TIME publicó su especial “TIME100 Philanthropy” y creo que, más allá de los nombres que aparecen en la lista, lo verdaderamente interesante es lo que revela sobre cómo está cambiando la filantropía.
La portada no habla de “las personas más generosas del mundo”. Habla de “las personas más influyentes moldeando el futuro de dar”. Creo que esa diferencia nos revela la manera en que está cambiando la filantropía contemporánea. Porque el concepto central ya no es bondad. Es incidencia.
La filantropía contemporánea parece estar dejando atrás la lógica tradicional de la caridad para convertirse en otra cosa: una herramienta de reputación, posicionamiento y construcción de legitimidad pública.
Antes las empresas competían por mercado, los gobiernos por territorio y los medios por audiencia. Hoy también vemos a fundaciones, empresarios, celebridades e incluso influencers disputando relevancia social y capacidad de marcar conversaciones públicas.
Incluso la estructura del especial lo deja ver. Las categorías —Titans, Leaders, Trailblazers, Innovators— se parecen más a un ranking de liderazgo empresarial o a un ecosistema startup que a un listado clásico de beneficencia. La filantropía moderna ya no solo quiere ayudar; quiere escalar, posicionarse, construir narrativa y demostrar capacidad de transformación.
Y eso conecta muchísimo con ESG, reputación y propósito. Porque actualmente el éxito económico, por sí solo, ya no parece suficiente para construir legitimidad pública. Las grandes figuras económicas y culturales necesitan también una narrativa social visible. Necesitan demostrar impacto, propósito e incidencia.
Quizás por eso este tipo de listas resultan tan interesantes. Porque ya no solo reconocen riqueza, fama o poder político. También empiezan a validar capacidad de incidencia social.
Pero también creo que este tipo de listas abren preguntas interesantes. Porque cuando la capacidad de “hacer el bien” también otorga estatus, legitimidad y capacidad de influencia pública, la filantropía deja de ser únicamente altruismo y empieza a convertirse también en una forma de poder cultural.
Porque, consciente o no, TIME no solo está celebrando a quienes dan. También está ayudando a definir quiénes tienen autoridad para influir en la conversación social contemporánea.
Y honestamente, creo que eso dice mucho más sobre nuestro tiempo que sobre la filantropía misma.
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.
En un contexto donde la generación de residuos sigue en aumento, el reciclaje se ha consolidado como una de las herramientas más efectivas para avanzar hacia modelos de economía circular. En México, se generan más de 120 mil toneladas de residuos sólidos urbanos al día, de los cuales solo alrededor del 9% se recicla, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). Este panorama refleja la necesidad de fortalecer la cultura ambiental y promover prácticas responsables desde la vida cotidiana.
Más allá de la infraestructura, el reto es cultural. Impulsar hábitos de reciclaje, fomentar la separación adecuada de residuos y acercar información clara a la población son factores clave para reducir el impacto ambiental y aprovechar materiales que aún tienen valor dentro de nuevos ciclos productivos.
En este escenario, las Eco Jornadas LTH se posicionan como una iniciativa que busca transformar la relación de las personas con su entorno, promoviendo la educación ambiental y la participación activa a través de experiencias cercanas, didácticas y accesibles para toda la familia.
A la fecha, el programa ha tenido presencia en parques, escuelas y espacios públicos en distintas regiones del país, incluyendo Chihuahua, Guanajuato, Celaya, Monterrey y Aguascalientes, beneficiando a más de 120 mil personas en lo que va del año en México y otros países de Latinoamérica como Costa Rica, Guatemala, Honduras y República Dominicana. Estas acciones han sido posibles gracias al trabajo conjunto con organizaciones como PRESERVAMB, Fundación La Planta, Fundación Ozama Verde (en Rep. Dominicana) y el Centro Costarricense de Logoterapia.
El programa está diseñado para sensibilizar a niñas, niños, jóvenes y adultos sobre la importancia del cuidado del medio ambiente, mostrando cómo, a través de acciones concretas como el cuidado de las plantas o el reciclaje, es posible contribuir a la mejora del medio ambiente. A través de dinámicas interactivas, contenidos educativos y actividades lúdicas, las Eco Jornadas convierten conceptos ambientales en experiencias tangibles que facilitan la comprensión y fomentan la adopción de nuevos hábitos.
Su participación en eventos de alto alcance como Cumbre Tajín, donde se impactó a más de 5 mil asistentes, así como su primera participación en la Feria Nacional de San Marcos en Aguascalientes, ha permitido amplificar este mensaje y acercar la educación ambiental a miles de personas en algunos de los encuentros culturales más relevantes del país.
Desde esta perspectiva, acciones como el cuidado de las plantas y el reciclaje dejan de ser acciones aisladas para convertirse en un proceso integral que involucra conciencia, corresponsabilidad y participación social. Cada residuo correctamente gestionado representa una oportunidad para incorporar materiales a la cadena productiva, reducir la presión sobre los recursos naturales y avanzar hacia un modelo más sostenible. Cada planta bien cuidada representa una contribución directa al equilibrio ambiental, a la regeneración de los espacios naturales y al fortalecimiento de entornos más saludables para las comunidades
En México, aún existen desafíos importantes en materia de gestión ambiental, frente a este panorama, iniciativas como Eco Jornadas LTH contribuyen a cerrar la brecha entre la conciencia y la acción, generando espacios donde la sostenibilidad se vive de manera práctica. Al acercar la educación ambiental con temas como el reciclaje a las personas y promover una cultura de responsabilidad compartida, el programa impulsa un cambio de mentalidad que resulta clave para enfrentar los desafíos ambientales actuales.
Transformar residuos en valor no es sólo una posibilidad técnica, sino una decisión colectiva. En esa transición, la información, la educación y la participación social son los motores que permiten avanzar hacia un futuro donde el cuidado del entorno forme parte de la vida diaria. El alcance regional de las Eco Jornadas LTH refleja cómo la educación ambiental puede convertirse en un motor de transformación social cuando se impulsa desde la colaboración y la participación comunitaria.
Durante los últimos años, el discurso empresarial sobre sostenibilidad ha ganado fuerza como nunca antes. Cada vez más compañías anuncian metas de reducción de emisiones, compromisos de neutralidad climática y planes de transición alineados con la ciencia. A simple vista, pareciera que el sector privado finalmente está acelerando su respuesta frente al cambio climático. Sin embargo, detrás de esta narrativa optimista existe una contradicción silenciosa que merece más atención.
Mientras miles de organizaciones formalizan objetivos de cero emisiones netas, muchas siguen evitando involucrarse en mecanismos de financiamiento climático como los créditos de carbono. El resultado es una brecha creciente entre lo que las empresas prometen y aquello que realmente financian para acelerar la mitigación del calentamiento global. Hablar de empresas sin créditos de carbono ya no es una discusión marginal, sino una conversación necesaria sobre coherencia y responsabilidad climática.
De hecho, entre finales de 2023 y mediados de 2025, el número de empresas con objetivos científicos a corto plazo y de neutralidad climática aumentó 227%, impulsado por nuevas regulaciones de divulgación en Europa, mayores exigencias de inversionistas en Asia y los acuerdos derivados de la COP28. Más de 10 mil compañías cuentan hoy con metas validadas por Science-Based Targets, representando más del 40% de la capitalización bursátil global. Aunque el avance es evidente, también abre una pregunta incómoda: ¿qué ocurre después de fijar metas?
Empresas sin créditos de carbono: una brecha que pocos quieren discutir
De acuerdo con Trellis, en paralelo al auge de compromisos climáticos, el mercado voluntario de carbono ha mostrado señales opuestas. Durante 2025, las cancelaciones de créditos de carbono disminuyeron 7%, alcanzando 157 millones de toneladas métricas. Es decir, mientras la ambición climática corporativa aumenta, las herramientas diseñadas para financiar acciones concretas fuera de la cadena de valor se están utilizando menos.
Esto refleja una realidad incómoda: muchas compañías continúan viendo los créditos de carbono como un riesgo reputacional y no como un mecanismo de corresponsabilidad ambiental. El temor a críticas públicas, acusaciones de greenwashing o cuestionamientos sobre la calidad de los proyectos ha provocado que numerosas organizaciones adopten una postura de distancia. Así, el fenómeno de las empresas sin créditos de carbono comienza a convertirse en una omisión estructural más que en una simple decisión estratégica.
El problema es que la inacción también comunica. Una empresa que promete metas ambiciosas, pero no participa en mecanismos de financiamiento climático adicionales, deja abierta la interrogante sobre cómo planea contribuir más allá de sus operaciones inmediatas.
La transición climática no ocurre únicamente dentro de las paredes corporativas; requiere inversiones externas que aceleren cambios sistémicos.
El doble rasero del debate climático
Durante los últimos tres años, el escrutinio se ha concentrado principalmente en las empresas que sí compran créditos de carbono. Analistas, medios e inversionistas cuestionan constantemente la calidad de los créditos, las motivaciones detrás de las compras y la transparencia en la comunicación corporativa. Este nivel de vigilancia ha impulsado mejoras necesarias dentro del mercado, pero también ha creado un desequilibrio importante.
Curiosamente, las compañías que no participan en este tipo de mecanismos reciben mucha menos presión pública. Pocas veces se cuestiona si cuentan con una estrategia de mitigación más allá de su cadena de valor o si sus compromisos climáticos realmente están respaldados por financiamiento concreto. Este doble estándar ha terminado por normalizar la existencia de empresas sin créditos de carbono, aun cuando sus objetivos climáticos puedan quedarse cortos frente a la magnitud del desafío.
Los datos contradicen además uno de los argumentos más frecuentes: que comprar créditos es una forma de evitar la descarbonización interna. Investigaciones de Ecosystem Marketplace muestran que las empresas compradoras tienen casi el doble de probabilidades de reducir progresivamente sus propias emisiones y triplican las inversiones destinadas a descarbonizar su cadena de suministro. Por su parte, datos de Trove Research, ahora parte de MSCI, indican que las empresas que usan grandes volúmenes de créditos avanzan aproximadamente al doble de velocidad en sus procesos de reducción de emisiones.
Empresas sin créditos de carbono y el miedo reputacional
Parte del rechazo empresarial proviene de una percepción anclada en debates del pasado. Hace apenas unos años, el mercado de carbono enfrentaba cuestionamientos relevantes sobre integridad, calidad y trazabilidad. Muchos proyectos fueron criticados por no demostrar reducciones reales o permanentes, generando una crisis de confianza.
Sin embargo, el ecosistema ha evolucionado considerablemente. Hoy existen estándares independientes de calidad más rigurosos, metodologías verificadas y organismos especializados que evalúan con mayor precisión la integridad de los créditos. A finales de 2025, el Consejo de Integridad del Mercado Voluntario del Carbono había aprobado decenas de metodologías y rechazado aquellas que no cumplían con criterios estrictos.
Aun así, varias compañías siguen utilizando argumentos de 2023 para justificar su desvinculación total. La consecuencia es preocupante: la cautela termina convirtiéndose en inmovilidad. Y en un contexto donde el tiempo es un recurso escaso para enfrentar la crisis climática, quedarse quietos puede representar un riesgo mayor que actuar.
El problema del silencio corporativo
Existe otra consecuencia menos visible, pero igual de importante: muchas empresas que sí adquieren créditos han decidido hacerlo de forma anónima. Según análisis recientes de Carbon Direct, más del 55% de las bajas en el mercado spot durante los últimos años ocurrieron sin revelar públicamente la identidad del comprador.
La lógica parece comprensible. Ante un entorno de críticas permanentes, el anonimato se percibe como un mecanismo de protección reputacional. Pero este silencio tiene costos colectivos. Si nadie comunica sus esfuerzos, se debilita la percepción de legitimidad del mercado y se limita la posibilidad de generar señales claras de demanda para nuevos proyectos climáticos.
Además, esta opacidad alimenta narrativas escépticas. Cuando las empresas esconden su participación, pareciera que ninguna organización seria está dispuesta a respaldar públicamente los créditos de carbono. Poco a poco, esa percepción puede convertirse en una barrera para acelerar inversiones climáticas de alto impacto.
Del miedo al compromiso estratégico
La conversación no debería reducirse a una decisión binaria sobre comprar o no comprar créditos. El verdadero reto consiste en diseñar una estrategia climática integral, donde la reducción interna de emisiones conviva con mecanismos de financiamiento complementarios.
La evidencia científica apunta hacia modelos diversificados. Las soluciones basadas en la naturaleza, como restauración de ecosistemas o conservación forestal, permiten reducciones a gran escala y generan beneficios adicionales para biodiversidad, agua y comunidades. Por otro lado, tecnologías de eliminación de carbono ofrecen mayor permanencia, aunque siguen siendo costosas y se encuentran en etapas tempranas de desarrollo.
Para las empresas, esto implica pensar los créditos de carbono como una inversión estratégica y no como un gasto reputacional. Un enfoque sólido debe considerar estándares independientes de calidad, equilibrio entre distintos tipos de soluciones y una comunicación transparente sobre avances, límites y aprendizajes.
El costo de quedarse atrás
Las compañías que permanecen inmóviles podrían estar interpretando erróneamente la prudencia como una ventaja competitiva. En realidad, el riesgo es otro: quedar rezagadas frente a organizaciones que ya están construyendo portafolios climáticos más robustos y alineados con la evolución regulatoria.
El mercado del carbono dista de ser perfecto, pero ha avanzado significativamente en transparencia, gobernanza y supervisión. Las herramientas para actuar con mayor integridad existen y continúan fortaleciéndose. En ese contexto, mantener distancia absoluta parece responder más a supuestos desactualizados que a un análisis contemporáneo del riesgo.
La transición climática exige mucho más que metas aspiracionales. Requiere financiamiento, mecanismos verificables y decisiones capaces de generar resultados medibles más allá de las fronteras operativas de una empresa. El crecimiento de las empresas sin créditos de carbono revela una tensión entre ambición y acción que ya no puede ignorarse.
Quizá la pregunta ya no sea si los créditos de carbono son perfectos, porque ningún instrumento de mercado lo es. La verdadera conversación debería centrarse en si las organizaciones están haciendo todo lo posible para contribuir a una economía baja en emisiones. Porque, frente a la urgencia climática, la omisión también tiene consecuencias.
Durante años, la crisis climática fue abordada principalmente desde una perspectiva ambiental, económica o energética. Sin embargo, las olas de calor extremas, la propagación de enfermedades infecciosas y el deterioro de la calidad del aire han comenzado a evidenciar una realidad difícil de ignorar: el cambio climático también es una amenaza directa para la salud humana. Hoy, expertos internacionales piden a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que lo reconozca formalmente como una emergencia sanitaria mundial.
La solicitud no surge de un impulso alarmista, sino de evidencia científica acumulada y de una creciente preocupación por los impactos que ya están ocurriendo. La comisión paneuropea independiente sobre clima y salud, convocada por la OMS, advierte que si no se actúa con rapidez, millones de personas podrían morir innecesariamente debido a fenómenos climáticos extremos, enfermedades emergentes, inseguridad alimentaria y sistemas sanitarios incapaces de adaptarse a un entorno cambiante.
¿Por qué expertos exigen declarar una emergencia sanitaria mundial?
De acuerdo con The Guardian, la petición tiene fundamentos claros. La comisión independiente, integrada por exministros de salud, especialistas climáticos y científicos internacionales, concluyó que el calentamiento global representa una amenaza tan severa que la OMS debería declararlo una “emergencia de salud pública de interés internacional” (PHEIC, por sus siglas en inglés), el nivel más alto de alerta sanitaria global.
Este mecanismo ya ha sido utilizado frente a crisis como la COVID-19, el mpox o epidemias infecciosas con riesgo transfronterizo. Aunque declarar una emergencia sanitaria mundial no resolvería automáticamente el cambio climático, sí podría activar mecanismos de cooperación internacional, financiamiento y respuestas coordinadas que hoy avanzan con lentitud frente a una amenaza de escala planetaria.
Katrín Jakobsdóttir, expresidenta de Islandia y presidenta de la comisión, ha sido enfática: la crisis climática quizá no sea una pandemia, pero continúa siendo una emergencia de salud pública que pone en riesgo la supervivencia humana. Para ella, la diferencia entre actuar ahora o retrasar decisiones podría traducirse en millones de vidas afectadas.
Del dengue a las olas de calor: así impacta el clima en la salud
Las consecuencias sanitarias del cambio climático ya son visibles. El incremento de enfermedades transmitidas por vectores, como dengue y chikungunya, muestra cómo el aumento de temperaturas permite que mosquitos transmisores lleguen a regiones donde antes no sobrevivían.
A ello se suman los impactos de olas de calor prolongadas, inundaciones, incendios forestales y contaminación atmosférica. Sir Andrew Haines, asesor científico principal de la comisión, advierte que mantener los niveles actuales de emisiones aumentará el número de muertes relacionadas con calor extremo, enfermedades infecciosas y complicaciones respiratorias derivadas de la mala calidad del aire.
Además, el informe advierte sobre riesgos menos visibles pero igualmente preocupantes: nacimientos prematuros, desnutrición asociada con la inseguridad alimentaria y afectaciones psicológicas derivadas de eventos climáticos extremos. La crisis climática no solo enferma cuerpos; también deteriora la estabilidad emocional y social.
Subsidios fósiles: una contradicción que agrava la crisis
Uno de los puntos más duros del informe apunta hacia los subsidios a los combustibles fósiles. Según los expertos, Europa destina aproximadamente 444 mil millones de euros anuales a apoyar la producción de petróleo y gas, industrias directamente relacionadas con cientos de miles de muertes prematuras cada año.
En al menos 12 países europeos, estos subsidios superan el 10% del gasto nacional en salud, mientras que en cuatro naciones incluso rebasan el presupuesto sanitario completo. Para Jakobsdóttir, esta situación refleja una contradicción profunda: los gobiernos financian actividades que terminan saturando hospitales y debilitando la salud pública.
La advertencia es contundente. En un contexto de tensiones geopolíticas y aumento de precios energéticos, regresar a estrategias centradas en combustibles fósiles podría tener consecuencias sanitarias devastadoras, especialmente para comunidades vulnerables.
Combatir la desinformación: el reto para impulsar una emergencia sanitaria mundial
La conversación climática también enfrenta una barrera social importante: la desinformación. De acuerdo con la comisión, parte del escepticismo persiste porque muchas personas aún perciben la crisis climática como un problema lejano o futuro, desconectado de su vida cotidiana.
Sin embargo, los especialistas sostienen que el fenómeno ya está ocurriendo en tiempo real. El cambio climático reduce la esperanza de vida, incrementa hospitalizaciones y genera ansiedad, estrés y otros trastornos relacionados con la incertidumbre ambiental. Reconocerlo como una emergencia sanitaria mundial permitiría también fortalecer campañas de comunicación basadas en evidencia científica y prevención.
Jakobsdóttir plantea una idea poderosa: cuando el argumento climático y el argumento de salud se convierten en uno solo, resulta mucho más difícil oponerse a políticas sostenibles.
Aire limpio, transporte activo, viviendas eficientes y alimentación sostenible no solo reducen emisiones; también mejoran la calidad de vida inmediata.
Sistemas de salud vulnerables ante un planeta más extremo
El informe también subraya una realidad poco discutida: los sistemas de salud no están preparados para enfrentar el cambio climático. Muchos hospitales fueron construidos antes de que existieran temperaturas extremas tan frecuentes o lluvias torrenciales capaces de colapsar infraestructura crítica.
Expertos como Andrew Haines consideran indispensable evaluar la ubicación de hospitales, especialmente aquellos situados en zonas inundables o con poca eficiencia energética. Incluso países templados como Reino Unido han comenzado a registrar dificultades para mantener condiciones seguras dentro de centros hospitalarios durante olas de calor.
La adaptación no es opcional. Los sistemas sanitarios deberán evolucionar para responder a nuevas amenazas epidemiológicas, climáticas y sociales si quieren seguir protegiendo a las poblaciones en las próximas décadas.
El propio sector salud también debe transformarse
Paradójicamente, el sector salud también forma parte del problema. El informe señala que representa cerca del 5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, una cifra que obliga a repensar la forma en que operan hospitales, clínicas y cadenas de suministro médico.
La resiliencia sanitaria pasa por edificios energéticamente eficientes, infraestructura sostenible y mejores sistemas de abastecimiento. De lo contrario, la atención médica podría verse comprometida justamente cuando más se necesite.
Hans Kluge, director regional de la OMS para Europa, sostiene que actuar frente al cambio climático ya no es únicamente un asunto ambiental. También es una decisión económica, de seguridad y de salud pública que definirá la calidad de vida de las próximas generaciones.
La presión sobre la OMS para declarar la crisis climática como una emergencia sanitaria mundial refleja un cambio profundo en la manera de entender el calentamiento global. Ya no se trata solo de proteger ecosistemas o reducir emisiones: el foco está puesto en preservar vidas humanas frente a amenazas que ya están ocurriendo.
Mientras aumentan las enfermedades infecciosas, las muertes por calor extremo y la fragilidad de los sistemas sanitarios, el debate deja una pregunta abierta: ¿cuánto tiempo puede seguir tratándose la crisis climática como un problema del mañana, cuando sus consecuencias ya están saturando hospitales y alterando la salud de millones de personas hoy?
La inteligencia artificial ha dejado de ser una conversación exclusiva de laboratorios tecnológicos para convertirse en uno de los debates éticos, económicos y sociales más relevantes de nuestra era. Mientras algunas voces defienden su potencial para resolver desafíos globales, otras alertan sobre los riesgos de que unos cuantos actores concentren demasiado poder tecnológico. En este escenario, la reciente batalla judicial entre Sam Altman y Elon Musk encendió nuevamente las alarmas sobre quién debe controlar el futuro de la IA y con qué propósito.
De acuerdo con Quartz, la disputa no solo enfrentó a dos de los empresarios más influyentes del planeta, sino que también abrió preguntas de fondo sobre gobernanza, transparencia y responsabilidad corporativa. El caso, que culminó con una victoria judicial para OpenAI y Microsoft, colocó bajo el reflector la tensión entre ideales fundacionales y expansión comercial. Para especialistas en sostenibilidad y responsabilidad social, el debate trasciende el tribunal: ¿puede una tecnología creada para beneficiar a la humanidad mantenerse fiel a esa misión cuando entran miles de millones de dólares en juego?
Sam Altman vs Elon Musk: el juicio que puso a prueba la misión de OpenAI
El conflicto legal comenzó cuando Elon Musk acusó a Sam Altman, Greg Brockman y Microsoft de traicionar la esencia con la que OpenAI fue fundada: desarrollar inteligencia artificial para el beneficio de toda la humanidad. Según Musk, la organización se desvió de sus principios originales al adoptar una estructura comercial y consolidar una poderosa alianza con Microsoft, movimiento que, desde su perspectiva, privilegió intereses financieros por encima del bien común.
Durante el juicio, Musk argumentó que sus aportaciones —estimadas en alrededor de 38 millones de dólares— fueron realizadas bajo la expectativa de apoyar un proyecto sin fines lucrativos. Entre sus solicitudes legales figuraban medidas drásticas: desde la devolución de hasta 134 mil millones de dólares hasta la destitución de Altman y Brockman, además de revertir la reestructuración organizacional de 2025.
Sin embargo, el desenlace favoreció completamente a OpenAI. Tras un juicio de tres semanas, la jueza Yvonne Gonzalez Rogers respaldó la conclusión del jurado consultivo: no existía responsabilidad legal de los acusados. El elemento decisivo fue el plazo de prescripción, ya que el jurado consideró que Musk había esperado demasiado tiempo para presentar las acusaciones, imposibilitando sanciones contra los demandados.
¿Promover la IA para la humanidad o competir en el mercado?
Más allá del resultado jurídico, el caso reabrió una conversación incómoda: ¿es posible impulsar inteligencia artificial con impacto social sin adoptar modelos comerciales? La defensa de OpenAI argumentó que competir con gigantes como Google DeepMind volvió inevitable evolucionar hacia una estructura con fines de lucro para garantizar sostenibilidad, infraestructura y talento especializado.
En ese sentido, OpenAI sostuvo que Musk conocía perfectamente las presiones competitivas del sector y que, incluso, había sugerido anteriormente convertir la organización en una empresa comercial, siempre y cuando él pudiera mantener el liderazgo. Bajo esta narrativa, el litigio habría sido una reacción posterior al fracaso de Musk por dirigir la compañía.
Para quienes trabajan temas de responsabilidad social empresarial, este dilema resulta especialmente relevante. La tensión entre propósito e ingresos no es nueva: también se observa en empresas sociales, fundaciones corporativas y modelos ESG que deben equilibrar impacto y rentabilidad. La diferencia es que, en este caso, la tecnología en disputa podría redefinir el futuro económico y social global.
Sam Almant vs Elon Musk: testimonios, poder y credibilidad
Uno de los momentos más tensos del juicio fueron los testimonios directos de ambos protagonistas. Sam Altman aseguró que Musk insistía en mantener control sobre cualquier versión comercial de OpenAI y que, al cuestionarle qué sucedería con esa autoridad tras su muerte, habría respondido que el control pasaría a sus hijos.
Por otro lado, el equipo legal de Musk intentó debilitar la credibilidad de Altman recordando episodios polémicos, incluida su destitución temporal como CEO de OpenAI en 2023. Exdirectivos y miembros del consejo habían cuestionado previamente su honestidad, aunque el ejecutivo fue restituido rápidamente tras el respaldo de colaboradores e inversionistas.
El episodio refleja una realidad común en las grandes organizaciones: las decisiones de gobernanza y liderazgo pueden redefinir la percepción pública de legitimidad. En industrias emergentes, donde aún existen pocos marcos regulatorios sólidos, la confianza institucional puede ser tan importante como la innovación misma.
Microsoft, los miles de millones y el punto de ruptura
Musk aseguró que el verdadero quiebre ocurrió cuando Microsoft se preparaba para invertir 10 mil millones de dólares en OpenAI en 2023. Desde su perspectiva, aquella operación consolidó la transformación de una organización altruista hacia una empresa con ambiciones comerciales.
En el estrado, Musk declaró que le preocupaba una posible apropiación indebida de una organización creada con fines benéficos. Sin embargo, el CEO de Microsoft, Satya Nadella, sostuvo ante el tribunal que Musk nunca expresó objeciones sobre los términos de inversión cuando estos se negociaban.
La discusión ilustra uno de los mayores desafíos contemporáneos en innovación responsable: la entrada de capital masivo puede acelerar soluciones de alto impacto, pero también generar dudas sobre independencia, transparencia y alineación con el propósito original.
La carrera hacia la bolsa y el futuro de la inteligencia artificial
El veredicto llega en un momento particularmente estratégico. Tanto OpenAI como el ecosistema empresarial de Musk se preparan para nuevas etapas de crecimiento financiero. Una ronda de inversión cerrada recientemente otorgó a OpenAI 122 mil millones de dólares en nuevo capital, elevando su valoración a más de 850 mil millones.
Mientras tanto, SpaceX —ya integrada con xAI— avanza hacia una posible salida a bolsa, fortaleciendo la competencia directa entre ambos empresarios en el terreno de la inteligencia artificial. Esto convierte el conflicto legal en algo más que una diferencia ideológica: también representa una disputa por liderazgo tecnológico, inversionistas y legitimidad frente al mercado.
Desde una óptica social, este contexto plantea preguntas urgentes: ¿quién supervisará el desarrollo de tecnologías tan poderosas?, ¿cómo garantizar que los beneficios lleguen a toda la sociedad?, y ¿qué mecanismos evitarán una concentración excesiva de capacidades tecnológicas?
El caso Sam Almant vs Elon Musk deja una lección importante para quienes observan el desarrollo tecnológico desde una perspectiva ética y de responsabilidad social: los grandes ideales pueden enfrentarse a enormes tensiones cuando intervienen capital, liderazgo y competencia global. Aunque OpenAI obtuvo la victoria judicial, el debate sobre su misión original permanece abierto.
A medida que la inteligencia artificial se convierte en infraestructura esencial para sectores económicos, educativos y sociales, la discusión ya no trata únicamente de quién ganó un juicio. El verdadero reto será construir modelos de innovación capaces de equilibrar competitividad con responsabilidad, asegurando que el progreso tecnológico siga orientado hacia el beneficio colectivo y no solo hacia los intereses comerciales.
Cada semana, millones de hogares alrededor del mundo desechan envases plásticos sin imaginar el largo recorrido —o el abrupto final— que tendrán esos residuos. Aunque durante años el reciclaje se ha presentado como una de las respuestas más prometedoras ante la crisis de contaminación, la realidad es más compleja: gran parte de los plásticos nunca vuelven a convertirse en nuevos productos. En muchos casos, terminan incinerados, enterrados en vertederos o degradados en materiales de menor calidad.
Los datos son contundentes. Según la encuesta de ciencia ciudadanaBig Plastic Count, un hogar promedio en Reino Unido desecha alrededor de 60 envases plásticos por semana, lo que equivale a aproximadamente 1,700 millones de piezas descartadas semanalmente en todo el país. Aunque Reino Unido es considerado uno de los países con mejor desempeño en reciclaje, solo el 17% del plástico logra reciclarse localmente, y en México se recicla menos del 10% de los residuos que se generan anualmente. Las cifras son alarmantes si tomamos en cuenta que a nivel global menos del 10% de los residuos plásticos regresan a la cadena productiva como nuevos materiales.
¿Qué es la despolimerización y por qué promete cambiar el reciclaje?
Durante décadas, el reciclaje mecánico ha sido el método dominante para reaprovechar residuos plásticos. Este proceso consiste en lavar, triturar y fundir materiales para transformarlos en nuevos productos. Sin embargo, tiene un límite importante: el plástico pierde calidad con cada ciclo. Las largas cadenas moleculares que conforman los polímeros se acortan progresivamente, debilitando el material y reduciendo sus posibilidades de reutilización.
De acuerdo con un artículo especializado de Chemistry World, aquí surge una alternativa que ha comenzado a captar la atención de investigadores, empresas y gobiernos: entender qué es la despolimerización implica hablar de una tecnología capaz de revertir el proceso de fabricación del plástico. En lugar de reciclar el material tal como está…
Esta técnica rompe las cadenas de polímeros hasta recuperar sus componentes originales, llamados monómeros, los cuales pueden volver a utilizarse para fabricar plásticos prácticamente idénticos a los vírgenes.
La relevancia de este avance va más allá de una mejora técnica. En un contexto donde la economía circular se ha convertido en una prioridad estratégica para empresas y gobiernos, la posibilidad de reciclar plásticos repetidamente sin degradar su calidad representa una oportunidad inédita para disminuir la dependencia de combustibles fósiles y reducir residuos de forma significativa.
Un sistema de reciclaje que está llegando a su límite
El reciclaje convencional ha sido útil, pero enfrenta restricciones físicas imposibles de ignorar. Por ejemplo, las botellas de PET utilizadas en bebidas suelen reciclarse alrededor de cinco veces antes de perder funcionalidad, mientras que algunos envases de polietileno de alta densidad (HDPE), como los de leche, pueden soportar hasta diez ciclos antes de degradarse.
Cuando estos materiales ya no pueden reincorporarse como envases, se convierten en productos de menor valor, como fibras textiles, macetas, alfombras o muebles de plástico. Este fenómeno, conocido como downcycling, extiende temporalmente la vida del material, pero no resuelve el problema de fondo: la mayoría termina, eventualmente, en rellenos sanitarios o incineradoras.
El reto se vuelve aún más evidente si se considera la enorme diversidad de plásticos existentes. Muchos incluyen tintes, adhesivos o mezclas de materiales que dificultan enormemente el reciclaje mecánico. Incluso objetos aparentemente simples, como empaques de alimentos o envases de colores, representan un desafío tecnológico y económico para las plantas de reciclaje actuales.
¿Qué es la despolimerización y cómo funciona en la práctica?
La lógica detrás de este proceso puede parecer compleja, pero responde a un principio relativamente sencillo: desarmar para volver a construir. Los plásticos están compuestos por largas cadenas moleculares llamadas polímeros. La despolimerización rompe esas cadenas mediante procesos químicos o catalíticos para recuperar los monómeros originales.
Una vez obtenidos, estos monómeros pueden purificarse y utilizarse nuevamente para fabricar plástico con propiedades prácticamente idénticas a las de un material recién producido a partir del petróleo. A diferencia del reciclaje mecánico, no existe una degradación progresiva significativa, lo que abre la posibilidad de un reciclaje potencialmente infinito.
Expertos en química de polímeros sostienen que esta característica podría cambiar completamente la forma en que entendemos los residuos. En teoría, un envase plástico podría reutilizarse una y otra vez sin perder resistencia, calidad o estabilidad térmica.
La ecuación dejaría de ser “producir–usar–desechar” para acercarse más a un sistema verdaderamente circular.
El caso del PET: el plástico más prometedor para un reciclaje infinito
Uno de los materiales que más expectativas ha despertado es el tereftalato de polietileno (PET), ampliamente utilizado en botellas, empaques alimentarios y textiles de poliéster. Aunque algunos productos de PET pueden reciclarse mecánicamente, los envases con tintes o mezclas de materiales suelen quedar fuera de este circuito.
En 2024, la empresa química Eastman inauguró en Tennessee, Estados Unidos, una planta enfocada en la despolimerización de PET difícil de reciclar. El sistema utiliza metanol para descomponer el plástico y recuperar monómeros de alta pureza que posteriormente vuelven a polimerizarse para fabricar nuevos productos, incluso empaques de alimentos.
El rendimiento de estos procesos ha sorprendido a especialistas: alrededor del 90% de los residuos plásticos introducidos pueden convertirse nuevamente en materia prima útil. No obstante, el principal obstáculo sigue siendo económico. Recolectar, separar y clasificar residuos continúa siendo costoso, lo que hace que muchos plásticos reciclados aún sean más caros que sus equivalentes vírgenes.
De la ropa deportiva al futuro circular: el reciclaje de textiles
El potencial de la despolimerización no se limita a botellas y empaques. Uno de los sectores más observados es el textil, particularmente las prendas fabricadas con nailon 6 o poliéster, materiales ampliamente utilizados en ropa deportiva, alfombras y accesorios.
La empresa química BASF inauguró en Shanghái una planta dedicada al reciclaje químico de textiles de poliamida 6, también conocida como nailon 6. Allí, residuos textiles se transforman nuevamente en caprolactama, el monómero original del material, para producir nuevas fibras con calidad equivalente a las vírgenes.
El interés empresarial ya es evidente. Grandes marcas han comenzado a explorar estos materiales reciclados en colecciones limitadas, demostrando que la circularidad puede integrarse a industrias de alto consumo. Sin embargo, el reto sigue siendo construir sistemas eficientes de recolección y clasificación para prendas usadas, uno de los grandes pendientes globales.
Los plásticos blandos: el desafío más difícil de resolver
Bolsas de supermercado, empaques de frituras, envolturas de alimentos y películas plásticas representan algunos de los residuos más difíciles de reciclar. Históricamente, estos materiales terminaban directamente incinerados o enterrados debido a su baja rentabilidad.
Investigadores de la Universidad de California, Berkeley, trabajan actualmente en procesos capaces de transformar poliolefinas como polietileno y polipropileno en compuestos reutilizables mediante catalizadores industriales. Aunque estos métodos todavía están en desarrollo, algunos experimentos han alcanzado rendimientos superiores al 90%.
Este tipo de innovación resulta especialmente relevante si se considera que varios países, incluido Reino Unido, están ampliando la recolección de plásticos blandos como parte de nuevas políticas públicas. Sin infraestructura de reciclaje avanzada, el aumento en la recolección podría no traducirse necesariamente en una solución efectiva.
Una pieza clave para evitar el greenwashing en economía circular
Hablar de innovación en reciclaje también implica mirar el panorama con cautela. Aunque la despolimerización promete transformar el manejo de residuos, aún enfrenta barreras económicas, regulatorias y tecnológicas importantes. No existe una única tecnología capaz de resolver el problema de todos los plásticos, especialmente cuando cada producto contiene mezclas específicas de tintes, materiales y aditivos.
Para empresas comprometidas con estrategias ESG y responsabilidad social, esto representa una conversación relevante. Apostar únicamente por mensajes de “plástico reciclable” sin considerar infraestructura real, escalabilidad o diseño de producto podría derivar en acusaciones de greenwashing. Diseñar envases pensando en reciclabilidad, reducir materiales complejos y apoyar innovación tecnológica serán factores decisivos.
La pregunta ya no es únicamente qué es la despolimerización, sino qué papel jugarán las empresas, gobiernos y consumidores para hacer viable esta transición. La economía circular no dependerá de una solución mágica, sino de múltiples herramientas trabajando en conjunto.
Durante años, el reciclaje ha operado bajo limitaciones que parecían inevitables: materiales degradados, cadenas productivas incompletas y enormes volúmenes de residuos imposibles de procesar. La despolimerización ofrece una alternativa distinta al proponer un modelo donde el plástico no necesariamente pierde valor con cada ciclo de uso.
Aun así, pensar en un futuro de “plástico infinito” requiere algo más que innovación científica. Será indispensable construir infraestructura, impulsar políticas públicas, incentivar inversiones y rediseñar productos desde su origen. Solo entonces la promesa de reutilizar plásticos de forma prácticamente ilimitada podrá pasar del laboratorio a convertirse en una realidad tangible para la economía circular global.
Zara acaba de consolidar uno de los hitos más relevantes en la industria global de la moda: superar a Nike como la marca de moda más valiosa del mundo dentro del ranking Kantar BrandZ Top 100 Most Valuable Global Brands 2026. El ascenso no es menor. La firma insignia de Inditex logró incrementar 18% su valor de marca hasta superar los 44 mil millones de dólares, colocándose en la posición 66 del listado global, mientras Nike descendió al lugar 69.
El avance confirma el enorme peso que Zara ha ganado dentro de la economía global del consumo, especialmente gracias a su capacidad para interpretar tendencias, acelerar cadenas de suministro y adaptar la experiencia de compra a los nuevos hábitos digitales. Herramientas de inteligencia artificial, personalización comercial y estrategias omnicanal han fortalecido su posicionamiento frente a consumidores que buscan inmediatez, novedad y conexión emocional con las marcas. Sin embargo, detrás del éxito financiero emerge una pregunta inevitable: ¿el crecimiento económico de Zara también refleja un avance real en materia ambiental y social?
¿Cómo Zara logró superar a Nike en valor de marca?
El ascenso de Zara dentro del ranking Kantar BrandZ responde a una combinación de factores estratégicos que van mucho más allá del diseño de ropa. La marca ha sabido transformar la velocidad en una ventaja competitiva estructural. Mientras muchas compañías textiles aún dependen de cadenas logísticas rígidas y tiempos prolongados de producción, Zara consolidó un modelo ágil capaz de responder casi en tiempo real a las tendencias del mercado.
Además, la firma española ha convertido la experiencia de compra en un ecosistema híbrido donde lo físico y lo digital conviven de manera integrada. El uso de inteligencia artificial, análisis de datos y personalización comercial ha permitido a la marca mantener relevancia entre consumidores cada vez más cambiantes y exigentes. El informe de Kantar destaca precisamente cómo las marcas con mayor capacidad de adaptación tecnológica son las que actualmente logran fortalecer más rápido su valor reputacional y financiero.
Otro elemento relevante ha sido la estrategia de colaboraciones. Zara ha logrado generar expectativa constante mediante alianzas con otras marcas y colecciones limitadas que rápidamente se convierten en fenómenos de consumo. Un ejemplo fue su colaboración con Clarks, que reinventó modelos clásicos bajo una estética más contemporánea y atractiva para nuevas generaciones.
Sin embargo, el crecimiento de Zara también refleja algo más profundo: el consumidor actual no solo compra productos, compra narrativas de marca. Y en ese terreno, la sostenibilidad empieza a desempeñar un papel cada vez más importante como generador de valor económico y diferenciación competitiva.
Responsabilidad social de Zara: ¿el éxito financiero también es sostenible?
Aunque el crecimiento de Zara resulta indiscutible desde el punto de vista financiero, la conversación cambia cuando se analiza el impacto ambiental del modelo fast fashion. Es bien sabido que la industria textil es responsable de una enorme cantidad de emisiones contaminantes, consumo intensivo de agua, generación de residuos y explotación de recursos naturales, y Zara, como una de las mayores exponentes globales de la moda rápida, inevitablemente forma parte de esa discusión.
Por ello, hablar de la responsabilidad social de Zara implica reconocer una dualidad compleja. Por un lado, la empresa ha impulsado avances importantes en eficiencia, innovación y materiales de menor impacto; por otro, continúa operando bajo un modelo basado en ciclos acelerados de consumo y renovación constante de prendas.
La propia compañía ha comenzado a posicionar la sostenibilidad como uno de sus ejes estratégicos. Según la información publicada por la marca, Inditex busca reducir 53% sus emisiones para 2030 respecto a 2018, incluyendo operaciones propias y cadena de valor. Además, plantea que para 2030 el 100% de las fibras textiles utilizadas provengan de materiales de menor impacto ambiental. En 2025, el grupo reportó haber alcanzado ya 88% de este objetivo.
La responsabilidad social de Zara también se refleja en alianzas con organizaciones como WWF, Conservation International y Water.org, enfocadas en proyectos de restauración ambiental y protección de ecosistemas. Según la compañía, estos esfuerzos han contribuido a proteger, restaurar o regenerar más de cinco millones de hectáreas.
Aun así, la pregunta persiste: ¿puede una marca basada en producción masiva y consumo acelerado ser verdaderamente sostenible? La respuesta probablemente no sea absoluta. Más bien, el caso de Zara muestra cómo incluso los modelos históricamente cuestionados están siendo obligados a transformarse por presión regulatoria, reputacional y de mercado.
Innovación sostenible: cuando la sostenibilidad también mejora el negocio
Uno de los ejemplos más interesantes de esta transformación es la colaboración entre Zara, Nilit y BASF bajo el paraguas del Sustainability Innovation Hub de Inditex. La iniciativa busca desarrollar productos fabricados con materiales sostenibles, incluyendo plásticos reciclados y algodón orgánico.
Más allá del componente ambiental, este tipo de alianzas tienen implicaciones estratégicas relevantes. La utilización de materiales reciclados y procesos más eficientes no solo reduce impactos ecológicos; también puede disminuir costos de fabricación, fortalecer cadenas de suministro y mejorar la durabilidad de los productos. En otras palabras, la sostenibilidad también es una herramienta de eficiencia empresarial.
La colaboración también busca reducir el uso de materiales plásticos no reciclables y minimizar químicos utilizados en procesos textiles. Esto aporta valor agregado para consumidores que ya no solo evalúan diseño o precio, sino también origen de materiales, trazabilidad y huella ambiental de las prendas.
Aquí aparece uno de los aspectos más interesantes de la responsabilidad social de Zara: la sostenibilidad no está siendo presentada únicamente como filantropía corporativa, sino como una ventaja competitiva. Las prendas elaboradas con materiales responsables permiten construir diferenciación de marca, fortalecer reputación y conectar con consumidores cada vez más sensibles a criterios ESG.
Además, este tipo de colecciones generan un componente aspiracional distinto. Ya no se trata solo de comprar moda, sino de adquirir productos con narrativa ética, innovación material y menor impacto ambiental. En una industria donde la diferenciación resulta cada vez más compleja, el valor reputacional asociado a la sostenibilidad puede convertirse en uno de los activos más importantes.
El desafío pendiente: desacelerar el modelo de consumo
Pese a los avances, el debate sobre la responsabilidad social de Zara sigue abierto porque la sostenibilidad no depende únicamente de usar materiales reciclados o reducir emisiones. También implica cuestionar la lógica de hiperconsumo sobre la que se construyó gran parte del fast fashion.
Las mejoras operativas y ambientales son importantes, pero muchos especialistas sostienen que el verdadero desafío para la industria textil será desacelerar la producción excesiva y fomentar modelos de consumo más circulares y duraderos. En ese sentido, y pese a su iniciativa, Zara Pre-Owned, que busca impulsar la reventa y reparación de prendas para alargar su vida útil, la marca enfrenta una contradicción similar a la de muchas grandes compañías: mientras impulsa iniciativas sostenibles, su éxito económico sigue dependiendo de vender grandes volúmenes de ropa de manera constante.
Sin embargo, también sería simplista ignorar los avances logrados. La magnitud de Zara dentro de la industria hace que cualquier cambio operativo tenga potencial de generar impactos significativos a gran escala. Si una empresa con millones de consumidores comienza a incorporar fibras de menor impacto, reciclaje y eficiencia energética, el efecto multiplicador puede ser considerable.
Sostenibilidad como estrategia de valor y competitividad
El ascenso de Zara por encima de Nike demuestra que la competitividad global ya no depende únicamente del producto, sino también de la capacidad de adaptación tecnológica, eficiencia operativa y construcción de valor reputacional. La sostenibilidad forma parte creciente de esa ecuación.
El caso de Zara también evidencia algo relevante para el mundo empresarial: las estrategias ambientales no solo responden a exigencias éticas o regulatorias, sino que pueden convertirse en motores de innovación, eficiencia y diferenciación comercial. Materiales sostenibles, cadenas más eficientes y productos con narrativa responsable no solo reducen impactos; también fortalecen marcas, generan valor agregado y conectan con consumidores más conscientes. El reto hacia adelante será demostrar que este progreso puede ir más allá de la reputación y traducirse en una transformación verdaderamente profunda del modelo de consumo en la industria de la moda.
Durante años, buena parte de la conversación sobre inclusión financiera se concentró en el acceso: cuántas personas podían abrir una cuenta, obtener una tarjeta o entrar al sistema formal. Pero esa lectura ya no alcanza. En la práctica, la inclusión no depende solo de estar dentro, sino de poder permanecer dentro sin que el producto resulte confuso, costoso o difícil de administrar. Por eso, hoy empieza a cobrar más relevancia una discusión menos visible, pero igual de importante: qué tipo de herramientas financieras ayudan realmente a que más personas puedan usar crédito con claridad y continuidad. En ese contexto, las opciones sin anualidad han ganado peso porque reducen una barrera fija de entrada y responden a una lógica de uso más cotidiana. La guía 2026 del blog de Novacard sobre tarjetas sin anualidad refleja esa demanda creciente en México.
Ese cambio importa especialmente en un país donde una parte importante de la relación con el crédito todavía está mediada por desconfianza, trámites complejos o productos difíciles de interpretar. Cuando una tarjeta exige demasiada atención para entender fechas, costos o condiciones, el problema deja de ser solo financiero y se vuelve también de usabilidad. Y un producto poco usable tiende a excluir, incluso cuando técnicamente está disponible.
La exclusión no siempre ocurre por falta de acceso
En términos sociales, suele asumirse que alguien queda fuera del sistema financiero cuando no logra obtener un producto. Pero también existe otra forma de exclusión: la de quienes sí acceden, pero terminan usando mal la herramienta por exceso de fricción, poca claridad o costos que no lograron anticipar.
Ahí es donde la discusión se vuelve más interesante. Una tarjeta puede ampliar la inclusión no solo por aprobar a más usuarios, sino por estar diseñada de manera que el cliente entienda mejor cómo usarla. Eso incluye desde el proceso de solicitud hasta la manera en que se explican los beneficios, el ciclo de pago y el costo de extender el saldo. En un entorno donde la confianza en los productos financieros todavía se construye con dificultad, la legibilidad del producto también funciona como una forma de inclusión.
Menos costo fijo, más posibilidad de permanencia
Uno de los elementos que más ha cambiado la conversación es la anualidad. Durante años fue vista como un costo casi inevitable por tener acceso a una tarjeta. Sin embargo, para muchos usuarios de gasto cotidiano, pagar una cuota fija anual no siempre resulta razonable. La ausencia de anualidad, por lo tanto, no solo opera como un beneficio comercial; también puede ser leída como una manera de reducir una barrera económica de permanencia.
Eso explica por qué las tarjetas sin anualidad dejaron de verse solo como una promoción y comenzaron a consolidarse como una categoría propia. Cuando el producto elimina ese costo fijo, el usuario puede evaluar con mayor claridad si el valor está en el uso real y no en una obligación de pago previa. Desde una perspectiva más amplia, esa lógica ayuda a acercar el crédito formal a perfiles que buscan herramientas más racionales, transparentes y compatibles con su vida diaria.
El diseño del producto también es una decisión social
La inclusión financiera suele discutirse en términos de infraestructura, regulación o cobertura. Pero también tiene una dimensión de diseño. Un producto financiero más claro, digital y fácil de seguir puede hacer una diferencia concreta para personas que antes evitaban el crédito por sentirlo demasiado enredado o poco predecible.
En la página de producto de Novacard, por ejemplo, la marca se presenta como una tarjeta mexicana, perteneciente a la red de pagos de Mastercard, sin anualidad, con línea de hasta $200,000 MXN, solicitud digital en menos de cinco minutos y tarjeta digital inmediata. También comunica 5% de cashback en supermercados, 0.5% en compras generales* y un esquema de 14 días para comprar y 14 para pagar sin comisiones si se liquida a tiempo, con una comisión fija diaria de $29 MXN + IVA cuando el saldo se extiende fuera del periodo gratuito. Más allá de la evaluación comercial que cada usuario haga, el producto sirve para ilustrar una tendencia más amplia: la búsqueda de herramientas que combinen acceso con reglas comprensibles.
La sostenibilidad financiera también pasa por la comprensión
En un medio como Expoknews, hablar de sostenibilidad suele implicar mirar cómo las organizaciones construyen relaciones más responsables con sus audiencias. En finanzas, esa responsabilidad no se agota en cumplir con regulación o ampliar cobertura. También pasa por ofrecer productos que el usuario pueda leer con menos fricción, anticipar con mayor claridad y sostener sin sentirse atrapado por complejidades innecesarias.
Por eso, una inclusión financiera más robusta probablemente no se construya solo sumando usuarios al sistema, sino mejorando la calidad de su experiencia dentro de él. Si el crédito va a seguir siendo una herramienta clave de movilidad y organización económica, la pregunta ya no es solo quién puede acceder, sino bajo qué condiciones de claridad, previsibilidad y compatibilidad con la vida cotidiana. ____________________ Consulta los Términos y Condiciones de la promoción en el sitio oficial de NOVACARD
La Copa del Mundo representa una gran oportunidad económica para las empresas de Norteamérica. Hoteles, restaurantes, comercios y servicios turísticos suelen recibir un aumento significativo de clientes locales e internacionales.
Sin embargo, este crecimiento en México, Canadá y Estados Unidos también viene acompañado de un mayor riesgo defraudes online y ataques cibernéticos dirigidos a empresas y consumidores. Te contamos cómo prepararte con anticipación para que tu negocio pueda aprovechar esta oportunidad sin riesgos.
¿Por qué la Copa del Mundo aumenta los riesgos de ciberseguridad?
Los eventos deportivos de alta magnitud generan un enorme volumen de actividad. En medio de la urgencia por conseguir reservas, entradas o promociones, muchos usuarios hacen pagos sin prestar atención a posibles señales de fraude. Este es el escenario que los ciberdelincuentes aprovechan para estafar y lanzar ataques dirigidos tanto a consumidores como empresas.
Entre los riesgos más comunes se encuentran:
Correos electrónicos falsos que imitan a proveedores, plataformas de reservas o entidades oficiales.
Páginas web fraudulentas diseñadas para robar datos bancarios.
Intentos de suplantación en comunicaciones por emails empresariales.
Uso de redes WiFi públicas sin protección adecuada.
En México, donde el turismo aumenta significativamente durante estos eventos, el impacto puede ser especialmente alto para negocios locales que dependen de transacciones digitales constantes.
¿Cómo proteger a empresas y clientes durante la Copa del Mundo?
Un esquema de ciberseguridad completo descansa en la combinación de buenas prácticas, sistemas seguros y personal capacitado. Estas son algunas de las estrategias que pueden ayudar a proteger a empresas y, en consecuencia, a sus clientes.
Capacitación del equipo como primera línea de defensa
El factor humano sigue siendo uno de los puntos más vulnerables en ciberseguridad. Por eso, es clave capacitar al personal antes y durante el evento.
Algunas prácticas recomendadas incluyen:
Identificar emails sospechosos antes de abrir enlaces o archivos.
Verificar solicitudes de pago a través de canales alternativos.
Evitar compartir credenciales de acceso a sistemas internos.
Reportar cualquier actividad inusual de forma inmediata.
El uso de una VPN como medida esencial
Aunque lo ideal es evitar operaciones sensibles en redes inseguras, durante la Copa del Mundo muchas personas deben conectarse desde hoteles, aeropuertos o redes WiFi públicas mientras trabajan. En estos casos, una VPN (red privada virtual) ayuda a cifrar el tráfico de internet y proteger información sensible frente a posibles interceptaciones.
Implementar una VPN en dispositivos empresariales y personales ayuda a:
Proteger datos corporativos en conexiones remotas.
Evitar ataques de intermediarios en redes públicas.
Asegurar la comunicación entre equipos distribuidos.
Mantener la privacidad de transacciones y accesos online.
Durante eventos de alta movilidad como la Copa del Mundo, donde empleados y clientes se conectan desde distintos lugares, esta capa de protección resulta especialmente importante.
Protección de sistemas y acceso seguro
Una contraseña sola ya no es suficiente para proteger sistemas empresariales. Por eso, muchas empresas implementan la autenticación multifactor (MFA), que exige más de una verificación para iniciar sesión y dificulta el acceso de hackers incluso si las credenciales fueron robadas. Estos factores suelen dividirse en tres tipos:
Algo que sabes: contraseñas, PIN o preguntas de seguridad.
Algo que tienes: un dispositivo físico o digital, como una app autenticadora o una llave USB de seguridad.
Algo que eres: datos biométricos, como huella dactilar o reconocimiento facial.
Otro aspecto fundamental es mantener actualizados los sistemas operativos, plataformas de pago y herramientas de gestión, ya que muchas actualizaciones corrigen vulnerabilidades conocidas. También se recomienda separar las redes internas de las redes WiFi para invitados, especialmente en hoteles, restaurantes y espacios turísticos.
Proteger la experiencia del cliente
Una brecha de ciberseguridad puede afectar la experiencia del usuario. Un solo incidente puede dañar la confianza y afectar la reputación del negocio.
Por eso, es recomendable:
Usar pasarelas de pago seguras y reconocidas.
Comunicar de forma clara los canales oficiales de reserva.
Advertir sobre posibles fraudes relacionados con el evento.
Evitar redirigir a los usuarios a páginas web no verificadas.
La transparencia en estos procesos reduce el riesgo de fraude y mejora la percepción de seguridad.
En el contexto de la preparación de México para recibir a millones de visitantes internacionales durante la Copa Mundial 2026, DiDi y el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (CENEVAL) anuncian una alianza estratégica para ofrecer capacitaciones y certificaciones accesibles en inglés especializado orientadas al sector turístico.
Este convenio busca impulsar la capitalización de oportunidades laborales a través de la microcredencial “Habla Mundial, inglés para el turismo”, así como en las diferentes certificaciones del programa “CENEVAL Certifica”: Pensamiento Crítico, Calidad en el Servicio al Cliente e Inglés para Negocios, entre otras. Estas certificaciones estarán disponibles para toda la red de más de 500 mil personas que se conectan a la Súper App de DiDi, así como por medio de la suscripción DiDi Club.
Como parte del acuerdo, la comunidad de DiDi podrá tener acceso a un precio preferencial durante 2026, con un descuento del 15% sobre el precio vigente de las microcredenciales del CENEVAL en: https://microcredenciales.ceneval.edu.mx/didi/
“Habla mundial parte de una idea muy concreta: reconocer habilidades que ya existen y que hoy son indispensables en sectores como la movilidad, el turismo y los servicios. Porque detrás de cada trayecto y cada atención hay personas que saben resolver, orientar, comunicarse y generar confianza. Lo importante es que esas capacidades puedan hacerse visibles, acreditarse y convertirse en nuevas oportunidades de desarrollo”, señaló la Dra. Carmen Enedina Rodríguez Armenta, Directora General del CENEVAL.
Habla mundial integra una capacitación intensiva de inglés para atención turística, impartida por Platzi, plataforma latinoamericana líder en educación profesional en línea, y una certificación avalada por el CENEVAL para validar capacidades aplicadas al servicio y atención de visitantes internacionales.
“La tecnología es un habilitador de oportunidades que nos permite no solo hacer la vida de las personas mejor todos los días, también generar empleos y potenciarlos por medio de la flexibilidad y un ecosistema integral”, comentó Vicente Roqueñi, Director Senior de Relaciones con Gobierno y Política Pública para América Latina en DiDi. “Esta alianza suma un factor clave en el crecimiento de nuestros conductores y repartidores: la adquisición de habilidades para mejorar aún más y romper cualquier barrera frente a ellos. Confiamos que este esfuerzo ofrecerá las herramientas necesarias para que puedan alcanzar su máximo potencial”.
Durante la firma del convenio estuvieron presentes y acompañando en presídium, el Mtro. José Omar Sánchez Molina, Director General de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública (SEP); Mtro. Emmanuel Romain Ernest Rey, Director Ejecutivo de Promoción y Asuntos Internacionales de la Secretaría de Turismo (SECTUR); Lic. Eduardo Ayala Rodríguez, Titular de los Sectores de Bebidas, Deporte, Turismo Verde, Ciclismo y Montañismo en la Secretaría de Economía (SE); la Mtra. Isabel Prieto Prieto, Country Manager de Platzi México; el Lic. Enrique Diego Escandón Valencia, Tesorero Nacional de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC).
Estas certificaciones son parte del Plan México, presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, para atender la demanda de sectores estratégicos, como la movilidad y el turismo. Además, responde a la demanda prevista por la Secretaría de Turismo, quien estima la llegada de más de 5.5 millones de visitantes internacionales durante esta temporada de futbol.
Por medio de esta alianza, DiDi y el CENEVAL buscan apoyar a la adquisición de habilidades clave y certificación, con el objetivo de fortalecer la empleabilidad, la atención turística y la preparación de perfiles vinculados a la economía de servicios en México.
Más información sobre “Habla Mundial” y CENEVAL Certifica: