Fundaciones Empresariales

El sector filantrópico se erige también con emprendimiento

Este es un recurso limitante y empobrecedor para quien lo usa.

Filantropia vía Shutterstok

Filantropia vía Shutterstock

A los emprendedores de El Caracol, en reconocimiento a su calidad humana por ser solidarios con los que nada tienen

Por: Emilio Guerra Díaz

Con frecuencia suele suceder que se erige una exaltación de un producto o persona en base a la descalificación de los atributos que son de otro sin resaltar los propios.

Juan del Cerro, quien es Director Ejecutivo de Socialab México, publicó “Emprendimiento Social Vs filantropía” en Soy Entrepreneur.com (junio 16 de 2015), que a la letra expone “Éstas son 5 razones por las que es mejor iniciar un negocio con enfoque social que dedicarte a la caridad”. Sin duda es una gran aportación para la promoción de la cultura del emprendimiento pero impreciso y descalifica al sector filantrópico sin considerar que lo que critica también habita en el emprendimiento social que él enaltece.

De entrada Juan del Cerro pierde de perspectiva un hecho que no puede negar… el sector filantrópico, el que según el autor se dedica sólo a la caridad, como si de por sí etiquetara como algo improductivo; está lleno de emprendimiento social. Miles de personas en todo el mundo y por supuesto en México, decidieron emprender acciones a favor de resolver problemas sociales y no quedarse de brazos cruzados porque varias causas escapan del interés del mercado donde florece el emprendimiento social que observa Del Cerro.

Un ejemplo muy contundente es la asociación El Caracol que en la ciudad de México asume las necesidades de la población callejera y trabaja para que abandonen la calle. Mientras eso sucede, ya que la salida de la calle como hábitat implica un largo proceso de tiempo; los profesionales de la organización, así como sus educadores de calle, psicólogos, voluntarios y simpatizantes velan por los derechos de dichos grupos, cabildean con vecinos y autoridades para que no sean discriminados ni objeto de acciones gubernamentales de “limpieza social”. Sería provechoso que Juan del Cerro no olvide cómo hay causas sociales que se salen de la lógica de la economía lucrativa y de “su” emprendimiento social.

El emprendurismo que propone Juan va por la vía lucrativa con la cual se identifican muchos empresarios, y que desde luego no es una crítica pero si una realidad: para coadyuvar a resolver problemas sociales sigue la fórmula que se repite desde los orígenes del capitalismo, triunfa tu primero, crea tu negocio y así estás empleando e incorporando a personas a la economía formal con un ingreso, ah y si puedes haz donaciones. La visión de Juan hace eco en la sentencia de Carlos Slim “La filantropía no resuelve la pobreza”. Nadie ha dicho que así sea.

Juan del Cerro reconoce que colaboró en el sector social, pero anota: “Cuando decidí cambiar mi camino profesional de las OSCs y ONGs y dedicarme al emprendimiento social, me encontré con la charla TED de Dan Pallotta ‘La forma en la que pensamos acerca de la caridad está completamente mal’. Ésta me permitió entender cómo los paradigmas que nosotros mismos hemos creado para las organizaciones filantrópicas no les permiten resolver los grandes problemas sociales, por lo que el emprendimiento social se vuelve una gran alternativa para escalar soluciones definitivas”.

Más adelante anota “el problema no está en sí en el trabajo de las fundaciones; de hecho, hay organizaciones que hacen un trabajo increíble. El problema son más bien los modelos y las reglas que nosotros mismos hemos puesto a estas organizaciones, los cuales limitan su trabajo y les impiden conseguir resultados a gran escala. ¿Lo peor? Esto tiene que ver con temas administrativos y de financiamiento, y es aquí cuando los modelos de emprendimiento superan estas barreras y ofrecen mejores oportunidades para cambiar al mundo”.

Hay que señalar entonces que en primer lugar las personas que han elegido el servicio a través de organizaciones filantrópicas (ONG’S y OSC’s) también están inspiradas en el emprendimiento social, pero Juan señala que el problema son los modelos y reglas. En ese tenor, contribuyamos a describir el horizonte: hay emprendimiento social de dos tipos. Uno se erige en la economía no lucrativa la cual no genera utilidades sino que el remante se queda en la causa social para continuar con los trabajos; mientras que el emprendimiento “social” que ha seducido a Juan del Cerro lo hace inspirado en la actividad lucrativa.

En la disertación de Juan del Cerro al comentar el punto de vista de Dan Pallotta, quiere destacar aspectos que son imprecisos para mostrar sus 5 razones para preferir el emprendimiento lucrativo, descalificando el emprendimiento filantrópico sin argumentos sólidos.

Donde hay gran identificación y coincidencias con Juan del Cerro es que las OSC’s filantrópicas que se dedican a la “caridad” como también al desarrollo, en efecto carecen de habilidades gerenciales y administrativas. Por esa razón algunos directivos, consultores y asesores para organizaciones sin fines de lucro, gustan llamarles “empresas sociales” a fin de motivar su profesionalización en aquellas destrezas.

Pero donde no hay coincidencia con Juan del Cerro son en aseveraciones como estas:

Los donativos se desvían en pagar salarios. Esto no es necesariamente cierto. Juan Olvida la obligación de dedicar solo el 5% a gastos de administración. Del Cerro escribe: “¿Quién podría dirigir mejor una fundación, un graduado de MBA de Stanford con 10 años de experiencia laboral o un recién egresado sin experiencia alguna? Los mejores talentos difícilmente pueden trabajar en el sector de la filantropía, y por ende, la gente con mejores habilidades termina trabajando en bancos y grandes corporativos, alejándose de las posibilidades de resolver problemas sociales”. Juan del Cerro olvida que las organizaciones de emprendimiento social no lucrativo, tienen otras fuentes para financiar los salarios como son actividades de generación de ingresos.

Un hecho que desmiente aquella pregunta de “quién podría dirigir mejor a una fundación…” hay muchísimos ejemplos que presentarle a Del Cerro: Cándida Fernández, gran profesional de Fomento Cultural Banamex ha sido reconocida en España con la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio, que otorga el gobierno de esa nación. Lorena Guillé de Fundación Cinépolis es considerada como una de las 50 mujeres más poderosas pese a su juventud, pero está altamente calificada. Carmela Pirés tiene una trayectoria intachable y llena de resultados en su vida profesional, ahora está en Fundación Quiera.

Según Juan del Cerro con las fundaciones y las organizaciones operativas “no se puede invertir en publicidad y mercadotecnia”, “no se toman riesgos”, hay “prisa por los resultados” y “no poder generar utilidad”. Vamos por parte con sus propios argumentos.

No se puede invertir en publicidad y mercadotecnia. Del Cerro escribe; “¿Por qué estamos en contra de que las fundaciones hagan campañas de marketing? Supongamos que un donativo de 30 mil pesos permite a una fundación de vivienda construir una casa. Si la fundación usara sus recursos en una buena campaña para conseguir nuevos donantes, posiblemente podría multiplicar esos 30 mil pesos por 5 o por 10 y construir muchas más viviendas. Es una ecuación muy lógica; sin embargo, está mal visto que las organizaciones filantrópicas inviertan en este tipo de esfuerzos. El problema: tenemos una visión muy cortoplacista con lo que respecta al impacto social”.

Del Cerro olvida las alianzas estratégicas y esquemas de colaboración empresas y organizaciones filantrópicas, guste o no hay casos que demuestran lo contario. Uno de ellos, el Teletón. Más de 400 medios le apoyan en diciembre. Del Cerro olvida otras alternativas en las que se da la colaboración como la mercadotecnia con causa como el caso de Danone establecido hace más de 20 años para elevar la venta de sus productos y el marketing social donde empresas apoyan cambios de hábitos y fomentan la solidaridad. Por otra parte las organizaciones de emprendimiento social no lucrativo constantemente asumen riesgos, es su pan de cada día.

Del Cerro advierte que “las fundaciones no pueden invertir en iniciativas de financiamiento con el riesgo de no tener buenos resultados, ya que entonces consideraríamos que están malgastando los fondos. Si algo hemos aprendido en el sector de emprendimiento es que el fracaso es parte natural del desarrollo de nuevos modelos, y si limitamos el fracaso, entonces limitamos también las posibilidades de encontrar nuevas formas de tener éxito”.

Caray las fundaciones también aprenden y por supuesto no van a dirigir las donaciones y sus recursos a un proyecto donde se ponga en riesgo el dinero, pero si se arriesgan en incursionar en modelos innovadores. Hay muchísima creatividad en el sector social, quizá a Juan no le dio tiempo de conocer experiencias cuando pasó por el sector. Un ejemplo contundente de la administración del emprendimiento en el terreno no lucrativo lo ha esbozado y puesto en práctica Muhammad Yunus, que le valió el nobel de la paz.

Juan del Cerro dice que hay “prisa por los resultados”. Argumenta que “En la charla se da cuenta de que Amazon tardó más de seis años en obtener los primeros resultados para sus inversionistas. ¿Qué le dirían los donantes a una fundación que pretende desarrollar o innovar con un nuevo modelo, y el cual tardará un par de años en tener resultados? Las organizaciones suelen estar bajo presión constante, pues necesitan demostrar de manera inmediata el resultado de sus recursos, quitándoles así la posibilidad de probar cosas nuevas”.

Gran punto pero no es aplicado a los dos emprendimientos por igual. En este espacio, se ha señalado el problema de fundaciones y programas de responsabilidad social corporativa respecto a los resultados de corto plazo. En efecto difícilmente una gran empresa o una pyme, un proyecto social o uno de emprendimiento del cual Juan del Cerro es devoto, cuaja en un año, en palabras de Del Cerro, todas están “bajo gran presión”. Entonces quien a veces tiene “prisa en los resultados” son los financiadores que no conocen a fondo cómo trabaja el sector filantrópico y en los noveles gerentes de fundaciones que solo quieren financiar “proyectos autosostenibles” pensando en impacto de un proyecto solo en 12 meses para ya no volver a financiar.

Por último, Del Cerro aborda: “La limitante de generar retorno de utilidad a inversionistas que tienen las fundaciones y OSC’s, limita a que la única fuente de ingresos sean donativos que normalmente vienen del dinero ‘extra’ que a una empresa o persona no le importa perder. Este dinero normalmente no es mucho, y en general, los primeros presupuestos en ser recortados cuando a la empresa no le va bien o quiere aumentar sus utilidades”.

El emprendimiento social no genera utilidades, sino remanentes no distribuibles que se quedan en la organización sin pasar a manos privadas. Pero es un disparate pensar que la gente dona “dinero extra que no le importa perder”. Ahora bien, el retorno de inversión en el emprendimiento no lucrativo no se expresa en dinero que regresa al inversionista, sino en cambios sociales, en mejores condiciones de vida, en soluciones para problemas sociales.

El artículo de Juan del Cerro ofrece una gran aportación: no se pueden aplicar las reglas del mercado y de la economía lucrativa al emprendimiento social de tipo no lucrativo. Cualquier país requiere de los dos modelos. Uno produce empresarios, el otro participación ciudadana, solidaridad y a la larga incide positivamente en el desarrollo.

Desde el Consejo Directivo

Nuevamente vendrá a México el Dr. Víctor Manuel Quintero, especialista en Evaluación de Impacto Social. Hacia el fin del año tendrá una importante agenda que le llevará a el Distrito Federal, Monterrey y Ciudad Juárez a impartir el “Diplomado Impacto Social, presente y futuro de los proyectos sociales” dijo el Presidente del Directorio. El Dr. Quintero, colombiano de nacimiento, ha sido un gran aliado en el fortalecimiento de varias organizaciones civiles del país contribuyendo a elevar la calidad de los proyectos que generan las organizaciones que han enviado a su personal a capacitar.

El Tesorero del Consejo Directivo se congratuló en el hecho de que la Fundación Dr. Simi renovó el convenio con el INEA para alentar la educación de cientos de personas a través de la operación de sus Centros Comunitarios ya que se ubican en zonas de alta marginación.

La Secretaria del Directorio señaló que es gratificante que la empresa Build-A-Bear se haya sumado a apoyar a la organización Operación Sonrisa para financiar la operación de niños con paladar hendido y labio leporino de Puebla. La empresa donará 125 osos para los infantes que serán operados en agosto.


Emilio Guerra Díaz

Emilio Guerra cuenta con amplia experiencia en la Gestión de la RSC, destacando su trabajo en el área de vinculación con la comunidad que potenciar la inversión social empresarial. Ha gerenciado fundaciones empresariales.

Acerca del autor

Expok

Expok es una consultora y medio en responsabilidad corporativa. En este portal, creamos y curamos contenidos para el nicho interesado en la RSE y la sustentabilidad.

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