El nejayote, agua residual generada durante la nixtamalización del maíz -el proceso tradicional de cocción del grano con agua y cal- , podría dejar de ser un desecho para convertirse en una fuente de energía, agua reutilizable y materiales con valor.
Investigadores de la Escuela de Ingeniería y Ciencias (EIC) del Tecnológico de Monterrey, en colaboración con el Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), desarrollaron un sistema modular que permite tratar este residuo y aprovechar sus componentes para producir biogás o hidrógeno, recuperar agua y obtener nuevos subproductos.
La solución busca atender un problema especialmente relevante para las tortillerías urbanas. Debido a su elevada carga de materia orgánica y concentración de calcio, el nejayote puede ser aproximadamente 20 veces más contaminante que el agua residual doméstica y resulta difícil de tratar mediante procesos biológicos convencionales. Al descargarse directamente en el drenaje, también puede contribuir a la acumulación de residuos e incrustaciones en las tuberías.
Frente a este desafío, el equipo de la Escuela plantea cambiar la lógica tradicional de tratamiento; en lugar de limpiar el agua únicamente para desecharla, busca recuperar los recursos presentes en ella y reincorporarlos a distintos procesos productivos.
El sistema comienza con el acondicionamiento del nejayote para retirar el exceso de calcio. Después, el agua residual pasa por un proceso biológico sin oxígeno, en el que la materia orgánica se transforma en gases con valor energético. Dependiendo del acondicionamiento previo, el proceso puede orientarse hacia la producción de biogás (compuesto por aproximadamente 70% de metano) o de hidrógeno.
El biogás obtenido podría utilizarse nuevamente durante la cocción del maíz, creando un circuito de aprovechamiento dentro de la propia tortillería. Para un establecimiento pequeño, el equipo estima un potencial de reducción de entre 10% y 30% en el consumo de combustibles fósiles, dependiendo de sus características y condiciones de operación.
El sistema fue probado a escala piloto en una tortillería de Puebla, donde alcanzó una remoción de 99% de la materia orgánica, 99% del calcio y entre 70% y 75% del nitrógeno presente en el agua residual.

Una vez tratada, el agua puede reutilizarse en actividades sin contacto humano directo, como el lavado de pisos y muros o el riego de áreas verdes. Por su parte, el calcio retirado mediante precipitación química permite obtener hidroxiapatita, un material con potencial para emplearse en aplicaciones como la elaboración de prótesis dentales.
“Más que encontrar una forma distinta de desechar el nejayote, buscamos dejar de verlo como un residuo. Su composición permite recuperar energía, agua y materiales que pueden generar valor y contribuir a una producción de tortillas con menor impacto ambiental”, señaló Pabel Cervantes, profesor investigador del Núcleo de Clima y Sostenibilidad de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey.
La transformación de residuos y recursos biológicos en productos con valor ambiental, social y económico es uno de los principios de la bioeconomía. En este sentido, el sistema desarrollado por la Escuela de Ingeniería y Ciencias representa un ejemplo concreto de cómo la investigación científica puede trasladarse del laboratorio a una actividad productiva cotidiana y generar soluciones de economía circular.
Este trabajo cobra especial relevancia rumbo a la Conferencia Anual 2026 de la Global Bioeconomy Alliance (GBA), que se realizará del 26 al 30 de octubre en el campus Monterrey del Tecnológico de Monterrey. Será la primera ocasión en que este encuentro internacional se celebre en América Latina y tendrá a la Escuela de Ingeniería y Ciencias como anfitriona.
La conferencia reunirá a investigadores, académicos, representantes de la industria, autoridades, emprendedores y estudiantes de distintas regiones para intercambiar conocimiento y analizar cómo acelerar el desarrollo de soluciones basadas en la bioeconomía. Para la Escuela, también será una oportunidad de visibilizar la investigación que se desarrolla en México y su capacidad para responder a desafíos relacionados con sostenibilidad, economía circular y aprovechamiento de residuos.
El proyecto es resultado de una colaboración de cinco años entre la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tec de Monterrey y el Instituto de Ingeniería de la UNAM. El trabajo conjunto recibió inversión de BBVA para continuar con su desarrollo y llevar la solución fuera del laboratorio. Además, fue reconocido en el Reto Nacional de Sostenibilidad y cuenta con una solicitud de patente relacionada con la integración del sistema completo.
Con proyectos como este, la Escuela de Ingeniería y Ciencias refrenda su compromiso de transformar el conocimiento científico en soluciones aplicables a los desafíos ambientales y productivos del país. El desarrollo de esta tecnología abre la posibilidad de que una actividad tan cotidiana como la producción de tortillas avance hacia modelos más circulares, eficientes y sostenibles, al tiempo que posiciona a México como generador de innovación con relevancia global.












