La transición energética global alcanzó en 2025 un punto de inflexión que durante años parecía lejano. Por primera vez en más de un siglo, la generación de electricidad proveniente de fuentes limpias superó a la del carbón, el combustible fósil más intensivo en emisiones. Este hito no solo es simbólico: marca el inicio de una nueva etapa en la forma en que el mundo produce, consume y entiende la energía.
El dato, respaldado por el informe Global Electricity Review de Ember, refleja una transformación profunda que se ha gestado durante la última década. No se trata de un cambio coyuntural, sino de una transición estructural impulsada por innovación tecnológica, reducción de costos y una creciente presión climática. En este nuevo escenario, las energías renovables se posicionan como el eje de un sistema energético más resiliente, competitivo y alineado con los objetivos de sostenibilidad.
Energías renovables: el punto de quiebre en la matriz energética global
De acuerdo con El País, el crecimiento de las energías renovables ha sido sostenido y acelerado. En 2025, estas fuentes alcanzaron el 33.8% de la generación eléctrica mundial, superando ligeramente al carbón, que se quedó con el 33%. Este sorpasso no es anecdótico: es la culminación de una década en la que las renovables pasaron del 23% al 34% del total, mientras que el carbón retrocedió de forma constante.
Lo relevante no es solo el porcentaje, sino lo que representa. Desde 1919 no se registraba un momento en el que las fuentes limpias superaran al carbón. Sin embargo, a diferencia de aquel episodio puntual tras la Primera Guerra Mundial, el contexto actual está marcado por una tendencia estructural. El crecimiento de la energía solar y eólica sugiere que este cambio ha llegado para quedarse.

Del crecimiento fósil a la abundancia eléctrica limpia
El sistema energético global está transitando de un modelo basado en la escasez y dependencia de combustibles fósiles hacia uno caracterizado por la abundancia de electricidad limpia. Este cambio no solo transforma el sector eléctrico, sino que habilita la electrificación de industrias completas, como el transporte y la climatización.
La disponibilidad de energía más barata y limpia está reduciendo la dependencia de combustibles fósiles en toda la economía. Este fenómeno abre oportunidades para acelerar la descarbonización, pero también plantea nuevos desafíos en infraestructura, almacenamiento y regulación para gestionar un sistema cada vez más electrificado.
Seguridad energética en tiempos de crisis global
Los recientes conflictos geopolíticos han evidenciado la vulnerabilidad del sistema energético basado en combustibles fósiles. La guerra en Ucrania y las tensiones en Oriente Próximo han generado volatilidad en los mercados, afectando precios y suministro a nivel global.
En contraste, los países que han apostado por una rápida expansión de las renovables han mostrado mayor resiliencia. La capacidad de generar energía a nivel local, a partir de fuentes como el sol y el viento, reduce la exposición a shocks externos. En este sentido, las energías renovables no solo son una solución climática, sino también una estrategia de seguridad energética.
La revolución solar y el cambio de escala
El avance de la energía solar es, sin duda, uno de los motores principales de esta transformación. En apenas tres años, su participación en la generación global casi se duplicó, pasando del 4.6% en 2022 al 8.7% en 2025. Este crecimiento ha sido clave para cubrir el aumento de la demanda eléctrica mundial.
De hecho, el 75% del incremento en la demanda energética global en 2025 fue cubierto por energía solar. Este dato refleja un cambio de escala sin precedentes, donde una sola tecnología renovable se convierte en protagonista del sistema energético. Además, su crecimiento ha sido significativamente mayor que el de cualquier combustible fósil.
Uno de los grandes retos históricos de las energías renovables ha sido su intermitencia. Sin embargo, el desarrollo acelerado de sistemas de almacenamiento está cambiando esta narrativa. Las baterías permiten almacenar la energía generada durante el día para utilizarla en horarios nocturnos o de alta demanda.
La caída en los costos de almacenamiento ha sido determinante. Solo entre 2024 y 2025, los precios de las baterías se redujeron drásticamente, facilitando su adopción a gran escala. Como resultado, ya es posible desplazar una parte significativa de la generación solar a otros momentos del día, acercando al sistema a una disponibilidad energética continua.

Un avance desigual: regiones y retos pendientes
A pesar del avance global, la transición energética no ocurre al mismo ritmo en todas las regiones. Mientras América Latina, Europa y Norteamérica han logrado reducir significativamente la participación del carbón, Asia continúa dependiendo en gran medida de este combustible.
Este desequilibrio refleja diferencias en políticas públicas, acceso a financiamiento y capacidades tecnológicas. Sin embargo, también señala una oportunidad: acelerar la adopción de soluciones limpias en regiones clave podría tener un impacto decisivo en la reducción de emisiones globales.
Más allá del hito: emisiones y urgencia climática
Aunque el avance de las renovables es significativo, aún no es suficiente para revertir la crisis climática. Las emisiones globales de dióxido de carbono relacionadas con la energía apenas han comenzado a estabilizarse, pero no han disminuido al ritmo necesario.
La evidencia científica es clara: no basta con frenar el crecimiento de las emisiones, es imprescindible reducirlas de forma contundente. Esto implica acelerar la transición energética, eliminar progresivamente los combustibles fósiles y fortalecer políticas que impulsen una transformación sistémica.
El hecho de que las renovables hayan superado al carbón marca un antes y un después en la historia energética global. Es la señal más clara de que la transición ya no es una promesa, sino una realidad en marcha. Sin embargo, también es un recordatorio de que el camino hacia la sostenibilidad requiere consistencia, inversión y voluntad política.
En este contexto, las decisiones que se tomen en los próximos años serán determinantes. Consolidar el crecimiento de las energías limpias, cerrar las brechas regionales y acelerar la reducción de emisiones definirá si este hito se convierte en el punto de partida de un futuro sostenible o en una oportunidad desaprovechada.










