México y el desafío pendiente: 50% de los adolescentes de 15 a 17 años trabajan

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En México, la infancia y la adolescencia siguen enfrentando desafíos que ponen a prueba los avances logrados en materia de derechos humanos y desarrollo social. Aunque durante las últimas décadas se han implementado políticas públicas para proteger a niñas, niños y adolescentes, millones de menores continúan participando en actividades económicas que pueden afectar su bienestar y limitar sus oportunidades futuras. La realidad es compleja y está estrechamente vinculada con factores económicos, educativos y sociales.

Las cifras más recientes muestran que el fenómeno sigue presente en una escala significativa. Más allá de los números, cada dato representa historias de adolescentes que combinan jornadas laborales con estudios, niñas y niños que asumen responsabilidades prematuras y familias que enfrentan dificultades para cubrir sus necesidades básicas. Este contexto mantiene vigente el debate sobre cómo garantizar una infancia plena y libre de riesgos.

Trabajo infantil en México: una realidad que crece con la edad

Los datos de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) del Inegi revelan que la participación laboral aumenta conforme las personas menores de edad se acercan a la mayoría de edad. Actualmente, 49% de los adolescentes entre 15 y 17 años cuenta con un empleo remunerado, una proporción que refleja la creciente incorporación de este grupo a actividades económicas.

Sin embargo, la problemática no se limita a quienes están próximos a la edad legal para trabajar. Entre los menores de 10 a 14 años, alrededor del 40% realiza actividades económicas, mientras que en el grupo de 5 a 9 años la proporción alcanza el 11%. Estas cifras evidencian que el fenómeno continúa afectando a sectores de población particularmente vulnerables.

La participación laboral temprana suele estar relacionada con necesidades económicas familiares, dinámicas comunitarias o la falta de alternativas de protección social. Aunque no todas las actividades realizadas por menores son necesariamente ilegales, muchas pueden interferir con su desarrollo integral y con el ejercicio pleno de sus derechos.

trabajo infantil en México

Los hogares donde el trabajo infantil se vuelve una necesidad

En México existen cerca de 17 millones de hogares con al menos una persona de entre 5 y 17 años. Dentro de ese universo, aproximadamente el 18% registra la presencia de al menos una niña, niño o adolescente en condición de trabajo infantil, una cifra que refleja la dimensión social del desafío.

La mayoría de los menores que trabajan vive en hogares nucleares conformados por una pareja con hijas o hijos, representando el 54% de los casos. Por otro lado, 33% reside en hogares ampliados o compuestos, mientras que 13.4% habita en hogares monoparentales.

Estos datos muestran que la problemática no está concentrada en un único tipo de estructura familiar. Más bien, responde a múltiples factores que atraviesan distintos contextos socioeconómicos y que obligan a muchas familias a recurrir a la participación económica de sus integrantes más jóvenes.

Trabajo infantil en México y su impacto en la educación

Uno de los efectos más preocupantes del fenómeno es su relación con la exclusión educativa. Actualmente, tres de cada diez niñas, niños y adolescentes que trabajan no asisten a la escuela, una situación que reduce significativamente sus oportunidades de desarrollo futuro.

La falta de acceso continuo a la educación genera consecuencias que pueden extenderse durante toda la vida. Menores niveles de escolaridad suelen traducirse en menores ingresos, empleos más precarios y una mayor probabilidad de reproducir ciclos de pobreza en las siguientes generaciones.

La situación se agrava entre quienes realizan actividades no permitidas por la legislación laboral. En estos casos, las exigencias físicas o los horarios de trabajo suelen dificultar aún más la permanencia en el sistema educativo, comprometiendo su formación académica y personal.

Cuando trabajar implica riesgos para la salud y el desarrollo

El informe también señala que poco más de la mitad de quienes se encuentran en esta situación realizan actividades prohibidas o peligrosas. Del total, 43% trabaja por debajo de la edad mínima legal establecida y 57% desarrolla labores consideradas riesgosas para su salud, seguridad o desarrollo.

Las actividades peligrosas pueden exponer a niñas, niños y adolescentes a accidentes, enfermedades, afectaciones psicológicas y condiciones que comprometen su bienestar físico. Además, muchas veces implican jornadas extensas o ambientes poco adecuados para personas en proceso de crecimiento.

Estas circunstancias hacen evidente que el debate no se centra únicamente en la participación laboral de los menores, sino en las condiciones bajo las cuales dicha participación ocurre y en las consecuencias que puede generar a largo plazo.

Un problema global que avanza demasiado lento

La situación mexicana forma parte de un desafío mundial. De acuerdo con estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo y UNICEF, al cierre de 2024 existían 138 millones de niñas, niños y adolescentes en situación de trabajo infantil en todo el mundo.

Aunque la cifra representa una disminución significativa respecto a los 246 millones registrados en el año 2000, los organismos internacionales advierten que el progreso sigue siendo insuficiente. Actualmente, 54 millones de menores realizan trabajos peligrosos que ponen en riesgo su salud y desarrollo.

Para lograr la erradicación del fenómeno en los próximos años sería necesario acelerar más de once veces el ritmo de avance observado hasta ahora. Esta realidad demuestra que aún existe una brecha considerable entre los compromisos internacionales y los resultados obtenidos.

El papel de las políticas públicas y la responsabilidad compartida

Frente a este escenario, UNICEF y la OIT han reiterado la necesidad de fortalecer los sistemas de protección social como una herramienta clave para reducir la vulnerabilidad económica de las familias. Garantizar ingresos dignos y mecanismos de apoyo puede disminuir la presión que lleva a muchos hogares a depender del trabajo de sus hijos.

La ampliación del acceso a educación de calidad también constituye un factor fundamental. Las escuelas no solo representan espacios de aprendizaje, sino también entornos de protección que contribuyen al desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes.

Asimismo, la generación de empleos dignos para las personas adultas resulta esencial para romper los ciclos que perpetúan esta problemática. Cuando las familias cuentan con ingresos suficientes y estabilidad laboral, disminuye la necesidad de incorporar a los menores al mercado de trabajo.

Las cifras actuales muestran que el trabajo infantil en México continúa siendo una realidad que afecta a millones de niñas, niños y adolescentes. Aunque la participación laboral aumenta naturalmente conforme se acerca la edad legal para trabajar, los datos también evidencian la persistencia de actividades económicas realizadas por menores en condiciones que pueden afectar su educación, salud y bienestar.

Superar este desafío requiere una visión integral que combine políticas públicas efectivas, oportunidades educativas, protección social y desarrollo económico inclusivo. Garantizar que cada niña, niño y adolescente pueda crecer, aprender y desarrollarse plenamente no solo es una obligación legal y ética, sino también una condición indispensable para construir una sociedad más justa, competitiva y sostenible.

Costos ambientales de la IA crecen más rápido que su regulación: ONU

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La inteligencia artificial suele presentarse como una de las tecnologías más prometedoras para impulsar la productividad, acelerar la innovación y resolver problemas complejos. Sin embargo, detrás de cada consulta, imagen generada o modelo entrenado existe una infraestructura física que consume enormes cantidades de recursos naturales. Lo que ocurre en los servidores y centros de datos comienza a tener implicaciones que trascienden el ámbito digital.

Un reciente informe elaborado por investigadores de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) advierte que la conversación sobre sostenibilidad y tecnología ha estado incompleta. Mientras gran parte de la atención se ha concentrado en las emisiones de carbono, los expertos sostienen que los impactos de la inteligencia artificial alcanzan también al agua, la tierra, los minerales críticos y la generación de residuos. En otras palabras, los costos ambientales de la IA podrían estar creciendo más rápido que los mecanismos destinados a gestionarlos.

Los costos ambientales de la IA van más allá de las emisiones de carbono

Durante años, la huella climática de la inteligencia artificial se ha evaluado principalmente a través de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al entrenamiento de modelos avanzados. Sin embargo, la ONU señala que este enfoque resulta insuficiente para comprender la magnitud real del fenómeno.

El informe explica que una reducción en emisiones no necesariamente implica una disminución de otros impactos ambientales. Por ejemplo, ciertas fuentes de energía renovable pueden ayudar a descarbonizar operaciones, pero al mismo tiempo incrementar la demanda de agua o de suelo. Esta realidad obliga a adoptar una visión más integral sobre la sostenibilidad tecnológica.

Para gobiernos, empresas e inversionistas, el desafío consiste en comprender que la inteligencia artificial ya no es únicamente una herramienta digital. Su expansión la está convirtiendo en una industria de infraestructura que depende de recursos físicos cada vez más escasos y estratégicos.

Costos ambientales de la IA

El uso cotidiano de la IA está disparando el consumo energético

Aunque el entrenamiento de modelos suele acaparar la atención mediática, la investigación revela que el verdadero motor de la demanda energética es el uso diario de la inteligencia artificial. Entre el 80% y el 90% de la electricidad asociada a esta tecnología proviene de millones de interacciones realizadas cada día por usuarios en todo el mundo.

La magnitud es considerable. Algunos servicios de IA procesan alrededor de 2,500 millones de solicitudes diariamente, lo que representa un consumo anual de cientos de gigavatios-hora. Además, no todas las tareas tienen el mismo impacto: generar imágenes puede requerir más de mil veces la energía necesaria para clasificar texto, mientras que la creación de video demanda aún más recursos.

Los especialistas también advierten sobre el denominado “efecto rebote”. A medida que los sistemas se vuelven más eficientes y económicos, aumenta su adopción. Como resultado, el consumo total de recursos puede seguir creciendo, incluso cuando cada operación individual utiliza menos energía que antes.

Los costos ambientales de la IA también presionan el agua y el territorio

Los centros de datos constituyen el corazón operativo de la inteligencia artificial. Sin embargo, su sostenibilidad no depende únicamente del suministro eléctrico. La refrigeración de servidores y la producción de energía generan una importante huella hídrica que comienza a preocupar a investigadores y responsables de políticas públicas.

Según las proyecciones de la UNU, para 2030 los centros de datos podrían consumir hasta 945 teravatios-hora de electricidad al año, una cifra cercana al triple del consumo combinado de países como Pakistán, Bangladesh y Nigeria. Paralelamente, el uso de agua relacionado con la IA podría equipararse a las necesidades domésticas básicas anuales de 1,300 millones de personas.

La expansión territorial tampoco es menor. Los investigadores estiman que la superficie asociada a la infraestructura de IA podría superar los 14,500 kilómetros cuadrados hacia finales de la década. En regiones con estrés hídrico o limitaciones energéticas, esta competencia por recursos podría intensificar tensiones entre comunidades, industrias y gobiernos.

Beneficios globales, impactos locales

Uno de los hallazgos más relevantes del informe es que los beneficios de la inteligencia artificial y sus impactos ambientales no se distribuyen de manera uniforme. Mientras las plataformas digitales operan a escala global, las consecuencias sobre los recursos naturales suelen concentrarse en territorios específicos.

En algunos países, los centros de datos ya representan una porción significativa de la demanda nacional de electricidad. En otros, las nuevas instalaciones han incrementado la presión sobre fuentes de agua que ya enfrentan periodos recurrentes de sequía. Esta realidad genera desafíos para la gobernanza y la aceptación social de nuevos proyectos tecnológicos.

La problemática se extiende también a los residuos electrónicos. La ONU estima que la infraestructura vinculada con la IA podría generar hasta 2.5 millones de toneladas de desechos electrónicos al año para 2030. Una parte importante de estos residuos podría terminar en países con capacidades limitadas para su gestión adecuada, ampliando las brechas ambientales existentes.

La brecha digital también puede convertirse en una brecha ambiental

La concentración global de capacidades tecnológicas es otro aspecto que preocupa a los investigadores. Más del 90% de la capacidad de cómputo especializada en inteligencia artificial se encuentra en Estados Unidos y China, mientras que más de 150 países carecen de infraestructura significativa en este ámbito.

Esta desigualdad no solo limita el acceso a oportunidades económicas y de innovación. También implica que algunas regiones absorban impactos asociados a la extracción de minerales, el consumo energético o la generación de residuos sin beneficiarse plenamente del valor económico creado por la tecnología.

Para los inversionistas y líderes empresariales, esta situación amplía el alcance de la debida diligencia. Los riesgos asociados a la inteligencia artificial ya incluyen aspectos relacionados con derechos humanos, cadenas de suministro, inclusión digital, cambio climático y disponibilidad de recursos naturales.

Gobernar la IA dentro de los límites del planeta

Lejos de cuestionar el desarrollo tecnológico, la Universidad de las Naciones Unidas propone fortalecer la gobernanza para garantizar que el crecimiento de la inteligencia artificial ocurra dentro de los límites ambientales del planeta. La transparencia, la eficiencia desde el diseño y la responsabilidad durante todo el ciclo de vida son algunos de los principios recomendados.

Los investigadores plantean que gobiernos y empresas integren la infraestructura de IA en la planificación energética, hídrica y territorial. Asimismo, sugieren incorporar criterios de sostenibilidad desde las etapas iniciales de diseño, evitando trasladar impactos ambientales a otras regiones o sectores económicos.

El mensaje es particularmente relevante para los consejos de administración y responsables de sostenibilidad. La gobernanza tecnológica ya no puede permanecer aislada en los departamentos de innovación. Debe formar parte de las decisiones estratégicas relacionadas con gestión de riesgos, inversión, abastecimiento y desarrollo de infraestructura.

La carrera global por expandir la inteligencia artificial apenas comienza, pero sus implicaciones ambientales ya son evidentes. Comprender los costos ambientales de la IA en toda su dimensión permitirá construir soluciones más equilibradas y resilientes. De lo contrario, el avance tecnológico podría profundizar presiones sobre recursos que ya enfrentan desafíos crecientes en un contexto de cambio climático y demanda acelerada.

Día Mundial de los Océanos: cuando la moda se convierte en una herramienta para regenerar el planeta

Cada año, en junio, nos recuerda una verdad fundamental: los océanos son el corazón de nuestro planeta. Generan gran parte del oxígeno que respiramos, regulan el clima y albergan una biodiversidad extraordinaria. Sin embargo, también enfrentan una de las mayores amenazas de nuestro tiempo: la contaminación por residuos plásticos.

Desde su fundación, ECOALF ha trabajado bajo una premisa clara: no seguir utilizando indiscriminadamente los recursos naturales del planeta. Por ello, la marca ha dedicado años a desarrollar materiales innovadores a partir de residuos recuperados, demostrando que es posible crear productos de alta calidad sin comprometer el futuro de las próximas generaciones.

Uno de sus proyectos más emblemáticos es Upcycling the Oceans, una iniciativa que nació con el objetivo de retirar residuos del fondo marino y transformarlos en nuevos materiales mediante procesos de reciclaje e innovación textil. Gracias al trabajo conjunto con comunidades pesqueras, miles de toneladas de desechos han sido recuperadas de mares y océanos para darles una segunda vida.

Día Mundial de los Océanos

Este compromiso se refleja en cada una de las colecciones de ECOALF, donde materiales reciclados provenientes de botellas de plástico, redes de pesca y otros residuos se convierten en prendas, accesorios y calzado diseñados para durar.

Más que una marca de moda, ECOALF busca impulsar una nueva manera de consumir: una en la que el diseño, la innovación y la responsabilidad ambiental puedan coexistir.

En este Día Mundial de los Océanos, ECOALF reafirma su compromiso con la protección de los ecosistemas marinos y hace una invitación a reflexionar sobre el impacto de nuestras decisiones cotidianas. Porque cada acción cuenta y cada elección puede contribuir a construir un futuro más sostenible.

Because There Is No Planet B®

Las bebidas energéticas no sustituyen los buenos hábitos

Por el Lic. Adrián Jacob Martínez Rubio, académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG)

Las bebidas energéticas se han convertido en una alternativa frecuente entre estudiantes que buscan mantenerse despiertos durante extensas jornadas académicas o incrementar su nivel de concentración.

No obstante, detrás de esta aparente solución existe una mezcla de sustancias estimulantes que puede generar efectos adversos para la salud y, contrario a lo que muchos creen, no garantiza un mejor desempeño académico o físico. 

La publicidad impulsa su popularidad

El éxito de las bebidas energéticas entre los jóvenes responde, en gran medida, a estrategias de mercadotecnia dirigidas a este sector de la población.

Sus envases llamativos, campañas publicitarias y mensajes relacionados con la productividad, el éxito y el alto rendimiento conectan fácilmente con estudiantes universitarios.

A esto se suma la influencia de artistas, deportistas e influencers que promueven su consumo, lo que contribuye a normalizar su presencia en la vida cotidiana.

Como resultado, muchas personas perciben estas bebidas como una herramienta necesaria para afrontar las exigencias académicas y sociales.

¿Qué contienen las bebidas energéticas?

Estos productos suelen incluir cafeína, glucosa, vitaminas del complejo B, taurina, guaraná y otros compuestos con efecto estimulante sobre el sistema nervioso.

Su función principal consiste en incrementar temporalmente el estado de alerta y disminuir la sensación de cansancio. Sin embargo, los especialistas señalan que no eliminan la fatiga ni proporcionan energía sostenida.

La cafeína actúa sobre receptores cerebrales relacionados con la adenosina, un neurotransmisor que participa en la regulación del sueño.

Esto retrasa la percepción del cansancio, aunque el agotamiento continúa acumulándose en el organismo.

Una sensación pasajera de energía

Muchas personas experimentan una mejora momentánea en la concentración y el estado de alerta después de consumir estas bebidas. Sin embargo, sus efectos tienen una duración limitada.

La cafeína puede permanecer en el organismo entre tres y siete horas, dependiendo de factores individuales, periodo durante el cual incrementa la frecuencia cardiaca y estimula diversos procesos metabólicos.

bebidas energéticas

Por su parte, la glucosa aporta energía rápida, pero las altas concentraciones de azúcar y la combinación con otros estimulantes pueden provocar cambios bruscos en los niveles de energía. Tras desaparecer sus efectos, suele presentarse un mayor agotamiento físico y mental.

Este fenómeno se conoce como fatiga de rebote, ya que el cuerpo continúa acumulando cansancio mientras la sensación de fatiga permanece parcialmente bloqueada.

Señales de consumo excesivo de bebidas energéticas

Entre los síntomas más frecuentes asociados a un exceso de cafeína se encuentran:

  • Incremento de la frecuencia cardiaca.
  • Episodios de taquicardia.
  • Insomnio.
  • Nerviosismo.
  • Temblores.
  • Aumento en la producción de orina.

Las personas que consumen cafeína de forma habitual pueden desarrollar tolerancia, por lo que algunos de estos efectos pueden resultar menos evidentes con el paso del tiempo.

¿Cuál es el riesgo de mezclar bebidas energéticas con alcohol?

Uno de los principales peligros aparece cuando las bebidas energéticas se mezclan con alcohol.

Mientras los estimulantes incrementan el estado de alerta, el alcohol actúa como depresor del sistema nervioso central.

Esta combinación puede dificultar la percepción real del nivel de intoxicación, lo que favorece un mayor consumo de alcohol y aumenta el riesgo de intoxicaciones severas.

En situaciones extremas, las consecuencias pueden derivar en complicaciones graves e incluso poner en riesgo la vida. 

No mejoran el rendimiento académico ni deportivo

A pesar de su popularidad, las bebidas energéticas no constituyen una estrategia efectiva para mejorar el desempeño intelectual o físico.

Aunque generan una sensación temporal de activación, no compensan el desgaste acumulado ni optimizan la capacidad de estudio, aprendizaje o entrenamiento.

Además, no cumplen con las características de una bebida deportiva diseñada para favorecer la hidratación o el suministro eficiente de energía durante la actividad física.

Las elevadas concentraciones de azúcar también pueden ralentizar el vaciamiento gástrico, lo que dificulta la absorción adecuada de nutrientes durante el ejercicio.

bebidas energéticas

Consumo recomendado de cafeína

Para la población adulta sana, la recomendación general es no superar los 400 miligramos de cafeína al día, cantidad equivalente aproximadamente a cuatro tazas de café.

En el ámbito deportivo existen protocolos específicos que consideran el peso corporal y los objetivos de cada persona, los cuales deben aplicarse bajo supervisión profesional.

Las alternativas más saludables

Para mantener un buen rendimiento físico y mental, los especialistas recomiendan fortalecer hábitos que aportan beneficios sostenidos:

  • Dormir las horas necesarias y asegurar un descanso de calidad.
  • Realizar actividad física de manera regular.
  • Mantener una alimentación equilibrada.
  • Consumir suficiente agua durante el día.

También se aconseja una ingesta diaria de entre dos y tres litros de agua, cantidad que puede aumentar en temporadas de calor o cuando existe una mayor pérdida de líquidos por sudoración. 

La verdadera fuente de energía

Las bebidas energéticas pueden proporcionar una sensación temporal de alerta, pero no sustituyen el descanso, la alimentación adecuada ni los hábitos saludables.

Para estudiantes universitarios y personas con altas demandas físicas o mentales, la estrategia más efectiva continúa siendo una combinación equilibrada de sueño, ejercicio, hidratación y una adecuada orientación profesional cuando se persiguen objetivos específicos de rendimiento.

El helado de los Walton

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(Un cuento inspirado en la familia dueña de Walmart)

Hace muchos años, en un pequeño pueblo llamado Bentonville, en el estado de Arkansas, Estados Unidos, vivía un señor muy trabajador llamado Sam Walton. Junto con su esposa Helen abrió una tienda chiquita donde vendían de todo a precios muy bajos para que las familias pudieran ahorrar dinero.

Con los años, esa tiendita se convirtió en Walmart, una de las tiendas más grandes del mundo. La familia Walton se volvió una de las más ricas del planeta.

Pero aquí viene lo más sorprendente de esta historia…

A pesar de tener muchísimo dinero, los Walton viven como una familia normal. Uno de ellos, el señor Jim Walton, todavía va casi todos los días al mismo café (se llama Spark Cafe) desde hace más de 40 años a comer su helado favorito de butter pecan. Viven en casas normales, manejan camionetas pickup comunes y no les gusta presumir ni gastar en lujos exagerados.

Los Walton han hecho algo muy inteligente: tienen tres tesoros y los cuidan por separado.

1. Su vida familiar (el tesoro más importante) Mantienen una vida sencilla y unida. Comen helado en el mismo lugar de siempre, viven cerca de su gente y no olvidan de dónde vienen. Esta sencillez los ayuda a seguir siendo una familia feliz y con los pies en la tierra.

2. Su ayuda a la comunidad La familia tiene su propia Fundación Familiar (Walton Family Foundation). Con ella construyen cosas grandes y bonitas para su pueblo, como un hermoso museo de arte llamado Crystal Bridges, parques y senderos para caminar, y cuidan los ríos y la naturaleza.

Además, la empresa Walmart tiene su propia Fundación Empresarial (Walmart Foundation) que ayuda con comida para quien no tiene, apoyo cuando hay desastres y ayuda a sus trabajadores y comunidades donde hay tiendas Walmart.

El helado de los Walton

3. Su empresa (Walmart) La empresa la manejan como un gran negocio serio. Intentan vender productos buenos y baratos, cuidar el medio ambiente, tratar bien a sus trabajadores y ayudar a las comunidades. Pero siempre pensando como negocio, para que Walmart siga creando empleos y creciendo.

Los Walton no mezclan estas tres cosas. Saben que cada una tiene su lugar y su propósito.


Este cuento está inspirado en el reportaje “The Walmart Billionaires of Bentonville” publicado por la revista Fortune en abril de 2026.

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¿Cómo pueden los residuos alimentarios ayudar a capturar carbono?

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La crisis climática ha obligado a la ciencia a mirar más allá de las soluciones tradicionales. Mientras gobiernos, empresas y organizaciones buscan reducir sus emisiones, una pregunta gana relevancia: ¿cómo eliminar parte del dióxido de carbono que ya se encuentra acumulado en la atmósfera? La respuesta podría encontrarse en lugares inesperados, incluso en los residuos que diariamente genera la industria alimentaria.

Durante años, la captura directa de aire ha sido considerada una tecnología prometedora para combatir el calentamiento global. Sin embargo, sus elevados costos y requerimientos energéticos han limitado su expansión. Ahora, un equipo de investigadores de la ETH Zúrich propone una alternativa innovadora que transforma subproductos del queso y el tofu en materiales capaces de absorber CO₂ de manera eficiente, abriendo una nueva oportunidad para la sostenibilidad y la economía circular.

Residuos que podrían ayudar a capturar carbono

Cada año, la producción de lácteos y tofu genera enormes cantidades de residuos ricos en proteínas. Aunque una parte de estos materiales se reutiliza dentro de la industria alimentaria, una proporción considerable termina siendo descartada. Lo que antes era visto como un desperdicio podría convertirse en una herramienta estratégica para enfrentar el cambio climático.

Los investigadores desarrollaron un método para extraer proteínas de estos residuos y transformarlas en fibrillas amiloides, estructuras microscópicas con propiedades únicas. Posteriormente, estas fibrillas son combinadas con hidróxido de potasio para crear pequeñas microesferas porosas capaces de absorber dióxido de carbono del ambiente.

El resultado es un material similar a una esponja que aprovecha componentes de bajo valor económico para resolver uno de los mayores desafíos ambientales de nuestro tiempo. Esta innovación demuestra cómo la valorización de residuos puede generar soluciones con impacto global.

La ciencia detrás de capturar carbono de forma eficiente

Cuando las microesferas entran en contacto con el aire, el hidróxido de potasio reacciona químicamente con el CO₂ y lo transforma en bicarbonato. Gracias a este proceso, el dióxido de carbono queda retenido dentro del material, reduciendo su concentración en la atmósfera.

Las pruebas realizadas por el equipo mostraron resultados prometedores. Con apenas un gramo de material lograron extraer 97 miligramos de CO₂ del aire ambiente, una capacidad que supera entre un 10% y un 50% la eficiencia reportada por diversos sistemas convencionales de captura directa de aire.

Estos hallazgos son particularmente relevantes porque demuestran que materiales obtenidos a partir de residuos alimentarios pueden competir con tecnologías desarrolladas específicamente para la remoción de carbono, ofreciendo además ventajas ambientales adicionales.

Menos energía, más posibilidades

Uno de los principales obstáculos de los sistemas DAC actuales es la gran cantidad de energía necesaria para liberar el dióxido de carbono una vez capturado. Generalmente se requiere calor intenso o presión negativa, factores que incrementan significativamente los costos operativos.

La propuesta de la ETH Zúrich aborda este desafío mediante un proceso mucho más sencillo. Para recuperar el CO₂ almacenado, las microesferas son rociadas con soluciones suaves de ácido y base a temperatura ambiente durante unos minutos. Esto permite romper los enlaces químicos sin necesidad de recurrir a grandes consumos energéticos.

La reducción de energía requerida podría representar una ventaja competitiva importante en el futuro, especialmente en regiones donde la disponibilidad de energías renovables aún es limitada.

Economía circular aplicada a la acción climática

Más allá de su capacidad para remover dióxido de carbono, esta tecnología destaca por su alineación con los principios de economía circular. Los materiales utilizados son biodegradables, no tóxicos y provienen de recursos que ya existen dentro de cadenas productivas establecidas.

Además, los investigadores comprobaron que tanto las microesferas como las sustancias empleadas para liberar el CO₂ pueden reutilizarse múltiples veces. En pruebas de laboratorio completaron 30 ciclos consecutivos sin registrar pérdidas significativas de rendimiento.

Cuando el material alcance el final de su vida útil, podría convertirse en fertilizante agrícola o utilizarse para producir biocombustibles. Esto evita la generación de nuevos residuos y amplía los beneficios ambientales del sistema.

Un avance prometedor para la descarbonización

El último informe del IPCC señala que limitar el calentamiento global a 1.5 °C requerirá no solo reducir emisiones, sino también desarrollar mecanismos capaces de retirar grandes cantidades de carbono de la atmósfera. En este contexto, tecnologías como la presentada por la ETH Zúrich adquieren una relevancia estratégica.

Aunque la investigación aún se encuentra en fase experimental, los resultados sugieren que la tecnología podría escalarse a aplicaciones industriales. Los sistemas utilizados para liberar el dióxido de carbono ya existen en distintos sectores productivos, lo que podría facilitar su adopción futura.

Los científicos reconocen que todavía son necesarias más pruebas para validar el desempeño a gran escala. Sin embargo, los primeros datos alimentan el optimismo sobre su potencial para complementar otras estrategias de mitigación climática.

Una oportunidad para transformar residuos en soluciones

La historia de estas microesferas demuestra que la innovación climática no siempre depende de materiales complejos o costosos. A veces, las respuestas pueden encontrarse en recursos que hasta ahora eran considerados simples desechos industriales.

Convertir residuos alimentarios en herramientas para capturar carbono representa una muestra de cómo la ciencia puede conectar sostenibilidad, eficiencia y economía circular. Si las investigaciones futuras confirman su viabilidad a gran escala, esta tecnología podría contribuir a acelerar la transición hacia modelos productivos más resilientes.

En un escenario donde cada tonelada de CO₂ evitada cuenta, iniciativas como esta recuerdan que la lucha contra el cambio climático también pasa por repensar el valor de los recursos que ya tenemos. La capacidad de capturar carbono utilizando materiales biodegradables y abundantes podría convertirse en una de las innovaciones más prometedoras de la próxima década.

¿Puede ser sostenible un Mundial que no es accesible para todos?

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La Copa Mundial 2026 ya comenzó y, junto con la emoción deportiva, ha surgido una conversación cada vez más relevante: la sostenibilidad. Durante años, los grandes eventos deportivos han buscado demostrar su compromiso con la reducción de emisiones, el uso eficiente de recursos y la generación de impactos positivos en las comunidades anfitrionas. Sin embargo, hoy la discusión parece estar tomando un rumbo distinto.

Más allá de los indicadores ambientales, millones de aficionados se están planteando una pregunta que toca directamente el corazón del concepto de sostenibilidad: ¿quién puede participar realmente en la experiencia? Mientras organizadores, gobiernos y patrocinadores presentan estrategias alineadas con criterios ESG, en redes sociales crece la preocupación por el costo de las entradas, el alojamiento y el transporte. Así, el acceso comienza a convertirse en uno de los temas más importantes de cara al torneo.

Mundial sostenible: cuando la inclusión importa tanto como el carbono

Tradicionalmente, la sostenibilidad de los megaeventos deportivos se ha evaluado a partir de variables ambientales. La reducción de emisiones, la gestión eficiente de residuos y el uso de energías renovables han sido algunos de los principales indicadores utilizados para medir el éxito de estas iniciativas.

Sin embargo, la conversación pública está evolucionando. Cada vez más personas consideran que un evento no puede definirse únicamente por su desempeño ambiental. También importa quién tiene la posibilidad de disfrutarlo, beneficiarse de él y sentirse parte de la experiencia.

La expansión del torneo a tres países anfitriones y múltiples ciudades representa una oportunidad para demostrar liderazgo en sostenibilidad. No obstante, también implica nuevos desafíos relacionados con la movilidad, los costos y la distribución equitativa de los beneficios generados.

En este contexto, la idea de un Mundial sostenible comienza a incluir aspectos sociales que antes ocupaban un lugar secundario dentro de la conversación pública.

El precio de vivir el sueño mundialista

Las cifras reflejan una preocupación creciente. Desde principios de año se han registrado cientos de miles de conversaciones digitales relacionadas con los precios de los boletos, la disponibilidad de hospedaje y los costos de transporte asociados al torneo.

Para muchos aficionados, asistir a una Copa Mundial representa una experiencia única en la vida. Sin embargo, la percepción de que los costos son cada vez más elevados ha generado frustración y una sensación de exclusión que se repite constantemente en plataformas digitales.

La situación quedó evidenciada en iniciativas como la realizada en Nueva York, donde una cantidad limitada de boletos subsidiados fue asignada mediante un sistema de lotería. La enorme demanda registrada en pocos días confirmó que existe un interés significativo por opciones más accesibles.

Cuando la posibilidad de asistir se convierte en un privilegio para unos cuantos, la discusión sobre sostenibilidad inevitablemente adquiere una dimensión social.

Mundial sostenible: el reto de que las personas participen

Diversos estudios internacionales muestran que la preocupación por el cambio climático sigue siendo alta, pero también revelan una realidad importante: las personas esperan que las soluciones sostenibles sean accesibles y compatibles con sus posibilidades económicas.

Este fenómeno también se observa en el ámbito deportivo. Los aficionados valoran las iniciativas ambientales, pero desean que estas vayan acompañadas de experiencias inclusivas y beneficios tangibles para las comunidades.

Un estadio alimentado por energías renovables representa un avance significativo, pero la sostenibilidad pierde parte de su impacto si una gran cantidad de personas no puede acceder al evento o beneficiarse de él. Del mismo modo, los programas de reducción de residuos generan valor cuando se traducen en mejoras visibles para quienes viven en las ciudades anfitrionas.

Por ello, el verdadero desafío para un Mundial sostenible no consiste únicamente en implementar proyectos innovadores, sino en lograr que las personas puedan formar parte de ellos.

El legado como la verdadera medida del éxito

Cada vez más, la conversación pública se enfoca menos en lo que ocurre durante las semanas de competencia y más en lo que permanece después del último partido.

Las preguntas que surgen son cada vez más concretas: ¿las nuevas infraestructuras beneficiarán a las comunidades locales? ¿Los espacios públicos mejorarán? ¿Las inversiones realizadas dejarán un impacto positivo duradero? ¿Los beneficios económicos permanecerán en las ciudades anfitrionas?

Estas inquietudes reflejan una evolución en las expectativas sobre sostenibilidad. Ya no basta con anunciar compromisos o presentar indicadores temporales. Las personas quieren evidencia de que las inversiones realizadas generan valor a largo plazo.

En consecuencia, el legado se está consolidando como uno de los principales criterios para evaluar el éxito de los grandes eventos internacionales.

Las marcas frente a una nueva responsabilidad

Para las empresas patrocinadoras, el cambio en la conversación pública representa un desafío importante. Históricamente, el patrocinio deportivo ha ofrecido visibilidad global, conexión emocional con los aficionados y una poderosa plataforma de comunicación.

Sin embargo, cuando surgen percepciones de exclusión, las marcas también pueden verse involucradas en el debate. Los consumidores ya no observan únicamente la presencia publicitaria; también evalúan si las empresas contribuyen de manera positiva al entorno social que rodea al evento.

Las activaciones enfocadas exclusivamente en experiencias premium pueden generar cuestionamientos si se perciben desconectadas de las preocupaciones de la mayoría de los aficionados. En contraste, las iniciativas que promueven el acceso, la participación comunitaria y los beneficios locales tienen el potencial de fortalecer la legitimidad de las marcas.

Hoy, la reputación corporativa depende cada vez más de la coherencia entre los mensajes de sostenibilidad y las acciones que generan inclusión.

El futuro de los megaeventos ya no se mide solo en emisiones

La Copa Mundial de 2026 será una prueba para entender cómo están evolucionando las expectativas sociales alrededor de la sostenibilidad. Durante años, el éxito de estos eventos estuvo vinculado principalmente a la reducción de impactos ambientales.

Ahora, conceptos como acceso, inclusión, confianza y beneficio comunitario se suman a la ecuación. La sostenibilidad ya no se percibe únicamente como una herramienta para minimizar daños, sino como una oportunidad para generar bienestar compartido.

Este cambio de perspectiva trasciende el deporte. También está presente en temas como la economía circular, la transición energética y la acción climática, donde la pregunta central ya no es solamente cómo hacer las cosas de manera más sostenible, sino cómo asegurar que los beneficios lleguen a más personas.

La sostenibilidad de la Copa Mundial de 2026 no se definirá únicamente por la cantidad de emisiones evitadas, los residuos reciclados o la energía renovable utilizada durante el torneo. Aunque estos aspectos seguirán siendo fundamentales, el debate actual demuestra que existe una expectativa más amplia sobre lo que significa generar un impacto positivo.

Al final, el éxito de un gran evento global dependerá de su capacidad para equilibrar desempeño ambiental, inclusión social y beneficios duraderos para las comunidades. Porque un torneo que aspira a unir al mundo difícilmente podrá considerarse plenamente sostenible si una parte importante de sus aficionados siente que quedó fuera de la experiencia. Esa será, probablemente, la verdadera prueba de sostenibilidad en los años por venir.

Búsquedas de Google AI Search requiere hasta 10 veces más energía que una convencional

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La inteligencia artificial se ha integrado rápidamente en la vida cotidiana. Desde asistentes virtuales hasta sistemas capaces de generar imágenes y textos, esta tecnología está transformando la manera en que las personas interactúan con la información. Uno de los cambios más visibles ocurrió cuando Google incorporó los AI Overviews, resúmenes generados automáticamente que aparecen en la parte superior de los resultados de búsqueda.

Lo que para millones de usuarios representa una experiencia más rápida y cómoda también plantea nuevas preguntas sobre sostenibilidad. A medida que las herramientas de IA se convierten en el estándar para acceder al conocimiento, crece el interés por entender el costo ambiental oculto detrás de cada consulta. En este contexto, las búsquedas de Google AI han comenzado a atraer la atención de especialistas en tecnología, sostenibilidad y responsabilidad corporativa.

El auge de las búsquedas de Google AI y su impacto energético

Google procesa alrededor de cinco billones de búsquedas cada año. Desde el lanzamiento de AI Overviews en 2024, la experiencia de búsqueda ha evolucionado hacia respuestas generadas por inteligencia artificial que ofrecen información sintetizada sin necesidad de visitar múltiples sitios web.

De acuerdo con la firma Ahrefs, el 55% de las consultas realizadas actualmente muestran alguno de estos resúmenes automáticos. Esta transición ha cambiado profundamente la forma en que las personas consumen información, pero también ha puesto sobre la mesa una nueva conversación sobre el consumo energético asociado a las búsquedas de Google AI.

La Agencia Internacional de Energía estimó que una consulta en ChatGPT puede consumir hasta diez veces más electricidad que una búsqueda tradicional en Google. Aunque las plataformas son distintas, la comparación ayuda a dimensionar la intensidad computacional que requieren los modelos de inteligencia artificial generativa.

La situación adquiere mayor relevancia cuando se considera la enorme escala de uso. Un pequeño incremento en el consumo energético por consulta puede traducirse en una demanda considerable cuando se multiplica por miles de millones de búsquedas realizadas diariamente.

¿Cuánta energía consume realmente una consulta?

En agosto de 2025, Google publicó lo que describió como la primera estimación completa del consumo energético asociado a sus aplicaciones Gemini. Según la compañía, una consulta de texto promedio consume aproximadamente 0.24 vatios-hora de electricidad, genera 0.03 gramos de emisiones de CO₂ y utiliza 0.26 mililitros de agua para el enfriamiento de centros de datos.

La propia función AI Overview señala que generar un resumen dentro del buscador requiere una cantidad de energía similar a la utilizada por un prompt estándar en Gemini. Individualmente, estas cifras pueden parecer reducidas y poco preocupantes.

Sin embargo, la perspectiva cambia cuando se analizan a escala global. Miles de millones de consultas realizadas cada día convierten un consumo aparentemente insignificante en una demanda energética considerable. Es precisamente esta multiplicación masiva la que preocupa a investigadores y especialistas en sostenibilidad.

Además, Google reconoció que incluso aumentos modestos en la energía requerida por consulta pueden generar impactos significativos en su huella ambiental total, especialmente considerando la velocidad con la que crece la adopción de herramientas basadas en IA.

Las búsquedas de Google AI y la presión sobre los centros de datos

La creciente popularidad de los sistemas de inteligencia artificial está impulsando una nueva generación de centros de datos alrededor del mundo. Estas instalaciones requieren enormes cantidades de electricidad para alimentar servidores y mantener condiciones óptimas de funcionamiento.

Google ha reconocido en sus informes de sostenibilidad que la reducción de emisiones podría volverse más compleja conforme la inteligencia artificial se integre de manera más profunda en sus productos y servicios. La compañía informó que sus emisiones de gases de efecto invernadero fueron 48% mayores en 2023 respecto a 2019, atribuyendo gran parte del incremento al crecimiento de la infraestructura tecnológica y las cargas de trabajo relacionadas con IA.

Este desafío no es exclusivo de Google. Otras empresas tecnológicas también han admitido que la expansión de la inteligencia artificial está modificando sus estrategias climáticas y sus metas de descarbonización.

Diversos investigadores advierten que la creciente demanda de servicios de IA podría aumentar la presión sobre las redes eléctricas e incluso prolongar la dependencia de fuentes de energía basadas en combustibles fósiles en determinadas regiones.

Transparencia: un paso adelante para medir el impacto

Durante años, uno de los principales obstáculos para comprender el impacto ambiental de la inteligencia artificial fue la falta de información pública sobre su consumo de recursos. La publicación de los datos energéticos de Gemini representa un avance importante en materia de transparencia corporativa.

Contar con métricas concretas permite a investigadores, reguladores y grupos de interés realizar evaluaciones más precisas sobre la sostenibilidad de estas tecnologías. También facilita el diseño de estrategias para reducir impactos futuros y mejorar la eficiencia operativa.

La transparencia es especialmente relevante en un momento en el que la inteligencia artificial está redefiniendo sectores completos de la economía digital. Sin información verificable, resulta difícil determinar si los beneficios obtenidos justifican los costos ambientales asociados.

Para las empresas comprometidas con objetivos ESG, la divulgación de datos se ha convertido en una herramienta clave para fortalecer la rendición de cuentas y responder a las crecientes expectativas de inversionistas y consumidores.

El papel de los usuarios en el futuro de la IA

La llegada de respuestas generadas por inteligencia artificial ha sido bien recibida por muchas personas que valoran la rapidez y facilidad para obtener información. No obstante, esta comodidad también plantea interrogantes sobre la capacidad de elección de los usuarios.

Actualmente, quienes no desean recibir resúmenes generados por IA tienen opciones limitadas para desactivar esta función de manera permanente. Esto ha abierto un debate sobre si los consumidores deberían tener un mayor control sobre las experiencias digitales impulsadas por inteligencia artificial.

Las implicaciones también alcanzan a editores, creadores de contenido y propietarios de sitios web. Diversos análisis sugieren que los AI Overviews pueden reducir significativamente el tráfico hacia páginas externas, modificando el ecosistema digital sobre el que se ha construido internet durante décadas.

Como señaló Sims Witherspoon, Climate Action Lead de Google DeepMind, la inteligencia artificial no constituye una solución mágica para la crisis climática. Su potencial dependerá en gran medida de cómo se gestione su desarrollo, adopción y consumo energético.

La expansión de la inteligencia artificial en los motores de búsqueda representa uno de los cambios más importantes en la evolución de internet. Las nuevas herramientas ofrecen rapidez, eficiencia y una experiencia más intuitiva para millones de personas, pero también incrementan la demanda de recursos energéticos y de infraestructura tecnológica.

Las búsquedas de Google AI reflejan un desafío emergente para la sostenibilidad digital: equilibrar innovación y responsabilidad ambiental. Aunque el impacto de una sola consulta parece mínimo, la escala global convierte cada interacción en parte de una conversación mucho más amplia sobre energía, transparencia y rendición de cuentas. En un escenario donde la IA seguirá creciendo, comprender su huella ambiental será tan importante como valorar sus beneficios tecnológicos.

World Vision México impactó a más de 350 mil niñas, niños y adolescentes durante el último año

World Vision México presentó los resultados de su Informe Anual correspondiente a su año fiscal 2025 con las acciones ejecutadas de octubre 2024 a septiembre 2025) destacando que durante el último año logró impactar a más de 359,160 niñas, niños, adolescentes y jóvenes en 17 estados, a través de sus programas a través de programas y proyectos implementados directamente por World Visión México en las comunidades.

En el marco de la celebración del evento “43 Años Creyendo”, la organización compartió los principales resultados alcanzados gracias al apoyo de donantes, patrocinadores, empresas aliadas, organizaciones de la sociedad civil y comunidades que han contribuido a construir el denominado Legado Naranja, una visión centrada en garantizar que cada niña, niño y adolescente pueda crecer en entornos seguros, protectores y llenos de oportunidades.

Entre los principales logros reportados durante este periodo destacan:

  • 127,942 niñas, niños y adolescentes participaron en acciones de incidencia, liderazgo y participación ciudadana para hacer escuchar sus voces en temas que impactan sus derechos y bienestar.
  • 22,117 niñas, niños y adolescentes en contexto de movilidad recibieron apoyo, protección y acompañamiento a través de programas de ayuda humanitaria y espacios seguros.
  • 21,856 niñas, niños y adolescentes fueron beneficiados mediante proyectos de acceso sostenible al agua, saneamiento e higiene en distintas comunidades del país.
  • 1,578 niñas, niños y adolescentes fortalecieron habilidades para la empleabilidad, el emprendimiento y el desarrollo de medios de vida.
  • 2,614 niñas, niños y adolescentes participaron en iniciativas de acción climática y cuidado del medio ambiente.

Asimismo, World Vision México afianzó su labor de incidencia pública para promover entornos más seguros y protectores para la niñez. Durante el periodo reportado (octubre 2024 a septiembre 2025) la organización contribuyó a mejorar o modificar 31 políticas públicas estatales y municipales, capacitó a 6,130 funcionarios públicos y brindó acompañamiento a 137 municipios en temas relacionados con la protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes.

World Vision México

La respuesta humanitaria también ocupó un lugar prioritario. Frente a fenómenos como el huracán Erick, la tormenta tropical John, las inundaciones provocadas por Raymond y Priscilla, así como la atención a personas en movilidad en las fronteras del país, World Vision México entregó más de 30 mil kits en sus diferentes tipos: de limpieza, de alimentación, higiene, agua potable y suministros de emergencia para apoyar a las familias afectadas.

“Estos resultados reflejan el compromiso de miles de personas que creen en el potencial de cada niña y cada niño. Nuestro legado no se mide únicamente en años, sino en las vidas transformadas, en las comunidades fortalecidas y en las oportunidades que juntos seguimos construyendo para la niñez mexicana”, señaló Mario Valdez, Director Nacional de World Vision México.

La organización también destacó avances en programas innovadores como Crianza con Ternura, la Escuela de Acción Climática, y el fortalecimiento de espacios seguros para la niñez migrante. Para su implementación de sus diferentes metodologías, se lograron alianzas con instituciones escolares, líderes religiosos y otras organizaciones, impactando a 341,624 niñas, niños y adolescentes.

En materia de transparencia, World Vision México informó que el 67% de sus recursos se destinó a programas de prevención de violencia y trabajo infantil, mientras que el resto se canalizó a acciones de educación, ayuda humanitaria, acceso al agua, empleabilidad y gestión ambiental, manteniendo estados financieros auditados y mecanismos permanentes de rendición de cuentas.

A través del programa “Elegido”, más de 14,000 niñas, niños y adolescentes obtuvieron el respaldo de más de 9,000 madrinas y padrinos, quienes brindaron la oportunidad de un futuro mejor para ellas y ellos, demostrando que la solidaridad es parte de la cultura de las y los mexicanos.

Gracias al apoyo del gobierno, empresas y organizaciones como Fomento Social Citibanamex, Grupo Bimbo, Alsea, KPMG, Fundación Coppel, Monte de Piedad, Sura, The Home Depot, Fundación Coca-Cola, entre otros, durante 43 años de presencia en el país, World Vision México ha demostrado su compromiso de seguir trabajando para garantizar que cada niña, niño y adolescente tenga la oportunidad de crecer protegido, desarrollar su potencial y construir un futuro con esperanza.

A nivel mundial y con 75 años de labor, la organización estuvo presente en 65 países, ayudando a 35.2 millones de personas, entre ellas a 19 millones de niñas y niños. Además, dio respuesta a 87 desastres naturales o provocados por el hombre, reflejando su compromiso para llegar a quienes más los necesitan.