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‘Apoyando la sustentabilidad’

Muchos hoteles, quizás usted esté en uno de ellos disfrutando su vacación, ponen un letrerito con el lindo encabezado: “apoyando la sustentabilidad” o algún rollo similar. Suelen aclarar que tienen “el compromiso de ayudar y preservar los recursos naturales, pero no quieren estar solos en tan pesada tarea”. Con ese fin, invitan a los clientes a ser parte de ese esfuerzo aceptando usar toallas y sábanas sucias durante su estancia en el hotel. Si estuvieran sinceramente preocupados por el fin del planeta, deberían prometer que cada centavo de ahorro por el no lavado de blancos será enviado a un fondo verde o de ayuda a algún grupo vulnerable. Al no hacerlo, la notita conmovedora de su compromiso ambiental parece una estrategia para ahorrarse el lavado de toallas y sábanas.

Este pequeño ahorro, avalado con un discurso ambientalista, es bastante común en los hoteles de todo el mundo. Lo curioso es que muchos de estos hoteles son abiertamente contrarios a la sustentabilidad ambiental en muchas otras de sus acciones, desde el tipo de iluminación que tienen hasta los productos que venden. Tendría que haber un certificado de que son realmente verdes, para entonces poder andar ahorrándose unos pesos no lavando sábanas y toallas.

Un ejemplo de estas contradicciones se encuentra en un hotel de lujo en Monterrey que tiene el típico letrerito de defensa de la sustentabilidad. Junto con sus credenciales ecológicas, uno encuentra que en el bar del cuarto no hay a la venta ni una botella de agua nacional; las dos disponibles vienen del otro lado del océano, una de Francia, la otra de las Islas Fiji.

La de regalo sí es mexicana, pero es pequeña y se acaba pronto. Cuando hablo al servicio a cuartos para que manden más de ésas, me dicen que no las tienen disponibles para la venta. Más allá de que las importadas las venden a un precio desorbitado (en este caso me invitaban la estancia por razones de trabajo, así que, por una vez, el ahorro no era el tema que motivaba mi enojo), ¿cómo se apoya la sustentabilidad ambiental trayendo desde Fiji agua embotellada? El no tener agua de buena calidad en la llave en lugar de venderla en botellitas de plástico es una contradicción ecológica, pero es peor si se considera toda la energía gastada para traer las botellitas del otro lado del Océano Pacífico. Sin embargo, estas contradicciones parecen no afectar el espíritu verde de este hotel.

En esta práctica no sólo hay descuido ambiental. No hay esfuerzo alguno por impulsar los productos mexicanos. En Monterrey hay aguas de manantial de gran calidad. ¿Es muy complicado promover un producto local? En todo caso, habría que darle al cliente la posibilidad de escoger entre el agua de las Islas Fiji y la de la Sierra Madre Oriental.

Más allá de la baja sustentabilidad ambiental de importar agua del otro lado del océano, esta falta de integración de muchas empresas hoteleras, y de otras con la economía nacional, disminuye el impacto de ciertas actividades económicas que en otros países arrastran más sólidamente a la economía. Dada la falta de decisión de los actores involucrados por adquirir bienes y servicios nacionales, es comprensible la presión de muchos por algún tipo de bloqueo a las importaciones para estimular el consumo nacional. Esto, sin embargo, terminaría por castigar al consumidor y ahogar la economía, dado que le quita insumos de calidad a procesos productivos que exportamos y que no lo podrían hacer con insumos sólo mexicanos. Lo que se requiere, para aquellos casos donde sí se pueden usar productos nacionales, como en el caso del agua embotellada, es un empresariado que estimule lo nacional y un consumidor que lo demande.

Para el caso del agua y otros bienes similares, habría que ir pensando en un verdadero espíritu ecológico, pero no ahorrando en el lavado de blancos, sino con una política fiscal que penalice el uso excesivo de la energía con algún impuesto. Aunque claro, esto está muy lejos de nuestra realidad. En México nos dedicamos a subsidiar la gasolina y el diesel, por más que hayamos sido líderes de la reunión de cambio climático en Cancún. El gobierno mexicano se ve como los hoteles con su rollito cursi, también se apoya la sustentabilidad del planeta tierra, pero sólo retóricamente, en lugar de tomar acciones decididas y con propósitos claros. Si usted viajó en auto este verano, debería de agradecer el subsidio, aunque quizás no sepa de su existencia y se moleste por los aumentos mensuales a la gasolina.
Fuente: Reforma, Opinión, p.11.
Por: Carlos Elizondo Mayer-Serra.
Publicada: 4 de agosto de 2011.

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