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¿Por qué la inflación afecta más a las mujeres? Los productos que lideran los aumentos

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La inflación suele presentarse como un indicador económico general que permite medir el incremento de los precios en un país. Sin embargo, detrás de una cifra promedio existen realidades muy distintas para diferentes grupos de población. Aunque en mayo de 2026 la inflación anual en México se ubicó en 3.94%, algunos bienes y servicios esenciales registraron aumentos significativamente mayores, afectando de manera desigual a ciertos sectores.

Uno de los grupos que resiente con mayor intensidad estos incrementos es el de las mujeres. Factores como el consumo de productos específicos, las brechas salariales persistentes y la carga desproporcionada de los cuidados hacen que determinados aumentos tengan un impacto más profundo en su economía cotidiana. Este fenómeno pone sobre la mesa una discusión cada vez más relevante para empresas, gobiernos y especialistas en responsabilidad social: por qué la inflación afecta más a las mujeres y qué medidas pueden implementarse para reducir esta desigualdad económica.

Cuando la inflación promedio oculta desigualdades

La inflación reportada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Banco de México representa el comportamiento promedio de una canasta de 299 bienes y servicios. Sin embargo, como explica Ángel Iván Olvera, profesor del Tecnológico de Monterrey, para El Economista, ninguna persona consume exactamente la misma combinación de productos que integra esta medición.

Esto significa que cada grupo social experimenta una inflación distinta según sus hábitos de consumo, nivel de ingresos y necesidades específicas. Una familia con hijos pequeños, una persona adulta mayor o una mujer que requiere productos de gestión menstrual enfrentarán presiones inflacionarias diferentes, aun cuando el indicador nacional sea el mismo.

Desde una perspectiva de responsabilidad social, esta situación evidencia la necesidad de desarrollar indicadores más sensibles a las distintas realidades de consumo. La ausencia de una medición con perspectiva de género dificulta dimensionar con precisión cuánto y de qué manera la inflación afecta más a las mujeres, limitando la capacidad de diseñar políticas públicas y estrategias empresariales más inclusivas.

inflación afecta más a las mujeres

Inflación afecta más a las mujeres: productos esenciales que han aumentado por encima del promedio

Uno de los ejemplos más claros se encuentra en los productos de gestión menstrual, considerados bienes esenciales y no gastos opcionales. Entre mayo de 2025 y mayo de 2026, las toallas sanitarias registraron un incremento anual de 5.37%, superando en 1.43 puntos porcentuales la inflación general del país.

Los datos muestran aumentos significativos en marcas ampliamente utilizadas por las consumidoras mexicanas. Por ejemplo, según el análisis de El Economista, un paquete de toallas sanitarias Saba Ultra Invisible pasó de 36.25 a 43.50 pesos en un año, mientras que las toallas nocturnas Kotex aumentaron de 25.50 a 39 pesos, lo que representa un incremento de más del 50% en este último caso.

La situación es particularmente relevante si se considera que, de acuerdo con la Segunda Encuesta Nacional de Gestión Menstrual realizada por Essity, Unicef y Menstruación Digna México, las toallas sanitarias concentran el 92% del consumo de productos menstruales en el país. Aunque la tasa de IVA para estos productos se redujo a 0% en 2022, los aumentos de precio continúan representando una presión importante para millones de mujeres.

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Ropa y calzado femenino: incrementos que también impactan el presupuesto

Los aumentos no se limitan a los productos de higiene menstrual. El calzado para mujer registró una inflación anual de 4.67%, ubicándose por encima del promedio nacional. Un ejemplo es el caso de los zapatos Flexi para mujer, cuyo precio promedio pasó de 999 a 1,249 pesos entre mayo de 2025 y mayo de 2026.

La ropa femenina también mostró incrementos relevantes. Las blusas registraron aumentos de 3.82%, los pantalones de 3.46% y la ropa interior de 2.97%. En términos absolutos, una blusa de algodón pasó de 949 a 999 pesos, mientras que un pantalón de mezclilla aumentó más de 200 pesos en apenas un año.

Si bien estos incrementos pueden parecer moderados de forma aislada, su efecto acumulado sobre los presupuestos familiares resulta significativo. Esto es especialmente importante considerando que las mujeres continúan enfrentando brechas salariales y una mayor probabilidad de desempeñar trabajos informales o con menores niveles de protección económica. Por ello, entender cómo la inflación afecta más a las mujeres implica analizar no solo los precios, sino también las condiciones estructurales que amplifican sus efectos.

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Más allá de los precios: un reto para la equidad económica

El debate sobre la inflación suele centrarse en variables macroeconómicas, pero sus consecuencias tienen una dimensión social que no puede ignorarse. Cuando los productos esenciales para un grupo específico aumentan más rápido que el promedio, se generan barreras adicionales para su bienestar, salud y calidad de vida.

Sin duda, este escenario representa una oportunidad para impulsar acciones que promuevan la equidad económica. Desde políticas laborales con perspectiva de género hasta programas de acceso a productos básicos y análisis más precisos de los patrones de consumo, existen diversas herramientas para reducir las brechas que persisten en la sociedad.

¿Cómo reducir el impacto de la inflación en las mujeres?

Abordar las desigualdades que genera la inflación requiere reconocer que no todos los grupos de la población consumen los mismos bienes ni enfrentan las mismas condiciones económicas. En el caso de las mujeres, el desafío va más allá de los aumentos de precios y está relacionado con brechas salariales, una mayor participación en trabajos informales y la carga desproporcionada de las labores de cuidado no remuneradas.

Desde el ámbito público, una de las medidas más importantes consiste en mejorar la generación de datos con perspectiva de género. Contar con indicadores que permitan identificar cómo evolucionan los precios de productos y servicios consumidos principalmente por mujeres facilitaría el diseño de políticas más efectivas para proteger su poder adquisitivo. Asimismo, fortalecer programas de apoyo económico, salud menstrual y acceso a productos esenciales puede contribuir a reducir las presiones financieras sobre millones de hogares.

Las empresas también tienen un papel relevante. Las organizaciones pueden impulsar esquemas de compensación más equitativos, beneficios específicos para las colaboradoras y programas de bienestar que consideren necesidades diferenciadas. Algunas compañías ya han comenzado a incluir productos de gestión menstrual gratuitos en sus centros de trabajo o a desarrollar políticas orientadas a reducir los costos asociados a la salud femenina.

Finalmente, los especialistas en sostenibilidad coinciden en que el problema debe abordarse desde una perspectiva integral. Si bien controlar la inflación es una tarea macroeconómica, construir una economía más inclusiva implica reconocer que ciertos grupos enfrentan impactos desproporcionados. Incorporar la perspectiva de género en las estrategias empresariales y en las políticas públicas será clave para garantizar que el costo de vida no profundice las desigualdades existentes.

Medir mejor para construir mayor equidad

La inflación es mucho más que una cifra económica. Detrás de los indicadores generales existen diferencias que afectan de manera desigual a distintos grupos de la población. Los incrementos observados en productos de gestión menstrual, ropa y calzado muestran que la experiencia cotidiana de las mujeres puede ser muy distinta a la que refleja el promedio nacional.

Reconocer que la inflación afecta más a las mujeres en determinados ámbitos es el primer paso para diseñar políticas públicas, estrategias empresariales y mecanismos de protección social más efectivos. En un contexto donde la inclusión y la equidad forman parte de las agendas de sostenibilidad, comprender estas diferencias resulta fundamental para construir economías más justas y resilientes.

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