Colaboraciones

Lección humanitaria a la humanidad

Forma y Fondo CXXXVI
Por: Pedro Silva Gámez

Tal puede ser la definición del mayor rescate minero de la historia. Drama que inició en el Desierto de Atacama, en Chile, el pasado cinco de agosto a las catorce horas con quince minutos, cuando treinta y tres trabajadores quedaron atrapados a casi setecientos metros de profundidad, debido al derrumbe ocurrido en la mina de cobre San José.

No fue fácil para los familiares de los 33 de Atacama, como ya se les conoce, sobreponerse a los malos augurios iniciales. Montaron el Campamento Esperanza en las afueras de la mina, que dista ochocientos treinta kilómetros de la capital y exigieron al gobierno un plan de rescate inmediato.

Lo que en principio era una tragedia para todos, terminó en una histórica epopeya. A los diecisiete días del accidente, saben que los mineros siguen con vida, por un mensaje escrito en un trapo, mencionando que están bien en el refugio.

La combinación de tecnología, fe y política hicieron posible el rescate. Este hubiera sido imposible sin una decisión política firme que puso en práctica medios políticos. En otras palabras, definió el éxito de la operación. Fue decisiva la serenidad, coherencia y visión de conjunto; sin el trabajo en equipo, cualquier otra acción orientada al rescate, hubiera fracasado. Quedó demostrado lo que se logra hacer con respeto, profesionalismo, unidad y sobre todo capacidad.

Existía el costo que entrañaba la posibilidad de fracaso por los aspectos técnicos y geológicos imponderables, dada la magnitud de la operación, seguida a través de los medios por un auditorio cercano a los mil cien millones de personas.

Los elementos que unieron más al pueblo chileno y conmovieron a la audiencia, fueron su bandera tricolor dándole cohesión interior y de patriotismo, superior a cualquier otro símbolo, junto con el nacionalismo mediático, bastante mesurado y con un buen manejo de imagen en desastres, del Presidente Piñera expresando el sentir de la nación en su mensaje de esperanza.

Siempre estuvo presente el agradecimiento a la cooperación internacional, a la solidaridad de las naciones en voz de sus mandatarios. La vista del horizonte futuro que trae nuevos desafíos para continuar siendo líderes en la producción de cobre, pero anteponiendo la protección de sus trabajadores, a la vez que sus derechos sociales y económicos.

La memoria de que Chile también cumplió doscientos años de independencia; la convocatoria al país a conformar un nuevo orden, más allá de la reconstrucción material, para ser una nación desarrollada, sin pobreza y con igualdad de oportunidades y progreso para todos.

El eco de este acontecimiento, es la decisión del principal productor de cobre del mundo, en cuanto a revisar su legislación laboral, ambiental y de seguridad, en una industria en la que conviven empresas de alta tecnología y cuantiosos sueldos, al lado de pequeñas y medianas, más artesanales, con menos prestaciones y deficientes estándares de seguridad como la mina San José. Quedó claro que un país desarrollado no es el que se sienta a la misma mesa con las naciones desarrolladas, sino el que trata a su clase trabajadora como ciudadanos de primera.

Otros países productores de cobre como Brasil y Perú iniciaron revisiones, para evaluar el alcance de las leyes en la materia y debates sobre todo lo que implica seguridad en las minas.

Múltiples interpretaciones se han dado a tan extraordinario acontecimiento. La madre de uno de los mineros lo asoció con un renacimiento masivo de las entrañas de la Madre Tierra, como una nueva oportunidad de vida. Como si las profundidades fueran un gran vientre o una gran cámara de reflexión de un ritual iniciático.

Por el nombre de Operación Fénix, resurgieron si no de las cenizas, sí de las tinieblas sinónimo del no regreso a la superficie terrenal; como si el cóndor andino, en peligro de extinción e inmortalizado en el escudo de la UNAM, remontara las alturas.

Lo que resulta innegable es la unión, la esperanza y solidaridad que congregó a millones de seres humanos alrededor de los medios, en un momento histórico de colectividad, para ser testigos del regreso de los nuevos héroes del inframundo a la luz, simbolizada por la estrella solitaria de su bandera, ondeando en la inmensidad del desierto.

No faltó la asociación con el 13 de octubre. El mismo día en 1307, ocurre la disolución y arresto de los Caballeros Templarios, surgiendo la conseja de la mala suerte. En 1792, George Washington coloca la piedra fundacional de la Casa Blanca. En 1917, cerca de setenta mil peregrinos presenciaron a la Virgen de Fátima y el llamado milagro del sol, donde el astro renace. En 1972 el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, se estrelló en la Cordillera de los Andes en ruta hacia Santiago de Chile, dando lugar al milagro de los sobrevivientes de los Andes. La cápsula de rescate Fénix II mide 13 pies de largo. Apenas es el inicio de lo que falta por escribir.

La forma: el sentimiento de una nación blindó a los mineros ante la adversidad, fortaleciendo el éxito del rescate.

El fondo: una lección humanitaria al mundo entero y a los que se resistían a la realidad y que, en una situación similar, hubieran condenado a los mineros a una muerte segura. Y no lo olvidemos: TODOS SOMOS NATURALEZA.

Fuente: Acacia Fundación Ambiental A. C.

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