Fundaciones Empresariales Notas

La fundación como preservadora de patrimonios

emilio guerra

Para Gabriel Mireles,
por tu iniciativa y apoyo
disfruto hoy de mi quehacer
profesional, muchas gracias.

Por Emilio Guerra Díaz

Cuando en 1990 me inicié en el mundo fundacional gracias a la invitación que me hiciera Ercilia Gómez Maqueo Rojas a integrarme a su equipo de trabajo para dar vida a la Fundación Cultural Bancomer, comprendí la importancia de las fundaciones como preservadoras de patrimonios artísticos y culturales.

En esos días teníamos en mente el modelo fundacional bancario español, como organizaciones que por su importancia económica eran instancias además de ser capaces de contar recursos para preservar íntegros bienes culturales, eran además un estupendo aliado desde el mundo privado para apoyar los esfuerzos públicos de fomento al arte y la cultura.

Es común en todo el mundo que importantes fundaciones preservadoras de arte y promotoras de un consumo cultural hayan tenido origen desde el esfuerzo de un artista, escritor, productor, intelectual, que a partir de sus propios intereses y pasiones haya construido un considerable patrimonio a partir del fomento al coleccionismo.

Ruth Weis de Lechuga, Pedro y Rafael Coronel Arroyo, Bruno Newman, Mariana Yampolsky, son algunos ejemplos sobre cómo una afición por coleccionar que se vuelve pasión y por qué no, una forma de vida que, al cabo de unos años la adquisición de obras y objetos de arte terminan formando un gran universo de bienes que poco a poco “van sacando de la casa a sus propietarios” y se requiere entonces crear un museo, la colección demandan criterios profesionales de clasificación y catalogación y recursos económicos para evitar su deterioro. Una vez ordenado el patrimonio toma sentido organizar exposiciones temáticas.

Por otra parte, esas colecciones individuales conforme van ganando en calidad y cantidad sumar objetos, sucede un fenómeno “socializador”. Una persona inicia el acopio de objetos, forma una colección. Luego, los amigos y colaboradores que conocen los criterios de selección van nutriendo con donaciones a dicho acervo y asi sucede por varios lustros. Luego se presenta dicho fenómeno: los objetos que nacieron de un esfuerzo privado se transforman en bienes públicos y la colección se vuelven entonces “nuestra”, aquellos inquietos perseguidores de objeto terminan legando su colección a la comunidad.

El atesoramiento, preservación y difusión de arte por parte de fundaciones es consecuencia entonces de la actividad del coleccionista. Y ese propósito mira al futuro: evitar que el patrimonio se disperse y quede en manos de particulares.

Recién tenemos dos grandes ejemplos que muestran lo aquí expuesto. Por un lado está el caso de la escritora Elena Poniatowska. Su hijo Felipe Haro persuadió a su madre para que no vendiese ni su biblioteca ni el archivo que ha ido acumulando a lo largo de los años pesa a que ha recibido atractivas propuestas por universidades norteamericanas.

Haro, desde 2008, se dio a la tarea de catalogar la información y hace algunos años dio vida a la Fundación Elena Poniatowska Amor con el propósito, según su misión de: “Preservar, organizar y difundir el archivo histórico de la escritora Elena Poniatowska Amor con el fin de instrumentar proyectos que desarrollen la cultura, fomenten el debate crítico de problemas socioculturales y sienten bases para el desarrollo autosustentable de grupos vulnerables”. Como una estrategia de procuración de fondos Haro invitó al Dr. José Ramón de la Fuente a presidir el Consejo Directivo. El ex rector de la UNAM ha aceptado y se darán a la tarea de gestionar la obtención de una sede para la fundación de la escritora.

El otro caso es el de la Fundación María y Héctor García. El periódico La Jornada publicó una entrevista el 22 de marzo con María García, viuda del fotógrafo mexicano donde expone las vicisitudes por las que está atravesando dicha organización por falta de dinero, proyecto institucional y actividades de movilización de recursos. La entrevista permite entender que ella está sola. No cuenta con un Consejo Directivo, no tiene voluntarios y los servicios que debería cobrar, no lo hace por el prejuicio de que lo filantrópico debe ser gratuito. En estos casos siempre ronda el malentendido de que cobrar es lucrar, lo cual no es cierto.

Independientemente de esos problemas, la Fundación María y Héctor García ofrece también gran valor social y como el caso de la institución de la escritora, también requiere catalogar la obra, en este caso del fotógrafo que retrató a “los indios de México”, imágenes con las cuales se ilustró el icónico libro de Fernando Benítez. La viuda García indica que falta clasificar y digitalizar gran parte del acervo de color.

Pero los deseos de preservar una colección a través de una fundación en muchas ocasiones no llega a trascender a “nuestro patrimonio” por diversos factores. No es lo mismo en el interés del público y de las autoridades de gobierno el acervo fotográfico de Héctor García que los libros conseguidos por Elena Poniatowska, una recibirá el apoyo de gobierno porque su nombre pesa y simpatiza ideológicamente con las actuales autoridades de gobierno en la capital; la otra enfrentará el riesgo de disolución si no encuentra en la función pública un amante de la fotografía o incursiona en un proceso institucional.

Los casos de estas dos fundaciones de cualquier manera hacen pensar que es necesario que las organizaciones preservadoras de patrimonios culturales para hacerse llegar de recursos, sus miembros pueden trabajar para conocer las fuentes tradicionales de procuración de fondos, tener claro su caso institucional donde esté focalizado bien su objeto social porque combinar cultura con sustentabilidad de grupos vulnerables es harto complejo (de hecho la Fundación Elena Poniatowska llevó donaciones a damnificados de las tormentas Ingrid y Manuel en Guerrero y ¿ese es su propósito?) y cobren los servicios que brinden para diversificar los ingresos; podrían contar con un Consejo Directivo actuante y dispongan convocar voluntarios para las actividades cotidianas.

Quién desee conocer principios de sustentabilidad de las fundaciones que preserven colecciones puede revisar casos interesantes en México, como el Museo Dolores Olmedo, el Museo Memoria y Tolerancia; y del exterior conocer cómo trabajan los museos Del Prado, Reina Sofía y Thyseen Bornemisza. Para desarrollar sus fuentes de ingreso afortunadamente ya se tienen diversas ofertas tanto de cursos como de consultores especializados.

Desde el Consejo Directivo

Parece que fue muy bueno el arranque de la Fundación Angélica Fuentes, dijo el Presidente del Directorio, pues el mismo día que fue presentada en el Club de Industriales de la Ciudad de México, fue anunciada la donación de dos millones de dólares por parte de esta nueva institución. De tal manera que su presidenta donó un millón a la UN Foundation para apoyar el programa Girl Up y el otro millón se dio a ABC Foundation.

La secretaria del Consejo Directivo señaló que la reciente jornada de futbol de la liga en México tuvo la excelente idea de volver a utilizar el balón naranja de Voit para promover que “nos midamos” la cintura y hagamos ejercicio. Sin embargo la mercadotecnia que dispuso que algunos equipos jugaran con el uniforme de la selección nacional adecuado a cada oncena distrajo la atención del propósito de ir contra la obesidad, por lo que la enseñanza es sencilla: escoger sólo una intencionalidad.

Kasparov, el legendario ajedrecista dijo el tesorero, estuvo la semana pasada en México con el propósito de que a través de su fundación, se enseñe en las escuelas primarias públicas este juego que data de varios siglos. El ajedrez tiene varios beneficios como despertar el pensamiento analítico y pro activo, que ayuda al desarrollo del infante.


emilio guerraEmilio Guerra Díaz

Emilio Guerra cuenta con amplia experiencia en la Gestión de la RSC, destacando su trabajo en el área de vinculación con la comunidad que potenciar la inversión social empresarial. Ha gerenciado fundaciones empresariales.

Acerca del autor

ExpokNews

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