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Lideran altruismo… y ganan poder

Estiman que en 2009, benefactores de Estados Unidos donaron en el mundo 303 mil millones de dólares

Mark Zuckerberg, el creador y presidente ejecutivo de Facebook, anunció días atrás que donará 100 millones de dólares a escuelas públicas de Nueva Jersey, agobiadas por problemas financieros del Gobierno local.

Con esa decisión, Zuckerberg, el billonario más joven del planeta, se sumó al selecto grupo de empresarios, artistas y líderes religiosos que están cambiando la añeja arquitectura de las políticas públicas con sus jugosos aportes: los filántropos.

Movilizados por el altruismo, el poder o el deseo de mejorar su imagen, y apoyados en sus abultadas cuentas bancarias, los filántropos han crecido en número e influencia.

«Se han convertido en jugadores importantes. La fundación de Bill Gates probablemente esté haciendo más por la salud en África ahora que el Banco Mundial», apuntó Raj Desai, profesor de la Universidad de Georgetown e investigador del Instituto Brookings.

Aunque no existe una única cifra, la estimación más amplia coloca el esfuerzo de la filantropía en Estados Unidos en 303 mil 750 millones de dólares en 2009, el equivalente a poco más de 2 por ciento del PIB. El grueso de estas donaciones quedó en el país. El resto fue a los países en desarrollo.

Trevor Neilson, presidente del Global Philanthropy Group, dijo que ha habido cambios dramáticos en la filantropía. Uno de ellos es que ya no es algo que «hace la gente vieja».

El otro es la irrupción de personalidades de la música o la actuación. Y, finalmente, el ascenso a las esferas del poder.

«Si alguien ve que te interesa el mundo, eso te da una oportunidad para participar en cuestiones de política que no tendrías si te ven como alguien egoísta. Obtienes un lugar en la mesa, un mejor lugar», apuntó Neilson.

Pero ejercer una influencia desde ese lugar requiere un compromiso serio y mucho trabajo.

«Aunque hay un número pequeño de filántropos que tiene el poder para modelar políticas públicas, está comenzando a suceder. Gates tiene ciertamente ese poder en temas de salud global», añadió Neilson.

Junto a Warren Buffet, Bill Gates busca ahora ampliar esa influencia. Ambos crearon The Giving Pledge, una iniciativa para convencer a otros millonarios a que donen la mayor parte de sus fortunas. Otras 38 personas ya se comprometieron a participar.

Gates no hubiera podido realizar donaciones de no ser por el éxito de Microsoft. El auge del Sillicon Valley le permitió también al dueño de Oracle, Larry Ellison, y a los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, entre otros, pertenecer a la élite a la que días atrás se sumó Zuckerberg.

«La llegada de nuevos jugadores a la mesa ha forzado a los Gobiernos y los organismos multilaterales a mirarse a sí mismos y a lo que están haciendo», evaluó Desai.

Junto con su colega Homi Kharas, Desai acuñó un término que engloba el impacto de la filantropía: el Consenso de California, una referencia antagónica al Consenso de Washington.

«Es un enfoque que se apoya en la tecnología y la innovación de forma tal que la filantropía adquiere un papel similar al de una inversión de capital de riesgo», completó el experto.

Los filántropos sostienen que su esfuerzo es más efectivo, frente a los magros resultados, la corrupción y el derroche del que suele acusarse a los programas públicos. Pero lejos de ser alternativas opuestas, la visión extendida es que se trata de esfuerzos complementarios.

«Los filántropos pueden hacer grandes cosas porque tienen más libertad y menos presión política. Las fundaciones pueden innovar, experimentar y probar soluciones a problemas sociales, que luego pueden ser expandidas por los Gobiernos», precisó Bradford Smith, presidente del Centro de Fundaciones.

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Es, luego de su amigo, Warren Buffet, el mayor filántropo del mundo. Pero a diferencia del «Oráculo de Omaha», Bill Gates se dedica en la actualidad casi en exclusivo a sus obras filantrópicas.

Con activos por 33 mil millones de dólares, la Fundación Gates es la más grande del mundo.

De las 10 donaciones más grandes que se realizaron en 2008, seis fueron hechas por la Fundación Bill & Melinda Gates, según cifras del Centro de Fundaciones. Sus donaciones se destinaron principalmente a proyectos de desarrollo global vinculados a la salud.

Con su aporte de 500 millones de dólares, Gates se convirtió en uno de los principales promotores del Fondo Global, un programa para combatir el sida, la malaria y la tuberculosis que muchos consideran, al día de hoy, el ejemplo más categórico del éxito que puede brindar una asociación entre el sector público y el privado.

Otro dato refuerza la influencia de Gates. Quien fuera uno de los hombres fuertes de su fundación, Rajiv Shah, fue nombrado a fines de 2009 por el Presidente Barack Obama para presidir la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID, según sus siglas en inglés). Y días atrás, Obama presentó ante la ONU una nueva política de desarrollo.

Fuente: Reforma.com
Publicada: 12 de Octubre de 2010

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