¿Qué pasa cuando las audiencias ya no buscan solamente información, sino noticias que coincidan con su manera de entender el mundo? El Digital News Report 2026, elaborado por el Reuters Institute de la Universidad de Oxford, revela que 6 de cada 10 mexicanos prefieren recibir información de fuentes que tienen una postura definida. En concreto, 37% elige contenidos que comparten su perspectiva y 27% prefiere aquellos que desafían sus ideas. Apenas 20% se inclina por fuentes sin un punto de vista particular.
Por tanto, la suma de quienes buscan contenidos alineados con sus opiniones y quienes prefieren aquellos que las cuestionan alcanza 64%, mientras solo el 48% prefiere fuentes imparciales. En un ecosistema informativo marcado por la polarización, las redes sociales y la pérdida de confianza, las noticias con sesgos parecen ganar terreno; sin embargo, esta preferencia también abre un debate sobre la responsabilidad de quienes producen y distribuyen información.
¿Por qué los mexicanos prefieren noticias con sesgos?
La preferencia mexicana no significa necesariamente que las personas quieran consumir únicamente información que confirme sus creencias. De hecho, 27% de los encuestados afirma preferir fuentes que desafían sus ideas. El elemento común es otro: la mayoría parece valorar que los medios o creadores tengan una posición identificable, ya sea porque coincide con la propia o porque permite confrontarla. Eduardo Suárez, director editorial del Reuters Institute, resumió la dimensión del fenómeno durante la presentación regional del informe:
“Hay una preferencia evidente en México por una información sesgada. Es algo que no podemos soslayar”.
La cifra resulta especialmente relevante en un entorno donde la información política suele consumirse a través de identidades, comunidades y referentes con los que las personas desarrollan vínculos. En lugar de buscar necesariamente una fuente que se presente como neutral, parte de las audiencias parece sentirse más atraída por quienes explicitan desde dónde hablan.

Pero existe una diferencia importante entre una fuente que tiene una línea editorial reconocible y una que abandona los estándares periodísticos. Una postura editorial puede formar parte de la identidad de un medio; el problema aparece cuando la posición termina condicionando la selección, presentación o interpretación de los hechos hasta el punto de desdibujar la frontera entre información y opinión.
México frente a América y el mundo: la política también pesa
La particularidad mexicana se vuelve más evidente cuando se comparan los resultados con otros mercados. En Estados Unidos, 53% prefiere fuentes sin un punto de vista particular y apenas 19% busca aquellas que coinciden con sus opiniones. En Canadá, las cifras son de 47 y 15%, respectivamente. Argentina registra 40% de preferencia por fuentes imparciales y 22% por fuentes coincidentes con sus ideas; Brasil, 37 y 34%, mientras Chile alcanza 37 y 29%.
México presenta, así, el porcentaje más bajo de preferencia por la imparcialidad entre los mercados americanos considerados en esta comparación. Mientras tanto, en el conjunto de países estudiados por el Reuters Institute, 48% de las personas prefiere fuentes sin un punto de vista particular, frente a 20% que busca aquellas que comparten su opinión y 13% que opta por las que la desafían.
El cambio también resulta interesante al observar la evolución internacional. En 2020, 51% de los encuestados en los mercados comparables prefería fuentes sin una perspectiva particular; en 2026 la cifra cayó a 48%. En contraste, quienes prefieren contenidos que desafían sus posiciones pasaron de 11 a 13%.
Sin embargo, el informe advierte que lo que las personas dicen valorar no necesariamente coincide con lo que consumen todos los días. Una persona puede afirmar que prefiere la imparcialidad y, al mismo tiempo, seguir regularmente a un creador o medio con una posición política explícita.
La ideología también ayuda a explicar parte de estas diferencias. De acuerdo con Suárez, las personas que se identifican con el centro político muestran una mayor inclinación hacia las noticias imparciales, mientras que quienes se ubican en posiciones más extremas tienen una mayor preferencia por fuentes que comparten sus puntos de vista. En México, 52% de quienes se identifican con la ultraderecha y 42% de quienes se ubican en la izquierda prefieren información alineada con sus posiciones.
Esto plantea un reto adicional para los medios: en un entorno donde las preferencias informativas están cada vez más relacionadas con identidades políticas, producir contenido capaz de llegar a personas con perspectivas diferentes puede resultar más difícil, pero también más necesario, dado que las noticias no deben confirmar lo que las personas creen, sino informar los hechos.

Redes sociales, creadores y una audiencia que también se aleja de las noticias
El avance de las noticias con sesgos ocurre al mismo tiempo que cambia radicalmente el lugar donde las personas se informan. Por primera vez desde que el Reuters Institute comenzó a realizar esta medición, las redes sociales superaron globalmente a la televisión como fuente semanal de noticias: 54% de las personas afirma utilizarlas con ese propósito.
En paralelo, el acceso mediante sitios y aplicaciones de medios cayó de 63 a 51% en los últimos cinco años. El cambio no supone simplemente que las personas estén abandonando las noticias, sino que cada vez más las encuentran en espacios donde compiten con entretenimiento, opiniones personales, publicidad y contenidos generados fuera de las estructuras periodísticas tradicionales.
México destaca particularmente por el peso de los creadores. El 39% de los mexicanos afirma informarse semanalmente mediante influencers o creadores de contenido, una proporción que solo es superada por Perú, con 46%, entre los países hispanohablantes analizados. El promedio mundial es de 27%.
Las plataformas de video y redes sociales se han convertido así en espacios donde conviven las publicaciones de medios establecidos con contenidos producidos por individuos y organizaciones que no necesariamente responden a las mismas estructuras, procesos editoriales o estándares de verificación.
Y mientras las audiencias migran hacia estos espacios, otra parte decide directamente alejarse de las noticias. En México, 45% afirma evitarlas algunas veces o con frecuencia, por encima del promedio global de 42%. El fenómeno ha crecido de manera considerable a escala internacional: en 2017, 29% de las personas decía evitar las noticias.
La combinación resulta particularmente compleja: más personas se informan a través de plataformas y creadores, pero también más personas deciden no informarse. Para los medios, esto significa competir no solo contra otros medios, sino contra un ecosistema digital diseñado para captar atención y personalizar los contenidos que cada usuario recibe.

La preferencia del público no puede definir la responsabilidad de los medios
Que las audiencias prefieran noticias con sesgos no significa que los medios deban abandonar su responsabilidad de informar con rigor. Existe una diferencia fundamental entre reconocer que una publicación tiene una línea editorial y presentar como hechos afirmaciones que responden a una determinada posición.
Aquí aparece una dimensión esencial de la RSE de los medios: su responsabilidad no termina en atraer lectores, generar reproducciones o adaptarse a los formatos que funcionan mejor en las plataformas. También implica proteger la calidad del ecosistema informativo, verificar aquello que se publica, contextualizar los acontecimientos y dejar claro cuándo se está informando y cuándo se está expresando una opinión.
El desafío es todavía mayor cuando las plataformas premian los contenidos capaces de generar reacciones inmediatas. Una publicación que confirma las creencias de una comunidad puede producir mayor interacción que otra que introduce matices, cuestiona una posición o presenta información que obliga al lector a reconsiderar sus certezas. Pero convertir la interacción en el principal criterio editorial puede terminar profundizando precisamente los problemas que erosionan la confianza en los medios.
Suárez lo planteó de manera directa al hablar de las demandas de las audiencias: “Las audiencias nos están pidiendo que contemos los hechos y que seamos fieles a los hechos”. Para el director editorial del Reuters Institute, atender la demanda por contenidos con una postura definida no significa modificar los estándares de verificación.
Esta distinción es fundamental. Un medio puede tener una línea editorial, analizar los acontecimientos desde una determinada perspectiva y ofrecer espacios de opinión sin abandonar la obligación de distinguir esos contenidos de la información factual. La existencia de una postura no debería ser incompatible con la fidelidad a los hechos.
Además, Suárez advierte otro riesgo: un tono excesivamente polarizado puede alejar a personas que tienen menor interés en la confrontación política y que actualmente permanecen fuera de la audiencia habitual de determinados medios. Es decir, perseguir únicamente a las audiencias más comprometidas con una posición puede terminar reduciendo la capacidad de los medios para construir conversaciones más amplias.
Desde una perspectiva de responsabilidad social, este punto resulta crucial. Los medios no son actores neutrales dentro de la sociedad: tienen capacidad para definir qué temas reciben atención, qué voces son escuchadas y cómo se interpretan acontecimientos que afectan a millones de personas. Por ello, su responsabilidad incluye reconocer el poder que tienen y utilizarlo con criterios de transparencia, rigor y rendición de cuentas.
El reto, entonces, no consiste en ignorar lo que las audiencias quieren consumir. Consiste en evitar que aquello que genera más afinidad, interacción o rentabilidad determine por completo qué se considera información de calidad. En una época de polarización, desconfianza y saturación de contenidos, quizá la verdadera responsabilidad de los medios no sea decirle al público lo que quiere escuchar, sino ofrecerle información suficientemente sólida para que pueda formar su propia opinión.










