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Caso de espionaje genera dudas sobre la reacción de Renault

Fue una de las denuncias de espionaje industrial más estremecedoras en la historia de la industria automotriz en el mundo: en enero, el fabricante francés Renault SA acusó a tres ejecutivos de vender a un competidor secretos de su tecnología de vehículos eléctricos.

Circularon rumores de que los compradores eran «los chinos». Eric Besson, el ministro francés de Industria, dijo que el robo era equivalente a una «guerra económica». Renault sospechó que el botín estaba depositado en cuentas bancarias en Suiza y Liechtenstein.

Dos meses después, la investigación se está pareciendo cada vez más a una comedia de errores. Crecen los indicios de que Renault apretó el gatillo demasiado rápido, de acuerdo con varios ejecutivos de la automotriz, abogados, consultores externos y Michel Balthazard, uno de los ejecutivos acusados de espionaje. Hasta ahora, la compañía ha presentado escasas pruebas, dicen estas personas.

Por ejemplo, las presuntas cuentas bancarias secretas en Suiza y Liechtenstein donde los tres ejecutivos despedidos habrían guardado el dinero de los sobornos, no han sido encontradas, de acuerdo con fuentes al tanto.

La acusación contra los tres ejecutivos fue desencadenada por una carta anónima enviada en agosto al departamento de seguridad interna de Renault. El documento acusaba a Balthazard, el jefe de desarrollo de vehículos y uno de los ejecutivos más respetados de la compañía. El autor del anónimo, sin embargo, reconoció albergar serias dudas respecto a las acusaciones.

«Vi a Michel Balthazard negociando un soborno…. Durante varias semanas su conducta reforzó mi primera impresión», escribió el informante, de acuerdo con el abogado de Balthazard, que revisó la carta. La misiva terminaba con un tono de duda: «Por supuesto no tengo pruebas…pero si todo esto es incorrecto entonces soy paranoico».

Balthazard y otros dos ejecutivos fueron despedidos y Renault se movió rápidamente para limitar el daño al que consideraba como posiblemente el negocio más importante para su futuro: los autos eléctricos. La empresa también entabló una demanda criminal en un tribunal de París.

Los tres gerentes han defendido, repetida y obstinadamente, su inocencia. «Después de 30 años, ninguno de los ejecutivos de mayor rango me ha mostrado ninguna confianza», dijo Balthazard en un entrevista y agregó que todavía estaba desconcertado por las acusaciones en su contra.

Los directivos de la propia Renault han comenzado a plantear la posibilidad de que podrían haber errado el camino y actuado demasiado pronto. En una entrevista con un diario francés la semana pasada, el director de operaciones de Renault, Patrick Pélata, manifestó que el fabricante podría haber sido víctima de un engaño e indicó que renunciaría si la investigación en curso no encuentra ninguna irregularidad. «Aceptaríamos las consecuencias al más alto nivel en la compañía, lo que me incluye», dijo Pélata a Le Figaro.

Pélata es ampliamente considerado como la cara de Renault en Francia, pero los analistas creen que la presión también se está intensificando sobre el presidente ejecutivo, Carlos Ghosn.

La ausencia de evidencia concluyente en el caso ha dividido al equipo de gestión de Renault en «bandos pro Ghosn y anti Ghosn», de acuerdo con una persona cercana a la junta directiva. «El aire en la compañía es irrespirable… Todo el mundo sospecha que su vecino de oficina podría ser el informante secreto», agregó.

Una vocera de Renault reconoció que el personal estaba un poco impactado, pero añadió que no había indicios de grupos de empleados «pro o anti quién sea».

Un mal manejo de la investigación también sería incómodo para el gobierno francés, que es propietario del 15% de Renault.

La ministra de Finanzas, Christine Lagarde, sugirió la semana pasada que la investigación no ha arrojado resultados concluyentes y llamó a los más altos ejecutivos de Renault a «asumir las consecuencias» de cualquier manejo equivocado de la indagatoria.

La carta anónima que motivó la pesquisa fue enviada a cuatro altos ejecutivos de Renault, según fuentes cercanas. «No puedo soportar ver a personas adecuadamente remuneradas robar más dinero, que además irá en perjuicio de Renault y de su personal», decía la carta, de acuerdo con el abogado de Balthazard.

El departamento de seguridad interna de Renault inició una investigación y contrató los servicios de Michel Luc, un ex paracaidista que trabajaba para una firma privada de investigaciones de Argelia, de acuerdo con fuentes al tanto.

La firma de investigaciones, Groupe Geos, informó que solicitó la renuncia de Luc tras enterarse que había firmado un contrato de consultoría con Renault sin su consentimiento. Luc no respondió los mensajes dejados en su ex oficina.

En diciembre, el director del departamento legal de Renault, Christian Husson, dijo a un colega que tenía evidencia contra Balthazard y dos personas que trabajaban con él: su segundo Bertrand Rochette y Matthieu Tenenbaum, un ejecutivo de menor rango en la división.

La evidencia incriminatoria, según fuentes cercanas, eran tres cuentas bancarias. Una fue abierta en marzo de 2009 en Suiza y recibió dinero proveniente de una empresa auditora de Chipre, dijeron las fuentes. Una segunda fue abierta en febrero de 2010 en Liechstentein, y también recibió dinero de otra firma chipriota. La segunda fue utilizada para transferir dinero a una tercera cuenta, en Suiza, a través de una empresa de ese país, agregaron. No está claro cómo Renault se enteró de la existencia de estas cuentas.

El 3 de enero, el Technocentre de Renault, la división de los autos eléctricos, se preparaba para una visita de Eric Besson, el ministro de industria francés. Renault exhibiría la nueva serie de vehículos eléctricos que planeaba presentar durante el año.

Balthazard, que llevaba 31 años en la automotriz y era uno de los impulsores del negocio de los autos eléctricos, estaba en su oficina a las 8 de la mañana cuando recibió la llamada del vicepresidente ejecutivo para ingeniería y calidad, que le pidió acudir a una reunión privada. «Michel, te estamos acusando de corrupción en un grupo organizado, que amenaza los intereses de Renault y de, en última instancia, trabajar para una potencia extranjera», dijo Jean-Yves Coudriou, vicepresidente de gerencia ejecutiva, de acuerdo con el abogado de Balthazard. «Vas a tener que explicar por qué hiciste esto», agregó.

Balthazard respondió que no entendía las acusaciones. «Luego de diez minutos, me di cuenta de que había caído en algo inimaginable», le dijo luego a su abogado, de acuerdo con éste. La reunión había terminado a las 8.30. Renault se negó a permitir que Coudriou comentara para este artículo.

Balthazard había ascendido en la empresa hasta llegar a ocupar una posición en el comité de gestión. Incluyendo las bonificaciones, recibía un salario anual de 300.000 euros, con los que se compró un apartamento en París y una casa en el campo.

«No creo que tenga enemigos», dijo Balthazard en una entrevista con The Wall Street Journal. «A algunas personas les caigo bien, a otras no. Pero no pienso que tenga ningún enemigo en la compañía», aseguró.

Una reunión similar se realizó momentos después con Rochette y Tenenbaum. «Sabemos lo que hicieron. Sus cómplices ya confesaron, así que de nada sirve negarlo. Harían bien en renunciar», les dijo el jefe del departamento legal de Renault.

Los tres ejecutivos niegan cualquier irregularidad y presentaron demandas contra Renault a la que acusan de difamación y calumnias.

Fuente: Reforma, negocios, p. 7.
Reportero: Sebastian Moffett.
Publicada: 8 de marzo de 2011.

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