Persona, Empresa y Sociedad

No es mi problema

Decía Clint Eastwood, que las dos contribuciones de Estados Unidos a la cultura universal son el jazz y el western. Claro que tras Unforgiven está por ver si hay mucho que añadir a la historia del western. En cualquier caso, dicha historia es, entre otras muchas cosas, una propuesta de educación moral. Una propuesta llevada a cabo de manera efectiva porque se basa en un componente fundamental de toda educación moral: las narraciones ejemplares, y no los sermones o las doctrinas éticas.

jamesUno de los actores recurrentes en los westerns es James Stewart, que en Shenandoah (doblada al castellano como El valle de la violencia) compone un personaje arquetípico (Charlie Anderson), y protagoniza alguna escena memorable. Se trata de un viudo con siete hijos, propietario de una productiva extensión de terreno, que intenta permanecer al margen de una guerra civil que penetra por todos los intersticios de sus relaciones sociales y familiares. Y lo intenta por diversas razones, mostrando una vez que los principios sólo son claros, distintos y preeminentes cuando se trata de proclamarlos, pero que en la ambigüedad de las actitudes y decisiones vitales se entreveran valores, intereses, afectos y vínculos, y es este cóctel el que configura las trayectorias y las biografías. Aún cuando la guerra se desarrolla a pocos kilómetros de su casa y todo su entorno le presiona para que colabore, él se niega, por una mezcla de rechazo a la violencia, de no sentirla como propia (no tiene esclavos), y de defensa de sus intereses (su vida está centrada en sus propiedades y, más que su autonomía, se diría que defiende su autosuficiencia, confusión que hoy empapa nuestro líquido presente). Su vida es su entorno cercano, nutrido por la memoria de su mujer y de todo lo que ella representaba.

Ante cualquier intento de involucrarle, su respuesta es invariable: ¿acaso esto nos concierne? Y con ello plantea –y nos plantea- la pregunta primera, previa, insoslayable, de toda vida humana y –perdón por la tautología- de toda vida moral: ¿qué es lo que me afecta? ¿qué es lo que me involucra? ¿qué lo que tengo en cuenta? ¿cómo reacciono a todo lo que sucede a mi alrededor? ¿dónde se sitúan los límites de lo que considero “mi alrededor” y quien los define?

La actitud de Charlie Anderson se ve sustancialmente modificada el día que, por error, hacen prisionero a su hijo. Entonces comienza un largo periplo para recuperarlo, en el que el dolor y la muerte hacen mella también en su familia. Aunque queramos mantenernos ajenos a las circunstancias en las que vivimos, son ellas las que marcan las reglas del juego. Cuando todo se ensombrece, no es posible que la oscuridad no nos nuble la vista. No podemos permanecer al margen de la partida que se está jugando (en nuestro mundo, en nuestro país, en nuestra organización, en nuestras relaciones), porque aquello a lo que le cerramos la puerta de entrada nos entra por la puerta trasera, especialmente cuando se trata de cambios sustantivos en cualquier ámbito. Lo (¿único?) que podemos hacer es discernir cómo queremos y podemos jugar la partida.

El itinerario en búsqueda de su hijo es un recorrido por los horrores de la guerra. Y ahí se marca una decisión que todos debemos tomar algún día, porque configura todo un estilo de vida: ser observador o testigo de lo que ocurre. El observador se limita a constatar, a levantar acta, a transitar desde una prudente distancia… y a alejarse y a olvidar en cuanto puede o le interesa. El testigo asume lo que ve, lo elabora, lo procesa, discierne, se lo apropia y permite que configure su percepción y su sensibilidad. El testigo se hace humano en su involucración con lo humano, y conserva viva como suelo nutriente la memoria de lo que hace a una vida digna de ser vivida.

Hay una expresión coloquial entre nosotros, que ha hecho fortuna y a la que considero un arma de destrucción masiva de lo humano: esto no es mi problema. No sé si hoy el doblador pondría en algún momento de la película esta frase en labios de Charlie Anderson: no es mi –nuestro- problema, pero creo que podría hacerlo perfectamente. Es una frase que un observador la tiene siempre en la punta de la lengua; en cambio, un testigo no se la permite nunca. Porque afirmar que algo (no) es mi problema es la primera y más auténtica encrucijada moral. Si queremos retratarnos moralmente (al menos ante nosotros mismos) no hay más que hacer un listado de lo que consideramos que (no) es nuestro problema ante todo lo que ocurre en nuestro mundo, en nuestro país, en nuestra organización, en nuestras relaciones…

Muchos de los desencuentros al hablar de responsabilidad, en definitiva, no son debidos a desacuerdos en las definiciones, sino a discrepancias sustantivas (y muy a menudo implícitas) a la hora de establecer cuál es nuestro problema.

Visite la fuente en el blog de Josep M. Lozano



Josep M. Lozano

Profesor del Departamento de Ciencias Sociales e investigador senior en RSE en el Instituto de Innovación Social de ESADE (URL). Sus áreas de interés son: la RSE y la ética empresarial; valores y liderazgos en las organizaciones; y espiritualidad, calidad humana y gestión. Ha publicado sus investigaciones académicas en diversos journals. Su último libro es La empresa ciudadana como empresa responsable y sostenible (Trotta) Otros de sus libros son: Ética y empresa (Trotta); Los gobiernos y la responsabilidad social de la empresa (Granica); Tras la RSE. La responsabilidad social de la empresa en España vista por sus actores (Granica) y Persona, empresa y sociedad (Infonomía).

Ha ganado diversos premios por sus publicaciones. Fue reconocido como Highly commended runner-up en el Faculty Pionner Award concedido por la European Academy of Business in Society i el Aspen Institute. Ha sido miembro de la Comissió per al debat sobre els valors de la Generalitat; del Foro de Expertos en RSE del MTAS; del Consejo Asesor de la Conferencia Interamericana sobre RSE del BID; y de la Taskforce for the Principles for Responsible Business Education del UN Global Compact. En su página web mantiene activo un blog que lleva por título Persona, Empresa y Sociedad

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