Durante décadas, la eficiencia logística del sistema alimentario global fue presentada como uno de los grandes logros de la globalización. Supermercados abastecidos permanentemente, cadenas de suministro optimizadas y producción agrícola internacionalizada generaron la sensación de que los alimentos siempre estarían disponibles. Sin embargo, crisis recientes —desde pandemias hasta eventos climáticos extremos— han puesto en evidencia que ese modelo puede ser mucho más frágil de lo que parecía.
Según información de The Guardian, el debate ha recobrado fuerza en el Reino Unido, donde especialistas advierten que el país depende demasiado de las importaciones y de un sistema logístico altamente concentrado. El profesor Tim Lang, experto en política alimentaria de la City St George’s de la Universidad de Londres, ha advertido que la nación no está preparada para enfrentar crisis simultáneas como conflictos armados, ciberataques o disrupciones climáticas. Para él, el problema es estructural: el sistema alimentario británico fue diseñado para maximizar la eficiencia económica, no la resiliencia.

Cuando almacenar alimentos se convierte en estrategia de seguridad nacional
El debate sobre almacenar alimentos no es teórico. Diversos países han construido reservas estratégicas para garantizar el suministro en situaciones extremas como guerras, crisis climáticas o fallas en el comercio internacional. Estas reservas funcionan como un colchón de seguridad para evitar que una disrupción logística se convierta rápidamente en una crisis humanitaria.
El contraste con el Reino Unido es evidente. El primer Informe de Seguridad Alimentaria del país reveló que solo alcanza un 54 % de autosuficiencia alimentaria, muy por debajo de otras economías desarrolladas. Estados Unidos, Francia o Australia producen suficiente alimento para abastecer a su población si el comercio internacional se interrumpiera, mientras que otros países europeos como España o los Países Bajos alcanzan niveles de autosuficiencia de 75 % y 80 % respectivamente.
Para Lang, el problema radica en una visión excesivamente optimista del comercio global. “No estamos pensando en esto lo suficiente. Lo estamos evadiendo”, afirmó durante una conferencia del Sindicato Nacional de Agricultores en Birmingham. En su opinión, confiar plenamente en que otros países proveerán alimentos en momentos de crisis es una estrategia extremadamente arriesgada.
Otros gobiernos han adoptado enfoques más preventivos. Suiza, por ejemplo, mantiene reservas suficientes para alimentar a toda su población durante tres meses y actualmente trabaja para ampliarlas hasta cubrir un año completo. En contraste, el gobierno británico solo recomienda que los hogares tengan provisiones para tres días.
La eficiencia que creó vulnerabilidad en el sistema alimentario
Uno de los hallazgos más inquietantes del análisis de Lang es la extrema concentración del sistema alimentario británico. Aunque el país cuenta con más de 12,000 supermercados, todos dependen de una red logística sorprendentemente pequeña: apenas 131 centros de distribución abastecen a toda la red minorista. Esta concentración crea puntos críticos de vulnerabilidad.
“Los nueve grandes minoristas representan el 94.5 % de toda la venta minorista de alimentos”, explicó Lang.

En otras palabras, un número reducido de empresas controla la mayor parte del acceso a alimentos de la población. El caso de Tesco ilustra la magnitud del problema. La cadena, que abastece aproximadamente a un tercio del mercado minorista alimentario del Reino Unido, opera a través de apenas 20 centros de distribución. Si alguno de estos nodos logísticos fuera afectado por ciberataques, sabotaje o fallas técnicas, el impacto podría propagarse rápidamente a millones de consumidores.
El experto advierte que la amenaza no es hipotética. En un escenario de guerra tecnológica o conflictos híbridos, estas infraestructuras podrían convertirse en objetivos estratégicos. “En la guerra de drones, son presa fácil”, señaló, subrayando que el sistema alimentario actual depende de una logística extremadamente centralizada y digitalizada.
Crisis climática y dependencia alimentaria: el riesgo que viene
A la vulnerabilidad logística se suma un factor aún más complejo: el cambio climático. El Reino Unido depende fuertemente de la importación de frutas y verduras, muchas de las cuales provienen del sur de Europa y del norte de África, regiones particularmente expuestas a sequías, olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos.
Las proyecciones oficiales son preocupantes. Según la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido, si las tendencias actuales continúan, para 2050 el 52 % de las legumbres y el 47 % de las frutas consumidas en el país provendrán de países altamente vulnerables al clima. Esto podría generar interrupciones frecuentes en el suministro.
El problema ya se hizo visible en 2023, cuando condiciones climáticas adversas en España y el norte de África provocaron escasez de ensaladas y verduras frescas en los supermercados británicos. Actualmente, más del 80 % de la fruta y más de la mitad de las verduras que consume el país provienen del exterior. Para Lang, la conclusión es clara:
“Creamos un sistema alimentario en nombre de la eficiencia, lo cual ahora resulta inadecuado para la situación actual,con una concentración de grandes empresas que dominan y que son los cuellos de botella. Esto genera vulnerabilidad. La guerra con drones y la dependencia del software lo hacen doblemente vulnerable ”.

Entonces, ¿deberían las naciones empezar a almacenar alimentos?
El caso del Reino Unido es ilustrativo, pero no excepcional: muchas economías dependen de importaciones, de cadenas de suministro extensas y de infraestructuras logísticas que pueden interrumpirse por conflictos, crisis climáticas o fallas tecnológicas. Por ello, la pregunta sobre si los países deberían almacenar alimentos ya no puede responderse únicamente desde la lógica del mercado o la eficiencia logística. La evidencia sugiere que los sistemas alimentarios modernos, altamente globalizados y concentrados en pocas empresas, son más vulnerables de lo que se pensaba.
Por eso, cada vez más especialistas sostienen que almacenar alimentos debe formar parte de una estrategia más amplia de resiliencia alimentaria. Esto no significa abandonar el comercio internacional, sino equilibrarlo con mayor producción local, diversificación de proveedores y reservas estratégicas capaces de amortiguar crisis inesperadas. En un contexto marcado por el cambio climático y tensiones geopolíticas crecientes, la seguridad alimentaria ya no puede depender únicamente de la eficiencia del mercado global; requiere planificación, previsión y políticas públicas que reconozcan que la vulnerabilidad del sistema alimentario es, en realidad, un desafío compartido por muchas naciones.









