¿Cómo puede una pyme implementar prácticas de impacto sin grandes presupuestos?

Cuando se habla de responsabilidad social empresarial, es común imaginar grandes corporativos con fondos millonarios y áreas especializadas. Sin embargo, las pequeñas y medianas empresas (pymes) también tienen un papel crucial en la transformación social y ambiental de sus comunidades. Y sí, es posible hacerlo sin contar con grandes presupuestos.

En un país como México, donde más del 99% de las empresas son pymes, apostar por modelos sostenibles e inclusivos no es solo deseable, sino urgente. Lo importante no es el tamaño de la inversión, sino la claridad del propósito, la creatividad de las acciones y el compromiso con el entorno. Esta nota propone un camino realista y estratégico para implementar prácticas de impacto desde lo local y con lo disponible.

Cambiar la lógica: del gasto al valor

Muchas pymes creen que ser responsables socialmente es un lujo. En realidad, es una inversión a largo plazo que fortalece la reputación, mejora el clima laboral y genera fidelidad entre clientes. La clave está en redefinir qué significa valor: no solo ingresos, sino relaciones sostenibles.

Implementar prácticas de impacto no implica contratar consultores costosos, sino observar lo que ya se hace e identificar cómo mejorarlo. ¿Puedes reducir residuos? ¿Puedes ofrecer horarios flexibles o contratar a personas en situación vulnerable? La RSE no empieza con dinero, sino con intención.

Un ejemplo claro: una panadería que dona su excedente diario a un comedor comunitario. No hay un costo adicional, pero sí un enorme beneficio reputacional y social. Se trata de hacer visible el impacto desde la operación cotidiana.

 implementar prácticas de impacto

Diagnosticar desde dentro

El primer paso para implementar prácticas de impacto es conocerse: entender qué recursos tienes, cómo operas y cuáles son los riesgos sociales o ambientales asociados a tu negocio. Esto no requiere una auditoría compleja, sino honestidad y autodiagnóstico.

Puedes empezar con una matriz muy sencilla: identificar actividades clave, posibles impactos (positivos y negativos) y acciones correctivas o potenciadoras. Muchas organizaciones civiles ofrecen talleres gratuitos o herramientas abiertas para este tipo de análisis.

Además, incluir al equipo en este proceso genera pertenencia. Hacer una lluvia de ideas con el personal puede dar origen a ideas valiosas y prácticas que no habías considerado, desde campañas internas hasta alianzas comunitarias.

Voltear a ver a la comunidad

Las pymes están ancladas al territorio. Eso les da una ventaja sobre las grandes empresas: conocen de cerca a su comunidad. Por eso, muchas de las mejores estrategias para implementar prácticas de impacto surgen del diálogo con actores locales.

Puedes empezar preguntando: ¿qué necesita mi comunidad que yo, como pyme, puedo ofrecer? Tal vez sea capacitar a jóvenes, dar espacio a artistas locales o promover el consumo responsable entre tus clientes. La acción más efectiva es la que responde a un contexto real.

Además, generar alianzas con ONGs locales, universidades o colectivos puede ampliar tu alcance sin demandar grandes inversiones. Lo que para ti puede ser un recurso menor, para otros actores puede marcar una diferencia.

Medir lo que realmente importa

Implementar buenas prácticas no sirve de mucho si no se pueden medir. Pero no estamos hablando de reportes extensos o complejos. Se trata de indicadores simples, que ayuden a entender si las acciones están generando valor.

Por ejemplo, si decides implementar prácticas de impacto enfocadas en reducir tu huella ambiental, mide los kilos de residuos reciclados al mes. Si tu enfoque es social, mide cuántas personas beneficiadas o horas de voluntariado aportadas.

Medir permite ajustar, celebrar logros y, sobre todo, comunicar de forma honesta. La transparencia construye confianza. Incluso con recursos limitados, una pyme puede mostrar resultados tangibles si define metas claras desde el principio.

Apostar por la comunicación auténtica

Uno de los errores más comunes es querer comunicar como lo haría una gran marca. Pero la autenticidad es una ventaja competitiva para las pymes. No necesitas campañas costosas; necesitas contar buenas historias reales.

Explica por qué decidiste implementar prácticas de impacto, qué desafíos enfrentaste y qué lograste. Usa redes sociales, newsletters o incluso tu propio empaque para contar historias. Las personas conectan con propósitos, no con cifras frías.

Además, involucrar a tus clientes y proveedores en tus acciones multiplica el alcance. Por ejemplo, si organizas una colecta, invítalos a participar. Así, tu impacto se convierte en una red de colaboración.

Crear una cultura desde lo cotidiano

La sostenibilidad no es un proyecto aislado: es una forma de hacer empresa. Por eso, más allá de acciones puntuales, el reto para las pymes es integrar la responsabilidad social en la cultura interna.

Esto significa que todas y todos en la empresa entiendan por qué implementar prácticas de impacto es importante, y cómo pueden aportar desde su rol. Desde apagar las luces al salir, hasta proponer mejoras en productos o procesos.

La cultura se construye con coherencia. Si el liderazgo predica con el ejemplo, si se reconocen las buenas prácticas y se aprende de los errores, entonces la sostenibilidad deja de ser una carga y se convierte en motivación.

La buena noticia es que no necesitas millones para transformar tu entorno. Lo que se necesita es voluntad, visión y constancia. Las pymes tienen un potencial inmenso para implementar prácticas de impacto significativas, escalables y auténticas.

En un contexto en el que la ciudadanía espera más de las empresas —no solo productos, sino compromiso—, las pymes pueden diferenciarse si hacen de la sostenibilidad parte de su ADN. El primer paso no cuesta dinero: cuesta decisión.

Y tú, ¿ya comenzaste a generar impacto desde lo que está en tus manos?

La “S” de ESG: la nueva clave para medir impacto en ciudades y edificios

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Durante años, la “S” de ESG ha sido la letra menos definida del acrónimo. Mientras los avances ambientales y de gobernanza encuentran terreno fértil en métricas claras y certificaciones técnicas, lo social ha sido más complejo de cuantificar, especialmente en sectores como la construcción, donde los ladrillos pesan más que las personas. Sin embargo, el contexto actual exige que lo social deje de ser intangible.

De acuerdo con edie, hoy, más del 90% de las empresas del S&P 500 reportan avances en materia ESG. Pero si buscamos que nuestras ciudades reflejen los valores que promovemos en papel, debemos replantear cómo entendemos la “S” de ESG. Porque los edificios no existen por sí mismos: existen para quienes los habitan, los transitan y los hacen comunidad.

De letra olvidada a prioridad estratégica

En el contexto del entorno construido, la “S” de ESG ha sido la más difícil de operacionalizar. Tradicionalmente relegada a iniciativas filantrópicas o beneficios reputacionales, su impacto en la construcción ha sido poco claro. ¿Cómo se mide la inclusión o el bienestar en el acero y el concreto?

Lo que antes era un diferencial se está convirtiendo en una expectativa básica. Los desarrollos que no consideran factores sociales desde la planeación ya no son competitivos. Y no solo se trata de imagen: cada vez más, el impacto social forma parte del rendimiento financiero de los activos inmobiliarios.

Para muchos inversionistas, esta evolución representa una oportunidad. Aquello que no se medía empieza a convertirse en una ventaja comparativa. La industria ya no pregunta si debe integrar la “S” de ESG, sino cómo hacerlo efectivamente.

Inversión con impacto: una nueva exigencia del capital

El cambio no solo viene desde dentro de las empresas, sino también desde quienes ponen el capital. Más del 80% de los inversionistas globales reconocen que es posible generar rendimientos positivos al enfocarse en resultados ambientales y sociales. Y el 59% planea aumentar su asignación hacia estas inversiones en el próximo año.

Esto cambia radicalmente el juego para la industria de la construcción. Ya no basta con tener certificaciones verdes o compromisos públicos; los inversionistas quieren ver evidencia clara de cómo los proyectos benefician a la sociedad y no solo al medio ambiente.

El rendimiento ya no se mide exclusivamente en metros cuadrados vendidos o rentados, sino también en inclusión, salud comunitaria, generación de empleo y cohesión social. La “S” de ESG es, cada vez más, una fórmula de negocio sólida.

El desafío de medir lo intangible

A diferencia de las toneladas de CO₂ evitadas, el valor social es más difícil de traducir en cifras concretas. La salud mental, la equidad, el sentido de pertenencia o la integración comunitaria son indicadores relevantes, pero complejos de monitorear.

Esto no significa que no puedan ser medidos, sino que requieren nuevos marcos, herramientas y voluntad para cambiar la forma de hacer ciudad. Aquí es donde entra el valor de esquemas como BREEAM, que han comenzado a integrar la dimensión social a lo largo del ciclo de vida de los edificios.

Con modelos como este, lo intangible se convierte en criterio de diseño, en eje de operación y en métrica de evaluación. La “S” de ESG se vuelve un componente indispensable para quienes buscan construir con visión a largo plazo.

BREEAM: de la intención al indicador

Durante más de 30 años, el marco BREEAM ha demostrado que el impacto social no es solo medible, sino también rentable. Al incluir aspectos como salud, bienestar, cohesión y empleo local en sus criterios, ha ayudado a redefinir lo que significa un edificio de calidad.

Esto desafía la idea —aún vigente en algunos sectores— de que el valor social está en conflicto con la rentabilidad. De hecho, estudios como el de Savills revelan que los edificios sostenibles generan una prima del 12% en el mercado residencial y hasta siete veces más ingresos por rentas de oficinas.

Integrar la “S” de ESG en las estrategias de construcción no solo mejora la calidad de vida, también mejora los estados financieros. Es, literalmente, una inversión en el futuro.

“S” de ESG

Casos que inspiran: 22 Bishopsgate y el poder de la comunidad

Un ejemplo contundente de esta nueva visión es el edificio 22 Bishopsgate en Londres. Certificado con nivel BREEAM Excelente, no solo destaca por su eficiencia energética, sino por convertirse en el primer “pueblo vertical” de Europa.

Más de 9,300 m² fueron destinados a espacios comunitarios enfocados en salud, bienestar e inclusión. Alimentado con energía 100% renovable, el proyecto logró retención de inquilinos, rentas premium y un impacto socioeconómico superior a los mil millones de libras.

Este caso demuestra que construir con la “S” de ESG en mente genera beneficios tangibles y medibles. No se trata de añadir amenidades por moda, sino de construir entorno que respondan al propósito de generar valor colectivo.

Construir futuro: la “S” como ventaja competitiva

Los entornos construidos no pueden quedarse atrás en un mundo donde los desafíos sociales son tan urgentes como los climáticos. En una era de mayor escrutinio regulatorio, inversionistas más conscientes y usuarios más exigentes, el valor social ya no es negociable.

Convertir lo social en ventaja competitiva significa traducir conceptos como inclusión o salud en decisiones de diseño, operación y mantenimiento. Significa también comunicar estos impactos de forma clara, con evidencia, y no con promesas vagas que pueden caer en greenwashing social.

Adoptar estándares como BREEAM es una vía probada para avanzar. Pero, más allá de la certificación, se trata de entender que la “S” de ESG es la base sobre la cual se construyen las ciudades del mañana.

La “S” de ESG no es un extra. Es el centro del valor social en el entorno construido. Al reconocer su importancia y diseñar proyectos desde y para las personas, podemos construir no solo edificios, sino comunidades resilientes, saludables y sostenibles. La ciudad del futuro no será solo inteligente o ecológica, será profundamente humana. Y eso empieza, ladrillo a ladrillo, entendiendo el verdadero peso de lo social.

Del Everest a la placenta humana: Así viajan los microplásticos por el mundo y tu cuerpo

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Todo comenzó con un suéter rosa de acrílico barato. Al girar en la lavadora, uno de sus hilos se desprendió y, junto con cientos de miles de microfibras sintéticas más, comenzó un viaje insospechado. Invisible para el ojo humano, ese fragmento diminuto no solo evadió los filtros del sistema de aguas residuales, sino que también encontró una ruta directa hacia el entorno natural.

Así viajan los microplásticos: del hogar al campo, del campo al organismo, del organismo a los sistemas más remotos del planeta y a lo más íntimo del cuerpo humano. Esta es la historia de un contaminante que no conoce límites y que, sin control, pone en riesgo la salud de los ecosistemas y de toda forma de vida que los habita.

Del drenaje al campo: fertilizante con trampa

De acuerdo con The Guardian, en muchos países desarrollados, los lodos de depuradora, cargados de nutrientes orgánicos, son reutilizados como fertilizantes agrícolas. Lo que parece una estrategia sustentable se convierte en un problema silencioso cuando ese lodo también contiene plásticos. Una planta de tratamiento en Gales detectó que hasta el 1 % del peso del lodo era plástico.

Este sistema —aparentemente circular— se transforma así en una vía de entrada masiva de microplásticos al suelo agrícola. Millones de toneladas de estos residuos se esparcen inadvertidamente sobre los cultivos. Así viajan los microplásticos desde nuestras lavadoras hasta el pan que consumimos, infiltrándose en una cadena alimentaria que no estaba diseñada para convivir con materiales sintéticos.

Al integrar el plástico al suelo, estamos convirtiendo a los cultivos en transmisores de una contaminación que no solo daña el entorno, sino que también alcanza al cuerpo humano con efectos aún desconocidos a largo plazo.

viajan los microplástico

Ecosistemas del subsuelo: cuando los gusanos comen plástico

Bajo la superficie, donde la vida se organiza en redes complejas de microorganismos, raíces e invertebrados, los microplásticos siguen su trayecto. Las lombrices, esenciales para la salud del suelo, ingieren estas fibras al confundirlas con materia orgánica. Un estudio reciente reveló que una de cada tres lombrices ya contiene plásticos en su sistema digestivo.

El impacto es profundo y silencioso. Al no poder digerir el material, estos organismos pierden peso, presentan daños celulares y reducen su capacidad de fertilizar la tierra. Babosas, caracoles, ácaros y nematodos también son víctimas de esta intoxicación silenciosa, lo que compromete toda la estructura del suelo.

Así viajan los microplásticos por el corazón mismo de los ecosistemas terrestres, afectando funciones fundamentales como la retención de agua, el ciclo de nutrientes y la biodiversidad microbiana, todos esenciales para la seguridad alimentaria.

De los insectos a las aves, y de allí al humano

Un simple gusano contaminado se convierte en comida para un erizo, un ratón o un pájaro. Un estudio detectó fibras de poliéster —algunas rosadas— en los excrementos de erizos silvestres, ratificando la forma en que los plásticos ascienden por la cadena alimentaria. Las aves, como vencejos y mirlos, no solo los ingieren al cazar insectos contaminados, sino también los inhalan.

La carne, la leche y la sangre de animales de granja ya contienen microplásticos. Esto indica que el viaje del hilo rosado no es exclusivo de los ecosistemas naturales: se integra también a los sistemas agroindustriales. En consecuencia, los humanos ingerimos en promedio 50,000 partículas plásticas al año, según estimaciones recientes.

Así viajan los microplásticos hasta nuestros pulmones, nuestra sangre, incluso hasta la placenta humana y el cerebro. No hay órgano que haya escapado de su presencia, y todavía no comprendemos del todo las consecuencias médicas y epigenéticas de esta exposición constante.

El viento, la lluvia y el mar: esparciendo plástico por el planeta

Tras pasar por múltiples organismos, el ciclo de vida de un microplástico no se agota. Cuando un animal muere, la fibra vuelve al suelo, lista para reiniciar su trayectoria. Si el terreno es arado, el hilo puede quedar expuesto al viento y ser transportado a kilómetros de distancia. O puede ser arrastrado por lluvias intensas hasta un río, y de ahí, al océano.

Este fenómeno se conoce como la “espiral del plástico”. En Estados Unidos, estudios han detectado microplásticos incluso en parques nacionales como el Gran Cañón y Joshua Tree. En el Ártico, el hielo marino contiene hasta 12,000 partículas por litro, arrastradas por corrientes oceánicas y vientos contaminados.

Así viajan los microplásticos a lo largo de todo el planeta, alcanzando incluso lugares prístinos. Su resistencia a la degradación les permite mantenerse activos durante siglos, contaminando sin descanso.

Dentro de las plantas: raíces, tallos y frutos contaminados

En las etapas finales de su fragmentación, los microplásticos se transforman en nanoplásticos, tan pequeños que pueden infiltrarse en las células de las raíces de las plantas. Estudios recientes los han detectado en hojas, tallos y frutos, donde afectan procesos celulares clave como la fotosíntesis y el transporte de nutrientes.

Wheat, lettuce and rice have been found to contain these particles, marking one more stage in their journey into the human diet. This microscopic contamination is nearly impossible to detect in food products, making it a silent but widespread health risk.

Así viajan los microplásticos no solo entre organismos vivos, sino entre sistemas de cultivo, modelos de producción y mercados alimentarios. Su presencia ya no es anecdótica: es estructural.

La responsabilidad que no se asume

Desde los años 50, hemos producido más de 8.300 millones de toneladas de plástico. La gran mayoría sigue existiendo, de alguna forma, en nuestro entorno. Gran parte de esta responsabilidad recae en industrias como la moda rápida, los envases de consumo masivo y la agroindustria, que aún no asumen el costo de esta contaminación.

Emily Thrift, investigadora de la Universidad de Sussex, afirma que sin penalizaciones y políticas fuertes, el ciclo del plástico no se detendrá. El consumidor individual puede reducir su impacto, pero no tiene las herramientas para cambiar el sistema. La rendición de cuentas debe escalar a nivel institucional y corporativo.

Así viajan los microplásticos, alimentados por modelos económicos que priorizan el volumen y la velocidad sobre la sostenibilidad y la salud del planeta.

Repensar el futuro desde el primer hilo

Esta historia —aunque ficticia en su narración— se basa en datos científicos reales y en una urgencia ineludible. Ese hilo rosa representa más que una fibra plástica: simboliza la fragilidad de nuestras decisiones cotidianas y la magnitud de sus consecuencias.

Comprender cómo viajan los microplásticos es un llamado a transformar nuestras cadenas de producción, nuestras políticas públicas y nuestras exigencias ciudadanas. Si queremos frenar su avance, debemos actuar desde el origen: antes de que se fabrique ese suéter barato, antes de que el hilo llegue al drenaje.

Solo así podremos romper la espiral y redibujar un planeta donde el plástico ya no sea parte inevitable de nuestra biología.

12 formas de reducir tu huella digital

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En la era digital, cada clic, búsqueda o publicación que hacemos deja una huella. A menudo pensamos en la contaminación ambiental, pero ignoramos la invisible huella que dejamos al usar internet, almacenar datos o enviar correos. Esta huella digital también tiene un impacto ambiental, ya que la energía requerida para alimentar centros de datos, redes y dispositivos es considerable.

Reducir tu huella digital es una forma inteligente y necesaria de participar activamente en la lucha contra el cambio climático. No solo se trata de proteger tu privacidad, sino también de tomar decisiones conscientes sobre tu comportamiento en línea. Esta guía presenta 12 formas de reducir tu huella digital que puedes aplicar de inmediato, tanto a nivel personal como desde una perspectiva de responsabilidad social empresarial.

12 formas de reducir tu huella digital

1. Limpia tu bandeja de entrada y archivos en la nube

Cada correo electrónico almacenado en servidores consume energía. Eliminar correos viejos, especialmente los que contienen archivos adjuntos pesados, es una de las formas más simples de reducir tu huella digital. Lo mismo aplica para documentos, fotos o videos en la nube que ya no necesitas.

Además, desuscribirte de boletines que no lees reduce el número de correos entrantes y, por ende, el uso de servidores. Mantener tu nube ordenada y actualizada también es una práctica clave de higiene digital con impacto ambiental positivo.

2. Evita los correos innecesarios

Un simple “gracias” o “recibido” puede parecer inofensivo, pero si se multiplica por millones de usuarios, representa una carga energética considerable. Opta por una comunicación más eficiente y directa, sobre todo en entornos corporativos.

Los correos electrónicos generan emisiones a lo largo de su vida útil: desde su redacción hasta su almacenamiento. Reducir el número de envíos diarios es una de las formas de reducir tu huella digital más eficaces en organizaciones.

formas de reducir tu huella digital

3. Optimiza el uso de videollamadas

Las videollamadas consumen muchos más recursos que una llamada de voz o un correo electrónico. En reuniones internas que no requieren cámara, puedes optar por el modo solo audio para minimizar el impacto.

Además, promueve una cultura laboral que no abuse del tiempo en videoconferencias. Esta práctica no solo mejora la eficiencia, sino que contribuye significativamente a reducir la demanda energética de las plataformas digitales.

4. Cierra pestañas y apps que no estás usando

Mantener abiertas múltiples pestañas o aplicaciones en segundo plano incrementa el uso de memoria y energía en tus dispositivos. Es una forma silenciosa pero constante de contaminar sin darnos cuenta.

Hacer una limpieza habitual de lo que realmente estás usando en el momento optimiza el rendimiento y disminuye el consumo innecesario de energía. Es una de las formas de reducir tu huella digital que no requiere esfuerzo, solo atención.

5. Configura el modo oscuro y el ahorro de energía

El modo oscuro en apps y dispositivos no solo es estéticamente atractivo, también ayuda a consumir menos energía, especialmente en pantallas OLED. Configurar tus gadgets para que utilicen menos brillo y se apaguen automáticamente tras cierto tiempo es muy recomendable.

Además, el uso de “modo ahorro” en smartphones y laptops reduce la actividad en segundo plano. Este ajuste disminuye el consumo energético y alarga la vida útil del dispositivo, impactando positivamente el medio ambiente.

6. Elige motores de búsqueda responsables

Algunas alternativas como Ecosia o Lilo donan parte de sus ingresos a proyectos de reforestación o sostenibilidad. Cambiar tu buscador habitual por uno de estos puede parecer un detalle mínimo, pero suma a largo plazo.

Promover el uso de tecnologías con propósitos socioambientales es una excelente estrategia de responsabilidad social digital. También puedes incorporar estos buscadores en los equipos de tu organización.

7. Reduce el tiempo de streaming

Ver series o escuchar música en streaming consume enormes cantidades de energía al requerir transmisiones constantes desde servidores. Descargar tus contenidos preferidos cuando sea posible es una alternativa más eficiente.

Evita dejar videos o playlists encendidos como ruido de fondo. Usar plataformas que permitan reproducción offline o establecer límites de tiempo de uso también contribuyen a una navegación más sostenible.

8. Actualiza solo cuando sea necesario

Muchas veces actualizamos aplicaciones o sistemas operativos sin evaluar si realmente necesitamos las nuevas funciones. Cada descarga requiere energía, tanto para ti como para los servidores de las empresas tecnológicas.

Adoptar una política de actualización consciente ayuda a reducir el tráfico digital innecesario. También puedes desactivar las actualizaciones automáticas para decidir cuándo y cómo hacerlas.

9. Desinstala apps que no usas

Cada aplicación instalada representa datos que se sincronizan, almacenan y actualizan constantemente. Eliminar las que no usas libera espacio y disminuye la actividad digital de tu dispositivo.

Esto no solo mejora el rendimiento, también reduce el número de procesos en segundo plano que consumen energía. Es una de las formas de reducir tu huella digital más sencillas y efectivas.

10. Apaga y desconecta tus dispositivos

Dejar tu computadora o router encendidos todo el tiempo, incluso en modo reposo, sigue generando un consumo energético constante. Apagar y desconectar equipos cuando no se están usando es clave.

Además, esta práctica prolonga la vida útil de tus dispositivos, lo que evita generar desechos electrónicos con frecuencia. La reducción del consumo eléctrico es una medida directa y medible.

11. Gestiona bien tus contraseñas y cuentas

Mantener cuentas inactivas abiertas o perfiles sin uso genera almacenamiento innecesario en servidores. Cerrar cuentas que ya no usas y evitar duplicados es parte del buen manejo digital.

Además, usar un gestor de contraseñas te permite reducir el tiempo de conexión y el número de intentos de acceso, lo cual también impacta el rendimiento energético de los sistemas.

12. Educa y promueve una cultura digital sostenible

Adoptar estas medidas es importante, pero también lo es compartirlas con otros. Generar conciencia sobre el impacto de nuestras acciones en línea es esencial para un cambio estructural.

Puedes incorporar estas prácticas en campañas de responsabilidad social, formaciones internas o incluso en las políticas de uso digital de una empresa. Educar es la base de cualquier transformación significativa.

¿Por qué tu huella digital importa?

La mayoría de las personas desconoce que el mundo digital también tiene una huella de carbono. Los centros de datos que almacenan tus fotos, correos y búsquedas funcionan 24/7 y requieren una cantidad enorme de electricidad. Si esta energía proviene de fuentes no renovables, el impacto ambiental es aún mayor.

Los hábitos digitales sostenibles se están convirtiendo en una necesidad. Desde las políticas corporativas hasta las decisiones individuales, reducir la huella digital puede ser un diferenciador clave en las estrategias de sostenibilidad. Además, se alinea con las exigencias de consumidores conscientes y regulaciones emergentes.

Digitalización sí, pero con conciencia

La digitalización no es el enemigo, pero sí lo es su uso irresponsable. El crecimiento exponencial del tráfico de datos sin planes sostenibles genera presión sobre los recursos naturales y las infraestructuras energéticas. Por ello, adoptar formas de reducir tu huella digital no significa frenar la innovación, sino dirigirla de forma ética y responsable.

Muchas empresas líderes en sostenibilidad ya están integrando métricas de huella digital en sus reportes ESG. Es el momento de que más organizaciones y usuarios individuales hagan lo mismo, adoptando una visión integral del impacto que generan sus decisiones tecnológicas.

Las formas de reducir tu huella digital no requieren grandes inversiones ni conocimientos técnicos avanzados. Solo necesitan voluntad y coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, tanto en nuestra vida personal como profesional. Estos cambios, aunque parezcan pequeños, se acumulan y generan un impacto positivo.

Incorporar una perspectiva crítica sobre el uso de la tecnología es parte esencial de vivir en un mundo sostenible. Cada acción digital es una decisión con consecuencias. Elegir una navegación más responsable es también una manera de cuidar al planeta y promover una cultura de conciencia digital para las próximas generaciones.

33 millones sin derechos laborales en México: informalidad laboral rompe récord

La informalidad laboral en 2025 ha alcanzado su punto más alto en los últimos años. Según cifras del INEGI, de los 60.2 millones de personas ocupadas en México, 33 millones trabajan en condiciones informales. Esto significa que más de la mitad de la población activa carece de acceso a derechos laborales básicos como seguridad social, prestaciones o contratos formales.

A pesar de una baja marginal en la tasa de desocupación, el crecimiento sostenido de la informalidad laboral en 2025 pone en evidencia un problema estructural que impacta el desarrollo económico, social y humano del país. El empleo informal no solo representa una forma de subsistencia, sino una trampa que perpetúa la desigualdad y limita el bienestar colectivo.

Un crecimiento sostenido, mes a mes

Este año inició con 32.2 millones de personas en la informalidad. Aunque se trata de una cifra elevada, la verdadera alerta comenzó con una escalada mensual constante: febrero cerró con 32.3 millones; marzo con 32.5; abril con 32.7 y mayo con 32.9. En junio, la cifra alcanzó los 33 millones, marcando un récord sin precedentes.

Este incremento paulatino revela una tendencia preocupante: la informalidad laboral en 2025 no es un fenómeno coyuntural, sino el reflejo de un sistema que no ha logrado absorber la demanda laboral con empleos formales y dignos. Cada mes suma miles de personas más que se incorporan al mercado sin una red de protección.

Este comportamiento es consistente con los registros históricos. En 2020, la informalidad se ubicó en 53%; en 2021 aumentó a 55.4%; en 2022 fue de 55.8% y en 2023 de 55.5%. En 2025, la tasa alcanzó 54.8%, un punto porcentual por encima del año anterior.

informalidad laboral en 2025

Impacto estructural en la calidad de vida

La informalidad no sólo se mide en cifras: se refleja en jornadas laborales interminables, salarios bajos, inseguridad económica y falta de protección ante enfermedades, accidentes o vejez. Las condiciones precarias se han normalizado para millones de personas que, aunque trabajan, siguen atrapadas en contextos de vulnerabilidad.

Beatriz Robles, Directora de Operaciones de Manpower México, lo resume claramente:

“Más de 33 millones de personas laboran hoy sin acceso a prestaciones, con bajos ingresos y en condiciones precarias. Esto impacta directamente en la productividad, la seguridad social y el bienestar”.

El trabajo informal se ha convertido en el espejo de una brecha estructural: es donde desembocan quienes no logran acceder al empleo formal por falta de oportunidades, educación o redes de apoyo. Mientras no se ataque este núcleo, el círculo vicioso de la desigualdad persistirá.

¿Por qué no se crean suficientes empleos formales?

El mercado laboral mexicano no ha logrado generar los más de un millón de empleos formales que se requieren cada año para absorber el crecimiento poblacional. La informalidad laboral en 2025 refleja esa deuda histórica que no sólo no se ha saldado, sino que se ha agravado.

El crecimiento económico no ha sido suficiente ni incluyente. Muchos de los sectores con mayor capacidad de generación de empleo, como la industria o los servicios, enfrentan obstáculos como altos costos fiscales, baja productividad o burocracia, lo cual desalienta la contratación formal.

informalidad laboral en 2025

Además, la falta de políticas públicas eficaces para incentivar la formalización y apoyar a las micro y pequeñas empresas refuerza el ciclo de la informalidad. Sin estímulos ni simplificación de trámites, la formalidad sigue siendo inaccesible para muchos emprendedores y trabajadores.

Más allá del empleo: informalidad y desigualdad

La informalidad laboral no es solo una variable económica: es también un fenómeno que reproduce y amplifica desigualdades sociales. Afecta más a mujeres, jóvenes y personas con bajos niveles de escolaridad, acentuando la brecha en acceso a oportunidades y bienestar.

Sin derechos laborales ni acceso a servicios como guarderías, salud o jubilación, estos grupos enfrentan mayores obstáculos para romper el ciclo de la pobreza. Además, el empleo informal limita las posibilidades de movilidad social y desarrollo profesional a largo plazo.

Esta situación tiene consecuencias directas en la cohesión social. En un país donde más de la mitad de los trabajadores no tiene garantizado lo mínimo, resulta complejo construir una sociedad equitativa y resiliente ante crisis económicas o sociales.

El rol del sector privado: urgencia de corresponsabilidad

La solución al problema de la informalidad no puede venir sólo del gobierno. Las empresas, especialmente las grandes y medianas, deben asumir un rol activo en la construcción de un mercado laboral más justo. Esto implica invertir en talento, formalizar cadenas de valor y promover relaciones laborales éticas.

Como señala Manpower, “si queremos reducir la informalidad y fortalecer el empleo, necesitamos crear un entorno que promueva la inversión y facilite la generación de trabajos formales”. Un mercado laboral robusto requiere la participación decidida del sector empresarial.

Programas de inclusión laboral, formación dual, apoyo a proveedores para formalizarse y respeto a los derechos laborales deben ser parte de una estrategia integral de responsabilidad social empresarial. Sin acciones concretas, el discurso de sostenibilidad se queda corto.

Políticas públicas que pongan a las personas al centro

En paralelo, es indispensable que el Estado priorice políticas públicas que fomenten la formalización. Esto incluye desde incentivos fiscales hasta capacitación laboral, acceso a financiamiento para pequeñas empresas y simplificación administrativa.

También es necesario que la informalidad laboral en 2025 se aborde con un enfoque interseccional, reconociendo las barreras específicas que enfrentan ciertos grupos poblacionales. Sin datos desagregados ni acciones focalizadas, los esfuerzos serán insuficientes.

Finalmente, urge consolidar un sistema de seguridad social universal, donde el acceso a salud, pensión y protección social no dependa exclusivamente de la formalidad. De lo contrario, millones seguirán fuera del radar institucional.

La informalidad laboral en 2025 no es sólo una cifra récord: es un reflejo de las fallas estructurales que arrastra el mercado laboral mexicano. Los 33 millones de personas que trabajan sin derechos nos recuerdan que el desarrollo sostenible no puede construirse sobre la precariedad.

Reducir esta cifra no será tarea de un solo sector. Gobierno, empresas y sociedad civil deben actuar con urgencia, responsabilidad y visión de futuro. Sólo así podremos garantizar que el trabajo sea, verdaderamente, una vía para mejorar la vida.

Así se ve el compromiso de Corporativo Kosmos en la lucha contra la hepatitis

La hepatitis se ha convertido en la segunda causa infecciosa de muerte en el mundo, según el Informe Mundial sobre las Hepatitis 2024, publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), con 1.3 millones de fallecimientos anuales. Esta realidad evidencia una alerta global, ya que, pese a los avances en diagnóstico y tratamiento, el estancamiento en la cobertura de pruebas y terapias ha frenado el progreso.

Cada día, 3 mil 500 personas mueren por hepatitis B o C y se generan más de 6 mil nuevas infecciones. Esta situación es preocupante y pone en entredicho el cumplimiento de los objetivos de la OMS de erradicar la enfermedad hacia 2030, a menos que se tomen medidas inmediatas y sostenidas. Una de las principales recomendaciones de la organización es ampliar el acceso a pruebas y a vacunas contra la hepatitis, que siguen siendo una de las principales herramientas de prevención.

Por ello, en el marco del Día Mundial contra la Hepatitis, que se conmemora el 28 de julio, es fundamental reconocer a las empresas que adoptan acciones responsables para mitigar los daños humanos causados por esta enfermedad. Tal es el caso de Corporativo Kosmos, que desde su estrategia de responsabilidad social empresarial (RSE) está contribuyendo a prevenir y detectar la hepatitis entre sus colaboradores, inspirando a otras compañías a sumar esfuerzos en favor de la salud pública.

Prevención desde dentro: acciones responsables de Corporativo Kosmos

Corporativo Kosmos, empresa líder en servicios de alimentación en México, ha demostrado un compromiso firme con la salud y el bienestar de sus comunidades. Por ello, desde su estrategia de RSE, impulsa diversas iniciativas enfocadas en el cuidado integral de su plantilla laboral, entendiendo que el bienestar interno también fortalece la sostenibilidad empresarial.

En respuesta al aumento de casos de hepatitis a nivel global, la compañía ha desarrollado estrategias para detectar y prevenir esta enfermedad entre su personal, mediante acciones que promueven la salud individual, refuerzan la cultura de prevención dentro de la empresa y contribuyen a un entorno laboral más seguro y consciente.

¿Qué es la hepatitis y cómo identificarla?

La hepatitis es una inflamación del hígado que puede presentarse de forma aguda o crónica. Puede ser causada por virus, sustancias tóxicas, consumo excesivo de alcohol o trastornos autoinmunes. De los cinco tipos virales existentes (A, B, C, D y E), los más comunes en México y el mundo son la hepatitis A, B y C.

Entre los síntomas más comunes de esta enfermedad se encuentran:

  • Fiebre
  • Fatiga
  • Pérdida de apetito
  • Náusea y vómito
  • Dolor abdominal
  • Orina oscura
  • Heces de color arcilla
  • Dolor en las articulaciones
  • Ictericia (coloración amarillenta de piel y ojos)

No obstante, es importante mencionar que algunas personas pueden ser portadoras asintomáticas, lo que refuerza la importancia de las pruebas de detección como medida preventiva. Frente a esta realidad, Corporativo Kosmos ha mantenido su compromiso con la salud de su equipo, incorporando campañas internas de prevención y diagnóstico oportuno de la hepatitis como las que se mencionan a continuación.

Vacunas contra la hepatitis y Ferias de la Salud: la estrategia de Corporativo Kosmos

Para Corporativo Kosmos, cuidar la salud de sus colaboradores es parte esencial de su responsabilidad social. Conscientes del impacto que tienen las enfermedades infecciosas en la vida laboral y personal, la empresa organiza dos Ferias de la Salud cada año en sus instalaciones, reforzando con ellas su política de bienestar.

En estas ferias, además de servicios como chequeos médicos generales, pruebas de glucosa y colesterol, medición de peso y talla, talleres de nutrición e higiene bucal, se aplican vacunas contra diferentes enfermedades, entre ellas vacunas contra la hepatitis A y B. Asimismo, se realizan pruebas para detectar esta enfermedad como parte de los servicios médicos recurrentes disponibles para los empleados en estas campañas.

Las Ferias también incluyen pruebas rápidas de VIH, orientación médica personalizada para casos de hipertensión, y actividades educativas que refuerzan la cultura del autocuidado y proporcionan a los colaboradores información sobre cómo prevenir y detectar diversas enfermedades de manera oportuna. Con acciones como estas, Corporativo Kosmos contribuye a mantener entornos laborales más saludables y con mayor conciencia preventiva.

La salud de los colaboradores: una prioridad para Corporativo Kosmos

El compromiso de Corporativo Kosmos con la salud de sus colaboradores es una muestra de cómo las empresas pueden formar parte activa en la solución de problemas de salud pública. A través de iniciativas como las Ferias de la Salud, la empresa ha logrado integrar estrategias efectivas de prevención y detección de enfermedades como la hepatitis.

La aplicación de vacunas contra la hepatitis y la realización constante de pruebas para su detección, reflejan una visión empresarial que prioriza la vida y el bienestar, y se alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Estas acciones permiten generar una cultura interna de responsabilidad y cuidado colectivo.

En un contexto global donde la hepatitis continúa cobrando miles de vidas al año, es indispensable que más organizaciones sigan el ejemplo de Corporativo Kosmos. La responsabilidad social debe ser un valor institucional y una práctica constante que coloque a las personas en el centro de toda decisión empresarial.

Domino’s, baches, multas y marketing social: una marca que pavimentó bien en EE.UU., pero cayó en uno en México

Por Edgar López

En San Luis Potosí, una sucursal de Domino’s colocó un espectacular con esta frase provocadora: “En esta ciudad hay dos cosas seguras: los baches… y una Domino’s en tu mesa.”

La reacción fue inmediata: clausura del local por parte del gobierno municipal. El argumento fue técnico, pero la incomodidad claramente fue política. Una marca —no un ciudadano cualquiera— había señalado, con humor, un problema público evidente. Y eso bastó para desatar consecuencias.

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Reforma – Nacional – 28 jul 2025

Este episodio puede parecer anecdótico. Pero si se conecta con otra nota publicada el mismo día por La Jornada, el asunto se vuelve más estructural. Según datos del Sistema Unificado de Atención Ciudadana (SUAC), en la Ciudad de México se reciben cada día 169 denuncias por baches durante la temporada de lluvias. Solo se atiende el 25%. Hay más de 9,000 reportes sin resolver. Y mientras tanto, vecinos rellenan hoyos por su cuenta, peatones con discapacidad enfrentan riesgos constantes, y repartidores y taxistas asumen los costos ocultos de circular por una ciudad rota.

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La Jornada – Capital – 28 jul 2025

Así que no, no se trata solo de un chiste publicitario. Se trata de un problema real, que afecta directamente la vida urbana… y también la operación de muchas marcas.

En 2018, Domino’s lo entendió bien. En Estados Unidos, lanzó la campaña Paving for Pizza, en la que reparó baches en decenas de ciudades con un argumento claro: si el delivery es parte de nuestra promesa, las calles también lo son. La campaña fue premiada, replicada y citada como un ejemplo de marketing social con impacto directo en producto, reputación y comunidad.

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Pero en México, lo que ocurrió en San Luis Potosí fue distinto. No hubo pavimentación. No hubo estrategia institucional. No hubo campaña. Solo una frase —posiblemente aislada, improvisada, sin respaldo del corporativo ni del operador nacional (Alsea)— que generó visibilidad, pero sin estructura.

Y cuando una marca toca un tema social sin preparación ni respaldo, los resultados pueden alejarse mucho de los deseados.

Porque cuando se hace bien, el marketing social no solo posiciona. También construye valor real para:

  • Colaboradores, como motociclistas que entregan producto en condiciones adversas.
  • Consumidores, que esperan calidad, no excusas.
  • Comunidades, que comparten el mismo espacio público.
  • Gobiernos, que podrían ver en estas acciones un aliado y no una amenaza.
  • Reguladores, atentos a las inversiones con propósito.
  • Medios, interesados en historias verdaderas con impacto visible.
  • Accionistas, que valoran la reputación como activo estratégico.

Lo que hizo Domino’s en Estados Unidos fue una gran campaña. Pero esa acción no se conectó con la ejecución que, de forma aislada, surgió en una sucursal de México. Ese desfase revela uno de los mayores retos que enfrentan hoy las estrategias de RSC y/o de Inversión Responsable: lograr que las cosas se hagan bien en todos los lugares donde la marca tiene presencia.

En este contexto, los socios operadores —como Alsea — juegan un papel clave. Alsea ha demostrado ser un ejecutor sólido de campañas de marketing social con marcas como Starbucks , donde los mensajes con propósito han sido bien implementados y alineados con los valores globales.

Pero en el caso de Domino’s Pizza , es posible que la madurez institucional aún no esté al mismo nivel. Y ese puede haber sido el origen del tropiezo.

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Domino´s Pizza: A better slice for everyone

Ojalá este episodio sirva para reflexionar sobre eso: sobre cómo una causa ciudadana puede convertirse en oportunidad para una marca, siempre y cuando se entienda a fondo el valor del marketing social, la coherencia del mensaje y la necesidad de una ejecución estructurada y sustentable.

Porque cuando el atributo central de tu marca es el delivery —como lo es para Domino’s—, el estado de las calles no es un tema ajeno: es parte del producto, de la experiencia y de la promesa.

Y más aún si se considera que Domino’s compite directamente con actores como Little Caesars Pizza, cuya propuesta de valor elimina el riesgo del trayecto al apostar por pizzas “hot and ready” que no dependen del tiempo de entrega ni del pavimento para cumplir su promesa.

En ese contexto, asegurar que la pizza llegue caliente, intacta y a tiempo no es solo una operación logística: es una narrativa de marca. Y en temporada de lluvias, esa narrativa se pone a prueba en cada calle.

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Medidor de impacto del bache – web: pavingforpizza.com

Así que si alguien quiere comprobarlo, puede hacerlo fácil: Hagamos la prueba. Pidamos una pizza. Y veamos qué llega primero: ¿La entrega prometida o el siguiente bache?


Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Reina Madre ofrecerá actividades gratuitas en la semana de la lactancia en México

Del 1 al 7 de agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna, una oportunidad para reflexionar sobre el poder de esta acción natural que nutre y vincula. Es una semana para acompañar a quienes la están viviendo o están por comenzar, una invitación a fortalecer la salud desde el amor.

En este marco, Reina Madre, red de clínicas especializadas en salud de la mujer, ​ se suma con actividades gratuitas para mamás lactantes, personas que desean acompañar desde el corazón y familias que han transitado experiencias difíciles, pero están listas para vivir una lactancia amorosa y exitosa.

A lo largo de estos días se ofrecerán talleres vivenciales, charlas con especialistas, dinámicas de integración y momentos de conexión diseñados para crear confianza, compartir experiencias y generar redes reales de apoyo. Porque para Reina Madre cada historia de lactancia es única y merece ser acompañada con respeto, sensibilidad y cuidado profundo.

Las actividades se realizarán en 12 de las 14 clínicas del país, en espacios cálidos, humanos y respaldados por el conocimiento médico más actual:

  • Coyoacán, viernes 1 al miércoles 6 de agosto, 11:00 a 13:00 h
  • Satélite, sábado 2 de agosto, 12:00 a 15:00 h
  • Lindavista, lunes 4 de agosto, 10:30 a 12:30 h
  • Juárez, miércoles 6 de agosto, 13:00 a 15:00 h
  • Cuautitlán, jueves 7 de agosto, 10:30 a 13:00 h
  • Pachuca, jueves 7 de agosto, 10:00 a 12:00 h
  • La Viga, jueves 7 de agosto, 12:00 a 13:00 h 
  • Metepec, martes 5 y miércoles 6 de agosto, 12:00 a 16:00 h
  • Tlalnepantla, viernes 1 de agosto, 10:30 a 15:00 h
  • Tlatelolco, ​ ​ jueves 7 de agosto, 09:00 a 15:00 h
  • Aragón, lunes 4 de agosto, 09:00 a 15:00 h
  • Toluca, lunes 4 de agosto, 12:00 a 13:00 h, martes 5 de agosto, 12:00 a 12:30 h, miércoles 6 de agosto, 12:30 a 13:30 h, y jueves 7 de agosto, 12:00 a 13:00 h

Durante estas jornadas se hablará sobre el inicio de la lactancia, el manejo de mitos, técnicas básicas, alimentación complementaria, conciliación con el trabajo y la importancia del acompañamiento emocional. Todo con un enfoque informado, libre de juicios y centrado en las verdaderas necesidades de cada familia.

Los talleres y charlas serán impartidos por el equipo especializado de Reina Madre, quienes acompañan con conocimiento, sensibilidad y compromiso a las familias cada día. 

“Más allá de sus beneficios a la salud, la lactancia es un acto de amor que construye vínculos profundos y transforma la forma en que una familia se conecta con su bebé. Queremos acompañar a las mamás en este proceso, las invitamos a participar en nuestras actividades gratuitas, diseñadas para informar y crear redes reales de apoyo, en espacios respaldados por el conocimiento médico más actual.” Destaca la Dra. Jazmín Flores de Lucio, Médico Pediatra Neonatólogo del Hospital Reina Madre Toluca.

Lactancia materna: alimento, consuelo y vínculo

La leche materna es más que sustento físico. Es una herramienta poderosa para la salud de madres y bebés. El ritmo de una respiración chiquita, el calor de un abrazo, y la mirada entrelazada durante una toma son momentos que construyen amor. Por su composición personalizada y en constante ajuste, la leche materna se convierte en el mejor comienzo para la vida.

De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS):

  • La lactancia materna exclusiva por seis meses reduce el riesgo de leucemia infantil en un 19%.
  • Disminuye en un 60% el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante.
  • Reduce en un 35% la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2.
  • Disminuye el riesgo de obesidad infantil en un 13%.
  • Mejora el desarrollo cognitivo y los ingresos en la adultez.
  • En las madres, disminuye el riesgo de cáncer de mama, ovario, enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2.

Juntos por la lactancia: apoyamos, compartimos, nutrimos. Aprovecha este espacio para aprender, sanar, reconectar y celebrar una experiencia tan íntima como poderosa. Para más información visita reinamadre.mxo sus redes sociales.

Formula E se convierte en el primer deporte certificado por la ruta hacia cero emisiones de BSI

Formula E anunció hoy que se ha convertido en el primer deporte en obtener la certificación de la ruta hacia cero emisiones netas (Net Zero Pathway) de BSI, reafirmando su liderazgo en sostenibilidad dentro del deporte a nivel mundial y marcando un nuevo estándar global para una acción climática creíble.

Tras una auditoría independiente, rigurosa y exitosa, el Campeonato Mundial ABB FIA de Formula E logró oficialmente la certificación Net Zero Pathway de BSI (British Standards Institution) correspondiente a la Temporada 9 (2022/23), lo que confirma que cuenta con objetivos sólidos y basados en ciencia para la reducción de emisiones. Este reconocimiento está respaldado por una huella de carbono verificada y un sistema de gestión alineado con las Directrices ISO para Cero Emisiones Netas (IWA 42:2022), el marco globalmente reconocido para desarrollar estrategias net zero basadas en ciencia y con credibilidad.

Elevando el estándar de credibilidad climática en el deporte

A diferencia de muchas declaraciones de “cero emisiones netas” que dependen únicamente de compensaciones, la certificación Net Zero Pathway de BSI va más allá de los compromisos genéricos al verificar que los datos de huella de carbono, los planes de reducción y las metodologías cumplan con los más altos estándares internacionales.

Esta certificación también posiciona al campeonato por delante de regulaciones cada vez más estrictas como la Directiva de Reporte de Sostenibilidad Corporativa de la UE (CSRD), garantizando que patrocinadores, equipos, socios y aficionados puedan confiar en la veracidad de sus compromisos ambientales.

La norma, la más reciente dentro del conjunto de estándares de BSI, prioriza reducciones reales y medibles de emisiones de gases de efecto invernadero en operaciones y cadenas de valor. Solo se otorga certificación a organizaciones como Formula E que demuestran planes de descarbonización transparentes y basados en estándares, auditorías anuales y avances verificados hacia metas de corto, mediano y largo plazo.

BSI es una de las organizaciones de normalización independientes más respetadas del mundo, encargada de definir, desarrollar y evaluar buenas prácticas y marcos de referencia de alto nivel, para asegurar que afirmaciones como trabajar hacia “cero emisiones netas” sean creíbles, consistentes y confiables a nivel mundial.

La ruta de BSI está alineada con ISO 14064-1 (cuantificación y reporte de gases de efecto invernadero) y las Directrices ISO para Cero Emisiones Netas (IWA 42), las primeras pautas globales que definen qué significa realmente “net zero” en la práctica.

Juntas, estas herramientas ayudan a las organizaciones a evitar riesgos de greenwashing, cumplir con las expectativas de inversionistas, reguladores y consumidores, y demostrar que sus compromisos climáticos están respaldados por evidencia clara, revisión de terceros y acciones concretas de reducción.

Una nueva línea de meta: la ruta hacia cero emisiones netas

El renovado compromiso del deporte con el “net zero” creíble responde a estos nuevos estándares globales, con un enfoque mucho más fuerte en un proceso científico de reducción de carbono y una ruta clara hacia la eliminación continua de emisiones, en lugar de simplemente declarar una condición de cero emisiones basada en compensaciones.

Compromiso con una acción climática verificada

  • Al sumarse a la Net Zero Pathway de BSI, Formula E se compromete a: Reducir las emisiones de Alcance 1 y 2 en un 50% y las de Alcance 3 en un 27.5% para 2030 (en comparación con la Temporada 5, 2018–19 como línea base).
  • Priorizar la reducción de emisiones en sus operaciones, desde el uso máximo de electricidad renovable, logística más eficiente, combustibles sostenibles, hasta la reducción de residuos y experiencias sostenibles para aficionados y alimentos en cada carrera.
  • Alcanzar un nivel creíble de cero emisiones netas idealmente para 2040, y a más tardar en 2050, en línea con el Marco de Acción Climática para el Deporte de la CMNUCC.

Julia Pallé, vicepresidenta de sostenibilidad de Formula E, comentó:

“Desde el primer día, Formula E ha empujado los límites de lo que el deporte puede representar, demostrando que el automovilismo de élite y la sostenibilidad pueden avanzar juntos. Sin embargo, recientemente las reglas del juego han cambiado. Muchas organizaciones hacen promesas, pero sin avances reales. Los estándares debían evolucionar para priorizar reducciones reales por encima de declaraciones sin respaldo.”

“Convertirnos en el primer deporte certificado bajo la Net Zero Pathway de BSI demuestra que nuestra acción climática no es solo una promesa: es una estrategia sólida, respaldada por ciencia y datos, y verificada por el organismo de estándares más reconocido del mundo.”

“Nuestra misión es clara: reducir continuamente nuestro impacto ambiental, mientras apoyamos a nuestro ecosistema y a las comunidades donde competimos. Esta nueva certificación nos permite correr con orgullo y propósito, sabiendo que nuestras acciones resisten el más alto escrutinio, con transparencia y confianza.”

Matt Page, vicepresidente senior de Assurance Services, EMEA en BSI, agregó:

“Estamos en un punto crítico del camino global hacia cero emisiones netas, y todos tenemos un papel que desempeñar. Como el primer deporte motor en lograr esta certificación, Formula E marca un nuevo precedente para la industria. Esto no es solo un reconocimiento técnico; es una señal clara de que cuando la sostenibilidad está respaldada por estándares confiables y verificación independiente, se convierte en algo más que un objetivo. Se transforma en un sistema de cambio duradero y creíble.”

“Formula E no solo tiene la oportunidad de inspirar dentro de la pista, sino también de ser sostenible en cómo se lleva a cabo. Formula E merece reconocimiento por dar el ejemplo, inspirar a los aficionados, impulsar un cambio real y construir un legado que motive acciones en el resto del mundo deportivo.”

Se agotaron los recursos del 2025: el planeta entró en números rojos

El 24 de julio de 2025 marcó un nuevo hito preocupante para la humanidad: agotamos los recursos del 2025 disponibles en el planeta. Esto significa que, a partir de esa fecha, vivimos “a crédito ecológico”, utilizando bienes y servicios que la Tierra ya no puede regenerar este año.
Este fenómeno, conocido como el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, se adelantó casi una semana respecto a 2024, lo que refleja una aceleración en nuestra presión sobre los ecosistemas y una reducción constante de la biocapacidad planetaria.

De acuerdo con edie, la Red de la Huella Global, que calcula cada año cuándo se sobrepasan los límites ecológicos, nos entrega una alarma en forma de fecha: la vida moderna, basada en el consumo insostenible, exige más de lo que el planeta puede dar. Este llamado a la reflexión es especialmente relevante en el contexto de los recursos del 2025, donde cada jornada transcurrida nos acerca a un punto sin retorno.

La situación expone una contradicción clara entre nuestro modelo económico y la resiliencia natural, desafiándonos a repensar la forma en que interactuamos con el entorno.

Un termómetro planetario: recursos del 2025 agotados antes de tiempo

La fecha en la que se agotan los recursos del 2025 no es fortuita: se determina a partir de la biocapacidad del planeta y la huella ecológica que dejamos. Al dividir la capacidad regenerativa de la Tierra entre el consumo humano, se establece un calendario ecológico cada vez más limitado.
En 1970, el Día de la Sobrecapacidad se celebró el 25 de diciembre; hoy, nos enfrentamos a un agotamiento casi cinco meses antes, revelando el incremento continuo en la demanda de recursos.
Este adelanto en la fecha crítica evidencia que nuestros patrones de consumo, en el marco de los recursos del 2025, han sobrepasado los límites que el planeta puede sostener.

recursos del 2025

La aceleración de este fenómeno impacta tanto en la biodiversidad como en la salud pública, evidenciando una urgente necesidad de actuar para evitar consecuencias irreversibles. En este sentido, la situación de los recursos del 2025 se convierte en un espejo que refleja nuestra responsabilidad colectiva.

Radiografía global: quién vive dentro y quién rebasa los recursos

No todos los países se ubican en la misma línea cuando hablamos de los recursos del 2025. Por ejemplo, Uruguay e Indonesia alcanzan su día de sobrecapacidad en noviembre o diciembre, demostrando una gestión relativamente equilibrada de sus recursos naturales.
En contraste, países como Qatar y Luxemburgo agotan sus recursos del 2025 ya en febrero, lo cual evidencia una demanda desproporcionada.

Naciones como Estados Unidos, Canadá, Bélgica y el Reino Unido también figuran entre los que sobrepasan su cuota ecológica de manera alarmante, reflejando una falta de convergencia global en estrategias de sostenibilidad.

La disparidad en el consumo genera tensiones en el ámbito internacional, donde se hace necesario un rediseño de acuerdos y responsabilidades para equilibrar el uso de los recursos. Cada nación debe asumir su parte en la protección y regeneración de nuestro planeta.

De “usar y tirar” a regenerar: redefiniendo los recursos del 2025

El sistema económico actual, basado en el paradigma de “extraer-fabricar-eliminar”, ha sido uno de los principales responsables de agotar los recursos del 2025. Este modelo lineal impulsa un ciclo de consumo que ignora los límites naturales.

La Fundación Ellen MacArthur ha señalado que aproximadamente el 45 % de las emisiones globales se relacionan con este esquema, evidenciando que el impacto ambiental es directo y severo.
El desperdicio de alimentos, por sí solo, genera entre el 8 % y el 10 % de las emisiones globales, haciendo que nuestro consumo desmedido se refleje en el deterioro acelerado de los recursos del 2025.

La degradación de la biodiversidad y la pérdida masiva de especies, documentadas por WWF, subrayan el costo ecológico de estos hábitos insostenibles.
Este escenario exige una transformación integral hacia modelos económicos que prioricen la regeneración y eficiencia, marcando un nuevo rumbo para el futuro del planeta.

Más allá de la transición energética: reconfigurando la extracción

La conversación global se ha enfocado intensamente en la transición hacia energías renovables. Sin embargo, esta medida por sí sola no detiene el consumo excesivo de materias primas que impulsa el agotamiento de los recursos del 2025.

Expertos en sostenibilidad destacan la necesidad de reducir la extracción de materiales en al menos un 30 % y fomentar un robusto sistema de reciclaje y reutilización.
Esta estrategia invita a rediseñar procesos productivos y adoptar un enfoque de economía circular que trascienda fronteras y sectores.

El rediseño industrial implica repensar desde la fabricación hasta la disposición final de los productos, minimizando la huella de consumo.
Solo así se podrá lograr un equilibrio que permita que los recursos del 2025 y los posteriores se administren de forma sostenible, sin comprometer la regeneración natural.

Gobiernos bajo presión: integrando los recursos del 2025 en las políticas climáticas

La cuenta regresiva para la COP30 en Brasil ha encendido la alarma sobre la urgente necesidad de integrar consideraciones ambientales en las políticas gubernamentales. Las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) deben incorporar no solo metas de reducción de emisiones, sino también estrategias para gestionar adecuadamente los recursos del 2025.

Este enfoque más holístico es crucial para garantizar que las políticas climáticas aborden la totalidad de la crisis ambiental, no limitándose únicamente a la transición energética.

Integrar la gestión de los recursos del 2025 en la agenda política implica un replanteamiento de prioridades y una inversión en sistemas de reciclaje y eficiencia.
Sin este cambio integral, las metas del Acuerdo de París permanecerán fuera de alcance, y la deuda ecológica se incrementará año tras año.

El rol estratégico de la responsabilidad social en tiempos críticos

Ante el marcado agotamiento de los recursos del 2025, la responsabilidad social corporativa asume un papel fundamental en la transformación de modelos de negocio.
Las empresas ya no pueden limitarse a políticas internas aisladas; deben integrar prácticas sostenibles en cada eslabón de su cadena de valor.

El compromiso de las organizaciones debe ir más allá de la imagen y convertirse en un motor de cambio que impulse una verdadera regeneración ecológica.

El reto es implementar estrategias que reduzcan la dependencia del modelo extractivo y promuevan el reciclaje y la reutilización de forma estructural.
Iniciativas de responsabilidad social, orientadas a la optimización de los recursos del 2025, pueden marcar la diferencia en la trayectoria de nuestro consumo global.

Cambiar el rumbo antes de cruzar el punto de no retorno

El hecho de haber agotado los recursos del 2025 tan prematuramente es una advertencia inequívoca del deterioro de nuestro equilibrio ecológico.
Vivimos por encima de los límites que la Tierra puede regenerar, hipotecando el bienestar de las futuras generaciones.

Es imperativo que, como sociedad, adoptemos medidas transformadoras en todas las esferas: políticas, corporativas y personales, para reparar y cuidar el patrimonio natural.

El desafío consiste en reestructurar nuestros patrones de consumo, rediseñar la economía y asumir responsabilidades compartidas para evitar que esta crisis se intensifique.
El momento de actuar es ahora, antes de que el planeta cruce el umbral irreversible, y los recursos del 2025 se conviertan en una lección amarga para la humanidad.