Más horas laboradas, menos bienestar: un riesgo para los criterios ESG

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 41.7% de la fuerza laboral en México experimenta un desequilibrio entre la vida personal y laboral, una de las proporciones más altas a nivel global. Esta realidad no solo evidencia una cultura de trabajo intensivo en horas, sino también una problemática estructural que impacta directamente en el bienestar integral de los colaboradores, particularmente en aspectos como el descanso, el autocuidado y la salud mental.

Para las empresas, este escenario representa un riesgo que trasciende el ámbito operativo. El deterioro del balance vida-trabajo se ha convertido en un factor crítico dentro de los criterios ESG en las empresas, ya que influye en la productividad, la retención de talento y la sostenibilidad del modelo de negocio. Ignorar este desequilibrio no solo afecta a las personas, sino que también compromete el desempeño social y financiero de las organizaciones.

Jornadas laborales extensas: un riesgo social creciente para los criterios ESG en las empresas

Las jornadas laborales extensas ya son identificadas como el tercer mayor riesgo social para las empresas en México, solo por detrás de la generación de emisiones y residuos, según el informe Panorama ASG en México y Centroamérica de KPMG. El 36% de los ejecutivos en el país reconoce este riesgo, una cifra superior al promedio regional, lo que confirma que el impacto del tiempo de trabajo en el balance vida-trabajo es una preocupación creciente en la agenda corporativa, pues, como explica Olivia Segura, socia de Asesoría en Capital Humano y Gestión del Talento de KPMG en México, este factor de riesgo:

“Tiene que ver con esa consciencia social, el enfoque en el talento y el capital humano, en cómo nos sensibilizamos en temas que se han normalizado, como las jornadas laborales extensas”.

La especialista advierte que estas prácticas afectan la salud mental y el bienestar integral, aspectos que antes se pasaban por alto y hoy inciden directamente en la evaluación social de las compañías dentro de los criterios ESG en las empresas.

criterios ESG en las empresas

Desde una perspectiva empresarial, las consecuencias son claras: mayor rotación, ausentismo, desgaste del talento y afectaciones a la reputación corporativa. En términos de salud, la reducción del tiempo disponible para dormir y realizar actividades personales incrementa el riesgo de estrés crónico, enfermedades cardiovasculares y trastornos emocionales, lo que termina reflejándose en costos operativos y financieros.

Seguridad y salud: prioridad estratégica en la agenda ESG

Ante este contexto, no resulta sorprendente que para el 40% de las organizaciones en México la seguridad y salud de los colaboradores sea el aspecto estratégico más relevante dentro de su agenda ASG, solo por detrás de la sostenibilidad de la cadena de suministro, de acuerdo con KPMG. Esta prioridad confirma que el bienestar laboral se ha convertido en un eje central de los criterios ESG en las empresas, particularmente en el componente social.

Si el exceso de carga de trabajo hoy detona rotación, ya se le está pegando al componente social y hay que asumir que ese porcentaje baja la valuación de la empresa”, advierte Olivia Segura. La gestión del balance vida-trabajo, explica, es un indicador medible que impacta directamente en los estados financieros y en la percepción de valor de la organización.

Expertos coinciden en que cuidar este equilibrio genera beneficios tangibles: mayor productividad, reducción del ausentismo, mejora del clima laboral y fortalecimiento del compromiso del talento. Datos de la Fundación MásFamilia indican que las empresas que apuestan por la conciliación vida laboral–personal logran incrementos de productividad de entre 31% y 40%, además de reducir el ausentismo hasta en un 51%. Estos resultados refuerzan la idea de que el bienestar no es un costo, sino una inversión estratégica alineada con los criterios ESG en las empresas.

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Reforma laboral de 40 horas: una oportunidad para reforzar el balance vida-trabajo

La discusión sobre la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales en México reafirma la urgencia de replantear la gestión del tiempo de trabajo. El proyecto impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum propone una disminución gradual a partir de 2027, hasta alcanzar el nuevo límite en 2030, lo que obligará a las empresas a revisar procesos, cargas de trabajo y modelos de eficiencia.

Este contexto, dar prioridad al balance vida-trabajo será un elemento clave para una correcta implementación de la reforma. “No es una agenda exclusiva de Recursos Humanos, es una planeación en conjunto”, subraya Olivia Segura, quien enfatiza la necesidad de comprender las dinámicas operativas y eliminar actividades redundantes que hoy justifican jornadas extensas. Avanzar en esta dirección permitirá no solo cumplir con la normativa, sino fortalecer los criterios ESG en las empresas desde una cultura organizacional centrada en el talento.

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Bienestar laboral como ventaja competitiva sostenible

La evidencia es clara: más horas laboradas no se traducen en mayor productividad ni en mejores resultados empresariales. Por el contrario, el desequilibrio entre trabajo y vida personal se ha consolidado como un riesgo social que impacta la salud de los colaboradores y la sostenibilidad de las organizaciones, convirtiéndose en un factor crítico dentro de los criterios ESG en las empresas.

En un entorno donde la agenda ESG gana peso en la toma de decisiones, apostar por jornadas laborales razonables y por el bienestar integral del talento no solo responde a una responsabilidad social, sino a una estrategia de negocio inteligente. Reducir las horas, mejorar la planeación y priorizar la salud laboral será clave para construir empresas más productivas, resilientes y alineadas con las expectativas del mercado y la sociedad.

¿Por qué los programas sociales fracasan?: 6 errores que siguen repitiéndose

Cada año, gobiernos, empresas y organizaciones civiles invierten millones de pesos en iniciativas sociales con la intención de reducir desigualdades, mejorar la calidad de vida y generar desarrollo sostenible. Sin embargo, una pregunta persiste entre especialistas y ciudadanos por igual: por qué los programas sociales fracasan aun cuando cuentan con presupuesto, aliados y buenas intenciones. La respuesta rara vez es simple y casi nunca se limita a la falta de recursos económicos.

Entender por qué los programas sociales fracasan exige mirar más allá de los indicadores de impacto y analizar los errores estructurales que se repiten una y otra vez. Esta nota busca ofrecer una mirada clara, crítica y accesible sobre esos fallos recurrentes, con el objetivo de aportar aprendizajes útiles y que permitan mejorar la planificación y ejecución de la acción social.

6 errores que siguen haciendo fracasar los programas sociales

1. Diseñarse desde el escritorio y no desde el territorio

Uno de los principales motivos por los que los programas sociales fracasan es que se conciben sin un diagnóstico profundo de las realidades locales. Muchas iniciativas parten de supuestos generales que no consideran contextos culturales, económicos o sociales específicos, lo que provoca que las soluciones no respondan a las necesidades reales de las comunidades.

Cuando el diseño no incorpora la voz de las personas beneficiarias, los programas tienden a ser poco utilizados o mal apropiados. En lugar de ello, es fundamental realizar diagnósticos participativos, trabajo de campo y procesos de escucha activa que permitan construir intervenciones pertinentes, contextualizadas y con mayor probabilidad de impacto sostenible.

por qué los programas sociales fracasan

2. Falta de objetivos claros y métricas de impacto

Otro error recurrente que explica por qué los programas sociales fracasan es la ausencia de objetivos bien definidos y de indicadores que permitan medir resultados. Sin metas claras, los programas se diluyen en buenas intenciones y no es posible evaluar si realmente están generando cambios positivos.

Lo que debería hacerse es establecer objetivos específicos, medibles y alineados con una teoría de cambio sólida. Contar con indicadores de impacto, y no solo de actividad, permite corregir el rumbo a tiempo, justificar la inversión realizada y demostrar de manera transparente si el programa cumple con su propósito social.

3. Pensar en el corto plazo y no en la sostenibilidad

Muchos programas sociales nacen con una lógica asistencialista y de corto plazo, lo que contribuye a que los programas sociales fracasan una vez que se agotan los recursos o termina el financiamiento inicial. Esta visión limita la posibilidad de generar cambios estructurales o duraderos.

En lugar de acciones aisladas, es necesario diseñar programas que fortalezcan capacidades locales, promuevan la autonomía y contemplen planes de salida responsables. La sostenibilidad financiera, operativa y social debe ser un eje central desde el inicio, no un elemento que se intente resolver al final.

por qué los programas sociales fracasan

4. Falta de coordinación entre actores clave

La fragmentación institucional es otro factor clave para entender por qué los programas sociales fracasan. Cuando gobiernos, empresas, organizaciones sociales y comunidades trabajan de manera aislada, se duplican esfuerzos, se desperdician recursos y se reduce el alcance del impacto social.

Una mejor alternativa es promover esquemas de colaboración multisectorial, donde cada actor aporte desde su experiencia y capacidades. La articulación permite escalar soluciones, compartir aprendizajes y construir respuestas más integrales a problemas sociales complejos que ningún actor puede resolver por sí solo.

5. Ignorar la evaluación y el aprendizaje continuo

Muchos programas no fracasan de inmediato, sino que se vuelven ineficientes porque no se evalúan de forma sistemática. La falta de evaluaciones periódicas impide identificar errores, ajustar estrategias y aprender de la experiencia, lo que refuerza la percepción de que los programas sociales fracasan sin explicación aparente.

La evaluación debe entenderse como una herramienta de mejora continua, no como un mecanismo punitivo. Incorporar procesos de monitoreo y evaluación desde el diseño permite tomar decisiones basadas en evidencia y aumentar la efectividad de las intervenciones sociales.

6. Priorizar la visibilidad sobre el impacto real

Finalmente, un error cada vez más común es diseñar programas sociales pensando más en la reputación que en el impacto. Cuando la lógica de comunicación y posicionamiento domina la estrategia, se corre el riesgo de implementar acciones superficiales que no transforman las condiciones de fondo, reforzando la idea de por qué los programas sociales fracasan.

Lo que se requiere es un cambio de enfoque: poner el impacto social al centro y utilizar la comunicación como una herramienta para rendir cuentas y compartir resultados reales. La credibilidad y la legitimidad de los programas dependen, en última instancia, de su capacidad para generar cambios tangibles en la vida de las personas.

por qué los programas sociales fracasan

Aprender para no repetir

Comprender por qué los programas sociales fracasan no es un ejercicio de crítica estéril, sino una oportunidad para mejorar la forma en que abordamos los desafíos sociales. Los errores aquí descritos no son inevitables, pero sí persistentes cuando no se cuestionan las inercias institucionales y los enfoques tradicionales.

Si queremos programas sociales que realmente transformen realidades, es necesario pasar de la buena intención a la buena ejecución. Diagnósticos sólidos, participación comunitaria, evaluación constante y visión de largo plazo no son opcionales: son la base para construir intervenciones sociales efectivas, legítimas y sostenibles en el tiempo.

La dieta recomendada por EE. UU. en 2026: un termómetro ESG

Por Edgar López

Arrancando 2026, una de las señales más relevantes —y menos comentadas— en la conversación ESG viene desde EE. UU. y es el Make America Healthy Again (#MAHA), liderado por el Secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr., y la publicación de las nuevas Dietary Guidelines for Americans 2025–2030.

El mensaje es claro: priorizar “alimentos reales” —proteínas de calidad (incluida la carne roja), lácteos enteros, grasas naturales como mantequilla o sebo de res, frutas y vegetales— junto con una postura firme frente a alimentos ultraprocesados (#UPF), azúcares añadidos, edulcorantes artificiales y colorantes sintéticos.

Aunque no son obligatorias (se emiten cada cinco años por HHS y USDA), su influencia es concreta y probada. Orientan programas federales masivos —comidas escolares, fuerzas armadas, SNAP— que mueven miles de millones de dólares y millones de comidas diarias, y históricamente han anticipado cambios regulatorios y reformulaciones industriales.

El mercado financiero leyó la señal de inmediato. Empresas altamente expuestas a ultraprocesados como Mondelēz International, Kraft Heinz, General Mills y Conagra Brands registraron ajustes moderados post-anuncio, reflejando una lectura anticipada de riesgo regulatorio, reputacional y de costos de reformulación.

Más que prohibiciones inmediatas, se perfila el patrón conocido: una ola de reformulaciones “virtuosas” —etiquetas limpias, menos aditivos, mayor densidad nutricional— presentadas como decisiones responsables (propósito de marca), aunque claramente detonadas por esta señal de política pública.

Lo relevante aquí no es si veremos más cambios —eso es prácticamente un hecho—, sino qué tan estructurales serán. Si estos ajustes tocarán el modelo de negocio o si se quedarán en la narrativa, en la reformulación superficial y en la gestión reputacional de corto plazo.

Para quienes trabajamos en #ESG y comunicación corporativa, la señal es clara: el terreno se está moviendo. La conversación deja de girar en torno a cómo se cuenta el propósito y empieza a centrarse en quién está dispuesto a demostrarlo cuando política pública, consumo y mercados financieros comienzan a alinearse.

¡Provechito y feliz año!

👉 aquí la Guía: https://lnkd.in/eTrk7aZk

dieta recomendada por EE. UU.

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

¿A ellas no les suben el sueldo?: la realidad de las trabajadoras en México

Hablar de igualdad salarial en México implica reconocer que, para miles de mujeres, el aumento de sueldo sigue siendo una promesa lejana. Aunque las leyes establecen el principio de salario igual por trabajo igual, en la práctica las brechas de género continúan marcando la trayectoria laboral de las trabajadoras en México, especialmente cuando se trata de negociar incrementos salariales.

Este problema no se limita a una sola causa. Estereotipos de género, sesgos en la evaluación del desempeño y dinámicas organizacionales poco transparentes confluyen para generar un escenario donde ellas tienen menos probabilidades de pedir un aumento y, cuando lo hacen, menos posibilidades de conseguirlo. Esta realidad plantea un reto estructural y de equidad laboral.

Pedir un aumento: una barrera invisible para las trabajadoras en México

Solicitar un aumento salarial sigue siendo una conversación incómoda. El estudio Work in Progress de Buk revela que solo una de cada cuatro personas en Latinoamérica negoció su sueldo al recibir una oferta laboral; en México lo hizo poco más del 27%, de las cuales casi seis de cada diez tuvieron éxito.

Más allá del desconocimiento sobre cuándo o cómo pedir un incremento, los estereotipos juegan un papel determinante. De acuerdo con la Radiografía de las Mujeres en el Trabajo de Buk, ellas son menos propensas a solicitar un aumento, una diferencia que comienza a manifestarse desde edades tempranas y que se profundiza con el paso del tiempo.

“El estudio detalla que las diferencias en crianza y expectativas sociales influyen en la confianza al momento de negociar el salario”, señala el informe. Mientras el 35% de los hombres pide un aumento, solo el 33% de las mujeres lo hace, una brecha que se amplía entre la población más joven.

trabajadoras en México

La situación es aún más crítica cuando se considera la maternidad. Según Buk, las mujeres con hijos son el grupo con menor probabilidad de obtener un aumento una vez solicitado, debido a sesgos que asocian la maternidad con menor disponibilidad o compromiso laboral, afectando directamente a las trabajadoras en México.

Brecha salarial: el problema estructural detrás de los aumentos

Las dificultades para acceder a incrementos salariales no pueden analizarse sin considerar la brecha de género. Datos de la Total Remuneration Survey de Mercer muestran que la diferencia salarial entre hombres y mujeres en puestos directivos alcanza el 20%, mientras que en niveles profesionales y operativos llega hasta el 22%.

Aunque la Ley Federal del Trabajo establece la obligación de garantizar un salario igualitario, la realidad dista de lo que marca la normativa.

No importa lo que diga la ley, la realidad económica es otra”, afirma Fátima Masse, cofundadora de Noubi Advisors, al referirse a las disparidades persistentes en el mercado laboral.

trabajadoras en México

Desde una perspectiva académica, Gina Aran, experta en economía y empresas de la Universidad Abierta de Cataluña, señala que muchas mujeres no negocian aumentos porque consideran que aún no “merecen” más, temen al rechazo o a ser percibidas como “ingratas”. Esta percepción está profundamente arraigada en las normas sociales.

El resultado es un círculo vicioso: las mujeres suelen ingresar al mercado laboral con salarios más bajos, solicitan menos aumentos y, cuando lo hacen, tienen menores tasas de éxito. Así, su trayectoria salarial se distancia progresivamente de la de los hombres, reproduciendo la desigualdad que enfrentan las trabajadoras en México.

El papel de las empresas en la desigualdad salarial

La experta también ejemplifica cómo, desde el reclutamiento, se reproducen desigualdades: ofrecer salarios más bajos a mujeres basándose en su ingreso previo refuerza una desventaja que se arrastra a lo largo de toda la carrera profesional. Estas prácticas afectan directamente las posibilidades de aumento para las trabajadoras en México.

Si bien la confianza y el llamado síndrome del impostor influyen, el problema no recae únicamente en las mujeres, pues, como Masse advierte, las decisiones empresariales también perpetúan las brechas:

“El reto es más profundo, tiene que ver con el ecosistema, la estructura y el ambiente laboral”.

trabajadoras en México

Ante este panorama, especialistas recomiendan implementar tabuladores salariales claros y rangos definidos por puesto. La transparencia en las estructuras de compensación no solo reduce la discrecionalidad, sino que brinda a las personas trabajadoras mejores herramientas para negociar.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) también subraya la importancia de medir y estandarizar la brecha salarial dentro de las organizaciones. Con datos claros, las empresas pueden identificar sus áreas de riesgo y diseñar estrategias efectivas para avanzar hacia una mayor equidad.

Cerrar la brecha también es responsabilidad social

La dificultad de las mujeres para acceder a aumentos salariales no es un problema individual, sino un reflejo de desigualdades estructurales profundamente arraigadas. Los datos muestran que las trabajadoras en México enfrentan barreras sistemáticas que limitan su crecimiento económico y profesional, a pesar de contar con las capacidades y el desempeño necesarios.

Cerrar esta brecha exige un compromiso real por parte de las empresas, más allá del cumplimiento legal. Diseñar políticas salariales transparentes, eliminar sesgos en la evaluación del desempeño y promover una cultura de equidad no solo es una cuestión de justicia social, sino un pilar fundamental de la responsabilidad social empresarial y del desarrollo económico sostenible del país.

La huella invisible del alimento para perros: ¿más alta que la humana?

Cuando se habla de cambio climático, la conversación suele centrarse en lo que comemos las personas: carne, lácteos o alimentos ultraprocesados. Sin embargo, hay un factor que rara vez se menciona y que está presente en millones de hogares: la alimentación de las mascotas. En particular, la comida para perros comienza a mostrar un impacto ambiental mucho mayor del que imaginamos.

En un contexto donde cada vez más familias conviven con uno o más perros, entender el impacto climático de la comida de perros se vuelve clave. Las decisiones que tomamos al llenar el plato de nuestras mascotas también influyen en la huella ambiental, incluso en niveles comparables —y en algunos casos superiores— a la alimentación humana.

Cuando el impacto climático de la comida de perros pasa desapercibido

Un estudio reciente publicado en Journal of Cleaner Production analizó casi mil alimentos comerciales para perros disponibles en el Reino Unido. Se trata de la investigación más amplia realizada hasta ahora sobre este tema y pone sobre la mesa una realidad poco conocida: algunas dietas caninas generan más emisiones de gases de efecto invernadero que la alimentación de sus propios dueños.

Los científicos, de las universidades de Edimburgo y Exeter, evaluaron la huella de carbono asociada a los ingredientes utilizados en la comida para perros. Es decir, midieron las emisiones generadas para producir carne, cereales y vegetales, antes de que el alimento llegue a las fábricas.

El análisis comparó distintos tipos de productos: comida seca, húmeda, cruda, opciones “premium”, dietas sin cereales y alternativas de origen vegetal. Esto permitió observar grandes diferencias en el impacto climático de la comida de perros, dependiendo de su composición.

Uno de los hallazgos más llamativos es que, entre los productos con mayor y menor huella ambiental, puede existir una diferencia de hasta 65 veces más emisiones. En otras palabras, no todas las croquetas o alimentos húmedos afectan al planeta de la misma forma.

impacto climático de la comida de perros

El papel de la carne y las dietas “premium”

El estudio identificó que los alimentos ricos en carne, especialmente los húmedos y crudos de gama alta, son los que presentan mayor impacto ambiental. Esto se debe a que muchos utilizan cortes de carne “aptos para humanos”, cuya producción genera altas emisiones de gases de efecto invernadero.

Por el contrario, los productos que emplean partes del animal con menor demanda humana, pero igualmente nutritivas para los perros, tienden a tener una huella climática menor. Esto demuestra que no se trata solo de cuánta carne contiene un alimento, sino de qué tipo de carne se utiliza.

Según los investigadores, este fenómeno explica por qué algunos perros alimentados con dietas de alta gama pueden tener una “huella de carbono dietaria” mayor que la de sus propios dueños, sobre todo si estos siguen una alimentación moderada en carne.

A nivel nacional, la producción de ingredientes para comida de perros representa alrededor del 1% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero del Reino Unido. Puede parecer poco, pero el dato cobra otra dimensión cuando se observa el crecimiento global de la población de mascotas.

¿Por qué la comida para perros también importa en la crisis climática?

Los científicos estiman que producir comida del tipo que consumen los perros en el Reino Unido para alimentar a todos los perros del mundo generaría emisiones equivalentes a más de la mitad de las producidas anualmente por el combustible de la aviación comercial. Este cálculo ayuda a dimensionar el verdadero impacto climático de la comida de perros.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores utilizaron la información que aparece en las etiquetas de los productos y la cruzaron con bases de datos de emisiones asociadas a cada ingrediente. El estudio también encontró que productos etiquetados como “naturales” o “premium” pueden tener impactos ambientales muy distintos entre sí.

impacto climático de la comida de perros

Esto plantea un reto importante para los consumidores, ya que hoy no resulta sencillo identificar qué alimentos para mascotas son más sostenibles. La falta de información clara sobre el origen y tipo de carne utilizada dificulta tomar decisiones más responsables.

Además, aunque existen alternativas de origen vegetal con menor impacto ambiental, los expertos advierten que todavía son pocas y no permiten sacar conclusiones definitivas sobre su viabilidad a gran escala.Alimentar con conciencia también es cuidar el planeta

El mensaje central del estudio es claro: alimentar a nuestros perros no es un acto neutral para el medio ambiente. El impacto climático de la comida de perros es real y puede ser considerable, especialmente cuando se opta por dietas altas en carne de alta calidad sin conocer su huella ambiental.

Concientizar sobre este tema no implica dejar de cuidar la salud de las mascotas, sino entender que existen formas de hacerlo con menor impacto ambiental. Informarse, leer etiquetas y cuestionar ciertas tendencias de consumo es un primer paso para que la relación con nuestras mascotas también sea más responsable con el planeta.

¿Qué significa realmente “poner a las personas al centro”?

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En los últimos años, poner a las personas al centro se ha convertido en una de las frases más repetidas en discursos empresariales, informes de sostenibilidad y estrategias ESG. Se menciona en planes de cultura organizacional, campañas de marca empleadora y narrativas de propósito corporativo. Sin embargo, su uso constante también ha diluido su significado, convirtiéndola en un concepto atractivo, pero muchas veces vacío.

Entender qué implica realmente poner a las personas al centro es clave para diferenciar entre una declaración aspiracional y una transformación genuina. No se trata de beneficios aislados ni de iniciativas cosméticas, sino de un cambio profundo en la forma en que las organizaciones toman decisiones, gestionan riesgos y miden el éxito. Para empresas y organizaciones sociales, este enfoque ya no es opcional: es un factor crítico de sostenibilidad y legitimidad.

¿Qué implica en la práctica poner a las personas al centro?

Diseñar decisiones desde el impacto humano, no solo desde la eficiencia

Poner a las personas al centro significa evaluar cada decisión estratégica considerando cómo afecta la vida, la salud y la dignidad de quienes forman parte de la organización. Esto incluye a colaboradores, proveedores, comunidades y clientes, no únicamente a los accionistas. La eficiencia operativa deja de ser el único criterio de éxito.

En la práctica, este enfoque obliga a anticipar riesgos sociales: sobrecargas de trabajo, estrés crónico, rotación no deseada o impactos negativos en comunidades locales. Las empresas que adoptan esta visión entienden que los costos humanos ignorados tarde o temprano se traducen en costos financieros, reputacionales y legales.

poner a las personas al centro

Reconocer a las personas como titulares de derechos, no como recursos

Uno de los cambios más profundos es dejar atrás la lógica de “capital humano” entendido solo como un insumo productivo. Poner a las personas al centro implica reconocerlas como sujetos de derechos, con expectativas legítimas de condiciones laborales dignas, equidad, seguridad y bienestar.

Este enfoque está alineado con los Principios Rectores de la ONU sobre Empresas y Derechos Humanos. No se trata de filantropía, sino de responsabilidad. Las organizaciones que lo comprenden integran el respeto a los derechos humanos en sus políticas internas, procesos de debida diligencia y cadenas de suministro.

Escuchar activamente y tomar decisiones informadas por la experiencia real

Escuchar no es aplicar encuestas anuales que terminan archivadas. Poner a las personas al centro requiere crear canales reales de diálogo, donde las voces internas y externas influyan en la toma de decisiones. Esto implica aceptar retroalimentación incómoda y actuar en consecuencia.

Las empresas más avanzadas incorporan mecanismos de consulta continua, análisis cualitativos y espacios seguros para expresar preocupaciones. La experiencia cotidiana de las personas se convierte en una fuente estratégica de información, no en un dato secundario.

Medir el éxito más allá de los indicadores financieros

Cuando las personas están al centro, el desempeño no se mide únicamente en utilidades, crecimiento o productividad. Se incorporan indicadores de bienestar, seguridad, desarrollo profesional, equidad salarial y clima organizacional. Lo que no se mide, no se gestiona.

Este cambio es clave para la agenda ESG. Las organizaciones que avanzan en este camino vinculan métricas sociales con resultados de negocio, demostrando que el bienestar y la rentabilidad no son objetivos opuestos, sino interdependientes.

Asumir que el liderazgo también es corresponsable del bienestar

Poner a las personas al centro redefine el rol del liderazgo. Ya no basta con dirigir resultados; se espera que quienes toman decisiones comprendan su impacto humano y asuman responsabilidad sobre él. La cultura organizacional deja de ser un discurso y se refleja en comportamientos concretos.

Esto implica formar líderes con capacidades de empatía, gestión ética y toma de decisiones conscientes. Las organizaciones que ignoran este punto suelen enfrentar crisis internas que erosionan la confianza y el compromiso de sus equipos.

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Integrar el bienestar como parte del modelo de negocio, no como un beneficio extra

Finalmente, poner a las personas al centro significa que el bienestar no es un “plus” ni una iniciativa aislada de recursos humanos. Forma parte del modelo de negocio, de la planeación estratégica y de la gestión de riesgos.

Las empresas que lo entienden diseñan procesos más sostenibles, reducen la rotación, fortalecen su reputación y mejoran su capacidad de adaptación en contextos de crisis. No es una concesión: es una ventaja competitiva de largo plazo.

¿Por qué este enfoque es cada vez más relevante?

Personas, riesgos y sostenibilidad

El creciente foco en factores sociales responde a una realidad clara: los riesgos más costosos para las organizaciones ya no son solo financieros o ambientales. El desgaste del talento, los conflictos laborales y la pérdida de confianza social tienen impactos directos en la continuidad del negocio.

De la narrativa al escrutinio público

Hoy, clientes, inversionistas y reguladores observan con mayor atención si las empresas hacen lo que dicen. La coherencia entre discurso y práctica se ha vuelto un factor crítico de reputación. Poner a las personas al centro sin evidencia concreta puede convertirse rápidamente en un riesgo reputacional.

Un puente entre ESG y cultura organizacional

Este enfoque funciona como un punto de conexión entre las estrategias ESG y la vida cotidiana dentro de las organizaciones. Permite que conceptos abstractos como sostenibilidad, propósito o impacto social se traduzcan en acciones tangibles y medibles.

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Poner a las personas al centro no es una moda

Poner a las personas al centro no es una tendencia pasajera ni una consigna de comunicación. Es una redefinición profunda de cómo se entiende el éxito organizacional en un contexto de crisis sociales, económicas y ambientales cada vez más complejas. Las empresas que lo asumen con seriedad están mejor preparadas para enfrentar la incertidumbre.

Más que una promesa, este enfoque exige coherencia, medición y voluntad de cambio. Cuando se implementa de forma auténtica, poner a las personas al centro deja de ser una frase atractiva y se convierte en una estrategia sólida para construir organizaciones más justas, resilientes y sostenibles en el tiempo.

Este país podría quedar inhabitable por sequía extrema: millones de personas en riesgo

Irán se aproxima peligrosamente a un escenario que hasta hace poco parecía impensable: convertirse en un país incapaz de sostener a su propia población debido a la falta de agua. La combinación de años de precipitaciones por debajo de la media, embalses al límite y una gestión ambiental negligente ha colocado al país al borde del llamado Día Cero, el momento en que el agua deja de salir del grifo. Hoy, esta amenaza ya no es una advertencia de científicos, sino una posibilidad reconocida públicamente por el propio gobierno.

El presidente Masoud Pezeshkian lo dijo sin rodeos: si no llueve, Teherán —una megalópolis de más de 10 millones de habitantes— podría tener que ser evacuada. Las presas que abastecen a la capital están en mínimos históricos, una de ellas completamente seca y otra por debajo del 8 % de su capacidad. Los recortes de presión nocturnos ya no bastan y, para millones de personas, el acceso al agua potable se ha vuelto intermitente, desigual y profundamente injusto.

Este país en sequía extrema enfrenta una tormenta perfecta en la que la crisis hídrica se entrelaza con el colapso económico, la inflación descontrolada, la escasez energética y una creciente ira social. Más allá de las amenazas externas, las sanciones o la presión militar de Estados Unidos e Israel, el golpe más severo para el régimen puede venir de algo mucho más básico: la imposibilidad de sostener la vida cotidiana sin agua.

Irán, un país en sequía extrema y al borde del Día Cero

A finales de 2025 y comienzos de 2026, las protestas que estallaron en el Gran Bazar de Teherán por la caída de la moneda y el aumento de los precios se extendieron rápidamente a más de veinte provincias. El rial iraní perdió cerca del 60 % de su valor desde mediados de 2025, mientras que la inflación alimentaria ronda el 64 %, empujando a millones de hogares a la pobreza extrema y la inseguridad alimentaria.

A este deterioro se suma una crisis energética crónica. A pesar de sus vastas reservas de petróleo y gas, Irán sufre apagones en verano y escasez de gas en invierno debido a décadas de subinversión, subsidios mal diseñados, corrupción y sanciones. Esta fragilidad energética afecta directamente al suministro de agua: sin electricidad estable, los sistemas de bombeo fallan y las ciudades quedan aún más expuestas.

En este contexto, Teherán se ha convertido en el símbolo más inquietante del colapso ambiental. Que un gobierno admita la posibilidad de evacuar su capital revela hasta qué punto el país en sequía extrema ha agotado sus márgenes de maniobra. 

Negligencia climática: cómo Irán agotó su propia agua

Aunque el cambio climático ha intensificado las sequías, la crisis hídrica iraní es, ante todo, una crisis política. Durante décadas, el Estado trató el agua como un recurso ilimitado y el cuidado ambiental como una variable negociable. La escasez actual es el resultado previsible de esa visión.

Entre los principales errores de la administración iraní destacan:

  • Promover agricultura intensiva en zonas áridas, en nombre de la autosuficiencia alimentaria, con cultivos altamente demandantes de agua.
  • Apoyar industrias con enorme huella hídrica, sin evaluar su viabilidad ecológica a largo plazo.
  • Construcción masiva de presas y trasvases, que secaron ríos, lagos y humedales en lugar de restaurarlos.
  • Sobreexplotación de acuíferos, mediante perforación legal e ilegal de pozos, agotando reservas estratégicas.
  • Subsidios al agua y la energía, que incentivaron el despilfarro y desincentivaron la eficiencia.
  • Infraestructura obsoleta, con redes de distribución plagadas de fugas.
  • Desprotección de los ecosistemas, considerados un lujo prescindible frente a la “economía de resistencia”.

Las sanciones internacionales y la presión externa reforzaron esta lógica. Bajo el asedio económico, el régimen justificó la extracción insostenible como un acto patriótico. Así, el sacrificio de los recursos naturales se convirtió en parte del proyecto político. El resultado es un país en sequía extrema que ha entrado en bancarrota hídrica.

país en sequía extrema

El costo social de quedarse sin agua

La escasez de agua no hace más que profundizar la crisis económica. La agricultura —fuente de ingresos para millones— se vuelve inviable; la industria reduce su actividad; los precios de los alimentos suben aún más. En provincias como Juzestán, Chaharmahal y Bakhtiari, agricultores y comunidades enteras han salido a las calles para protestar por el desvío del agua hacia megaproyectos asociados a intereses políticos y militares.

El agua actúa como un “multiplicador de riesgos”: convierte el malestar económico en indignación social y la frustración en movilización política. Las protestas recientes han unido a campesinos, trabajadores, estudiantes y familias empobrecidas bajo consignas que exigen servicios básicos y denuncian la incompetencia gubernamental. El costo humano de la negligencia climática se mide en migraciones forzadas, pobreza, enfermedades y una creciente sensación de abandono estatal.

Paradójicamente, mientras Washington reactiva su doctrina de “máxima presión” y el Consejo de Seguridad endurece sanciones, el golpe más devastador no proviene del exterior. Proviene de los ríos y acuíferos agotados. La sequía amenaza con hacer lo que ni las sanciones ni las bombas lograron: poner en jaque la continuidad del régimen.

https://twitter.com/Javanmardi75/status/2009001685746860341?s=20

De la economía de resistencia a la sostenibilidad

Si Irán quiere evitar el colapso, debe cambiar de rumbo de manera radical. Enfrentar esta crisis exige abandonar la lógica de la resistencia a cualquier precio y transitar hacia una estrategia de sostenibilidad y resiliencia.

Entre las medidas que este país debería impulsar con urgencia destacan:

  • Eliminar gradualmente cultivos altamente demandantes de agua en regiones áridas.
  • Reducir la dependencia de industrias intensivas en consumo hídrico, reorientando la economía.
  • Reformar los subsidios al agua y la energía, protegiendo a los más pobres pero incentivando la eficiencia.
  • Invertir en infraestructura, para reducir fugas y modernizar la distribución.
  • Restaurar ecosistemas como ríos, lagos y humedales, en lugar de seguir expandiendo presas.
  • Gestionar el agua como un recurso estratégico y finito, no como un botín político.

La experiencia iraní es una advertencia para el mundo. Lo que hoy vive este país en sequía extrema anticipa el futuro de otros Estados que siguen posponiendo la inversión ambiental y la transición hacia modelos sostenibles. Cuidar el medioambiente y los recursos naturales no es una opción ideológica ni un lujo para tiempos de bonanza: es una condición básica de estabilidad social, económica y política. Ignorarla puede terminar poniendo en jaque no solo a un régimen, sino a toda una nación.

Beisbol para ciegos, una realidad en México 

La National Beep Baseball Association (NBBA) otorgó la autorización oficial a BBAT México, para fungir como promotor y organizador nacional del beep baseball en nuestro país, marcando un paso histórico para el desarrollo del deporte adaptado en tierras aztecas.

Con esta autorización, se podrá organizar, desarrollar y promover el beep baseball a nivel nacional, en apego a los valores de inclusión, accesibilidad, seguridad y respeto que rigen a la NBBA, con el objetivo de generar oportunidades deportivas reales para personas con ciegas y con discapacidad visual.

¿Qué es el beep baseball?

El beep baseball es una modalidad adaptada del béisbol diseñada específicamente para personas ciegas. En este deporte, la pelota emite un sonido (beep) que permite a los jugadores localizarla al momento del bateo, mientras que las bases también cuentan con señales auditivas. Los equipos están conformados por jugadores con ciegos o con discapacidad visual y guías videntes, lo que convierte al beep baseball en una disciplina altamente competitiva, estratégica e inclusiva.

Se juega con una pelota especial que emite sonido. Dos equipos de 6 jugadores cada uno deben estar con los ojos vendados en todo momento sin importar la discapacidad que tengan para estar en igualdad de situaciones. Se lanza la pelota y se sigue el sonido distintivo de la base para anotar antes que la defensa atrape la bola que tiene su sonido distinto. Existen solo dos bases: una en la línea de primera base y otra en la de tercera, cada una a 30 metros del home. Un operador de base activa una base aleatoriamente cuando se batea la pelota. El objetivo es anotar la mayor cantidad de carreras.

El bateador anota un punto si llega a la base activada antes de que el fildeador atrape la pelota. Si el fildeador atrapa la pelota primero, el bateador queda out y no se anota ningún punto. Esto crea una competencia acelerada entre el bateador y la defensa.

La iniciativa contempla la creación de programas de entrenamiento, el desarrollo de ligas locales, la realización de campañas de concientización y el impulso de un esquema de crecimiento a largo plazo que permita consolidar esta modalidad de beisbol en el país y proyectarlo hacia competencias internacionales.

Beisbol para ciegos

Esta autorización representa un antes y un después para el deporte adaptado en México. El beep baseball no solo es competencia y alto rendimiento, es una herramienta de inclusión, autonomía y trabajo en equipo. Nuestro objetivo es llevar este deporte a diferentes estados del país, formar jugadores y sentar las bases para que México tenga, en el futuro, sus propios equipos nacionales compitiendo a nivel internacional”, afirmó Aleksei Báez Cestelos, director general de BBAT México.

Esta autorización abre caminos para impulsar la difusión y el crecimiento de este deporte en México, con miras a que el país se integre al circuito competitivo internacional bajo los lineamientos de la NBBA.

Con este paso, México se suma a una disciplina que combina pasión deportiva, innovación y compromiso social, abriendo nuevas oportunidades para atletas con discapacidad visual y fortaleciendo el panorama del deporte inclusivo en el país.

Actualmente el beisbol parra ciegos tiene presencia en países como Estados Unidos, Canadá, Puerto Rico, Japón y ahora en México. 

Gestión inteligente del agua de lluvia en México: de la inundación a la oportunidad

México enfrenta un escenario climático cada vez más extremo: lluvias torrenciales seguidas de sequías prolongadas. Este vaivén ha evidenciado un reto estructural que ya no puede ignorarse: ¿cómo manejar el agua de lluvia de forma inteligente, evitando inundaciones y aprovechando cada gota en beneficio de nuestras ciudades?

Las urbes mexicanas, cubiertas de asfalto y concreto, bloquean la infiltración natural del agua. Cada tormenta se convierte en un desafío para un drenaje saturado, calles anegadas y millones de litros desperdiciados. Según fuentes de gobierno, solo este año, la Ciudad de México vivió una temporada de lluvias histórica: en junio se duplicaron los promedios con 220 millones de m³, en agosto cayó la precipitación más intensa en 70 años; y en septiembre más de 60 millones de m³ volvieron a poner a prueba la infraestructura1,2. Avenidas convertidas en ríos y transporte colapsado son ya imágenes familiares de una ciudad que necesita repensar su relación con el agua.

El cambio de paradigma pasa por transformar el agua pluvial en un recurso útil. Las Soluciones Urbanas de Drenaje Sostenible (SUDS) ya están presentes en México y permiten mitigar, infiltrar y reutilizar el agua de lluvia. En este campo, Amanco Wavin desarrolla sistemas integrales e híbridos de gestión pluvial que ayudan a las ciudades a optimizar sus recursos y reducir el impacto de los fenómenos extremos. Entre sus principales innovaciones se encuentran los sistemas AquaCell 400, 160 y 85, junto con cámaras de sedimentación, filtros hidrodinámicos y sumideros, que forman parte de un portafolio diseñado para crear tanques de tormenta, alcorques, jardines de lluvia y cubiertas verdes y azules. Estas soluciones no solo controlan el flujo del agua: la almacenan, infiltran y reutilizan, promoviendo biodiversidad y reduciendo los costos sociales y económicos de las inundaciones.

AquaCell, en sus distintas versiones, permite retener grandes volúmenes de agua de lluvia bajo tierra mediante módulos plásticos modulares que evitan inundaciones y facilitan la recarga de los mantos acuíferos, adicional, los jardines de lluvia permiten la captación del agua de lluvia y su riego por capilaridad. Los alcorques (TreeTank) canalizan el agua directamente hacia los árboles urbanos, fortaleciendo las áreas verdes, ayudando a mitigar el calor urbano. Wavin Tree Tank permite que las raíces de los árboles tengan acceso al agua y nutrientes, dándoles el espacio que necesitan para crecer y ramificarse sin afectar el entorno urbano.

Gestión inteligente del agua de lluvia

Las cubiertas verdes y azules, además de embellecer la ciudad, retienen parte de la lluvia, mejoran la calidad del aire y reducen la temperatura en las zonas más densamente urbanizadas. Este sistema combina los beneficios de los techos verdes tradicionales con una gestión avanzada del agua de lluvia, permitiendo capturar y retener entre el 70% y el 97% del agua de lluvia. Funciona como una capa adicional de aislante, lo que ayuda a regular la temperatura interior de los edificios, reduciendo el consumo energético. No menos importante, estas cubiertas amortiguan el impacto de lluvias intensas, previniendo inundaciones en las ciudades al retener el agua en origen. 

Integradas, estas soluciones convierten el caos en resiliencia: menos inundaciones, más agua disponible y ciudades más frescas y habitables. La gestión inteligente del agua no es un lujo tecnológico, sino una necesidad urgente para adaptarnos al cambio climático. Estas tecnologías representan un cambio hacia una gestión más natural e inteligente del ciclo del agua.

México tiene la oportunidad de pasar de la reacción al diseño. Adoptar infraestructura verde y sistemas como AquaCell, Tree Tank y las cubiertas verdes, son ejemplos claros de cómo podemos construir ciudades más resilientes, capaces de enfrentar los retos del agua y aprovechar cada gota para un futuro más equilibrado y sustentable. No solo protegen frente a lluvias extremas, también redefine cómo habitamos nuestras ciudades. Transformar el agua de lluvia de amenaza en aliado es, hoy, la verdadera medida del progreso urbano.

Retiro masivo de EE. UU: sale de 66 organismos globales, incluido el tratado climático de la ONU

La relación de Estados Unidos con los organismos multilaterales atraviesa uno de sus momentos más tensos en décadas. La decisión de la administración Trump de suspender el apoyo a decenas de instituciones internacionales marca un punto de inflexión en la forma en que el país concibe la cooperación global y el papel de los organismos internacionales en la gobernanza mundial.

Este giro, formalizado mediante una orden ejecutiva, implica que EE. UU. se retira de organismos globales clave vinculados a temas como cambio climático, derechos humanos, salud, trabajo y desarrollo. Este movimiento plantea preguntas profundas sobre el futuro del multilateralismo y la corresponsabilidad frente a los grandes retos globales.

EE. UU. se retira de organismos globales: un replanteamiento del multilateralismo

La orden ejecutiva firmada por Donald Trump suspende el apoyo estadounidense a 66 organizaciones, agencias y comisiones internacionales, muchas de ellas afiliadas a la ONU. Según el Departamento de Estado, estas instituciones han sido calificadas como redundantes, mal administradas o contrarias a los intereses y la soberanía nacional de Estados Unidos.

Este argumento refleja una visión utilitaria del multilateralismo, en la que la cooperación internacional solo es válida si se ajusta estrictamente a la agenda política de Washington. Desde esta lógica, EE. UU. se retira de organismos globales que no considera estratégicos, incluso si históricamente han sido plataformas clave para la coordinación internacional.

Para especialistas en RSE, este enfoque resulta relevante porque debilita los marcos comunes que han permitido avances en estándares laborales, ambientales y sociales. Sin estos espacios, la alineación entre gobiernos, empresas y sociedad civil se vuelve más fragmentada y desigual.

La salida del tratado climático de la ONU y sus implicaciones globales

Uno de los movimientos más significativos es la retirada de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), tratado base del Acuerdo de París. Este paso consolida la postura negacionista de la administración Trump frente al cambio climático, al que ha calificado reiteradamente como un engaño.

La CMNUCC ha sido durante décadas el eje de las negociaciones internacionales para reducir emisiones y financiar acciones climáticas en países en desarrollo. Que EE. UU. se retire de organismos globales enfocados en clima no solo reduce la capacidad financiera del sistema, sino que envía una señal política que puede debilitar los compromisos de otras naciones.

Expertos advierten que esta decisión ofrece una “excusa” a otros países para retrasar sus propias acciones climáticas. Para el sector empresarial comprometido con ESG, esto genera un entorno más incierto, donde la acción climática dependerá menos de acuerdos globales y más de liderazgos locales, corporativos o regionales.

Impactos en derechos humanos, salud y cooperación internacional

La retirada no se limita al ámbito climático. También incluye agencias como la UNFPA, dedicada a la salud sexual y reproductiva, así como organismos culturales, académicos y técnicos. En varios casos, estas salidas revierten decisiones de administraciones anteriores y afectan directamente a programas en países vulnerables.

El hecho de que EE. UU. se retire de organismos globales ha obligado a la ONU a implementar recortes internos y ha provocado el cierre de proyectos ejecutados por organizaciones aliadas, muchas de ellas dependientes de fondos estadounidenses. Esto evidencia hasta qué punto la arquitectura de la cooperación internacional sigue siendo frágil y altamente dependiente de las decisiones de unos pocos actores.

EE.UU. se retira de organismos globales

Paradójicamente, la administración Trump ha señalado que mantendrá su participación en ciertos espacios donde compite directamente con China, como telecomunicaciones o comercio marítimo. Esto sugiere que no se trata de un rechazo total al multilateralismo, sino de una versión selectiva y estratégica del mismo.

¿Qué significa este retiro para el futuro global?

El hecho de que EE. UU. se retire de organismos globales redefine el equilibrio de poder en la gobernanza internacional y deja vacíos difíciles de llenar en temas críticos como clima, derechos humanos y desarrollo sostenible. Más allá de la coyuntura política, este movimiento plantea un desafío estructural al sistema multilateral tal como lo conocemos.

Para las empresas y líderes en responsabilidad social, este contexto refuerza la importancia de asumir un rol más activo. Cuando los gobiernos se repliegan, el sector privado, la sociedad civil y las alianzas transnacionales pueden convertirse en actores clave para sostener agendas globales, proteger avances logrados y construir nuevas formas de cooperación frente a un mundo cada vez más fragmentado.