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Análisis actual del 1er Objetivo de Desarrollo del Milenio en México

Han transcurrido diez años desde que el mundo pactó una serie de metas para eliminar la pobreza extrema, el hambre y las enfermedades en 2015. Para que las promesas del año 2000 se traduzcan en avances reales es necesario acelerar el progreso y, cuando apenas queda media década, se necesitan progresos muchos más rápidos, en especial para los países más pobres.

Para lograr acelerar el progreso en la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, se necesita que la comunidad internacional dirija la mirada hacia las lecciones aprendidas hasta ahora.

De ese modo, para superar la pobreza y hambre, primer Objetivo de Desarrollo del Milenio, se debe poner énfasis en los siguientes aspectos:

a) Los países pobres que tienen sectores agrícolas grandes deben concentrarse en el mejoramiento de su productividad.

b) Los pequeños agricultores deben tener acceso inmediato a insumos, como abonos, semillas de alto rendimiento, equipo y sistemas de riego en pequeña escala.

c) Una mayor producción de alimentos debe complementarse con otras intervenciones destinadas a corregir la desigualdad del acceso a los alimentos y mejorar la nutrición.

d) Las iniciativas caracterizadas por una alta intensidad de mano de obra, la promoción de las empresas pequeñas y medianas, los planes de garantía del empleo y las transferencias de fondos en efectivo condicionales pueden dar resultados positivos.

e) Se debe prestar especial atención a las recomendaciones contenidas en el Pacto Mundial para el Empleo.

© Pobreza en México

México se encuentra dentro del grupo de los países catalogados como poseedores de un alto índice de desarrollo humano (IDH). Esta posición contrasta con la considerable desigualdad en los niveles de desarrollo entre los estados. Mientras el Distrito Federal, Nuevo León, Coahuila y Baja California tienen un nivel de desarrollo similar al de la República Checa, Kuwait o Argentina, el IDH de Chiapas se asemeja al de Nicaragua o de la República Árabe Siria.

A nivel municipal, esta desigualdad es aún más evidente, considerando que en Chiapas y Oaxaca es posible encontrar municipios con un IDH similar a países con bajo índice de desarrollo como Nigeria, Eritrea o Senegal.

En 2008, 50.6 millones de mexicanos (47.4%) no tenían suficientes ingresos para satisfacer sus necesidades de salud, educación, alimentación, vivienda, vestido o transporte público.

En ese mismo año alrededor de 23.4 y 27.2 millones de personas vivían en situación de pobreza patrimonial a escalas rural y urbana, respectivamente. Asimismo, 19.5 millones (18.2%) padecían carencias alimenticias, de los cuales 7.2 millones habitaban en zonas urbanas, mientras que 12.2 millones residían en áreas rurales.

Sin embargo, se han alcanzado algunos logros en el país; ahora la población más pobre ha aumentado la cobertura de servicios básicos de educación, de salud y de vivienda, particularmente entre 1992 y 2008.

De conformidad con la Ley General de Desarrollo Social, México adoptó una metodología multidimensional para la medición de la pobreza, arrojando que en 2008, 42.7 millones de personas, es decir, 44.2% del total de la población mexicana, vivía en condiciones de pobreza multidimensional.

No obstante, las grandes disparidades se repiten en el análisis de la situación de la niñez: quienes viven en zonas rurales enfrentan más desventajas que aquellos residentes en zonas urbanas; además, los indígenas se encuentran entre los grupos infantiles más vulnerables de México (por ejemplo, 33% de los niños indígenas menores de 5 años sufría de baja talla en 2006, en comparación con 12% de todos los niños de esa edad).

© Las lecciones aprendidas

1. Los programas que son iguales para todos los países están condenados a fracasar habida cuenta las variaciones amplias que hay entre ellos en cuanto a su capacidad (recursos, instituciones y administración) y sus circunstancias.

2. Las políticas macroeconómicas orientadas al futuro se necesitan para salvaguardar la sostenibilidad de las estrategias de inversión pública en apoyo de un crecimiento de base amplia y la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Las políticas macroeconómicas no deben concentrarse exclusivamente en la estabilización de la deuda y el control de la inflación, sino que, en última instancia, deben servir de apoyo al aumento del producto real y del empleo.

3. Las estrategias basadas en la comunidad son más eficaces que los programas aislados.

4. La gobernanza y la capacidad de ejecución institucional a nivel nacional, que son a la vez resultados del desarrollo y fines que se deben perseguir por sí mismos, pueden ayudar a acelerar el progreso hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

© Factores claves del éxito

1. Liderazgo eficaz de los gobiernos.

2. Políticas que afectan al comportamiento privado y a la conducta de quienes prestan los servicios.

3. Mejores inversiones en cantidad y en calidad y en la concentración de sus objetivos.

4. Capacidad institucional adecuada, como instalaciones apropiadas y personal competente.

5. Participación y empoderamiento de la sociedad civil.

6. Alianzas mundiales eficaces.

7. Buena gobernanza por parte de los donantes y los beneficiarios, por un lado, y una mayor capacidad del Estado y la sociedad en los países beneficiarios para administrar corrientes de recursos más abundantes en forma transparente y con rendición de cuentas, por el otro.

Fuente: La Crónica – crónica especial, p. 12-13
Publicada: 4 de agosto de 2010

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