Reducir el plástico de los empaques es uno de los grandes retos para la industria de alimentos, especialmente cuando se trata de productos que requieren protección durante su transporte y almacenamiento. En este contexto, Mondelēz International ha decidido sustituir las bandejas rígidas de PET de buena parte de su portafolio europeo de galletas por alternativas de papel con certificación FSC.
El cambio alcanza más de 115 productos de ocho marcas en 25 mercados y, de acuerdo con la compañía, permitirá eliminar toneladas de plástico virgen al año. Más allá de la cifra, el caso muestra cómo el rediseño puede convertirse en una herramienta para avanzar hacia modelos de producción con menor dependencia de materiales vírgenes.
¿Qué cambió Mondelēz en sus empaques?
La compañía reemplazó las bandejas rígidas de PET por bandejas de papel certificadas por el Forest Stewardship Council (FSC) en productos de sus marcas:
- LU
- Milka
- Granola
- Cadbury
- Marabou
- Chips Ahoy!
- Lacta
- Freia
La modificación se está implementando en mercados como Reino Unido, Irlanda, Alemania, Polonia, España y los países nórdicos.
En conjunto, las nuevas bandejas abarcan alrededor de 28,000 toneladas de galletas producidas cada año, lo que convierte la iniciativa, según Mondelēz, en la mayor acción de sostenibilidad de envases que ha desarrollado dentro de su categoría de panadería europea.
El objetivo detrás del cambio PET por papel es reducir significativamente el uso de plástico virgen sin abandonar la función que cumple el empaque: proteger el producto y facilitar su comercialización.

¿Cuánto plástico se eliminará con el cambio de PET por papel?
El dato más relevante de la iniciativa es la reducción proyectada de materiales vírgenes. Mondelēz estima que el cambio permitirá eliminar 2,200 toneladas de plástico virgen anualmente, aproximadamente un 80% menos que las utilizadas en las bandejas de plástico originales.
Esto resulta relevante desde una perspectiva de economía circular. Reducir el plástico virgen significa disminuir la necesidad de incorporar nuevos recursos fósiles a la fabricación de envases, aunque el impacto ambiental total de una alternativa no depende únicamente del material elegido.
Por ello, una de las principales lecciones del cambio PET por papel es que las estrategias de empaque deben evaluarse de manera integral: abastecimiento de materias primas, fabricación, transporte, uso y posibilidades de recuperación al final de su vida útil.
En este caso, la certificación FSC busca aportar trazabilidad sobre el origen responsable del material forestal utilizado en las bandejas.
¿Mondelēz está eliminando el plástico de todos sus empaques?
No. Y esta distinción es importante para entender la estrategia.
El reemplazo de las bandejas forma parte de un conjunto más amplio de acciones de Mondelēz para incorporar materiales reciclados en sus empaques. Antes y paralelamente a esta iniciativa, la compañía ha trabajado para reducir el uso de plástico virgen mediante diferentes tecnologías.
Por ejemplo, algunas bandejas de marcas como Milka, Oreo, Cadbury y Chips Ahoy! ya incorporaban aproximadamente 80% de PET reciclado. En el caso del envase flexible de Cadbury Dairy Milk, la empresa también utiliza tecnología de reciclaje avanzada para incorporar plástico reciclado certificado al 80%.
Esto muestra que no existe una única solución para todos los empaques. El desafío consiste en identificar qué material y tecnología funcionan mejor para cada producto y, al mismo tiempo, reducir la dependencia de recursos vírgenes.
De las bandejas a las bolsas: una estrategia más amplia
La apuesta por materiales reciclados también se ha extendido a otros productos.
A principios de año, Mondelēz colaboró con Amcor para utilizar un 65% de plástico reciclado certificado en los empaques de Mini Huevos Cadbury de distintos tamaños para Semana Santa. El material AmFiniti utilizado por Amcor transforma residuos plásticos posconsumo en nuevos envases.
Durante el verano, Mondelēz también trabajó con Amcor, LyondellBasell y Taghleef Industries para incorporar 75% de material reciclado químicamente en el empaque flexible de las tabletas de chocolate Marabou.
En este último caso, los polímeros CirculenRevive de LyondellBasell buscan contribuir al cumplimiento de los requisitos de contenido reciclado establecidos por el Reglamento de Envases y Residuos de Envases.
La combinación de iniciativas revela que la compañía está explorando diferentes rutas: sustituir materiales, incorporar contenido reciclado y utilizar tecnologías capaces de recuperar residuos para convertirlos nuevamente en materia prima.
¿Qué buenas prácticas de RSE deja el caso?
El cambio PET por papel ofrece aprendizajes que pueden ser útiles para otras empresas que buscan avanzar en sostenibilidad de empaques.
1. Escalar las soluciones.
Una innovación ambiental tiene mayor impacto cuando deja de aplicarse en productos piloto y alcanza una parte significativa del portafolio. En este caso, la sustitución llega a más de 115 productos y 25 mercados.
2. Reducir materiales vírgenes.
La estrategia no se limita a cambiar un material por otro: también incorpora PET reciclado y plástico reciclado químicamente en otras categorías.
3. Elegir materiales con criterios de trazabilidad.
La certificación FSC aporta un mecanismo para respaldar el origen responsable del papel utilizado en las bandejas.
4. Trabajar con socios especializados.
Las colaboraciones con empresas como Amcor, LyondellBasell y Taghleef Industries muestran que la transición hacia empaques más sostenibles requiere innovación y conocimiento a lo largo de toda la cadena de suministro.
5. Vincular sostenibilidad con cumplimiento.
La evolución de las regulaciones sobre envases obliga a las empresas a anticiparse. Incorporar materiales reciclados puede responder tanto a objetivos ambientales como a nuevas exigencias regulatorias.
¿Qué deben considerar las empresas antes de sustituir un empaque?
El caso de Mondelēz también demuestra que cambiar PET por papel no debe convertirse automáticamente en sinónimo de sostenibilidad. Para tomar decisiones responsables, las empresas necesitan analizar el ciclo de vida completo del empaque y verificar si el nuevo material mantiene las funciones necesarias para proteger el producto.
También es necesario considerar si existen sistemas adecuados para recuperar, reciclar o compostar el nuevo material en los mercados donde se comercializa.
La buena práctica, por tanto, no consiste simplemente en reemplazar un material, sino en rediseñar el sistema de empaque con objetivos ambientales medibles.

Un cambio que va más allá de las galletas
La decisión de Mondelēz de pasar de PET por papel en más de un centenar de productos demuestra que la sostenibilidad de los empaques puede abordarse desde diferentes frentes. Reducir 2,200 toneladas de plástico virgen al año representa un avance significativo, pero el verdadero valor del caso está en la estrategia que lo acompaña.
Para las empresas de alimentos, el mensaje es claro: reducir el impacto ambiental requiere innovación, medición y colaboración. Y para la RSE, implica pasar de compromisos generales a decisiones concretas sobre cómo se diseñan, producen y desechan los productos que llegan diariamente a millones de consumidores.
El desafío ahora será demostrar que estas alternativas pueden mantenerse a escala, cumplir su función y generar beneficios ambientales durante todo su ciclo de vida. Porque el futuro de los empaques sostenibles no dependerá únicamente de usar menos plástico, sino de diseñar sistemas capaces de utilizar mejor los recursos y reincorporarlos a la economía.











