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La pobreza mundial vuelve a crecer: más personas enfrentan múltiples carencias por primera vez desde 2010

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La reducción de la pobreza mundial sufrió un retroceso histórico. En 2026, el número de personas que viven en pobreza multidimensional aguda llegó a 1,200 millones, 51.5 millones más que en la actualización anterior. Este es el primer incremento desde que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Universidad de Oxford comenzaron a medir este fenómeno en 2010. La cifra pone en entredicho el ritmo de los avances globales y la capacidad de los países para garantizar condiciones básicas de vida.

Además, el análisis revela que no se trata únicamente de hogares con ingresos insuficientes, sino de personas que acumulan carencias en alimentación, educación, salud y servicios esenciales. No obstante, el informe también identifica países que han reducido la pobreza con rapidez. La evidencia plantea una conclusión incómoda, pero necesaria: el problema es enorme, aunque sus resultados no son inevitables.

¿Por qué vuelve a aumentar la pobreza mundial?

La actualización de 2026 del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) global abarca 108 países de regiones en desarrollo, que representan el 78% de la población mundial. De los 6,300 millones de personas contempladas en el análisis, 1,200 millones viven en pobreza multidimensional aguda.

A diferencia de los indicadores basados exclusivamente en los ingresos, el IPM mide las privaciones que experimentan las personas en tres dimensiones: salud, educación y nivel de vida. Considera que alguien vive en pobreza multidimensional cuando enfrenta carencias equivalentes a, por lo menos, un tercio de los diez indicadores ponderados del índice, que incluyen nutrición, asistencia escolar, agua potable, saneamiento, electricidad y vivienda.

pobreza mundial

El aumento de 51.5 millones de personas no puede atribuirse a una sola causa. En 95 países sin nuevas encuestas para esta actualización, las estimaciones demográficas revisadas elevaron en 15.8 millones el número de personas contabilizadas como pobres. El resto del cambio responde a una combinación de variaciones en la incidencia de la pobreza, cambios demográficos y diferencias en la cobertura de los indicadores entre las rondas de encuestas. 

Esta distinción es crucial: reducir la proporción de personas pobres no garantiza que disminuya su número absoluto. Angola y Zambia ilustran esta contradicción. En ambos países bajó la proporción de la población en pobreza multidimensional, pero el crecimiento demográfico superó el ritmo de esa reducción y el número total de personas afectadas siguió aumentando.

Para evaluar el progreso, por tanto, no basta con observar si mejora una tasa. También es necesario determinar cuántas personas continúan sin satisfacer sus necesidades básicas y si las políticas públicas avanzan lo suficientemente rápido para responder al crecimiento de la población.

¿Quiénes soportan el mayor peso de la pobreza multidimensional?

Las cifras del PNUD y la Oxford Poverty and Human Development Initiative (OPHI) muestran que la pobreza se concentra de manera desproporcionada entre las infancias y las comunidades rurales.

  • 617 millones son niñas, niños y adolescentes, más de la mitad de las personas en pobreza multidimensional.
  • 83% vive en zonas rurales, donde el acceso a servicios esenciales representa uno de los principales desafíos.

Estas privaciones suelen acumularse y reforzarse entre sí. La falta de alimentación adecuada puede afectar la salud y el aprendizaje; la ausencia de agua potable y electricidad limita las condiciones de vida, y las dificultades para asistir a la escuela restringen las oportunidades futuras.

Por eso, medir la pobreza únicamente a través del ingreso ofrece una visión incompleta del problema. Una estrategia puede mejorar la capacidad económica de un hogar sin resolver las carencias de salud, educación o infraestructura que mantienen a sus integrantes en situación de vulnerabilidad.

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Alexander De Croo, administrador del PNUD, advirtió: “El aumento de la pobreza debería ser una llamada de atención para el mundo”. También subrayó que las personas afectadas enfrentan dificultades que se retroalimentan, como el hambre, la pérdida de escolarización y la falta de agua potable o electricidad.

El mensaje tiene implicaciones directas para las políticas de desarrollo: las respuestas fragmentadas corren el riesgo de atender un síntoma sin modificar las condiciones que reproducen la pobreza. Cuando las carencias están conectadas, las soluciones también deben estarlo.

¿Qué países están consiguiendo reducir la pobreza mundial?

El panorama no es uniforme. Entre los 13 países cuyas estimaciones del IPM se actualizaron en 2026, cinco redujeron significativamente la proporción de personas en pobreza multidimensional. En Egipto, Nepal y Tayikistán disminuyeron tanto la tasa como el número de personas afectadas. Los casos muestran que es posible avanzar incluso frente a un escenario global adverso.

Los resultados de largo plazo son todavía más reveladores. De los 89 países con datos de tendencias del índice, 33 redujeron a la mitad su valor del IPM en menos de 15 años, incluidos seis países de África subsahariana.

Tres experiencias destacan por la velocidad de sus avances:

  • China: redujo la proporción de personas en pobreza multidimensional del 9.5% al 4.2% entre 2010 y 2014, al tiempo que redujo a la mitad el valor de su IPM en solo cuatro años.
  • Eswatini: disminuyó la proporción de personas afectadas del 38.7% al 8% en un periodo de 15 años.
  • Vietnam: redujo a la mitad el valor de su IPM en siete años.

Estos casos no significan que la pobreza haya desaparecido ni permiten atribuir los resultados a una única política. Sí demuestran que las reducciones sustanciales son posibles y que el progreso no se limita a un solo país o región.

La meta 1.2 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establece que, para 2030, debe reducirse al menos a la mitad la proporción de hombres, mujeres y niños que viven en pobreza en todas sus formas y dimensiones. Los resultados de 2026 evidencian la distancia que falta por recorrer, pero también ofrecen referencias concretas de lo que puede lograrse.

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¿Qué se necesita para revertir el aumento de la pobreza mundial?

El informe apunta a una diferencia decisiva entre los países que avanzan y aquellos donde las carencias persisten: la posibilidad de abordar los problemas de manera conjunta. La pobreza multidimensional no se resuelve atendiendo exclusivamente los ingresos, la educación o la alimentación, sino mediante acciones que reconozcan cómo estas condiciones se relacionan.

Para los gobiernos, esto exige coordinar políticas de salud, educación, nutrición y acceso a servicios básicos, además de medir tanto la proporción como el número de personas que permanecen en situación de pobreza. También implica identificar a las poblaciones que enfrentan mayores privaciones, en particular las infancias y quienes viven en zonas rurales.

Las empresas y las organizaciones sociales también pueden contribuir, especialmente cuando sus programas responden a necesidades verificables y se articulan con actores que trabajan directamente con las comunidades. Las iniciativas de alimentación, educación y salud tienen mayor sentido estratégico cuando sus resultados se evalúan por las carencias que ayudan a reducir, no solo por el número de apoyos distribuidos.

La evidencia de China, Eswatini y Vietnam demuestra que es posible acelerar el progreso. Pero el aumento global también deja claro que los avances pueden resultar insuficientes si no alcanzan la escala necesaria para responder a las necesidades de la población.

La pobreza mundial no aumentó porque reducirla sea imposible, sino en un escenario donde los avances siguen siendo desiguales y los factores demográficos pueden contrarrestar los resultados obtenidos. Los 1,200 millones de personas afectadas constituyen una alerta sobre la urgencia de actuar; los países que han logrado reducir sus niveles de pobreza ofrecen una referencia para hacerlo mejor. La meta de 2030 sigue siendo alcanzable, pero requiere políticas integrales, seguimiento riguroso y resultados que se reflejen en la vida cotidiana de las personas.

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