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Podría ser inmerecida imagen limpia del gas natural, catedrático de la Universidad de Cornell, Nueva York

El gas natural, con su reputación como una pieza clave en el esfuerzo para romper la dependencia de Estados Unidos de los combustibles fósiles y reducir el calentamiento global, podría no ser tan limpio como dicen sus partidarios.

Aún al tiempo que la producción de gas natural se incrementa y Washington le da un cálido acogimiento como un componente crucial del futuro energético del país, dos estudios que próximamente se darán a conocer sugieren que la prisa por desarrollar depósitos vastos y poco convencionales de este recurso tiene grandes probabilidades de contribuir más a calentar el planeta que la minería y la quema de carbón.

El metano, gas que calienta el planeta y es el principal componente del gas natural, se escapa hacia la atmósfera en cantidades mucho mayores de lo que se pensaba anteriormente, con hasta el 7.9 por ciento de éste saliendo de pozos de gas de esquisto, ventilados o encendidos intencionalmente, o filtrándose de conexiones flojas de tubería a lo largo de las líneas de distribución del gas, sugieren varios estudios. Esto contrarresta la ventaja más importante del gas natural: libera menos emisiones de dióxido de carbono que otros combustibles fósiles.

“El antiguo dogma de que el gas natural es mejor que el carbón en términos de emisiones de gases de efecto invernadero es afirmado una y otra vez sin reservas”, externó Robert Howarth, catedrático de ecología y biología ambiental en la Universidad de Cornell, en Ithaca, Nueva York, y autor titular de uno de los estudios. “Antes de que los gobiernos y la industria sigan adelante con el desarrollo gasero, por lo menos deberíamos realizar una mejor labor al hacer mediciones”.

El gas natural ya es la fuente principal de calor en la mitad de las viviendas estadounidenses. Sin embargo, el desarrollo de nuevas formas de explotar las reservas significa que la producción probablemente se incrementará drásticamente.

La habilidad de extraer gas natural de formaciones anteriormente inaccesibles en las profundidades de la tierra lo ha vuelto disponible en cantidades mucho mayores en amplias áreas del país.

Dicha producción gasera poco convencional representa casi una cuarta parte de la producción total en Estados Unidos, de acuerdo con las cifras más recientes de la Administración de Información Energética. Se espera que esta producción alcance el 45 por ciento para el 2035.

La limpieza del gas natural está basada en gran parte en sus menores emisiones de dióxido de carbono al quemarse. Emite la mitad de la cantidad que el carbón y aproximadamente un 30 por ciento menos que el petróleo.

Ya que nadie se ha tomado la molestia de observar, menos claras son las emisiones durante su ciclo de producción completo, desde el momento en que se instala un pozo hasta el punto de su uso.

Las fugas de metano tienen mucho tiempo de ser una preocupación porque aunque éste se disipa en la atmósfera más rápidamente que el dióxido de carbono, es mucho más eficiente al atrapar calor. Un estudio reciente del Instituto Goddard para Estudios del Espacio en la NASA sugirió que una interacción del metano con ciertas partículas de aerosol amplifica significativamente los ya potentes efectos de gas de invernadero del metano.

Howarth y sus colegas concluyen que, tomando todo ello en cuenta, la huella de gas de efecto invernadero del gas de esquisto puede ser hasta un 20 por ciento mayor que, y quizá el doble de alto que, el carbón por unidad de energía.

David Hughes, geocientífico en el Post Carbon Institute, organización de investigación energética y climatológica en California, utilizó los cálculos de Howarth para concluir que reemplazar el carbón con gas para la producción de electricidad de carga base probablemente empeorará las emisiones de gas de efecto invernadero.

Un reporte dado a conocer en enero por la organización periodística sin fines de lucro ProPublica señaló que la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos había duplicado sus cálculos del metano que se pierde vía las líneas de distribución de gas natural.

David Hawkins, director de programas climatológicos con el Consejo de Defensa de Recursos Naturales, dijo que los reguladores podrían incitar a los perforadores a reducir el metano fugitivo, pero a menudo es más económico para la industria simplemente dejarlo escapar.

Hawkins también dijo que se sabía muy poco respecto a exactamente cuánto metano se estaba perdiendo y dejando escapar, y que estudios como los de Howarth dependían de un grupo de datos demasiado pequeño como para ser considerado la última palabra.

“Ésta es una industria enorme y en crecimiento, y simplemente no tenemos la información que necesitamos para asegurar que este recurso está siendo desarrollado tan limpiamente como es posible”, apuntó Hawkins.

Fuente: Reforma, suplemento The New York Times, p. 5.
Por: Tom Zeller Jr.
Publicada: 28 de mayo de 2011.

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