El cero neto suele presentarse como el punto en el que la humanidad finalmente podrá frenar el calentamiento global. Pero alcanzar esa meta no significa que sus beneficios climáticos se distribuyan de manera inmediata ni uniforme. Una nueva investigación liderada por científicos de la Universidad de Melbourne encontró que las regiones tropicales y los países con menores niveles de desarrollo podrían estar entre los últimos en experimentar una reducción significativa de los impactos del calentamiento, pese a haber contribuido mucho menos a las emisiones históricas.
La conclusión introduce una dimensión incómoda para la agenda ESG: reducir las emisiones es indispensable, pero no garantiza por sí mismo una transición climática equitativa. Para las empresas, esto significa que hablar de cero neto también requiere considerar adaptación, financiamiento, resiliencia y la distribución geográfica de los beneficios de la descarbonización.
¿Qué descubrió la investigación sobre el cero neto?
El estudio, publicado en Environmental Research Letters y dirigido por el Dr. Andrew King, de la Universidad de Melbourne, analizó tres conjuntos de experimentos de modelización climática. Los investigadores observaron qué ocurriría con las temperaturas después de alcanzar emisiones globales netas cero y posteriormente compararon esos resultados con indicadores económicos de los países.
El resultado, apunta a una persistencia de la desigualdad climática: las regiones tropicales, donde se concentra buena parte de los países de menores ingresos, experimentarían durante más tiempo los efectos del calentamiento acumulado.
“Los países más ricos, que han contribuido en mayor medida al problema, no son los más expuestos […] Las regiones que no han provocado el calentamiento son las que experimentan el mayor calentamiento”, explicó King.

Esto ocurre porque cero neto no significa borrar de inmediato el carbono que ya fue emitido. El IPCC explica que, incluso cuando las emisiones netas de CO₂ llegan a cero, la temperatura global permanece aproximadamente constante durante siglos; para revertir parte del calentamiento sería necesario que las emisiones fueran netamente negativas, es decir, que se retire más CO₂ de la atmósfera del que se emite.
Los beneficios del cero neto no llegarán al mismo tiempo
La investigación, tal como señala The Guardian, muestra que existe una diferencia entre alcanzar una meta global de emisiones y experimentar sus efectos a escala local.
Los modelos analizados por el equipo de King sugieren que las reducciones de los extremos de calor posteriores al cero neto favorecerían en mayor medida a regiones con niveles altos de desarrollo humano, mientras que zonas como África subsahariana y el sudeste asiático tendrían reducciones menores.
La razón es también física. Los ecosistemas tropicales han evolucionado dentro de rangos de temperatura relativamente estrechos. Por ello, un aumento sostenido puede generar alteraciones importantes incluso cuando la temperatura media global parece estabilizarse.
Los beneficios del cero neto, por tanto, deben analizarse en términos de cuándo, dónde y para quién se materializan. Una reducción global de las temperaturas no equivale automáticamente a una recuperación inmediata de los ecosistemas, los sistemas agrícolas o las comunidades más vulnerables.

Los países pobres contribuyeron menos, pero enfrentan más pérdidas
La desigualdad no comienza con el cero neto. Ya está presente en la distribución de las responsabilidades y los impactos climáticos.
Los países menos desarrollados representan menos de 4% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, según UN Trade and Development (UNCTAD). Sin embargo, durante los últimos 50 años concentraron 69% de las muertes provocadas por desastres relacionados con el clima.
La brecha también aparece en el financiamiento. En 2023, los créditos de carbono procedentes de los países menos desarrollados tuvieron un valor aproximado de 403 millones de dólares, equivalente a apenas 1% de la ayuda oficial bilateral para el desarrollo. UNCTAD advierte además que los mercados de carbono no pueden sustituir al financiamiento climático ni a la asistencia oficial que requieren estas economías.
Y existe otra dificultad: acceder al dinero disponible tampoco es sencillo. UNCTAD señala que los países menos desarrollados recibieron en 2022 alrededor de 18% del financiamiento climático proporcionado y movilizado por países desarrollados, mientras que los pequeños Estados insulares en desarrollo recibieron apenas 2.8%.

¿Qué otros beneficios del cero neto están en juego?
Pensar en los beneficios del cero neto únicamente como una reducción de la temperatura puede dejar fuera consecuencias sociales y económicas relevantes.
Para las regiones más vulnerables, la transición climática puede representar:
- Menores pérdidas futuras por eventos extremos, pero sólo si el calentamiento se limita suficientemente.
- Mayor seguridad alimentaria e hídrica, siempre que la adaptación avance al mismo tiempo que la mitigación.
- Acceso a energía limpia, especialmente cuando la transición incorpora infraestructura y financiamiento para países con menor capacidad de inversión.
- Protección de ecosistemas tropicales, cuya recuperación puede requerir mucho más tiempo que la estabilización de la temperatura global.
- Menores desplazamientos climáticos, aunque algunos daños, como la pérdida de territorio por el aumento del nivel del mar, no desaparecerán simplemente al alcanzar cero neto.
El IPCC advierte que algunas consecuencias del cambio climático responden con escalas temporales muy distintas. Mientras el calentamiento superficial podría comenzar a revertirse después de una reducción sostenida del CO₂ atmosférico, algunos procesos —como el deshielo del permafrost— requieren décadas y otros, como ciertos cambios oceánicos y el nivel del mar, pueden prolongarse durante siglos o milenios.
Cambio climático y riesgo de apatridia: una consecuencia que también crece
La desigual distribución de los impactos climáticos tiene además una dimensión jurídica. Un informe elaborado para la agencia de refugiados de Naciones Unidas y el Peter McMullin Centre on Statelessness advierte que los desastres climáticos, el desplazamiento forzado y el aumento del nivel del mar pueden incrementar el riesgo de apatridia, particularmente en Estados insulares vulnerables.
UNHCR contabilizaba 4.5 millones de personas apátridas al cierre de 2025, aunque reconoce que la cifra real probablemente sea considerablemente mayor porque muchos países no cuentan con datos completos.
El informe plantea medidas preventivas como:
- digitalizar los registros de ciudadanía;
- garantizar la nacionalidad de niñas y niños que pierdan a sus padres durante desastres;
- fortalecer las leyes de nacionalidad;
- asegurar que madres y padres tengan los mismos derechos para transmitir su nacionalidad.
La relación con la crisis climática es directa: cuando una comunidad pierde territorio, infraestructura y documentos oficiales como consecuencia de inundaciones, incendios o aumento del nivel del mar, la vulnerabilidad puede extenderse desde lo ambiental hasta la propia condición jurídica de las personas.
¿Qué significa esto para los líderes ESG?
Para las empresas, el hallazgo plantea una cuestión importante: una estrategia de cero neto no debería evaluarse únicamente por toneladas de CO₂ evitadas.
Los beneficios del cero neto dependen también de la capacidad de las sociedades para resistir los impactos que ya están incorporados al sistema climático. Por ello, una estrategia empresarial madura debería conectar descarbonización con adaptación y justicia climática.
Algunas preguntas pueden ayudar a llevar esta discusión al gobierno corporativo:
- ¿Dónde están las comunidades más expuestas dentro de la cadena de valor?
Proveedores agrícolas, trabajadores, instalaciones y comunidades cercanas pueden encontrarse en regiones tropicales particularmente vulnerables. - ¿La inversión climática contempla adaptación además de mitigación?
Reducir emisiones evita daños futuros, pero infraestructura resiliente, gestión hídrica, sistemas de alerta y protección de ecosistemas responden a riesgos que ya existen. - ¿Quién captura los beneficios económicos de la transición?
La expansión de energías renovables, mercados de carbono y tecnologías limpias debería analizarse también desde la perspectiva de transferencia tecnológica, empleo, acceso energético y desarrollo local. - ¿La estrategia de cero neto considera los impactos residuales?
Incluso después de alcanzar la meta, algunos riesgos climáticos persistirán. El IPCC señala que llegar a cero neto detiene el aumento de la temperatura asociado al CO₂, pero no elimina automáticamente los cambios ya desencadenados.

Llegar antes al cero neto también es una cuestión de equidad
La investigación de King no cuestiona la necesidad de alcanzar el cero neto. Al contrario: muestra que la velocidad importa.
“Llegar al cero neto antes significa que es menos probable que suframos ese calentamiento a largo plazo posterior. Necesitamos alcanzar las emisiones netas cero cuanto antes para limitar esa desigualdad”, señaló el investigador.
Para la agenda ESG, esta conclusión cambia el enfoque. La pregunta ya no es únicamente cuánto puede reducir una empresa sus emisiones, sino qué ocurre con las personas y territorios que continuarán viviendo con las consecuencias de las emisiones acumuladas.
Los beneficios del cero neto serán globales, pero no necesariamente simultáneos. Y mientras las economías más ricas pueden contar con mayores recursos para proteger infraestructura, asegurar activos y financiar adaptación, muchas de las regiones que menos contribuyeron al problema seguirán enfrentando sus efectos durante décadas.
Por eso, una transición climática responsable necesita dos velocidades complementarias: descarbonizar cuanto antes para limitar el calentamiento futuro y financiar desde ahora la adaptación de quienes ya están soportando sus consecuencias. Los beneficios del cero neto no deberían medirse sólo por cuándo el mundo deja de calentarse, sino también por quién puede sobrevivir, adaptarse y desarrollarse mientras ese objetivo se alcanza.












