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Derrumbe de la textilera es el vergonzoso «Bangladesh» mexicano

El derrumbe de la textilera llamó la atención sobre malas prácticas corporativas. ¡Te contamos por qué!

Las devastadoras consecuencias que dejó el sismo del pasado 19 de septiembre son perceptibles en el ambiente. Cuando uno se encuentra en las inmediaciones de los lugares afectados la solidaridad es tangible, aunque el dolor no desaparece.

Las calles acordonadas por letreros de precaución están por todas partes. Miles y miles de escombros se encuentran en el suelo. Rescatistas van quitando piedra por piedra con la esperanza de encontrar vida debajo de ellas. «Si estás vivo por favor grita o trata de hacer algún sonido para poder acercarnos» dice uno de los voluntarios rescatistas que se encuentra encima de la zona afectada.

Lamentablemente no todo es positivo, han encontrado cuerpos sin vida. Personas que tuvieron la esperanza de ser rescatadas y la perdieron con un último aliento. No pudieron siquiera gritar o hacer algún movimiento. Estaban abajo, sin luz. No lo lograron.

El sismo de 7.1 grados que se presentó el 19 de septiembre ha dejado tragos amargos para miles de personas.

Lo que era una fábrica textil en la calles de Bolívar, esquina con Chimalpopoca, en la Colonia Obrera, Delegación Cuauhtémoc, hoy es un lugar lleno de escombros y preguntas sin respuesta.

Igual que sucedió en 2013 en Bangladesh, con la fábrica textil que colapsó dejando atrapadas a muchas trabajadoras. Rana Plaza, en el país asiático, dejó al descubierto el cúmulo de malas prácticas corporativas que las abrumaba. No las mató un derrumbe, sino la indiferencia y la irresponsabilidad corporativa. ¿Lo mismo pasó en México?

El Bangladesh mexicano

Son cientos de rumores los que se escuchan. «Muchas personas estaban ahí dentro trabajando» «No pudieron salir a tiempo» «Mientras temblaba, la fábrica seguía en pie. Yo iba por la calle y la vi, pero cuando llegué al techo de mi edificio, unos minutos después, se empezó a derrumbar”, afirma Mario, vecino de la zona.

El edificio donde se encontraba la fábrica textilera era de cuatro pisos. Los vecinos han dicho que entre los escombros se han encontrado telas, aunque la empresa aseguraba que ahí se hacían sandalias y se distribuían juguetes.

Las autoridades de la Ciudad de México han detenido las labores sin saber cuántas personas laboraban en ese lugar y si los empleados extranjeros que trabajaban ahí contaban con papeles en regla para hacerlo.

Las muchas versiones cuentan que entre las víctimas del derrumbe se encuentran textileras provenientes de Centroamérica que no han sido confirmadas. Ante esto, el embajador de Guatemala en México, Arturo Duarte Ortiz ordenó a su personal corroborar la información con las autoridades, rescatistas y representantes de las empresas que cohabitaban el edificio.

La comitiva fue encabezada por los diplomáticos de Guatemala, Honduras y El Salvador y esta acudió hasta el lugar del siniestro.

Entre las víctimas, se encontraron cadáveres de mujeres de nacionalidad taiwanesa y el de un hombre de nacionalidad surcoreana. Ninguna centroamericana, según el Forense.

Se informó también que existe la sospecha de que en estas empresas laboraban obreras asiáticas de manera ilegal.

Días después se dio un número oficial de las personas que se encontraban ahí dentro: treinta. El Tribunal Superior de Justicia dijo que ocho de los 66 cadáveres que recibió el Instituto de Ciencias Forenses corresponden a extranjeros: cuatro mujeres taiwanesas y una panameña; así como tres hombres de nacionalidades coreana, española y argentina.

«Diario mi jefe mandaba a nosotros sus empleados por su comida. Éramos 3 choferes y cada día, uno iba por la comida y ese día me tocó a mí. Al salir de la puerta del edificio, a los 5 metros, comenzó a temblar y yo vi cómo se cayó. Todo fue muy rápido» comenta Ricardo, uno de los trabajadores de la textilera.

De acuerdo con él, en las cuatro plantas del edificio de Bolívar, cuya fachada no contaba con letreros o aparadores, sino que tenía ventanales que no permitían ver nada en su interior, cohabitaban diferentes empresas.

El cuarto piso estaba dividido en dos partes. En una mitad operaba “una compañía de refacciones para autos” y en la otra, una empresa dedicada a la venta de vestidos; en el tercero piso estaba SEO Young; en el segundo, una importadora de juguetes y en el primer piso una maquiladora de vestidos para mujer.

Ricardo calculó que había aproximadamente 50 personas en el edificio, versión que contrasta con la declaración de una obrera que sobrevivió al derrumbe y que en entrevista con BBC comentó que eran 100 obreras.

De las 50 personas que calculó Ricardo, 21 murieron, 2 más fueron rescatadas y el resto alcanzó a salir del inmueble. El primer piso, dijo, era el más numeroso. Alrededor de 30 obreras; el resto de los trabajadores se encontraban distribuidos en el resto de los pisos.

Empresas en el edificio desplomado en Chimalpopoca

De acuerdo con información de Animal Político, en el cuarto piso del edificio se encontraba la empresa  Dashcam System México S.A. de C.V, cuya página de internet refiere que es una “empresa joven y dinámica que se compromete a dar el mejor servicio a nuestros clientes, siempre enfocándonos en satisfacer las necesidades de todas aquellas personas que busquen productos de seguridad vial… especializados en productos de video cámaras para vehículos”.

En el tercer piso estaba la empresa SEO Young International dedicada a la bisutería para vestidos.

La compañía Asia Jenny Importaciones, dedicada a la importación de juguetes chinos, es otra de las empresas que según los testimonios recabados operaba en este inmueble. Esta empresa aparece en el Padrón de Importadores del SAT. Se presume que es la empresa perteneciente a la familia de la joven de 23 años, Amy Yu Huang, cuyo cuerpo sin vida fue rescatado de entre los escombros el jueves 21 de septiembre.

Una cuarta empresa es New Fashion, dedicada a la fabricación de ropa para mujeres. El dueño era Jaime Azquenazi, integrante de la comunidad judía en la CDMX, quien de acuerdo con su yerno, abordado por la BBC el día del sismo, quedó atrapado entre los escombros (oficialmente no se ha dado a conocer si se encuentra entre las víctimas rescatadas con vida o fallecidas).

¿Recuerdas Bangladesh?

Ocho plantas colapsaron en las afueras de Dacca, Bangladesh. Fueron más de mil muertos y cientos de desaparecidos. Se trata de una de las mayores catástrofes de la industria que llena las tiendas de occidente de ropa barata y que es clave en la economía de este país.

El edificio Rana Plaza se derrumbó el 24 de abril de 2013 mientras miles de personas trabajaban en las fábricas de ropa que albergaba.

Las autoridades dicen que cerca de 2.500 personas resultaron heridas en el accidente y 2.437 personas fueron rescatadas.

En el inmueble había cinco talleres textiles que producían ropa y accesorios para marcas extranjeras. La tragedia dio a conocer las malas condiciones en las que estas personas confeccionan ropa, la cual se vende en las tiendas de grandes marcas por todo el mundo.

En estas fábricas se manufacturaban marcas como Grupo Benetton, The Children’s Place, DressBarn, Mango, Monsoon , Inditex y Primark, así como para empresas de distribución como El Corte Inglés

Apesar de la aparición de las grietas el día 23 de abril, se les pidió a los trabajadores que fueran a trabajar porque el edificio «era seguro». Algunos trabajadores dijeron que las grietas eran muy graves, tan graves que la aparición de las mismas fue noticia en varios canales de noticias locales.

El edificio se derrumbó en torno a las 09:00 am, dejando sólo la planta baja intacta.

¿Coincidencias en México y Bangladesh? Textiles, trabajo ilegal, mano de obra barata, condiciones infrahumanas… ¿Dónde está la responsabilidad social en ambos países? Los escombros no dejan encontrarla.

Acerca del autor

Janneth Del Real

Licenciada en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién. Ha trabajado en el periódico Mas por Más, revista SuperMujer, Pulso Pyme, Linio y en el Periódico AM de Querétaro. Actualmente desarrolla contenidos para Expoknews.

Mujer positiva que siempre busca el para qué de las cosas.

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