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Por qué desconfiar de empresas que quieren hacerte feliz

Un experto da 3 razones por las que no es bueno que tu empresa quiera aumentar tu felicidad

Son muchos los libros que argumentan a favor de que las compañías se preocupen por la felicidad de sus colaboradores. Esto, dicen, aumenta el bienestar, la salud y claro, la productividad. Como contrapeso a esta idea William Davies, autor de The Happiness Industry (“La industria de la felicidad”) propone que este énfasis corporativo en la felicidad no es una buena noticia.

En entrevista con The New York Magazine, el sociólogo británico explica por qué mantiene este postura:

1. No es una relación equitativa:

Davies no tiene nada en contra de la felicidad y sabe que puede parecer absurdo criticar a las empresas que la impulsan, pero recuerda que la relación entre una compañía y su colaborador “es el resultado de una serie de relaciones de poder que son al mismo tiempo potencialmente manipuladoras y ligeramente clandestinas”. Con su libro no pretende acabar con estas filosofías corporativas, sino dar a conocer su funcionamiento para que las personas estén conscientes de los motivos detrás de las políticas.

2. Separación entre vida y trabajo:

El experto afirma que es peligroso que las empresas borren las líneas entre vida y trabajo: “las estrategias de bienestar en el trabajo incluyen orientación emocional, consejos de nutrición y todo esto sugiere que no hay separación entre lo que hacemos en el trabajo y lo que somos como seres humanos, en un sentido más amplio. La ironía es que es el trabajo el que muy a menudo crea las condiciones que llevan a la infelicidad.”

El problema de los gurús de la felicidad en la oficina, dice Davies, es que se enfocan en enseñar hábitos de la felicidad a la gente, pero no en reformar los lugares de trabajo para que este tipo de ejercicios no sean necesarios.

3. La trampa de la tecnología:

El sociólogo ve dos retos con la nueva tecnología. El primero es que, aunque son pocos los jefes explotadores que quieren que sus colaboradores estén conectados todo el tiempo, también son pocos los que están introduciendo normas y prácticas para evitar que esto suceda.

El segundo es que gracias a la nueva tecnología es posible monitorear y medir la felicidad, pero los investigadores están olvidando que también pueden hacerse estudios para comprender la felicidad y la infelicidad.

¿Hay solución?

No es que Davies quiera acabar con el nuevo interés de las empresas por el bienestar, pero él cree que la solución está en “aspirar a lugares de trabajo más democráticos, en los que las personas puedan de hecho hablar sobre lo que les molesta y ser escuchadas”, en lugar de centrarse en monitorear variables como la presión arterial o en encuestas que requieren calificar el bienestar del 1 al 10.

Acerca del autor

María José Evia H

Comunicadora especializada en medios digitales, literatura y equidad de género. Coordina, escribe y edita contenidos de ExpokNews y la Síntesis diaria, además de colaborar en medios como Letroactivos, Letras Libres, Lee + y Equilibrio. Aquí sus redes sociales.

Comentarios

  • El tema es fundamental. Gracias. Pero es muy triste suponer que la relación con la empresa se reduzca sin más a una relación de poder. Aún más peligroso es pensar que el trabajo sea algo separado de la vida (no existe tal línea que el autor señala). En lo que coincido es en el peligro de los recursos tecnológicos para inmiscuirse donde no corresponde. Finalmente, la “democracia” en el trabajo es sólo uno de los caminos que, de hecho, crean ambientes laborales más propensos a la felicidad.

  • Claro que no es, ni ha sido una relación equitativa, solo basta ver los Corporativos con toda esa estructura en ocasiones innecesaria de quienes ostentan puestos con beneficios económicos muy por encima del empleado promedio, y no se diga de prestaciones y estacionamientos exclusivos dentro de las instalaciones, mientras que el trabajador promedio lidia cada día con problemas que a nadie interesa, pero eso si, son el motor que hace funcionar a las empresas.

    La separación entre la vida y el trabajo no existe en países del “cuarto” mundo como lo es México, en dónde los anuncios para encontrar trabajo rezan: Acostumbrado a trabajar bajo presión, y en el que te dicen que el trabajo no se acaba, hasta que se acaba, para eso se inventaron las horas extras para compensar las ineficiencias del horario regular, quién puede encontrar felicidad en esto ?????

    Yo me dedico a las ventas, trabajo desde mi casa y en búsqueda de la felicidad deje de ser empleado con horario fijo y forzado a trabajar los días por los que las empresas te pagan, tengo respeto por toda la gente que son empleados de alguna empresa, tal ves ya cayeron en la infelicidad y no se han dado cuenta.

    Gracias.

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