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El lado más humano de Roger Federer

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Una joven superviviente de cáncer relata su inolvidable encuentro con el tenista suizo en la pasada edición de Wimbledon

Elevado al Olimpo por méritos propios, considerado por muchos como el mejor tenista de toda la historia, Roger Federer suele dejar destellos también fuera de las canchas de tenis por su infinita generosidad. Esa virtud del maestro suizo, embajador de buena voluntad de la UNICEF y responsable de una fundación que desde 2003 financia multitud de proyectos humanitarios dirigidos a niños, vuelve a ser noticia por medio de una joven superviviente de cáncer que ha relatado su encuentro con el tenista en la pasada edición de Wimbledon.

A sus 17 años, Beatriz Tinoco sabe lo que es luchar contra una enfermedad como el cáncer. La joven, residente en Maryland (Estados Unidos) fue seleccionada por la organización Fundación Make-A-Wish, una ONG estadounidense que desde 1980 concede deseos a niños que atraviesan graves problemas de salud, para cumplir un sueño. Tinoco pidió en 2012, cuando batallaba contra la enfermedad, conocer en persona a Roger Federer. «Esperé durante más de un año y ni siquiera sabía si iban a ser capaces de cumplir mi sueño por la apretada agenda de Roger», ha explicado Beatriz a través de Twitter.

Todo llegó por sorpresa, cuando un equipo de la ESPN se desplazó a la escuela de tenis a la que pertenecía Beatriz para grabar un reportaje. «Nos dieron un iPad para ver algo; era el punto de partido de la final de Wimbledon de 2012… pero después de que Roger se tire al suelo el vídeo se corta y aparece Roger diciendo “Hola Beatriz, me han contado que eres una gran fan así que te invito a ti y a tu familia a venir a verme en Wimbledon, te veré allí”», explica la joven, en todo momento exultante y agradecida a Federer.

Encuentro en el santuario de Federer
Unos días después Beatriz aterrizaba en Inglaterra junto a sus padres y su hermana. «Fuimos al All England Club donde iba a conocerle. Estuvimos esperando en la zona donde los jugadores comen y pasan el rato. Sin embargo, los chicos de la ESPN me dijeron que quizás ese día no podríamos coincidir por un problema con los horarios. Por eso no esperaba nada, estaba viendo algunos entrenamientos y entonces alguien dice mi nombre, me doy la vuelta y ¡era Roger Federer!», relata emocionada Beatriz.

En principio el tenista suizo iba simplemente a saludar a la joven, pero pasó más de diez minutos hablando con ella antes de invitarla a cambiar su indumentaria para presenciar un entrenamiento suyo sobre la pista. «Estaba esperando a que alguien me llevase a la pista cuando oigo mi nombre y era Paul Annacone. Envió a ¡Paul Annacone a por mí!», explica Tinoco en referencia al ex tenista estadounidense y entrenador de Federer.

Acabado el entrenamiento, el tenista suizo invitó a Beatriz a intercambiar unos golpes y le prestó una de sus raquetas. «Estaba aterrada porque no es que sea extraordinaria jugando al tenis, soy buena pero nada fuera de lo normal y encima tenía delante a Federer», recuerda la joven. Después de unos minutos, Federer fue a la red, estrechó la mano, dio un beso a la joven y se marcharon juntos a otra de las pistas, donde el suizo iba a entrenar con Hewitt. «Me dijo “te veré el domingo” y yo enloquecí porque ¡Iba a verle otra vez!», explica Beatriz.

Regalo de cumpleaños
Ese domingo, curiosamente en el día de su cumpleaños, la joven fue invitada a realizar un tour por el mítico recinto de Wimbledon con dos guías de excepcion: Philip Brook, director del All England Club, y Roger Federer. Beatriz cuenta que después fue invitada a la rueda de prensa del suizo, pero lo mejor estaba por llegar. «Cuando acabó sus entrevistas se sentó en una mesa con nosotros. Tenía muchas cosas cosas para que firmase pero sabía que estaba muy ocupado así que solo le dí cuatro fotografías (una para cada miembro de mi familia), cuatro papeles en blanco y mi bolsa de tenis. El dejó una dedicatoria en cada uno de los folios, fue perfecto. En el mío escribió un poco más y puso “¡Feliz cumpleaños!” y entonces preguntó “¿es así?”, le dije que sí y él se puso en plan “¿estás segura?” No te avergüenzes de ello. Es tan maravilloso y atento» resume Beatriz.

«Estaba sentado y hablando conmigo, pero su representante le dijo a los chicos de la ESPN que debía irse a comer, y Roger probablemente también lo sabía, pero se habría quedado allí todo el día, simplemente hablando con nosotros. Se quedó más tiempo del que debía, seguro. La gente de la ESPN quería terminar rápido con todo aquello para que se fuera antes de que su representante no se volviese loco. Entonces dio una vuelta por la mesa abrazando a mi madre, a mi padre y a mi hermana, hasta que llegó mi turno. Me dijo que había pasado por mucho y me dio un abrazo muy fuerte. Yo empecé a llorar muchísimo en su hombro y él estaba como diciendo «ohh». Entonces le dejé marchar cuando yo todavía estaba sollozando. Me giré y ví que tenía lágrimas en los ojos, le di las gracias y se marchó», concluye Beatriz, cuya historia ha dado la vuelta al mundo como otro ejemplo de amabilidad de Roger Federer.

Fuente: ABC.es.

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