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No todo reciclaje es igual; lo que debes saber sobre el downcycling

Durante años, hablar de reciclaje ha sido casi sinónimo de responsabilidad ambiental. Desde campañas de separación de residuos hasta iniciativas empresariales de economía circular, la idea de reciclar se ha instalado como una solución ampliamente aceptada frente al problema de la contaminación y el exceso de desechos. Sin embargo, detrás de este concepto aparentemente simple existe una realidad mucho más compleja. No todos los procesos de reciclaje funcionan igual ni todos conservan el mismo valor de los materiales que transforman.

De hecho, auqnue el reciclaje suele presentarse como una práctica uniforme, existen distintas formas de aprovechar los residuos, cada una con implicaciones ambientales y económicas diferentes. Una de las menos conocidas es el downcycling, un proceso que cobra cada vez más relevancia en la conversación sobre sostenibilidad. Comprender qué es el downcycling resulta clave para entender por qué algunos materiales reciclados pierden calidad en el proceso y cómo, aun así, pueden convertirse en aliados para reducir residuos y fortalecer modelos de producción más circulares. En este artículo profundizaremos en su funcionamiento, sus beneficios ambientales y las oportunidades que ofrece tanto para consumidores como para empresas.

¿Qué es el downcycling y por qué es diferente de otros tipos de reciclaje?

El reciclaje suele imaginarse como un proceso en el que los residuos vuelven a convertirse en productos iguales o incluso mejores que los originales. Sin embargo, la realidad es más diversa. El downcycling —también conocido como reciclaje descendente o infrareciclaje— es un proceso mediante el cual un material reciclado pierde parte de su calidad, resistencia o valor funcional respecto a su forma original, aunque sigue encontrando una nueva utilidad y evita convertirse inmediatamente en basura.

En otras palabras, si un material no puede regresar a su condición inicial pero sí puede transformarse en otro producto aprovechable, aunque de menor calidad o valor, estamos frente a un caso de downcycling. Un ejemplo común es el plástico PET utilizado en botellas: en muchas ocasiones no vuelve a convertirse en envases de grado alimenticio, sino en fibras textiles, rellenos, alfombras o materiales industriales. Lo mismo ocurre con ciertos papeles que, tras varios ciclos de reciclaje, pierden longitud en sus fibras y terminan convertidos en cartón o empaques de menor calidad.

qué es el downcycling

Esta modalidad se diferencia del reciclaje tradicional y del upcycling. El reciclaje convencional suele aspirar a recuperar materiales con características similares a las originales, mientras que el upcycling busca elevar su valor mediante creatividad o rediseño, transformando residuos en productos de mayor utilidad o atractivo. Entender qué es el downcycling permite reconocer que no todos los residuos mantienen intacto su potencial, pero que incluso aquellos que degradan sus propiedades pueden seguir desempeñando un papel relevante dentro de sistemas de producción más sostenibles.

Los beneficios ambientales del downcycling y su vínculo con la economía circular

Durante años, el downcycling fue visto como una alternativa imperfecta frente al reciclaje ideal. Sin embargo, esta percepción ha comenzado a cambiar conforme avanza la discusión sobre gestión integral de residuos y circularidad. Aunque los materiales pierdan parte de sus propiedades, prolongar su vida útil representa un beneficio ambiental considerable en comparación con la extracción constante de materias primas vírgenes.

Uno de sus principales aportes consiste en disminuir la presión sobre los ecosistemas y reducir la demanda de recursos naturales. Cada vez que un residuo encuentra un segundo uso mediante downcycling, se evita parcialmente la necesidad de extraer petróleo, madera, minerales o fibras nuevas para fabricar determinados productos. Esto puede traducirse en menor degradación ambiental, menor consumo energético y reducción asociada de emisiones contaminantes.

Además, el downcycling contribuye a reducir el volumen de residuos enviados a rellenos sanitarios o sistemas de disposición final. En un contexto donde muchas ciudades enfrentan saturación de infraestructura para manejo de basura, extender el aprovechamiento de materiales se vuelve una estrategia ambiental y logística de gran valor. No elimina el problema de fondo, pero sí ayuda a ralentizar la generación de desechos.

Otro beneficio poco discutido radica en su capacidad para funcionar como etapa intermedia dentro de la economía circular. La circularidad no siempre implica ciclos infinitos y perfectos; en muchos casos, significa maximizar el tiempo de uso de un recurso antes de su descarte definitivo. Desde esta perspectiva, el downcycling puede actuar como un “último circuito útil” que mantiene materiales en circulación por más tiempo y retrasa su conversión en residuos sin valor.

Comprender qué es el downcycling también obliga a abandonar una visión simplificada del reciclaje. No todos los materiales pueden reciclarse indefinidamente ni conservar intactas sus propiedades. Aun así, aprovecharlos de manera estratégica puede generar impactos ambientales acumulativos significativos y complementar otras acciones de sostenibilidad como el ecodiseño, la reducción en origen y el consumo responsable.

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Downcycling en casa: pequeñas acciones con impacto tangible

Aunque suele asociarse con procesos industriales, el downcycling también puede aplicarse en la vida cotidiana. Muchas prácticas domésticas que buscan aprovechar objetos antes de desecharlos responden, en realidad, a esta lógica de reciclaje descendente.

Un ejemplo sencillo es reutilizar ropa desgastada para fabricar paños de limpieza, bolsas reutilizables o rellenos textiles. La prenda pierde su función original y posiblemente parte de su valor, pero gana una segunda vida útil que evita desecharla prematuramente. Lo mismo sucede con cajas de cartón convertidas en organizadores o con frascos que dejan de almacenar alimentos para transformarse en contenedores domésticos.

Los muebles también ofrecen oportunidades interesantes. Tablas provenientes de mobiliario deteriorado pueden reutilizarse para estantes, macetas o piezas decorativas. Aunque la madera ya no conserve la calidad o el acabado del producto inicial, sigue siendo funcional y evita la compra de nuevos materiales.

En el ámbito del plástico existen numerosos ejemplos prácticos. Envases rígidos pueden emplearse como sistemas de almacenamiento, separadores o recipientes auxiliares. Incluso algunos empaques flexibles, difíciles de reciclar convencionalmente, encuentran nuevas aplicaciones mediante procesos comunitarios o artesanales.

Para quienes buscan adoptar hábitos más sostenibles, entender qué es el downcycling ayuda a mirar los residuos con una lógica distinta: no como objetos destinados automáticamente a la basura, sino como materiales cuyo valor puede extenderse mediante creatividad y aprovechamiento consciente.

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Downcycling y empresas: una herramienta estratégica para fortalecer el desempeño ambiental

En el entorno corporativo, el downcycling suele analizarse desde la gestión de residuos. Sin embargo, limitarlo a esa dimensión puede hacer que las compañías pierdan oportunidades estratégicas vinculadas con eficiencia operativa, innovación y reputación ESG.

Para las compañías, el downcycling puede convertirse en un mecanismo auxiliar para avanzar hacia modelos productivos más circulares sin esperar transformaciones tecnológicas radicales o inversiones prohibitivas. La clave está en identificar corrientes de residuos que, aun sin poder reincorporarse plenamente al proceso original, conservan valor material susceptible de ser aprovechado.

La industria automotriz, por ejemplo, ha empleado plásticos recuperados y textiles reciclados en componentes interiores y aislamientos. En construcción, residuos de concreto y materiales pétreos se utilizan como agregados secundarios para nuevas aplicaciones. Sectores como empaque, manufactura y bienes de consumo han comenzado a incorporar materiales reciclados de menor grado en productos secundarios, mobiliario operativo o soluciones logísticas.

Desde la óptica empresarial, el primer paso consiste en mapear residuos internos y clasificarlos según potencial de reutilización, valor residual y viabilidad técnica. Muchas organizaciones descubren que parte de sus descartes industriales no necesariamente son “basura”, sino subproductos con posibilidades de reincorporación mediante alianzas, rediseño o mercados secundarios.

Aquí aparece un concepto clave para la gestión ESG moderna: la simbiosis industrial. Bajo este enfoque, los residuos de una empresa pueden transformarse en insumos para otra. Lo que representa pérdida económica y costo de disposición para una compañía puede convertirse en materia prima de menor valor para otro actor productivo. El downcycling facilita precisamente este intercambio y fortalece ecosistemas industriales más resilientes.

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También existe una dimensión reputacional y regulatoria. Conforme avanzan las exigencias sobre economía circular y responsabilidad extendida del productor, las empresas enfrentan mayor presión para demostrar trazabilidad y aprovechamiento de residuos. Integrar estrategias de downcycling puede fortalecer indicadores ambientales, respaldar reportes ESG y mostrar evidencia concreta de reducción de desperdicios.

No obstante, el downcycling no debe entenderse como una solución absoluta ni como sustituto del rediseño sostenible. Su mayor potencial surge cuando se integra dentro de una jerarquía ambiental más amplia que priorice reducción, reutilización y diseño circular. Bajo esta lógica, puede funcionar como un puente práctico entre los residuos inevitables y modelos de producción con menor impacto.

Para tomadores de decisiones, la pregunta ya no es únicamente si reciclar o no, sino cómo maximizar el valor de cada flujo material dentro de la organización. Y ahí reside una de las razones por las que comprender qué es el downcycling puede marcar la diferencia entre una estrategia ambiental reactiva y una gestión corporativa verdaderamente orientada a la circularidad.

Mirar el reciclaje con nuevos matices

Durante mucho tiempo, el reciclaje fue presentado como una respuesta universal frente a la crisis de residuos. Sin embargo, la sostenibilidad exige análisis más sofisticados y una comprensión más profunda de cómo circulan los materiales en la economía. El downcycling demuestra que la gestión responsable no siempre implica recuperar un producto idéntico al original, sino encontrar formas inteligentes de extender su utilidad y reducir impactos.

Lejos de ser un reciclaje “inferior”, el downcycling representa una herramienta pragmática para aprovechar recursos que de otro modo terminarían desechados. Tanto en casa como en el entorno empresarial, puede convertirse en un aliado para disminuir residuos, fomentar innovación y fortalecer estrategias de economía circular. Porque al final, entender mejor cómo reciclamos también puede ayudarnos a decidir mejor cómo producimos y consumimos.

McDonald’s falla en meta de sostenibilidad 

Durante años, las metas climáticas corporativas se presentaron como una hoja de ruta clara hacia la descarbonización. Grandes compañías fijaron objetivos basados en ciencia, prometieron reducir emisiones y colocaron la sostenibilidad en el centro de sus narrativas institucionales. Sin embargo, conforme se acerca 2030, varias organizaciones comienzan a reconocer que cumplir esos compromisos es mucho más complejo de lo previsto. La brecha entre la ambición y la capacidad real de ejecución empieza a hacerse visible.

Ese parece ser el caso de McDonald’s. En una reciente publicación firmada por sus principales responsables de cadena de suministro e impacto global, la compañía anticipó que no logrará alcanzar uno de sus compromisos ambientales más relevantes para esta década: reducir a la mitad las emisiones industriales y energéticas asociadas a su enorme red global de suministro y franquicias. La noticia coloca nuevamente bajo la lupa el debate sobre cuánto dependen las metas climáticas corporativas de las acciones internas y cuánto del contexto económico, político y tecnológico que rodea a las empresas.

McDonald’s falla en meta de sostenibilidad: las razones que expone la compañía

La admisión no llegó en un reporte técnico escondido entre indicadores ESG, sino en una comunicación abierta firmada por Warren Anderson, Director de la Cadena de Suministro, y Jon Banner, Director de Impacto Global. Ambos reconocieron que la empresa no prevé alcanzar su objetivo climático de 2030 relacionado con emisiones industriales y energéticas dentro de su cadena de valor.

En su mensaje, los ejecutivos sostienen que la magnitud del reto excede la capacidad de acción de una sola compañía. Entre los obstáculos identificados mencionan tensiones geopolíticas, fragilidad en las cadenas globales de suministro y un despliegue desigual de energías limpias en distintas regiones del mundo. La declaración de Anderson y Banner fue contundente: 

“Un progreso significativo requiere un cambio sistémico en todos los sectores, infraestructuras y políticas, y no puede depender únicamente de las acciones de una sola marca…el progreso en las emisiones de Alcance 3 no solo dependerá de lo que haga McDonald’s, sino también de la rapidez con que cambie el mundo que nos rodea”.

El argumento no es menor. Para empresas con cadenas globales altamente fragmentadas, la descarbonización depende de variables difíciles de controlar: disponibilidad de energía renovable, proveedores agrícolas, infraestructura logística, regulación local y velocidad de adopción tecnológica. McDonald’s sostiene que, aun con esfuerzos propios, el ecosistema necesario para avanzar no se ha desarrollado al ritmo esperado.

No obstante, esta explicación también abre un debate incómodo para la comunidad ESG. Si bien los factores sistémicos son reales, las metas basadas en ciencia precisamente buscan impulsar transformaciones empresariales capaces de acelerar cambios sectoriales y no solo reaccionar a ellos. El reconocimiento de la compañía, por tanto, puede interpretarse tanto como un ejercicio de transparencia como una señal de los límites actuales de los compromisos climáticos corporativos.

Las señales estaban ahí desde el reporte de 2025

La noticia sorprendió al mercado, pero no surgió de manera repentina. Desde su Purpose & Impact Report 2025, McDonald’s ya dejaba entrever que el camino hacia 2030 se estaba complicando.

El informe señalaba múltiples barreras estructurales asociadas a las emisiones indirectas y a la complejidad operativa de su red de franquicias. A diferencia de empresas con operaciones totalmente centralizadas, McDonald’s trabaja bajo esquemas diversos de gestión y licenciamiento, donde algunas decisiones ambientales dependen del corporativo y otras recaen en operadores regionales o franquiciatarios independientes.

Beth Hart, directora de sostenibilidad de la compañía, reconoció esta realidad en declaraciones a Trellis:

“Cuando asumimos nuestro compromiso, entendíamos que las acciones e inversiones de la industria en general avanzarían a un ritmo similar y que el marco regulatorio motivaría a otros donde fuera necesario”, explicó.

Y anadió que: “Eso no ha sucedido en la escala que todos esperábamos, y además nos enfrentamos a multitud de otros desafíos que ninguno de nosotros podría haber previsto”.

McDonald's

La ejecutiva también confirmó que el análisis más reciente de datos internos reforzó la preocupación sobre el cumplimiento de las metas. “A medida que hemos estado analizando nuestros datos más recientes para 2025, hemos obtenido una visión más clara tanto de nuestro progreso como de los desafíos que tenemos por delante, en particular el riesgo para la entrega del Alcance 3”, afirmó. “Consideramos importante compartir esta perspectiva ahora”.

La raíz del problema se encuentra precisamente en esas emisiones de Alcance 3. Aunque McDonald’s avanza favorablemente en sus emisiones operativas y de electricidad —las vinculadas directamente a sus instalaciones—, ese universo representa apenas una fracción de su huella climática. La mayor carga ambiental proviene de la producción agrícola, la compra de carne, las actividades energéticas e industriales ligadas a proveedores y franquicias.

Según su reporte de septiembre de 2025, la empresa redujo apenas alrededor de 3% sus emisiones de Alcance 3 respecto a 2018, muy lejos de la reducción del 50.4% comprometida para 2030. Esa diferencia explica por qué McDonald’s falla en meta de sostenibilidad no es únicamente un problema de desempeño operativo, sino un desafío profundamente ligado a la estructura de su modelo de negocio.

El caso además no es aislado. PepsiCo adoptó un discurso similar al rebajar sus objetivos ambientales en 2025, argumentando que las condiciones políticas y el alto costo de tecnologías bajas en carbono frenan el avance.

“Podemos abogar, podemos colaborar, podemos trabajar para intentar avanzar, pero hay un límite a lo que podemos hacer”, declaró su director de sostenibilidad, Jim Andrew.

Éxito financiero y deuda climática: la contradicción de McDonald´s

La paradoja es evidente. Mientras enfrenta dificultades para cumplir sus metas climáticas de 2030, McDonald’s mantiene una posición privilegiada en términos de valor de marca global.

La compañía apareció nuevamente en el Kantar BrandZ Top 100 Most Valuable Global Brands y, más aún, logró mantenerse dentro del selecto Top 10 mundial. En la edición 2025 ocupó el octavo lugar, con un valor de marca estimado en más de 221 mil millones de dólares.

Ese posicionamiento no es menor. Permanecer entre las marcas globales más valiosas refleja resiliencia comercial, capacidad de adaptación y una conexión extraordinaria con consumidores y mercados. Sin embargo, también plantea una pregunta incómoda para la conversación ESG contemporánea: ¿debe el crecimiento económico venir acompañado de una aceleración proporcional en desempeño ambiental?

La respuesta parece menos clara de lo que muchas narrativas corporativas sugieren. Aunque McDonald’s conserva enorme fortaleza financiera y reputacional, sus avances climáticos en Alcance 3 no se han movido al mismo ritmo que su consolidación comercial. El desacople entre valor económico y velocidad de descarbonización sigue siendo uno de los dilemas más importantes para las multinacionales globales.

Eso no significa que la empresa abandone sus compromisos. Hart reiteró que McDonald’s mantiene vigente su objetivo de alcanzar cero emisiones netas hacia 2050 y promete ofrecer mayor claridad en su próximo informe de impacto.

Para intentar corregir el rumbo, la compañía planea invertir al menos mil millones de dólares durante la próxima década con el fin de fortalecer la resiliencia de su cadena de suministro. Parte de estos recursos se dirigirán a agricultura regenerativa enfocada en insumos críticos como carne de res, soya, aceite de palma, café y fibra para empaques.

La apuesta no es nueva. McDonald’s lleva años impulsando iniciativas relacionadas con ganadería y conservación. En septiembre de 2025 destinó 200 millones de dólares para apoyar prácticas de pastoreo regenerativo y conservación de fauna en más de cuatro millones de acres de ranchos.

Incluso en empaques la empresa reporta avances. Según su actualización más reciente, alcanzó 95.8% de abastecimiento de materiales renovables, reciclables o certificados para sus envases, acercándose a su meta del 100%. Pero Anderson y Banner advierten que mantener ese progreso también depende de regulación y mercados capaces de hacer más accesibles los materiales reciclados y renovables.

Lo que este caso enseña a los líderes de sostenibilidad

Para quienes trabajan en sostenibilidad corporativa, el caso McDonald’s deja lecciones relevantes que van mucho más allá de una meta incumplida.

La primera es que fijar objetivos ambiciosos sigue siendo valioso, pero no basta por sí mismo. Durante años, McDonald’s alineó sus compromisos con ciencia climática, fortaleció métricas, avanzó en empaques y promovió programas de agricultura regenerativa. Esa infraestructura ESG importa y demuestra que la empresa no partió desde la inacción.

La segunda lección es más incómoda: muchas estrategias climáticas corporativas subestimaron la complejidad del Alcance 3. Descarbonizar operaciones propias puede depender de decisiones internas; transformar sistemas agrícolas, proveedores globales y modelos de franquicia implica gobernanza compartida, incentivos económicos y coordinación multisectorial.

También existe una lección sobre comunicación y credibilidad. Aunque admitir retrasos puede generar críticas, transparentar dificultades suele ser preferible a sostener narrativas poco realistas. En un contexto donde el escrutinio sobre greenwashing aumenta, reconocer límites puede fortalecer la confianza si viene acompañado de planes concretos y rendición de cuentas.

Sin embargo, McDonald’s tampoco queda exento de cuestionamientos. El argumento sistémico es válido, pero corre el riesgo de diluir responsabilidad cuando se utiliza sin una narrativa robusta sobre liderazgo e innovación. Las compañías con enorme capacidad financiera y presencia global no solo reaccionan al entorno: también influyen sobre él mediante compras, inversión y presión hacia proveedores.

Ahí reside probablemente la mayor enseñanza. McDonald’s falla en meta de sostenibilidad no significa necesariamente que la sostenibilidad corporativa haya fracasado, pero sí evidencia que la transición climática es mucho más compleja que publicar objetivos aspiracionales. Para los líderes de RSE y ESG, el reto consiste en diseñar estrategias que combinen ambición con realismo operativo, transparencia con accountability y colaboración sistémica con liderazgo empresarial genuino.

Porque si algo deja claro este episodio es que el verdadero examen de las metas climáticas no ocurre cuando se anuncian, sino cuando el contexto cambia y las organizaciones deben decidir si ajustan el rumbo o redefinen el nivel de liderazgo que están dispuestas a ejercer.

Brecha de salud por género: la desigualdad que cuesta miles de vidas

La salud suele presentarse como un derecho universal, pero la experiencia cotidiana demuestra que no todas las personas acceden a ella en igualdad de condiciones. El sexo y el género continúan influyendo en la forma en que se investigan las enfermedades, se interpretan los síntomas y se diseñan los servicios médicos. Esta realidad tiene consecuencias profundas: diagnósticos tardíos, tratamientos inadecuados y barreras persistentes que afectan la calidad de vida e incluso la supervivencia de millones de personas alrededor del mundo.

El costo de esta desigualdad rara vez se mide únicamente en cifras económicas. También se traduce en sufrimiento acumulado, invisibilidad y desconfianza hacia los sistemas sanitarios. La llamada brecha de salud por género se manifiesta cuando ciertas personas son ignoradas, no reciben atención adecuada o quedan fuera de políticas y estudios médicos diseñados desde perspectivas limitadas. Un reciente informe elaborado en Escocia vuelve a colocar este problema en el centro del debate y deja claro que se trata de una deuda estructural que trasciende fronteras.

Cuando la salud se vuelve invisible: una realidad que va más allá de un solo país

El informe (IN)VISIBLE, publicado por Voluntary Health Scotland (VHS) y construido a partir de las aportaciones de más de cincuenta organizaciones del tercer sector y profesionales de salud, ofrece un diagnóstico contundente: miles de personas permanecen “invisibles” dentro del sistema sanitario escocés debido a desigualdades relacionadas con el sexo y el género.

La investigación concluye que muchas personas reciben atención deficiente, son ignoradas o simplemente no son escuchadas cuando buscan ayuda médica. El problema no se limita al acceso a servicios, sino que atraviesa todo el recorrido sanitario, desde la investigación clínica hasta la calidad de la atención y los resultados de salud obtenidos.

El director ejecutivo de VHS, Tejesh Mistry, resumió esta situación con una declaración particularmente reveladora:

“Demasiadas personas no son vistas, escuchadas ni creídas, y en definitiva no reciben el apoyo que necesitan”

Añadió además que, aunque el tercer sector cumple un papel esencial para atender a poblaciones vulnerables, “se requieren medidas urgentes por parte del gobierno, del Servicio Nacional de Salud (NHS) y de todo el sistema para subsanar estas inaceptables deficiencias”.

brecha de salud por género

Sin embargo, reducir esta problemática al contexto escocés sería un error. La brecha de salud por género es un fenómeno ampliamente documentado en numerosos países y sistemas sanitarios. Mujeres cuyos síntomas cardiovasculares son minimizados, hombres que evitan buscar apoyo psicológico por normas sociales vinculadas a la masculinidad o personas trans y no binarias que enfrentan exclusión médica son ejemplos de desigualdades que aparecen repetidamente en diferentes regiones del mundo.

El informe muestra cómo esta invisibilidad se intensifica cuando el género se cruza con otras condiciones sociales. Las desigualdades se ven “agravadas aún más” cuando una persona es mayor, tiene alguna discapacidad, pertenece a la comunidad LGBTQ+ o forma parte de una minoría étnica.

Las evidencias recopiladas son preocupantes. El estudio identifica la percepción de muchas mujeres mayores que consideran que acudir al médico las convierte en una carga, pese a haber sido tradicionalmente cuidadoras principales de sus familias. Asimismo, documenta que mujeres migrantes y mujeres con discapacidad continúan enfrentando discriminación dentro del sistema de maternidad escocés.

Sarah Latto, autora del informe y responsable de políticas y asuntos públicos de VHS, sintetizó esta realidad con claridad:

“Este informe refleja la realidad cotidiana de muchísimas personas. Al unir las historias de estigma, discriminación y misoginia compartidas por nuestros miembros, emerge una narrativa de profundas desigualdades en materia de salud”.

Las raíces de la brecha de salud por género

El informe no atribuye la desigualdad a un único factor, sino a una combinación de fallas estructurales, culturales e institucionales que terminan reproduciendo exclusión dentro del sistema sanitario.

Uno de los principales problemas identificados es la forma en que históricamente se ha desarrollado la investigación médica. (IN)VISIBLE señala que los ensayos clínicos continúan reclutando un número desproporcionado de hombres, lo que genera sesgos en el conocimiento médico disponible y limita la comprensión de cómo ciertas enfermedades afectan a distintos grupos.

brecha de salud por género

Esta práctica tiene implicaciones directas. Cuando la investigación no incorpora diversidad suficiente, los síntomas y manifestaciones clínicas pueden interpretarse erróneamente o pasar desapercibidos. El informe destaca precisamente la distinta percepción de enfermedades según el género y denuncia la falta casi total de investigación clínica sobre los cambios experimentados por personas trans que reciben atención relacionada con su identidad de género.

Otro factor clave tiene que ver con la estructura institucional del NHS. Las entrevistas y grupos de discusión identificaron sistemas que fallan al registrar y monitorear adecuadamente a personas trans y no binarias, lo que dificulta continuidad de atención y reconocimiento de necesidades específicas.

El documento también revela cómo las normas sociales influyen en la relación con la salud. Existen barreras relacionadas con el género que desincentivan a muchos hombres a pedir ayuda para su salud mental, al tiempo que invisibilizan la salud de mujeres cuidadoras que priorizan constantemente las necesidades de otros sobre las propias.

La brecha de salud por género aparece además alimentada por el estigma y la discriminación. Algunas personas evitan acudir a servicios sanitarios porque anticipan prejuicios, rechazo o experiencias previas negativas. El informe sostiene que estos patrones muestran cómo los principios de una Medicina Realista y centrada en las personas se están debilitando, en parte porque el personal sanitario enfrenta sobrecarga y pérdida de continuidad asistencial.

En este contexto, la desigualdad deja de ser un incidente aislado y se convierte en una característica sistémica del funcionamiento sanitario.

Qué propone el informe para reducir la desigualdad

Frente a este panorama, (IN)VISIBLE plantea seis recomendaciones dirigidas a responsables políticos, investigadores y servicios de salud. Aunque Sarah Latto reconoce que son deliberadamente amplias —porque aún queda mucho por investigar—, constituyen un mapa inicial para abordar esta problemática.

1. Diseñar políticas de salud que reflejen todas las desigualdades relacionadas con sexo y género

El informe pide abandonar visiones simplificadas y reconocer la diversidad de experiencias sanitarias. Las políticas públicas deben considerar cómo el sexo y el género interactúan con edad, discapacidad, origen étnico u orientación sexual.

2. Mejorar investigación y datos sanitarios

Una recomendación central es garantizar que la evidencia médica refleje adecuadamente el impacto del sexo y el género en experiencias y resultados de salud. Esto implica producir datos más representativos y cerrar vacíos de conocimiento que actualmente invisibilizan poblaciones.

brecha de salud por género

3. Capacitación obligatoria para personal sanitario

El documento propone que todo el personal de salud reciba formación específica sobre el impacto del sexo y el género en diagnósticos, atención y resultados clínicos, integrando principios de Medicina Realista y atención centrada en la persona.

4. Invertir en servicios y espacios inclusivos

El informe señala la necesidad de fortalecer sistemas y servicios especializados que eliminen barreras comunes asociadas al género y reduzcan la “falta de representación” dentro del sistema sanitario.

5. Sensibilización pública

Las campañas de información ocupan un lugar relevante. El objetivo es aumentar comprensión social sobre cómo sexo y género afectan experiencias médicas y combatir estigmas que inhiben la búsqueda de ayuda.

6. Reconocer el papel estratégico del tercer sector

Para VHS, las organizaciones sociales poseen conocimiento indispensable sobre desigualdades interseccionales y experiencias vividas. Integrarlas plenamente puede mejorar diseño de servicios y fortalecer inclusión.

Latto subrayó esta visión durante la presentación del informe: “Las recomendaciones son deliberadamente generales porque, si bien el informe es rico en detalles, solo aborda superficialmente las desigualdades en salud relacionadas con el sexo y el género”. Añadió además que “VHS no somos los expertos. Son nuestros más de 300 miembros quienes tienen información vital sobre las diferentes piezas de este gran rompecabezas”.

Una deuda sanitaria que exige liderazgo

La brecha de salud por género no es un problema marginal ni exclusivo de Escocia. Es una manifestación de desigualdades más amplias que atraviesan sistemas médicos, prácticas científicas y normas sociales profundamente arraigadas. Cuando ciertas personas no son escuchadas, investigadas o consideradas adecuadamente, el resultado no es únicamente una falla administrativa: es una vulneración del derecho a la salud.

Para quienes trabajan en responsabilidad social, políticas públicas y derechos humanos, el informe (IN)VISIBLE deja una lección relevante. Corregir estas desigualdades exige liderazgo institucional, mejores datos y voluntad política, pero también escuchar a quienes históricamente han permanecido fuera de la conversación. La brecha de salud por género no desaparecerá únicamente con discursos sobre inclusión; requiere transformar la manera en que entendemos, investigamos y prestamos atención sanitaria para que nadie vuelva a ser invisible dentro del sistema.

Coinvertir, colaborar y construir: FUNDACIÓN ADO abre diálogo sobre liderazgo e inversión social

En un momento en que cada vez más empresas se preguntan cómo trascender su operación y convertirse en agentes de desarrollo social, FUNDACIÓN ADO abrió una conversación sobre liderazgo, propósito e inversión social estratégica a partir de la experiencia construida durante dos décadas de trabajo comunitario.

En el espacio de entrevistas Líderes MOBILITY, Andrés Pérez-Peña Campos, Gerente General de la fundación, compartió una reflexión sobre los elementos que deben considerarse para construir una organización capaz de generar impacto social real, sostenible y medible, así como los aprendizajes acumulados a lo largo de 20 años acompañando procesos comunitarios en distintas regiones del país.

Durante la conversación, Andrés Pérez-Peña subrayó que la creación de una fundación requiere tiempo, método y claridad desde el origen. Más que una decisión aislada, explicó que se trata de una construcción estratégica que debe partir de preguntas esenciales: a qué población se busca acompañar, qué problemática social se quiere atender y en qué territorio se desea intervenir. Desde su perspectiva, identificar con precisión estos elementos permite establecer una ruta de trabajo con mayor foco, pertinencia y capacidad de evolución.

Uno de los mensajes centrales del diálogo fue que el desarrollo social no puede pensarse sin comprensión territorial. En ese sentido, conocer el contexto, escuchar a las comunidades y entender la dinámica de los gobiernos locales y aliados en cada región resulta indispensable para colaborar de forma efectiva. A partir de ese entendimiento, señaló Andrés, es posible construir acuerdos, sumar capacidades y desarrollar estrategias con mayor profundidad, en lugar de operar respuestas desconectadas de la realidad local.

La conversación también puso énfasis en la importancia de contar con indicadores claros y mecanismos de evaluación constantes. Desde esta visión, medir no es un componente secundario, sino una herramienta indispensable para comprender si una intervención realmente está generando cambios positivos o si es necesario replantear la estrategia. Bajo este enfoque, la organización refrenda una visión de inversión social que prioriza procesos sostenibles, objetivos definidos y acompañamiento continuo como parte del camino para fortalecer comunidades.

FUNDACIÓN ADO

Otro de los puntos relevantes del intercambio fue la diferencia entre una fundación empresarial estratégica y una lógica exclusivamente asistencialista. Si bien Andrés reconoció que existen situaciones urgentes que requieren atención inmediata —como los desastres naturales— también subrayó la importancia de no perder de vista las causas estructurales de los problemas sociales. Desde esa mirada, la apuesta de largo plazo consiste en construir capacidades, generar alianzas y desarrollar soluciones que permitan transformar contextos de manera más profunda y sostenible.

“Crear una fundación empresarial implica tomarse el tiempo para definir con claridad a quién quieres acompañar, qué problema social buscas transformar y cómo vas a medir ese proceso en el territorio. Cuando existe foco, colaboración y una visión compartida, la inversión social puede convertirse en una herramienta real de desarrollo para las comunidades”, señaló Andrés Pérez-Peña Campos, Gerente General de FUNDACIÓN ADO.

A partir de esta experiencia, el brazo social de MOBILITY ADO también busca abrir la conversación con otras empresas y organizaciones interesadas en fortalecer o construir iniciativas de impacto social. Más que posicionarse como un modelo único, apuesta por compartir aprendizajes, metodologías y experiencias que puedan contribuir al desarrollo de proyectos más sostenibles, colaborativos y con visión de largo plazo.

Desde esta perspectiva, la coinversión, la articulación entre actores y el acompañamiento estratégico representan no solo una forma de trabajo, sino una oportunidad para construir un ecosistema social más conectado, donde más organizaciones puedan sumar capacidades y generar impacto desde sus propias realidades y objetivos.

A 20 años de su creación, FUNDACIÓN ADO reafirma así una convicción construida desde la experiencia: el desarrollo sostenible se fortalece cuando las organizaciones colaboran, escuchan al territorio y construyen soluciones junto con las comunidades.

Lilly y UNICEF unen esfuerzos para impulsar una infancia más saludable en 21 países

Eli Lilly y Compañía de México (Lilly) y UNICEF USA anunciaron hoy una colaboración con el objetivo de mejorar la prevención y atención de enfermedades no transmisibles (ENT) en niños, alcanzando a más de 30 millones de jóvenes y cuidadores en 21 países de ingresos bajos y medianos.

En el marco de su 150° aniversario, Lilly está destinando 50 millones de dólares a UNICEF en Estados Unidos para apoyar los esfuerzos de UNICEF dirigidos a fortalecer los sistemas de atención primaria de salud; con el fin de prevenir, detectar y manejar de mejor manera las enfermedades no transmisibles como diabetes, cardiopatías congénitas, anemia falciforme y enfermedades respiratorias en niños y adolescentes. También fortalecerá la prevención, atención y apoyo para niños que viven con sobrepeso y obesidad, ayudando a reducir los riesgos de salud a largo plazo para los niños, sus familias y sus comunidades.

Sumado a esto, UNICEF apoyará a los gobiernos para integrar la prevención y la atención como parte de los servicios de salud rutinarios, ampliando el acceso a atención de calidad en las comunidades, capacitando y apoyando al personal de salud y mejorando el diagnóstico temprano y la atención a largo plazo para niños y adolescentes. Este enfoque ayudará a los países a ofrecer una atención más coordinada y sostenible, ampliando finalmente el acceso más cerca del hogar y apoyando a los niños a lo largo de sus vidas.

Este compromiso de seis años (2026–2032) se basa en un modelo de UNICEF que ha evolucionado de programas piloto a un enfoque sostenible y multinacional integrado en los sistemas nacionales de salud. “Millones de niños están privados de los elementos fundamentales necesarios para una salud de por vida debido a factores de riesgo de enfermedades no transmisibles establecidos desde etapas tempranas de la vida”, afirmó Kitty van der Heijden, Directora Ejecutiva Adjunta de Alianzas de UNICEF. “Nuestra colaboración con Lilly está transformando el camino para asegurar que los niños tengan un futuro saludable, y marca un presedente frente al impacto que puede tener el sector privado para impulsar resultados a gran escala”.

Este tipo de enfermedades están aumentando rápidamente entre niños y adolescentes en todo el mundo, con el mayor impacto en países de ingresos bajos y medianos, los cuales representan el 82 por ciento de las muertes prematuras vinculadas a estas condiciones. Los sistemas de salud débiles y el acceso limitado a alimentos nutritivos y entornos seguros dificultan que los niños se mantengan saludables y prosperen. Sin prevención y manejo oportunos de estas enfermedades, estas condiciones pueden derivar en desafíos de salud de por vida; sin embargo, el acceso a detección temprana, atención y apoyo a largo plazo sigue siendo limitado.

“Cada niño, en cualquier lugar, merece un futuro saludable. Eso comienza trabajando para fortalecer los sistemas de salud en entornos con recursos limitados para detener el aumento de las enfermedades” afirmó Patrik Jonsson, Vicepresidente Ejecutivo y Presidente de Lilly International.

Lilly y UNICEF

“A lo largo de nuestros 150 años de historia, nos hemos mantenido enfocados en las áreas terapéuticas que podrían tener el mayor impacto para la humanidad, incluida la diabetes, y nuestro impacto va más allá de nuestros medicamentos. A través de nuestra colaboración con UNICEF, buscamos mejorar la salud global mediante la prevención y atención de ENT; ayudando a cambiar la trayectoria de salud de millones de niños y adolescentes desde sus primeros años”.

El apoyo de Lilly está alineado con su iniciativa 30×30 para mejorar el acceso a una atención médica de calidad para 30 millones de personas en entornos con recursos limitados cada año para 2030. Lilly superó esa meta en 2025, alcanzando a más de 30 millones de personas cinco años antes de lo previsto. Esta colaboración amplía ese impulso al expandir la prevención y atención de ENT dentro de los sistemas de salud de los que más dependen los niños y las familias.

Desde 2022, gracias al apoyo de Lilly a UNICEF USA, UNICEF ha llegado a casi 16 millones de niños y cuidadores mediante la prestación de servicios esenciales de salud y atención para enfermedades no transmisibles infantiles, además de promover la concientización y fortalecer los sistemas de salud en entornos con recursos limitados.

Del aplauso al abucheo: universitarios muestran rechazo a la IA y grandes tecnológicas

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Hace apenas unos años, hablar de inteligencia artificial frente a estudiantes universitarios habría despertado curiosidad, fascinación e incluso optimismo. Hoy, en algunos campus de Estados Unidos, el panorama parece distinto: discursos solemnes sobre innovación tecnológica son interrumpidos por abucheos, silencios incómodos y muestras abiertas de descontento. Lo que parecía una narrativa inevitable de progreso comienza a encontrar resistencia, especialmente entre quienes pronto ingresarán al mercado laboral.

La escena más reciente ocurrió en la Universidad de Florida Central, donde Gloria Caulfield, ejecutiva del sector inmobiliario, intentó motivar a recién graduados de artes, humanidades y comunicación asegurando que “el auge de la IA es la próxima revolución industrial”. La reacción fue inmediata: un coro de abucheos resonó entre el público. El video se viralizó, pero más allá de lo anecdótico, el episodio abrió una conversación más profunda sobre el creciente rechazo a la IA entre las nuevas generaciones.

El creciente rechazo a la IA en las ceremonias universitarias

Lo ocurrido en Florida no fue un caso aislado. Durante el mismo fin de semana, Eric Schmidt, exdirector ejecutivo de Google, enfrentó una reacción similar mientras presidía una ceremonia de graduación en la Universidad de Arizona. Frente a miles de estudiantes, el empresario insistió en un mensaje recurrente dentro de Silicon Valley: la inteligencia artificial transformará todas las industrias y las nuevas generaciones deberán participar en su construcción. La respuesta, sin embargo, fueron abucheos.

De acuerdo con el País, en ambos casos, el contraste resulta revelador. Durante años, las universidades han sido espacios donde la innovación tecnológica se celebra como símbolo de futuro. No obstante, el entusiasmo parece haberse debilitado cuando el discurso tecnológico se presenta como inevitable o incuestionable. Para muchos estudiantes, la narrativa sobre la IA ya no inspira; ahora genera dudas sobre autonomía, empleo y desigualdad.

¿Por qué surge el rechazo a la IA entre los jóvenes?

Las razones detrás de este malestar parecen múltiples y complejas. Por un lado, existe una preocupación genuina sobre el futuro laboral. Las generaciones más jóvenes observan cómo herramientas de automatización comienzan a reemplazar tareas creativas, analíticas e incluso estratégicas, justo en el momento en que están por integrarse profesionalmente.

rechazo a la IA

Por otro lado, también hay un cansancio evidente frente a lo que algunos perciben como una narrativa excesivamente optimista sobre la tecnología. En la Universidad de Florida Central, una polémica reciente sobre una asignatura llamada “Arte de la IA” ilustró esta tensión. Un estudiante cuestionó el sentido de pagar una matrícula para aprender habilidades artísticas si posteriormente se le incentivaba a utilizar inteligencia artificial generativa que, en su opinión, terminaría sustituyendo el aprendizaje práctico.

De la fascinación al escepticismo generacional

Las encuestas recientes ayudan a comprender mejor este cambio de percepción. Un estudio de Gallup publicado en abril reveló que la visión de la Generación Z sobre la inteligencia artificial se ha vuelto significativamente más negativa en el último año. El porcentaje de jóvenes entusiasmados con esta tecnología cayó 14 puntos, mientras aumentó el número de quienes expresan inconformidad o desconfianza.

Sin embargo, los datos también muestran matices importantes. Una encuesta global de Pew Research indica que las personas mayores de 50 años continúan siendo el grupo más preocupado por la IA a nivel internacional. En contraste, los jóvenes de entre 18 y 34 años siguen siendo, en promedio, los menos alarmados. Pero Estados Unidos destaca como una excepción: allí, las preocupaciones juveniles comienzan a acercarse a las de generaciones mayores, reflejando una inquietud cada vez más transversal.

Grandes tecnológicas bajo una nueva lupa ética

El malestar tampoco parece dirigirse únicamente hacia la tecnología en sí, sino hacia quienes la representan. Las grandes compañías tecnológicas han construido durante años un relato aspiracional alrededor de la innovación, pero hoy enfrentan cuestionamientos más duros sobre ética, privacidad, concentración de poder y responsabilidad social.

En el caso de Eric Schmidt, los abucheos estuvieron atravesados además por factores reputacionales. Organizaciones estudiantiles habían distribuido folletos llamando a manifestarse durante la ceremonia, mientras persisten controversias personales relacionadas con el exejecutivo. Este contexto evidencia cómo las audiencias universitarias evalúan cada vez más no solo el mensaje, sino también la legitimidad moral de quien lo emite.

La industria creativa también siente la presión de la automatización

La conversación se vuelve especialmente sensible en sectores como el arte, la música o la comunicación. Scott Borchetta, ejecutivo de la industria musical, vivió una situación similar durante un discurso en la Universidad Estatal de Middle Tennessee al afirmar que la IA ya está transformando la producción musical. Ante los abucheos, respondió improvisando: “Es una herramienta. O me escuchan ahora o me pagan después”.

Sus palabras reflejan una tensión central del debate actual: mientras algunos líderes empresariales defienden la inteligencia artificial como una oportunidad de adaptación, muchos estudiantes sienten que la velocidad de cambio amenaza con volver obsoletas las competencias que apenas comienzan a desarrollar. La incertidumbre no está únicamente en la tecnología, sino en la capacidad de las instituciones educativas para preparar profesionales en un entorno cambiante.

¿Estamos frente a una nueva conversación sobre responsabilidad tecnológica?

Para especialistas en sostenibilidad y responsabilidad social, estos episodios ofrecen una señal importante. El rechazo a la IA no necesariamente representa una oposición absoluta a la tecnología, sino una demanda de mayor transparencia, ética y participación en las decisiones sobre cómo se implementará en la vida cotidiana.

La conversación ya no parece centrarse únicamente en qué puede hacer la inteligencia artificial, sino en quién se beneficia, quién asume los costos y qué mecanismos existen para evitar consecuencias sociales negativas. La resistencia estudiantil puede interpretarse, en ese sentido, como un llamado a construir innovación con mayor legitimidad social.

Los abucheos en ceremonias universitarias podrían parecer simples actos de rebeldía generacional, pero también revelan una transformación cultural más profunda. La promesa tecnológica ya no se acepta de forma automática, especialmente entre jóvenes que enfrentan un mercado laboral incierto y una creciente concentración de poder corporativo. El rechazo a la IA surge así como una expresión de escepticismo frente a discursos que, para muchos, parecen ignorar preocupaciones reales.

Más que una oposición definitiva a la inteligencia artificial, lo que emerge es una exigencia de diálogo. Las nuevas generaciones parecen estar enviando un mensaje claro: no basta con prometer innovación; también es necesario explicar sus impactos, límites y beneficios colectivos. En un momento donde la tecnología redefine industrias enteras, escuchar esas inquietudes podría ser tan importante como desarrollar la siguiente gran herramienta digital.

Agricultura regenerativa: la apuesta de Nestlé, Diageo y Unilever frente a la crisis climática

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Durante años, la conversación sobre sostenibilidad en la industria alimentaria se ha concentrado en empaques, emisiones y cadenas de suministro más eficientes. Sin embargo, un tema ha comenzado a ganar protagonismo en las agendas ESG de las grandes compañías: el suelo. Lo que ocurre bajo nuestros pies se ha convertido en un factor determinante para enfrentar la crisis climática, proteger la biodiversidad y garantizar el abastecimiento futuro de alimentos.

En ese escenario, empresas como Nestlé, Diageo y Unilever han decidido apostar por un modelo que promete cambiar la forma en que se produce comida a nivel global: la agricultura regenerativa. No se trata únicamente de reducir daños ambientales, sino de restaurar ecosistemas agrícolas completos, una tarea que, según líderes de la industria, solo será posible mediante colaboración y metodologías comunes.

Agricultura regenerativa: un lenguaje común para transformar el campo

De acuerdo con un artículo de Quartz, uno de los principales obstáculos que ha frenado el avance de la agricultura regenerativa ha sido la falta de una definición compartida. Mientras algunas compañías impulsaban proyectos pilotos con criterios propios, otras evitaban hacer afirmaciones públicas por temor a caer en promesas difíciles de comprobar o incluso acusaciones de greenwashing.

Para atender este desafío, la organización SAI Platform concluyó un programa piloto global para su marco Regenerating Together, respaldado por 40 grandes empresas de alimentos y bebidas. La iniciativa busca crear una metodología común que permita escalar prácticas regenerativas sin perder de vista las necesidades específicas de cada territorio agrícola.

Entre las compañías firmantes también figuran empresas como Mondelez International, ADM, Carlsberg Group, McCormick & Company y McCain Foods, quienes reconocieron que transformar el sector agroalimentario a la escala que exige la crisis climática está fuera del alcance de cualquier empresa actuando por separado.

Agricultura regenerativa

De la teoría a los cultivos: una prueba global en 25 países

La dimensión del piloto deja claro que no se trata de una conversación aspiracional. Desde 2023, el programa se implementó en 25 países y en 23 sistemas de producción distintos, involucrando más de 35 iniciativas agrícolas con características locales muy diversas.

En Canadá, por ejemplo, 25 explotaciones de avena gestionadas por Nestlé se integraron al proyecto. Mientras tanto, la empresa británica Wildfarmed incorporó 150 granjas de trigo, avena y cebada. También se desarrollaron proyectos colaborativos en India para el cultivo de papas, en Dinamarca para sistemas agrícolas integrados y en Argentina para la producción de cacahuates.

Esta amplitud geográfica responde a una necesidad concreta: demostrar que un mismo marco puede adaptarse tanto a regiones con climas extremos como a sistemas agrícolas altamente industrializados o pequeños productores locales.

Los cuatro pasos que buscan redefinir la agricultura regenerativa

Más allá del discurso corporativo, el modelo propuesto por Regenerating Together plantea un proceso estructurado. Las empresas participantes siguen cuatro pasos: primero, analizar las características específicas del suelo y del ecosistema agrícola; segundo, definir objetivos prioritarios como biodiversidad o captura de carbono; tercero, seleccionar prácticas adaptadas al contexto; y finalmente medir resultados de forma continua.

La lógica detrás del esquema es sencilla, pero poderosa: evitar soluciones genéricas. No todos los cultivos enfrentan los mismos retos ambientales ni todas las regiones poseen iguales capacidades productivas. Lo regenerativo, según este enfoque, no significa copiar una fórmula universal, sino trabajar desde la realidad de cada territorio.

Dionys Forster, director general de SAI Platform, ha señalado que durante años las distintas interpretaciones sobre regeneración agrícola generaron confusión en el sector, provocando desde excesiva cautela hasta mensajes poco claros sobre impactos reales. El nuevo marco intenta reducir esa ambigüedad mediante estándares compartidos.

La colaboración como nuevo músculo competitivo

La sostenibilidad corporativa ha evolucionado de un modelo basado en ventajas competitivas aisladas hacia uno donde compartir aprendizajes puede acelerar resultados. El caso de Regenerating Together ilustra justamente ese cambio de paradigma.

Simon Boas Hoffmeyer, vicepresidente global de Sostenibilidad y ESG de Carlsberg, resumió el reto de forma contundente: la transición requiere alineación y colaboración, no esfuerzos fragmentados. La frase refleja un consenso creciente entre compañías que compiten en el mercado, pero entienden que ciertos problemas sistémicos —como el deterioro del suelo o la pérdida de biodiversidad— no distinguen entre marcas.

Desde Wildfarmed, Rob Bray describió el programa como una hoja de ruta práctica que ayuda a simplificar un concepto que históricamente ha sido complejo de aterrizar. La claridad metodológica, aseguran los participantes, será clave para escalar impactos medibles.

Tecnología y datos: el siguiente gran paso

La siguiente fase del proyecto apunta hacia un terreno donde sostenibilidad y tecnología convergen. SAI Platform anunció que el lanzamiento formal de la nueva etapa ocurrirá en junio de 2026, durante su encuentro anual en Saskatoon, Canadá.

Entre las prioridades destacan herramientas digitales como la teledetección, sistemas de monitoreo y mecanismos de medición y verificación. La meta es lograr que las prácticas regenerativas puedan documentarse con evidencia objetiva y trazable, algo cada vez más demandado por inversionistas, reguladores y consumidores.

Para líderes ESG, este componente tecnológico representa mucho más que eficiencia operativa: significa construir credibilidad en un contexto donde las afirmaciones ambientales están siendo examinadas con mayor rigor.

¿Puede la regeneración convertirse en el nuevo estándar?

La gran pregunta ya no es si la transición agrícola será necesaria, sino qué tan rápido podrá ocurrir. Sequías prolongadas, degradación del suelo y alteraciones climáticas están obligando a las empresas a repensar sus modelos productivos desde el origen mismo de las materias primas.

En ese contexto, la agricultura regenerativa comienza a posicionarse no como una tendencia temporal, sino como una estrategia de resiliencia empresarial. Para gigantes como Nestlé, Diageo y Unilever, restaurar ecosistemas agrícolas podría ser tan importante como reducir emisiones o innovar en empaques sostenibles.

El piloto impulsado por SAI Platform muestra que la transición hacia sistemas agrícolas más resilientes requiere algo más que compromisos públicos: necesita marcos compartidos, métricas claras y cooperación entre actores que tradicionalmente han trabajado de forma independiente. La magnitud del desafío climático parece estar empujando al sector hacia nuevas formas de colaboración.

Si la promesa de estos programas logra traducirse en resultados tangibles para productores, ecosistemas y cadenas de suministro, la agricultura del futuro podría dejar de centrarse únicamente en producir más y comenzar, finalmente, a regenerar aquello de lo que depende: la tierra misma.

Shakira transforma la canción del Mundial 2026 en educación junto a la FIFA Foundation

La relación entre el deporte, el entretenimiento y el impacto social está evolucionando. Hoy, los grandes escenarios ya no solo sirven para emocionar a millones de espectadores, sino también para movilizar recursos, impulsar causas y abrir conversaciones sobre problemáticas urgentes. En ese contexto, Shakira vuelve a colocar la educación en el centro de la conversación global con una decisión que trasciende lo musical y se acerca a la acción social tangible.

Tras un año marcado por hitos profesionales y una multitudinaria presentación en Copacabana frente a más de dos millones de personas, la artista colombiana anunció su participación en la Copa Mundial FIFA 2026. Pero lejos de limitarse a protagonizar uno de los eventos deportivos más importantes del planeta, decidió convertir su presencia en una oportunidad para impulsar el acceso educativo de niños en situación vulnerable mediante donaciones para FIFA Foundation.

La canción oficial del Mundial con un propósito mayor

La expectativa por el Mundial 2026 aumentó luego de que Shakira confirmara que interpretará el tema oficial del torneo, titulado “Dai Dai”. La noticia generó entusiasmo entre sus seguidores y aficionados del fútbol, especialmente porque la cantante ha estado ligada históricamente al evento deportivo a través de canciones que han marcado generaciones.

Sin embargo, esta vez la propuesta tiene un matiz distinto. Durante la conferencia de prensa sobre el primer show de medio tiempo de la final de la Copa Mundial FIFA 2026, la artista reveló que el 100% de las ganancias obtenidas por la canción será destinado al programa Education Fund, impulsado por la FIFA Foundation y Global Citizen. La decisión busca fortalecer las donaciones para FIFA Foundation destinadas a garantizar oportunidades educativas para niñas y niños alrededor del mundo.

Donaciones para FIFA Foundation: cuando la música impulsa educación

La apuesta detrás de esta iniciativa no es menor. La FIFA Foundation y Global Citizen han impulsado esfuerzos para acercar educación de calidad a comunidades vulnerables, utilizando el alcance del deporte como vehículo de transformación social. En este caso, la música se suma como un nuevo catalizador para movilizar recursos.

Más allá de una estrategia de recaudación, la propuesta también busca posicionar un mensaje simbólico: que los sueños son posibles incluso en contextos adversos. Shakira explicó que “Dai Dai” no es únicamente una canción mundialista, sino una narrativa de esperanza para quienes alguna vez escucharon que sus metas eran imposibles.

La cantante recordó historias emblemáticas del fútbol como las de Pelé, Ronaldo Nazário y Lionel Messi, cuyas trayectorias comenzaron en contextos complejos antes de convertirse en referentes mundiales. Para ella, la educación funciona como un puente que permite a millones de niños imaginar y construir futuros diferentes.

La educación como herramienta de transformación social

La visión de Shakira sobre el poder transformador de la educación no es nueva. A lo largo de su carrera, la colombiana ha impulsado proyectos enfocados en el aprendizaje infantil, convencida de que invertir en la niñez tiene un efecto multiplicador en las comunidades.

Durante el anuncio del Mundial 2026, insistió en que el acceso a oportunidades educativas representa una de las formas más tangibles de generar impacto social. “He visto con mis propios ojos cómo la educación transforma vidas”, afirmó, dejando claro que detrás de esta iniciativa existe una convicción personal construida durante años de trabajo filantrópico.

El dinero obtenido a través de las reproducciones y comercialización de “Dai Dai” será canalizado para apoyar programas de aprendizaje, infraestructura y acceso educativo para niños que viven en condiciones de vulnerabilidad, fortaleciendo las donaciones para FIFA Foundation con un objetivo concreto: reducir brechas de desigualdad.

Shakira hará historia en el primer show de medio tiempo del Mundial

La participación de Shakira en la Copa Mundial FIFA 2026 no se limitará al tema oficial. La cantante también será una de las protagonistas del primer espectáculo de medio tiempo en la historia de una final mundialista, programado para el 19 de julio de 2026 en el MetLife Stadium.

El evento marcará un antes y un después en la evolución del torneo, siguiendo una lógica similar a los grandes espectáculos deportivos internacionales. De acuerdo con el anuncio oficial, compartirá escenario con Madonna y el grupo surcoreano BTS, en una producción desarrollada por Global Citizen y comisariada por Chris Martin, vocalista de Coldplay.

La decisión de integrar un espectáculo de esta magnitud no busca únicamente entretenimiento. También pretende ampliar el alcance de las campañas de recaudación vinculadas al Fondo de Educación Global Citizen de la FIFA, reforzando el vínculo entre cultura pop e impacto social.

Donaciones para FIFA Foundation y el nuevo rostro de la filantropía global

En un momento donde consumidores y audiencias exigen coherencia entre discurso e impacto, iniciativas como esta reflejan un cambio importante en la manera de financiar causas sociales. Hoy, el entretenimiento puede convertirse en una herramienta de movilización colectiva capaz de conectar emocionalmente con millones de personas.

Las donaciones para FIFA Foundation impulsadas por la canción oficial del Mundial muestran cómo las figuras públicas pueden traducir visibilidad en resultados concretos. No se trata únicamente de donar recursos, sino de aprovechar plataformas globales para sensibilizar, inspirar y activar participación.

La colaboración entre FIFA, Global Citizen y artistas internacionales también evidencia una tendencia creciente: las alianzas multisectoriales para resolver desafíos sociales complejos. Educación, deporte y música convergen aquí como vehículos complementarios de transformación.

El Mundial 2026 como plataforma de impacto social

El fútbol ha demostrado durante décadas su capacidad para unir culturas, romper barreras y generar identidad colectiva. Sin embargo, cada vez más organizaciones buscan que esa capacidad de convocatoria también se traduzca en soluciones para desafíos globales como la pobreza, la exclusión y la falta de acceso a educación.

La apuesta del Mundial 2026 parece alinearse con esta visión. Al convertir un espectáculo de alcance planetario en un mecanismo para recaudar recursos educativos, la FIFA busca ampliar el significado del torneo y conectar la emoción deportiva con un legado social más profundo.

La decisión de Shakira de donar el 100% de las ganancias de “Dai Dai” al programa Education Fund transforma lo que pudo haber sido únicamente un himno mundialista en una herramienta concreta de impacto. En un entorno donde las causas sociales compiten constantemente por atención y financiamiento, convertir una canción en un motor de oportunidades educativas representa un mensaje poderoso.

Más allá del espectáculo, el Mundial 2026 abre una conversación relevante sobre el papel de las grandes industrias culturales en la construcción de soluciones colectivas. Si deporte, música y filantropía logran alinearse con objetivos claros, el verdadero legado podría medirse no solo en goles o audiencias, sino en vidas transformadas a través de la educación y las donaciones para FIFA Foundation.

México busca acelerar soluciones frente a la pérdida y desperdicio de alimentos

Durante el foro “Pérdida y desperdicio de alimentos: de la conciencia a la acción”, impulsado por Tetra Pak®, Deloitte y la iniciativa Pacto por la Comida, representantes de gobierno, organismos internacionales, empresas, academia y sociedad civil coincidieron en la necesidad de construir una línea base nacional para medir la pérdida y desperdicio de alimentos (PDA) en México, mediante indicadores homologados, colaboración multisectorial y metas medibles que permitan fortalecer la toma de decisiones y acelerar políticas públicas de alto impacto rumbo a 2030.

En México se pierden entre 20 y 30 millones de toneladas de alimentos al año —cerca del 30% de la producción nacional—, con un impacto económico estimado en 2.5% del PIB. Al mismo tiempo, más de 44 millones de personas enfrentan inseguridad en el acceso a alimentos, reflejando la urgencia de avanzar hacia sistemas alimentarios más eficientes, resilientes y sostenibles.

Uno de los principales consensos del encuentro fue claro: “no se puede gestionar lo que no se mide”. Actualmente, México aún carece de un sistema nacional integral de medición de la PDA, lo que limita la implementación de estrategias coordinadas y el desarrollo de soluciones escalables.

“La pérdida y el desperdicio de alimentos no son únicamente un problema ambiental, representan una tensión estructural entre crecimiento, consumo, recursos y equidad social. Este foro nos invita a cambiar la lógica de reacción por una lógica de anticipación, donde el reto que enfrentamos exige algo más que intención o buena voluntad: requiere de acción coordinada entre industria, gobierno, academia y sociedad”, comentó Miguel Millán, Socio Director General México en Deloitte Spanish Latin America, como parte de la bienvenida al evento.

Experiencias globales para acelerar el avance de México

El primer panel, moderado por Zerene Kahan, directora de Asuntos Corporativos de Tetra Pak® México y presidenta del Pacto por la Comida, reunió a representantes de organismos internacionales para analizar estrategias y modelos implementados en distintos países.

Los especialistas coincidieron en que los países con mayores avances comparten tres elementos clave: marcos regulatorios claros, colaboración público-privada y metas medibles. En este contexto, destacaron que México tiene la oportunidad de acelerar el desarrollo de soluciones adaptando experiencias internacionales que ya han demostrado impacto.

Hacia una estrategia nacional coordinada

Por su parte, representantes del gobierno federal coincidieron en la necesidad de fortalecer la articulación institucional para convertir esta agenda en una política pública integral. Aunque México ha avanzado con iniciativas como la Ley de Economía Circular y la Ley de Alimentación Adecuada y Sostenible, señalaron que el siguiente paso será definir metas comunes, responsabilidades y mecanismos de implementación.

Escalar modelos que ya generan resultados

En el encuentro también se presentaron iniciativas impulsadas por empresas y organizaciones que ya generan resultados para reducir pérdidas y optimizar el aprovechamiento de alimentos. Sin embargo, los participantes coincidieron en que muchos de estos proyectos enfrentan barreras para crecer, principalmente por falta de financiamiento, coordinación y vinculación con política pública.

En este sentido, los próximos años serán decisivos para ampliar el alcance de estos modelos y acelerar su implementación a nivel nacional.

Un llamado a la acción colectiva

Los organizadores del foro coincidieron en que reducir la pérdida y desperdicio de alimentos no solo representa un reto ambiental, sino también una oportunidad estratégica para fortalecer la seguridad alimentaria, la competitividad y la resiliencia de los sistemas alimentarios en México.

“En México no partimos de cero, entendemos la gran oportunidad que representa la pérdida y desperdicio de alimentos. Desde Pacto por la Comida estamos fortaleciendo alianzas y aprovechando las oportunidades para convertir este problema en acciones que generen beneficios concretos para el país”, señaló Claudia Sánchez, directora de Pacto por la Comida.

Asimismo, señalaron que avanzar en esta agenda requerirá fortalecer cuatro elementos clave: política pública, alianzas multisectoriales, innovación y financiamiento.

En línea con este objetivo, Tetra Pak® destacó el papel de la tecnología y la innovación para fortalecer cadenas alimentarias más eficientes, mediante soluciones de procesamiento y envasado que ayudan a reducir pérdidas durante la producción, extender la vida útil de los alimentos y facilitar su disponibilidad a lo largo de la cadena de valor.

“Reducir la pérdida y desperdicio de alimentos no es solo un reto, es una oportunidad para transformar la manera en que producimos, distribuimos y consumimos alimentos. En Tetra Pak creemos que, a través de la innovación y la colaboración, podemos avanzar hacia un sistema alimentario donde más alimentos lleguen a más personas, de forma sostenible. El momento de actuar es ahora”, señaló Zerene Kahan, directora de Asuntos Corporativos de Tetra Pak® México. 

Casa Ronald McDonald llega a México para apoyar a las familias mexicanas 

En México, los niños con enfermedades crónicas complejas representan menos del 1% de la población infantil, pero concentran cerca del 30% del gasto en atención médica pediátrica y más del 80% del gasto hospitalario, evidenciando la intensidad y continuidad que requieren sus tratamientos. En este contexto, la llegada de Casa Ronald McDonald fortalece un modelo de cuidado centrado en la familia, al ofrecer un espacio cercano a los hospitales donde padres y cuidadores pueden permanecer junto a sus hijos, reduciendo barreras y acompañando cada etapa del proceso con mayor cercanía y dignidad.

Frente a este desafío, la organización se ha consolidado como una red de apoyo clave que permite a las familias mantenerse unidas en momentos críticos de salud, entendiendo que la cercanía emocional es parte esencial del proceso de recuperación. 

“A través de nuestros programas, en la Casa Ronald McDonald México brindamos hospedaje digno y accesible en nuestras Casas, donde las familias pueden quedarse mientras sus hijos reciben tratamiento médico lejos de su lugar de origen. De esta forma, contribuimos a disminuir la carga económica y logística, y les permitimos enfocarse en lo más importante: acompañar a sus hijos durante su proceso de recuperación”, señaló Gabriela Gática, Directora Ejecutiva de Casa Ronald McDonald.

Actualmente, Casa Ronald McDonald México cuenta con 3 casas ubicadas en Ciudad de México, Estado de México y Puebla, así como Salas Familiares dentro de hospitales en distintos estados del país. A través de esta red, se brinda atención a familias provenientes de las 32 entidades federativas e incluso de cinco países de Latinoamérica, consolidándose como un punto de apoyo para quienes deben trasladarse en busca de atención médica especializada.

Casa Ronald McDonald

Su impacto es tangible. Tan solo en 2025, Casa Ronald McDonald ha brindado apoyo a más de 17,290 familias y beneficiado a 11,365 niñas, niños y adolescentes, impactando en total a más de 70,955 personas. Además, ha servido 173,717 raciones de comida como parte del acompañamiento integral que ofrece a familias con hijas e hijos en tratamiento médico. Desde su llegada a México, la organización ha beneficiado a más de 191,000 familias.

Como parte de esta evolución, la organización dio a conocer su nueva identidad global, con el objetivo de hacer más visible su labor y conectar con nuevas generaciones de donantes en un entorno donde millones de familias continúan enfrentando barreras para acceder a tratamientos médicos acompañados de sus seres queridos.

Asimismo, anunció la próxima apertura de una Sala Familiar en el Hospital Infantil de México Federico Gómez, lo que permitirá ampliar su alcance y brindar apoyo a más familias durante el tratamiento médico de sus hijos.

Aunque su imagen evoluciona, Casa Ronald McDonald México permanece fiel a su misión,  ofrecer un “hogar lejos de casa” que permita a las familias acompañar a sus hijos en momentos clave, contribuyendo no solo a su recuperación médica, sino también a su bienestar emocional.

Si desaparecen las abejas, ¿qué pasaría con nuestra comida?

El 20 de mayo, en el marco del Día Mundial de las Abejas, esta pregunta cobra especial relevancia y pone sobre la mesa una realidad urgente: la importancia de las abejas para la vida en el planeta. Estos polinizadores son responsables de la reproducción de cerca del 75 % de los cultivos alimentarios a nivel mundial, lo que las convierte en un pilar silencioso de la seguridad alimentaria y la biodiversidad.

Sin embargo, su relevancia no se limita al ámbito ambiental. En distintas regiones, particularmente en comunidades rurales, las abejas también representan una oportunidad concreta de desarrollo económico y social. Su cuidado y aprovechamiento responsable permiten generar ingresos, fortalecer capacidades locales y fomentar modelos de producción más sostenibles.

Un ejemplo de ello se observa en comunidades de Yucatán, donde Saber Nutrir, el programa de Responsabilidad Social de Grupo Herdez ha impulsado proyectos productivos que integran el uso responsable de los recursos naturales con el fortalecimiento de la economía familiar.

Tan solo en 2025 se instalaron 33 nuevos proyectos, entre los que destacan 2 extractores de miel. En este sentido, la producción de miel se ha consolidado como una actividad clave dentro de los esfuerzos productivos en comunidades de Yucatán. A través de proyectos de comercialización vinculados a este recurso, se han generado ingresos que contribuyen directamente a la economía familiar.

En el caso específico de la miel, este recurso se transforma en productos derivados como jabones artesanales, shampoos y otros artículos que combinan conocimiento tradicional con innovación. Estas prácticas diversifican las fuentes de ingreso y fortalecen el arraigo cultural y el sentido de comunidad.

Este impacto también se refleja en las experiencias de quienes participan directamente en estos proyectos. Laura Yanelli Chan Ek, apicultora de la localidad de San Simón, Yucatán, comparte: “Gracias al apoyo recibido pude aumentar el número de mis colmenas y mejorar la calidad de la miel que producimos. Antes trabajábamos con materiales que no duraban mucho y la miel no tenía la misma pureza. Hoy contamos con mejores herramientas y eso también nos ha ayudado a apoyar la economía de nuestras familias”.

polinizadores

En la comunidad maya de Choyob, José Arturo Negrón López destaca cómo estas colaboraciones han fortalecido la actividad apícola en su comunidad: “las cajas de madera y el extractor de acero inoxidable nos han permitido cuidar mejor el proceso de extracción y conservar la pureza de la miel. Además, este proyecto ha tenido un impacto positivo en la economía familiar de varias personas de la comunidad”.

Hoy, frente a los desafíos ambientales que enfrentan los polinizadores, reconocer el papel de las abejas implica también visibilizar las acciones locales que promueven su cuidado y el aprovechamiento responsable de los recursos naturales. Más allá de la producción de miel, iniciativas como estas muestran cómo el trabajo comunitario puede contribuir al bienestar de las familias, fortalecer conocimientos tradicionales y fomentar prácticas productivas con un enfoque sostenible.

Día Mundial del Reciclaje: química limpia, la fórmula con la que Lafayette redefine la innovación textil

En el marco del Día Mundial del Reciclaje la industria textil enfrenta una transformación estructural impulsada por la presión regulatoria, la evolución de los estándares internacionales y la creciente demanda de trazabilidad en la cadena de suministro. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el sector genera cerca del 10% de las emisiones globales de carbono y enfrenta el desafío de reducir significativamente su huella ambiental mediante modelos de economía circular.

En este contexto, el reciclaje y la gestión responsable de insumos químicos se han consolidado, en el Siglo XXI, como dos de los principales ejes para la transición hacia una industria más sostenible y responsable. Ya no se trata únicamente de incorporar materiales reciclados, sino de rediseñar los procesos productivos desde su origen, integrando criterios de seguridad química, eficiencia de recursos y transparencia.

Lafayette, con 30 años de presencia en México y más de ocho décadas siendo líderes textiles en Latinoamérica, ha desarrollado un modelo de innovación responsable que articula ambos enfoques. Por un lado, impulsa el uso de materias primas recicladas —como el poliéster proveniente de botellas PET— que permiten reducir residuos y disminuir la dependencia de recursos vírgenes. Por otro lado, ha fortalecido sus procesos de química limpia, en el marco del Chemical Management System (CMS), alineado con iniciativas globales de la industria.

innovación textil

Este sistema permite gestionar los insumos químicos bajo un enfoque preventivo y sistémico, evaluando cada sustancia desde su composición, función técnica y cumplimiento frente a estándares internacionales. A diferencia de modelos tradicionales centrados en listas de sustancias restringidas en el producto final, éste sistema de Lafayette, prioriza el control desde el origen, integrando procesos de evaluación técnica, trazabilidad, documentación y monitoreo continuo.

Como parte de este enfoque, la compañía trabaja en colaboración con proveedores químicos para asegurar la alineación con estándares globales y avanzar en la eliminación progresiva de sustancias nocivas. Asimismo, ha incorporado herramientas que permiten fortalecer la transparencia en la cadena de suministro y garantizar el cumplimiento de criterios ambientales y de salud humana.

“Hoy, la sostenibilidad en la industria textil ya no admite enfoques parciales. Exige integrar ciencia, tecnología y responsabilidad en cada decisión del proceso productivo. La gestión química dejó de ser reactiva: hoy debe ser preventiva, completamente trazable y alineada con estándares internacionales desde el origen del diseño, porque es ahí donde realmente se define el impacto del producto”, señaló Naydú Serrato, directora de Comunicaciones y Sostenibilidad de Textiles Lafayette.

Este modelo se complementa con una estrategia de innovación que evalúa de manera integral el impacto de cada desarrollo textil, considerando variables como el comportamiento de las fibras, la compatibilidad de los procesos químicos, la reproducibilidad industrial y el impacto ambiental de los insumos utilizados.

innovación textil

La compañía también participa en iniciativas internacionales que promueven la gestión responsable de químicos en la industria, enfocadas en la eliminación de sustancias nocivas, la transparencia en las formulaciones y la adopción de plataformas de evaluación y seguimiento.

En este escenario, el reciclaje se posiciona como un habilitador clave, pero su impacto depende de su integración con procesos técnicamente robustos. Para Lafayette, el verdadero avance hacia la sostenibilidad radica en la capacidad de articular materiales reciclados con sistemas de química limpia que garanticen productos seguros, trazables y alineados con las exigencias del mercado global.

El futuro de la industria textil no se definirá únicamente por lo que es capaz de producir, sino por la forma en que decide hacerlo. Bajo esa premisa, Lafayette impulsa un modelo donde la innovación, la ciencia y la responsabilidad convergen para elevar los estándares del sector, consolidando una operación más transparente, eficiente y alineada con los desafíos ambientales y sociales de nuestro tiempo.

Ya son 1093 empresas grandes comprometidas con la responsabilidad social empresarial

Cemefi entregará el Distintivo ESR a 1093 empresas grandes durante la décimo novena edición del Encuentro Latinoamericano Empresas Socialmente Responsables, que se realizará el 19 de mayo en el WTC de la ciudad de México.

Con poco más de 400 empresas, el sector económico de Servicios es el más representativo dentro de las empresas de la convocatoria de empresas grandes 2026. El segundo sector con más empresas es la industria manufacturera, con más de 320 compañías; lo cual es relevante pues este sector suele generar un impacto ambiental considerable debido a su consumo de recursos y su generación de residuos, lo que implica una mayor responsabilidad social en términos de sustentabilidad, eficiencia energética y gestión de desechos.

El proceso para obtener el Distintivo ESR les permite a las empresas evaluar el nivel de desarrollo de sus programas de responsabilidad social de manera objetiva, su desempeño en áreas clave como medio ambiente, contexto global, gobernanza y responsabilidad social. Esto ayuda a identificar fortalezas y áreas de mejora, y facilita la toma de decisiones informadas para implementar políticas y acciones concretas.

En esta convocatoria, el indicador con mayor desarrollo es el de Impacto de emisiones (perteneciente al criterio ambiental). Este rubro consolidó un nivel de desarrollo de 2.93, un crecimiento promedio anual de 8.8% en las últimas dos convocatorias.

Y en la distribución por estado, Nuevo León está a la cabeza, con 110 empresas; seguido de Jalisco, con 97 y el Estado de México, con 89 empresas grandes. Les siguen Chihuahua, con 42 y Guanajuato, con 38.

Cada vez son más empresas que se comprometen con la responsabilidad social. Este año son 102 compañías que recibirán la acreditación por primera vez y suman 52 aquellas que la han obtenido por 21 o hasta por 26 años consecutivos.

“Vivimos tiempos de enormes contrastes. Tenemos avances tecnológicos extraordinarios  y una gran capacidad de generar riqueza. Pero también enfrentamos pobreza,  desigualdad, deterioro ambiental  y desconfianza social. Y frente a ello, la pregunta ya no es si las empresas deben involucrarse, o no. La pregunta es cómo ampliar y acelerar  su contribución  al desarrollo sostenible”; afirma Javier de la Calle Pardo, Presidente del Consejo Directivo de Cemefi.

“En Cemefi estamos impulsando una cultura empresarial cada vez más responsable a través del Distintivo ESR, de tal modo que los indicadores relacionados con derechos humanos y la aplicación ética de la inteligencia artificial en los negocios cobrarán más relevancia en la evaluación 2027- 2030”, señala Evodio Sánchez Rodríguez.

El Encuentro Latinoamericano de Empresas Socialmente Responsables 2026 tiene por tema Negocios Sostenibles: entienden, atienden y transforman. El evento será inaugurado por Alicia Bárcena Ibarra, Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México; Zoé Robledo Aburto, Director General del Instituto Mexicano del Seguro Social; Mario López Roldán, Representante de la OCDE en México; y Ana María Aguilar Argáez, Directora Ejecutiva del Consejo Mexicano de Negocios.

El programa del Encuentro incluye paneles y conversatorios, como:

  • El liderazgo empresarial frente a los retos del desarrollo sostenibleLey de economía circular: ¿reír, llorar o prepararse?
  • Programas sociales del IMSS en beneficio de trabajadores y sus familias.
  • Tecnologías críticas, emergentes y estratégicas para la transformación 2025–2035
  • Cuando la inversión social suma al modelo de negocio.

Ver programa completo aquí.

La filantropía cambió: ya no se trata solo de generosidad

Por Edgar López

TIME publicó su especial “TIME100 Philanthropy” y creo que, más allá de los nombres que aparecen en la lista, lo verdaderamente interesante es lo que revela sobre cómo está cambiando la filantropía.

La portada no habla de “las personas más generosas del mundo”. Habla de “las personas más influyentes moldeando el futuro de dar”.
Creo que esa diferencia nos revela la manera en que está cambiando la filantropía contemporánea. Porque el concepto central ya no es bondad. Es incidencia.

La filantropía contemporánea parece estar dejando atrás la lógica tradicional de la caridad para convertirse en otra cosa: una herramienta de reputación, posicionamiento y construcción de legitimidad pública.

Antes las empresas competían por mercado, los gobiernos por territorio y los medios por audiencia. Hoy también vemos a fundaciones, empresarios, celebridades e incluso influencers disputando relevancia social y capacidad de marcar conversaciones públicas.

Incluso la estructura del especial lo deja ver. Las categorías —Titans, Leaders, Trailblazers, Innovators— se parecen más a un ranking de liderazgo empresarial o a un ecosistema startup que a un listado clásico de beneficencia. La filantropía moderna ya no solo quiere ayudar; quiere escalar, posicionarse, construir narrativa y demostrar capacidad de transformación.

Y eso conecta muchísimo con ESG, reputación y propósito.
Porque actualmente el éxito económico, por sí solo, ya no parece suficiente para construir legitimidad pública. Las grandes figuras económicas y culturales necesitan también una narrativa social visible. Necesitan demostrar impacto, propósito e incidencia.

Quizás por eso este tipo de listas resultan tan interesantes. Porque ya no solo reconocen riqueza, fama o poder político. También empiezan a validar capacidad de incidencia social.

Pero también creo que este tipo de listas abren preguntas interesantes. Porque cuando la capacidad de “hacer el bien” también otorga estatus, legitimidad y capacidad de influencia pública, la filantropía deja de ser únicamente altruismo y empieza a convertirse también en una forma de poder cultural.

Porque, consciente o no, TIME no solo está celebrando a quienes dan.
También está ayudando a definir quiénes tienen autoridad para influir en la conversación social contemporánea.

Y honestamente, creo que eso dice mucho más sobre nuestro tiempo que sobre la filantropía misma.

🔗 https://lnkd.in/gajYX_3f

Artículo de Sam Jacobs de TIME
Con colaboración de Harry BoothNikita OstrovskyTharin Pillay


Edgar

R con R, por Edgar López

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

Del residuo a la energía positiva: las Eco Jornadas LTH promueven la cultura del cuidado del medio ambiente en México

En un contexto donde la generación de residuos sigue en aumento, el reciclaje se ha consolidado como una de las herramientas más efectivas para avanzar hacia modelos de economía circular. En México, se generan más de 120 mil toneladas de residuos sólidos urbanos al día, de los cuales solo alrededor del 9% se recicla, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). Este panorama refleja la necesidad de fortalecer la cultura ambiental y promover prácticas responsables desde la vida cotidiana.

Más allá de la infraestructura, el reto es cultural. Impulsar hábitos de reciclaje, fomentar la separación adecuada de residuos y acercar información clara a la población son factores clave para reducir el impacto ambiental y aprovechar materiales que aún tienen valor dentro de nuevos ciclos productivos.

En este escenario, las Eco Jornadas LTH se posicionan como una iniciativa que busca transformar la relación de las personas con su entorno, promoviendo la educación ambiental y la participación activa a través de experiencias cercanas, didácticas y accesibles para toda la familia.

A la fecha, el programa ha tenido presencia en parques, escuelas y espacios públicos en distintas regiones del país, incluyendo Chihuahua, Guanajuato, Celaya, Monterrey y Aguascalientes, beneficiando a más de 120 mil personas en lo que va del año en México y otros países de Latinoamérica como Costa Rica, Guatemala, Honduras y República Dominicana. Estas acciones han sido posibles gracias al trabajo conjunto con organizaciones como PRESERVAMB, Fundación La Planta, Fundación Ozama Verde (en Rep. Dominicana) y el Centro Costarricense de Logoterapia.

El programa está diseñado para sensibilizar a niñas, niños, jóvenes y adultos sobre la importancia del cuidado del medio ambiente, mostrando cómo, a través de acciones concretas como el cuidado de las plantas o el reciclaje, es posible contribuir a la mejora del medio ambiente. A través de dinámicas interactivas, contenidos educativos y actividades lúdicas, las Eco Jornadas convierten conceptos ambientales en experiencias tangibles que facilitan la comprensión y fomentan la adopción de nuevos hábitos. 

Su participación en eventos de alto alcance como Cumbre Tajín, donde se impactó a más de 5 mil asistentes, así como su primera participación en la Feria Nacional de San Marcos en Aguascalientes, ha permitido amplificar este mensaje y acercar la educación ambiental a miles de personas en algunos de los encuentros culturales más relevantes del país.

Desde esta perspectiva, acciones como el cuidado de las plantas y el reciclaje dejan de ser acciones aisladas para convertirse en un proceso integral que involucra conciencia, corresponsabilidad y participación social. Cada residuo correctamente gestionado representa una oportunidad para incorporar materiales a la cadena productiva, reducir la presión sobre los recursos naturales y avanzar hacia un modelo más sostenible. Cada planta bien cuidada representa una contribución directa al equilibrio ambiental, a la regeneración de los espacios naturales y al fortalecimiento de entornos más saludables para las comunidades

En México, aún existen desafíos importantes en materia de gestión ambiental, frente a este panorama, iniciativas como Eco Jornadas LTH contribuyen a cerrar la brecha entre la conciencia y la acción, generando espacios donde la sostenibilidad se vive de manera práctica. Al acercar la educación ambiental con temas como el reciclaje a las personas y promover una cultura de responsabilidad compartida, el programa impulsa un cambio de mentalidad que resulta clave para enfrentar los desafíos ambientales actuales.

Transformar residuos en valor no es sólo una posibilidad técnica, sino una decisión colectiva. En esa transición, la información, la educación y la participación social son los motores que permiten avanzar hacia un futuro donde el cuidado del entorno forme parte de la vida diaria. El alcance regional de las Eco Jornadas LTH refleja cómo la educación ambiental puede convertirse en un motor de transformación social cuando se impulsa desde la colaboración y la participación comunitaria.

Empresas sin créditos de carbono: la omisión que debería preocuparnos

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Durante los últimos años, el discurso empresarial sobre sostenibilidad ha ganado fuerza como nunca antes. Cada vez más compañías anuncian metas de reducción de emisiones, compromisos de neutralidad climática y planes de transición alineados con la ciencia. A simple vista, pareciera que el sector privado finalmente está acelerando su respuesta frente al cambio climático. Sin embargo, detrás de esta narrativa optimista existe una contradicción silenciosa que merece más atención.

Mientras miles de organizaciones formalizan objetivos de cero emisiones netas, muchas siguen evitando involucrarse en mecanismos de financiamiento climático como los créditos de carbono. El resultado es una brecha creciente entre lo que las empresas prometen y aquello que realmente financian para acelerar la mitigación del calentamiento global. Hablar de empresas sin créditos de carbono ya no es una discusión marginal, sino una conversación necesaria sobre coherencia y responsabilidad climática.

De hecho, entre finales de 2023 y mediados de 2025, el número de empresas con objetivos científicos a corto plazo y de neutralidad climática aumentó 227%, impulsado por nuevas regulaciones de divulgación en Europa, mayores exigencias de inversionistas en Asia y los acuerdos derivados de la COP28. Más de 10 mil compañías cuentan hoy con metas validadas por Science-Based Targets, representando más del 40% de la capitalización bursátil global. Aunque el avance es evidente, también abre una pregunta incómoda: ¿qué ocurre después de fijar metas?

Empresas sin créditos de carbono: una brecha que pocos quieren discutir

De acuerdo con Trellis, en paralelo al auge de compromisos climáticos, el mercado voluntario de carbono ha mostrado señales opuestas. Durante 2025, las cancelaciones de créditos de carbono disminuyeron 7%, alcanzando 157 millones de toneladas métricas. Es decir, mientras la ambición climática corporativa aumenta, las herramientas diseñadas para financiar acciones concretas fuera de la cadena de valor se están utilizando menos.

Esto refleja una realidad incómoda: muchas compañías continúan viendo los créditos de carbono como un riesgo reputacional y no como un mecanismo de corresponsabilidad ambiental. El temor a críticas públicas, acusaciones de greenwashing o cuestionamientos sobre la calidad de los proyectos ha provocado que numerosas organizaciones adopten una postura de distancia. Así, el fenómeno de las empresas sin créditos de carbono comienza a convertirse en una omisión estructural más que en una simple decisión estratégica.

El problema es que la inacción también comunica. Una empresa que promete metas ambiciosas, pero no participa en mecanismos de financiamiento climático adicionales, deja abierta la interrogante sobre cómo planea contribuir más allá de sus operaciones inmediatas.

La transición climática no ocurre únicamente dentro de las paredes corporativas; requiere inversiones externas que aceleren cambios sistémicos.

El doble rasero del debate climático

Durante los últimos tres años, el escrutinio se ha concentrado principalmente en las empresas que sí compran créditos de carbono. Analistas, medios e inversionistas cuestionan constantemente la calidad de los créditos, las motivaciones detrás de las compras y la transparencia en la comunicación corporativa. Este nivel de vigilancia ha impulsado mejoras necesarias dentro del mercado, pero también ha creado un desequilibrio importante.

Curiosamente, las compañías que no participan en este tipo de mecanismos reciben mucha menos presión pública. Pocas veces se cuestiona si cuentan con una estrategia de mitigación más allá de su cadena de valor o si sus compromisos climáticos realmente están respaldados por financiamiento concreto. Este doble estándar ha terminado por normalizar la existencia de empresas sin créditos de carbono, aun cuando sus objetivos climáticos puedan quedarse cortos frente a la magnitud del desafío.

Los datos contradicen además uno de los argumentos más frecuentes: que comprar créditos es una forma de evitar la descarbonización interna. Investigaciones de Ecosystem Marketplace muestran que las empresas compradoras tienen casi el doble de probabilidades de reducir progresivamente sus propias emisiones y triplican las inversiones destinadas a descarbonizar su cadena de suministro. Por su parte, datos de Trove Research, ahora parte de MSCI, indican que las empresas que usan grandes volúmenes de créditos avanzan aproximadamente al doble de velocidad en sus procesos de reducción de emisiones.

Empresas sin créditos de carbono y el miedo reputacional

Parte del rechazo empresarial proviene de una percepción anclada en debates del pasado. Hace apenas unos años, el mercado de carbono enfrentaba cuestionamientos relevantes sobre integridad, calidad y trazabilidad. Muchos proyectos fueron criticados por no demostrar reducciones reales o permanentes, generando una crisis de confianza.

Sin embargo, el ecosistema ha evolucionado considerablemente. Hoy existen estándares independientes de calidad más rigurosos, metodologías verificadas y organismos especializados que evalúan con mayor precisión la integridad de los créditos. A finales de 2025, el Consejo de Integridad del Mercado Voluntario del Carbono había aprobado decenas de metodologías y rechazado aquellas que no cumplían con criterios estrictos.

Aun así, varias compañías siguen utilizando argumentos de 2023 para justificar su desvinculación total. La consecuencia es preocupante: la cautela termina convirtiéndose en inmovilidad. Y en un contexto donde el tiempo es un recurso escaso para enfrentar la crisis climática, quedarse quietos puede representar un riesgo mayor que actuar.

El problema del silencio corporativo

Existe otra consecuencia menos visible, pero igual de importante: muchas empresas que sí adquieren créditos han decidido hacerlo de forma anónima. Según análisis recientes de Carbon Direct, más del 55% de las bajas en el mercado spot durante los últimos años ocurrieron sin revelar públicamente la identidad del comprador.

La lógica parece comprensible. Ante un entorno de críticas permanentes, el anonimato se percibe como un mecanismo de protección reputacional. Pero este silencio tiene costos colectivos. Si nadie comunica sus esfuerzos, se debilita la percepción de legitimidad del mercado y se limita la posibilidad de generar señales claras de demanda para nuevos proyectos climáticos.

Además, esta opacidad alimenta narrativas escépticas. Cuando las empresas esconden su participación, pareciera que ninguna organización seria está dispuesta a respaldar públicamente los créditos de carbono. Poco a poco, esa percepción puede convertirse en una barrera para acelerar inversiones climáticas de alto impacto.

Del miedo al compromiso estratégico

La conversación no debería reducirse a una decisión binaria sobre comprar o no comprar créditos. El verdadero reto consiste en diseñar una estrategia climática integral, donde la reducción interna de emisiones conviva con mecanismos de financiamiento complementarios.

La evidencia científica apunta hacia modelos diversificados. Las soluciones basadas en la naturaleza, como restauración de ecosistemas o conservación forestal, permiten reducciones a gran escala y generan beneficios adicionales para biodiversidad, agua y comunidades. Por otro lado, tecnologías de eliminación de carbono ofrecen mayor permanencia, aunque siguen siendo costosas y se encuentran en etapas tempranas de desarrollo.

Para las empresas, esto implica pensar los créditos de carbono como una inversión estratégica y no como un gasto reputacional. Un enfoque sólido debe considerar estándares independientes de calidad, equilibrio entre distintos tipos de soluciones y una comunicación transparente sobre avances, límites y aprendizajes.

El costo de quedarse atrás

Las compañías que permanecen inmóviles podrían estar interpretando erróneamente la prudencia como una ventaja competitiva. En realidad, el riesgo es otro: quedar rezagadas frente a organizaciones que ya están construyendo portafolios climáticos más robustos y alineados con la evolución regulatoria.

El mercado del carbono dista de ser perfecto, pero ha avanzado significativamente en transparencia, gobernanza y supervisión. Las herramientas para actuar con mayor integridad existen y continúan fortaleciéndose. En ese contexto, mantener distancia absoluta parece responder más a supuestos desactualizados que a un análisis contemporáneo del riesgo.

La transición climática exige mucho más que metas aspiracionales. Requiere financiamiento, mecanismos verificables y decisiones capaces de generar resultados medibles más allá de las fronteras operativas de una empresa. El crecimiento de las empresas sin créditos de carbono revela una tensión entre ambición y acción que ya no puede ignorarse.

Quizá la pregunta ya no sea si los créditos de carbono son perfectos, porque ningún instrumento de mercado lo es. La verdadera conversación debería centrarse en si las organizaciones están haciendo todo lo posible para contribuir a una economía baja en emisiones. Porque, frente a la urgencia climática, la omisión también tiene consecuencias.

Presionan a la OMS para reconocer la crisis climática como emergencia sanitaria mundial

Durante años, la crisis climática fue abordada principalmente desde una perspectiva ambiental, económica o energética. Sin embargo, las olas de calor extremas, la propagación de enfermedades infecciosas y el deterioro de la calidad del aire han comenzado a evidenciar una realidad difícil de ignorar: el cambio climático también es una amenaza directa para la salud humana. Hoy, expertos internacionales piden a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que lo reconozca formalmente como una emergencia sanitaria mundial.

La solicitud no surge de un impulso alarmista, sino de evidencia científica acumulada y de una creciente preocupación por los impactos que ya están ocurriendo. La comisión paneuropea independiente sobre clima y salud, convocada por la OMS, advierte que si no se actúa con rapidez, millones de personas podrían morir innecesariamente debido a fenómenos climáticos extremos, enfermedades emergentes, inseguridad alimentaria y sistemas sanitarios incapaces de adaptarse a un entorno cambiante.

¿Por qué expertos exigen declarar una emergencia sanitaria mundial?

De acuerdo con The Guardian, la petición tiene fundamentos claros. La comisión independiente, integrada por exministros de salud, especialistas climáticos y científicos internacionales, concluyó que el calentamiento global representa una amenaza tan severa que la OMS debería declararlo una “emergencia de salud pública de interés internacional” (PHEIC, por sus siglas en inglés), el nivel más alto de alerta sanitaria global.

Este mecanismo ya ha sido utilizado frente a crisis como la COVID-19, el mpox o epidemias infecciosas con riesgo transfronterizo. Aunque declarar una emergencia sanitaria mundial no resolvería automáticamente el cambio climático, sí podría activar mecanismos de cooperación internacional, financiamiento y respuestas coordinadas que hoy avanzan con lentitud frente a una amenaza de escala planetaria.

Katrín Jakobsdóttir, expresidenta de Islandia y presidenta de la comisión, ha sido enfática: la crisis climática quizá no sea una pandemia, pero continúa siendo una emergencia de salud pública que pone en riesgo la supervivencia humana. Para ella, la diferencia entre actuar ahora o retrasar decisiones podría traducirse en millones de vidas afectadas.

emergencia sanitaria mundial

Del dengue a las olas de calor: así impacta el clima en la salud

Las consecuencias sanitarias del cambio climático ya son visibles. El incremento de enfermedades transmitidas por vectores, como dengue y chikungunya, muestra cómo el aumento de temperaturas permite que mosquitos transmisores lleguen a regiones donde antes no sobrevivían.

A ello se suman los impactos de olas de calor prolongadas, inundaciones, incendios forestales y contaminación atmosférica. Sir Andrew Haines, asesor científico principal de la comisión, advierte que mantener los niveles actuales de emisiones aumentará el número de muertes relacionadas con calor extremo, enfermedades infecciosas y complicaciones respiratorias derivadas de la mala calidad del aire.

Además, el informe advierte sobre riesgos menos visibles pero igualmente preocupantes: nacimientos prematuros, desnutrición asociada con la inseguridad alimentaria y afectaciones psicológicas derivadas de eventos climáticos extremos. La crisis climática no solo enferma cuerpos; también deteriora la estabilidad emocional y social.

Subsidios fósiles: una contradicción que agrava la crisis

Uno de los puntos más duros del informe apunta hacia los subsidios a los combustibles fósiles. Según los expertos, Europa destina aproximadamente 444 mil millones de euros anuales a apoyar la producción de petróleo y gas, industrias directamente relacionadas con cientos de miles de muertes prematuras cada año.

En al menos 12 países europeos, estos subsidios superan el 10% del gasto nacional en salud, mientras que en cuatro naciones incluso rebasan el presupuesto sanitario completo. Para Jakobsdóttir, esta situación refleja una contradicción profunda: los gobiernos financian actividades que terminan saturando hospitales y debilitando la salud pública.

La advertencia es contundente. En un contexto de tensiones geopolíticas y aumento de precios energéticos, regresar a estrategias centradas en combustibles fósiles podría tener consecuencias sanitarias devastadoras, especialmente para comunidades vulnerables.

Combatir la desinformación: el reto para impulsar una emergencia sanitaria mundial

La conversación climática también enfrenta una barrera social importante: la desinformación. De acuerdo con la comisión, parte del escepticismo persiste porque muchas personas aún perciben la crisis climática como un problema lejano o futuro, desconectado de su vida cotidiana.

Sin embargo, los especialistas sostienen que el fenómeno ya está ocurriendo en tiempo real. El cambio climático reduce la esperanza de vida, incrementa hospitalizaciones y genera ansiedad, estrés y otros trastornos relacionados con la incertidumbre ambiental. Reconocerlo como una emergencia sanitaria mundial permitiría también fortalecer campañas de comunicación basadas en evidencia científica y prevención.

Jakobsdóttir plantea una idea poderosa: cuando el argumento climático y el argumento de salud se convierten en uno solo, resulta mucho más difícil oponerse a políticas sostenibles.

Aire limpio, transporte activo, viviendas eficientes y alimentación sostenible no solo reducen emisiones; también mejoran la calidad de vida inmediata.

Sistemas de salud vulnerables ante un planeta más extremo

El informe también subraya una realidad poco discutida: los sistemas de salud no están preparados para enfrentar el cambio climático. Muchos hospitales fueron construidos antes de que existieran temperaturas extremas tan frecuentes o lluvias torrenciales capaces de colapsar infraestructura crítica.

Expertos como Andrew Haines consideran indispensable evaluar la ubicación de hospitales, especialmente aquellos situados en zonas inundables o con poca eficiencia energética. Incluso países templados como Reino Unido han comenzado a registrar dificultades para mantener condiciones seguras dentro de centros hospitalarios durante olas de calor.

La adaptación no es opcional. Los sistemas sanitarios deberán evolucionar para responder a nuevas amenazas epidemiológicas, climáticas y sociales si quieren seguir protegiendo a las poblaciones en las próximas décadas.

El propio sector salud también debe transformarse

Paradójicamente, el sector salud también forma parte del problema. El informe señala que representa cerca del 5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, una cifra que obliga a repensar la forma en que operan hospitales, clínicas y cadenas de suministro médico.

La resiliencia sanitaria pasa por edificios energéticamente eficientes, infraestructura sostenible y mejores sistemas de abastecimiento. De lo contrario, la atención médica podría verse comprometida justamente cuando más se necesite.

Hans Kluge, director regional de la OMS para Europa, sostiene que actuar frente al cambio climático ya no es únicamente un asunto ambiental. También es una decisión económica, de seguridad y de salud pública que definirá la calidad de vida de las próximas generaciones.

La presión sobre la OMS para declarar la crisis climática como una emergencia sanitaria mundial refleja un cambio profundo en la manera de entender el calentamiento global. Ya no se trata solo de proteger ecosistemas o reducir emisiones: el foco está puesto en preservar vidas humanas frente a amenazas que ya están ocurriendo.

Mientras aumentan las enfermedades infecciosas, las muertes por calor extremo y la fragilidad de los sistemas sanitarios, el debate deja una pregunta abierta: ¿cuánto tiempo puede seguir tratándose la crisis climática como un problema del mañana, cuando sus consecuencias ya están saturando hospitales y alterando la salud de millones de personas hoy?

¿IA para la humanidad o intereses comerciales?Altman derrota a Musk en tribunales

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La inteligencia artificial ha dejado de ser una conversación exclusiva de laboratorios tecnológicos para convertirse en uno de los debates éticos, económicos y sociales más relevantes de nuestra era. Mientras algunas voces defienden su potencial para resolver desafíos globales, otras alertan sobre los riesgos de que unos cuantos actores concentren demasiado poder tecnológico. En este escenario, la reciente batalla judicial entre Sam Altman y Elon Musk encendió nuevamente las alarmas sobre quién debe controlar el futuro de la IA y con qué propósito.

De acuerdo con Quartz, la disputa no solo enfrentó a dos de los empresarios más influyentes del planeta, sino que también abrió preguntas de fondo sobre gobernanza, transparencia y responsabilidad corporativa. El caso, que culminó con una victoria judicial para OpenAI y Microsoft, colocó bajo el reflector la tensión entre ideales fundacionales y expansión comercial. Para especialistas en sostenibilidad y responsabilidad social, el debate trasciende el tribunal: ¿puede una tecnología creada para beneficiar a la humanidad mantenerse fiel a esa misión cuando entran miles de millones de dólares en juego?

Sam Altman vs Elon Musk: el juicio que puso a prueba la misión de OpenAI

El conflicto legal comenzó cuando Elon Musk acusó a Sam Altman, Greg Brockman y Microsoft de traicionar la esencia con la que OpenAI fue fundada: desarrollar inteligencia artificial para el beneficio de toda la humanidad. Según Musk, la organización se desvió de sus principios originales al adoptar una estructura comercial y consolidar una poderosa alianza con Microsoft, movimiento que, desde su perspectiva, privilegió intereses financieros por encima del bien común.

Durante el juicio, Musk argumentó que sus aportaciones —estimadas en alrededor de 38 millones de dólares— fueron realizadas bajo la expectativa de apoyar un proyecto sin fines lucrativos. Entre sus solicitudes legales figuraban medidas drásticas: desde la devolución de hasta 134 mil millones de dólares hasta la destitución de Altman y Brockman, además de revertir la reestructuración organizacional de 2025.

Sam Almant vs Elon Musk

Sin embargo, el desenlace favoreció completamente a OpenAI. Tras un juicio de tres semanas, la jueza Yvonne Gonzalez Rogers respaldó la conclusión del jurado consultivo: no existía responsabilidad legal de los acusados. El elemento decisivo fue el plazo de prescripción, ya que el jurado consideró que Musk había esperado demasiado tiempo para presentar las acusaciones, imposibilitando sanciones contra los demandados.

¿Promover la IA para la humanidad o competir en el mercado?

Más allá del resultado jurídico, el caso reabrió una conversación incómoda: ¿es posible impulsar inteligencia artificial con impacto social sin adoptar modelos comerciales? La defensa de OpenAI argumentó que competir con gigantes como Google DeepMind volvió inevitable evolucionar hacia una estructura con fines de lucro para garantizar sostenibilidad, infraestructura y talento especializado.

En ese sentido, OpenAI sostuvo que Musk conocía perfectamente las presiones competitivas del sector y que, incluso, había sugerido anteriormente convertir la organización en una empresa comercial, siempre y cuando él pudiera mantener el liderazgo. Bajo esta narrativa, el litigio habría sido una reacción posterior al fracaso de Musk por dirigir la compañía.

Para quienes trabajan temas de responsabilidad social empresarial, este dilema resulta especialmente relevante. La tensión entre propósito e ingresos no es nueva: también se observa en empresas sociales, fundaciones corporativas y modelos ESG que deben equilibrar impacto y rentabilidad. La diferencia es que, en este caso, la tecnología en disputa podría redefinir el futuro económico y social global.

Sam Almant vs Elon Musk: testimonios, poder y credibilidad

Uno de los momentos más tensos del juicio fueron los testimonios directos de ambos protagonistas. Sam Altman aseguró que Musk insistía en mantener control sobre cualquier versión comercial de OpenAI y que, al cuestionarle qué sucedería con esa autoridad tras su muerte, habría respondido que el control pasaría a sus hijos.

Por otro lado, el equipo legal de Musk intentó debilitar la credibilidad de Altman recordando episodios polémicos, incluida su destitución temporal como CEO de OpenAI en 2023. Exdirectivos y miembros del consejo habían cuestionado previamente su honestidad, aunque el ejecutivo fue restituido rápidamente tras el respaldo de colaboradores e inversionistas.

El episodio refleja una realidad común en las grandes organizaciones: las decisiones de gobernanza y liderazgo pueden redefinir la percepción pública de legitimidad. En industrias emergentes, donde aún existen pocos marcos regulatorios sólidos, la confianza institucional puede ser tan importante como la innovación misma.

Microsoft, los miles de millones y el punto de ruptura

Musk aseguró que el verdadero quiebre ocurrió cuando Microsoft se preparaba para invertir 10 mil millones de dólares en OpenAI en 2023. Desde su perspectiva, aquella operación consolidó la transformación de una organización altruista hacia una empresa con ambiciones comerciales.

En el estrado, Musk declaró que le preocupaba una posible apropiación indebida de una organización creada con fines benéficos. Sin embargo, el CEO de Microsoft, Satya Nadella, sostuvo ante el tribunal que Musk nunca expresó objeciones sobre los términos de inversión cuando estos se negociaban.

La discusión ilustra uno de los mayores desafíos contemporáneos en innovación responsable: la entrada de capital masivo puede acelerar soluciones de alto impacto, pero también generar dudas sobre independencia, transparencia y alineación con el propósito original.

La carrera hacia la bolsa y el futuro de la inteligencia artificial

El veredicto llega en un momento particularmente estratégico. Tanto OpenAI como el ecosistema empresarial de Musk se preparan para nuevas etapas de crecimiento financiero. Una ronda de inversión cerrada recientemente otorgó a OpenAI 122 mil millones de dólares en nuevo capital, elevando su valoración a más de 850 mil millones.

Mientras tanto, SpaceX —ya integrada con xAI— avanza hacia una posible salida a bolsa, fortaleciendo la competencia directa entre ambos empresarios en el terreno de la inteligencia artificial. Esto convierte el conflicto legal en algo más que una diferencia ideológica: también representa una disputa por liderazgo tecnológico, inversionistas y legitimidad frente al mercado.

Desde una óptica social, este contexto plantea preguntas urgentes: ¿quién supervisará el desarrollo de tecnologías tan poderosas?, ¿cómo garantizar que los beneficios lleguen a toda la sociedad?, y ¿qué mecanismos evitarán una concentración excesiva de capacidades tecnológicas?

El caso Sam Almant vs Elon Musk deja una lección importante para quienes observan el desarrollo tecnológico desde una perspectiva ética y de responsabilidad social: los grandes ideales pueden enfrentarse a enormes tensiones cuando intervienen capital, liderazgo y competencia global. Aunque OpenAI obtuvo la victoria judicial, el debate sobre su misión original permanece abierto.

A medida que la inteligencia artificial se convierte en infraestructura esencial para sectores económicos, educativos y sociales, la discusión ya no trata únicamente de quién ganó un juicio. El verdadero reto será construir modelos de innovación capaces de equilibrar competitividad con responsabilidad, asegurando que el progreso tecnológico siga orientado hacia el beneficio colectivo y no solo hacia los intereses comerciales.

¿Qué es la despolimerización y cómo podría permitir reutilizar plásticos infinitamente?

Cada semana, millones de hogares alrededor del mundo desechan envases plásticos sin imaginar el largo recorrido —o el abrupto final— que tendrán esos residuos. Aunque durante años el reciclaje se ha presentado como una de las respuestas más prometedoras ante la crisis de contaminación, la realidad es más compleja: gran parte de los plásticos nunca vuelven a convertirse en nuevos productos. En muchos casos, terminan incinerados, enterrados en vertederos o degradados en materiales de menor calidad.

Los datos son contundentes. Según la encuesta de ciencia ciudadana Big Plastic Count, un hogar promedio en Reino Unido desecha alrededor de 60 envases plásticos por semana, lo que equivale a aproximadamente 1,700 millones de piezas descartadas semanalmente en todo el país. Aunque Reino Unido es considerado uno de los países con mejor desempeño en reciclaje, solo el 17% del plástico logra reciclarse localmente, y en México se recicla menos del 10% de los residuos que se generan anualmente. Las cifras son alarmantes si tomamos en cuenta que a nivel global menos del 10% de los residuos plásticos regresan a la cadena productiva como nuevos materiales.

¿Qué es la despolimerización y por qué promete cambiar el reciclaje?

Durante décadas, el reciclaje mecánico ha sido el método dominante para reaprovechar residuos plásticos. Este proceso consiste en lavar, triturar y fundir materiales para transformarlos en nuevos productos. Sin embargo, tiene un límite importante: el plástico pierde calidad con cada ciclo. Las largas cadenas moleculares que conforman los polímeros se acortan progresivamente, debilitando el material y reduciendo sus posibilidades de reutilización.

De acuerdo con un artículo especializado de Chemistry World, aquí surge una alternativa que ha comenzado a captar la atención de investigadores, empresas y gobiernos: entender qué es la despolimerización implica hablar de una tecnología capaz de revertir el proceso de fabricación del plástico. En lugar de reciclar el material tal como está…

Esta técnica rompe las cadenas de polímeros hasta recuperar sus componentes originales, llamados monómeros, los cuales pueden volver a utilizarse para fabricar plásticos prácticamente idénticos a los vírgenes.

La relevancia de este avance va más allá de una mejora técnica. En un contexto donde la economía circular se ha convertido en una prioridad estratégica para empresas y gobiernos, la posibilidad de reciclar plásticos repetidamente sin degradar su calidad representa una oportunidad inédita para disminuir la dependencia de combustibles fósiles y reducir residuos de forma significativa.

Un sistema de reciclaje que está llegando a su límite

El reciclaje convencional ha sido útil, pero enfrenta restricciones físicas imposibles de ignorar. Por ejemplo, las botellas de PET utilizadas en bebidas suelen reciclarse alrededor de cinco veces antes de perder funcionalidad, mientras que algunos envases de polietileno de alta densidad (HDPE), como los de leche, pueden soportar hasta diez ciclos antes de degradarse.

Cuando estos materiales ya no pueden reincorporarse como envases, se convierten en productos de menor valor, como fibras textiles, macetas, alfombras o muebles de plástico. Este fenómeno, conocido como downcycling, extiende temporalmente la vida del material, pero no resuelve el problema de fondo: la mayoría termina, eventualmente, en rellenos sanitarios o incineradoras.

El reto se vuelve aún más evidente si se considera la enorme diversidad de plásticos existentes. Muchos incluyen tintes, adhesivos o mezclas de materiales que dificultan enormemente el reciclaje mecánico. Incluso objetos aparentemente simples, como empaques de alimentos o envases de colores, representan un desafío tecnológico y económico para las plantas de reciclaje actuales.

¿Qué es la despolimerización y cómo funciona en la práctica?

La lógica detrás de este proceso puede parecer compleja, pero responde a un principio relativamente sencillo: desarmar para volver a construir. Los plásticos están compuestos por largas cadenas moleculares llamadas polímeros. La despolimerización rompe esas cadenas mediante procesos químicos o catalíticos para recuperar los monómeros originales.

qué es la despolimerización

Una vez obtenidos, estos monómeros pueden purificarse y utilizarse nuevamente para fabricar plástico con propiedades prácticamente idénticas a las de un material recién producido a partir del petróleo. A diferencia del reciclaje mecánico, no existe una degradación progresiva significativa, lo que abre la posibilidad de un reciclaje potencialmente infinito.

Expertos en química de polímeros sostienen que esta característica podría cambiar completamente la forma en que entendemos los residuos. En teoría, un envase plástico podría reutilizarse una y otra vez sin perder resistencia, calidad o estabilidad térmica.

La ecuación dejaría de ser “producir–usar–desechar” para acercarse más a un sistema verdaderamente circular.

El caso del PET: el plástico más prometedor para un reciclaje infinito

Uno de los materiales que más expectativas ha despertado es el tereftalato de polietileno (PET), ampliamente utilizado en botellas, empaques alimentarios y textiles de poliéster. Aunque algunos productos de PET pueden reciclarse mecánicamente, los envases con tintes o mezclas de materiales suelen quedar fuera de este circuito.

En 2024, la empresa química Eastman inauguró en Tennessee, Estados Unidos, una planta enfocada en la despolimerización de PET difícil de reciclar. El sistema utiliza metanol para descomponer el plástico y recuperar monómeros de alta pureza que posteriormente vuelven a polimerizarse para fabricar nuevos productos, incluso empaques de alimentos.

El rendimiento de estos procesos ha sorprendido a especialistas: alrededor del 90% de los residuos plásticos introducidos pueden convertirse nuevamente en materia prima útil. No obstante, el principal obstáculo sigue siendo económico. Recolectar, separar y clasificar residuos continúa siendo costoso, lo que hace que muchos plásticos reciclados aún sean más caros que sus equivalentes vírgenes.

De la ropa deportiva al futuro circular: el reciclaje de textiles

El potencial de la despolimerización no se limita a botellas y empaques. Uno de los sectores más observados es el textil, particularmente las prendas fabricadas con nailon 6 o poliéster, materiales ampliamente utilizados en ropa deportiva, alfombras y accesorios.

La empresa química BASF inauguró en Shanghái una planta dedicada al reciclaje químico de textiles de poliamida 6, también conocida como nailon 6. Allí, residuos textiles se transforman nuevamente en caprolactama, el monómero original del material, para producir nuevas fibras con calidad equivalente a las vírgenes.

El interés empresarial ya es evidente. Grandes marcas han comenzado a explorar estos materiales reciclados en colecciones limitadas, demostrando que la circularidad puede integrarse a industrias de alto consumo. Sin embargo, el reto sigue siendo construir sistemas eficientes de recolección y clasificación para prendas usadas, uno de los grandes pendientes globales.

Los plásticos blandos: el desafío más difícil de resolver

Bolsas de supermercado, empaques de frituras, envolturas de alimentos y películas plásticas representan algunos de los residuos más difíciles de reciclar. Históricamente, estos materiales terminaban directamente incinerados o enterrados debido a su baja rentabilidad.

Investigadores de la Universidad de California, Berkeley, trabajan actualmente en procesos capaces de transformar poliolefinas como polietileno y polipropileno en compuestos reutilizables mediante catalizadores industriales. Aunque estos métodos todavía están en desarrollo, algunos experimentos han alcanzado rendimientos superiores al 90%.

Este tipo de innovación resulta especialmente relevante si se considera que varios países, incluido Reino Unido, están ampliando la recolección de plásticos blandos como parte de nuevas políticas públicas. Sin infraestructura de reciclaje avanzada, el aumento en la recolección podría no traducirse necesariamente en una solución efectiva.

Una pieza clave para evitar el greenwashing en economía circular

Hablar de innovación en reciclaje también implica mirar el panorama con cautela. Aunque la despolimerización promete transformar el manejo de residuos, aún enfrenta barreras económicas, regulatorias y tecnológicas importantes. No existe una única tecnología capaz de resolver el problema de todos los plásticos, especialmente cuando cada producto contiene mezclas específicas de tintes, materiales y aditivos.

Para empresas comprometidas con estrategias ESG y responsabilidad social, esto representa una conversación relevante. Apostar únicamente por mensajes de “plástico reciclable” sin considerar infraestructura real, escalabilidad o diseño de producto podría derivar en acusaciones de greenwashing. Diseñar envases pensando en reciclabilidad, reducir materiales complejos y apoyar innovación tecnológica serán factores decisivos.

La pregunta ya no es únicamente qué es la despolimerización, sino qué papel jugarán las empresas, gobiernos y consumidores para hacer viable esta transición. La economía circular no dependerá de una solución mágica, sino de múltiples herramientas trabajando en conjunto.

Durante años, el reciclaje ha operado bajo limitaciones que parecían inevitables: materiales degradados, cadenas productivas incompletas y enormes volúmenes de residuos imposibles de procesar. La despolimerización ofrece una alternativa distinta al proponer un modelo donde el plástico no necesariamente pierde valor con cada ciclo de uso.

Aun así, pensar en un futuro de “plástico infinito” requiere algo más que innovación científica. Será indispensable construir infraestructura, impulsar políticas públicas, incentivar inversiones y rediseñar productos desde su origen. Solo entonces la promesa de reutilizar plásticos de forma prácticamente ilimitada podrá pasar del laboratorio a convertirse en una realidad tangible para la economía circular global.

Zara destrona a Nike como la marca de moda más valiosa del mundo, pero ¿qué tan responsable es?

Zara acaba de consolidar uno de los hitos más relevantes en la industria global de la moda: superar a Nike como la marca de moda más valiosa del mundo dentro del ranking Kantar BrandZ Top 100 Most Valuable Global Brands 2026. El ascenso no es menor. La firma insignia de Inditex logró incrementar 18% su valor de marca hasta superar los 44 mil millones de dólares, colocándose en la posición 66 del listado global, mientras Nike descendió al lugar 69.

El avance confirma el enorme peso que Zara ha ganado dentro de la economía global del consumo, especialmente gracias a su capacidad para interpretar tendencias, acelerar cadenas de suministro y adaptar la experiencia de compra a los nuevos hábitos digitales. Herramientas de inteligencia artificial, personalización comercial y estrategias omnicanal han fortalecido su posicionamiento frente a consumidores que buscan inmediatez, novedad y conexión emocional con las marcas. Sin embargo, detrás del éxito financiero emerge una pregunta inevitable: ¿el crecimiento económico de Zara también refleja un avance real en materia ambiental y social?

¿Cómo Zara logró superar a Nike en valor de marca?

El ascenso de Zara dentro del ranking Kantar BrandZ responde a una combinación de factores estratégicos que van mucho más allá del diseño de ropa. La marca ha sabido transformar la velocidad en una ventaja competitiva estructural. Mientras muchas compañías textiles aún dependen de cadenas logísticas rígidas y tiempos prolongados de producción, Zara consolidó un modelo ágil capaz de responder casi en tiempo real a las tendencias del mercado.

Además, la firma española ha convertido la experiencia de compra en un ecosistema híbrido donde lo físico y lo digital conviven de manera integrada. El uso de inteligencia artificial, análisis de datos y personalización comercial ha permitido a la marca mantener relevancia entre consumidores cada vez más cambiantes y exigentes. El informe de Kantar destaca precisamente cómo las marcas con mayor capacidad de adaptación tecnológica son las que actualmente logran fortalecer más rápido su valor reputacional y financiero.

Otro elemento relevante ha sido la estrategia de colaboraciones. Zara ha logrado generar expectativa constante mediante alianzas con otras marcas y colecciones limitadas que rápidamente se convierten en fenómenos de consumo. Un ejemplo fue su colaboración con Clarks, que reinventó modelos clásicos bajo una estética más contemporánea y atractiva para nuevas generaciones.

Sin embargo, el crecimiento de Zara también refleja algo más profundo: el consumidor actual no solo compra productos, compra narrativas de marca. Y en ese terreno, la sostenibilidad empieza a desempeñar un papel cada vez más importante como generador de valor económico y diferenciación competitiva.

Responsabilidad social de Zara: ¿el éxito financiero también es sostenible?

Aunque el crecimiento de Zara resulta indiscutible desde el punto de vista financiero, la conversación cambia cuando se analiza el impacto ambiental del modelo fast fashion. Es bien sabido que la industria textil es responsable de una enorme cantidad de emisiones contaminantes, consumo intensivo de agua, generación de residuos y explotación de recursos naturales, y Zara, como una de las mayores exponentes globales de la moda rápida, inevitablemente forma parte de esa discusión.

Por ello, hablar de la responsabilidad social de Zara implica reconocer una dualidad compleja. Por un lado, la empresa ha impulsado avances importantes en eficiencia, innovación y materiales de menor impacto; por otro, continúa operando bajo un modelo basado en ciclos acelerados de consumo y renovación constante de prendas.

La propia compañía ha comenzado a posicionar la sostenibilidad como uno de sus ejes estratégicos. Según la información publicada por la marca, Inditex busca reducir 53% sus emisiones para 2030 respecto a 2018, incluyendo operaciones propias y cadena de valor. Además, plantea que para 2030 el 100% de las fibras textiles utilizadas provengan de materiales de menor impacto ambiental. En 2025, el grupo reportó haber alcanzado ya 88% de este objetivo.

La responsabilidad social de Zara también se refleja en alianzas con organizaciones como WWF, Conservation International y Water.org, enfocadas en proyectos de restauración ambiental y protección de ecosistemas. Según la compañía, estos esfuerzos han contribuido a proteger, restaurar o regenerar más de cinco millones de hectáreas.

Aun así, la pregunta persiste: ¿puede una marca basada en producción masiva y consumo acelerado ser verdaderamente sostenible? La respuesta probablemente no sea absoluta. Más bien, el caso de Zara muestra cómo incluso los modelos históricamente cuestionados están siendo obligados a transformarse por presión regulatoria, reputacional y de mercado.

Innovación sostenible: cuando la sostenibilidad también mejora el negocio

Uno de los ejemplos más interesantes de esta transformación es la colaboración entre Zara, Nilit y BASF bajo el paraguas del Sustainability Innovation Hub de Inditex. La iniciativa busca desarrollar productos fabricados con materiales sostenibles, incluyendo plásticos reciclados y algodón orgánico.

Más allá del componente ambiental, este tipo de alianzas tienen implicaciones estratégicas relevantes. La utilización de materiales reciclados y procesos más eficientes no solo reduce impactos ecológicos; también puede disminuir costos de fabricación, fortalecer cadenas de suministro y mejorar la durabilidad de los productos. En otras palabras, la sostenibilidad también es una herramienta de eficiencia empresarial.

La colaboración también busca reducir el uso de materiales plásticos no reciclables y minimizar químicos utilizados en procesos textiles. Esto aporta valor agregado para consumidores que ya no solo evalúan diseño o precio, sino también origen de materiales, trazabilidad y huella ambiental de las prendas.

Aquí aparece uno de los aspectos más interesantes de la responsabilidad social de Zara: la sostenibilidad no está siendo presentada únicamente como filantropía corporativa, sino como una ventaja competitiva. Las prendas elaboradas con materiales responsables permiten construir diferenciación de marca, fortalecer reputación y conectar con consumidores cada vez más sensibles a criterios ESG.

Además, este tipo de colecciones generan un componente aspiracional distinto. Ya no se trata solo de comprar moda, sino de adquirir productos con narrativa ética, innovación material y menor impacto ambiental. En una industria donde la diferenciación resulta cada vez más compleja, el valor reputacional asociado a la sostenibilidad puede convertirse en uno de los activos más importantes.

responsabilidad social de Zara

El desafío pendiente: desacelerar el modelo de consumo

Pese a los avances, el debate sobre la responsabilidad social de Zara sigue abierto porque la sostenibilidad no depende únicamente de usar materiales reciclados o reducir emisiones. También implica cuestionar la lógica de hiperconsumo sobre la que se construyó gran parte del fast fashion.

Las mejoras operativas y ambientales son importantes, pero muchos especialistas sostienen que el verdadero desafío para la industria textil será desacelerar la producción excesiva y fomentar modelos de consumo más circulares y duraderos. En ese sentido, y pese a su iniciativa, Zara Pre-Owned, que busca impulsar la reventa y reparación de prendas para alargar su vida útil, la marca enfrenta una contradicción similar a la de muchas grandes compañías: mientras impulsa iniciativas sostenibles, su éxito económico sigue dependiendo de vender grandes volúmenes de ropa de manera constante.

Sin embargo, también sería simplista ignorar los avances logrados. La magnitud de Zara dentro de la industria hace que cualquier cambio operativo tenga potencial de generar impactos significativos a gran escala. Si una empresa con millones de consumidores comienza a incorporar fibras de menor impacto, reciclaje y eficiencia energética, el efecto multiplicador puede ser considerable.

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Sostenibilidad como estrategia de valor y competitividad

El ascenso de Zara por encima de Nike demuestra que la competitividad global ya no depende únicamente del producto, sino también de la capacidad de adaptación tecnológica, eficiencia operativa y construcción de valor reputacional. La sostenibilidad forma parte creciente de esa ecuación.

El caso de Zara también evidencia algo relevante para el mundo empresarial: las estrategias ambientales no solo responden a exigencias éticas o regulatorias, sino que pueden convertirse en motores de innovación, eficiencia y diferenciación comercial. Materiales sostenibles, cadenas más eficientes y productos con narrativa responsable no solo reducen impactos; también fortalecen marcas, generan valor agregado y conectan con consumidores más conscientes. El reto hacia adelante será demostrar que este progreso puede ir más allá de la reputación y traducirse en una transformación verdaderamente profunda del modelo de consumo en la industria de la moda.