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Al Gore, el Premio Nobel de la Paz y la Responsabilidad Social

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A diferencia de años anteriores, cuando el Premio Nobel de la Paz solí­a recaer en personas dedicadas a la resolución de conflictos, esta vez el reconocimiento ha sido otorgado a la máxima autoridad en la lucha contra el cambio climático: el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), perteneciente a la ONU, y al máximo difusor de esta causa, el exvicepresidente estadounidense Al Gore, cuyo documental “Una verdad incómoda” ha popularizado el fenómeno más que cualquier informe o cumbre internacional.

Una clara muestra que la Responsabilidad Social no es una moda, sino una realidad que está aquí­ para quedarse. Ahora, muchos podrán argumentar ¿Combatir el cambio climático implica luchar por la paz? La respuesta, para quienes hayan visto el documental o asistido a la conferencia, es sí­, absolutamente sí­. El cambio climático es la peor amenaza a la estabilidad mundial porque al alterar los ecosistemas genera migraciones masivas; movimientos humanos que, como en el caso de Darfur, causan conflictos bestiales.

Mucho se ha dicho que la próxima guerra mundial puede no ser por territorios o ideologí­as, sino por agua. Después de conocer la “Verdad Incómoda” se puede comenzar a comprender el significado de este enunciado.

Al Gore es un polí­tico, cierto, pero también es una de las figuras más sólidas de la Responsabilidad Social y un estupendo representante de lo que significa hacer marketing personal con causa. Hoy dí­a, el nombre Al Gore no puede ser pronunciado sin ligarse a Calentamiento Global, lo que denota el trabajo mercadológico y de posicionamiento que va de la mano con su compromiso social.

Si bien Gore mantiene una lucha honesta contra el Cambio Climático, no descuida el marketing personal y de imagen pública. Si su estrategia publicitaria no existiera ¿habrí­a recaí­do en él el Premio Nobel?

¿Es esta actitud criticable? Por supuesto que no. Las causas sociales no tienen porqué estar peleadas con las económicas. Bono, Bill Gates, Lorena Ochoa y el recién ido Pavarotti son otros buenos ejemplos de ello. La Responsabilidad Social no es filantropí­a. La Responsabilidad Social puede y debe ser redituable, pues incluso su mismo rendimiento puede mantener vivas las causas.

Seguramente otro de los aspectos que influyeron en la decisión, es que este Nobel de la Paz debe tener un efecto a muy corto plazo: incrementar la presión para que se logre una estrategia global que haga frente al cambio climático. No olvidemos que el próximo 3 de diciembre comenzará en Bali (Indonesia) la Cumbre del Clima, una conferencia internacional, auspiciada por la ONU, en la que los ministros de Medio Ambiente de todo el mundo habrán de ponerse de acuerdo sobre las medidas para reducir los gases de efecto invernadero más allá del 2012, fecha en la que expira la primera fase del Protocolo de Kioto.

La negociación se prevé dura. Estados Unidos aún no ha ratificado el tratado, pues la Administración de Bush consideró en el 2001 que éste podí­a causar perjuicios al mercado laboral estadounidense. Tampoco lo ha hecho China, el otro paí­s que se sitúa a la cabeza en emisiones de dióxido de carbono.

Pero como dijo el mismo Al Gore: “Estamos tan preocupados por hacer dinero que no pensamos que mañana tal vez no hya un mundo donde gastarlo”.

Indudablemente, un Premio Nobel a un esfuerzo de Responsabilidad Social.

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