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¿Adiós al arte “woke”? Embajada de EU retira una obra del retratista de Obama

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La administración de Donald Trump retiró de la Embajada de Estados Unidos en Santo Domingo, República Dominicana, una pintura del artista Kehinde Wiley, reconocido por realizar el retrato oficial del expresidente Barack Obama. La decisión fue justificada por funcionarios estadounidenses con argumentos relacionados con las “ideologías progresistas” asociadas con el artista. La obra, titulada Jóvenes artistas después de Siamesas 1960, fue cubierta con una lona con la bandera estadounidense antes de ser retirada. El episodio vuelve a colocar al arte en el centro de la disputa política y cultural de Estados Unidos.

La pintura había sido encargada por el Departamento de Estado en 2013 y formaba parte del programa Arte en las Embajadas, creado para impulsar el diálogo intercultural mediante el arte. Para quienes siguen temas de responsabilidad social, diversidad y representación, el caso resulta relevante porque conecta cultura, política pública, patrimonio y reputación institucional. El debate sobre el arte woke en EE.UU. también plantea una pregunta de fondo: ¿quién decide qué expresiones artísticas representan a un país cuando las obras pertenecen a instituciones públicas?

¿Por qué retiraron una obra de Kehinde Wiley de una embajada?

De acuerdo con un artículo de TIME, la pintura fue retirada de la Embajada de Estados Unidos en Santo Domingo a principios de agosto de 2026. De acuerdo con declaraciones del Departamento de Estado, la decisión responde a las posturas que la administración Trump considera progresistas y a determinadas representaciones realizadas por Wiley.

La embajadora estadounidense en República Dominicana, Leah Campos, difundió en redes sociales un video del retiro. En las imágenes, la obra aparece cubierta por una lona con la bandera estadounidense mientras suena la canción We’re Not Gonna Take It, de Twisted Sister. Campos señaló que Estados Unidos busca alejarse de las ideologías “globalistas y progresistas” y adoptar una visión centrada en el patriotismo estadounidense.

El Departamento de Estado analiza si puede vender legalmente la obra, debido a que fue adquirida con dinero de los contribuyentes. Esto agrega una dimensión de gobernanza al debate: la discusión no solo gira alrededor de preferencias artísticas, sino también del manejo de patrimonio adquirido con recursos públicos.

¿Qué representa el arte woke en EE.UU. en este caso?

El término “arte woke” suele utilizarse para describir expresiones culturales asociadas con temas como diversidad, raza, género, inclusión o cuestionamiento de estructuras tradicionales de poder. En este caso, la discusión se relaciona con el trabajo de Wiley y con la manera en que sus obras cuestionan las convenciones históricas de representación.

Jóvenes artistas después de Siamesas 1960 muestra a cuatro jóvenes dominicanos sobre un fondo floral, un recurso característico del artista. Para crearla, Wiley colaboró con estudiantes de la Facultad de Artes y de la Escuela de Diseño Altos de Chavón, quienes participaron como modelos.

La obra también establece un diálogo directo con la cultura dominicana al inspirarse en Desnudo Femenino, de Celeste Woss y Gil, y Siamesas, de Gilberto Hernández Ortega. Por ello, su presencia en una embajada estadounidense no funcionaba únicamente como decoración: formaba parte de una propuesta de intercambio cultural entre Estados Unidos y República Dominicana.

Kehinde Wiley: el artista detrás del retrato de Obama

Kehinde Wiley es un artista estadounidense conocido por sus retratos monumentales de personas negras, representadas mediante recursos visuales asociados tradicionalmente con el retrato clásico europeo. Sus composiciones suelen incorporar fondos florales de colores intensos y elementos que cuestionan las formas históricas de representar poder, estatus y raza.

Su reconocimiento internacional aumentó significativamente después de realizar el retrato oficial de Barack Obama. La obra fue presentada en 2018 y actualmente forma parte de la colección de la Galería Nacional de Retratos del Smithsonian en Washington.

La relación de Wiley con el gobierno estadounidense tampoco comenzó con el retiro de su pintura. En 2015, el Departamento de Estado le otorgó la Medalla de las Artes por su contribución al programa Arte en las Embajadas. Es decir, una institución que anteriormente reconoció su aportación artística ahora ha retirado una de sus obras de un espacio diplomático.

¿Qué controversias existen alrededor de Kehinde Wiley?

Wiley también ha recibido críticas de comentaristas conservadores por algunas de sus obras. Una de las más cuestionadas es Judith y Holofernes, creada en 2012, en la que una mujer negra sostiene la cabeza decapitada de una mujer blanca.

La pintura reinterpreta una obra del siglo XVII de Giovanni Baglione sobre el relato bíblico de Judith, quien decapita a un general invasor para salvar a su ciudad. Wiley explicó posteriormente que su obra contenía un juego de palabras relacionado con la expresión “matar a los blancos”, lo que contribuyó a convertirla en objeto de fuertes críticas.

El artista también fue señalado en 2024 por acusaciones de agresión sexual, que él niega. El Departamento de Estado ha utilizado además referencias a algunas de sus representaciones consideradas violentas y racistas para justificar la decisión de retirar su obra de la embajada.

Del arte a los “valores estadounidenses”

El retiro de la pintura forma parte de un cambio más amplio en la política cultural de la administración Trump. Erin Scavino, directora de Arte en las Embajadas, ha defendido una mayor presencia de iconografía patriótica dentro de las exposiciones oficiales.

Scavino describió la obra de Wiley como “muy políticamente correcta” y “estéticamente aterradora” durante una entrevista con Sean Spicer, exsecretario de prensa de la Casa Blanca. Desde su llegada a la dirección del programa durante el segundo mandato de Trump, ha impulsado exposiciones centradas en símbolos nacionales.

Un ejemplo es Pasaporte al Patriotismo: 250 Años de Diplomacia, una exposición organizada en Washington que reunió 56 obras con 68 representaciones de la bandera estadounidense. El cambio evidencia cómo el arte puede utilizarse para reforzar determinadas narrativas sobre identidad, nación y pertenencia.

El arte woke en EE.UU. y la disputa por la representación

La controversia también se ha trasladado a la participación estadounidense en la Bienal de Venecia de 2026. El Departamento de Estado modificó el proceso de selección del pabellón estadounidense y sustituyó referencias a la diversidad por requisitos relacionados con los llamados “valores estadounidenses”.

Críticos del proceso lo calificaron de politizado y opaco. Entre los cuestionamientos estuvo el nombramiento de Jenni Parido como comisionada del pabellón, pese a no contar con experiencia previa en museos. Posteriormente, Parido fundó American Arts Conservancy, organización seleccionada por el Departamento de Estado para organizar el pabellón.

Estos cambios forman parte de una transformación más amplia de las instituciones culturales federales. En marzo de 2026, Trump ordenó al Smithsonian eliminar lo que calificó como “ideología inapropiada” y “narrativas divisorias”, y pidió destacar en mayor medida la grandeza estadounidense.

¿Qué está cambiando en las instituciones culturales de Estados Unidos?

La administración Trump también redujo considerablemente el personal federal encargado de conservar una colección pública de aproximadamente 26,000 obras de arte. Además, canceló más de 1,400 subvenciones para proyectos de humanidades, aunque un juez federal bloqueó permanentemente esa medida en mayo.

A esto se suma la propuesta de eliminar el Fondo Nacional para las Artes (NEA) y el Fondo Nacional para las Humanidades (NEH), dos agencias federales independientes que apoyan proyectos culturales y humanísticos. Las eliminaciones fueron incluidas en las solicitudes presupuestarias para 2026 y 2027.

El patrón apunta a una discusión más profunda sobre el papel de las instituciones públicas: ¿deben reflejar la visión cultural de la administración que las dirige o preservar espacios donde convivan distintas perspectivas? El arte woke en EE.UU. se encuentra precisamente en el centro de esa tensión.

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¿Por qué este caso importa para la responsabilidad social?

Desde la perspectiva de la responsabilidad social, el caso de Wiley permite observar cómo las decisiones culturales pueden convertirse en decisiones de reputación, gobernanza y gestión de grupos de interés. Una obra expuesta en una embajada no solo ocupa un espacio físico: también comunica qué identidades, historias y valores considera relevantes una institución.

El caso también plantea preguntas sobre el uso de recursos públicos. Si una obra fue comprada con dinero de los contribuyentes y forma parte de una colección gubernamental, su retiro o eventual venta implica decisiones que trascienden el gusto personal de quienes ocupan temporalmente cargos públicos.

Por ello, la controversia puede leerse como un caso de gestión de reputación institucional: cambiar una obra modifica el relato que una organización pública transmite a sus audiencias. En el ámbito corporativo ocurre algo similar cuando una empresa decide qué causas apoyar, qué voces representar o qué mensajes retirar de sus espacios de comunicación.

Una pintura retirada, una discusión que permanece

El caso de Kehinde Wiley demuestra que el arte público difícilmente puede considerarse neutral. La elección de una obra para una embajada comunica una postura sobre cultura, representación e identidad, mientras que retirarla también transmite un mensaje. En este caso, la administración Trump busca que los espacios diplomáticos reflejen una narrativa vinculada con el patriotismo y los llamados “valores estadounidenses”.

La discusión, sin embargo, va más allá de determinar si una pintura es “progresista”, “patriótica” o políticamente correcta. El verdadero debate está en definir qué criterios deben utilizar las instituciones públicas para seleccionar, conservar o retirar obras de arte y cómo equilibrar patrimonio, diversidad, libertad artística y objetivos gubernamentales.

El episodio de Santo Domingo convierte una pintura en el símbolo de una transformación cultural mucho más amplia. Mientras Estados Unidos redefine qué quiere mostrar dentro y fuera de sus fronteras, el caso abre una pregunta que también interesa al mundo de la responsabilidad social: ¿una institución fortalece su identidad cuando elimina las expresiones que cuestionan su narrativa o cuando tiene la capacidad de convivir con ellas?

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