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Los impactos sociales de la banca (I). Back to Basics

Por Helena Ancos

Podría comenzar hablando del impacto social de la banca sólo con imágenes: las imágenes de los desahuciados, de los afectados por preferentes y otras estafas bancarias, de las PYMES ahogadas por la falta de crédito y de sus desempleados, y de la impunidad de algunos consejeros y sus estratosféricos salarios.

Todas estas imágenes están tan vivas en nuestras retinas y en nuestras propias carnes que resulta difícil un ejercicio equilibrado de la responsabilidad social de la banca.

Precisamente por esto, en los artículos de esta serie no hablaré tanto de Responsabilidad Social, como de sus impactos sociales. El primer artículo nos situará en el contexto de la evolución del negocio bancario en España a raíz de la crisis.

I. Introducción.-

La crisis financiera ha traído dramáticas consecuencias para nuestra economía y para nuestra sociedad y augura una penosa y larga convalecencia para nuestro país. Una conjunción de factores causantes en cuyo epicentro se sitúa el sistema financiero, cuya regulación laxa o directamente ausente en algunos aspectos, una avaricia esquizofrénica y el cortoplacismo de su operativa, han abierto en canal un abismo de desconfianza y descrédito entre el mundo de los directivos, sus consejeros, los tecnicismos bancarios y la letra pequeña de sus cláusulas contractuales, por un lado, y una sociedad que ha visto supeditados sus valores democráticos y sus instituciones al quinto poder, el de las finanzas y los mercados.

Es por ello que hablar de Valor Social del sector bancario resulta cuanto menos polémico, casi un oxímoron para la mayoría de la ciudadanía. Es cierto que la labor de la obra social de algunas cajas ha sido y es incuestionable, pero se ha visto contaminada por malas prácticas de gobierno corporativo y de gestión de negocio que han acabado contagiando a todo el sector. Este es sin embargo, el tema elegido para los artículos de esta serie.

II. Contexto actual. Evolución del sector bancario en España.-

El sector financiero en general ha sido reacio a la publicación de información no financiera y cuando se ha publicado se ha hecho con escasa convicción. El argumento más frecuente para esta ausencia de datos es que ésta es una información poco o nada valorada por los inversores y los propios mercados financieros.

Más concretamente, las entidades bancarias siempre atentas a sus cuentas de resultados, han sido generalmente reactivas y no han puesto esta información en valor hasta que no han atisbado su demanda, alimentando así el círculo vicioso del cortoplacismo y la insostenibilidad. La inversión socialmente responsable y el activismo accionarial han sido hasta ahora, aunque débilmente, los únicos estímulos capaces de alterar este orden de cosas.

No obstante, en nuestro artículo Buenos propósitos y …buen gobierno bancario apuntábamos algunas tendencias capaces de disciplinar el mercado bancario. Por una parte,

– la reforma financiera acometida a nivel internacional, especialmente por la Dodd-Frank Wall Street Reform and Consumer Protection Act aprobada por la Administración Obama el 21 de julio de 2010, todavía pendiente de concreción, y el Informe de la Independent Commission on Banking en el Reino Unido, van a cobrar sin lugar a dudas, un renovado impulso gracias a los acontecimientos posteriores en los mercados, a pesar de las resistencias de los grupos de presión de la industria.
– La cesión a favor de instituciones supranacionales como el FMI, y el BCE del control de los propios supervisores y entidades financieras nacionales.
– La depuración obligada de los excesos y una mayor transparencia exigida al sector,
– Una corriente de exigencia de responsabilidades civiles y penales a través del enjuiciamiento de los culpables de los desmanes bancarios (tanto en España, con la plataforma de afectados por preferentes, los damnificados de Bankia, como en EEUU o en el Reino Unido, a resultas de la manipulación del Libor).
– Una creciente influencia en los Consejos de las resoluciones en materia social y medioambiental de las juntas de accionistas
– Y sobre todo y no menos importante, un aumento del activismo del consumidor, a través del asociacionismo activo y el consiguiente aumento de la cultura financiera de los consumidores.

Ahora bien, en este contexto ¿es posible augurar un cambio de estrategia en materia de sostenibilidad? La actual crisis financiera y la evolución del modelo bancario, ¿pueden provocar un cambio del modelo bancario orientado más responsablemente hacia el cliente minorista?, ¿habrá un giro hacia lo social? ¿puede interesar a la banca medir sus impactos sociales?

Mientras la banca de inversión parece seguir guiándose todavía por los mismos parámetros previos a la crisis, la banca española, con un modelo de banca universal, se ha visto afectada por una tormenta casi perfecta:

1) Por un lado, el modelo bancario español estaba demasiado centrado en las economías de escala ligadas al mercado hipotecario (con el consiguiente crecimiento de sucursales y la concentración en pocos productos). La necesaria corrección del mercado de la vivienda y la obligada venta de activos inmobiliarios reclamada por las sucesivas reformas del Gobierno, han impuesto un ajuste rápido y drástico hacia otro modelo de negocio.

2) En segundo lugar, el carácter global de la crisis, el incremento de recursos propios exigido por los reguladores (Basilea II) y las condiciones de restructuración impuestas por el MoU no sólo establecen nuevas exigencias de capital, sino que han provocado una sequía de crédito en el mercado mayorista y el consiguiente aumento de costes de financiación y una exponencial restricción del crédito en el mercado minorista.

3) En tercer lugar, la recesión en España impide llevar a cabo estrategias de crecimiento basadas en aumento del volumen de negocio y de economías de escala, salvo en los países emergentes.

No obstante, en su día, las principales entidades españolas optaron por una política de diversificación e internacionalización (sobre todo, en América Latina y Reino Unido), lo que ha permitido atenuar el impacto de la menor actividad económica en España y la reducción de las plusvalías de la inversión en capital en empresas no financieras.

A pesar de ello, en algunos casos, como el del BBVA, con gran expansión en las microfinanzas, y junto con el Santander, con fuerte crecimiento en mercados latinoamericanos donde se está devaluando la imagen de Marca de empresas españolas, la medición de impactos sociales es crítica. Por otra parte, a medida que aumente la ratio de bancarización en estos mercados, deberían evitarse, especialmente por los reguladores nacionales, los errores cometidos por la banca en otros contextos.

De forma adicional, esta mayor sensibilidad y sensibilización hacia los impactos sociales de la banca, se traslada a otros ámbitos geográficos. Así, el Banco Santander, está sufriendo serias críticas en países como el Reino Unido, debido a una política demasiado agresiva de comisiones bancarias y en un país con mayor tradición de banca ética y cooperativa.

Junto a estas economías de escala, en los próximos años será importante la explotación de las economías de alcance, con un mayor énfasis en las estrategias de venta cruzada y de consideración global del cliente y un mayor desarrollo de segmentos de actividad bancaria con menos penetración en nuestro país, como la banca orientada a PYME y el crédito al consumo.

Estas tendencias aconsejarían una mayor atención hacia el cliente y hacia los impactos sociales por parte de la banca española, o al menos, por parte de aquéllas cuyo negocio en segmentos residenciales se ha visto más resentido.

¿Qué repercusiones para la sostenibilidad y los impactos sociales debería tener este cambio de estrategia comercial?

A priori, la certeza de que tarde o temprano, la participación activa de los bancos en una economía abierta y globalizada, exigirá la rendición a favor de mayor soberanía del consumidor. Sobre ello, hablaremos en el siguiente artículo.



Helena Ancos Franco

Coordinadora del Programa de Trabajo de Responsabilidad Social Empresarial del Instituto Complutense de Estudios Internacionales. Representante en la UCM de la RedUNIRSE, red Iberoamericana de Responsabilidad Social Empresarial y Promotora en la Universidad Complutense de Madrid de la Red Interuniversitaria de Responsabilidad Social Empresarial. Ha sido Abogado y Profesora de Derecho Internacional Privado en la Universidad Europea de Madrid y en el Centro Universitario Francisco de Vitoria y en el Centro Universitario de Estudios Financieros de Madrid. Sus actuales líneas de investigación se centran en la búsqueda de modelos jurídicos y económicos que promuevan la rentabilidad de los negocios y el desarrollo social, así como mecanismos de colaboración público-privada para el desarrollo.

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