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Militancia 2.0: una nueva forma de activismo, vía Web

Internet no sólo ha abierto las dudosas y enormes puertas del entretenimiento. En ese (otro) mundo tan vasto como ingrávido, el acceso libre a la información le ha dado al fenómeno de la Web un poder que todavía sigue buscando y ampliando y que parece encontrarlo en la participación social. El ciberactivismo, esta militancia tan 2.0, aparece justamente en un contexto donde la participación concreta queda opacada por la frivolidad de lo inmediato.

Pero aquí, allá y en todas partes (es decir, en Internet) el ciberactivismo pretende –y de a ratos lo consigue– mover el mundo con un click: Facebook, los blogs, los foros y otros sitios se han convertido en un ámbito con miles de espacios para debatir ideas, intercambiar información y luchar por causas de todo tipo.

Casos sobran: en Argentina, Greenpeace consiguió más de un millón de firmas vía e-mail para que se vote en el Congreso la Ley de Bosques; en Facebook uno puede aportar su idea en favor del salario de los maestros, o en contra de la compra de picanas Teaser para la Policía Metropolitana. En Colombia, Oscar Morales pretendía juntar firmas en Facebook para la campaña «Un millón de Voces contra las FARC». Pero terminó mejor: una movilización de cuatro millones de personas en su país y en otras 100 ciudades del mundo. El EZLN del Subcomandante Insurgente Marcos encontró en Internet un medio donde sumar y movilizar adeptos zapatistas de todo el planeta. En Estados Unidos, medio millón de ciudadanos se pusieron de acuerdo en Internet para bloquear los llamados de la Casa Blanca y el Senado. Desde una ONG o en casa, se intuye un cambio en el ejercicio del poder.

«Cuando se alcanza un cierto umbral de gente que no sólo quiere sino que cree poder cambiar las cosas, el cambio se hace insoslayable», dice el especialista español David de Ugarte en su libro «El poder de las redes». «Es más sencillo conseguir gente que esté de acuerdo con una meta que a través de la vida real», asegura Rodrigo Lugones, especialista en nuevos medios y director ejecutivo de la consultora del «gurú» de los políticos vernáculos, el ecuatoriano Jaime Durán Barba.Sitios como pazyjusticia.com mantienen bastante actualizada una agenda de activismo 2.0. Así, Amnistía Internacional consiguió que no lapidaran a Amina Lawal, quien había sido sentenciada en Nigeria por adulterio. Es un nuevo modo de luchar por causas y de presionar. Pero, ¿tiene futuro?Gabriel Giubellino, responsable del blog www.parquedelospatricios.blogspot.com (atento a lo que pasa en ese barrio) y profesor en Periodismo digital en la UAI, explica: «Internet es una herramienta muy potente para difundir, debatir, compartir ideas, e incluso llamar la atención de los grandes medios, que consideran por ahora que un anuncio de un político en Twitter es una noticia en sí misma. Pero tiene sus límites.

En la construcción política de una red social se pone en juego otra dinámica de negociación, otros registros de diálogo, el cómo se dice por afuera de las compus. Hacer click es una decisión de costo simbólico; poner el cuerpo tiene otro precio» y cita el caso del grupo contra la inseguridad que en Facebook sumó 80 mil miembros pero que no se trasladó en cantidad de gente a la protesta «real» de Plaza de Mayo. El filósofo José Pablo Feinmann coincide con Giubellino y entiende al fenómeno como»contrafáctico»: «Internet es una de las grandes armas para entretener, pero evidentemente algo genera. Ahora bien: la revolución no se hace allí, se hace en la calle. No se hace demoliendo la honra de alguien en Facebook, se hace manifestando. No podés ser un héroe tocando tres teclas, si no, cualquier gil cree que se comunica con las masas».»No sirve para conseguir votos, pero sí, por ejemplo, para conseguir activistas que consigan votos, personas que ya están comprometidas. Les das herramientas, contextos y contenidos para que trabajen para vos. Eso hizo a Obama y ahora, de hecho, todos lo copian», avisa Lugones.

Hernán Nadal, director de Nuevos Medios y Movilización Pública de Greenpeace Argentina sí cree en el potencial del ciberactivismo. Pero lo ve como una segunda pata, que suma y no reemplaza: «A nivel global, es un complemento de la militancia original. Las estructuras tradicionales, sobre todo en Argentina, rechazan la participación. E Internet lo permite. Si los partidos políticos entendieran eso pueden cambiar la manera de acercar gente y debatir. Pero necesitan reformular la estructura del poder. ¿Y cuánto se quieren abrir a la participación, realmente?».

Fuente: Clarín.com

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