Crecí viendo El Chavo del Ocho, como millones de latinoamericanos. Ese niño que vivía en un barril, en una vecindad donde todos se cuidaban y reían juntos, fue parte de mi infancia. Recuerdo repetir sus frases frente al televisor: “¡eso, eso, eso!” y “sin querer queriendo”. Más que un programa, era un lenguaje común que nos unía como región.
Esa vecindad iba más allá del humor: transmitía pertenencia, cercanía y recuerdos compartidos. Por eso, décadas después, sigue siendo tan relevante y representa algo que hoy parece cada vez más escaso: los momentos compartidos en familia. Si esa vecindad nos unió como espectadores, la lectura puede generar algo similar en la infancia.
Ese mismo espíritu nos inspiró a llevar a El Chavo del Ocho al universo de la lectura, porque cuando un libro llega a un niño no solo cuenta una historia, abre un mundo. Ahí está el verdadero superpoder de leer en familia. Lo que parece un momento simple, un adulto leyendo, un niño escuchando y una página que se pasa fortalece el lenguaje, estimula la imaginación y crea vínculos.
Todavía recuerdo las historias que mi padre me leía antes de dormir. Acostado en la cama, cerraba los ojos y construía imágenes a partir de su voz. Años después repetí ese mismo gesto con mis hijos. Lo que se mantiene no es solo la historia, sino la estructura del vínculo que se forma alrededor de ella: una forma de presencia compartida que se transmite entre generaciones.
Según la UNICEF, leer en voz alta e interactuar con textos es clave en el desarrollo temprano porque fortalece el lenguaje, la comprensión emocional y las habilidades cognitivas. Sin embargo, esos efectos dependen del entorno en el que ocurre la lectura. Ese entorno es el que determina si la práctica se sostiene y se vuelve significativa en la vida cotidiana.
A nivel internacional, uno de los indicadores más utilizados para medir ese entorno es la presencia de al menos tres libros infantiles en el hogar; en México, solo el 39% de los niños menores de cinco años cuenta con ese acceso básico, de acuerdo con la UNESCO. Esto muestra que la discusión sobre lectura infantil no puede limitarse a indicadores educativos, sino que también debe considerar las condiciones concretas de acceso y práctica dentro del hogar.
Ese mismo entorno hoy está atravesado por el lugar predominante de las pantallas en la vida cotidiana. El desafío no es eliminarlas, sino equilibrarlas, porque en ese equilibrio los libros cumplen una función específica: introducir momentos de atención compartida. Como me dijo hace poco Roberto Gómez Fernández, hijo de Roberto Gómez Bolaños: “Podemos seguir viendo pantallas, pero hay que fomentar que los niños lean. Un libro siempre es un vehículo fantástico”.
Desde esa idea de equilibrio, la lectura cobra sentido en la vida cotidiana. Para que ocurra, primero debe ser accesible. Bajo esa idea nació Cajita Feliz Libros de McDonald’s, una iniciativa que acerca libros infantiles a momentos cotidianos en familia. Desde 2012 hasta mayo de este año se han distribuido cerca de 30 millones de libros en hogares latinoamericanos. Más que una cifra, importa lo que sucede después: en casa, cuando una historia se comparte y se convierte en recuerdo, como en mi caso.
Al final, no se trata solo de cuántos libros se entregan, sino de cuántas historias logran conectar a una familia. Tal vez por eso El Chavo del Ocho sigue siendo tan poderoso, no solo por lo que fue, sino por lo que representa, un recuerdo compartido. Latinoamérica creció en esa vecindad.
Hoy, niñas, niños y adultos tienen la posibilidad de construir una vecindad propia a través de la lectura: un espacio de atención compartida donde la historia organiza el encuentro y la experiencia se vuelve memorable. Algo que, con el tiempo, no se recuerde solo por los libros, sino por las personas con quienes se compartió.
En distintos puntos de México, algo está cambiando. Nos estamos uniendo como sociedad para poner alto a varios proyectos que tendrían un impacto ambiental terrible en nuestro país.
Cada vez más personas, colectivos, científicos, pescadores, jóvenes, organizaciones ambientales y ciudadanos están alzando la voz para defender ecosistemas amenazados por megaproyectos turísticos, energéticos e inmobiliarios. Lo que antes parecían luchas aisladas hoy comienza a convertirse en un movimiento nacional de activismo ambiental.
Mahahual, Loreto, el Golfo de California y proyectos como Saguaro se han convertido en símbolos de una conversación más profunda: ¿qué tipo de desarrollo quiere México y cuál es el costo ambiental de ese crecimiento?
En Mahahual, Quintana Roo, miles de personas se movilizaron contra el proyecto “Perfect Day México”, impulsado por Royal Caribbean, un parque acuático de gran escala que organizaciones y especialistas señalaron por sus posibles afectaciones a manglares, arrecifes y especies marinas. La presión ciudadana creció rápidamente en redes sociales, protestas públicas y campañas digitales hasta que la Semarnat anunció que no autorizaría el proyecto por sus riesgos ecológicos.
El día de hoy, entregamos nuestro análisis independiente respecto a la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) presentada por Royal Caribbean ante la SEMARNAT para obtener la aprobación de su proyecto Perfect Day en Mahahual.
La movilización reunió a organizaciones como Greenpeace México y DMAS, además de ciudadanos que comenzaron a organizarse desde distintas partes del país. Incluso en redes sociales y foros digitales se multiplicaron las campañas para defender el ecosistema de Mahahual, reflejando cómo el activismo ambiental ya no pertenece únicamente a especialistas, sino también a una generación que entiende que la protección ambiental es también protección del futuro.
Al mismo tiempo, en el Golfo de California, organizaciones y activistas han levantado la voz contra el Proyecto Saguaro, una iniciativa energética ligada al gas natural licuado que, según ambientalistas y científicos, podría poner en riesgo uno de los ecosistemas marinos más importantes del planeta. Las preocupaciones se centran en el tránsito de grandes embarcaciones y su impacto sobre ballenas, mamíferos marinos y biodiversidad del llamado “acuario del mundo”.
En Loreto, Baja California Sur, ciudadanos y colectivos también han comenzado a organizarse ante propuestas que permitirían la llegada de mega cruceros a una de las zonas marinas protegidas más importantes del país. Las protestas y campañas digitales muestran cómo el debate ambiental dejó de ser un tema periférico para convertirse en una causa social cada vez más visible.
🟢 Tras la negativa de Semarnat al proyecto turístico “Perfect Day” en Mahahual, Quintana Roo, por los impactos negativos al manglar y los arrecifes, ambientalistas denuncian que en México hay 12 desarrollos que ponen en riesgo el equilibrio ecosistémico de distintas regiones.… pic.twitter.com/awoId3En2D
Detrás de todas estas luchas hay algo en común: una ciudadanía que empieza a cuestionar proyectos que prometen desarrollo económico, pero que podrían comprometer recursos naturales irreemplazables. También hay una creciente conciencia sobre la fragilidad de los ecosistemas mexicanos y sobre el papel que tienen las comunidades en protegerlos.
México es uno de los países más biodiversos del mundo, pero también uno de los más peligrosos para quienes defienden el medio ambiente. Un informe reciente del Centro Mexicano de Derecho Ambiental documentó asesinatos y agresiones contra defensores ambientales, evidenciando que proteger la naturaleza sigue siendo una lucha de alto riesgo.
Más allá de estar a favor o en contra de proyectos específicos, estas movilizaciones reflejan una nueva realidad: el activismo ambiental en México está creciendo y cada vez tiene más fuerza social, mediática y ciudadana. Hoy, la defensa de un manglar, una ballena o un arrecife ya no es solo una causa ambiental; se ha convertido en una conversación sobre identidad, comunidad y futuro.
Y quizá ahí está lo más importante de todo: entender que los recursos naturales no son infinitos y que defenderlos también es defender a las próximas generaciones.
El valor del altruismo, por Aldo Farrugia
Aldo Farrugia es un mexicano comprometido con el altruismo y la RS. Fundador y Director de Comunal, una agencia que promueve el impacto social mediante consultoría, marketing con causa y conferencias. También preside la Fundación Comunal, dedicada al fortalecimiento de organizaciones sin fines de lucro.
Con una formación en Mercadotecnia y certificaciones en Estrategia Comercial y Sostenibilidad, ha colaborado con más de 50 ONGs, enfocándose en ayudar a diversos grupos vulnerables, desde personas con discapacidad hasta pacientes con cáncer.
Busca transformar el individualismo en activismo, fomentando la empatía y la participación social entre los mexicanos. En 2023, desafió sus propios límites al correr el maratón de la CDMX a ciegas para apoyar a niños con retinoblastoma, logrando recaudar más de $500,000 mxn y obteniendo un Récord Guinness.
La política climática global acaba de alcanzar un punto de inflexión que pocos imaginaban hace apenas una década. De acuerdo con el más reciente informe del Banco Mundial, los mecanismos de fijación de precios del carbono permitieron a los gobiernos recaudar más de 100 mil millones de dólares en 2025, una cifra histórica que confirma cómo la transición ambiental también puede convertirse en una estrategia de fortalecimiento fiscal y desarrollo sostenible. Esta recaudación por emisiones de carbono representa un aumento del 2% respecto al año anterior y coloca a estos instrumentos en el centro de la agenda económica internacional.
Más allá del monto, el récord evidencia una transformación más profunda: cada vez más países consideran que asignar un costo a las emisiones contaminantes no solo ayuda a reducir gases de efecto invernadero, sino que también puede financiar infraestructura, innovación energética y programas de transición justa. Durante años, el debate climático se concentró en los costos de actuar; hoy, la conversación comienza a incluir los beneficios colectivos que pueden surgir cuando las políticas ambientales se diseñan con visión estratégica y criterios de bienestar común.
Recaudación por emisiones de carbono: el avance de una política que gana terreno
Los más de 100 mil millones de dólares movilizados provinieron principalmente de dos mecanismos: los sistemas de comercio de emisiones (ETS, por sus siglas en inglés) y los impuestos al carbono. Ambos parten de un principio sencillo pero poderoso: quien emite gases de efecto invernadero debe internalizar parte del costo ambiental que históricamente ha recaído sobre la sociedad. Al poner precio a la contaminación, los gobiernos generan incentivos económicos para reducir emisiones y, al mismo tiempo, crean nuevas fuentes de ingresos públicos.
El informe Estado y tendencias de la fijación de precios del carbono muestra que el valor promedio de estos instrumentos se ha más que duplicado en la última década. Si hace diez años el precio promedio rondaba los 10 dólares por tonelada de CO2 equivalente, hoy alcanza 21 dólares, con un crecimiento adicional del 7% desde abril del año pasado. El incremento no es menor: refleja una mayor madurez regulatoria y una creciente aceptación política de que la descarbonización necesita señales económicas claras.
La cobertura de estas medidas también ha crecido de forma significativa. Actualmente, alrededor del 29% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero está sujeto a mecanismos directos de fijación de precios del carbono mediante 87 políticas nacionales, regionales y subnacionales. Particularmente notable es el avance de los sistemas de comercio de emisiones, cuya cobertura pasó del 8% en 2016 a más del 24% de las emisiones globales actuales, mientras que los impuestos al carbono han mantenido una participación relativamente estable.
Este crecimiento explica por qué la recaudación por emisiones de carbono ha comenzado a verse como una herramienta multifuncional. Ya no se trata únicamente de penalizar la contaminación, sino de construir esquemas capaces de financiar prioridades públicas en un contexto de presiones fiscales, volatilidad energética y crecientes demandas sociales. Tal como señala el Banco Mundial, la sostenibilidad y la resiliencia económica comienzan a converger en una misma ecuación política.
Nuevos mercados y reglas que redefinen la transición
El dinamismo de la fijación de precios del carbono también se observa en la aparición de nuevos mercados y regulaciones. En el último año entraron en operación cinco instrumentos nacionales adicionales, una señal de que la adopción continúa expandiéndose incluso en economías con realidades productivas muy distintas. Entre ellos destaca el Plan de Comercio de Créditos de Carbono de India, orientado particularmente a sectores de difícil abatimiento, donde la reducción de emisiones suele ser más compleja y costosa.
Japón constituye otro ejemplo relevante. Su sistema GX-ETS inició su fase obligatoria en 2026 y ya involucra a más de 700 empresas, cubriendo más de la mitad de las emisiones nacionales del país. Lo relevante no es únicamente el alcance del mecanismo, sino el destino de los recursos obtenidos: los ingresos alimentan un fondo nacional dedicado a proyectos de transición energética. Este enfoque muestra cómo la recaudación por emisiones de carbono puede vincularse directamente con inversiones transformadoras y no limitarse a una función meramente recaudatoria.
Mientras tanto, países como Brasil y Turquía desarrollan esquemas propios, reflejando una tendencia que trasciende regiones y niveles de ingreso. A este panorama se suma el Mecanismo Europeo de Ajuste en Frontera del Carbono (CBAM), que comenzó a aplicar precios al carbono sobre importaciones intensivas en emisiones como cemento, acero, aluminio, electricidad e hidrógeno. Aunque actualmente cubre menos del 0.5% de las emisiones globales, su relevancia política es considerable porque introduce la dimensión climática en las reglas del comercio internacional.
El avance del CBAM ha despertado interés global por los llamados ajustes fronterizos y por nuevas formas de regulación climática vinculadas a la competitividad económica. Para muchas empresas, especialmente aquellas integradas a cadenas globales de valor, el precio del carbono dejó de ser un tema exclusivamente ambiental y pasó a convertirse en un factor estratégico de acceso a mercados, gestión de riesgos y planeación financiera.
Créditos de carbono y una economía climática en expansión
El informe del Banco Mundial también ofrece señales importantes sobre el mercado voluntario y regulado de créditos de carbono. Entre 2024 y 2025, la emisión de créditos aumentó 8%, confirmando que la demanda por instrumentos capaces de compensar emisiones continúa creciendo pese a la volatilidad de precios observada en algunos segmentos del mercado.
El caso del Reino Unido resulta ilustrativo. Investigaciones recientes muestran que los créditos de carbono aportaron aproximadamente 1,200 millones de libras esterlinas a su economía durante el último año. Aunque los precios promedio disminuyeron ligeramente en 2025, los créditos de alta integridad ambiental mantuvieron un fuerte atractivo para inversionistas y compradores corporativos, evidenciando que la calidad del activo climático comienza a ser más relevante que el simple volumen transado.
Un ejemplo paradigmático es el esquema CORSIA, acordado por la Organización de Aviación Civil Internacional para regular el crecimiento de emisiones en la aviación internacional. Bajo este sistema, aerolíneas de 129 países deben monitorear sus emisiones y adquirir créditos provenientes de proyectos externos para compensar incrementos por encima de los niveles de 2020. El mecanismo podría requerir más de 144 millones de créditos antes de 2028.
La robustez del esquema depende de criterios estrictos de integridad ambiental. Los créditos elegibles deben demostrar adicionalidad, permanencia y ausencia de doble contabilidad, requisitos esenciales para evitar que la compensación se convierta en un ejercicio simbólico. Este énfasis confirma que el futuro del mercado dependerá menos de promesas aspiracionales y más de evidencia verificable de reducción real de emisiones.
Gobernanza climática: el verdadero desafío detrás del precio al carbono
El récord de 2025 ofrece una lección relevante para los gobiernos y para quienes trabajan en sostenibilidad corporativa: el problema nunca ha sido únicamente recaudar o crear mercados, sino diseñar instituciones capaces de convertir esos recursos en beneficios tangibles para la sociedad y el medio ambiente. La buena gobernanza será el factor decisivo para determinar si estas políticas consolidan una transición justa o simplemente amplían mecanismos financieros sin transformación estructural.
El riesgo del greenwashing también merece atención. Cuando los créditos de carbono o los sistemas de compensación se utilizan para justificar la continuidad de prácticas altamente contaminantes sin planes reales de descarbonización, la legitimidad del mercado se erosiona rápidamente. El precio al carbono debe complementar —no sustituir— estrategias de reducción directa de emisiones, eficiencia energética e innovación tecnológica.
Para que la fijación de precios del carbono cumpla su promesa transformadora, la transparencia, la trazabilidad y la rendición de cuentas deberán convertirse en condiciones irrenunciables. Solo entonces la recaudación por emisiones de carbono podrá consolidarse como algo más que un ingreso fiscal extraordinario: una herramienta de política pública capaz de reconciliar competitividad económica, justicia social y protección ambiental en una misma visión de futuro.
Cada mundial de fútbol concentra millones de miradas, moviliza emociones colectivas y convierte al deporte en un lenguaje común capaz de atravesar fronteras. Sin embargo, mientras estadios y pantallas capturan la atención global, persisten otras realidades que rara vez ocupan los titulares con la misma intensidad. En ese escenario surge una apuesta distinta impulsada por la ONG Plan International: utilizar la conversación alrededor del fútbol para colocar en el centro un tema profundamente social y urgente, las desigualdades que viven niñas y adolescentes en América Latina.
En el marco de los mundiales masculino de 2026 y femenino de 2027, la organización lanzó la iniciativa regional “Cambiemos el Juego”, una campaña que busca ir más allá del simbolismo deportivo para cuestionar las condiciones estructurales que limitan el desarrollo de millones de niñas. La propuesta combina visibilidad pública y trabajo territorial con la intención de influir en cambios sociales duraderos, demostrando que los grandes eventos deportivos también pueden convertirse en plataformas para promover derechos y transformar narrativas.
Las reglas desiguales detrás del partido social
Para millones de niñas en América Latina y el Caribe, la desigualdad comienza mucho antes de entrar a una cancha. La región continúa enfrentando profundas brechas asociadas con el embarazo temprano, los matrimonios y uniones infantiles y la violencia basada en género, fenómenos que restringen oportunidades educativas, económicas y sociales desde edades tempranas. Lejos de ser problemáticas aisladas, estas situaciones responden a estructuras culturales y sociales que normalizan la desventaja.
Desde la perspectiva de Plan International, estas condiciones muestran que las niñas suelen iniciar “el partido” con reglas en su contra. La organización advierte que cuentan con menos oportunidades, menos seguridad y menor reconocimiento social, no por ausencia de talento o aspiraciones, sino porque persisten normas y entornos que reproducen desventajas sistemáticas y limitan su capacidad de decidir sobre sus vidas.
En este contexto surge “Cambiemos el Juego”, una iniciativa regional diseñada para visibilizar estas brechas y promover transformaciones concretas. La campaña se despliega en dos niveles complementarios: por un lado, una estrategia pública que utiliza el fútbol como vehículo de sensibilización y, por otro, un proyecto de intervención comunitaria orientado a fortalecer capacidades y modificar dinámicas sociales que perpetúan la desigualdad.
“Cambiemos el Juego” y el fútbol como herramienta de transformación
La iniciativa “Cambiemos el Juego” se implementará hasta 2028 en comunidades vulnerables de México, El Salvador, Perú y Paraguay. Su metodología convierte el fútbol en un espacio seguro, inclusivo y pedagógico donde las niñas no solo practican deporte, sino que desarrollan habilidades para la vida, fortalecen su autoestima y adquieren conocimientos sobre derechos y participación comunitaria.
El programa no se limita al trabajo con las participantes directas. De forma paralela involucra a familias, pares varones, entrenadoras y actores comunitarios con el objetivo de modificar el entorno social que rodea a las niñas. Esta dimensión resulta especialmente relevante porque reconoce que las desigualdades de género no se resuelven únicamente fortaleciendo capacidades individuales, sino transformando las normas sociales que las sostienen.
La implementación aprovecha infraestructura ya existente en las comunidades, como canchas, escuelas y centros comunitarios, en alianza con organizaciones locales. Las sesiones son impartidas por entrenadoras provenientes de las propias comunidades, quienes reciben capacitación específica en la metodología. Este enfoque favorece la apropiación local y permite que el conocimiento permanezca en el territorio, aumentando las posibilidades de continuidad y sostenibilidad del proyecto.
La directora regional de Plan International para América Latina y el Caribe, Carmen Elena Alemán, sintetiza el espíritu de la propuesta al afirmar:
“No le pedimos a las niñas que jueguen mejor: pedimos que se cambien las reglas para que puedan jugar en igualdad de condiciones”.
La representante agrega que durante mucho tiempo se ha esperado que las niñas se adapten a estructuras injustas, mientras que “Cambiemos el Juego” plantea lo contrario: trabajar junto con niñas, familias y comunidades para transformar normas, leyes y entornos que hoy las colocan en desventaja.
Del precedente al potencial: cuando el deporte visibiliza desigualdades
Aunque la campaña regional coincide con el ciclo mundialista de 2026 y 2027, la metodología no parte de cero. Plan International ya la implementó previamente en Nicaragua y Brasil, donde los resultados ofrecen señales alentadoras sobre su efectividad. Más del 70% de las participantes completó el proceso formativo y entre 60% y 80% reportó mejoras significativas en autoestima y capacidad para tomar decisiones.
Además, más de la mitad de las niñas participantes fortaleció conocimientos relacionados con prevención de violencia y derechos, un indicador especialmente relevante en contextos donde la desinformación y la normalización de agresiones limitan la capacidad de protección y denuncia. Estos resultados sugieren que el deporte, cuando se integra dentro de una estrategia pedagógica y comunitaria, puede convertirse en un catalizador de cambios sociales más amplios.
La apuesta de “Cambiemos el Juego” también invita a reflexionar sobre el papel que pueden desempeñar los grandes eventos deportivos en la agenda social. Históricamente, los mundiales han funcionado como vitrinas de identidad nacional, espectáculo y negocio; sin embargo, su enorme alcance mediático ofrece igualmente la posibilidad de visibilizar problemáticas que suelen permanecer relegadas.
Aprovechar esa atención global para hablar de embarazos tempranos, violencia y desigualdad de género representa una estrategia de incidencia con potencial significativo. La pregunta de fondo no es únicamente si el fútbol puede cambiar realidades, sino si gobiernos, organizaciones y sociedad civil están dispuestos a utilizar estos espacios de alta exposición para impulsar conversaciones incómodas pero necesarias. En esa lógica, “Cambiemos el Juego” propone que el verdadero marcador no se mida solo en goles, sino en la capacidad colectiva de transformar reglas que durante demasiado tiempo han dejado a millones de niñas jugando en desventaja.
Durante décadas, el poder económico global se explicó a partir del acceso a combustibles fósiles, capacidad manufacturera y control de rutas comerciales. Hoy, ese tablero está cambiando con rapidez. La competencia entre países ya no se limita a quién produce más o quién posee mayores reservas energéticas, sino a quién logra construir industrias resilientes, cadenas de suministro trazables y sistemas energéticos capaces de reducir vulnerabilidades geopolíticas. La sostenibilidad, lejos de perder relevancia, está redefiniendo la lógica de la competitividad internacional.
La paradoja es evidente. Mientras el término ESG enfrenta críticas políticas y algunos gobiernos o corporaciones moderan su narrativa climática, la transformación económica asociada a tecnologías limpias, electrificación y nuevos estándares industriales continúa acelerándose. En otras palabras, el discurso puede fluctuar, pero el mercado y la infraestructura económica global avanzan en otra dirección. En ese escenario, las economías sostenibles no aparecen como una aspiración idealista, sino como candidatas a liderar la próxima etapa del crecimiento mundial.
Economías sostenibles: la competitividad ya cambió de reglas
La pandemia, la guerra en Ucrania y las crecientes tensiones geopolíticas transformaron la percepción global sobre sostenibilidad. Antes era común tratarla como una agenda centrada exclusivamente en emisiones o reputación corporativa; hoy se relaciona directamente con seguridad energética, soberanía industrial y estabilidad económica. La dependencia de combustibles fósiles importados y cadenas de suministro largas y vulnerables dejó de verse únicamente como un problema ambiental y comenzó a interpretarse como un riesgo estratégico.
Tal como lo ha señalado Eco-Business, esta nueva realidad explica por qué las economías sostenibles están adquiriendo ventajas competitivas relevantes. Reducir dependencia energética mediante renovables, electrificación o eficiencia ya no significa únicamente reducir carbono; implica disminuir exposición a volatilidad de precios, conflictos internacionales y restricciones de abastecimiento. De forma similar, la economía circular y la producción local de insumos estratégicos fortalecen autonomía y capacidad industrial.
Los mercados financieros han internalizado esta transformación con mayor rapidez que el debate político. Aunque la sostenibilidad se ha polarizado en ciertos espacios públicos —particularmente en Estados Unidos—, los grandes inversionistas continúan avanzando en la misma dirección. Fondos de pensiones, fondos soberanos, aseguradoras y bancos de desarrollo operan crecientemente bajo compromisos de cero emisiones netas y marcos de riesgo climático.
El resultado es una revalorización silenciosa, pero profunda. Las empresas capaces de demostrar estrategias creíbles de reducción de emisiones y adaptación suelen acceder a financiamiento en mejores condiciones y fortalecer su posición ante inversionistas institucionales. Las que no logran hacerlo enfrentan mayores cuestionamientos sobre viabilidad futura y exposición a riesgos regulatorios o de transición.
Esta convergencia entre sostenibilidad y capital también se observa en el ámbito normativo. El marco de divulgación del Consejo Internacional de Normas de Sostenibilidad (ISSB) gana adopción global, mientras Europa mantiene vigentes las Normas Europeas de Reporte de Sostenibilidad (ESRS). Más que regulaciones aisladas, ambas tendencias apuntan hacia una arquitectura común donde transparencia ambiental y desempeño económico se vuelven inseparables.
China, Europa y la geopolítica de la transición
Pocas regiones entendieron tan temprano esta transformación como China. Durante años, Occidente interpretó las inversiones chinas en tecnologías limpias como una apuesta ambiental secundaria; hoy resulta evidente que respondían a una estrategia industrial y geopolítica deliberada.
Actualmente, China produce aproximadamente el 80% de los paneles solares del mundo y domina segmentos clave de las cadenas globales de baterías, movilidad eléctrica e infraestructura asociada al hidrógeno verde y la energía eólica marina. El objetivo no es exclusivamente climático. China busca consolidarse como potencia tecnológica e industrial de la transición energética, controlando mercados que definirán la economía del siglo XXI.
Europa ha seguido un camino distinto, aunque igualmente estratégico. El Pacto Verde Europeo, la Directiva de Reportes de Sostenibilidad Corporativa y el pasaporte digital de productos conforman un ecosistema regulatorio que va mucho más allá del cumplimiento ambiental. Estas herramientas funcionan como infraestructura económica diseñada para movilizar capital, estandarizar cadenas de valor y construir liderazgo industrial sostenible.
Esta posición ofrece ventajas relevantes. Europa cuenta con instituciones financieras sofisticadas, capacidades de ingeniería avanzadas y uno de los marcos regulatorios más robustos del mundo para productos sostenibles. Cualquier empresa capaz de cumplir estándares europeos obtiene, en la práctica, una certificación competitiva de alcance internacional.
La gran pregunta es cómo evolucionará este liderazgo. Europa puede utilizar su arquitectura regulatoria como barrera defensiva o transformarla en plataforma abierta de cooperación con socios como Japón, Corea del Sur, Canadá y economías emergentes. La segunda opción podría convertirla en coordinadora de estándares globales para una economía baja en carbono e intensiva en innovación.
El costo del rezago: lo que perderán quienes no se adapten
La transformación industrial global no espera consensos políticos. La historia económica muestra que quienes reaccionan tarde ante cambios tecnológicos suelen enfrentar pérdida de competitividad, debilitamiento productivo y dependencia creciente. La transición sostenible parece seguir esa misma lógica.
Las economías que no comprendan esta convergencia podrían enfrentar varios riesgos simultáneos. El primero es financiero. A medida que el capital institucional incorpora criterios climáticos y taxonomías sostenibles, las empresas y países con alta exposición a carbono o baja capacidad de adaptación podrían ver encarecido su acceso al financiamiento.
El segundo riesgo es comercial. Nuevas herramientas regulatorias —como el pasaporte digital de productos o los mecanismos de ajuste de carbono— pueden convertirse en filtros de acceso a mercados. En este escenario, no adaptarse implica quedar fuera de cadenas globales de valor o participar en ellas desde posiciones de menor rentabilidad.
Existe además un riesgo industrial y tecnológico más profundo. Quienes no desarrollen capacidades en manufactura limpia, digitalización o trazabilidad podrían depender crecientemente de países que sí controlen esas tecnologías. La transición energética no solo redistribuye oportunidades; también redefine relaciones de poder y dependencia.
Por ello, hablar de economías sostenibles ya no equivale a discutir únicamente compromisos climáticos. Se trata de evaluar quién dominará tecnologías estratégicas, quién atraerá inversión productiva y quién podrá sostener crecimiento y empleo en un entorno global marcado por nuevas exigencias regulatorias y energéticas.
La hoja de ruta para construir economías competitivas y resilientes
La buena noticia es que esta transición no está reservada únicamente para grandes potencias. Existen áreas concretas donde gobiernos y líderes empresariales pueden actuar para impulsar economías sostenibles sin sacrificar competitividad ni desarrollo.
La primera es acompañar la modernización industrial en lugar de retrasarla. Diversos especialistas coinciden en que proteger sectores mediante subsidios que perpetúan modelos obsoletos rara vez genera resiliencia. El desafío consiste en apoyar especialmente a empresas medianas y manufactureras para que desarrollen capacidades digitales, trazabilidad y contabilidad de carbono.
La segunda prioridad es reconocer que la infraestructura digital asociada a sostenibilidad será tan estratégica como las redes financieras tradicionales. El pasaporte digital de productos, los sistemas de verificación y los flujos de información ambiental serán esenciales para operar en cadenas globales cada vez más exigentes.
La tercera área es la diplomacia económica. Las normas ambientales pueden convertirse en mecanismos de fragmentación o en plataformas de convergencia internacional. Reconocer equivalencias regulatorias, compartir metodologías y colaborar en estándares interoperables permitirá acelerar la transición sin profundizar desigualdades comerciales.
Finalmente, los gobiernos deben entender que sostenibilidad y competitividad no representan agendas separadas. Como muestran China y Europa, el liderazgo económico futuro dependerá de la capacidad para integrar política industrial, innovación tecnológica y resiliencia energética en una misma estrategia de desarrollo.
Las empresas que dominarán la próxima década ya comenzaron este proceso: digitalizan cadenas de suministro, adoptan contabilidad del carbono, alinean operaciones con taxonomías y convierten el cumplimiento normativo en ventaja comercial. El resto enfrenta una decisión cada vez más clara: adaptarse a la nueva economía o correr el riesgo de quedar atrapado en la anterior.
Durante décadas, la idea de devolver a la vida animales desaparecidos parecía reservada a novelas futuristas y películas de laboratorio. Sin embargo, hoy la conversación ha cambiado de tono: la biotecnología, la genética y la conservación avanzan a tal velocidad que aquello que parecía imposible comienza a adquirir forma tangible. En medio de este escenario, científicos y empresas privadas exploran nuevas rutas para revivir especies extintas, abriendo un debate tan fascinante como complejo.
La más reciente señal de este avance llegó desde Estados Unidos, donde una empresa dedicada a la llamada “desextinción” aseguró haber dado un paso clave para traer de vuelta al moa gigante de la Isla Sur, un ave no voladora de Nueva Zelanda extinguida hace aproximadamente 500 años. Aunque aún no existe un moa caminando sobre la Tierra, el nacimiento de decenas de polluelos sanos mediante huevos artificiales podría marcar un antes y un después en la historia de la conservación.
Revivir especies extintas: el experimento que busca devolver al moa gigante
De acuerdo con un artículo de Reuters, la protagonista detrás de esta historia es Colossal Biosciences, una empresa estadounidense especializada en desextinción, un campo científico enfocado en recuperar especies desaparecidas a partir de ADN antiguo. Su catálogo incluye nombres tan emblemáticos como el dodo y el lobo terrible, además de varias especies de moa, un ave que llegó a medir hasta 3.6 metros de altura y desapareció principalmente por la caza humana.
La compañía anunció recientemente el nacimiento de 26 polluelos sanos utilizando una innovadora plataforma de huevos artificiales desarrollada en sus instalaciones en Dallas. Aunque estas crías no son moas, el avance representa una prueba funcional de una tecnología indispensable para lograr el objetivo final: incubar especies cuyos huevos no podrían ser gestados por animales vivos actuales.
El desafío es enorme. El huevo de un moa gigante es aproximadamente ocho veces más grande que el de un emú, considerado su pariente vivo más cercano. Ninguna ave moderna tiene la capacidad física de incubarlo, lo que obligó a los investigadores a pensar fuera de los límites biológicos tradicionales.
BREAKTHROUGH: Colossal scientists hatched healthy chicks from artificial eggs.
No shells. No hens. Just bioengineered eggs that breathe like the real thing.
This could help bring back giant extinct birds like the South Island giant moa, whose eggs were ~80x a chicken’s. (1/10) pic.twitter.com/XPa42BXarx
El corazón de este avance científico es una plataforma de huevo artificial construida con una membrana de silicona bioingenierizada, diseñada para replicar funciones esenciales de un cascarón natural. Su objetivo es permitir que el embrión respire, mantenga niveles adecuados de humedad y conserve una temperatura estable durante todo el proceso de incubación.
El sistema no sólo imita el ambiente natural de un huevo, también interviene cuando el desarrollo lo requiere. Por ejemplo, suministra calcio para favorecer el crecimiento del esqueleto del embrión, un nutriente que normalmente obtendría de la cáscara. Además, al permanecer visible durante la gestación, los investigadores pueden monitorear el desarrollo en tiempo real.
Hasta ahora, los 26 polluelos lograron completar un ciclo de desarrollo cercano a los 21 días, una temporalidad consistente con el proceso natural de especies similares. Aunque todavía falta un largo camino, el experimento demuestra que ciertos límites técnicos empiezan a superarse.
Revivir especies extintas también abre preguntas éticas y sociales
Más allá de la emoción científica, la posibilidad de revivir especies extintas también plantea preguntas incómodas. ¿Es correcto invertir millones de dólares en traer de vuelta animales desaparecidos cuando miles de especies actuales están al borde de la extinción? ¿Quién decide cuáles especies merecen regresar y con qué propósito?
Para especialistas en sostenibilidad y responsabilidad social, este tipo de proyectos obligan a reflexionar sobre el papel de la innovación en la restauración ecológica. Algunos expertos consideran que estas tecnologías podrían convertirse en herramientas valiosas para reparar daños ambientales históricos provocados por la actividad humana.
Sin embargo, también existe cautela. Traer de vuelta una especie no implica necesariamente devolverle su ecosistema original, especialmente en contextos profundamente alterados por el cambio climático, la urbanización y la pérdida de biodiversidad.
¿Puede esta tecnología ayudar a conservar especies actuales?
Uno de los argumentos más sólidos a favor de estas investigaciones es su potencial impacto en la conservación de especies que aún existen. Según Colossal Biosciences, la plataforma de huevos artificiales podría convertirse en una herramienta para proteger aves en peligro de extinción, especialmente aquellas con procesos reproductivos complejos o poblaciones críticamente reducidas.
En este sentido, la tecnología desarrollada podría funcionar como un puente entre la ciencia experimental y la conservación aplicada. Es decir, el verdadero valor no estaría únicamente en revivir especies extintas, sino en evitar que otras sigan el mismo camino.
No obstante, aún quedan importantes desafíos técnicos. Los investigadores continúan trabajando en la reconstrucción del genoma del moa a partir de ADN antiguo, así como en la identificación de rasgos genéticos clave que deberán integrarse en especies emparentadas, como el emú.
La ciencia ha demostrado una vez más que las fronteras de lo posible son más flexibles de lo que imaginamos. Lo que hace apenas unas décadas parecía fantasía hoy se encuentra en laboratorios, algoritmos genéticos y plataformas bioingenierizadas capaces de incubar vida en condiciones inéditas.
Pero el verdadero debate quizá no sea únicamente si podremos revivir especies extintas, sino qué responsabilidad implica hacerlo. En un planeta donde la biodiversidad enfrenta amenazas constantes, el reto no sólo consiste en mirar al pasado para recuperar lo perdido, sino en proteger aquello que todavía estamos a tiempo de conservar.
Durante años, Everlane se presentó como la excepción dentro de una industria señalada por producir demasiado, contaminar más y explicar poco. Mientras la moda rápida multiplicaba colecciones y aceleraba el consumo, la firma estadounidense construyó una narrativa distinta: transparencia radical, materiales más responsables y mejores condiciones laborales como promesa de marca. Sin embargo, esa historia acaba de entrar en un terreno incómodo.
La reciente adquisición de Shein sobre Everlane abre un debate complejo para la responsabilidad social empresarial: ¿una empresa puede adquirir credibilidad sostenible comprando a una marca ética? La pregunta no es menor cuando quien realiza la compra es uno de los gigantes más cuestionados de la ultra fast fashion, señalado por organizaciones ambientales y especialistas por sus impactos sociales y ambientales. Aunque Everlane insiste en que mantendrá su independencia, el simbolismo de esta unión ya genera tensión.
La compra que nadie veía venir
Cuando Alfred Chang, CEO de Everlane, confirmó la venta en una carta dirigida a empleados, intentó enviar un mensaje de tranquilidad: la empresa seguiría operando de forma independiente y sin comprometer sus estándares de sostenibilidad. Según explicó, el acuerdo responde a las presiones económicas de un mercado minorista cada vez más complejo, donde sobrevivir también implica encontrar músculo financiero.
La narrativa corporativa parece lógica. Everlane enfrentaba caída de ventas y aumento de deuda, mientras Shein continúa expandiendo ingresos globales. Desde una mirada empresarial, la operación puede entenderse como un rescate financiero. Pero desde la óptica de responsabilidad social, el contexto importa: no es sólo quién compra, sino qué representa quien compra.
Aquí aparece el primer dilema: aunque Everlane asegure continuidad, la adquisición de Shein inevitablemente reconfigura la percepción de la marca. En ESG, las asociaciones importan tanto como las promesas.
Adquisición de Shein: cuando sostenibilidad y ultra fast fashion chocan
Everlane nació en 2011 bajo una promesa clara: demostrar que era posible vender ropa accesible sin ignorar las condiciones laborales ni el impacto ambiental. Durante años, publicó auditorías de fábricas, compartió información sobre costos y apostó por materiales con menor huella ambiental. Incluso estructuró su estrategia bajo tres pilares alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible: mantener la Tierra limpia, reducir emisiones y tratar justamente a las personas.
Su compromiso incluye metas ambiciosas: reducir más del 50% de emisiones por producto para 2030 y alcanzar emisiones netas cero antes de 2050. Además, sostiene programas enfocados en igualdad de género, salarios dignos y mejora de condiciones laborales en la cadena de suministro.
El contraste con Shein resulta inevitable. La compañía china domina el mercado de la ultra fast fashion gracias a un modelo basado en miles de nuevos diseños diarios, precios bajos y producción acelerada. Para muchos consumidores, eso representa accesibilidad; para especialistas en sostenibilidad, plantea interrogantes sobre trazabilidad, residuos y consumo excesivo.
El peso de los cuestionamientos ambientales
La incomodidad alrededor de esta compra no surge únicamente de percepciones reputacionales. Organizaciones como Greenpeace han cuestionado de forma reiterada el impacto ambiental y químico de productos comercializados por Shein. En una investigación reciente, la organización encontró prendas que superaban los límites europeos permitidos de sustancias peligrosas, incluyendo PFAS y ftalatos, algunos vinculados a riesgos para la salud y persistencia ambiental.
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Más allá de los hallazgos específicos, el punto de fondo es estructural: el modelo de ultra fast fashion suele depender de volúmenes masivos de producción y ciclos de consumo extremadamente rápidos. Esto se traduce en mayores emisiones, residuos textiles y presión sobre recursos naturales.
Por eso, el debate no sólo gira en torno a productos individuales, sino sobre coherencia corporativa. ¿Puede una empresa señalada por impactos sistémicos fortalecer genuinamente una marca construida sobre valores de sostenibilidad sin modificar el modelo que la hizo crecer?
¿Rescate financiero o compra reputacional?
Toda adquisición empresarial responde a razones económicas, pero algunas también generan beneficios simbólicos. Para Shein, Everlane podría representar algo más que una marca premium: una puerta hacia consumidores preocupados por la sostenibilidad y una oportunidad para ampliar legitimidad fuera del segmento de moda rápida.
Especialistas del sector han señalado que el crecimiento de Shein enfrenta nuevos retos derivados de aranceles, restricciones comerciales y un entorno regulatorio más exigente. En ese escenario, sumar una firma con narrativa ética puede ser estratégico.
No obstante, aquí surge un riesgo conocido en sostenibilidad: el de utilizar adquisiciones para fortalecer reputación sin transformar prácticas de fondo. No significa que eso vaya a ocurrir necesariamente, pero sí plantea una pregunta válida para inversionistas, consumidores y especialistas en ESG.
Adquisición de Shein y el riesgo de diluir la confianza
Uno de los activos más valiosos de Everlane ha sido la confianza. Aunque tampoco ha estado libre de controversias laborales en años recientes, su diferenciador frente al mercado consistía en hablar de transparencia cuando pocos lo hacían. Esa narrativa hoy enfrenta una prueba importante.
Para clientes fieles, la asociación con Shein podría resultar contradictoria. No porque Everlane deje automáticamente de ser sostenible, sino porque la percepción de integridad suele construirse sobre consistencia. Cuando una marca cambia de manos, especialmente hacia un actor tan cuestionado, las dudas aparecen casi de inmediato.
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El reto será demostrar con evidencia que la independencia prometida es real: auditorías públicas, continuidad en metas climáticas, estándares laborales intactos y mecanismos de trazabilidad robustos. En responsabilidad social, las promesas pesan menos que los indicadores.
¿Puede esta alianza transformar a Shein?
Existe otra lectura menos pesimista —y quizá necesaria para mantener objetividad—: la posibilidad de que la operación también influya en sentido contrario. Es decir, que Everlane funcione como un laboratorio de mejores prácticas dentro de un gigante global.
La historia empresarial ofrece algunos casos donde adquisiciones han impulsado cambios positivos, especialmente cuando marcas pequeñas logran trasladar estándares más rigurosos a corporativos más grandes. Pero ese escenario requiere voluntad, transparencia y rendición de cuentas sostenida.
Si Shein realmente busca evolucionar hacia estándares más responsables, tendrá que demostrarlo con hechos medibles: reducción de emisiones, mejor control químico, trazabilidad verificable y prácticas laborales auditables. De lo contrario, la narrativa de transformación podría quedarse en discurso.
La adquisición de Shein sobre Everlane no es simplemente una noticia corporativa; es una conversación incómoda sobre los límites de la sostenibilidad en un mercado cada vez más dominado por la velocidad, el precio y la escala. También pone sobre la mesa una pregunta que muchas empresas enfrentarán en los próximos años: ¿la reputación sostenible puede comprarse o debe construirse?
Por ahora, Everlane promete mantenerse fiel a sus principios y Shein guarda silencio frente a muchas de las críticas que acompañan su crecimiento. Entre ambos discursos existe un espacio que sólo podrá llenarse con evidencia. Porque en responsabilidad social, la confianza no desaparece de un día para otro, pero tampoco sobrevive únicamente con buenas intenciones.
De cara a 2030, el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4: Educación de calidad (ODS 4) se mantiene como uno de los mayores retos globales. Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, tal como lo plantea este objetivo, no solo implica ampliar la cobertura educativa, sino también asegurar que todas las personas —sin importar su edad, contexto o condición— tengan acceso a oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida. La educación, como bien se ha demostrado, tiene el potencial de transformar vidas: abre puertas, reduce desigualdades, fortalece la autonomía y crea mejores oportunidades tanto individuales como colectivas.
Sin embargo, para avanzar hacia este objetivo es imprescindible cerrar las brechas de acceso que aún persisten. Estas no solo afectan a niñas, niños y jóvenes, sino también a adultos que, por diversas circunstancias, vieron interrumpida su trayectoria educativa, como es el caso del sector de la construcción en México, donde cerca de 9 millones de trabajadores viven en rezago educativo, ya que muchos de ellos se ven obligados a abandonar la escuela desde temprana edad para incorporarse al trabajo, una cuestión que limita sus posibilidades de desarrollo personal y profesional.
En este contexto, Fundación Gigante, cuyos esfuerzos siguen la ruta planteada por la Agenda 2030 para amplificar su impacto social, ha impulsado diversas iniciativas para contribuir al ODS 4, entre ellas el programa llamado Aula Fundación Gigante, que busca acercar la educación directamente al entorno laboral de los trabajadores de la construcción, rompiendo así una de las principales barreras: la falta de acceso.
¿Qué es Aula Fundación Gigante y cómo impulsa el ODS 4?
Aula Fundación Gigante es una iniciativa promovida por Fundación Gigante, el brazo social de Grupo Gigante, con la ayuda de Construyendo y Creciendo, una alianza estratégica forjada por el propósito común de brindar oportunidades educativas a sectores desfavorecidos y cuyo impacto social se potencia al combinar la experiencia de esta organización en brindar educación a los trabajadores de la construcción, con la infraestructura, recursos y visión de la fundación.
El modelo de este programa es claro y profundamente relevante, pues se basa en llevar la educación al lugar donde están las personas. Por eso, el Aula Fundación Gigante se encuentra dentro de Miyana, uno de los desarrollos inmobiliarios de otra de las filiales del grupo —Gigante Grupo Inmobiliario— lo que permite que los trabajadores estudien antes o después de su jornada, facilitando la continuidad educativa en niveles de primaria, secundaria y preparatoria, además de abrir puertas para la educación universitaria. En el recinto también se ofrecen talleres complementarios en temas como habilidades digitales, seguridad en obra, salud mental y finanzas personales, promoviendo así un desarrollo integral.
Debido a su diseño, esta iniciativa incide directamente en varias de las metas que persigue el ODS 4. Por un lado, contribuye a garantizar el acceso igualitario a la educación básica y media para personas que históricamente han quedado excluidas. Por otro, promueve el aprendizaje a lo largo de la vida, una de las bases fundamentales del objetivo. Asimismo, fortalece habilidades relevantes para el empleo, alineándose con la necesidad de mejorar la empleabilidad y la calidad de vida de los beneficiarios.
Al acercar la educación a contextos no tradicionales, Aula Fundación Gigante también responde a uno de los grandes desafíos actuales: adaptar los modelos educativos a las realidades sociales y económicas de las personas, haciendo que el aprendizaje sea verdaderamente inclusivo.
¿Por qué esta iniciativa es un caso de éxito?
Hablar del Aula Fundación Gigante es hablar de un esfuerzo sostenido que nace de la convicción de crear impacto y transformación. Tan solo durante su primera etapa, ha logrado beneficiar a más de 460 estudiantes y generar beneficios indirectos para más de 1,800 personas, incluyendo a sus familias. No obstante, su segunda etapa dio inicio en 2025 y se espera multiplicar el alcance de sus beneficios.
Más allá de las cifras, su valor radica en las historias de vida que ha transformado pues, para muchos beneficiarios, este programa representa no solo una segunda oportunidad, sino la posibilidad de retomar estudios inconclusos, obtener certificaciones oficiales y aspirar a mejores oportunidades laborales. Por todo ello, Aula Fundación Gigante se ha convertido en el punto de partida hacia una movilidad social real, tal como lo muestra el caso de Jenny, una de las beneficiarias del proyecto en su etapa anterior. Ella comenzó trabajando en labores de limpieza dentro de una obra y, gracias al programa, logró concluir la preparatoria. Su esfuerzo y constancia le permitieron cambiar de rol y asumir nuevas responsabilidades dentro del mismo entorno laboral:
“Terminar la prepa me cambió la vida. Pasé de limpiar a trabajar con los arquitectos y entregar departamentos. Todo fue gracias al apoyo de los maestros y a la Fundación Gigante, que me dio la oportunidad de superarme”.
Hoy, Jenny continúa sus estudios universitarios, demostrando que el acceso a la educación no solo transforma trayectorias individuales, sino que también redefine horizontes familiares y comunitarios.
Un apoyo transformador
El programa Aula Fundación Gigante demuestra que el impulso al ODS 4 no depende únicamente de grandes políticas públicas, sino también de acciones concretas que se realizan desde el sector privado. Cuando las iniciativas se diseñan con un enfoque centrado en las personas y sus realidades, es posible generar cambios significativos y sostenibles.
Los resultados de la iniciativa de Fundación Gigante confirman que la educación sigue siendo una de las palancas más poderosas de transformación social, pues no solo mejora las condiciones de vida de quienes acceden a ella, sino que también fortalece comunidades, reduce desigualdades y abre caminos hacia un futuro más justo. Apostar por modelos de acción como este es, sin duda, avanzar con paso firme hacia el cumplimiento del ODS 4 y hacia una sociedad donde aprender sea siempre posible.
La Fundación L’Oréal y la UNESCO anunciaron a las cinco ganadoras de la 28.ª edición del Premio Internacional L’Oréal-UNESCO Por las Mujeres en la Ciencia 2026. En representación de América Latina y el Caribe, la científica argentina Prof. Raquel Lía Chan fue galardonada por sus descubrimientos pioneros en biotecnología agrícola, fundamentales para la seguridad alimentaria mundial.
Invitación a conferencia de prensa virtual
Los invitamos a una mesa redonda exclusiva con la Prof. Raquel Lía Chan para conversar sobre su trayectoria, el descubrimiento del gen HB4® (tecnología tolerante a la sequía para trigo y soja) y el impacto de la ciencia latinoamericana a nivel internacional.
Transformando la agricultura global desde Argentina
La Profesora Raquel Lía Chan, investigadora superior del CONICET y directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (CONICET-UNL), ha dedicado su carrera a desentrañar los mecanismos biológicos de las plantas. Su trabajo logró algo sin precedentes: transformar la biología vegetal fundamental en innovación agrícola.
El jurado internacional la distinguió por el descubrimiento de genes que mejoran la tolerancia de las plantas a los cambios ambientales. Al aplicar estos conocimientos al desarrollo de variedades de trigo, maíz, arroz y soja resistentes a la sequía (como la tecnología HB4®), su investigación contribuye de manera directa y tangible a la seguridad alimentaria mundial en un contexto de crisis climática.
Raquel no solo es una líder visionaria en el laboratorio, sino también una mentora dedicada que impulsa el talento de científicos emergentes en Argentina y fomenta la colaboración internacional con especialistas de Chile, Francia, Alemania y Estados Unidos.
Un reconocimiento a las mentes que desafían los límites
La Prof. Chan recibirá el galardón el próximo 11 de junio en la sede de la UNESCO en París, junto a otras cuatro científicas extraordinarias que están resolviendo desafíos globales críticos en materia de salud y medioambiente. Este año, el programa evaluó un récord de 504 candidaturas de 89 países.
África y los Estados Árabes: Prof. Liesl Zühlke (Sudáfrica), por mejorar la atención médica en niños con cardiopatía reumática.
Asia y el Pacífico: Prof. Felice Jacka (Australia), por sentar las bases de la psiquiatría nutricional.
Europa: Prof. Sarah A. Teichmann (Reino Unido), por su investigación revolucionaria en biología celular y genómica.
América del Norte: Prof. Gordana Vunjak-Novakovic (EE. UU.), por su labor pionera en bioingeniería y medicina regenerativa.
“Las mujeres científicas no solo están impulsando la investigación, sino que están ampliando los límites de lo que creemos que es posible. En un mundo en el que la ciencia nunca ha sido tan esencial, no podemos permitirnos dejar al margen a la mitad del talento de la humanidad”, declaró Khaled El-Enany, director general de la UNESCO.
El camino hacia la paridad en la ciencia
Si bien estas cinco mujeres representan la cima de los logros científicos, la verdadera paridad de género sigue siendo un objetivo lejano: hoy, las mujeres representan solo el 31,7% de los investigadores en el mundo.
Para combatir este sesgo, la Fundación L’Oréal y la UNESCO acaban de anunciar la renovación de su histórica alianza por seis años más. “Al alcanzar el hito de haber apoyado a 5.000 investigadoras en todo el mundo, nos estamos movilizando más que nunca para defender el lugar de la mujer en la ciencia”, afirmó Jean-Paul Agon, presidente de la Fundación L’Oréal. “Desde las estudiantes de secundaria hasta las galardonadas de renombre mundial, estamos construyendo una cadena intergeneracional de excelencia”.
Datos clave y preguntas frecuentes (Q&A)
¿Quién es la ganadora del Premio L’Oréal-UNESCO 2026 por América Latina? La Prof. Raquel Lía Chan (Argentina), investigadora del CONICET y la UNL.
¿Cuál fue el descubrimiento premiado? La identificación del gen HB4® y otros mecanismos que otorgan a cultivos (trigo, soja, maíz, arroz) tolerancia a la sequía, asegurando la producción de alimentos ante el cambio climático.
¿Qué hito marca este premio para la región? Raquel Lía Chan es la 12.ª argentina en ganar el premio internacional, posicionando a Argentina como líder regional. Además, es la primera vez en 28 años que se premia la disciplina de biotecnología agrícola.
¿Cuándo y dónde será la ceremonia global? El 11 de junio de 2026, en la sede central de la UNESCO en París.
¿Cuántas científicas han sido apoyadas por el programa desde su creación? Desde 1998, el programa ha apoyado a más de 5,000 mujeres en 140 países, incluyendo a 142 laureadas internacionales (siete de las cuales han ganado posteriormente el Premio Nobel) y a más de 500 científicas latinoamericanas.
Hay algo profundamente humano en la forma en que los mexicanos entendemos la solidaridad; no como un acto lejano o protocolario, sino como una experiencia que se vive cerca, en comunidad y compartiendo. Porque el buen sabor de ayudar no sólo está en dar, sino en sentirse parte de la alegría de alguien más, aunque sea por un instante.
Ese espíritu también ha comenzado a transformar la manera en que las empresas entienden su impacto social. Hoy, los voluntariados corporativos en México ya no son únicamente actividades complementarias dentro de una estrategia de sustentabilidad, sino espacios reales de encuentro entre personas que necesitan apoyo y colaboradores dispuestos a brindar tiempo, escucha y compañía.
Bajo esa visión es que Sabormex —empresa 100% mexicana con marcas como Clemente Jacques, Café Legal y La Sierra— organizó un voluntariado corporativo para apoyar a visitantes de Mundo Imáyina —un lugar de ensueño diseñado para que los menores con alguna enfermedad crónica, avanzada o terminal puedan disfrutar de ser niños— a crear un momento inolvidable para los menores que visitan el parque y sus familias. Ante el llamado a participar en esta iniciativa, colaboradores dejaron atrás plantas y oficinas para convertirse en “Mensajeros” y acompañar a estas familias en un día en el que hospitales, tratamientos, terapias y preocupaciones económicas quedaron fuera de su mente para simplemente volver a disfrutar del tiempo juntos.
¿Por qué es tan importante regalar un respiro a estas familias? Sabormex lo explica
Detrás de cada familia con un menor enfermo suele existir una historia atravesada por agotamiento físico, presión emocional y dificultades económicas. Las consultas constantes, los traslados a hospitales especializados —muchas veces fuera de su estado— y la necesidad de reorganizar toda la dinámica familiar alrededor de un diagnóstico generan tensiones profundas.
No es raro que algunos cuidadores tengan que abandonar trabajos formales o limitar sus actividades laborales para atender las necesidades médicas de sus hijos, mientras los gastos en medicamentos, transporte y tratamientos continúan creciendo. En medio de ese contexto, algo tan sencillo como salir a pasear o pasar un fin de semana de recreación puede convertirse en un lujo.
Consciente de ello, Sabormex se unió a una de las jornadas que Mundo Imáyina realiza cada fin de semana con el objetivo de brindar un espacio de descanso, diversión y contención emocional a familias que viven bajo una presión permanente debido a los diagnósticos de salud de sus pequeños. Para lograrlo, cada familia fue acompañada y asistida por uno de los colaboradores de la compañía, cuya misión, además de convivir, escuchar y convertirse en parte de ese día especial, fue lograr que las familias no tuvieran que preocuparse absolutamente por nada y pudieran disfrutar del momento juntos.
“Nos dijeron que veníamos a contagiar amor y alegría, y eso es exactamente lo que hemos vivido hoy”, compartió Mariana Cepeda, Jefa de Sustentabilidad de Sabormex y agregó:
“Este voluntariado fue una oportunidad para todos nosotros de dar amor, hacer la diferencia y entender que el cariño genuino puede transformar la experiencia de una familia”.
Voluntariados corporativos en México: el valor de donar tiempo.
Durante la estancia en el parque, los voluntarios de Sabormex acompañaron a las familias en juegos mecánicos, dinámicas grupales, actividades y espacios de convivencia, pero, sobre todo, estuvieron ahí sin prisa. Luis Ángel Trova Palestina, almacenista del Centro Maestro de Distribución de Sabormex, reconoció que la experiencia cambió su perspectiva:
“Convivir con las familias sí te cambia. Aprendes a ayudar sin esperar nada a cambio y entiendes que muchas veces lo más importante es ponerte en los zapatos de los demás”.
Desde Mundo Imáyina, Uriel Mejorada, Gerente de voluntariado y Alianzas Institucionales, explicó que el involucramiento de empresas como Sabormex va mucho más allá de entregar productos o recursos económicos:
“Para las familias que vienen a Mundo Imáyina es totalmente un cambio de paradigma, sobre todo porque les proporcionamos esa energía emocional que buscamos que llene su casa.No es sólo dar un donativo; es participar con las familias, convivir con ellas y entender sus historias”.
La jornada también estuvo acompañada por el sabor familiar de Clemente Jaques durante la comida del día. Entre risas, fotografías y juegos, incluso la presencia del emblemático personaje de la marca terminó convirtiéndose en uno de los momentos favoritos para muchos niños.
Para Arely Flores, encargada de cocina de Mundo Imáyina, el apoyo alimentario también tiene un significado profundo, pues: “Sin esos productos y alimentos, las familias no lograrían tener esta convivencia”, explicó.
Un día para volver a disfrutar en familia
Para los menores, así como para sus madres y padres, el verdadero regalo fue poder desconectarse, aunque fuera unas horas, del entorno hospitalario que les resulta tan cotidiano y de la carga emocional que implica vivir pendientes de tratamientos y terapias.
“Cuando tienes un niño especial, todo gira alrededor de consultas, objetivos y terapias. Estar en un lugar donde sólo te dicen ‘ven y disfruta’ es un regalo invaluable”, compartió Fabiola Arroyo, madre de Eduardo y agregó:
“Aquí no tenemos que preocuparnos por el transporte, la comida o el cuidado; sólo por pasarla bien juntos”.
Las familias también destacaron el acompañamiento cercano de los voluntarios de Sabormex, quienes lograron generar un ambiente cálido y de confianza: “Nos apoyaron en todo y nos hicieron sentir muy apapachados”, expresó Gisela Arroyo, y agregó que esta experiencia le hizo saber que “sí puede existir un mundo más incluyente”. Para los propios colaboradores, la experiencia también dejó huella, como ocurrió con Martha Esquivel, secretaria de la gerencia de ingeniería y proyectos de Sabormex, quien fungió como voluntaria y beneficiaria durante este fin de semana:
“Esta experiencia nos enseñó las circunstancias que existen afuera y cómo, aunque sea con un granito de arena, podemos acompañar momentos difíciles de otras familias”.
El sabor de ayudar y compartir
Más allá de un día de diversión, esta iniciativa dejó algo más profundo: la certeza de que acompañar también transforma. Que escuchar, compartir tiempo y crear espacios seguros puede aliviar cargas invisibles que muchas familias llevan todos los días. Para Sabormex y Clemente Jaques quedó claro que ayudar también puede saber a convivencia, a empatía y a familia, y que cuando una empresa logra convertir sus valores en experiencias reales para las comunidades, entonces su propósito deja de ser una frase institucional y comienza a tomar forma en la vida de las personas.
Ese día, entre juegos, conversaciones y sonrisas compartidas, muchas familias encontraron algo más que descanso: encontraron compañía. Y en cada gesto de cuidado, en cada voluntario dispuesto a escuchar y en cada momento colectivo, también pudo sentirse el sabor de un mundo mejor, ese que construimos cuando recordamos el valor de ayudarnos y avanzar juntos.
Laboratoria, organización que impulsa la empleabilidad de mujeres en el sector tecnológico, hace un llamado urgente a las empresas y al sector público para transformar la relación entre el trabajo remunerado y las labores de cuidado. En conjunto, debemos caminar hacia maternidades que permitan trabajos más humanos y trabajos más humanos que permitan maternar en forma. Visibilizar cómo la falta de estructuras de apoyo condena a las mujeres al desempleo o la precariedad laboral es indispensable.
La maternidad no debería ser una barrera
En México y Latinoamérica, la maternidad sigue siendo un factor determinante en la brecha de género. Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un tercio de los hogares mexicanos están encabezados por mujeres que, en promedio, perciben menores salarios y dependen de ingresos externos. Esta vulnerabilidad se agrava por una distribución desigual del trabajo no remunerado: las mujeres dedican más del doble de tiempo que los hombres a cuidados y tareas domésticas, lo que mantiene su participación en el mercado laboral estancada en un 45%.
“Este trabajo de cuidado gratuito y doméstico equivale al 23% del PIB nacional, y el 70% de este esfuerzo recae sobre las mujeres. Estamos hablando de una subvención que permite a la economía funcionar, pero a costa del desarrollo profesional de las madres, quienes ven penalizadas sus trayectorias y limitadas sus posibilidades de liderazgo”, enfatizó Úrsula Quijano, directora de Laboratoria para México.“Es fundamental que, en conjunto con las empresas, trabajemos por empleos más humanos que les permitan a las mujeres vivir su maternidad sin dejar a un lado sus carreras”.
La urgencia en el sector tecnológico
El estudio “Un desafío pendiente: la brecha de género en tecnología en Latinoamérica”, realizado por McKinsey y Laboratoria, revela datos alarmantes sobre la retención de talento y la maternidad:
El 24% de las mujeres deja su trabajo durante el primer año de maternidad.
El 17% no regresa después de cinco años.
Solo el 32% de las grandes empresas implementa políticas de género adicionales a la licencia de ley.
Existe una llamada “penalización por maternidad” que no solo afecta el ingreso inmediato, sino que excluye a las mujeres de ascensos y puestos clave debido a sesgos sobre su disponibilidad y compromiso; les priva de oportunidades de liderar empresas, sindicatos o formar parte de consejos.
Hacia un futuro de cuidados profesionales y empleos dignos
En un mundo donde la IA transformará el mercado, el trabajo de cuidados destaca por ser intrínsecamente humano e insustituible. Sin embargo, para que este trabajo no sea una carga que impida la movilidad social, Laboratoria propone a las empresas adoptar algunas buenas prácticas urgentes y les invita a aliarse en estos objetivos de inclusión:
Políticas de cuidado equitativas: Implementar licencias parentales tanto para hombres como para mujeres, normalizando la corresponsabilidad.
Programas de bienestar con enfoque de género: Apoyo a la salud mental y reproductiva para reducir el agotamiento de quienes compaginan el empleo con la crianza.
Cultura de cero sesgos: Establecer programas obligatorios contra la discriminación por maternidad en procesos de ascenso y contratación.
Las mujeres con hijos enfrentan mayores desafíos si las tareas no se distribuyen equitativamente. Necesitamos políticas de diversidad que vayan más allá de la contratación y se enfoquen en el desarrollo profesional y la mentoría para fomentar la retención de estos talentos en pos de maternidades que permitan trabajos más humanos; trabajos más humanos que permitan maternar en forma.
Desde Laboratoria, reafirmamos nuestro compromiso de capacitar a mujeres en condiciones de desempleo y subempleo, no solo dotándolas de habilidades humanas y técnicas, sino para, con el apoyo de empresas aliadas, seguir abriendo el camino hacia una cultura laboral donde la maternidad no sea un obstáculo, sino parte integral de una vida profesional digna y humana.
Durante años, el reciclaje y recauchutado de neumáticos ha sido presentado como una alternativa ambientalmente responsable para reducir residuos, prolongar la vida útil del caucho y disminuir costos dentro del transporte comercial. Bajo la lógica de la economía circular, reacondicionar neumáticos parecía representar una solución eficiente frente al creciente volumen de desechos derivados de la movilidad global.
Sin embargo, nuevas investigaciones comienzan a mostrar que algunas estrategias circulares pueden generar efectos ambientales poco explorados. Un reciente estudio de la Universidad de Nankai, en China, abre una conversación incómoda pero necesaria sobre el posible impacto negativo del reciclaje cuando los procesos no consideran completamente sus consecuencias químicas y ecológicas. El hallazgo no cuestiona el valor del reciclaje en sí mismo, pero sí advierte que ciertos materiales recauchutados podrían liberar contaminantes al agua con mayor facilidad de lo que se pensaba.
Lo que revela el estudio: partículas recicladas bajo nueva observación
Durante décadas, científicos han rastreado la contaminación derivada del desgaste de neumáticos, identificado sus componentes químicos y calculado la enorme cantidad de microplásticos que un automóvil libera a lo largo de su vida útil. No obstante, el caucho recauchutado —fundamental para el transporte de mercancías y pasajeros— había permanecido relativamente fuera del radar científico.
El nuevo estudio, publicado en Communications Earth & Environment y liderado por el químico ambiental Wei Chen, analizó por primera vez cómo se comportan químicamente los neumáticos recauchutados frente a los nuevos y usados.
El equipo recolectó muestras de bandas de rodadura y las molió hasta obtener partículas finas equivalentes al polvo que se genera durante la conducción real. Estas partículas, conocidas como partículas de desgaste de neumáticos, representan una de las mayores fuentes de microplásticos del planeta y son arrastradas hacia cuerpos de agua mediante lluvia y escurrimientos.
La sorpresa surgió cuando los investigadores evaluaron la liberación química. En términos absolutos, los neumáticos recauchutados contenían menos aditivos que los neumáticos nuevos o usados. Sin embargo, esa aparente ventaja resultó engañosa. Cuando las partículas fueron expuestas al agua, el caucho recauchutado liberó proporcionalmente más sustancias químicas y lo hizo a mayor velocidad.
El hallazgo redefine parte del debate ambiental en torno al recauchutado y pone sobre la mesa un posible impacto negativo del reciclaje que hasta ahora había sido poco explorado.
El problema químico: PPD e IPPD, sustancias que se filtran con facilidad
El estudio identificó como principales responsables a los PPD, una familia de conservantes que la industria incorpora al caucho para retrasar el agrietamiento provocado por el ozono atmosférico.
Este tipo de compuestos ya había generado preocupación científica. Uno de ellos, el 6PPD, alcanzó notoriedad internacional luego de que investigaciones publicadas en 2021 demostraran que sus productos de degradación podían matar salmones coho incluso en concentraciones mínimas.
Sin embargo, el equipo de Chen centró su atención en otro compuesto menos estudiado: el IPPD.
A diferencia del 6PPD, el IPPD posee una mayor capacidad de disolución en agua, lo que facilita su lixiviación y movilidad ambiental. Algunas muestras de neumáticos recauchutados mostraron concentraciones particularmente elevadas de este compuesto y, una vez humedecidas, comenzaron a liberarlo rápidamente.
La explicación parece encontrarse en el propio proceso de recauchutado.
Los investigadores plantean que el reciclaje modifica la estructura interna del caucho y crea condiciones que facilitan la salida de químicos previamente atrapados. Dicho de otra manera: el problema no radica únicamente en qué contiene el material, sino en cómo el proceso industrial altera su comportamiento ambiental.
Aquí emerge una discusión crucial para especialistas en sostenibilidad. El impacto negativo del reciclaje no necesariamente deriva del objetivo circular del proceso, sino de los efectos secundarios que ciertas transformaciones industriales pueden generar sobre materiales complejos.
Impacto negativo del reciclaje: cómo estas partículas dañan al agua y a las especies
Para evaluar si esta filtración química generaba consecuencias biológicas reales, el equipo realizó experimentos con dos organismos ampliamente utilizados como bioindicadores ambientales. El primero fue Vibrio fischeri, una bacteria marina luminiscente cuya actividad disminuye frente a sustancias tóxicas. El segundo fue Chlorella vulgaris, un alga verde de agua dulce cuya velocidad de crecimiento sirve para medir alteraciones en la calidad del agua.
Los resultados fueron contundentes. El agua que había estado en contacto con partículas procedentes de neumáticos recauchutados inhibió el crecimiento de ambos organismos con mayor intensidad que el agua expuesta a neumáticos nuevos o usados.
Esto significa que, aunque los materiales compartan una composición relativamente similar, los efectos ecológicos pueden variar de manera significativa dependiendo del tratamiento industrial recibido.
El estudio sugiere que el recauchutado no sólo influye sobre la cantidad de químicos presentes, sino también sobre la capacidad de esos compuestos para interactuar con organismos vivos.
Este posible impacto negativo del reciclaje adquiere relevancia adicional cuando se considera el recorrido ambiental de estas partículas. Los fragmentos de neumáticos no permanecen en carreteras o zonas industriales. La lluvia los transporta hacia cunetas, arroyos, ríos y aguas costeras, mientras que las partículas más pequeñas pueden permanecer suspendidas en el aire y recorrer grandes distancias.
Investigaciones previas ya han identificado partículas derivadas del desgaste de neumáticos en tejido pulmonar humano y en muestras atmosféricas tomadas a cientos de kilómetros de cualquier carretera. Aunque el estudio reconoce limitaciones importantes —las pruebas fueron realizadas en laboratorio y todavía no se ha confirmado el efecto sobre organismos superiores o ecosistemas complejos—, los resultados sugieren que el monitoreo ambiental podría estar simplificando excesivamente el problema al tratar todos los residuos de neumáticos como una sola categoría.
Un mercado en expansión que podría amplificar la contaminación
El recauchutado no es una actividad marginal. De hecho, de acuerdo con la revista earth, representa un segmento estratégico del mercado global de neumáticos comerciales y desempeña un papel fundamental en la logística mundial debido a sus ventajas económicas y de reducción de residuos.
Precisamente por ello, los hallazgos adquieren mayor relevancia.
Las regiones con crecimiento acelerado del transporte comercial también muestran una expansión del mercado de neumáticos recauchutados. Bajo un escenario económico moderado, el modelo desarrollado por los investigadores proyecta que las emisiones globales asociadas específicamente a partículas de neumáticos recauchutados podrían multiplicarse por varios cientos hacia 2060.
No se trata de la totalidad de la contaminación por neumáticos, sino del componente asociado al caucho reacondicionado.
El problema radica en la escala. Una diferencia aparentemente pequeña en la tasa de lixiviación química puede transformarse en un riesgo ambiental considerable cuando se multiplica por cientos de millones de neumáticos circulando globalmente.
Aquí el impacto negativo del reciclaje vuelve a cobrar protagonismo, no como argumento contra la economía circular, sino como recordatorio de que los modelos de reutilización deben evaluarse integralmente.
Los propios autores del estudio señalan que el hallazgo abre nuevas rutas de investigación y plantea desafíos regulatorios importantes. Será necesario diferenciar entre tipos de caucho en sistemas de monitoreo, desarrollar materiales alternativos y explorar reformulaciones químicas que permitan conservar los beneficios económicos y ambientales del recauchutado sin arrastrar riesgos asociados a la lixiviación.
Economía circular sí, pero con ciencia y prevención
El estudio de la Universidad de Nankai no invalida el valor ambiental del reciclaje ni cuestiona la necesidad de reducir residuos industriales. Lo que sí hace es introducir un matiz fundamental dentro del debate sobre economía circular: no todas las soluciones recicladas son ambientalmente equivalentes y algunas pueden generar efectos secundarios que requieren mayor investigación y regulación.
Para profesionales de responsabilidad social y sostenibilidad, la lección es especialmente relevante. La transición hacia modelos productivos circulares no puede medirse únicamente por reducción de residuos o eficiencia económica, sino también por sus impactos químicos y ecológicos de largo plazo. Comprender estos riesgos, anticiparlos y rediseñar procesos será esencial para garantizar que las soluciones del presente no se conviertan en los problemas ambientales del futuro.
La evolución de la escena culinaria en México no solo se mide en la complejidad de sus sabores o en la vanguardia de sus técnicas, sino también en su responsabilidad con el entorno. En la selección 2026 de la Guía MICHELIN México, la Estrella Verde se consolida como un pilar fundamental, sumando 3 nuevos establecimientos para alcanzar un total de 11 restaurantes galardonados en todo el país.
Este reconocimiento celebra a aquellos locales que ponen la sustentabilidad al mismo nivel que la excelencia gastronómica, demostrando que el futuro de la alta cocina es, indiscutiblemente, consciente y respetuoso con la naturaleza.
El Compromiso de la Guía MICHELIN con el Futuro
Al otorgar la Estrella Verde, la Guía MICHELIN va más allá de la crítica culinaria tradicional. El premio valida e impulsa un cambio sistémico en la industria:
Visibilidad: Coloca las prácticas eco-responsables en el mapa del turismo internacional.
Inspiración: Convierte a los chefs galardonados en referentes que motivan a otros proyectos a adoptar modelos sostenibles.
Validación de Raíces: Premia el rescate de técnicas agrícolas ancestrales y el comercio justo con productores locales.
Los 3 Nuevos Referentes de la Cocina Consciente
El texto destaca a los tres nuevos integrantes de esta categoría, cada uno con un enfoque único pero con el mismo objetivo: honrar la tierra.
Restaurante
Región
Enfoque Sostenible
Damiana
Valle de Guadalupe, B.C.
Cocina basada estrictamente en ingredientes de temporada. Operan sus propios huertos dentro de la propiedad para vegetales, hierbas y flores, complementados con una granja propia a solo 15 minutos del lugar.
Ixi’im
Yucatán
Mantienen más de 100 ka’anches (jardines tradicionales mayas) para cultivar sus insumos. Además, reducen la huella de carbono y la dependencia externa mediante la producción interna de pan de masa madre, fermentos, lácteos, mermeladas y nixtamal.
Xokol
Jalisco
Su propuesta gira en torno a la milpa, el sistema de policultivo ancestral mexicano. Al utilizar maíz y productos derivados de este ecosistema agrícola (frijoles, calabazas, chilacayotes, quelites), protegen la biodiversidad y el suelo de manera responsable.
“Tres establecimientos reciben además el reconocimiento de la Estrella Verde por su inspirador compromiso con una gastronomía consciente y sostenible.”
— Guía MICHELIN 2026
Este crecimiento en la categoría de Estrellas Verdes demuestra que la alta cocina mexicana no solo busca cautivar paladares, sino también proteger el patrimonio biocultural del país para las próximas generaciones.
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Durante años, los compromisos climáticos corporativos se concentraron en declaraciones de intención, metas de carbono neutralidad y promesas de largo plazo. Sin embargo, el mercado financiero ha evolucionado con rapidez y hoy las buenas intenciones ya no bastan. Para inversionistas, bancos y reguladores, lo verdaderamente relevante es conocer cómo una empresa piensa ejecutar esa transformación y qué tan preparada está para enfrentar los riesgos derivados de la transición energética.
En este contexto, contar con un plan de transición climática se ha convertido en un requisito cada vez más determinante para atraer capital y fortalecer la credibilidad empresarial. De hecho, según un análisis de Sustainable Fitch, estos planes han comenzado a funcionar como herramientas estratégicas que permiten vincular metas de descarbonización, gobernanza, inversiones y creación de valor a largo plazo. El mensaje del mercado es claro: la transición ya no se evalúa únicamente por el destino prometido, sino por la ruta concreta para llegar a él.
La presión regulatoria y financiera acelera la adopción
La creciente adopción de planes de transición no responde únicamente a una convicción empresarial sobre sostenibilidad. De acuerdo con Sustainable Fitch, la regulación y la supervisión financiera se han convertido en motores decisivos detrás de este fenómeno.
Europa encabeza esta transformación con requisitos particularmente avanzados. La Corporate Sustainability Reporting Directive (CSRD) exige que las empresas sujetas a la norma revelen si cuentan con un plan de transición y, en caso contrario, expliquen si lo adoptarán y cuándo.
La presión es todavía mayor para las instituciones financieras. Bajo la directiva europea CRD VI, los bancos deben implementar planes prudenciales de transición desde 2026, mientras que la European Banking Authority (EBA) exige publicar cómo gestionarán riesgos climáticos y de transición.
Este fenómeno ha generado un efecto dominó. Los bancos necesitan recopilar información climática de sus clientes corporativos para cumplir con sus propias obligaciones regulatorias y evaluar riesgos financieros. Como consecuencia, las empresas que buscan financiamiento enfrentan nuevas preguntas durante los procesos de debida diligencia: cuáles son sus objetivos climáticos, cómo piensan implementarlos y qué mecanismos de gobernanza respaldan sus compromisos.
El resultado es evidente: el acceso al capital comienza a depender cada vez más de la existencia de un plan creíble y verificable.
Plan de transición climática: mucho más que una meta net zero
Uno de los hallazgos más relevantes del reporte es que los planes de transición están dejando de ser extensiones de los objetivos net zero para convertirse en narrativas integrales sobre el futuro empresarial.
En otras palabras, un plan de transición climática ya no se limita a fijar una fecha para alcanzar cero emisiones. Lo que buscan inversionistas y reguladores es comprender la relación entre emisiones, estrategia de negocio, gobernanza corporativa y creación de valor.
Aunque existen decenas de marcos metodológicos —desde TPT y OECD hasta EFRAG, ICMA o GFANZ— Sustainable Fitch identifica coincidencias fundamentales entre ellos. Todos coinciden en tres pilares esenciales: objetivos y ambición climática, estrategias de implementación y mecanismos de gobernanza y transparencia.
Esto implica que los planes deben explicar no sólo qué metas se persiguen, sino cómo serán financiadas, quién supervisará su ejecución y mediante qué indicadores se medirá el progreso.
La gobernanza adquiere aquí un papel central. Los frameworks revisados por Sustainable Fitch enfatizan la necesidad de que la alta dirección o el consejo de administración asuman responsabilidad directa sobre la implementación del plan, incluyendo sistemas de incentivos y reportes periódicos.
Para los lectores especializados en responsabilidad social, este punto resulta particularmente significativo: la transición climática está dejando de ser un tema aislado del área ESG para instalarse en el centro mismo de la estrategia corporativa.
Lo que los inversionistas leen entre líneas
Si los planes son importantes, lo es aún más lo que revelan sobre la capacidad real de transformación de las organizaciones.
Sustainable Fitch analizó cerca de 40 entidades pertenecientes a sectores intensivos en emisiones —energía, petróleo y gas, acero, minería y cemento— y encontró una realidad mixta. Por un lado, la mayoría ya cuenta con metas robustas para emisiones Scope 1 y Scope 2, generalmente alineadas con objetivos net zero hacia 2050.
Sin embargo, el panorama cambia cuando se observan las emisiones Scope 3, aquellas asociadas a la cadena de valor.
Alrededor de una cuarta parte de las organizaciones analizadas ni siquiera incorpora Scope 3 en sus metas net zero y 40% carece de objetivos intermedios relacionados con ellas.
Para ciertos sectores, esta omisión es especialmente crítica. En petróleo y gas, por ejemplo, las emisiones Scope 3 representan más del 85% de la huella de carbono típica de una empresa.
Este hallazgo explica por qué los inversionistas han aprendido a leer más allá de las declaraciones corporativas. Un plan de transición climática puede mostrar ambición, pero también evidenciar vacíos, inconsistencias o falta de preparación para transformar realmente el modelo de negocio.
Herramientas fundamentales para distinguir líderes y rezagados
El mercado financiero utiliza estos planes con un propósito muy concreto: diferenciar compañías capaces de adaptarse de aquellas que podrían quedar rezagadas.
Sustainable Fitch destaca que los inversionistas emplean los planes para evaluar trayectorias futuras, riesgos climáticos y perspectivas de valor de largo plazo. Además, facilitan el engagement y la gestión activa con empresas en cartera.
Las cifras muestran la magnitud de este cambio. Una encuesta citada por el reporte encontró que 86% de inversionistas institucionales británicos considera útiles estos planes para tomar decisiones de inversión, mientras que otra encuesta realizada entre inversionistas europeos reveló que todos esperan que las empresas participadas desarrollen planes de transición y 85% los usa activamente para dialogar con ellas.
Esto explica por qué el plan de transición climática se ha convertido en una herramienta de señalización estratégica. No sólo comunica compromisos ambientales; también permite identificar liderazgo corporativo, calidad de gobernanza y capacidad de ejecución.
Desde la óptica ESG, esta evolución es particularmente relevante porque redefine el concepto de desempeño sostenible: ya no basta con reducir impactos, también debe demostrarse preparación para competir en una economía baja en carbono.
La innovación financiera también impulsa la transición
Otro factor decisivo detrás de la expansión de estos planes es la innovación en productos financieros.
Las nuevas guías de ICMA y LMA/LSTA/APLMA para bonos y préstamos etiquetados como de transición establecen que las entidades deben demostrar trayectorias creíbles de descarbonización.
El propósito es generar confianza en proyectos y emisores que quizá todavía no sean plenamente verdes, pero que muestran una ruta compatible con los objetivos del Acuerdo de París.
En este sentido, el financiamiento de transición está ampliando las oportunidades para empresas que pueden demostrar credibilidad y capacidad de ejecución.
La propuesta de SFDR 2.0 refuerza aún más esta tendencia al vincular fondos de transición con inversiones que acrediten planes sólidos a nivel de activos o entidades.
La consecuencia es clara: los mercados financieros están premiando menos el discurso y más la evidencia de transformación.
Múltiples usos, múltiples marcos
Uno de los desafíos actuales es que no existe un único modelo universal. Los planes pueden cumplir funciones distintas: responder a obligaciones regulatorias, respaldar emisiones de deuda sostenible, fortalecer divulgaciones ESG o servir como instrumentos prudenciales para entidades financieras.
Por ello han proliferado múltiples frameworks y lineamientos.
Esta diversidad puede dificultar la comparabilidad entre empresas, pero Sustainable Fitch advierte que no debe interpretarse como una debilidad estructural. Más bien refleja que los planes se adaptan al contexto, sector y punto de partida de cada organización.
Los inversionistas, por tanto, no deberían leerlos como formatos rígidos, sino como narrativas empresariales integrales sobre cómo se gestionarán riesgos, inversiones y oportunidades en el proceso de descarbonización.
Del compromiso climático al acceso al capital
La transición climática está redefiniendo silenciosamente las reglas del mercado financiero. Lo que hace pocos años era visto como un ejercicio voluntario de sostenibilidad hoy influye directamente en el acceso a financiamiento, la evaluación de riesgos y la confianza inversionista. Los planes de transición se han convertido en puentes entre ambición climática y desempeño empresarial.
Para empresas y especialistas en responsabilidad social, la lección es contundente: un plan de transición climática ya no representa un anexo ESG ni una declaración reputacional. Es una herramienta estratégica que revela preparación, gobernanza y visión de largo plazo. En un escenario donde los capitales buscan resiliencia y credibilidad, quienes puedan demostrar cómo piensan transformarse tendrán una ventaja competitiva cada vez más difícil de ignorar.
Cuando una persona entra a una cafetería de Starbucks en cualquier rincón del mundo, difícilmente piensa en metano, cadenas de suministro agrícolas o huellas de carbono. El aroma del café recién hecho y la rutina del latte matutino parecen estar lejos de cualquier conversación climática.
Sin embargo, detrás de cada bebida existe una compleja ecuación ambiental que hoy coloca a la empresa frente a uno de sus mayores desafíos: cumplir las metas que ella misma se propuso. Las emisiones de Starbucks se han convertido en un termómetro para medir qué tan viable es descarbonizar una operación global basada en productos agrícolas.
La cadena de cafeterías más grande del planeta anunció en 2020 uno de los compromisos ambientales más ambiciosos del sector: reducir a la mitad sus emisiones de gases de efecto invernadero, el consumo de agua y la generación de residuos para 2030. La promesa, validada posteriormente por la iniciativa Science Based Targets (SBTi), parecía marcar el rumbo de un nuevo liderazgo corporativo. Sin embargo, el paso de los años ha revelado una tensión difícil de ignorar:
Mientras la compañía avanza en eficiencia operativa, su crecimiento global también expande el tamaño del reto climático.
El gigante del café y un compromiso climático bajo presión
A primera vista, Starbucks tiene argumentos para defender sus avances. De acuerdo con un artículo de Trellis, entre 2019 y 2024 logró reducir en 25 % sus emisiones por dólar de ingresos, una mejora considerable impulsada por eficiencias operativas, estándares en abastecimiento y transformaciones dentro de sus tiendas. La iniciativa de “Tiendas Más Ecológicas”, por ejemplo, ha conseguido disminuir hasta 30 % el consumo energético en establecimientos y generar importantes ahorros económicos.
Pero la historia cambia cuando se observan las cifras absolutas. Aunque la empresa mejoró la intensidad de sus emisiones, su huella total aumentó 3 % entre 2019 y 2024 debido a la apertura de más de 7 mil nuevas sucursales en el mundo. En otras palabras, Starbucks es más eficiente, pero también más grande, y eso complica el cumplimiento de su meta para 2030.
El dilema se vuelve aún más visible si se considera que, en el mismo periodo, los ingresos crecieron más de 37 %, alcanzando más de 36 mil millones de dólares. La pregunta ya no es si la empresa puede crecer, sino si puede hacerlo sin ampliar su impacto climático.
Emisiones de Starbucks: el costo ambiental detrás del latte
El gran protagonista de esta historia no es el café, sino la leche. Aunque Starbucks opera más de 40 mil establecimientos en 88 países, ninguna fuente individual representa más de 13 % de su huella total. Sin embargo, cuando se agrupan los dos ingredientes estrella —granos de café arábica y leche de vaca— aparece un dato contundente: juntos representan una cuarta parte del impacto climático de la compañía. Los lattes, insignia del menú, son parte central del problema:
Un latte preparado con leche de vaca puede generar más del triple de emisiones que un café negro, según estimaciones del sector.
El motivo principal es el metano producido por las vacas lecheras y por los cultivos destinados a su alimentación, un gas con una capacidad de calentamiento muy superior al dióxido de carbono. Entre 2019 y 2024, las emisiones absolutas de metano vinculadas a Starbucks crecieron 6 %, dejando claro que la transformación del menú podría ser tan importante como las mejoras operativas.
Un modelo de abastecimiento que sí muestra avances
No todo son señales de alerta. Starbucks ha logrado avances importantes en una de las partes más complejas de su operación: el cultivo del café. La compañía compra cerca del 3 % de la producción mundial de café arábica, por lo que cualquier mejora tiene efectos significativos.
Our Farmer Support Centers around the world provide farmers free access to resources and training in sustainable practices. Learn how this improves livelihoods, strengthens communities, and encourages the sustainability of coffee. https://t.co/QPeggBMn3Ipic.twitter.com/AXZFPZiD3J
Gracias a sus estándares CAFE (Coffee and Farmer Equity Practices), desarrollados junto con organizaciones ambientales, los productores asociados han reducido el uso de fertilizantes, mejorado la gestión de residuos y fortalecido prácticas de captura de carbono. Esto permitió disminuir aproximadamente 300 mil toneladas de CO2e en el abastecimiento de café desde 2019, pese al crecimiento del negocio.
Además, la empresa ha invertido millones de dólares en agricultura regenerativa y ha distribuido más de 100 millones de árboles resistentes al cambio climático, una apuesta que también busca proteger el futuro del propio café frente al aumento de temperaturas.
Emisiones de Starbucks y el desafío del metano
Si Starbucks quiere acercarse a sus objetivos climáticos, el metano parece ser el frente más urgente. Expertos e inversionistas coinciden en que reducir las emisiones provenientes de la industria láctea será decisivo para lograr avances reales.
Entre las alternativas que hoy se discuten aparecen prácticas avanzadas para el manejo del estiércol, tecnologías que reducen emisiones en granjas y aditivos alimentarios capaces de disminuir el metano generado durante la digestión del ganado. Aunque las soluciones ya existen, todavía enfrentan barreras económicas y de escalabilidad.
La empresa ha comenzado a explorar este camino. Desde 2023, Starbucks fortaleció estándares de sostenibilidad para proveedores lácteos e invirtió cerca de 20 millones de dólares en pruebas relacionadas con alimentación animal y gestión de residuos ganaderos. Sin embargo, aún no queda claro si estas medidas bastarán para cerrar la brecha hacia 2030.
¿La respuesta está en la leche vegetal?
Una de las soluciones más visibles podría estar frente al consumidor. Starbucks eliminó recientemente el cobro extra por bebidas con leches vegetales, una decisión que, aunque fue presentada desde la perspectiva comercial, también podría reducir significativamente su huella ambiental.
Algunas cafeterías especializadas ya han dado un paso más allá al convertir las alternativas vegetales en la opción predeterminada. Para Starbucks, incentivar cambios en el comportamiento del consumidor podría representar una vía relativamente rápida para disminuir emisiones sin afectar directamente la experiencia de marca.
La incógnita es si millones de clientes están listos para modificar hábitos tan profundamente arraigados como el latte tradicional.
Entre la ambición climática y la realidad del negocio
El reto climático de Starbucks tampoco ocurre en aislamiento. Diversas empresas del sector alimentos y bebidas han tenido que replantear sus estrategias ESG ante cambios económicos, presión de inversionistas y nuevas prioridades de negocio. Nestlé, Coca-Cola y PepsiCo enfrentan conversaciones similares sobre cómo sostener objetivos ambientales ambiciosos en contextos financieros cada vez más exigentes.
En Starbucks, esta tensión se acentúa con la llegada de Brian Niccol como director ejecutivo en 2024. Su misión principal ha sido revitalizar ventas y crecimiento, pero hasta ahora ha hablado poco sobre el futuro de los compromisos climáticos de la compañía. Esto ha generado inquietud entre analistas e inversionistas que esperan una hoja de ruta más clara.
¿Replantear metas o acelerar la transición?
El escenario más incómodo para Starbucks quizá no sea fallar, sino decidir cómo comunicarlo. Algunos especialistas consideran que, si reducir 50 % de las emisiones para 2030 ya no resulta realista, la empresa debería actualizar sus objetivos de forma transparente, tal como otras compañías del sector ya han hecho.
No obstante, modificar metas sin perder credibilidad exige una narrativa basada en evidencia, honestidad y avances medibles. La sostenibilidad corporativa ya no se mide solo por ambición, sino por la capacidad de demostrar resultados tangibles y explicar con claridad los obstáculos.
La historia de Starbucks revela una paradoja cada vez más común en las grandes empresas: crecer y descarbonizar al mismo tiempo no siempre avanzan al mismo ritmo. Las emisiones de Starbucks muestran que incluso las organizaciones con compromisos robustos enfrentan tensiones profundas cuando el modelo de negocio depende de cadenas agrícolas complejas y hábitos de consumo difíciles de transformar.
La próxima década definirá si Starbucks logra convertir su ambición climática en resultados o si termina convirtiéndose en un caso emblemático de las promesas ESG difíciles de cumplir. Mientras tanto, cada latte seguirá recordando que, en sostenibilidad, incluso los pequeños hábitos cotidianos pueden tener un impacto global.
Durante años, la conversación sobre desempeño organizacional se concentró en variables tradicionales como compensación, eficiencia operativa y rentabilidad. Sin embargo, el entorno laboral contemporáneo ha comenzado a revelar que la productividad no depende exclusivamente de incentivos económicos o estructuras jerárquicas eficientes, sino también de factores emocionales y relacionales que influyen directamente en la experiencia del colaborador.
En este contexto, la felicidad laboral ha dejado de ser un concepto asociado únicamente al bienestar subjetivo y se ha vuelto un indicador con implicaciones concretas para el negocio. Así lo muestra el Índice de Felicidad Laboral en México, elaborado por Pluxee y The Happiness Index, que vincula satisfacción, permanencia y productividad, y evidencia cómo el reconocimiento, la retroalimentación y las oportunidades de crecimiento están adquiriendo un peso cada vez mayor en la retención y atracción del talento.
La felicidad laboral entra al radar estratégico de las empresas
El Índice de Felicidad Laboral en México, construido a partir de información de más de 2,600 colaboradores y aplicado en 10 países, confirma que el bienestar de los empleados ya no puede entenderse como un tema periférico dentro de las organizaciones. Los hallazgos muestran que los equipos con mayores niveles de satisfacción pueden alcanzar incrementos de hasta 13% en productividad, un dato que refuerza la relación entre experiencia laboral y desempeño empresarial.
Para Rodolfo Caraccioli, director de Marketing en Pluxee México, el principal reto sigue estando en la calidad de las interacciones organizacionales y el liderazgo cotidiano:
“El desafío está principalmente en el reconocimiento, el feedback y esa constante comunicación de los líderes hacia la conexión con sus colaboradores directos”.
Esta observación resulta particularmente relevante porque el estudio revela una paradoja: México cuenta con fortalezas importantes en materia laboral, pero enfrenta dificultades para traducirlas en vínculos emocionales más sólidos dentro de las organizaciones.
Entre los hallazgos positivos destacan la autonomía de los colaboradores, la claridad del rol y las oportunidades de desarrollo profesional, variables que suelen asociarse con entornos laborales funcionales y colaboradores más comprometidos. No obstante, persisten debilidades vinculadas al sentido de pertenencia y la conexión emocional, dimensiones que comienzan a ser decisivas para explicar permanencia y compromiso.
La felicidad laboral se convierte así en una variable estratégica que conecta cultura organizacional con resultados de negocio. Caraccioli lo resume de manera contundente:
“La felicidad ya no es un tema de clima organizacional; está directamente conectado con rentabilidad, estabilidad y competitividad de las empresas”.
El estudio respalda esta afirmación con indicadores concretos. México registró una permanencia proyectada de 8.2 puntos sobre 10, misma evaluación obtenida en productividad percibida, cifras que sugieren un ecosistema laboral relativamente estable y con condiciones favorables para el desempeño.
“México tiene talento preparado, tiene permanencia, tiene condiciones favorables. El único punto (…) es un desaprovechamiento de la conexión emocional en las organizaciones”.
La lectura es clara: existen bases organizacionales sólidas, pero el reto está en fortalecer los factores humanos que convierten el desempeño en compromiso sostenible.
Sectores con mayores avances y brechas pendientes
Uno de los elementos más reveladores del índice es que la experiencia laboral no se distribuye de manera homogénea entre industrias.
Los servicios financieros encabezan los niveles de bienestar con 8.3 puntos, seguidos por transporte, logística y distribución, además de servicios al consumidor, todos con calificaciones superiores a ocho puntos. Según el reporte, estos resultados se relacionan con mayores niveles de autonomía y libertad en el trabajo, factores estrechamente vinculados con compromiso organizacional y capacidad de decisión.
Estos hallazgos sugieren que la felicidad laboral tiende a fortalecerse cuando los colaboradores perciben control sobre su trabajo y claridad respecto a sus responsabilidades y posibilidades de crecimiento.
El contraste aparece en industrias donde las dinámicas operativas suelen ser más exigentes o rígidas. Turismo, restaurantes y entretenimiento; manufactura; así como farmacéutica y salud registraron las calificaciones más bajas, con 7.4 puntos. Caraccioli destacó particularmente el caso del turismo y la hospitalidad:
“Los más bajos a nivel de industrias es el sector de turismo, restaurantes y entretenimiento, curiosamente”.
El dato resulta significativo porque se trata de sectores intensivos en interacción humana y servicio, donde la experiencia del colaborador suele reflejarse directamente en la experiencia del cliente.
El análisis regional también aporta matices relevantes. El Sureste obtuvo la mayor evaluación en cultura organizacional con 8.3 puntos, seguido del Noroeste con 8.1, mientras que el Occidente-Bajío registró el nivel más bajo con 7.6 puntos, asociado principalmente a percepciones de escucha insuficiente y retroalimentación limitada.
Estos contrastes evidencian que el bienestar laboral no depende únicamente del sector económico, sino también de estilos de liderazgo y prácticas organizacionales específicas.
Felicidad laboral y productividad: una relación cada vez más evidente
Quizá uno de los mensajes más importantes del estudio es que las prioridades del talento mexicano están evolucionando. Durante décadas, el salario fue considerado el principal mecanismo de atracción y permanencia; sin embargo, el índice sugiere que ese paradigma comienza a transformarse. Las rutas claras de desarrollo profesional, el reconocimiento y la calidad del liderazgo emergen como factores con alta correlación respecto al desempeño y la permanencia. Caraccioli lo plantea de manera directa:
“El estudio lo evidencia, que hay altas tasas de correlación entre las empresas más productivas y las que tienen claras rutas de crecimiento y conexión con colaboradores”.
Para las organizaciones, este hallazgo implica un cambio profundo de enfoque. La felicidad laboral ya no puede gestionarse únicamente mediante iniciativas aisladas de bienestar o programas simbólicos de reconocimiento. Requiere una arquitectura organizacional que integre liderazgo cercano, escucha activa, feedback constante y planes de carrera visibles.
En términos de responsabilidad social corporativa, esto supone reconocer que el capital humano no es únicamente un recurso productivo, sino un actor central en la sostenibilidad del negocio.
Las nuevas generaciones refuerzan todavía más esta tendencia. Profesionales jóvenes muestran mayor sensibilidad hacia la cultura organizacional, el propósito y la posibilidad de desarrollarse en entornos donde exista equilibrio, reconocimiento y aprendizaje continuo. Para ellos, la experiencia laboral forma parte de su proyecto de vida y no sólo de una transacción económica.
Las empresas que comprendan esta transición estarán mejor posicionadas para retener talento y reducir costos asociados a rotación, ausentismo y pérdida de conocimiento organizacional.
Más aún, el estudio plantea una oportunidad concreta: utilizar estos resultados como herramienta diagnóstica.
El propio Caraccioli sostiene que las empresas pueden apoyarse en estos indicadores para identificar fortalezas y áreas de oportunidad relacionadas con liderazgo, bienestar y planes de desarrollo.
La pregunta ya no es si las compañías deben involucrarse en la construcción de mejores entornos laborales, sino qué tan rápido serán capaces de hacerlo.
El futuro del trabajo también se mide en bienestar
La conversación sobre competitividad empresarial está cambiando. Los resultados del Índice de Felicidad Laboral en México muestran que la productividad y la permanencia del talento no dependen únicamente de estructuras eficientes o salarios atractivos, sino de la calidad de la experiencia que las organizaciones son capaces de construir para sus colaboradores.
Para especialistas en responsabilidad social y líderes empresariales, la lección es contundente: invertir en bienestar, reconocimiento y liderazgo no constituye un gasto reputacional, sino una estrategia de negocio. En un mercado laboral donde el talento busca propósito, crecimiento y conexión, las empresas que comprendan el valor de la felicidad laboral estarán mejor preparadas para innovar, competir y sostener relaciones laborales más duraderas y productivas.
Nuestra jerarquía simplificada de las luces y sombras, de lo que todos hablan y lo que pocos saben en el mundo de la responsabilidad corporativa y la sostenibilidad.
Trendy – Rincón de la infamia
Coca-Cola y McDonald’s: señalados por “ejercer presión” para retrasar ley sobre residuos y economía circular
Desde 2023 AT&T México ha rehabilitado 100 canchas como parte de la iniciativa Revive tu Cancha. En alianza con Comex por un México Bien Hecho y Blue Women Pink Men, y gracias a los más de 3,200 voluntarios que han sumado más de 19,100 horas, el proyecto ha fomentado el bienestar y cohesión comunitaria de más de 500 mil personas en todo el país a través del deporte.
En AT&T México invertimos, generamos miles de empleos formales, innovamos y también impulsamos iniciativas como “Revive tu cancha”, que fortalecen a las comunidades donde operamos”, mencionó Mónica Aspe, Directora General de AT&T México. “Nuestro propósito va más allá de la conectividad. A través del voluntariado de nuestro equipo, refrendamos el compromiso de generar un impacto positivo y duradero en las personas”.
A la inauguración de la cancha 100 ubicada en la alcaldía Álvaro Obregón asistieron Mónica Aspe, Directora General de AT&T México, Mai Hernández Castro, Directora de Asuntos públicos y Responsabilidad Social de PPG Comex, Silvio González, Ministro Consejero para Diplomacia Pública de la Embajada de Estados Unidos en México, Rubén Kuri, Cofundador de Blue Women Pink Men y Javier López Casarín, Alcalde de Álvaro Obregón, quienes celebraron el espacio diseñado y rehabilitado por voluntarios de AT&T México. La rehabilitación de esta cancha beneficiará a 16 mil habitantes de la zona al convertirse en un espacio renovado donde se promoverán actividades deportivas y de convivencia.
Para la rehabilitación de estas 100 canchas, AT&T México, Comex y Blue Women Pink Men, trabajaron de la mano con las alcaldías y municipios de cada localidad, además de 48 artistas locales para desarrollar diseños únicos que reflejen la importancia de estos espacios para las comunidades.
“Para PPG Comex, inaugurar la cancha número 100 junto a AT&T México es un hito que demuestra el poder de la colaboración entre el sector público y privado para reconstruir el tejido social. A 10 años de la creación de ‘Comex por un México Bien Hecho’, nos enorgullece haber transformado entornos dignos y seguros que ya benefician a más de 30 millones de mexicanos. Seguiremos firmes en nuestra misión de proteger y embellecer la vida de las personas, convirtiendo estos lugares en verdaderos puntos de encuentro y cohesión comunitaria”, compartió Mai Hernández Castro, Directora de Asuntos Públicos y Responsabilidad Social de PPG Comex.
“La cancha número 100 de Revive tu Cancha es la prueba de que las alianzas pueden cambiar realidades. Agradecemos a AT&T por sumar su energía a este esfuerzo que promueve el deporte, fortalece comunidades y refleja el espíritu de generosidad y compromiso de las empresas americanas con México en el marco de la celebración de 250 años de Independencia de Estados Unidos #Freedom250.” Compartió Silvio Gonzalez, Ministro Consejero para Diplomacia Pública de la Embajada de Estados Unidos en México.
“Nos emociona mucho en Blue Women Pink Men ver una meta alcanzada gracias a las empresas y a las personas que han creído en nuestra misión de recuperar espacios públicos a través del arte para promover el deporte en las infancias de nuestro país, AT&T México y Comex han sido pilares fundamentales para promover e impulsar en toda la república el objetivo de ofrecerle a los niños y niñas canchas seguras, llenas de color, y que los invita a explorar su creatividad y talento. Nuestro más grande reconocimiento y agradecimiento a ambas marcas por ser los mejores aliados, es un día de mucha celebración.” añadió Rubén Kuri, cofundador de BWPM.
Amazon recorta 16,000 posiciones corporativas. Cisco elimina el 5% de su plantilla. Morgan Stanley reduce 2,500 empleos. General Motors prescinde del 10% de su área de TI. Ninguna de estas empresas está en crisis. Todas siguen creciendo.
Eso es lo que me lleva meses llamando la atención. No son despidos por resultados negativos. Son rediseños organizacionales impulsados por una lógica diferente: si la tecnología puede hacer lo que hacen varias capas de la organización, ¿para qué mantener esas capas?
Y luego lees que las Big Four —Deloitte, EY, KPMG, PwC— están publicando más ofertas de trabajo para especialistas en IA que para auditores. Que los roles de IA representaron casi el 7% de sus vacantes en 2025. Que tres cuartas partes de esas posiciones pedían habilidades de programación. Que el resto buscaba algo más difícil de entrenar: la capacidad de explicar la tecnología a clientes, de ayudar a adoptarla, de vender confianza en medio de la incertidumbre.
Financial Times – 20 de mayo 2026
Entonces inevitablemente pensé en ESG, sustentabilidad y en todo ese ecosistema con el que trabajo todos los días.
En los últimos años creció un mundo enorme alrededor de todo esto: reportes, materialidades, cuestionarios, plataformas de datos, indicadores, estándares, revisiones de terceros. Un trabajo importante, sin duda. Pero también altamente estructurable. Altamente automatizable.
¿Qué parte de ese trabajo es realmente insustituible?
No es una amenaza para este campo como conocimiento. Es una amenaza para este campo reducido a burocracia.
Si el valor que ofrece un equipo interno o una firma consultora se mide principalmente en formularios respondidos, bases de datos alimentadas, reportes formateados e indicadores compilados… entonces esa propuesta de valor está en riesgo. No porque sea falsa. Sino porque ya existe tecnología que puede hacer gran parte de eso más rápido, más barato y con menos error humano.
Pero hay algo que la IA no puede hacer. No puede sentarse con la dirección de una empresa y entender por qué una decisión que parece eficiente a corto plazo puede destruir reputación a mediano plazo. No puede leer el contexto político detrás de una regulación emergente y saber cómo va a impactar en la estrategia de un sector específico. No puede navegar la tensión entre lo que un consumidor espera y lo que un accionista exige. No puede distinguir entre lo que una empresa comunica y lo que realmente está dispuesta a cambiar.
Eso requiere criterio. Contexto. Experiencia. Y la capacidad de hablar con franqueza cuando la respuesta más cómoda no es la más honesta.
La imagen que me queda es esta: las organizaciones están pasando de pirámides a obeliscos. Menos capas intermedias de ejecución y procesamiento. Más concentración en los extremos: tecnología en la base, criterio estratégico en la punta. Lo que queda en el medio —si no tiene una razón clara para estar ahí— se va reduciendo.
¿Y esto es malo para la sustentabilidad y para su gremio de promotores? Depende de quién seas y qué estés haciendo.
Es una amenaza real si tu trabajo consiste principalmente en administrar información, responder cuestionarios de calificadoras, o producir reportes que nadie lee pero todos exigen. No porque ese trabajo sea inútil, sino porque cada vez más puede hacerse sin ti.
Es una oportunidad —quizá la mejor en años— si puedes ayudar a una empresa a tomar decisiones complejas en contextos de alta incertidumbre. Si entiendes la regulación antes de que impacte. Si sabes cómo traducir presión social en estrategia de negocio. Si puedes ser la voz que dice lo que nadie más dice en la sala.
Las empresas van a necesitar eso más que nunca. Precisamente porque el mundo se está volviendo más incierto, no menos.
Entonces no, no creo que la IA sea el fin de la sustentabilidad corporativa. Pero sí creo que es el fin de cierta forma de practicarla. Y la distinción importa.
La pregunta que me hago —y que les dejo— no es si la tecnología va a cambiar este campo. Eso ya está pasando. La pregunta es si quienes trabajamos en esto vamos a esperar a que el cambio llegue, o vamos a decidir hacia dónde queremos ir.
Menos pirámides. Más obeliscos. Y la sustentabilidad, si evoluciona bien, en la punta.
Las cifras de recortes citadas corresponden a anuncios públicos de Amazon, Cisco, Morgan Stanley y General Motors en 2025–2026. Los datos sobre contratación en IA en las Big Four provienen de un análisis de FT Research sobre más de 50,000 ofertas de trabajo publicadas en EE.UU., Canadá, Australia, Nueva Zelanda e Irlanda.
R con R, por Edgar López
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.
Durante décadas, el sistema energético mundial dependió casi por completo de combustibles fósiles cuya disponibilidad, precio e impacto ambiental condicionaron el desarrollo económico de países y empresas. Sin embargo, la urgencia climática, las crecientes metas de descarbonización y la volatilidad de los mercados energéticos están acelerando un cambio que ya no parece opcional. Gobiernos, industrias y consumidores buscan alternativas capaces de garantizar seguridad energética sin profundizar la crisis ambiental. En ese escenario, la transición energética dejó de ser una aspiración lejana para convertirse en una prioridad estratégica global.
La transformación, no obstante, va mucho más allá de sustituir una fuente de energía por otra. Requiere innovación tecnológica, infraestructura, inversión y modelos de generación más resilientes capaces de responder a nuevas demandas económicas y sociales. Aquí es donde las energías renovables adquieren un papel protagónico. Desde la solar y la eólica hasta opciones más especializadas como la geotérmica o la marina, estas tecnologías están redefiniendo la matriz energética mundial y demostrando que un futuro bajo en carbono es técnicamente posible. En este artículo exploraremos diez energías renovables que, según Sustainability Magazine, hoy están funcionando como auténticos motores de la transición energética, así como las compañías que están impulsando su desarrollo a escala global.
Las 10 de las energías que están impulsando la transición energética mundial
10. Energía marina: el océano como fuente constante de electricidad
La energía marina, que incluye tecnologías undimotrices y mareomotrices, continúa siendo una de las apuestas más fascinantes dentro del universo de las energías renovables. Aunque su capacidad instalada global todavía es reducida —alrededor de 490 MW—, posee una ventaja difícil de igualar: la predictibilidad. A diferencia del sol o el viento, las mareas obedecen ciclos naturales altamente estables, lo que convierte a esta fuente en una opción estratégica para sistemas eléctricos que requieren confiabilidad.
Su potencial radica precisamente en esa consistencia. Los océanos representan una enorme reserva energética capaz de generar electricidad sin emisiones directas y con menor dependencia de condiciones atmosféricas variables. Sin embargo, el desarrollo tecnológico y los elevados costos de infraestructura han limitado la expansión comercial de muchos proyectos, haciendo que la energía marina permanezca como un nicho altamente innovador, pero todavía emergente.
Una de las compañías que ha demostrado que esta tecnología puede funcionar a gran escala es EDF. Fundada en 1946 y con Carine de Boissezon como Directora de Impacto, la empresa opera la central mareomotriz de La Rance, en Bretaña, Francia, con una capacidad de 240 MW, considerada una de las más grandes del mundo.
El caso de EDF demuestra que las energías renovables no avanzan únicamente mediante soluciones masivas ya consolidadas, sino también a través de tecnologías especializadas capaces de ampliar la diversificación energética. En un mundo que busca independencia energética y resiliencia climática, los océanos podrían convertirse en aliados mucho más relevantes durante las próximas décadas.
9. Energía solar de concentración (CSP): almacenar el sol para usarlo cuando se necesita
La energía solar de concentración o CSP (Concentrated Solar Power) representa una evolución sofisticada del aprovechamiento solar. Con 8.422 MW instalados globalmente, esta tecnología utiliza espejos o lentes para concentrar radiación solar y generar calor de alta temperatura, el cual puede almacenarse —frecuentemente mediante sales fundidas— y utilizarse posteriormente para producir electricidad.
Ese componente de almacenamiento es justamente lo que convierte al CSP en un motor relevante de la transición energética. Mientras la energía solar fotovoltaica depende directamente de la disponibilidad de radiación, la CSP permite almacenar energía térmica y despacharla cuando la red la necesita, ofreciendo una flexibilidad particularmente valiosa para países con alta irradiación.
En esta tecnología destaca ACWA Power, fundada en 2004 y liderada en sostenibilidad corporativa por Rusha Al-Rawaf. La compañía opera más de 70 proyectos energéticos y de desalinización en Arabia Saudita y se ha consolidado como uno de los actores más influyentes de Oriente Medio.
El liderazgo de ACWA Power ilustra cómo las energías renovables también pueden responder a necesidades hídricas y de desarrollo regional. El CSP no solo produce electricidad limpia; también fortalece seguridad energética y gestión de recursos en zonas altamente expuestas al estrés climático.
8. Energía geotérmica: el calor oculto bajo nuestros pies
La geotermia ha ganado notoriedad gracias a los avances en perforación y a la búsqueda global de energía firme y continua. Con 15.674 MW instalados, esta tecnología aprovecha el calor almacenado en el subsuelo para producir electricidad o calefacción, ofreciendo una característica particularmente valiosa: generación de base.
A diferencia de otras fuentes renovables intermitentes, la geotermia puede operar las 24 horas del día sin depender del clima. Esto la convierte en una herramienta estratégica para estabilizar redes eléctricas y reducir dependencia de combustibles fósiles en calefacción y refrigeración urbana.
ENGIE, empresa energética francesa fundada en 2008 y con Daxita Rajcoomar como Directora de Sostenibilidad en la región AMEA, se ha convertido en uno de los principales promotores de esta tecnología. La empresa expande proyectos geotérmicos globalmente y, mediante Tabreed, inauguró la primera planta de refrigeración urbana geotérmica de Oriente Medio.
El renovado interés en esta fuente confirma que las energías renovables no dependen exclusivamente del viento o del sol. La geotermia aporta estabilidad, seguridad y diversificación a sistemas eléctricos cada vez más complejos.
7. Energía eólica marina: conquistar el viento en alta mar
La eólica marina ha protagonizado uno de los crecimientos más impresionantes del sector energético. En apenas tres décadas pasó de un experimento danés a superar los 91.380 MW instalados en el mundo, incorporando solo en 2025 cerca de 9,3 GW nuevos.
El atractivo de esta tecnología radica en la intensidad y constancia de los vientos marinos, que suelen superar a los terrestres y permiten producir grandes cantidades de electricidad limpia con factores de capacidad más elevados.
La empresa danesa Ørsted lidera este proceso. Fundada en 2006 y con Anders Johannes Enghild como director global de sostenibilidad, desarrolla más de 10 GW de capacidad eólica marina en distintos continentes y es reconocida como pionera del primer parque eólico marino del mundo, inaugurado en Vindeby en 1991.
La expansión de la eólica marina evidencia cómo las energías renovables evolucionan desde soluciones locales hacia infraestructura energética global capaz de competir con tecnologías convencionales.
6. Bioenergía: aprovechar residuos y biomasa para descarbonizar sectores difíciles
Con 154.399 MW instalados, la bioenergía ocupa un lugar relevante dentro de la transición energética, especialmente porque atiende sectores donde la electrificación total aún enfrenta desafíos, como transporte pesado y actividades industriales.
La bioenergía transforma materia orgánica —residuos agrícolas, forestales o biocombustibles— en energía aprovechable. Su potencial no solo reside en producir combustibles alternativos, sino en generar modelos circulares donde residuos se convierten en insumos energéticos.
Chevron, fundada en 1879 y dirigida por Mike Wirth, impulsa este sector mediante Chevron Renewable Energy, ofreciendo biodiésel, diésel renovable, gas natural renovable e hidrógeno bajo en carbono para transporte terrestre, ferroviario y marítimo.
En un contexto donde la transición energética exige múltiples soluciones simultáneas, la bioenergía demuestra que la descarbonización no dependerá de una sola tecnología, sino de un portafolio diverso de alternativas complementarias.
5. Hidroeléctrica de bombeo: la batería gigante que sostiene las redes eléctricas
La hidroeléctrica de bombeo suele recibir menos atención pública que la solar o la eólica, pero desempeña un papel decisivo en la transición energética moderna. Con 159.822 MW instalados, esta tecnología funciona como un enorme sistema de almacenamiento: cuando existe exceso de electricidad, el agua se bombea hacia un embalse superior; cuando la demanda aumenta, esa misma agua desciende para generar energía nuevamente.
Su importancia crece conforme aumenta la penetración de fuentes renovables variables. Las redes eléctricas requieren estabilidad, control de frecuencia y capacidad de respuesta inmediata, funciones que históricamente proporcionaban centrales fósiles. La hidroeléctrica de bombeo permite cubrir esas necesidades sin incrementar emisiones y fortalece la resiliencia energética de los países.
GE Vernova, fundada en 2024 y con Roger Martella como director corporativo y de sostenibilidad, se ha especializado en esta infraestructura mediante turbinas, generadores y sistemas eléctricos auxiliares para centrales hidroeléctricas de bombeo.
La compañía planea invertir 9.000 millones de dólares en investigación y desarrollo hasta 2028, con el objetivo de acelerar electrificación e innovación energética. Su apuesta confirma que las energías renovables necesitan almacenamiento y flexibilidad para consolidar su expansión.
4. Almacenamiento en baterías: el habilitador silencioso de la energía limpia
Aunque técnicamente no genera electricidad, el almacenamiento en baterías se ha convertido en uno de los pilares indispensables de la transición energética. Con una capacidad global cercana a 267.000 MW, esta tecnología permite capturar energía solar o eólica cuando es abundante y utilizarla posteriormente cuando disminuye la producción o aumenta la demanda.
Sin sistemas de almacenamiento, gran parte de la electricidad renovable se desperdiciaría o tendría dificultades para integrarse eficientemente a las redes eléctricas. Por ello, las baterías funcionan como un puente entre generación variable y confiabilidad energética, ayudando a estabilizar precios y reducir dependencia de combustibles fósiles.
CATL, fundada en 2011 y encabezada en sostenibilidad por Dennis Pan, domina el mercado global con más del 36% de participación en 2025. La empresa abastece a actores estratégicos como Tesla, Fluence y Sungrow, consolidándose como referente tecnológico.
Los avances de CATL en celdas LFP, mayor densidad energética y cadenas globales de suministro muestran que la transición no depende únicamente de producir electricidad limpia, sino también de almacenarla inteligentemente. En ese sentido, pocas tecnologías han resultado tan decisivas para el futuro de las energías renovables.
3. Energía eólica terrestre: la columna vertebral del viento
Con casi 1,2 TW de capacidad instalada —1.199.987 MW—, la energía eólica terrestre continúa siendo una de las tecnologías renovables más extendidas y competitivas del planeta. Sus aerogeneradores se encuentran en todos los continentes y han transformado paisajes rurales en polos de generación eléctrica y desarrollo económico.
El atractivo de esta fuente radica en su madurez tecnológica, costos cada vez más bajos y capacidad para generar empleo local. Además, la eólica terrestre suele desplegarse más rápidamente que otras grandes infraestructuras energéticas, facilitando el cumplimiento de metas climáticas nacionales.
NextEra Energy, fundada en 1925 y con Charles E. Sieving al frente de asuntos legales, ambientales y regulatorios federales, destaca como uno de los líderes mundiales del sector. La compañía administra cerca de 58 GW de generación, de los cuales aproximadamente 22 GW corresponden a energía eólica terrestre.
El crecimiento sostenido de esta tecnología demuestra por qué las energías renovables ya no representan una promesa futura, sino infraestructura crítica del presente. Su combinación con almacenamiento y redes inteligentes la convierte en una pieza esencial del sistema energético global.
2. Energía hidroeléctrica: la veterana que sigue dominando la electricidad limpia
La hidroeléctrica posee una larga historia y continúa siendo la mayor fuente renovable del mundo. Con 1.295.765 MW instalados y presencia en más de 150 países, aporta alrededor del 14,3% de la electricidad mundial y mantiene un rol estratégico en estabilidad y flexibilidad del sistema eléctrico.
Aunque el ritmo de expansión se ha moderado por la escasez de nuevos emplazamientos adecuados y por debates ambientales asociados a grandes represas, su relevancia permanece intacta. La capacidad de almacenar agua y responder rápidamente a fluctuaciones eléctricas convierte a la hidroenergía en un complemento natural de otras fuentes limpias.
China Three Gorges Corporation (CTG), fundada en 1993 y encabezada internacionalmente por Li Yinsheng, simboliza esta escala monumental. Su filial opera la presa de las Tres Gargantas, la mayor central hidroeléctrica del planeta, con 22,5 GW de capacidad.
CTG alcanzó 146 GW de capacidad instalada a finales de 2023 y el 96% de su generación provino de fuentes limpias, con operaciones en casi veinte países. Su trayectoria confirma que la transición energética también se construye a partir de tecnologías maduras capaces de sostener grandes sistemas eléctricos.
1. Solar: la reina de la transición energética global
La energía solar fotovoltaica ocupa hoy el primer lugar entre las tecnologías renovables, con una capacidad instalada superior a 2.383.162 MW. Más que una tendencia, se ha convertido en el rostro más visible de la descarbonización mundial gracias a la caída acelerada de costos y al perfeccionamiento tecnológico.
Su principal fortaleza es la escalabilidad. Puede abastecer desde viviendas y comercios hasta gigantescos parques solares conectados a redes nacionales. Además, la volatilidad de los precios eléctricos y la búsqueda de autonomía energética han impulsado una adopción masiva en hogares, industrias y gobiernos.
La Agencia Internacional de Energía prevé que la capacidad solar casi se triplique y alcance 1.500 GW adicionales, superando al gas natural en 2026 y al carbón en 2027 como principal tecnología energética individual.
First Solar, fundada en 1999 y dirigida por Mark Widmar, representa uno de los actores más innovadores del sector. Su tecnología de película delgada y su estrategia climática —que incluye alimentar toda su producción con renovables para 2028 y aspirar a neutralidad climática en 2050— muestran cómo la industria evoluciona hacia modelos cada vez más sostenibles.
La solar encabeza este ranking porque sintetiza el espíritu de la transición: accesibilidad, innovación y capacidad de despliegue masivo. Entre todas las energías renovables, es probablemente la que mejor ejemplifica cómo la descarbonización pasó de ser una aspiración ambiental a convertirse en una decisión económica y estratégica.
La transición energética no dependerá de una sola tecnología
La transformación energética que vive el mundo deja una lección clara: no existe una solución única capaz de resolver por sí sola el desafío climático y energético global. Desde la energía solar y la eólica terrestre hasta opciones menos visibles como la geotérmica, la marina o el almacenamiento en baterías, cada tecnología aporta fortalezas distintas para construir sistemas eléctricos más limpios, resilientes y seguros. El avance de las energías renovables demuestra que la innovación ya no es un escenario hipotético, sino una realidad respaldada por inversión, desarrollo tecnológico y nuevas estrategias empresariales.
Sin embargo, acelerar esta transición exigirá mucho más que capacidad instalada. También requerirá políticas públicas consistentes, infraestructura moderna, financiamiento y colaboración entre gobiernos, compañías y sociedad. Las empresas que lideran este cambio muestran que la competitividad y la sostenibilidad pueden avanzar juntas, aunque todavía persisten retos relacionados con almacenamiento, redes eléctricas y acceso equitativo a la energía. Las energías renovables no solo representan una oportunidad ambiental; se han convertido en un componente estratégico para la independencia energética, la estabilidad económica y el futuro de la descarbonización global.