Ellos han dado consejos de salud sin embargo no tienen las suficientes bases para hacerlo…¡entérate!

Las redes sociales tienen un papel muy importante en la sociedad, tanto que en los últimos años se están posicionando fuertemente. Por ello, muchas personas las están aprovechando; como por ejemplo las personas que hacen videos, los publican y por compartir su contenido les pagan. A ellos se les llama influencers.

Influencers hay de todo tipo, sociales, entretenimiento e incluso hasta los que hablan de bienestar.

Bienestar en las redes sociales, cómo lo venden los influencers

Hay influencers como la australiana Belle Gibson que llamó la atención del público al afirmar que se curó de un cáncer terminal gracias a que repudió la medicina convencional y se sometió a un régimen de alimentos y estilo de vida saludables. ¿Su comentario fue responsable?

Gibson documentó su historia en un blog y en redes sociales, y utilizó su experiencia para escribir un libro y lanzar una exitosa app en los que ofrecía recetas y consejos para un estilo de vida sano.

Años más tarde, Gibson quedó expuesta como un fraude cuando diversas fuentes revelaron que jamás tuvo cáncer, y que tampoco cumplió la promesa de donar las ganancias de su app a organizaciones de beneficencia.

Hace algunos días, tuvo que presentarse ante un tribunal de su país para explicar por qué no pagó la multa de 410 mil dólares australianos que le fue impuesta por hacer declaraciones engañosas.

Estilo de vida en redes sociales

Las redes sociales han permitido que los blogueros se capitalicen con publirreportajes, programas afiliados y tiendas en blogs, y esta situación ha convertido la economía de los influenciadores en una industria multimillonaria.

De acuerdo con Newsweek, Gibson podría parecer un caso aislado, la narrativa que la condujo al éxito es un rasgo que comparten todos los gurús de estilo de vida, quienes han definido su postura como “opositores de los expertos” y recurren a estrategias basadas en una combinación selectiva de elementos científicos, sistemas de conocimiento esotéricos, autoayuda y pensamiento positivo. Y aun cuando sus consejos suelen hacer un llamado al sentido común, lo habitual es que sus mensajes conlleven una recompensa comercial para ellos, ya que las recomendaciones prácticas de comer más frutas y verduras, ejercitarse con regularidad, y reducir el consumo de alcohol apuntan a productos pseudocientíficos para desintoxicación, limpieza, y servicios en línea que prometen soluciones rápidas para problemas muy complejos.

Hay algunos influencers que afirman ser nutricionistas, sin embargo, pocos de ellos han obtenido la acreditación necesaria para brindar consejos médicos.

Por el contrario, su fama y su credibilidad derivan de una colección de tácticas que incluyen la creación minuciosa de una identidad, así como el desarrollo de narrativas de auto-transformación que documentan su supuesto viaje de alguna enfermedad a la recuperación de la salud, en tanto que las mejoras personales que documentan en línea se sustentan, sobre todo, en evidencias anecdóticas y fotografías que muestran su transformación en individuos atractivos, aparentemente más felices, y sanos.

Los influencers no están comprometidos con los procedimientos de prueba independientes ni con los resultados obtenidos mediante métodos científicos objetivos. En vez de ello, validan su condición con base en la métrica de las redes sociales (cantidad de seguidores, “me gusta” y publicaciones compartidas).

Las redes sociales han trastornado la manera como percibimos la influencia. Hoy fundamentada en la búsqueda de visibilidad y atención, la influencia ha dado en medirse según la cifra de seguidores y su participación. Puede ser que un experto tenga años de experiencia y acreditación, pero es muy improbable que nos parezca tan convincente como un gurú de estilo de vida atractivo, “InstaFamoso”, y con feeds altamente curados para certificar sus consejos. Y esto plantea serios problemas, no solo en términos de desinformación, sino también en cuanto a las estrategias con que las celebridades influyen en nuestros procesos para elegir información confiable e individuos dignos de crédito.

Una sociedad de “baja confianza”

La fe que depositamos en los gurús de estilo de vida es consecuencia directa de la actual crisis de desconfianza en nuestras instituciones y en los profesionales. La nuestra es una sociedad de “baja confianza” que cuestiona, incluso, el concepto mismo de experiencia. Y, ante semejante panorama, los gurús de estilo de vida aprovechan las redes sociales para presentarse ante nosotros como personas comunes, “auténticas” y accesibles que se han posicionado como autoridades alternativas “fuera del sistema”.

Por ejemplo, Gwyneth Paltrow y Kourtney Kardashian han creado sitios Web de estilo de vida donde explotan su fama para dar consejos sobre bienestar, y para vender vitaminas y suplementos. A fin de promover sus intereses monetarios, los disfrazan como una amistad y se presentan como nuestras “iguales”; como “amigas de confianza”; como si todos formáramos parte del mismo equipo, y estuviéramos luchando contra los mismos profesionales y contra las mismas élites (no obstante su condición de celebridades).

Algunas de sus críticas esgrimen argumentos defendibles, porque es indiscutible que gobiernos y corporaciones de la industria alimentaria han actuado de manera poco ética; muchos expertos se han equivocado; y los grupos de presión han influido en nuestras políticas y en el campo de la investigación. Ahora bien, aunque es cierto que los “no expertos” pueden hacer contribuciones importantes al debate público, nuestra aceptación acrítica de la superioridad moral de los influenciadores y nuestra fe ciega en sus alternativas, presuntamente confiables, suelen ocasionar dificultades.

No hay duda de que los blogs y las redes sociales han democratizado la información, pero también han complicado los problemas de confianza y credibilidad al alterar la manera como pedimos consejos y decidimos lo que debemos creer. Así pues, no nos sorprenda que las escasas barreras de acceso y participación que han establecido las tecnologías digitales estén creando también las condiciones propicias para el engaño y la explotación. En cambio, lo que debe sorprendernos es lo poco que han demorado los gurús de estilo de vida para forjar profundas relaciones de confianza e intimidad con los consumidores y desafiar a los expertos.

El mensaje de Gibson adquirió legitimidad, influencia y alcance mundial gracias a sus más de 200,000 seguidores Instagram, un libro de la editorial Penguin y una app que distribuía Apple. Y pese a que su engaño al fin ha sido expuesto, tuvo muchos años para difundir información falsa. El poder de los influenciadores de redes sociales para definir los mensajes de salud se hace evidente en la cantidad de personas dispuestas a creer que Gibson tenía más conocimientos que los expertos médicos calificados para tratar su supuesta enfermedad.

Acerca del autor

Janneth Del Real

Licenciada en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién. Ha trabajado en el periódico Mas por Más, revista SuperMujer, Pulso Pyme, Linio y en el Periódico AM de Querétaro. Actualmente desarrolla contenidos para Expoknews.

Mujer positiva que siempre busca el para qué de las cosas.