complejos, poco transparentes y, en algunos casos, contradictorios con los objetivos climáticos. Es en este punto donde el concepto de greenwashing en empaques sostenibles deja de ser una sospecha para convertirse en una conversación urgente.

La promesa verde que conquista supermercados

De acuerdo con Voxeurop, recorrer los pasillos de cualquier supermercado europeo es encontrarse con una narrativa cuidadosamente construida. Productos icónicos de marcas globales destacan sus credenciales ambientales en empaques, etiquetas y campañas digitales. Desde chocolates hasta alimentos procesados, la sostenibilidad se presenta como un atributo casi estándar dentro de la oferta.

Empresas como Unilever, Mondelez, Mars y Kraft Heinz han integrado estos mensajes como parte central de su posicionamiento. En sus sitios web y reportes corporativos, enfatizan el uso de materiales reciclados, la reducción de emisiones y su contribución a la economía circular. Para el consumidor, esto genera la percepción de estar frente a decisiones responsables y alineadas con el cuidado del planeta.

Empaques sostenibles o greenwashing

No obstante, esta narrativa —aunque potente— no siempre refleja la complejidad detrás de los procesos productivos. La distancia entre lo que se comunica y lo que realmente ocurre en la cadena de suministro comienza a abrir una brecha que merece ser analizada con mayor rigor.

El rol oculto de la industria petrolera

Detrás de estos empaques “sostenibles” se encuentra una red industrial mucho más amplia de lo que parece a simple vista. En el centro de esta red está Saudi Aramco, considerada la mayor contribuyente corporativa al calentamiento global, que a través de su filial SABIC suministra materiales plásticos utilizados por grandes marcas de consumo.

Esta relación introduce una paradoja difícil de ignorar: la misma industria que ha impulsado el uso masivo de combustibles fósiles ahora se posiciona como proveedora de soluciones circulares. Aunque el discurso se enfoca en innovación y reciclaje, la base del sistema sigue siendo el petróleo. Para especialistas en sostenibilidad, este vínculo no es menor. Implica que los avances en empaques pueden estar condicionados por intereses económicos que priorizan la continuidad del modelo fósil, más que una transformación real hacia alternativas sostenibles.

Greenwashing en empaques sostenibles: la narrativa vs la realidad

El greenwashing en empaques sostenibles se hace evidente cuando se analizan las herramientas que permiten a las empresas sostener sus afirmaciones. Una de las más utilizadas es el balance de masas, un sistema contable que asigna contenido reciclado a productos finales sin que este esté necesariamente presente de forma física.

En términos prácticos, esto significa que un envase puede comercializarse como reciclado aunque contenga una proporción mínima de material recuperado.

La diferencia entre lo real y lo declarado queda diluida en cálculos técnicos que el consumidor promedio no tiene forma de verificar.

Este mecanismo, aunque legal en ciertos contextos, plantea cuestionamientos éticos relevantes. Especialmente en un momento donde la transparencia y la trazabilidad son pilares fundamentales de la responsabilidad social empresarial.

greenwashing en empaques sostenibles

Reciclaje químico: ¿solución o simulación?

El reciclaje químico ha sido presentado como una de las grandes innovaciones para enfrentar la crisis del plástico. A través de procesos como la pirólisis, los residuos se transforman en materia prima que puede reincorporarse a la producción de nuevos materiales. Sin embargo, la evidencia sugiere que esta tecnología dista de ser una solución definitiva. Diversos estudios muestran que puede generar más emisiones que la producción de plástico virgen, debido a su alta demanda energética y a la complejidad del proceso.

Además, su eficiencia es limitada. Solo una fracción del material procesado logra convertirse en nuevos polímeros, mientras que el resto se pierde o se destina a otros usos. Esto reduce significativamente su impacto positivo en términos ambientales.

greenwashing en empaques sostenibles

La ilusión de la circularidad

La economía circular se ha convertido en uno de los conceptos más utilizados dentro del discurso empresarial. No obstante, en el caso de los plásticos, su implementación real sigue siendo marginal frente a la magnitud del problema.

A nivel global, apenas el 6 % del plástico producido proviene de materiales reciclados, mientras que el 94 % restante sigue dependiendo de resinas vírgenes de origen fósil.

Esta proporción evidencia que la circularidad, en muchos casos, es más aspiracional que operativa. En este contexto, hablar de empaques sostenibles sin abordar la reducción en la producción de plástico puede resultar insuficiente. La circularidad no solo implica reciclar mejor, sino producir menos y diseñar de forma más inteligente.

greenwashing en empaques sostenibles

Greenwashing en empaques sostenibles: métricas bajo sospecha

Otro elemento clave en esta discusión es la forma en que se construyen las métricas ambientales. Muchas empresas basan sus afirmaciones en análisis de ciclo de vida que comparan sus procesos con escenarios hipotéticos, como la incineración de residuos. Este enfoque permite generar cifras de “emisiones evitadas” que no necesariamente reflejan reducciones reales. En algunos casos, incluso procesos más contaminantes pueden parecer positivos bajo estas metodologías.

El resultado es una narrativa respaldada por datos que, aunque técnicamente válidos, pueden inducir a interpretaciones engañosas. Para los expertos, esto subraya la necesidad de estándares más estrictos y comparables.

Regulación europea: avances y contradicciones

La Unión Europea ha dado pasos importantes para regular el uso de plásticos y promover el reciclaje. Normativas como el PPWR buscan incrementar el contenido reciclado en envases y reducir su impacto ambiental. Sin embargo, la inclusión de mecanismos como el balance de masas dentro de este marco regulatorio ha generado controversia. Mientras algunos lo ven como una herramienta pragmática, otros lo consideran una concesión a la industria.

Esta ambigüedad regulatoria refleja la tensión entre avanzar en sostenibilidad y mantener la competitividad económica. Un equilibrio que, hasta ahora, sigue siendo difícil de alcanzar.

El peso del lobby y los incentivos económicos

El desarrollo del reciclaje químico no puede entenderse sin considerar la influencia de la industria petroquímica en la toma de decisiones. A través de inversiones, alianzas y actividades de cabildeo, estas empresas han logrado posicionar sus soluciones como parte de la agenda política. Además, una cantidad significativa de recursos públicos ha sido destinada a financiar estas tecnologías. Esto plantea interrogantes sobre la eficiencia de estas inversiones y su alineación con los objetivos climáticos.

En este escenario, la sostenibilidad deja de ser únicamente una cuestión ambiental para convertirse también en un tema de gobernanza y poder económico.

Alternativas: rediseño y reutilización

Frente a las limitaciones del reciclaje químico, diversas organizaciones y expertos proponen enfoques más estructurales. Entre ellos, destacan el rediseño de envases, la eliminación de materiales innecesarios y la promoción de sistemas de reutilización. El reciclaje mecánico, aunque menos sofisticado, sigue siendo más eficiente y menos intensivo en carbono. Además, avanzar hacia envases monomateriales puede facilitar su procesamiento y aumentar su tasa de recuperación.

Estas soluciones requieren cambios profundos en la forma en que se diseñan y consumen los productos. Pero también representan una oportunidad real para reducir el impacto ambiental.

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El consumidor en medio de la complejidad

En medio de esta discusión, el consumidor enfrenta un entorno cada vez más complejo. La abundancia de etiquetas, certificaciones y mensajes ambientales dificulta distinguir entre prácticas genuinas y estrategias de marketing. Esto no solo afecta la confianza, sino también la capacidad de tomar decisiones informadas. Cuando todo parece sostenible, nada lo es realmente. Por ello, la transparencia se vuelve un elemento clave. No basta con comunicar; es necesario hacerlo de manera clara, verificable y alineada con la realidad operativa.

El debate sobre los empaques sostenibles pone en evidencia las tensiones entre narrativa, regulación e impacto real. Aunque existen avances importantes, también persisten prácticas que pueden caer en el greenwashing en empaques sostenibles, debilitando la credibilidad del sector.

Superar este desafío implica ir más allá de la innovación tecnológica y apostar por una transformación sistémica. Esto incluye repensar los modelos de producción, fortalecer la regulación y, sobre todo, alinear el discurso con acciones verificables. La sostenibilidad, en última instancia, no se construye en las etiquetas, sino en las decisiones estructurales que definen cómo producimos, consumimos y nos relacionamos con el entorno.

¿Por qué los líderes empresariales están dejando de hablar de sostenibilidad?

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Durante el pico de ambición corporativa entre 2021 y 2022, la sostenibilidad ocupó un lugar privilegiado en los discursos de los CEO: compromisos net zero, hojas de ruta ESG, promesas de cadenas limpias y anuncios públicos de transformación dominaron reportes, foros y llamadas con inversionistas. Sin embargo, ese protagonismo comenzó a diluirse cuando las organizaciones pasaron del storytelling a la implementación. Lo que Bain & Company identifica como una “recesión” del tema en la conversación ejecutiva no refleja desinterés, sino un ajuste estratégico frente a la complejidad real de ejecutar objetivos climáticos en contextos de presión financiera, incertidumbre regulatoria y cadenas de suministro fragmentadas.

Tal cómo señala Sustainability Magazine, hoy el panorama muestra que los líderes han vuelto a hablar de sostenibilidad, pero ya no desde la lógica aspiracional de hace unos años. El lenguaje se ha desplazado hacia costos, resiliencia operativa, inversiones de capital, proveedores y competitividad industrial. En otras palabras, la sostenibilidad regresa menos como discurso autónomo y más como infraestructura de desempeño empresarial. Esta transición, lejos de restarle relevancia, la está insertando en decisiones críticas sobre electrificación, emisiones de Alcance 3, abastecimiento de minerales estratégicos e inteligencia artificial aplicada a eficiencia.

¿Por qué los líderes empresariales dejaron de hablar de sostenibilidad?

La aparente reducción en la visibilidad del tema durante un periodo respondió, en gran medida, a un baño de realidad corporativo. Tras una primera fase marcada por metas ambiciosas, muchos CEO descubrieron que hablar de sostenibilidad era mucho más sencillo que traducirla en decisiones operativas consistentes a lo largo de cadenas globales, presupuestos restringidos y métricas auditables. La complejidad de descarbonizar proveedores, rediseñar portafolios y absorber CAPEX verde obligó a un replanteamiento que temporalmente sacó el tema del centro del discurso.

Sin embargo, ese silencio relativo está tocando fondo. La sostenibilidad está regresando con prioridades diferentes, anclada menos en reputación y más en creación de valor, continuidad del negocio y capacidad de respuesta frente a shocks geopolíticos, tecnológicos y de mercado. Para los CEO, volver a hablar de sostenibilidad hoy implica discutir vehículos eléctricos, cadenas de baterías, materiales críticos, presión de clientes B2B y trazabilidad de emisiones, es decir, una agenda más instrumental, menos simbólica y potencialmente más transformadora.

hablar de sostenibilidad

De la narrativa al desempeño: cómo cambian las prioridades al hablar de sostenibilidad

Uno de los hallazgos más reveladores de Bain & Company surge del análisis de más de 35 mil declaraciones de CEO de 150 empresas líderes entre 2018, 2022 y 2024. Mientras en 2018 predominaban referencias al cumplimiento normativo y al beneficio social, hoy las menciones se concentran en variables de negocio: costos, clientes, inversiones de capital y riesgo operativo. El dato es clave porque muestra que hablar de sostenibilidad ya no se articula como una agenda paralela, sino como una lente para gestionar desempeño empresarial y competitividad.

Jean-Charles van den Branden, socio sénior y líder global de sostenibilidad en Bain, lo resume con precisión:

“Puede que los directores ejecutivos hablen menos sobre sostenibilidad, pero lo compensan con hechos”.

Esta “brecha entre lo que se dice y lo que se hace” redefine el papel del liderazgo. La lectura crítica es clara: la madurez del tema no se mide por volumen discursivo, sino por su capacidad de integrarse a decisiones financieras, compras, pricing, resiliencia de cadena y planeación de crecimiento.

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Hablar de sostenibilidad desde la transformación industrial: baterías, EV y geopolítica

El segundo gran cambio está en el enfoque. La sostenibilidad ya no se limita a compromisos climáticos abstractos, sino que se expresa en transformaciones industriales concretas. Los vehículos eléctricos y la tecnología de baterías son quizá el mejor ejemplo. La caída global en costos, junto con la política industrial china y la expansión de empresas como CATL y BYD, ha acelerado la adopción mucho más rápido de lo previsto, demostrando que la sostenibilidad se vuelve estratégica cuando converge con escala, eficiencia y ventaja competitiva.

Los datos son contundentes: China hoy refina 70% del litio grado batería y 90% del grafito grado batería del mundo. Esto obliga a los CEO a hablar de sostenibilidad desde una óptica geoeconómica: acceso a materias primas, seguridad de suministro y soberanía industrial. Para las empresas, la transición ya no depende únicamente del consumidor final, sino del control upstream de insumos críticos y de la capacidad para construir ecosistemas productivos resilientes.

La nueva instrumentalización: ejecución, alcance 3 e IA

El tercer desplazamiento ocurre en la forma de ejecutar. Hoy, la conversación se ha desplazado hacia la ejecución fina: cómo traducir esos compromisos en sistemas, procesos, datos y decisiones de negocio que resistan la presión financiera y la complejidad de cadenas globales. En este sentido, volver a hablar de sostenibilidad implica menos énfasis en promesas aspiracionales y más atención a capacidades internas de implementación, monitoreo y corrección.

El punto más crítico de esta instrumentalización está en las emisiones de Alcance 3, precisamente porque representan la parte menos controlable de la huella corporativa. Para muchas industrias, estas emisiones pueden superar ampliamente a las emisiones directas, ya que dependen de proveedores, logística, uso del producto y fin de vida. Esto obliga a las empresas a desarrollar nuevos mecanismos de gobernanza con su cadena de valor: trazabilidad de insumos, cláusulas contractuales de descarbonización, programas de acompañamiento a proveedores, métricas compartidas y esquemas de compras que premien desempeño ambiental. Para especialistas en RSE, aquí se está redefiniendo la frontera entre sostenibilidad y procurement, ya que hablar de sostenibilidad hoy exige intervenir las decisiones de abastecimiento con el mismo rigor con el que se gestionan costos o calidad.

La dificultad está en que esta presión no se distribuye de manera homogénea. Los clientes, especialmente en entornos B2B, están elevando sus expectativas más rápido de lo que muchos proveedores pueden transformar sus operaciones. Bain advierte que en sectores vinculados a energía, electrificación y manufactura, cada vez más ejecutivos prevén que los objetivos net zero llegarán más tarde de lo previsto justamente por la fragilidad de la cadena extendida. Esto genera una tensión estratégica: mientras las empresas líderes endurecen sus exigencias, buena parte de su ecosistema aún carece de capital, tecnología o visibilidad de datos para responder. Por ello, hablar de sostenibilidad se ha vuelto inseparable de la gestión de riesgo sistémico y continuidad operativa.

En paralelo, la inteligencia artificial está emergiendo como la capa tecnológica que vuelve posible esta nueva etapa de ejecución. La IA no sólo ayuda a automatizar reportes ESG; su valor real está en la capacidad para anticipar ineficiencias, modelar escenarios y optimizar decisiones complejas en tiempo real. Desde algoritmos que identifican hotspots de emisiones en redes logísticas, hasta modelos predictivos para consumo energético, mantenimiento de activos, planeación de rutas o simulación de demanda, la IA convierte la sostenibilidad en una disciplina de precisión. Las compañías más avanzadas ya la utilizan para mapear emisiones de proveedores, detectar riesgos de interrupción en minerales críticos y priorizar inversiones con mejor retorno climático-financiero.

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Menos discurso, más arquitectura empresarial

La aparente disminución del protagonismo del tema en la voz de los CEO no significa que la sostenibilidad haya perdido centralidad; significa que ha dejado de ser un discurso ornamental y se ha convertido en una arquitectura de negocio. La verdadera evolución no está en cuántas veces un líder decide hablar de sostenibilidad, sino en cuántas decisiones críticas —desde CAPEX hasta abastecimiento de litio— ya están siendo filtradas por criterios climáticos, de resiliencia y competitividad.

Para quienes lideran algún área de responsabilidad social, esta transición exige una lectura más sofisticada. La sostenibilidad corporativa madura cuando deja de depender de grandes anuncios y empieza a expresarse en cadena de suministro, política industrial, IA, electrificación y gestión del riesgo. En ese sentido, que los CEO vuelvan a hablar de sostenibilidad desde la ejecución puede ser una señal mucho más poderosa que el entusiasmo retórico de años anteriores: menos promesa, más transformación real.

Nueva evidencia muestra que pesticidas y microplásticos podrían acelerar la resistencia de las bacterias a los antibióticos

Los pesticidas y los microplásticos —dos contaminantes que suelen estudiarse de forma independiente— podrían estar interactuando en el medio ambiente de maneras que intensifican el estrés microbiano y aceleran la resistencia de las bacterias a los antibióticos. Esta es la advertencia que surge del proyecto Microcosmic Understanding of Pathway Pollution and Solution on Pesticides, un esfuerzo de investigación internacional en curso en el que el Tecnológico de Monterrey desempeña un papel central a través del trabajo del Prof. Manish Kumar, profesor distinguido de la Escuela de Ingeniería y Ciencias (EIC), bajo el programa Faculty of Excellence del Tecnológico de Monterrey.

Las proliferación de las bacterias resistentes a los antibióticos ya es considerada una “pandemia silenciosa”, que podría ser responsable de más muertes anuales que el VIH/SIDA y la malaria combinados. Esta nueva investigación sugiere que los contaminantes ambientales —y no solo el mal uso clínico de los antibióticos— podrían estar contribuyendo a su propagación.

Los pesticidas están viajando mucho más lejos de lo que se esperaba. Durante décadas, los investigadores se han centrado en la contaminación por pesticidas en los suelos, los residuos de cultivos y la escorrentía de agua. Sin embargo, el consorcio ha descubierto una ruta inquietante y pasada por alto: ahora se están encontrando residuos de pesticidas en muestras de aire a altitudes significativas e incluso en regiones donde no se ha producido un uso reciente de estos químicos.

El consorcio sobre Soluciones a la Contaminación por Pesticidas está emitiendo una fuerte alarma sobre esta vía atmosférica subestimada. Los pesticidas pueden volatilizarse, adherirse a partículas en el aire y ser transportados a grandes distancias, extendiendo la contaminación mucho más allá de los campos donde fueron aplicados originalmente.

“Nuestro objetivo inicial era monitorear la contaminación del suelo y del agua”, explica el Dr. Kumar. “Sin embargo, cuando descubrimos que las concentraciones de pesticidas en el aire eran significativamente más altas que en el agua o el suelo, nuestra investigación tomó un nuevo giro crítico. La atmósfera está emergiendo ahora como un medio de transporte activo para los productos químicos agrícolas, y este desarrollo es profundamente preocupante, con implicaciones de gran alcance que apenas comenzamos a comprender”.

pesticidas y microplásticos

Microplásticos: los “vehículos” que amplifican la amenaza

Uno de los componentes más sorprendentes de la investigación es el papel de los microplásticos. Una vez que se dispersan en el medio ambiente —a través de la degradación de envases, tejidos, residuos industriales o desechos urbanos— estas partículas interactúan tanto con contaminantes químicos como con microorganismos.

Las simulaciones de laboratorio y los análisis de campo sugieren que:

●  Los microplásticos absorben los pesticidas fácilmente, actuando como depósitos móviles.

●  Transportan bacterias en sus superficies, creando microecosistemas llamados “plastiesferas”.

●  Las condiciones abrasivas y de estrés de estas superficies pueden aumentar las tasas de mutación microbiana.

El Dr. Kumar resume el fenómeno con una analogía sencilla: “Los microplásticos actúan como taxis. Transportan pasajeros —metales, pesticidas y microbios— juntos. Y cuando las bacterias experimentan estrés químico, como la exposición a microcontaminantes como pesticidas o metales, comienzan a intercambiar genes de supervivencia. Algunos de esos genes son precisamente los que causan la resistencia a los antibióticos”.

Esta interacción crea lo que los científicos llaman “puntos críticos de desarrollo de RAM (Resistencia a los Antimicrobianos)”, entornos que fomentan el intercambio de genes entre microbios, acelerando la evolución de cepas resistentes que luego pueden llegar a los animales, las plantas y los seres humanos.

Estamos ante un problema complejo en la intersección de la agricultura, la contaminación y la salud global: el proyecto de investigación integra disciplinas que rara vez se combinan en los estudios ambientales tradicionales: rastreo isotópico ambiental, análisis microbiológico y genómico, muestreo atmosférico, química del suelo, ingeniería agrícola y modelado ambiental.

Al reunir estas perspectivas, el consorcio descubrió patrones que no serían visibles a través de estudios aislados.

“Los problemas ambientales no se presentan en categorías separadas. Microplásticos, pesticidas, bacterias: todos coexisten en los mismos ecosistemas. La complejidad de su interacción es exactamente la razón por la que muchos de estos fenómenos han permanecido ocultos”, añade el Dr. Kumar.

pesticidas y microplásticos

Un consorcio global: 8 países, 21 investigadores y una misión científica compartida

El proyecto Microcosmic Understanding of Pathway Pollution and Solution on Pesticide (Comprensión microcósmica de las rutas de contaminación y soluciones para pesticidas) reúne a expertos de: India, Japón, México, Reino Unido, Alemania, Australia y varios países de la Unión Europea, representando diversos campos como la hidrología, la ciencia del suelo, la química atmosférica, la ingeniería química, la ecología microbiana y la toxicología ambiental. La colaboración busca crear datos comparables entre regiones, mejorando la capacidad de rastrear el movimiento global de contaminantes y desarrollar estrategias internacionales de mitigación.

El Tecnológico de Monterrey contribuye mediante herramientas avanzadas de isótopos ambientales e investigación en microbiología ambiental, reforzando su creciente liderazgo en sostenibilidad, transformación de la industria y salud, los tres pilares de la Escuela de Ingeniería y Ciencias.

Perspectivas científicas clave que surgen del estudio:

1.- El transporte de pesticidas por aire está más extendido de lo esperado: Los pesticidas pueden moverse a través de la atmósfera y depositarse en ecosistemas mucho más allá de las fronteras agrícolas.

2.- Los microplásticos están alterando el comportamiento de las bacterias ambientales: La exposición a mezclas de contaminantes cambia las vías metabólicas microbianas, los mecanismos de supervivencia y las respuestas al estrés.

3.- Los contaminantes combinados pueden acelerar la resistencia a los antimicrobianos: El estrés químico aumenta las tasas de transferencia horizontal de genes, el proceso mediante el cual las bacterias intercambian rasgos de resistencia.

4.- Las mezclas de contaminantes se comportan de forma diferente a los contaminantes individuales: Los marcos regulatorios evalúan los químicos mayoritariamente de forma aislada; esta investigación sugiere que las mezclas del mundo real se comportan de maneras que no pueden predecirse estudiando los contaminantes por separado.

5.- Las poblaciones vulnerables están expuestas de manera desproporcionada: Los niños, los trabajadores agrícolas y las comunidades rurales pueden estar experimentando rutas de exposición ocultas.

pesticidas y microplásticos

El Dr. Jürgen Mahlknecht, líder del Núcleo de Investigación en Clima y Sostenibilidad de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, y co-investigador del consorcio, también destaca la urgencia de abordar el tema, que muestra profundas implicaciones globales y regionales en los sistemas de salud, la agricultura y la regulación: “Si los contaminantes ambientales están acelerando la resistencia a los antimicrobianos, entonces esto no es solo un problema agrícola: se convierte en un problema de salud, un problema de seguridad alimentaria y un problema social”.

La investigación subraya la necesidad de fortalecer la regulación de los contaminantes atmosféricos y de microplásticos, actualizar los estándares ambientales para incluir mezclas de contaminantes, adoptar tecnologías de aplicación de pesticidas más controladas e invertir en vigilancia ambiental que vincule la contaminación con las bacterias resistentes a los antibióticos.

En América Latina, donde el uso de pesticidas es elevado y el monitoreo de microplásticos aún es incipiente, los hallazgos son particularmente relevantes. México, debido a sus condiciones climáticas e intensidad agrícola, podría enfrentar una dispersión acelerada de contaminantes suspendidos en el aire.

El consorcio continuará con: experimentos de microcosmos controlados para analizar eventos de transferencia de genes, modelado de transporte atmosférico, huella isotópica de contaminantes a través de los continentes y el desarrollo de recomendaciones de mitigación para los gobiernos y la industria. La siguiente fase también incluye esfuerzos de comunicación más amplios para ayudar al público a comprender la conexión entre la contaminación ambiental y la resistencia a los antimicrobianos.

Cuatro años transformando tapitas en acciones: Moen y Banco de Tapitas consolidan su impacto social y ambiental

Lo que comenzó como un esfuerzo local hace cuatro años, hoy se consolida como un pilar de responsabilidad compartida. Moen, la marca de grifería número 1 en Norteamérica, anuncia el inicio de su cuarta campaña anual de recolección de tapitas, tras cerrar un 2025 donde la participación ciudadana y de sus colaboradores permitió recolectar 162 kilogramos.

Esta iniciativa, realizada en alianza estratégica con Plaza Avanta y a beneficio de Banco de Tapitas A.C., no es solo un programa de reciclaje; es un ecosistema de economía circular que genera recursos directos para tratamientos oncológicos de niños y jóvenes de hasta 21 años en todo el país.

Llegar a nuestro cuarto año consecutivo no es solo una cifra, es la prueba de que la constancia genera cambios reales. En Moen no solo gestionamos el agua de forma inteligente, también gestionamos nuestro impacto en el planeta. Cada kilogramo recolectado es una doble victoria: retiramos plástico del ecosistema y brindamos una oportunidad de vida a un niño, señala May Ann Nadonga, vicepresidente de ventas y marketing para Moen México.

Moen y Banco de Tapitas

La campaña está profundamente arraigada en Mission Moen, la ambiciosa estrategia global de la marca que busca proteger los recursos hídricos y reducir la huella de plástico en los océanos. Al recolectar 162 kg en el último año, Moen ha logrado evitar la emisión de aproximadamente 215 kg de CO2 a la atmósfera, demostrando que el diseño de lujo y la conciencia ecológica pueden y deben coexistir.

El contenedor ubicado en Plaza Avanta, en Monterrey, Nuevo León, se ha convertido en un punto de referencia para la comunidad. Durante este 2026, Moen invita nuevamente a sus colaboradores, aliados y al público en general a depositar sus tapitas de plástico (de alimentos, productos de aseo y cuidado personal).

¿Cómo participar en 2026?

  • Lugar: contenedor oficial Moen en Plaza Avanta, Monterrey.
  • Qué recolectamos: tapas de plástico de cualquier tipo de envase.
  • El objetivo: superar la meta de 2025 y seguir convirtiendo residuos en esperanza de vida.

En Moen, creemos que la innovación debe ser humana. Este cuarto año reforzamos nuestro compromiso con el Banco de Tapitas A.C., porque estamos convencidos de que el futuro se construye con acciones circulares, sociales y sostenibles, concluye Nadonga.

Consulta la página www.moen.com.mx para conocer más sobre la marca.

El agua diseña nuestra vida, ¿quién diseña para el agua?

Moen

El Movimiento Va por Mi Cuenta supera los 62 millones de pesos y fortalece la seguridad alimentaria en México

Fundación Alsea, A.C. anunció que la campaña 2025 del Movimiento Va por Mi Cuenta recaudó $62,337,122 pesos, alcanzando un récord y superando los $51.8 millones obtenidos en la edición anterior.

La campaña, que se llevó a cabo del 1 de octubre al 14 de diciembre de 2025, invitó a clientes, colaboradores y aliados a sumarse a través de distintas formas de participación, como donativos en restaurantes, aportaciones a través de la página oficial y la compra de productos con causa dentro de las marcas de Alsea, en cerca de 2,000 unidades a nivel nacional.

El monto beneficiará en este 2026 a más de 1 millón 400 mil personas en comunidades vulnerables de todo el país, a través de iniciativas enfocadas en seguridad alimentaria, implementadas de manera directa y en colaboración con organizaciones aliadas.

Como parte de este esfuerzo, Fundación Alsea, A.C. informó que integrará a siete nuevas organizaciones beneficiarias durante este 2026 que fueron seleccionadas a través de su convocatoria de inversión social 2025, lo que permitirá ampliar su impacto en distintas comunidades del país apoyando a más de 15 organizaciones que trabajan en pro de la alimentación este año.  

Las instituciones que se suman como aliadas son: Un Kilo de Ayuda, BiFAM, Christel House México, Fundación ¿Sabías Qué…?, Fundación Nutriendo por un Futuro, Fundación para la Asistencia Educativa (FAE) y Patronato Pro Zona Mazahua.

“Este resultado refleja la confianza en el Movimiento y demuestra que, a través de acciones cotidianas, es posible generar un cambio significativo y sostenible en las comunidades donde estamos presentes”, señaló Ivonne Madrid, directora de Fundación Alsea, A.C.

Gracias a esta inversión, durante 2026 Fundación Alsea, A.C. apoyara un total de 22 proyectos relacionados con la alimentación, para contribuir a su misión de generar bienestar en personas y comunidades vulnerables, a través de inversión social sustentable.

El anuncio se realizó en el marco de la mesa de diálogo “Impacto de la RSE en la industria restaurantera para la transformación social de México”, organizada por Fundación Alsea, A.C. en Casa Cemefi, sede del Centro Mexicano para la Filantropía.

El encuentro contó con la participación de Iliana Jiménez, directora de mercadotecnia de Domino’s Pizza; Jaime Vásquez, Director de Restaurantes Alsea; Saraí Jiménez, directora de Construcción y Reputación de Marca de Starbucks México; Valentina Villa Ordorica, directora general de Fundación Santander México; y Ricardo Bucio, presidente ejecutivo del Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), quienes reflexionaron sobre los retos y oportunidades de la responsabilidad social empresarial en la industria.

El Movimiento Va por Mi Cuenta suma más de una década impulsando la colaboración entre colaboradores de Alsea, sus marcas, clientes y aliados estratégicos para contribuir a la seguridad alimentaria en comunidades vulnerables. A la fecha, la iniciativa ha servido cerca de 10 millones de comidas nutritivas.

En su intervención, Valentina Villa Ordorica destacó la importancia de la coinversión como un mecanismo para potenciar el alcance de este tipo de iniciativas.

“Ser reconocidos como aliado del Movimiento refleja el valor de sumar capacidades entre sectores para atender desafíos complejos como la educación. Desde Fundación Santander México, entendemos que la colaboración permite generar soluciones más integrales y sostenibles. Compartimos con Fundación Alsea una visión clara de impacto social, centrada en ampliar oportunidades y fortalecer el bienestar de las comunidades a las que llegamos de manera conjunta.”, señaló Valentina Villa Ordorica, Directora General de Fundación Santander México.

Por su parte, Ricardo Bucio enfatizó la relevancia de la colaboración entre iniciativa privada y sociedad civil para generar soluciones sostenibles que respondan a los principales retos del país.

“Hablar de hambre hoy no es solo hablar de escasez, sino de desigualdad en el acceso a una alimentación digna y nutritiva. La responsabilidad social empresarial en la industria alimentaria tiene un papel clave en esta transformación: desde cómo se produce, hasta cómo se distribuye y se evita el desperdicio. Si queremos avanzar hacia el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2, necesitamos empresas que integren la sostenibilidad y los derechos humanos en el centro de sus decisiones, entendiendo que garantizar la alimentación es también garantizar salud, educación y desarrollo para México” comentó el presidente ejecutivo del Cemefi. 

Los resultados de la campaña consolidan al Movimiento Va por Mi Cuenta como una de las iniciativas colaborativas más relevantes en materia de seguridad alimentaria en México, demostrando el impacto que puede lograrse cuando empresas, clientes y sociedad civil trabajan en conjunto.

Guardianas de vida: las biznagas de Terralago

Retratos de la naturaleza

En medio del paisaje natural que rodea a Terralago, miles de biznagas comienzan a florecer, recordando la riqueza biológica de los ecosistemas semiáridos de México. Estas cactáceas, emblemáticas de nuestro país, forman parte de un programa de preservación ambiental impulsado dentro del desarrollo, cuyo objetivo es proteger la vegetación nativa y contribuir al equilibrio ecológico de la zona.

Actualmente, más de 3,600 biznagas se resguardan y cuidan en el vivero del conjunto urbano, donde reciben monitoreo constante y las condiciones adecuadas para su conservación. Muchas de ellas fueron rescatadas durante las primeras etapas del proyecto y hoy continúan su ciclo natural, mostrando en esta temporada sus delicadas y aromáticas flores, un fenómeno que refleja la adaptación y vitalidad de estas especies.

biznagas de Terralago

Joyas mexicanas

En el vivero de Terralago se resguardan cerca de cuatro mil biznagas, cactáceas emblemáticas del paisaje semiárido mexicano que hoy florecen como parte de un programa de preservación ambiental que protege y da continuidad a la vegetación.

biznagas de Terralago
biznagas de Terralago

Flora preservada en Terralago

NOMBRE CIENTÍFICO  NOMBRE COMÚN  NÚMERO DE EJEMPLARES
Agave americanaAgave arroqueño3
Agave angustifoliaAgave espadín3
Agave salmianaAgave pulquero168
Coryphantha elephantidensBiznaga colmillos de elefante21
Opuntia ficus-indicaNopal común2,497
Opuntia streptacanthaNopal Chamacuelo12
Stenocactus crispatusBiznaga ondulada crespada3,720
TOTAL 6,424

Arquitectura natural

Las biznagas que originalmente habitaban esta zona fueron cuidadosamente rescatadas y ubicadas al vivero del desarrollo, donde hoy reciben monitoreo constante y cuidados especializados que favorecen su conservación.

biznagas de Terralago

Un refugio de vida: biodiversidad protegida.

El vivero del conjunto urbano funciona como un espacio dedicado al resguardo y monitoreo de estas especies. Aquí, las biznagas reciben cuidados especializados que permiten observar su crecimiento y adaptación, favoreciendo su conservación y la continuidad de su ciclo natural.

biznagas de Terralago

Herencia que perdura

Las biznagas son una de las especies más representativas de los paisajes áridos de México. Su extraordinaria capacidad de adaptación y resistencia las ha convertido en un símbolo de la biodiversidad local, donde continúan creciendo y floreciendo incluso en condiciones climáticas extremas.

Fotorreportaje realizado con información de Terralago.

www.terralago.com

El tráfico no solo congestiona: también está elevando la temperatura de las ciudades

El tráfico de las ciudades acaba de sumar una externalidad climática que hasta ahora había recibido menos atención en la modelación urbana: su capacidad directa para elevar la temperatura del aire y de los espacios construidos. Un nuevo estudio publicado en la revista Journal of Advances in Modeling Earth Systems incorporó por primera vez un módulo físico de calor vehicular dentro del Community Earth System Model y demostró que la circulación diaria en Manchester y Toulouse incrementa la temperatura del aire en alrededor de 0.16 °C durante verano y 0.35 °C en invierno.

Aunque sobre el papel estas variaciones parecen modestas, su importancia estratégica es enorme. En contextos de olas de calor, sistemas hospitalarios saturados e infraestructura urbana bajo estrés, incluso fracciones de grado pueden prolongar la exposición térmica, intensificar el efecto de isla de calor y aumentar la demanda energética en edificios. El hallazgo reposiciona al tráfico de las ciudades no solo como un problema de movilidad y emisiones, sino como un acelerador local de vulnerabilidad climática y salud pública.

¿Qué analizó el estudio y qué encontró sobre el tráfico de las ciudades?

La investigación desarrolló un nuevo módulo de flujo de calor vehicular capaz de desagregar la energía desperdiciada por motores, escapes, neumáticos y frenado, integrándola al sistema climático urbano. Esto permitió observar cómo el calor no se queda únicamente en la carretera, sino que se redistribuye entre el pavimento, las fachadas, el aire circundante y, en ciertos casos, incluso el interior de edificios. El valor metodológico del estudio es precisamente que deja de “esconder” ese calor dentro del consumo energético general de la ciudad y lo convierte en una variable climática independiente.

tráfico de las ciudades

Los hallazgos muestran que este fenómeno no es lineal. En Manchester, parte del calor del tráfico penetró a inmuebles cercanos y elevó ligeramente la temperatura del aire interior, mientras que en Toulouse el efecto fue aún mayor debido a la densidad urbana. Esto implica que el tráfico de las ciudades no solo afecta la experiencia térmica exterior, sino que también incrementa el esfuerzo de ventiladores y aire acondicionado, creando un círculo de mayor consumo energético, más emisiones indirectas y mayores costos operativos para hogares y empresas.

Además, el modelo mostró que durante la ola de calor de Reino Unido en julio de 2022 este calor adicional elevó indicadores clave de estrés térmico humano. En términos de salud, esto significa noches más difíciles para disipar temperatura corporal, mayor riesgo para adultos mayores, trabajadores de calle y personas con enfermedades cardiovasculares, así como presión extra sobre sistemas de transporte y servicios públicos.

¿Por qué ocurre este fenómeno?

La explicación física es clara: los vehículos de combustión convierten solo una parte de la energía del combustible en movimiento, mientras que una proporción importante se libera como calor residual. Motores, frenos, escapes y la fricción de neumáticos liberan energía directamente a nivel de calle, justo donde edificios altos y superficies impermeables tienden a atraparla. Es decir, el tráfico de las ciudades se convierte en una fuente localizada de calor antropogénico que opera de forma constante.

Este mecanismo se vuelve especialmente problemático en centros urbanos con alta densidad, calles estrechas y baja cobertura vegetal. Toulouse mostró cómo los “cañones urbanos” —calles rodeadas de edificios compactos— ralentizan la liberación de calor, mientras que ciudades con trazados más abiertos, como ciertas zonas de Manchester, permiten una disipación ligeramente mejor.

La relevancia global es evidente. Aunque el estudio analizó solo dos ciudades templadas, el fenómeno podría ser mucho más severo en metrópolis latinoamericanas, asiáticas o de Medio Oriente donde coinciden congestión extrema, altas temperaturas de base y menor infraestructura verde. Para ciudades como Ciudad de México, São Paulo o Delhi, el hallazgo anticipa que la movilidad urbana ya debe leerse también como variable de adaptación climática.

tráfico de las ciudades

Los factores que modificaron los resultados y lo que eso significa

Uno de los hallazgos más relevantes es que no todos los entornos urbanos responden igual al mismo volumen vehicular. La densidad de edificios, el ancho de vialidades, la presencia de vegetación, los materiales del asfalto y la capacidad del suelo para evaporar agua modifican cuánto tiempo persiste el calor. Esto significa que el diseño urbano puede amplificar o mitigar el impacto térmico del tráfico de las ciudades.

Otro factor decisivo fue la composición del parque vehicular. El modelo diferenció entre gasolina, diésel, híbridos y eléctricos, mostrando que los vehículos eléctricos desperdician mucha menos energía en forma de calor a nivel calle. Esto no elimina el problema de la congestión, pero sí demuestra que la transición tecnológica puede reducir una parte importante del estrés térmico urbano.

La lectura estratégica para responsables de ESG es potente: movilidad, urbanismo, eficiencia energética y salud ya no pueden gestionarse como agendas separadas. Un mismo corredor vial puede afectar calidad del aire, emisiones, temperatura, bienestar y consumo eléctrico, obligando a métricas más integradas de desempeño urbano.

¿Cómo gobiernos y sector privado pueden revertir este efecto?

La respuesta más efectiva combina movilidad limpia, rediseño vial y planeación urbana basada en el clima. Los gobiernos deben acelerar la electrificación del transporte público, ampliar carriles exclusivos para autobuses, priorizar infraestructura ciclista, sincronizar semáforos para reducir frenado constante y rediseñar corredores urbanos con vegetación, pavimentos fríos y superficies permeables. Cada mejora reduce no solo emisiones, sino también el calor liberado por el tráfico de las ciudades.

tráfico de las ciudades

El sector privado también tiene un papel decisivo. Empresas de logística, reparto, transporte corporativo y flotillas pueden reducir el impacto mediante electrificación, optimización de rutas, horarios escalonados y teletrabajo parcial para disminuir congestión pico. Para indicadores ESG, estas decisiones impactan directamente en huella climática, bienestar comunitario, eficiencia operativa y resiliencia urbana.

Desde la responsabilidad social, el mensaje es claro: la congestión ya no debe medirse solo en minutos perdidos, sino en salud, energía y adaptación climática. Las alianzas público-privadas serán clave para traducir estos hallazgos en calles más frescas, ciudades más resilientes y menores costos sociales asociados al calentamiento urbano.

Movilidad, clima y responsabilidad compartida

El estudio confirma que el tráfico de las ciudades es también una fuente directa de calentamiento urbano, capaz de agravar olas de calor, elevar temperaturas interiores y aumentar la presión energética de edificios e infraestructura. Lo que antes parecía una externalidad marginal hoy emerge como un componente relevante en la ecuación de salud pública, resiliencia climática y justicia urbana.

Para gobiernos, empresas y especialistas en sostenibilidad, la implicación es inmediata: la política de movilidad debe integrarse a las estrategias de adaptación climática. Reducir congestión, acelerar transporte limpio y rediseñar calles no solo mejora traslados; también puede enfriar ciudades, proteger a las personas más vulnerables y reducir la huella térmica que ya está intensificando el cambio climático desde el nivel de la calle.

No solo en el agua: detectan microplásticos en la bilis y advierten daño celular

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La evidencia científica sobre la invasión silenciosa del plástico en el cuerpo humano suma un nuevo frente crítico. Un estudio publicado en la revista Environmental Science and Ecotechnology detectó microplásticos en la bilis en el 100% de las muestras analizadas durante cirugías de vesícula realizadas en el Décimo Hospital Afiliado de la Universidad Médica del Sur y el Hospital Popular de Dongguan. La investigación es todavía preliminar por el tamaño de la muestra, pero introduce una señal de alarma de alto valor científico: partículas plásticas en un fluido central para la digestión de grasas y la eliminación de desechos.

El hallazgo adquiere especial relevancia porque las concentraciones fueron sustancialmente más altas en pacientes con cálculos biliares, con promedios cercanos a 25.89 microgramos por gramo, frente a 6.98 en el grupo de control. Aunque los autores son cuidadosos al no establecer causalidad, la presencia persistente de microplásticos en la bilis sugiere que estos fragmentos podrían interactuar con procesos bioquímicos delicados del sistema hepatobiliar. Esta evidencia refuerza la necesidad de ampliar la investigación sobre contaminación plástica más allá del agua, el aire y los alimentos.

Microplásticos en la bilis: qué analizó el estudio y por qué preocupa

El estudio se enfocó en la bilis extraída durante procedimientos de colecistectomía de 14 pacientes, con el objetivo de rastrear la presencia de polímeros plásticos en este fluido. La bilis cumple una doble función estratégica: emulsiona grasas y participa en la circulación enterohepática, un sistema de reciclaje entre hígado e intestino que también ayuda a eliminar residuos metabólicos. Precisamente por su composición rica en sales biliares y lípidos, ofrece un entorno donde fragmentos hidrofóbicos o repelentes al agua pueden quedar retenidos durante más tiempo.

Esta permanencia abre hipótesis preocupantes. Cuando la bilis se espesa o pierde equilibrio químico, el colesterol puede cristalizarse y favorecer la formación de cálculos. En ese entorno, los microplásticos en la bilis podrían alterar el flujo, incrementar la retención de partículas, generar estrés celular localizado y modificar la estabilidad del microambiente biliar. Aunque el estudio no demuestra que el plástico cause litiasis, sí rompe la idea de la bilis como un simple canal pasivo y la coloca en el centro del debate toxicológico contemporáneo.

A nivel celular, el equipo expuso colangiocitos —las células que recubren los conductos biliares— a dosis bajas de plástico durante siete días. En lugar de muerte celular masiva, observaron un fenómeno más sutil y potencialmente más peligroso: senescencia, es decir, envejecimiento, pues las células dejaron de dividirse, aumentaron proteínas asociadas al envejecimiento y mostraron signos claros de disfunción mitocondrial, reducción de energía y acumulación de especies reactivas de oxígeno. Este patrón apunta a un deterioro persistente del tejido biliar.

microplásticos en la bilis

¿Qué tipo de microplásticos se encontraron en las muestras?

Uno de los aspectos más robustos del estudio fue la caracterización de polímeros. Entre los seis principales detectados, el tereftalato de polietileno (PET) —ampliamente usado en botellas de agua y envases alimentarios— representó el 68.05% de la carga total. Le siguió el polietileno (PE), común en bolsas, envolturas y empaques, con 27.11%. Esta composición conecta directamente el hallazgo con patrones de consumo cotidiano y con la infraestructura global de empaques plásticos de un solo uso.

Los escaneos láser ampliaron aún más la complejidad del hallazgo al identificar 32 firmas de polímeros, lo que revela una mezcla más diversa que la mostrada por las pruebas de masa. La mayoría de las partículas midió entre 20 y 50 micrómetros, con morfologías irregulares, alargadas y redondeadas. Esta heterogeneidad es clave: fragmentos más pequeños e irregulares tienen mayor capacidad para desplazarse entre fluidos, adherirse a tejidos y desencadenar respuestas biológicas diferenciadas.

microplásticos en la bilis

¿Por qué este hallazgo es importante y qué otras consecuencias puede tener?

Encontrar microplásticos en la bilis no sólo afecta la vesícula biliar. Este fluido es una vía crítica para el transporte de grasas, colesterol y residuos, por lo que la presencia de partículas plásticas sugiere un posible mecanismo de distribución interna hacia otros puntos del sistema hepatobiliar. Además, se suma a evidencia previa en placenta y placa carotídea, consolidando la idea de que el plástico ya no está confinado al tracto digestivo.

Otro punto clave es la relación con el envejecimiento celular. La senescencia de colangiocitos implica que el tejido puede perder funcionalidad sin presentar necrosis evidente, lo que complica el diagnóstico temprano y podría contribuir a procesos inflamatorios crónicos. El estudio incluso exploró el papel de la melatonina como agente protector mitocondrial, con resultados prometedores en laboratorio, aunque insuficientes todavía para trasladarse a recomendaciones clínicas.

Por todo ello, la contaminación plástica debe dejar de abordarse solo como problema de residuos y biodiversidad. Sus implicaciones biomédicas la convierten en un desafío sistémico que conecta salud pública, diseño de materiales, políticas de consumo y gobernanza corporativa.

microplásticos en la bilis

Una alerta para la cadena de valor del plástico

Desde una óptica de responsabilidad social empresarial, este hallazgo preliminar tiene implicaciones estratégicas profundas. La detección de microplásticos en la bilis evidencia que los impactos del plástico no terminan en océanos, rellenos sanitarios o cadenas alimentarias, sino que alcanzan fluidos humanos esenciales. Para las organizaciones que participan en extracción petroquímica, manufactura, empaque, distribución y consumo masivo, esto redefine el concepto de externalidad ambiental: el residuo se convierte en riesgo sanitario potencial.

Las empresas de la cadena de valor del plástico enfrentan una responsabilidad creciente de acelerar la transición hacia materiales más seguros, sistemas de refill, rediseño de empaques, economía circular y trazabilidad de partículas secundarias. No se trata solo de cumplimiento regulatorio, sino de gestión preventiva del riesgo ESG, reputacional y de salud pública. Ignorar señales emergentes como esta puede traducirse en futuras exigencias regulatorias, litigios por toxicidad y pérdida de confianza de inversionistas y consumidores.

Asimismo, el estudio subraya la necesidad de financiar investigación independiente y multicéntrica. Desde la RSE, impulsar alianzas entre academia, hospitales, industria y reguladores puede acelerar protocolos de medición estandarizados y modelos de prevención. La contaminación por microplásticos ya es un asunto de derechos humanos, al vincularse con el derecho a la salud, a un ambiente sano y a información transparente sobre exposición química.

microplásticos en la bilis

Del residuo ambiental al riesgo corporativo y sanitario

La detección de microplásticos en la bilis representa una nueva frontera en la comprensión del impacto del plástico sobre la salud humana. Aunque el estudio se limita a 14 pacientes de un solo hospital y no establece causalidad, la evidencia de acumulación en un fluido tan relevante como la bilis, junto con señales de envejecimiento celular, es suficientemente sólida para justificar investigaciones más amplias, multicéntricas y longitudinales.

Para líderes de sostenibilidad, especialistas en RSE y tomadores de decisiones corporativas, el hallazgo funciona como una advertencia estratégica. Cada nuevo tejido, órgano o fluido en el que aparece plástico reduce el margen para tratar esta crisis como un problema periférico. La conversación ya no gira solo en torno al reciclaje, sino a la responsabilidad compartida de rediseñar materiales, modelos de negocio y cadenas de suministro antes de que el costo sanitario y social sea irreversible.

Calificaciones ESG: por qué la sostenibilidad no siempre se traduce en reconocimiento

Las calificaciones ESG han pasado de ser una referencia técnica para equipos de sostenibilidad a convertirse en una variable crítica de estrategia corporativa. Hoy influyen en costo del capital, elegibilidad para índices, acceso a financiamiento sostenible, percepción de riesgo y credibilidad frente a inversionistas. Sin embargo, una de las paradojas más frustrantes para las empresas con avances reales es comprobar que sus resultados en clima, cadena de suministro o gobernanza no siempre se reflejan en la puntuación que reciben del mercado.

La raíz del problema, según un artículo publicado en ESG News, no suele ser la falta de desempeño, sino una desconexión entre ejecución e inteligibilidad financiera. Muchas compañías están haciendo bien el trabajo ESG, pero no lo están traduciendo al lenguaje exacto que las agencias calificadoras —MSCI, Sustainalytics, S&P Global o LSEG— utilizan para medir riesgo y resiliencia. Para especialistas en responsabilidad social, esta brecha no es menor: representa una falla de arquitectura en disclosure, gobernanza de datos y estrategia de relacionamiento con el ecosistema financiero.

La brecha entre desempeño real y calificaciones ESG

De acuerdo con ESG News, el primer factor detrás de esta desconexión es metodológico. Las agencias privilegian datos estructurados, comparables y legibles por máquina, mientras que muchas organizaciones siguen comunicando avances en formatos narrativos más cercanos a GRI o reportes corporativos tradicionales. El resultado es que iniciativas sólidas en descarbonización, derechos humanos o ética pueden quedar invisibles para los modelos automatizados que procesan la información.

El segundo problema es la asimetría de transparencia. A diferencia de una auditoría financiera, las calificaciones ESG rara vez ofrecen trazabilidad suficiente sobre qué dato fue premiado, qué omisión generó castigo o qué disclosure simplemente no fue leído por no coincidir con la taxonomía esperada. Esto complica la mejora continua y obliga a las áreas ESG a operar casi bajo lógica de ingeniería inversa.

calificaciones ESG

Un tercer elemento es la diferencia entre materialidad corporativa y materialidad de calificación. Una empresa puede priorizar con razón riesgos sociales complejos o transformación cultural interna, pero si la calificadora asigna mayor peso a emisiones Scope 3, composición del consejo o verificación externa, la narrativa estratégica no necesariamente se traduce en puntuación. No es una falla del desempeño, sino una desalineación entre lo que la empresa comunica y lo que el mercado premia.

Finalmente, existe un sesgo operativo: muchas mejoras ESG siguen “enterradas” en anexos PDF, reportes extensos o tablas no estandarizadas. En un entorno donde la automatización gana terreno, la ubicación, formato y taxonomía del dato son tan relevantes como el dato mismo. Para quienes lideran sostenibilidad, esto exige pensar el reporte no solo como transparencia, sino como infraestructura de reconocimiento.

Las consecuencias estratégicas de una mala lectura del desempeño

La brecha entre desempeño y calificaciones ESG tiene consecuencias directas en el costo financiero. Bancos, inversionistas institucionales y fondos temáticos utilizan estas puntuaciones para definir márgenes de préstamos, precios de bonos vinculados a sostenibilidad y elegibilidad en mandatos de inversión responsable. Una calificación por debajo del desempeño real puede traducirse en puntos base adicionales y pérdida de acceso a capital preferencial.

La segunda consecuencia es reputacional y competitiva. Quedar fuera de índices como FTSE4Good o MSCI ESG Leaders limita exposición ante un universo creciente de inversionistas que asignan capital a través de filtros cuantitativos. En la práctica, esto significa menor visibilidad, menor demanda accionaria y una percepción de rezago que no necesariamente corresponde con la realidad operativa.

También hay una implicación interna de gobernanza. Cuando la organización invierte en transición energética, compliance, diversidad o debida diligencia y el mercado no lo reconoce, puede surgir desgaste entre áreas ESG, finanzas, relación con inversionistas y consejo. Esto erosiona confianza en la estrategia de sostenibilidad y dificulta justificar presupuestos futuros.

calificaciones ESG

Desde la óptica regulatoria, la brecha se vuelve aún más sensible con marcos como la CSRD europea, donde la comparabilidad y auditabilidad del dato se convierten en obligación. Una mala alineación entre disclosure regulatorio y lógica de calificación puede exponer a la empresa a doble costo: cumplimiento oneroso sin captura de valor reputacional o financiero.

Cómo mejorar las calificaciones ESG: una hoja de ruta práctica

La primera recomendación es realizar una auditoría de mapeo entre disclosure y criterios de agencias. No basta con reportar bajo GRI, SASB o CSRD; es indispensable identificar cómo cada dato dialoga con MSCI, Sustainalytics o S&P. La pregunta ya no es “qué estamos haciendo”, sino “cómo lo leerá el algoritmo y qué peso tendrá”.

Segundo, las empresas deben migrar hacia una arquitectura de datos legible por máquina. Tablas estructuradas, taxonomías homologadas, etiquetas XBRL, secciones destacadas para métricas materiales y verificación explícita por terceros son ajustes que suelen tener impacto inmediato en calificaciones ESG sin modificar la estrategia sustantiva.

Tercero, conviene priorizar las variables de mayor peso financiero: emisiones Scope 1, 2 y 3, gobernanza del consejo, diversidad, ética de cadena de suministro, seguridad laboral y assurance externa. No todos los disclosures generan el mismo retorno reputacional; por ello, la optimización debe concentrarse donde la metodología de mercado crea mayor sensibilidad.

calificaciones ESG

Finalmente, una práctica de alto valor es establecer engagement proactivo con calificadoras. Solicitar aclaraciones, responder cuestionarios con precisión, corregir ambigüedades y aportar evidencia adicional puede cerrar brechas que, de otro modo, seguirían afectando la percepción del mercado. La sostenibilidad necesita ser visible en el formato correcto para convertirse en ventaja competitiva, por eso, la siguiente lista de acciones puede ayudarte a cerrar esta brecha en tu compañía:

  • Auditar reportes actuales contra MSCI, Sustainalytics, S&P y LSEG
  • Priorizar métricas con mayor peso en costo del capital
  • Estandarizar datos en formatos legibles por máquina
  • Incorporar assurance y trazabilidad externa visible
  • Simular impacto potencial de disclosures antes de publicar
  • Fortalecer diálogo técnico con agencias calificadoras
  • Integrar ESG, finanzas y relación con inversionistas en un solo flujo de datos

De la sostenibilidad real al reconocimiento financiero

La gran lección es que las calificaciones ESG ya no dependen únicamente del desempeño, sino de la capacidad de convertir ese desempeño en información comparable, verificable y estratégicamente presentada. La sostenibilidad sin traducción financiera corre el riesgo de permanecer invisible, incluso cuando la organización está haciendo avances sustantivos.

Para líderes de responsabilidad social, asuntos corporativos y finanzas sostenibles, el desafío no es hacer más, sino hacer visible mejor. Quienes logren cerrar la brecha entre impacto real y lectura de mercado no solo mejorarán sus calificaciones ESG, sino que fortalecerán reputación, acceso a capital y resiliencia competitiva en un entorno donde la narrativa debe hablar el idioma exacto de los datos.