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Reflexiones y aprendizajes respecto a las Mejores Prácticas de RSE 2010

Por: Emilio Guerra Díaz / Para Mercedes Aragonés Ruipérez

Más de cuarenta experiencias empresariales que los responsables de los programas de Responsabilidad Social Empresarial de sus corporaciones han desarrollado para enlazar, vincular y potenciar la aportación el talento empresarial a la comunidad, fueron compartidos durante el Seminario Internacional de Mejores Prácticas de RSE 2010 que se llevó a cabo en la ciudad de Puebla la semana pasada.

Como corolario el Centro Mexicano para la Filantropía entregó los reconocimientos (23 para empresas de México y 22 de otras naciones) en las categorías: Calidad de Vida en la Empresa, Cuidado y Preservación del Medio Ambiente, Ética Empresarial y Vinculación con la Comunidad. Destaca que en la edición 2010 el Cemefi ha abierto dos rubros más de reconocimiento: Cadena de Valor y Promoción de Consumo Responsable, sin duda dos orientaciones que en el futuro producirán ejemplares prácticas como las que se reconocieron en esta ocasión.

Como se sabe, la entrega de reconocimientos a experiencias que ha desarrollado una empresa y que constituyen una buena práctica de RSE, nació en el Centro Mexicano para la Filantropía como una alternativa que estimulara y reconociera a aquellas corporaciones que, pueden o no , estar interesadas en obtener el Distintivo ESR, pero que durante su desempeño cotidiano y por iniciativas de colaboradores o de sus gerentes de responsabilidad social han desarrollado actividades, programas o proyectos, procesos a favor de la empresa y desde luego para la comunidad en las categorías descritas.

De esta manera, las Mejores Prácticas reconocen el desarrollo de un modelo de atención, de aporte de beneficios adicionales ya sea por los colaboradores e inversionistas vinculando lo que la empresa tiene, produce o sabe hacer en su gestión administrativa; acciones que han contribuido a la recuperación del medio ambiente, que involucran a las empresas que forman parte de su cadena de valor para crear sinergias, o bien, que resulten acciones de retribución en beneficio de la comunidad desde la empresa, como por ejemplo programas de voluntariado o mentorazgo empresarial.

En la edición 2010 se presentaron casos nacionales y una variedad de otros países latinoamericanos en un seminario para compartir experiencias. Se han reconocido esfuerzos no solamente de las grandes corporaciones, sino también de micro y pequeñas empresas.

De este evento se pueden compartir algunos aprendizajes:

Las Prácticas de RSE educan, forman e informan. El formato de seminario permitió compartir experiencias, procesos creativos y retos. Lo más significativo en este sentido resultó la disposición expositores a compartir sus modelos. Este hecho marca una cambio de mentalidad entre la competencia empresarial, gracias al impulso de RSE ahora se comparte, complementa, se marca la pauta para encontrar elementos para ir a la vanguardia.

Es muy útil replicar modelos o aprender de otros. Al compartir y exponer “la práctica de mi empresa se acepta que estimulará la imaginación para que con los propios recursos, talentos y perfiles, otra empresa delineará su propia práctica”. Es una visión donde todos ganan porque ayuda a vislumbrar rubros, a encontrar áreas de oportunidad y se demuestra que impulsar prácticas de esta naturaleza no es un asunto de dinero, sino más bien, de poner en interacción las fortalezas de la empresa.

Lenguaje Común. Para crear cultura –en este caso de responsabilidad social- se requiere de hábitos (la repetición de acciones, por ejemplo), pero también de estrategias de comunicación que se apoyen en un lenguaje común. Se registra un significativo avance en el uso y manejo del lenguaje que describe tanto el espíritu de las prácticas y la nomenclatura, como también los beneficios adicionales que se obtienen de un buen actuar en la comunidad.

Presupuesto e imaginación. Muchas prácticas compartidas revelan la necesidad de que la empresa destine recursos económicos para realizar sus proyectos. Pero quizá lo más importante es apoyarse en el capital humano con el que se cuenta y la habilidad para estimular el pensamiento colectivo para idear una práctica. Al avanzar se observa que los recursos en los que ya invierte la empresa pueden ser potenciados o servir de plataforma para alentar y encausar las prácticas. Por ejemplo….

El talento es, en extremo, importante. Más de 5 experiencias de RSE que se presentaron en el seminario mostraron que el trabajo en equipo y la disposición de los colaboradores de la empresa a fungir como voluntarios o mentores que se sumen a otras iniciativas –ya sean de organizaciones de sociedad civil o de gobierno-, o bien, desarrollen las propias, terminan por crear uno de los vínculos más importantes de la utilidad social de las prácticas de RSE, ya que se movilizan recursos adicionales que no necesariamente provienen de la empresa solamente. Los empleados disponen de la plataforma de la empresa, pero aquella, de la pasión y compromiso que se ha despertado en sus colaboradores que se desparrama en la comunidad. Un valor agregado es que el sentido de pertenencia se arraiga en todos los actores.

Criterios de eficiencia y eficacia ayudan. Prácticas de RSE de una nación como la que se presentó de Uruguay, puede ayudar a mejorar el servicio de trasporte urbano y de pasajeros en México, por ejemplo. Una buena práctica puede nacer de un verdadero interés económico que busca la empresa y que implica un beneficio real para los consumidores. Así por ejemplo diseñar una actividad que disminuya los accidentes e incidentes de los operadores de transporte para ahorrar gastos indeseables como pólizas de seguros, gastos médicos y legales, indemnizaciones, multas y reposición de vehículos por accidente, termina beneficiando la imagen, mejorando el servicio, incrementa la seguridad, ahorra tiempo y hace de un servicio un bien deseado por los consumidores.

El pensamiento y visión transversal potencian el efecto. El Seminario incluyó prácticas que mostraron cómo pensar para la audiencia interna y los consumidores y grupos sociales vulnerables o excluidos externos, pueden encausar una excelente práctica. En ocasiones atender un segmento “de mercado” que típicamente no corresponde a los productos a los que se orienta el mercado no limita, al contrario, aporta.

Las prácticas de RS pueden incluir a otros sectores no típicos. Al reconocer al gobierno municipal de Puebla, el Cemefi muestra que el espectro de estas prácticas es más amplio y puede fortalecer a la administración pública municipal cuando un buen proyecto suma a ciudadanos, empresas y organizaciones civiles. En este caso el municipio ha desarrollado una interesante cartera de proyectos susceptibles (Portafolio de Inversión Social) a ser apoyados por empresas bajo criterios de transparencia y un ganar para todos los involucrados.

Compartir servicios genera beneficios. Algunas prácticas mostraron que se obtiene un valor agregado cuando en forma subsidiaria comparte sus servicios con segmentos de población que no corresponden a su mercado o que en determinadas circunstancias no pueden acceder al servicio. De esta manera, en forma solidaria, se idea llevar funciones de cine a zonas de desastres para mitigar la pena, el sufrimiento y la desventura. O bien, se desarrollan proyectos de nutrición para grupos excluidos del mercado.

En esta visión se incluye por ejemplo, una práctica que resultó de gran utilidad para el sector filantrópico, el de la Notaría Pública 188 que en el estado de Tamaulipas gratuitamente da el servicio de registro y constitución de OSC.

Sin duda ha sido una grata experiencia y deseo finalmente comentar que en lo personal me llamó mucho la atención la experiencia de Coca Cola Femsa de Colombia, desarrollada a través de su programa “Banco de Tiempo” por varias razones: por un lado, es una iniciativa de voluntariado y mentorazgo de la empresa que organiza a sus colaboradores bajo las preguntas: ¿Cómo queremos cambiar a nuestra comunidad?, ¿Qué podemos aportar con un valor agregado desde los recursos humanos con los que cuenta la empresa?, o bien, ¿Qué se puede hacer desde el talento individual del colaborador que sumado a la interacción con la empresa genere una actividad de mayor impacto social?

Banco de Tiempo lanzó una iniciativa hacia sus colaboradores que nació motivada por el objetivo de evitar que a la empresa, por el conflicto armado con la guerrilla, se le estuviera exigiendo tributo o “impuesto de guerra” para vender sus productos en determinados departamentos que estaban bajo control de la guerrilla.

De tal suerte la primera decisión empresarial fue no responder ningún solicitud de dádiva, pero la siguiente acción fue admirable. En un ejercicio de análisis sobre alternativas que desarrollar el equipo de recursos humanos y otros directivos de la empresa advirtieron la creación de un programa donde la empresa invirtiera recursos para abrir micro empresas operadas por personas que decidieran integrarse a la sociedad y abandonar la lucha armada. De esta manera se acentúo el apoyo a dar una alternativa de vida para responder a las aspiraciones de dichas personas y hoy forman parte de la cadena de valor por producir bienes que requiere la empresa para su funcionamiento. Han rescatado a grupos sociales que de otra manera hubieran enfrentado gran dificultad de emplearse por sus antecedentes personales en los canales típicos de empleo. Un proyecto muy novedoso al igual de útil. La empresa invitó al colombiano Cesar Augusto Florez Rivera presentar su propio testimonio.


Emilio Guerra Díaz

Sociólogo, articulista en diversos medios impresos desde 1988. Ha colaborado en el sector filantrópico por más de 20 años. Es Voluntario desde 1989. Autor del libro “La política de planificación familiar del estado mexicano”, UAM-Xochimilco, 1991. Consultor en Desarrollo Institucional para OSC. Fue subdirector de la Fundación Cultural Bancomer y Director de Información y Servicios del Cemefi. Actualmente es Gerente de la Fundación ADO.

Acerca del autor

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