Colaboraciones

Enemigo en casa

Por: Pedro Silva Gámez
FORMA Y FONDO CXXVI

Las alternativas y criterios para cuidar el medio ambiente, intentan unificarse bajo la óptica del desarrollo sustentable, aunque por experiencias anteriores, a veces las consecuencias han sido inimaginables.

Una de tantas campañas para ahorrar energéticos, es la relacionada con el consumo de energía eléctrica sustituyendo los tradicionales focos incandescentes que se calientan a través de un filamento por donde corre la electricidad que produce una resplandeciente luz. Aunque su invento es anterior, desde 1930 su forma ha variado muy poco en comparación a la actual. Para iluminar una habitación, el uso promedio es de un foco de cien watts, con una durabilidad aproximada de mil horas.

Como contraparte, de unos años a la fecha se han promovido los focos ahorradores, fluorescentes y compactos, que consumen una quinta parte de energía y su duración es mayor. Comparando con el foco de cien watts, se necesita un ahorrador de veinte watts, cuya duración llegará hasta las ocho mil horas.

Pero, las paradojas no se hacen esperar. Autoridades, fabricantes, comerciantes y ambientalistas alaban y recomiendan el uso de estos últimos por los ahorros en costo y consumo de energía, no obstante los riesgos a la salud y ciertas desventajas que encierran y la poca difusión acerca de medidas precautorias.

En principio son más caros que los incandescentes, la luz que emiten se considera de menor calidad y los riesgos inician al romperse o para su disposición final.

Todo lo que promueva un aprovechamiento racional de energías y recursos naturales es bienvenido; y el reemplazo de focos lo es, pero también hay que instruir al consumidor acerca de los peligros que generan sus desechos.

Todas las lámparas ahorradoras contienen una pequeña cantidad de mercurio mezclado con argón en forma de vapor, cuyo flujo dirige la corriente eléctrica dentro del tubo. Al romperse una lámpara a base de mercurio, pueden surgir diferentes afecciones al organismo humano. Ambientalmente genera contaminación por filtración de lixiviados a los cuerpos de agua, aire, suelos y seres vivos. Un solo tubo fluorescente contiene suficiente mercurio para contaminar treinta mil litros de agua.

Resultaría maniquea la postura de condenar todos los avances tendientes al mejoramiento social y al cuidado de los recursos naturales y el medio ambiente, sin embargo es aconsejable que autoridades, fabricantes y consumidores, tomen conciencia de los riesgos potenciales y de las medidas para evitarlos.

En México, la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, clasifica como materiales peligrosos los elementos, sustancias, compuestos, residuos o mezclas de ellos, que independientemente de sus estado físico, representen un riesgo para el ambiente, la salud o los recursos naturales, por sus características corrosivas, reactivas, explosivas, tóxicas, inflamables, o biológico infecciosas. En su artículo ciento cincuenta, menciona que los materiales y residuos peligrosos deberán ser manejados de acuerdo a su uso, recolección, almacenamiento, transporte, re uso, reciclaje, tratamiento y disposición final.

Lo anterior no es más que una descripción general que deja abiertas puertas y vacios en cuanto a su aplicación. Aunque no hay una tipificación de las lámparas como residuos de manejo especial, ya algunos fabricantes incluyen leyendas acerca de su instalación, pero casi nunca de los riesgos a la salud.
Por otra parte, la NOM-052-ECOL-2005 establece que para lograr un manejo integral ambientalmente adecuado, económicamente viable, tecnológicamente factible y socialmente aceptable de los residuos, es necesaria la participación informada, organizada y corresponsable de todos los sectores: públicos, privados y sociales, lo que implica un cambio cultural profundo en la gestión de residuos.

Es el camino para aplicar la responsabilidad compartida, en la que los generadores ya sean públicos, privados o sociales, adopten medidas para evitar la generación de residuos, y aprovechar aquellos susceptibles de reutilización, reciclado o de transformación en energía, para tratar o confinar los que no formen parte de una cadena de valor.

A varios años de publicadas las sanciones en la materia, nadie cumple ni hay autoridad que supervise ni mucho menos verifique. Es más barato tirar tubos y focos a la basura que prevenir riesgos ambientales y sanitarios. Esos se enfrentarán cuando aparezcan.

La forma: cuando se rompe un foco ahorrador, lo mejor es ventilar el espacio y abrir ventanas. Cubrirse boca y nariz para inhalar lo menos posible el polvo y gas que se producen. Usar guantes protectores. Colocar lo más que se pueda de los restos en una caja. Limpiar el espacio con un paño húmedo y al final ponerlo en la misma caja. Sellar la caja con cinta adhesiva y rotularla advirtiendo que contiene desechos con mercurio.

El fondo: cuidándonos a nosotros mismos, nos ocupamos del bienestar de quienes nos rodean, porque con ellos: TODOS SOMOS NATURALEZA.

Fuente: Acacia Fundación Ambiental A. C.

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