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El uso responsable de los servicios ambientales

Por: Enrique de la Vega M.

Generalmente entendemos como servicio aquella labor, trabajo, asistencia o apoyo para satisfacer ciertas necesidades, mismas que pueden abarcar el adquirir o perfeccionar nuestros conocimientos (por ejemplo las clases de idiomas) o bien para estar comunicados (por ejemplo cuando contratamos un servicio de telefonía celular o internet), solo por mencionar un par de ellos.

Pero alguna vez nos hemos detenido a pensar si el Medio Ambiente nos proporciona algún servicio, que inclusive pueda llegar a considerarse vital para nosotros??? Que servicios puede darnos un bosque, o las selvas, las montañas, los ríos, inclusive un cactus o una duna de arena???? Pues SI los hay y estos justamente son conocidos como “Servicios Ambientales”.

Los servicios ambientales son variados y diversos, y estos pueden ir desde: el mantenimiento de la calidad gaseosa de la atmósfera para ayudar a regular el clima; el mejoramiento de la calidad del agua; el control de los ciclos hidrológicos para reducir la probabilidad de serias inundaciones y sequías; o inclusive la protección de las zonas costeras por la generación y conservación de los sistemas de arrecifes de coral y dunas de arena; entre muchos otros que podríamos mencionar.

Uno de los ejemplos más representativos y típico es el de los bosques, los cuales nos brindan los siguientes servicios ambientales:

• Captación y filtración de agua;

• Mitigación de los efectos del cambio climático;

• Generación de oxígeno;

• Protección de la biodiversidad;

• Retención de suelo;

• Refugio de fauna silvestre;

• Belleza escénica.

Los servicios ambientales producen bienestar, a través del capital natural que representan y que incluyen el acervo y calidad de los suelos, vegetación y aguas combinados, y que finalmente determinan la calidad de los ecosistemas. Esta “calidad” también puede ser medida mediante la incorporación de indicadores que permitan interpretar, describir y cuantificar cambios en el medio ambiente, como por ejemplo el grado de contaminación o erosión de los suelos.

Por lo tanto estas funciones de calidad o regulación del medio ambiente tienen un “valor”. Existen diversas teorías y debates sobre como determinar este valor, tomando en cuenta que hay procesos “cuantitativos” de deterioro ambiental que generalmente expresan niveles de explotación o utilización de recursos naturales; pero por otro lado, también existen procesos “cualitativos” que reflejan aspectos que no pueden ser expresados en una “cantidad determinada o específica”.

Seguramente la primera impresión u opinión que nos podemos formar es que entonces los servicios ambientales son bienes intangibles y por lo tanto su cuantificación y/o valoración pueden resultar un tanto complejas ya que, a diferencia de otros productos ambientales (como la madera, los frutos y las plantas medicinales), éstos no se “utilizan” o “aprovechan” de una forma más palpable, sin embargo NO podemos perder de vista que al final SI nos otorgan beneficios.

Actualmente existen diversas instituciones y especialistas dedicados a estudiar y generar mecanismos de pago de servicios ambientales. En una opinión muy personal, uno de los principales y mejores expertos en este tema es STEFANO PAGIOLA, economista de profesión, quien es el encargado del departamento de medio ambiente del Banco Mundial. Pagiola se ha dedicado a crear y desarrollar sistemas de evaluación y pago de servicios ambientales con un particular énfasis en degradación de suelo y conservación de la biodiversidad; también ha sido catedrático en las universidades de Stanford y Washington.

Dicho lo anterior, Pagiola, en uno de sus diversos estudios e investigaciones resalta que “Un elemento clave de la Estrategia Ambiental del Banco Mundial es ayudar a los países en vías de desarrollo a adoptar soluciones innovadoras al problema de la pérdida de servicios ambientales. El reconocimiento de este problema ha llevado al desarrollo de sistemas en donde los usuarios de tierras sean compensados por los servicios ambientales que éstas generan”.

Según Pagiola, para que los programas de pago por servicios ambientales se mantengan operativos, son necesarias fuentes estables de financiación. Esto implica la necesidad de identificar tanto a los beneficiarios como los servicios específicos a recibir, pero sobre todo, tomar en cuenta que la disposición a pagar de dicho grupo de beneficiarios siempre dependerá del servicio específico a recibir, o del valor del servicio; y posteriormente desarrollar un sistema efectivo de cobros, para lo cual él menciona las siguientes tres variantes o puntos a considerar:

• Los pagos tienen que ser continuos. Para que los beneficios se mantengan año tras año, los usuarios de tierras deberán recibir los pagos correspondientes para que el incentivo de mantener un determinado uso de la tierra se conserve.

• Los pagos tienen que ser dirigidos. Un sistema de pagos no diferenciados, que pague a todos los usuarios de tierras por igual, suele ser muy poco eficiente.

• Hay que evitar crear incentivos perversos. Por ejemplo, pagos por reforestación pueden animar a los usuarios de tierra a cortar árboles en un primer momento, a fin de poder recibir el pago cuando la reforestación tenga lugar.

El Banco Mundial cuenta con distintos mecanismos y programas de apoyo para los Pagos por Servicios Ambientales, mismos que son descritos por Pagiola, y de los cuales me gustaría compartir los siguientes:

• México: El Banco Mundial apoya investigaciones acerca de las prácticas de gestión de tierras en ejidos, un tipo de propiedad comunal de la tierra bajo el que se encuentra la mayoría de lo que queda de bosques en México y que incluye a la mayoría de los campesinos pobres de las zonas rurales. El objetivo es ayudar a diseñar un sistema de Pagos de Servicios Ambientales y proporcionar una línea de base para monitorear su implementación.

• Colombia, Costa Rica y Nicaragua: El Proyecto Regional de Gestión Integrada de Ecosistemas Silvopastorales es un programa piloto para fomentar el cambio de prácticas agrícolas no sustentables a prácticas silvopastorales sustentables.

En Europa también se están implementando proyectos y programas de este tipo; uno de ellos tiene que ver con asignar una valoración al “desuso” de fertilizantes y pesticidas dañinos al medio ambiente, que permita influir en el comportamiento de los agricultores, y que sean compensados económicamente al utilizar productos sustentables o biodegradables.

Para terminar, podemos agregar que en México, al ser uno de los países con mayor biodiversidad en el mundo, es por lo tanto un gran proveedor de servicios ambientales. Basta con mencionar los bosques de niebla de la reserva de la biósfera El Triunfo en Chiapas, o bien inclusive podemos irnos al desierto de Coahuila, donde podemos encontrar el Valle de Cuatrociénegas, cuyo principal servicio es el Agua que emana de las pozas que se encuentran dentro de este pequeño oasis, pero además el “valor agregado” (por llamarlo de alguna manera) es su gran riqueza científica, pues en dichas pozas podemos encontrar pequeños organismos conocidos como “Estromatolitos”, que según varias y recientes investigaciones, significan una valiosa fuente de información genética.

Los servicios ambientales son gratuitos para todos, o al menos para la gente que disfruta de ellos. Pero por otro lado, los dueños de dichos terrenos o tierras que proveen estos servicios, no son compensados en forma alguna por ello. Es por eso que es determinante el seguir desarrollando mecanismos de incentivos económicos que a su vez puedan favorecer el desarrollo de comunidades marginadas, pero sobre todo fomentar esta nueva cultura de “Uso responsable de los servicios ambientales” por parte de todos los involucrados en estos procesos.



Enrique de la Vega Macías

Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad
Iberoamericana. Candidato al grado de Maestría en Responsabilidad Social por la Universidad Anáhuac México Norte. Cuenta con un Master Executive en Gestión Integral: Medio Ambiente, Calidad y Prevención de Riegos Laborales por la Escuela de Organización Industrial de Madrid, España.

Tiene 10 años de experiencia en el diseño, implantación y coordinación de procesos de certificación y re-certificación de los Sistemas de Gestión Ambiental (ISO 14001) y de Gestión de la Calidad (ISO 9001), en empresas de Telecomunicación, como Movistar y Pegaso PCS. Actualmente está a cargo del área de Administración y Proyectos de la Sociedad Internacional de Valores de Arte Mexicano, A.C. (Fundación SIVAM).

Acerca del autor

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