Noticias

La empresa; una entidad que le pertenece a todos

Por Antonio Tamayo Neyra

Tal vez el título pueda parecer exagerado o tendencioso, pero esta entidad artificial creada por el ingenio humano que generalmente ha sido vista como una entidad estrictamente económica, tiene y seguramente lo tendrá más en el futuro, una connotación más amplia a la luz de la Responsabilidad Social en el más amplio sentido.

Posiblemente por cuestiones ideológicas y/o fiscales, a la empresa se le ha dado una propiedad exclusiva y específica, y así tenemos las llamadas empresas públicas pertenecientes al Estado; las llamadas privadas que son propiedad de una sociedad anónima, y una tercera conocida como cooperativa, en donde son varios los propietarios o dueños.

Todas estas clasificaciones son elaboradas en función de quien aporta el capital para su creación, y el destino de las utilidades generadas. Sin embargo, esta concepción rígidamente económica ha pasado por alto todo lo que sucede en el intervalo que va desde la mencionada aportación de capital hasta la generación de utilidades.

La amplia gama de procesos y actividades que se realizan entre la aportación inicial y las utilidades logradas son menospreciados, y en cambio el logro de utilidades para los dueños del capital inicial se ha convertido en el paradigma de la razón de ser de cualquier empresa.

Pero precisamente ese logro de utilidades, viéndolo desde el aspecto económico sin entrar en aspectos idealistas o utópicos, no se consigue por el capital en sí mismo, son varios los agentes económicos o actores sociales que intervienen para obtener esas ansiadas utilidades.

Sin jerarquizar sino por simple secuencia, los primeros de esos agentes son los aportadores del capital, que lo ponen en función de producir o elaborar un bien o servicio que requiere la sociedad; después están los proveedores que suministran los insumos para la elaboración del producto, así como todos los recursos directos e indirectos para realizar la producción; le sigue después el personal que procesará los insumos para elaborar o producir el bien y el servicio; y le sigue el cliente o el mercado dicho en términos generales.

Desde esta perspectiva, todos los actores mencionados dependen de la empresa, y en cierta forma son dueños de la misma en el sentido de que si bien no todos aportaron el capital para su fundación, si logran una utilidad por la aportación realizada, ya sea la materia prima, el trabajo y el cliente en el momento de realizar la compra.

Por lo anterior la pregunta es: ¿Entonces de quién es la empresa? Y mi respuesta es, pues de todos los involucrados en su puesta en marcha, operación y continuidad o sobrevivencia.

Todos quieren obtener su propia utilidad de manera individual, lo cual es plenamente válido, pero, esa utilidad se logrará en función de la propia utilidad lograda por la empresa, y esta última se obtiene en función de la aportación de todos los involucrados.

En otras palabras, todos necesitan o necesitamos de la aportación de los demás, ya sea capital, trabajo, insumos y clientes. El dinero o las máquinas por sí solas no producirán el producto ni mucho menos lo venderán.

Todo lo dicho líneas arriba no es nada nuevo o desconocido hasta ahora, por lo que más bien pretendo es recordarlo y hacerlo lo más evidente posible. Es decir, todos tenemos esta responsabilidad social para que la empresa cumpla sus propósitos de producción y obtención de utilidades; y somos responsables de su operación como entidad social en términos ecológicos y desarrollo humano.

Por lo tanto, todos somos dueños de las empresas, y no solamente quien hace la aportación de capital, ya que este requiere de todos los demás para obtener las multimencionadas utilidades.

Tal vez sea ya el momento de generar una nueva conciencia y mentalidad de lo que es una empresa en este siglo XXI, y dejemos en el pasado, donde deben estar, esos axiomas o paradigmas de una empresa como entidad solamente económica que proviene de los siglos XVIII y XIX, y que tanto daño causaron en el siglo XX y en la primera década de la actual centuria.

Ejemplos específicos de ello es terminar con el concepto de patrón y dueño único por su aportación económica; otro es también el sindicalismo de los trabajadores en su concepción de defensa, organismo que nació con razón por las atrocidades cometidas por los aportadores del capital principalmente en el siglo XIX, y uno más podría ser el ver al cliente como el mercado, convertido este último como la entelequia suprema y en prácticamente una religión que no considera a los seres humanos como tales, sino solamente como consumidores en el peor sentido del término.

En suma, convertir a la empresa en esa entidad que sea el medio para el mayor bienestar de la sociedad en términos económicos, profesionales y hasta sociales; que tiene como razón de existir, el ser socialmente responsable con todos los que participan en ella para su creación, operación y desarrollo, generando un bien o servicio para un cliente.

Seguiremos platicando …

Blog: http://atamayon.blogspot.com



Antonio Rey Tamayo Neyra

Dedicado al periodismo de investigación desde 1987 especializado en temas socioeconómicos. Desde 1991 colabora en el periódico El Financiero como Coordinador Editorial y Redactor de Proyectos Especiales, además de colaborar en otros medios. Desde el 2002 involucrado en la Responsabilidad Social, escribiendo y realizando proyectos editoriales de este tema, y además documentando las actividades de las empresas (tipo caso)

También es profesor de posgrado e imparte capacitación en relacionales laborales.

Licenciado en Administración por el Instituto Tecnológico Autónomo de México; su preparación profesional posterior incluye un Diplomado en Responsabilidad Social en el Tecnológico de Monterrey, y un Curso del mismo tema en la Universidad Abierta de Cataluña. Actualmente estudia la Maestría en Sociedad de la Información y el Conocimiento en la Universidad Abierta de Cataluña.

Acerca del autor

ExpokNews

Dejar un comentario