Denunciantes alertan: agencias de publicidad ayudan a grandes contaminadores y ceden en DEI

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La industria publicitaria atraviesa uno de sus momentos más incómodos. Un grupo de profesionales de alto nivel decidió romper el silencio y denunciar, de forma anónima, lo que consideran una contradicción estructural: mientras el sector presume su rol como agente de cambio social, continúa facilitando estrategias de comunicación para empresas altamente contaminantes y con prácticas éticas cuestionables.

En una carta abierta, los denunciantes sostienen que muchos de los esfuerzos vinculados a ESG se han convertido en gestos simbólicos, más cercanos al discurso que a la transformación real. Desde su perspectiva, el problema no es la falta de información, sino la falta de voluntad para romper con modelos de negocio que resultan rentables, aunque profundamente incompatibles con los desafíos ambientales y sociales actuales.

El papel de las agencias: cuando los publicistas permiten el greenwashing

De acuerdo con edie, durante años, la publicidad ha sido uno de los principales motores de legitimación cultural. Según la carta, hoy ese poder se utiliza para sostener narrativas que minimizan el impacto ambiental de industrias como la de los combustibles fósiles, presentándolas como “en transición” o “parte de la solución”.

Los denunciantes son claros: los publicistas permiten el greenwashing al construir relatos que suavizan la responsabilidad corporativa y desplazan el foco de los daños estructurales hacia acciones aisladas de bajo impacto, como campañas de reciclaje o compromisos climáticos poco verificables.

ESG: entre la narrativa aspiracional y la realidad incómoda

La crítica no apunta a la inexistencia de avances. Existen campañas que han impulsado cambios positivos y han sensibilizado a millones de personas. Sin embargo, el documento sostiene que el balance general es negativo, ya que el sector sigue priorizando la estabilidad del modelo antes que una transformación profunda.

Para los firmantes, la industria se ha acostumbrado a una lógica de “progreso controlado”, donde se habla de sostenibilidad sin cuestionar las relaciones comerciales que la contradicen.

ESG corre el riesgo de convertirse en una etiqueta estética más que en una brújula estratégica.

Uno de los señalamientos más duros es hacia las agencias que continúan trabajando con empresas altamente contaminantes. La carta afirma que la publicidad funciona como un “facilitador crítico” que sostiene la licencia social de estas industrias, ayudándolas a conservar reputación y relevancia pública.

publicistas permiten el greenwashing

Aunque unas 1.500 agencias creativas se han comprometido a no aceptar clientes de combustibles fósiles, gigantes como Havas, Dentsu, WPP, Stagwell y Omnicom siguen manteniendo este tipo de cuentas, lo que evidencia una brecha entre los compromisos públicos y las decisiones reales de negocio.

DEI bajo presión política

El segundo gran eje de la denuncia es el retroceso en diversidad, equidad e inclusión. Según los denunciantes, durante el segundo mandato de Donald Trump muchas agencias redujeron su comunicación sobre DEI o directamente desactivaron programas internos, por temor a reacciones políticas y pérdida de contratos.

Este repliegue no solo afecta a la coherencia interna de las organizaciones, sino que debilita el papel simbólico de la industria como promotora de valores sociales. Para los firmantes, ceder en DEI implica aceptar que los principios son negociables cuando se vuelven incómodos.

Inside Track y el llamado a romper la inercia

La iniciativa fue coordinada por Inside Track, una organización sin fines de lucro que reúne a profesionales de sectores influyentes para facilitar denuncias anónimas. Su objetivo no es solo visibilizar el problema, sino impulsar una conversación incómoda dentro de espacios donde tradicionalmente se evita el conflicto.

La carta invita a los líderes a ser más audaces, a respaldar ideas disruptivas y a dejar de “cortarles las alas” a quienes proponen cambios estructurales. El mensaje es claro: seguir dilatando decisiones críticas pone en riesgo la legitimidad moral de toda la industria.

El documento se publicó antes de la Conferencia LEAD de la Asociación de Publicidad en Londres, un evento considerado por muchos como el principal foro global del sector. Para los denunciantes, no es casual: buscaban interpelar a los tomadores de decisiones en el momento exacto en que se define la agenda.

La advertencia es directa: si la industria no asume una postura clara frente a temas como clima, desinformación y desigualdad, su rol social quedará reducido a una función meramente comercial, desconectada de las demandas reales del contexto global.

En paralelo, durante la COP30 en Brasil, ACT Climate Labs presentó un plan para que agencias y medios abandonen gradualmente la publicidad de combustibles fósiles de forma legal y viable. Esta propuesta responde al llamado del secretario general de la ONU, António Guterres, a eliminar este tipo de anuncios.

La investigación que sustenta el plan revela un dato clave: las grandes holdings obtienen menos del 1% de sus ingresos de estos clientes, pero asumen riesgos financieros, legales y reputacionales mucho mayores al mantenerlos. Es decir, el costo de seguir es superior al de cambiar.

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Economía circular: una oportunidad narrativa y de negocio

El mismo informe plantea un camino alternativo: la economía circular, valorada en 4,5 billones de dólares, como nuevo eje de crecimiento. En lugar de defender industrias en declive, las agencias podrían posicionarse como arquitectas del relato de modelos regenerativos y sostenibles.

Desde esta perspectiva, el problema no es la falta de oportunidades, sino la resistencia a abandonar zonas de confort. El sector tiene capacidad creativa para liderar nuevas narrativas, pero necesita redefinir qué tipo de progreso está dispuesto a vender.

La carta de los denunciantes no es solo una crítica, sino un espejo incómodo. Expone una industria atrapada entre su discurso transformador y su dependencia de clientes que representan todo lo contrario. En ese espacio de contradicción, los publicistas permiten el greenwashing no por ignorancia, sino por una lógica de supervivencia empresarial.

El reto es profundo: redefinir el rol social de la publicidad en un mundo que exige coherencia, no solo creatividad. Si la industria quiere seguir siendo relevante, deberá decidir si su talento sirve para maquillar problemas o para contribuir, de verdad, a resolverlos.

Sostenibilidad corporativa en 2026: ¿Qué viene y por qué los consumidores la priorizan?

La sostenibilidad dejó de ser una conversación aspiracional para convertirse en un criterio real de decisión. Hoy, los consumidores no solo observan lo que las marcas dicen, sino lo que hacen, cómo lo miden y qué impacto tangible generan en su entorno. En este contexto, 2026 se perfila como un punto de inflexión: un año donde la sostenibilidad corporativa ya no se evaluará por discursos, sino por resultados visibles.

Un nuevo informe de consumidores de la Arbor Day Foundation, elaborado junto con The Harris Poll, confirma esta tendencia. El 95 % de las personas reconoce el valor de los árboles, el 85 % considera que las empresas deberían apoyar activamente la reforestación y más de dos tercios se inclinan por marcas que buscan reducir o compensar su huella de carbono.

Más que una moda, estamos frente a una redefinición del vínculo entre empresas, naturaleza y sociedad.

¿Qué es la sostenibilidad corporativa?

La sostenibilidad corporativa es el enfoque mediante el cual las empresas integran criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en su modelo de negocio, con el objetivo de generar valor económico sin comprometer el bienestar de las personas ni los recursos del planeta.

No se trata únicamente de reducir impactos negativos, sino de transformar la manera en que las organizaciones se relacionan con su entorno. Esto implica desde decisiones operativas —como el uso de energía, agua o materiales— hasta la forma en que se construyen relaciones con comunidades, colaboradores, clientes y proveedores.

Sostenibilidad corporativa en 2026

En esencia, la sostenibilidad corporativa busca que las empresas sean actores activos en la solución de problemas globales como el cambio climático, la desigualdad social y la pérdida de biodiversidad, alineando su crecimiento con una visión de largo plazo.

Sostenibilidad corporativa en 2026: consumidores que quieren ser parte del impacto

De acuerdo con Sustainable Brands, una de las señales más claras del cambio es que los consumidores ya no quieren ser espectadores pasivos. Más de la mitad desea formar parte de esfuerzos colectivos para generar impacto ambiental, y una proporción relevante cree que las empresas pueden lograr resultados más significativos que las acciones individuales.

Para las marcas, esto implica diseñar experiencias donde las personas puedan involucrarse: campañas de reforestación, programas de voluntariado ambiental, iniciativas de compensación de carbono o proyectos comunitarios. En 2026, la sostenibilidad será también una experiencia compartida.

Decisiones de compra guiadas por valores

La mitad de los consumidores ya busca información ambiental antes de comprar. Esto transforma la sostenibilidad en un factor directo de competitividad. No basta con comunicar buenas intenciones: se exige claridad, datos, métricas y transparencia.

Las marcas que no puedan explicar qué hacen, cómo lo hacen y qué resultados obtienen enfrentarán una pérdida de confianza. En cambio, aquellas que integren la sostenibilidad en su narrativa de valor construirán relaciones más sólidas, basadas en coherencia y credibilidad.

La naturaleza como estrategia central de marca

Los árboles y los espacios verdes tienen un valor simbólico y práctico poderoso: representan vida, bienestar, salud y futuro. Las personas los asocian con aire limpio, sombra, seguridad y calidad de vida, no con conceptos abstractos.

Por eso, las soluciones basadas en la naturaleza se están convirtiendo en una de las formas más efectivas de conectar sostenibilidad con experiencia real. Reforestar, restaurar ecosistemas o crear espacios verdes urbanos permite a las empresas mostrar su impacto de manera visible, cercana y emocional.

Cerrar brechas en el acceso a la naturaleza

Aunque la mayoría valora los espacios verdes, el acceso no es equitativo. Muchas comunidades deben desplazarse largas distancias para encontrar áreas arboladas, mientras otras enfrentan calor extremo, contaminación o falta de espacios públicos.

Aquí surge un rol clave para las empresas: invertir en proyectos que lleven naturaleza a los lugares donde más se necesita. Plantar árboles en zonas vulnerables no solo mejora el entorno ambiental, también fortalece el tejido social y posiciona a las marcas como aliadas del desarrollo comunitario.

La acción ambiental como fuerza unificadora

Pocos temas generan tanto consenso social como el valor de los árboles. Casi nueve de cada diez personas creen que contribuyen directamente a la salud pública, más allá de ideologías, niveles socioeconómicos o ubicación geográfica.

Este acuerdo convierte a las soluciones basadas en la naturaleza en una herramienta estratégica: son comprensibles, valoradas y ampliamente aceptadas.

En un contexto de desconfianza hacia las instituciones, la sostenibilidad puede convertirse en un lenguaje común entre empresas y sociedad

Lo que esto significa para los líderes de sostenibilidad

Para quienes lideran áreas de sostenibilidad, 2026 no será solo un año de planeación, sino de ejecución visible. Las empresas serán evaluadas por su capacidad de generar impactos reales, medibles y cercanos a la vida cotidiana de las personas.

La reforestación y la restauración ambiental destacan porque combinan impacto climático, valor comunitario y legitimidad social. Son acciones que permiten demostrar liderazgo, fortalecer reputación y construir confianza en un entorno cada vez más exigente.

La sostenibilidad corporativa en 2026 estará marcada por una transición clara: de la estrategia a la experiencia, del discurso al territorio, del compromiso abstracto al impacto tangible. Los consumidores ya no solo preguntan “qué prometes”, sino “qué estás transformando”.

Las empresas que entiendan esta lógica y lideren con acciones basadas en la naturaleza no solo cumplirán con expectativas ambientales, sino que construirán vínculos más profundos con sus audiencias. En un mundo saturado de mensajes, el verdadero diferencial será aquello que se pueda ver, tocar y vivir.

A 85 segundos del desastre: el Doomsday Clock en su punto más alarmante

En 1947, en un mundo que aún intentaba asimilar las consecuencias de Hiroshima y Nagasaki, el Boletín de los Científicos Atómicos presentó por primera vez el llamado Reloj del Juicio Final o Doomsday Clock. Este grupo, conformado por científicos, académicos y expertos en seguridad global, surgió con el objetivo de advertir sobre los riesgos existenciales creados por la propia humanidad, especialmente aquellos vinculados a las armas nucleares.

Desde entonces, el reloj funciona como una poderosa metáfora: mientras más cerca se encuentra la manecilla de la medianoche, mayor es el peligro de una catástrofe global. No se trata de una predicción literal, sino de una señal de alarma basada en el análisis científico y político del contexto internacional. Este año, el Boletín ha encendido todas las alertas al colocar el reloj a 85 segundos de la medianoche, el punto más cercano al desastre en casi ocho décadas de historia.

El ajuste del Doomsday Clock 2026 no es un gesto simbólico menor. Representa, en palabras de sus creadores, una evaluación sobria de los tiempos que atravesamos y de la incapacidad colectiva para reducir amenazas que ya conocemos, pues, como advirtió Alexandra Bell, presidenta y directora general del Boletín:

“La humanidad no ha avanzado lo suficiente en lo que respecta a los riesgos existenciales que nos ponen en peligro a todos”.

Doomsday Clock 2026
Fuente: @BulletinAtomic

Doomsday Clock 2026: conflictos bélicos y el regreso del fantasma nuclear

Según los creadores del Boletín, el primer gran riesgo que explica por qué el Doomsday Clock 2026 marca apenas 85 segundos antes de la medianoche es el recrudecimiento de los conflictos bélicos y, en particular, la amenaza nuclear. Daniel Holz, presidente del comité de ciencia y seguridad del Boletín, señaló que en el último año “los principales países se volvieron más agresivos, adversarios y nacionalistas”, un contexto que incrementa de forma peligrosa las tensiones globales.

Uno de los factores más alarmantes es la inminente expiración del tratado de armas estratégicas firmado en 2010 entre Estados Unidos y Rusia. De acuerdo con Holz, esto significa que, “por primera vez en más de medio siglo, no habrá nada que impida una carrera armamentista nuclear descontrolada”. La ausencia de acuerdos vinculantes abre la puerta a un escenario de acumulación y modernización de arsenales que incrementa el riesgo de errores de cálculo con consecuencias irreversibles.

Este entorno se ve agravado por el ascenso de gobiernos nacionalistas y autocráticos. Holz advirtió que cuando el mundo se fragmenta bajo una lógica de “nosotros contra ellos”, la probabilidad de conflicto aumenta para todos. La historia demuestra que la erosión de los controles democráticos y la falta de rendición de cuentas suelen ser caldo de cultivo para la violencia, la inestabilidad y la guerra.

Doomsday Clock 2026

El cambio climático: una amenaza que ya está aquí

El segundo gran riesgo identificado por el Boletín es el cambio climático, una crisis que ha dejado de ser una advertencia futura para convertirse en una realidad cotidiana. Según Daniel Holz, tanto el dióxido de carbono atmosférico como los niveles globales del mar han alcanzado máximos históricos, evidenciando que las acciones actuales son insuficientes frente a la magnitud del problema.

“Las sequías, los incendios, las inundaciones y las tormentas siguen intensificándose y volviéndose más erráticos, y esto solo empeorará”, afirmó Holz. Estos fenómenos no solo representan una amenaza ambiental, sino también social y económica, al exacerbar desigualdades, generar desplazamientos forzados y aumentar la probabilidad de conflictos por recursos escasos.

Desde la perspectiva del Doomsday Clock 2026, el cambio climático actúa como un multiplicador de riesgos. Su impacto transversal debilita la capacidad de los Estados para responder a otras amenazas, desde la seguridad alimentaria hasta la estabilidad política. La falta de avances significativos en la reducción de emisiones refuerza la sensación de urgencia que marca el reloj.

Doomsday Clock 2026

Inteligencia artificial: tecnología disruptiva sin reglas claras

El tercer riesgo que empuja al reloj hacia la medianoche es el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial. Holz advirtió sobre la posibilidad de una nueva carrera armamentista, esta vez impulsada por sistemas algorítmicos capaces de transformar la guerra, la vigilancia y la toma de decisiones estratégicas.

“La IA es una tecnología disruptiva significativa y en constante crecimiento”, explicó, subrayando que también está potenciando la desinformación y la información errónea. Este fenómeno socava la confianza pública, dificulta la cooperación internacional y complica la respuesta colectiva a amenazas como el cambio climático o los conflictos armados.

La preocupación no se limita al uso militar de la IA, sino a su impacto sistémico en la democracia, los derechos humanos y la cohesión social. En ausencia de marcos éticos y regulatorios sólidos, esta tecnología puede convertirse en un factor desestabilizador más, alineado con el diagnóstico pesimista del Doomsday Clock 2026.

Doomsday Clock 2026

Cuando el reloj retrocedió: lecciones del pasado

A lo largo de su historia, el Reloj del Juicio Final se ha movido más de dos docenas de veces, y no siempre en dirección al desastre. El momento de mayor esperanza ocurrió en 1991, cuando el reloj se situó a 17 minutos de la medianoche tras el fin de la Guerra Fría y la firma de tratados de reducción de armas nucleares entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética.

Más recientemente, la década de 2020 comenzó con el reloj en 100 segundos antes de la medianoche, una señal ya alarmante. Sin embargo, la guerra en Ucrania, el debilitamiento de la cooperación internacional y la falta de acción climática llevaron a que en 2023 se ajustara a 90 segundos, posición que se mantuvo en 2024. En 2025, el Boletín advirtió que, pese a las señales inequívocas de peligro, los líderes no hicieron lo necesario para cambiar el rumbo.

Alexandra Bell recordó que cada vez que el reloj ha retrocedido ha sido gracias al trabajo conjunto de la humanidad:

“Cada vez que hemos podido hacer retroceder el reloj, ha sido porque teníamos científicos y expertos trabajando para encontrar soluciones y un público que exigía acciones”

Doomsday Clock 2026

Actuar antes de que se agote el tiempo

La posición actual del reloj es una llamada de atención ineludible. Estar a 85 segundos de la medianoche no significa que el colapso sea inevitable, pero sí que la ventana de acción se está cerrando rápidamente. Los riesgos que señala el Doomsday Clock 2026 —conflictos armados, crisis climática y tecnologías disruptivas sin control— son problemas creados por el ser humano y, por tanto, también pueden ser enfrentados por él.

Para quienes trabajan en responsabilidad social, sostenibilidad y gobernanza, el mensaje es claro: no basta con diagnósticos ni compromisos retóricos. Se requieren decisiones valientes, cooperación internacional y una presión constante desde la sociedad civil para exigir cambios reales.

El reloj no mide el tiempo, mide nuestra voluntad colectiva. Y aunque cada segundo cuenta, todavía existe la posibilidad de alejarnos del desastre si se actúa con urgencia, ciencia y responsabilidad compartida.

Accor avanza hacia su meta de reducir sus emisiones de carbono con eficiencia energética y economía circular

Accor, grupo líder mundial en hospitalidad, acelera la implementación de acciones de eficiencia energética, transición al mercado libre de energía y reducción de desperdicios como parte de su estrategia para disminuir sus emisiones de gases de efecto invernadero.

La sostenibilidad se encuentra al centro del modelo de negocio de Accor, que trabaja de la mano con propietarios e inversionistas de los hoteles para identificar, escalar e implementar soluciones que permitan avanzar hacia una operación cada vez más baja en carbono. Uno de los compromisos más ambiciosos del grupo es reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, una meta alineada con la ciencia climática y con los estándares internacionales de descarbonización.

En este camino, la eficiencia energética se ha consolidado como uno de los principales motores de reducción de emisiones. Accor ha enfocado sus esfuerzos en optimizar el consumo de energía en sus hoteles mediante la incorporación de sistemas de iluminación eficiente, tecnologías HVAC de alto rendimiento y una gestión más inteligente de los recursos. Estas acciones resultan especialmente relevantes si se considera que el consumo energético representa aproximadamente el 63% de la huella de carbono del Grupo.

Como parte de esta estrategia, más de 100 hoteles de la división Premium, Midscale & Economy en la región han migrado al mercado libre de energía, lo que ha permitido generar ahorros acumulados superiores a los 2 millones de dólares y reducir en promedio un 24% el gasto mensual en electricidad. Más allá del impacto financiero, esta transición contribuye de manera directa a la disminución de emisiones asociadas a la operación hotelera, demostrando que la eficiencia y la sostenibilidad pueden avanzar de forma conjunta.

La reducción de emisiones también se aborda desde una visión integral que considera todo el ciclo operativo del hotel. En los nuevos desarrollos, Accor incorpora principios de diseño sostenible orientados a mejorar el desempeño energético de los edificios, optimizar la iluminación natural, reducir la demanda de climatización y minimizar el impacto ambiental desde la etapa de construcción. Este enfoque permite reducir de forma estructural la huella de carbono de los proyectos a lo largo de su vida útil.

Accor

Otro frente clave en la estrategia de descarbonización es la lucha contra el desperdicio de alimentos, un factor que contribuye de manera significativa a las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Accor ha establecido el objetivo de reducir en un 60% el desperdicio alimentario para 2030, alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. En este contexto, algunos hoteles han incorporado biodigestores que procesan el 100% de los residuos orgánicos, eliminando la necesidad de transporte y tratamiento externo, y reduciendo así las emisiones asociadas a la gestión de residuos. Tan solo en 2024, los hoteles de Accor Américas procesaron más de 240 mil toneladas de residuos orgánicos mediante esta tecnología.

La participación de los huéspedes también juega un papel relevante en la reducción de emisiones. A través de iniciativas de sostenibilidad como Skip the Clean, que invita a los huéspedes a renunciar a la limpieza diaria de su habitación a cambio de recompensas, Accor promueve prácticas responsables que permiten disminuir el consumo de agua, energía y productos de limpieza, reduciendo indirectamente la huella de carbono de cada estancia. Estas acciones se complementan con la eliminación progresiva de plásticos de un solo uso en la experiencia del huésped, contribuyendo a una operación más eficiente y alineada con los principios de la economía circular.

En el marco del Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO₂ (28 de enero), Accor refrenda su convicción de que el turismo tiene el potencial de ser parte de la solución frente al cambio climático. En un país como México, donde la industria turística es un motor clave de desarrollo económico, avanzar hacia modelos de hospitalidad más eficientes, responsables y bajos en carbono no solo es una necesidad ambiental, sino una oportunidad para construir un futuro más resiliente y sostenible.

Caracol de Plata® anuncia la convocatoria 2026 del Concurso Iberoamericano de Comunicación con Causa

El Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi) y su programa, Caracol de Plata®, abre oficialmente la convocatoria para participar en el Reconocimiento Iberoamericano Caracol de Plata 2026, el certamen que reconoce las mejores campañas de comunicación social realizadas por empresas, agencias, instituciones y estudiantes en Iberoamérica.

El concurso busca destacar proyectos que, mediante estrategias creativas y efectivas de comunicación, promuevan el cambio social positivo y contribuyan a la solución de problemáticas relevantes en la región.

¿Quiénes pueden participar?

  • Empresas privadas y organizaciones de la sociedad civil: campañas de comunicación con impacto social.
  • Agencias de publicidad y comunicación: proyectos desarrollados para clientes con causa social.
  • Estudiantes universitarios: Tema 2026: “El Voluntariado empieza contigo

Fechas clave

  • Apertura de convocatoria: 21 de enero de 2026
  • Cierre de inscripciones: 31 de marzo de 2026
  • Ceremonia de premiación: Finales de agosto de 2026, Auditorio Bolsa Mexicana de Valores CDMX México

La comunicación tiene la capacidad de abrir miradas, generar empatía y transformar realidades. En Cemefi trabajamos para visibilizar causas que inspiran acción y compromiso social. Con el Caracol de Plata®, reconocemos a quienes utilizan la comunicación con causa para impulsar una sociedad más responsable, con la participación activa de empresas, organizaciones y ciudadanía”, afirma Ricardo Bucio Mújica, presidente ejecutivo de Cemefi.

En el Grupo Bolsa Mexicana de Valores creemos firmemente que la comunicación con causa y la educación financiera son herramientas clave para generar impacto social. Por ello, nos honra acompañar una nueva edición del Premio Caracol de Plata®, una iniciativa que reconoce ideas capaces de informar, sensibilizar y transformar la sociedad”, comentó Jorge Alegría Formoso, director general del Grupo BMV.

Por su parte, Salvador Villalobos, presidente ejecutivo del Consejo de la Comunicación señaló: “Hoy en día, las empresas buscan cumplir con su responsabilidad social y económica, aportando al desarrollo de México y mejorando la calidad de vida de miles de familias. Una forma clave de apoyar a la sociedad es mediante la difusión de mensajes con impacto positivo. Por ello, iniciativas como el Reconocimiento Iberoamericano Caracol de Plata® resultan fundamentales, ya que inspiran a las organizaciones a comprometerse y asumir plenamente su dimensión social, utilizando una de las herramientas más poderosas: la comunicación responsable”. 

Información adicional

Los interesados pueden consultar las bases completas y registrar sus proyectos en la página oficial.

La urgencia de los arrecifes

Por Felipe Araiz — Gerente de Desarrollo Sustentable y Fundación Holcim

El mundo de la construcción y la infraestructura se basa en la resiliencia y la durabilidad. Buscamos materiales que soporten el paso del tiempo, el embate del clima y la presión del desarrollo humano. Sin embargo, en el planeta existen infraestructuras naturales, como los arrecifes de coral construidas durante milenios, cuya destrucción está comprometiendo la sostenibilidad de nuestras costas y ecosistemas.

Estos ecosistemas cumplen un papel esencial para la vida marina y humana. Su compleja arquitectura brinda refugio y alimento a miles de especies, y al mismo tiempo atenúa la fuerza del oleaje, actuando como una primera línea de defensa para las comunidades costeras.

Un análisis publicado por el World Resources Institute, confirma que los arrecifes actúan como rompeolas naturales que disipan de manera decisiva la energía del mar. Gracias a ello, más de 200 millones de personas en el mundo ven reducido su riesgo de inundaciones y erosión costera. Cuando esta defensa desaparece, las comunidades quedan expuestas y nos enfrentamos a la necesidad de construir soluciones artificiales más costosas y menos efectivas.

La crisis de los corales no es una fatalidad futura, sino una emergencia que se desarrolla a un ritmo sin precedentes. La Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA) y la ICRI han confirmado que entre 2023 y 2025, el mundo ha experimentado el evento de blanqueamiento más intenso y extendido jamás registrado, afectando a más del 80% de los arrecifes en el planeta.

Esta devastación tiene dos frentes de ataque principales. El primero es el cambio climático: el aumento de la temperatura oceánica provoca el blanqueamiento masivo, obligando a los corales a expulsar las algas que les dan sustento. A esto se suma la acidificación oceánica causada por el exceso de CO2, que dificulta su capacidad de construir su esqueleto calcáreo.

los arrecifes

El segundo factor nos incluye directamente desde nuestro campo de acción. La contaminación terrestre derivada de la planificación urbana, industrial y agrícola es un veneno constante. Los escurrimientos de sedimentos y nutrientes sofocan y degradan la calidad del agua, un impacto que se magnifica con una gestión costera deficiente.

Desde nuestra posición, este panorama exige una estrategia dual. En primer lugar, es ineludible la mitigación global. Gobiernos y empresas deben adoptar metas de descarbonización ambiciosas, pues solo frenando las emisiones lograremos aliviar el estrés térmico fundamental que afecta a los océanos.

En segundo lugar, se requiere innovación y acción local. Debemos invertir seriamente en la ciencia de la restauración de corales, también conocida como “jardinería marina”. Este esfuerzo de repoblación, que busca trasplantar y propagar especies más resistentes, es un complemento vital para ayudar a los arrecifes a recuperar su funcionalidad ecológica.

Además, desde la gestión de la tierra, debemos garantizar que toda obra de infraestructura costera y el desarrollo adyacente incorpore la gestión de escurrimientos como una prioridad absoluta. La protección de los arrecifes comienza a kilómetros de distancia, en la forma en que construimos y utilizamos el territorio.

La pérdida de esta infraestructura natural invaluable es una advertencia clara sobre la fragilidad de nuestro planeta. Al proteger los arrecifes, no sólo estamos salvaguardando la biodiversidad, sino que estamos tomando una decisión de responsabilidad fiscal, social y humanitaria. Es momento de pasar de la conciencia a la inversión estratégica en la resiliencia de la naturaleza.

Fundación Aleatica impulsa la seguridad vial a través del arte en Ruta de las Empresas

Fundación Aleatica para la Seguridad Vial participó en la inauguración de la exposición “Ruta de las Empresas”, una iniciativa del Consejo de la Comunicación en conjunto con Locos por el Arte, que transforma al Paseo de la Reforma en una galería al aire libre, donde 17 empresas de distintos sectores presentan sus acciones de responsabilidad social a través de esculturas en forma de mundo.

En este contexto, Fundación Aleatica llama a colocar la seguridad vial en el centro de las prioridades. De acuerdo con datos del Monitor de la Seguridad Vial, México se está alejando de la meta internacional de reducir en al menos 50% las fatalidades y lesiones graves para 2030. Actualmente se registran más de 16 mil fallecimientos al año y cerca de 44 mil lesionados graves por siniestros de tránsito. Los usuarios más vulnerables son peatones, ciclistas y motociclistas, quienes representan el 70% de las fatalidades.

De continuar esta tendencia, el país podría alcanzar más de 25 mil fatalidades anuales en 2030, lo que implicaría 279% más fallecimientos y lesiones por encima de la meta proyectada en el marco del Segundo Decenio de Acción para la Seguridad Vial de Naciones Unidas (2021–2030).

Además, 97% de los hechos de tránsito ocurre en ciudades, lo que apunta a la necesidad de enfocar esfuerzos en el entorno urbano. En este contexto, Fundación Aleatica participa en “Ruta de las Empresas” para concientizar a las personas sobre la importancia de la seguridad vial para salvar vidas.

Durante su mensaje, Fernanda Espinosa, directora de Fundación Aleatica, explicó que la organización nació con el objetivo de lograr que el derecho a la movilidad en condiciones de seguridad vial sea una realidad para todas las personas.

La Fundación impulsa esta agenda mediante programas que apuntan a incidir en políticas públicas, generan datos para la correcta toma de decisiones, incentivan la participación multisectorial y promueven la formación y concientización, con el respeto a la vida en el centro de sus acciones.

La esfera de Fundación Aleatica, titulada “Caminos cruzados con respeto”, fue creada por Angélica Gatica, artista plástica con estilo geométrico abstracto. La pieza simboliza la Tierra como un espacio compartido y en constante movimiento, donde la seguridad vial es una responsabilidad de todas y todos.

Mediante un lenguaje visual que combina geometría y formas orgánicas, la obra alude a la precisión de la ingeniería vial y a su impacto directo en la vida diaria de las personas.

En esta pieza se integran mensajes como “Uno x uno”, “Somos seguridad vial” y “La seguridad vial es nuestro derecho”, que refuerzan que cada acción individual contribuye al bienestar colectivo. Asimismo, el uso de colores como el rojo, azul, amarillo, verde y naranja representa valores asociados a la prevención, la confianza, la visibilidad, el avance responsable y el compromiso comunitario.

Con esta iniciativa, Fundación Aleatica reafirma su compromiso de promover una movilidad más segura y sostenible, con la convicción de que todas y todos tenemos derecho a llegar sanos y salvos a nuestro destino, porque siempre hay alguien esperándonos en casa.

La exposición estará abierta del 25 de enero al 6 de marzo; se sitúa del Ángel de la Independencia a la Glorieta del Ahuehuete, y se estima que alcanzará a más de 4 millones de personas.

¿Qué es el “extractivismo social” y por qué es un problema?

En los últimos años, el debate sobre sostenibilidad ha puesto el foco en prácticas extractivas que van más allá de la minería, el petróleo o los recursos naturales. Cada vez con mayor fuerza aparece un concepto incómodo pero necesario: entender qué es el extractivismo social y cómo opera dentro de los modelos económicos, productivos y hasta filantrópicos que hoy dominan al mundo. No se trata solo de lo que se extrae del territorio, sino de lo que se toma de las personas, las comunidades y los vínculos sociales.

Comprender qué es el extractivismo social implica reconocer una lógica que prioriza el beneficio inmediato sobre el bienestar colectivo, que usa a las personas como medios y no como fines, y que suele justificarse bajo discursos de progreso, desarrollo o incluso impacto social. Este fenómeno atraviesa industrias, cadenas de suministro, políticas públicas y estrategias empresariales, dejando consecuencias profundas que rara vez se miden con la misma rigurosidad que los indicadores financieros.

¿Qué es el extractivismo social y cómo se manifiesta hoy?

Para entender qué es el extractivismo social, es necesario ir más allá de la extracción de recursos naturales. Este concepto se refiere a prácticas que se apropian de tiempo, trabajo, conocimientos, territorios, cultura y capital social de comunidades y personas, sin una retribución justa ni una distribución equitativa de los beneficios generados.

El extractivismo social se manifiesta cuando las poblaciones locales cargan con los costos sociales, ambientales y emocionales de proyectos productivos, mientras los beneficios se concentran en actores externos. También aparece en modelos laborales precarios, en cadenas de suministro que dependen de desigualdades estructurales o en iniciativas que instrumentalizan a comunidades bajo la narrativa del “impacto”, sin empoderamiento real ni participación genuina.

qué es el extractivismo social

6 ejemplos de extractivismo social y sus consecuencias

1. Cadenas de suministro basadas en trabajo precario

Un ejemplo claro de extractivismo social ocurre en cadenas de suministro que dependen de mano de obra mal remunerada, sin seguridad social ni condiciones dignas. Industrias como la textil, agrícola o electrónica suelen externalizar costos sociales a comunidades donde la regulación es débil y la necesidad económica alta.

La consecuencia directa es la reproducción de pobreza estructural y desigualdad. Aunque estos modelos generan productos competitivos a bajo costo, dejan detrás desgaste físico, falta de oportunidades y una imposibilidad real de movilidad social para quienes sostienen la producción.

2. Proyectos extractivos que ignoran la voz comunitaria

Cuando empresas desarrollan proyectos mineros, energéticos o de infraestructura sin consulta previa ni consentimiento informado, se incurre en extractivismo social. Las comunidades son tratadas como obstáculos a gestionar, no como actores con derechos.

Esto genera conflictos sociales, criminalización de la protesta y rupturas internas. A largo plazo, la pérdida de confianza en instituciones y empresas debilita la gobernanza local y deja cicatrices sociales difíciles de reparar.

3. Uso instrumental de comunidades en iniciativas de “impacto social”

Algunas estrategias de responsabilidad social utilizan a comunidades vulnerables como casos de éxito o narrativa reputacional, sin generar cambios estructurales reales. El extractivismo social aparece cuando se extrae valor simbólico sin empoderamiento genuino.

La consecuencia es doble: por un lado, se perpetúa la dependencia; por otro, se vacía de sentido el concepto de impacto social. Las comunidades quedan expuestas y los problemas de fondo permanecen intactos.

qué es el extractivismo social

4. Economía digital y extracción de tiempo y datos

Plataformas digitales que dependen de trabajo flexible o no remunerado —como repartidores, creadores de contenido o moderadores— son otro ejemplo de extractivismo social. Se extrae tiempo, datos y energía emocional sin garantías ni protección laboral.

Esto provoca precarización, estrés crónico y falta de seguridad económica. Además, normaliza modelos donde el riesgo se transfiere a las personas mientras el valor se concentra en pocas empresas tecnológicas.

5. Turismo que consume cultura sin retribución justa

El turismo masivo puede convertirse en extractivismo social cuando se apropia de tradiciones, territorios y cultura local sin beneficiar a las comunidades anfitrionas. La identidad se convierte en mercancía.

Las consecuencias incluyen pérdida cultural, desplazamiento de poblaciones locales y aumento del costo de vida. Lo que se vende como desarrollo termina erosionando la base social que lo hace posible.

6. Modelos laborales que exigen propósito sin cuidado

Organizaciones que apelan al “compromiso”, la vocación o el impacto social para justificar jornadas extensas y sobrecarga emocional incurren en extractivismo social del capital humano. Se extrae motivación y sentido sin límites claros.

Esto deriva en burnout, desafección y alta rotación. A largo plazo, las empresas pierden talento y credibilidad, demostrando que incluso el propósito puede volverse una forma de explotación si no va acompañado de cuidado real.

qué es el extractivismo social

¿Por qué el extractivismo social es un problema?

El extractivismo social es un problema porque se basa en una lógica que prioriza la obtención de valor inmediato sobre el bienestar de las personas y la sostenibilidad de las comunidades. Al tratar el trabajo, el tiempo, la cultura o los vínculos sociales como recursos explotables, este modelo deshumaniza las relaciones económicas y normaliza prácticas que generan daño estructural. Aunque sus efectos no siempre son visibles a corto plazo, sus consecuencias se acumulan y profundizan con el tiempo.

Otro aspecto crítico es que el extractivismo social distorsiona la idea de desarrollo. Bajo narrativas de progreso, competitividad o impacto, se justifican dinámicas que concentran beneficios en pocos actores y trasladan los costos sociales a poblaciones con menor capacidad de defensa. Esto debilita la cohesión social, reduce la confianza en las instituciones y limita la posibilidad de construir economías locales resilientes y justas.

Finalmente, el extractivismo social es un problema porque está estrechamente ligado a la crisis ambiental y al agotamiento de los sistemas que sostienen la vida. Una sociedad que acepta la extracción ilimitada de valor humano tiende a reproducir la misma lógica frente a la naturaleza. Superarlo es indispensable para avanzar hacia modelos de desarrollo que integren justicia social, equilibrio ambiental y bienestar de largo plazo.

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La urgencia de cambiar esta visión extractiva

La permanencia del extractivismo social revela un problema de fondo: seguimos midiendo el éxito con indicadores que no consideran el bienestar colectivo ni los límites del planeta. Cambiar esta visión no es solo deseable, es urgente si se quiere avanzar hacia modelos verdaderamente sostenibles.

Adoptar una perspectiva más consciente implica repensar cómo se diseñan los proyectos, cómo se distribuye el valor y quién toma las decisiones. Las comunidades no deben ser solo beneficiarias pasivas, sino actores con voz, poder y capacidad de co-creación.

Cuidar el medio ambiente y a las personas requiere transitar de la extracción al cuidado, de la explotación al vínculo, y de la rentabilidad inmediata al valor de largo plazo. Este cambio no es solo ético, también es estratégico para la estabilidad social y económica.

Del extractivismo al cuidado colectivo

Entender qué es el extractivismo social obliga a replantear de fondo la manera en que se conciben el desarrollo, el progreso y el éxito económico. No se trata solo de identificar prácticas injustas, sino de reconocer que muchos modelos vigentes siguen operando bajo una lógica de extracción que desgasta a las personas, debilita a las comunidades y acelera la crisis ambiental. Ignorar estos impactos ya no es una opción viable en un mundo interconectado y socialmente consciente.

Superar el extractivismo social implica transitar hacia enfoques basados en el cuidado, la corresponsabilidad y la creación de valor compartido. Esto requiere decisiones estructurales, métricas que integren lo social y lo ambiental, y una participación real de las comunidades en los procesos que afectan su vida. Solo así será posible construir modelos de desarrollo que no solo generen crecimiento, sino bienestar duradero para las personas y el planeta.

¿Cómo Liverpool FC convirtió la sostenibilidad en un proyecto colectivo?

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En un contexto en el que la sostenibilidad aún lucha por consolidarse como un eje estructural en la industria deportiva, el Liverpool FC se ha posicionado como una excepción notable. Durante la temporada 2023-24, el club fue reconocido con nueve premios de sostenibilidad y, en 2025, su estrategia insignia recibió el galardón a la Iniciativa de comunicaciones del año por edie. Estos reconocimientos no responden a acciones aisladas, sino a una visión de largo plazo integrada en la cultura del club.

La sostenibilidad de Liverpool FC ha demostrado que es posible ir más allá del cumplimiento reputacional y convertir los compromisos ambientales y sociales en un proyecto compartido. A través de una estrategia clara, medible y comunicada de forma creativa, el club ha logrado involucrar tanto a su personal interno como a millones de aficionados, mostrando que la sostenibilidad es más efectiva cuando se vive de manera colectiva.

sostenibilidad de Liverpool FC
Fuente: https://www.liverpoolfc.com/theredway

Sostenibilidad de Liverpool FC: una estrategia alineada con estándares globales

La estrategia de sostenibilidad del club, conocida como The Red Way, fue lanzada en 2021 y se articula en torno a tres pilares: personas, planeta y comunidades. Aunque esta estructura no es nueva, su diferencial radica en su alineación explícita con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y con el Marco de Acción Climática del Deporte de Naciones Unidas.

Este último compromiso implica objetivos ambiciosos, como alcanzar cero emisiones netas para 2040 y establecer metas intermedias alineadas con la ciencia para 2030. En este sentido, la sostenibilidad de Liverpool FC se inserta en marcos internacionales verificables, lo que refuerza su credibilidad ante audiencias especializadas en responsabilidad social.

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Los avances ya son tangibles. El club ha reducido sus emisiones de carbono en un 15 % respecto a su línea base de 2019, impulsando proyectos de descarbonización como la compra de electricidad renovable, el uso de HVO en los autobuses del equipo y la inversión en combustibles de aviación sostenibles para vuelos nacionales.

A estas acciones se suman iniciativas de regeneración ambiental, como la plantación de más de 1.000 árboles y setos en sus instalaciones, así como la introducción de 60.000 abejas en huertos y espacios verdes locales, integrando biodiversidad y deporte de alto rendimiento.

Liderazgo y responsabilidad compartida dentro del club

Rishi Jain, director de impacto del Liverpool FC, atribuye buena parte del éxito de The Red Way al respaldo temprano y continuo de la alta dirección. Desde su inicio, la estrategia contó con patrocinadores ejecutivos en el más alto nivel, incluyendo al director comercial, al director jurídico y a responsables clave de operaciones y finanzas.

“La dirección de la organización es muy alta… se espera mucho de nosotros, que lideremos y demostremos un progreso mensurable”, afirma Jain.

Un elemento central de la sostenibilidad de Liverpool FC es que los 18 objetivos de la estrategia no recaen exclusivamente en el equipo de impacto. Por ejemplo, los programas de gestión de residuos en días de partido son responsabilidad directa del equipo de instalaciones, lo que refuerza la apropiación operativa de los objetivos.

Jain se define más como un coordinador que como un ejecutor único: su rol es monitorear avances, reportar resultados y acompañar a los equipos en la mejora de sus programas. Este modelo de corresponsabilidad ha permitido integrar la sostenibilidad en “todo lo que hace el club”, en palabras del propio directivo.

Afición, cultura y cambio de comportamiento sostenible

Uno de los logros más significativos del Liverpool FC ha sido involucrar a sus aficionados en la estrategia. Actualmente, el club alcanza una tasa de recolección del 96 % de botellas de plástico en Anfield, las cuales se reciclan para convertirse en nuevos equipos deportivos.

Además, un rediseño del sistema de envases ha permitido reducir el uso de aproximadamente 350.000 botellas de plástico al año, priorizando alternativas reutilizables y libres de plástico. Estos cambios no se impusieron de forma abrupta, sino a través de incentivos iniciales, campañas de comunicación intensivas y la participación de jugadores.

Con el tiempo, estas intervenciones se han reducido porque el comportamiento sostenible se ha normalizado:

Los aficionados tienen un sentido de orgullo y reconocen su responsabilidad”, señala Jain, evidenciando cómo la sostenibilidad de Liverpool FC ha permeado la identidad del club.

Hoy, más de un tercio de los aficionados conoce The Red Way, frente a solo el 5 % registrado al final de la temporada 2021-22. Este crecimiento demuestra que la sostenibilidad, cuando se comunica de forma estratégica y auténtica, puede convertirse en un elemento de conexión emocional con la afición.

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Cuando la sostenibilidad se vuelve cultura

El caso del Liverpool FC confirma que la sostenibilidad es más efectiva cuando deja de ser un área aislada y se convierte en el centro de la cultura organizacional. La combinación de liderazgo, responsabilidad compartida, métricas claras y comunicación creativa ha permitido al club posicionarse como uno de los más sostenibles del mundo.

La sostenibilidad de Liverpool FC no solo ha generado premios y reconocimiento internacional, sino que ha demostrado que incluso en industrias altamente competitivas, como el fútbol de élite, es posible alinear desempeño, propósito e impacto. Como concluye Rishi Jain, esta posición puede verse como una carga o como una oportunidad: el Liverpool ha optado claramente por lo segundo.

ONU: el mundo invierte 30 veces más en dañar la naturaleza que en regenerarla

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La brecha entre los discursos climáticos y las decisiones financieras globales vuelve a quedar en evidencia. Así lo demuestra el análisis del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el cual revela que, mientras la crisis climática y la pérdida de biodiversidad se aceleran, el mundo sigue destinando la mayor parte de su capital a actividades que degradan los ecosistemas. Las cifras no solo son alarmantes, sino profundamente contradictorias con los compromisos internacionales asumidos en la última década.

De acuerdo con el informe, en 2023 se canalizaron 7,3 billones de dólares hacia actividades que dañan directamente a la naturaleza, una cantidad 30 veces superior a la destinada a soluciones basadas en la naturaleza. Este desequilibrio financiero confirma que las inversiones contra la naturaleza no son una excepción del sistema económico global, sino una de sus reglas estructurales más persistentes.

Inversiones contra la naturaleza: un flujo financiero dominante

El PNUMA identificó 4,9 billones de dólares en flujos financieros privados considerados “negativos para la naturaleza”. Una parte significativa de este capital se dirigió a servicios públicos, con casi 1,6 billones de dólares, así como a sectores industriales y tecnológicos, que concentraron cerca de 1,4 billones. Estas actividades están directamente vinculadas con la sobreexplotación de recursos, la contaminación y la degradación de ecosistemas clave.

A este panorama se suman 2,4 billones de dólares en financiamiento público destinados a subvencionar prácticas perjudiciales. Más de 1,1 billones se asignaron a combustibles fósiles y alrededor de 400.000 millones de dólares a modelos de agricultura intensiva e industrial, dos sectores ampliamente señalados por su impacto ambiental y climático.

inversiones contra la naturaleza

Según la ONU, la actividad humana ya ha alterado el uso del 70 % de la tierra a nivel global, un dato que da contexto a la magnitud de estas inversiones contra la naturaleza. Lejos de revertir esta tendencia, los flujos financieros actuales la profundizan, consolidando modelos económicos incompatibles con la regeneración ambiental.

Podemos invertir en la destrucción de la naturaleza o impulsar su recuperación: no hay término medio”, advirtió Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA.

Su declaración resume la encrucijada a la que se enfrentan gobiernos, empresas e inversionistas.

Financiar la naturaleza: la gran deuda pendiente

En contraste con los billones destinados a actividades dañinas, solo 220.000 millones de dólares se invirtieron en soluciones basadas en la naturaleza durante 2023. Más preocupante aún es que el 90 % de esta financiación provino de fuentes públicas, lo que evidencia la reticencia del capital privado a involucrarse en este tipo de proyectos.

De la limitada financiación privada disponible, casi un tercio se destinó a unidades de compensación de biodiversidad. Estos mecanismos permiten a las empresas declarar que han “compensado” sus impactos ambientales, aunque diversos expertos cuestionan su efectividad real para detener la pérdida de ecosistemas.

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El PNUMA estima que, si el mundo pretende frenar el deterioro de la naturaleza antes de 2030 —objetivo respaldado por más de 170 países—, la inversión anual en soluciones basadas en la naturaleza deberá multiplicarse por 2,5, hasta alcanzar al menos 571.000 millones de dólares. Sin una reorientación profunda de las inversiones contra la naturaleza, este objetivo parece inalcanzable.

La urgencia no es solo ambiental. El organismo subraya que seguir postergando estas inversiones incrementa los riesgos sistémicos para la economía global, la seguridad alimentaria y la estabilidad social.

Riesgos económicos y presión internacional creciente

El argumento económico para proteger la naturaleza es cada vez más contundente. En 2023, PwC señaló que el 55 % del PIB mundial depende directa o indirectamente de la naturaleza, una cifra que otros análisis consideran incluso conservadora. La degradación ambiental, por tanto, no es un riesgo periférico, sino un factor central para la estabilidad económica global.

Esta percepción también se refleja en los análisis de riesgo. El Foro Económico Mundial identificó recientemente la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas como la segunda amenaza global más grave y probable en los próximos diez años. Aun así, las inversiones contra la naturaleza continúan superando ampliamente a las destinadas a su protección.

En octubre, los gobiernos se reunirán en Armenia para evaluar por primera vez el avance del Marco Mundial de la Diversidad Biológica, adoptado en 2022. El encuentro estará marcado por la presión para presentar medidas concretas: redirigir subsidios, desbloquear financiación privada, fortalecer regulaciones y exigir mayor transparencia corporativa sobre impactos ambientales.

Como parte de este esfuerzo, el nuevo informe del PNUMA introduce la Curva de Transición de la Naturaleza, un marco que propone reducir simultáneamente los subsidios perjudiciales y aumentar la inversión en soluciones regenerativas, con beneficios sociales y económicos más amplios.

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Entre compromisos y capital

El contraste entre los compromisos climáticos internacionales y la realidad financiera global es cada vez más difícil de ignorar. Mientras los discursos apelan a la urgencia de proteger la biodiversidad y frenar la crisis climática, los flujos de capital siguen apuntalando modelos que profundizan el daño ambiental.

Reducir las inversiones contra la naturaleza y redirigir recursos hacia una economía verdaderamente regenerativa no es solo una cuestión ética, sino una decisión estratégica para evitar riesgos económicos y sociales en cascada. Como advierte el PNUMA, el margen de maniobra se estrecha: el capital puede seguir financiando la degradación o convertirse en una palanca clave para la recuperación del planeta.