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¿Trump podría ser un “regalo” para la causa climática? El debate sobre la seguridad energética y los fósiles

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Que Donald Trump pueda ser considerado un aliado involuntario de la causa climática parece, a primera vista, una contradicción. Sin embargo, Gavin Newsom, gobernador de California, lo llamó recientemente el “mayor regalo” para el movimiento ecologista, al considerar que las consecuencias de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán han expuesto la vulnerabilidad que implica depender de los combustibles fósiles.

La afirmación no se refiere a las políticas ambientales de Trump, sino a un efecto indirecto de sus decisiones militares y comerciales: la disrupción del mercado petrolero ha llevado a distintos países a acelerar inversiones en energías renovables y a reconsiderar qué significa realmente la seguridad energética y preguntarse ¿qué ocurre cuando la dependencia de los combustibles fósiles se convierte también en un riesgo económico y geopolítico?

¿Por qué Trump fue llamado un “regalo” para la causa climática?

La explicación para tan inusual nombramiento está en lo que ha ocurrido en el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas para el comercio mundial de petróleo y gas. Tal como señala The Guardian, alrededor de una quinta parte de las exportaciones mundiales de estos combustibles suele atravesar esta vía, cuya disrupción desde el inicio del conflicto con Irán elevó los precios y obligó a los países a buscar alternativas.

Newsom sostuvo que la crisis “ha hecho que el mundo tome conciencia” de su vulnerabilidad frente a las petrodictaduras y las interrupciones en Oriente Medio. Desde esta perspectiva, el impacto de Trump en causa climática no estaría en una política ambiental deliberada, sino en haber contribuido involuntariamente a demostrar el costo de depender de una fuente energética expuesta a conflictos, restricciones comerciales y volatilidad internacional.

El efecto ya tiene algunos indicadores concretos:

  • Carbon Brief estima que las emisiones globales provenientes de combustibles fósiles podrían disminuir 0.5% en 2026 debido a la crisis.
  • La Agencia Internacional de Energía ha planteado que el pico del consumo mundial de petróleo podría adelantarse a 2026, frente a la previsión anterior de 2029.
  • La inversión global en energías renovables ya duplica a la destinada a combustibles fósiles.
  • Casi toda la nueva capacidad de generación eléctrica que se incorpora a las redes procede actualmente de fuentes limpias.
  • En 2025, uno de cada cuatro vehículos vendidos en el mundo fue eléctrico.
impacto de Trump en causa climática

¿El impacto de Trump en causa climática realmente es positivo?

La respuesta depende de qué se mida. El conflicto puede estar acelerando determinadas decisiones de transición energética, pero eso no convierte a Trump en un actor climático favorable.

Su administración ha eliminado límites de contaminación para automóviles, camiones y centrales eléctricas, ha respaldado a la industria de combustibles fósiles y ha cancelado proyectos de energías renovables. El propio Trump ha calificado la crisis climática de “engaño” y ha atacado públicamente a los ambientalistas.

Por ello, Rob Jackson, científico climático de Stanford, cuestionó la interpretación de Newsom y sostuvo que las acciones de Trump pueden acelerar las energías limpias en otros países mientras perjudican la tecnología verde en Estados Unidos. Su lectura es que considerar al presidente un “ecologista accidental” supone perder de vista el efecto de sus políticas domésticas.

Hay además una contradicción económica importante: la crisis no solamente ha encarecido los fósiles; también ha generado enormes ganancias para sus productores, mientras que ocho de las mayores compañías petroleras y gasistas obtuvieron más de 90,000 millones de dólares durante los primeros tres meses de la guerra.

Por tanto, el impacto de Trump en causa climática no puede interpretarse como una simple aceleración de la descarbonización. La misma crisis que vuelve más atractivas las renovables puede fortalecer temporalmente a la industria fósil.

¿Qué reveló la crisis sobre la seguridad energética?

Para las empresas, quizá esta sea la lección más relevante. La seguridad energética no consiste únicamente en disponer de suficiente combustible, sino en contar con fuentes de energía predecibles, diversificadas y resistentes a interrupciones geopolíticas.

La dependencia de petróleo y gas concentra riesgos que pueden trasladarse rápidamente a los costos operativos: transporte, electricidad, manufactura, logística y materias primas. En cambio, la energía solar, eólica y el almacenamiento permiten producir una parte de la energía cerca del lugar donde será utilizada y reducir la exposición a determinados mercados internacionales.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, resumió esta preocupación al señalar que el mundo está pagando “un precio muy alto” por su excesiva dependencia de los combustibles fósiles.

El argumento también está ganando fuerza fuera de las economías desarrolladas. Reino Unido, India y Tailandia han buscado acelerar la transición renovable ante el aumento del costo de los combustibles fósiles, mientras que en países en desarrollo los paneles solares de bajo costo están ayudando a reducir la presión de las facturas eléctricas. Al Gore señaló que actualmente se instalan alrededor de 100,000 paneles solares al día en África.

La transición energética como estrategia de resiliencia

El principal aprendizaje que deja esta situación no es esperar otra crisis para invertir en transición energética. Es incorporar la seguridad energética como parte de la estrategia climática y de gestión de riesgos.

Para los líderes de sostenibilidad, el episodio permite replantear la conversación dentro de las empresas: la energía renovable no debe justificarse únicamente por la reducción de emisiones. También puede contribuir a reducir exposición a volatilidad de precios, interrupciones del suministro y riesgos geopolíticos.

Algunas preguntas pueden incorporarse a la planeación empresarial:

  • ¿Qué porcentaje de la operación depende directamente de petróleo y gas?
  • ¿Qué ocurriría con los costos si los precios permanecieran elevados durante varios meses?
  • ¿Qué procesos pueden electrificarse o abastecerse con energía renovable?
  • ¿La estrategia energética contempla almacenamiento y generación distribuida?
  • ¿Los escenarios climáticos también consideran riesgos geopolíticos y de suministro?

Esta perspectiva permite que la descarbonización deje de ser únicamente una meta ambiental y se convierta también en una estrategia de resiliencia empresarial.

¿Puede la transición sobrevivir cuando baje el precio del petróleo?

Ese es uno de los principales interrogantes. Si los precios de los combustibles fósiles regresan a niveles más bajos, parte del incentivo económico para reducir su consumo podría disminuir.

Además, las grandes petroleras no anticipan necesariamente un desplome de la demanda. Exxon proyecta que el mundo todavía consumirá 105 millones de barriles de petróleo diarios en 2050, frente a 100 millones el año pasado, y calcula que petróleo, gas y carbón podrían representar alrededor de dos terceras partes de la matriz energética mundial a mediados de siglo.

impacto de Trump en causa climática

Pero existe una diferencia respecto de crisis petroleras anteriores: hoy existen alternativas competitivas. El costo de la energía solar, eólica y las baterías ha disminuido, mientras que su despliegue continúa creciendo. Sonia Dunlop, del Global Solar Council, señaló que la crisis con Irán ha disparado la demanda de tecnologías solares y almacenamiento, aunque también reconoció que se trata de una tendencia que ya estaba en marcha.

Ahí está quizá el verdadero impacto de Trump en causa climática: no en haber diseñado una política para acelerar la transición, sino en haber contribuido a hacer visible, en un momento de alta tensión geopolítica, el riesgo de seguir dependiendo de una energía cuya disponibilidad y precio pueden quedar sujetos a acontecimientos que las empresas no controlan.

La lección no es Trump: es la vulnerabilidad

Llamar a Trump un “regalo” para el movimiento climático funciona como provocación, pero resulta menos útil si desvía la atención del fenómeno de fondo. El conflicto no demuestra que los combustibles fósiles estén a punto de desaparecer, ni que una crisis geopolítica garantice una transición energética permanente.

Sí muestra algo más concreto: la dependencia energética también es una vulnerabilidad estratégica.

Para las empresas, aprovechar esta coyuntura significa mirar más allá de las metas de emisiones y preguntarse cuánto cuesta la dependencia, qué riesgos concentra y qué alternativas pueden hacer más resiliente la operación. El impacto de Trump en causa climática, en última instancia, puede ser menos una cuestión de reconocerle algún mérito ambiental y más una oportunidad para que gobiernos y empresas conviertan una crisis de seguridad energética en decisiones de largo plazo sobre diversificación, eficiencia, electrificación y energías limpias.

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