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Las dos caras de Pemex

En su página web, Petróleos Mexicanos dedica un apartado especial al tema de Responsabilidad Social y Ambiental de la empresa: “El cuidado del medio ambiente es, además de un compromiso con el país, un instrumento adecuado para reforzar la posición de Pemex en los mercados nacional e internacionales.” (1)

De las palabras a los hechos… hay mucho petróleo derramado.

Lo peor, quizá, son las pocas pretensiones de limpiarlo, de minimizar el deterioro ambiental, de evitar que la contaminación del hidrocarburo siga su curso en los afluentes alcanzados: mar, lagunas y pozos de agua potable.

Ha pasado más de un mes del hundimiento de la monoboya 3 de la paraestatal en Salina Cruz, Oaxaca y Pemex ha respondido con desgana a la emergencia ambiental. La bola de nieve -en este caso de hidrocarburo-, ha crecido hasta extenderse a lo largo de 200 kilómetros de litoral, tocando con su marea negra al menos 20 playas. Respecto a un balance total de daños a fauna, ecosistemas y afectaciones a la pesca y el turismo, Pemex guarda un silencio impregnado de culpabilidad hidrocarburada.

Pemex actúa con mayor eficacia y de manera más activa en la conservación y compensación de los ecosistemas relacionados con la actividad petrolera”; leemos otra vez en su página y lo confrontamos con ese discurso con el que encara a los medios de comunicación y a las comunidades afectadas, argumentos cuya tendencia es liberarse de responsabilidad en los continuos accidentes y vertidos de crudo, 55 contables desde octubre del 2011 a la fecha.

Regresamos a su página virtual, en un recuadro en rojo anuncia: “Avanzar en la responsabilidad corporativa. Pemex replantea su enfoque como empresa socialmente responsable”. Habrá que darle celeridad a la propuesta en lugar de esperar a que autoridades como Profepa -14 días después del derrame- le exijan detener la expansión de hidrocarburo, limpiar el derrame y mitigar el impacto. Exigencia que, además, obedeció a las denuncias de las comunidades perjudicadas.

Pescadores, restauranteros, surfistas y poblaciones que viven del turismo son quienes sufren las consecuencias de la ineptitud de la paraestatal para enfrentar contingencias de este tipo en aguas someras. Si el hundimiento de una monoboya resulta un reto mayúsculo para Pemex, habrá que replantearse la ligereza de aventurarse a aguas profundas. Una vez más, afirmamos: Perforar en aguas profundas en el Golfo de México es una gran estupidez.

(1) http://www.pemex.com/index.cfm?action=content&sectionID=3

Fuente: greenpeace.org
Por: Daniel Montoya
Publicada: 13 de Septiembre de 2012

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