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Responsabilidad social de las empresas, mejor que la caridad

En la zona boscosa de Santa Rosa de Lima, Guanajuato, habitan cerca de 4,000 personas. Sin industria y con sólo actividades de subsistencia, un proyecto de responsabilidad social parecería una caridad. Sin embargo, no lo es y al contrario, gente del poblado se ha involucrado en una cadena de beneficios que llega incluso hasta restaurantes del Distrito Federal.

“En México está el tema de Toks, que buscó proveedores nacionales y encontró en Guanajuato una comunidad que hace mermeladas, la probaron y era de tal calidad, que competía con las premium, a esa comunidad les cambió la vida”, platica a El Economista Marco Iván Escotto, profesor de Filosofía y Empresa del IPADE.

El negocio no está peleado con la responsabilidad social. “Toks incorporó esta comunidad a su cadena de suministro y se observó una calidad de vida mejor, o sea un impacto positivo”. Por su parte, la red de restaurantes consiguió un proveedor nacional a un precio competitivo.

De acuerdo con el profesor del IPADE, las empresas de mayor éxito son las que incorporan proyectos de impacto social dentro de su operación. “Es un ganar-ganar entre la sociedad y las empresas”, comenta.

Romper con paradigmas equivocados, un objetivo

“Hay muchos mitos con relación a la responsabilidad social”, advierte el maestro del IPADE. Desde que los productos son más caros hasta la “doble cara empresarial”, estas actividades a veces han sido castigadas por la comunidad.

Por lo mismo, una de las premisas para diferenciar entre las empresas que hacen bien su trabajo en este rubro, y las que sólo lo aparentan, es “cuando hay una conciencia del impacto en la sociedad, simplemente desde la contratación”. “Ser socialmente responsable está en todos tus actos como empresa, pero si eres consciente de los efectos y no sólo llegas a ser responsable, buscas ganar-ganar para beneficiar a la sociedad”, reafirma especialista.

No es una caridad

A veces se confunde filantropía con responsabilidad social. “Filantropía es una suma de dinero a fondo perdido, a causas sociales, ecológicas, que la empresa o fundación decida”, define Escotto. En tanto, los proyectos sustentables “ayudan a arrancar un proyecto que es de beneficios para todos los sectores”. La mayor diferencia radica en que los proyectos de responsabilidad social buscan sostenerse por sí solos, mientras las acciones filantrópicas dependen de la situación de la empresa.

Una mirada hacia dentro

“Toda empresa es responsable de sus acciones y por los efectos que se tengan”, afirma Escotto Arroyo. Por esa razón, un proyecto de responsabilidad social no sólo se mira hacia fuera. De acuerdo con el académico, algunos de los puntos internos a tomar en cuenta son los derechos laborales (calidad de vida de los empleados), clima laboral y que se cumplan las leyes, esta última, en el plano más bajo de la responsabilidad social. “El mayor responsable es la dirección general, que es de donde parten las iniciativas”, concluye.

Fuente: El Economista – emprendedores sociales, p. 28
Autor: Pablo G. Escobedo
Publicada: 4 de agosto de 2010

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