10 riesgos globales que marcarán 2026: Estudio

2026 no representa únicamente un cambio de año, sino un punto de inflexión en la manera en que las sociedades enfrentan la incertidumbre. La convergencia entre crisis climáticas, tensiones geopolíticas, transformaciones tecnológicas aceleradas y una profunda erosión de la confianza institucional ha creado un entorno donde los márgenes de error son cada vez más estrechos. En este escenario, comprender los riesgos globales en 2026 se vuelve una herramienta indispensable para anticipar escenarios, diseñar estrategias de resiliencia y fortalecer la gobernanza en todos los niveles.

Lo que hoy se percibe como una serie de crisis aisladas es, en realidad, un sistema interconectado de amenazas que se refuerzan entre sí. Un conflicto armado puede desencadenar una crisis energética, la desinformación puede erosionar la cohesión social y una recesión puede frenar la transición hacia modelos sostenibles. El estudio no solo identifica los peligros más relevantes, sino que muestra cómo estos interactúan y amplifican su impacto, obligando a replantear el papel de los Estados, las empresas y la sociedad civil.

Qué es este estudio y cómo se realizó

El Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial se elaboró a partir de la Encuesta de Percepción de Riesgos Globales, en la que participaron líderes empresariales, responsables de políticas públicas, especialistas en sostenibilidad, académicos y representantes de organizaciones sociales de más de cien países. Cada participante evaluó la probabilidad y el impacto de distintos riesgos a corto, mediano y largo plazo, lo que permitió construir un mapa integral de amenazas sistémicas.

La metodología combina análisis cuantitativos con estudios cualitativos y prospectivos, lo que permite identificar patrones, tendencias emergentes e interdependencias entre riesgos. Este enfoque revela que los riesgos globales en 2026 no pueden gestionarse de forma aislada, ya que comparten causas estructurales como la desigualdad, la debilidad institucional y la falta de cooperación internacional.

Panorama general de los riesgos

El informe identifica diez riesgos prioritarios para el corto plazo, entendiendo por corto plazo el horizonte de 2026. A diferencia de ediciones anteriores, los riesgos económicos y geopolíticos han desplazado a los ambientales como las amenazas más urgentes, reflejando un mundo marcado por la competencia entre bloques, la fragmentación de cadenas de valor y el debilitamiento del multilateralismo.

Este giro no implica que la crisis climática haya perdido relevancia, sino que la presión inmediata de conflictos, inflación y desinformación está limitando la capacidad de respuesta colectiva. En este contexto, los siguientes riesgos globales en 2026 conforman un escenario de alta complejidad que desafía la estabilidad social, económica y ambiental.

Los 10 riesgos globales que marcarán 2026

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1. Confrontación geoeconómica

La confrontación geoeconómica se ha convertido en una de las principales fuentes de inestabilidad global, al transformar las relaciones comerciales en herramientas de presión política. Sanciones, restricciones tecnológicas y controles a exportaciones estratégicas están fragmentando la economía mundial, debilitando cadenas de suministro y encareciendo bienes esenciales. Esta dinámica no solo afecta a grandes potencias, sino que también coloca a economías emergentes en una posición de vulnerabilidad frente a decisiones externas.

Además, esta confrontación genera un entorno de desconfianza que desalienta la inversión a largo plazo y obstaculiza la cooperación internacional. Las empresas deben replantear sus modelos de abastecimiento y diversificar mercados, mientras que los gobiernos enfrentan el reto de proteger sus industrias sin aislarse del comercio global. El resultado es un sistema económico más lento, costoso y políticamente condicionado.

2. Conflictos armados entre Estados

Los conflictos interestatales continúan representando una amenaza estructural para la estabilidad mundial. Aunque muchos enfrentamientos se desarrollan a nivel regional, sus consecuencias se extienden a través de crisis energéticas, interrupciones logísticas y desplazamientos forzados de población. Estas dinámicas afectan la seguridad alimentaria, elevan los costos de transporte y presionan los sistemas humanitarios.

Más allá del impacto inmediato, los conflictos debilitan acuerdos internacionales y erosionan la confianza entre naciones. El aumento del gasto militar desvía recursos que podrían destinarse a desarrollo social, infraestructura resiliente y mitigación climática, perpetuando un ciclo de inestabilidad que dificulta la construcción de paz duradera.

3. Desinformación y manipulación informativa

La desinformación se ha consolidado como un riesgo sistémico capaz de distorsionar la percepción de la realidad. Plataformas digitales permiten la difusión masiva de narrativas falsas que influyen en elecciones, decisiones de consumo y políticas públicas. Este fenómeno erosiona la confianza en medios, instituciones y ciencia.

Cuando la verdad se fragmenta, se debilita la capacidad de las sociedades para construir consensos y responder de manera coordinada a crisis complejas. La manipulación informativa también se utiliza como herramienta geopolítica, amplificando tensiones y profundizando la polarización social.

riesgos globales para 2026

4. Polarización social

La polarización es una expresión de la fragmentación social contemporánea, donde las diferencias ideológicas, económicas y culturales se transforman en barreras para el diálogo. Este fenómeno debilita la cohesión comunitaria y normaliza la confrontación como forma de interacción política.

La falta de consenso limita la implementación de reformas estructurales y obstaculiza la cooperación en temas clave como sostenibilidad, derechos humanos y equidad. A largo plazo, la polarización reduce la resiliencia social y aumenta la vulnerabilidad frente a crisis.

5. Recesión económica global

El riesgo de una recesión sigue latente debido a altos niveles de endeudamiento, inflación persistente y tensiones comerciales. Estos factores crean un entorno de fragilidad financiera que puede desencadenar contracciones económicas abruptas.

Una recesión no solo afecta el empleo y el crecimiento, sino que también reduce la capacidad de los Estados para invertir en educación, salud y transición energética, profundizando desigualdades y tensiones sociales.

6. Inflación y estallido de burbujas financieras

La persistencia de altos niveles de inflación, combinada con años de políticas monetarias expansivas, ha creado un entorno propicio para la formación de burbujas en mercados inmobiliarios, bursátiles y de deuda. El aumento en las tasas de interés para contener la inflación está elevando el costo del crédito y presionando a empresas, hogares y gobiernos altamente endeudados, lo que incrementa el riesgo de quiebras en cascada. Este escenario genera una sensación de fragilidad constante en los mercados financieros, donde cualquier shock externo puede detonar correcciones abruptas.

Cuando una burbuja estalla, el impacto no se limita a los inversionistas, sino que se extiende a toda la economía real. La contracción del crédito reduce el consumo y la inversión, mientras que la pérdida de valor de activos afecta ahorros, fondos de pensiones y estabilidad bancaria. Esto profundiza la desigualdad, ya que los sectores más vulnerables son los que resienten con mayor fuerza la volatilidad financiera y el encarecimiento del costo de vida.

7. Inseguridad cibernética

La digitalización acelerada ha convertido a los sistemas tecnológicos en la columna vertebral de servicios esenciales como energía, transporte, salud y finanzas. Sin embargo, esta dependencia también ha ampliado la superficie de ataque para actores maliciosos, desde grupos criminales hasta gobiernos, que utilizan el ciberespacio como un nuevo campo de confrontación. Los ataques ya no buscan solo robar información, sino paralizar infraestructuras críticas y generar caos económico y social.

La falta de estándares globales de ciberseguridad y de cooperación internacional efectiva deja a muchos países y empresas expuestos a amenazas constantes. Un solo ataque puede interrumpir cadenas de suministro, afectar la confianza en instituciones y provocar pérdidas millonarias. En este contexto, la ciberseguridad deja de ser un tema técnico para convertirse en un desafío estratégico de gobernanza y resiliencia.

8. Impactos negativos de la inteligencia artificial

El avance acelerado de la inteligencia artificial está transformando industrias completas, pero su adopción sin marcos éticos y regulatorios sólidos genera riesgos significativos. Algoritmos opacos pueden reproducir sesgos, tomar decisiones discriminatorias o ser utilizados para vigilancia masiva y manipulación de información. La velocidad de desarrollo supera la capacidad de los gobiernos para establecer normas claras que protejan derechos fundamentales.

Además, la automatización intensiva amenaza con desplazar a millones de personas sin garantías de reconversión laboral, profundizando brechas económicas y sociales. Sin una transición justa, la IA puede concentrar poder en pocas empresas y países, debilitando la cohesión social y amplificando otros riesgos como la desinformación y la polarización.

9. Eventos climáticos extremos

El aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos como sequías, inundaciones, incendios forestales y olas de calor está reconfigurando territorios completos. Estos eventos destruyen infraestructura, reducen la productividad agrícola y presionan sistemas de salud, generando pérdidas económicas millonarias y desplazamientos forzados de población. Cada desastre deja cicatrices que debilitan la capacidad de recuperación de comunidades enteras.

A largo plazo, los eventos extremos amplifican desigualdades existentes, ya que los grupos con menos recursos son los más expuestos y los que tardan más en recuperarse. También incrementan la presión sobre gobiernos y empresas para invertir en adaptación y resiliencia, en un contexto donde los recursos ya están comprometidos por crisis económicas y geopolíticas.

10. Contaminación y degradación ambiental

La contaminación del aire, el agua y los suelos continúa afectando la salud de millones de personas y degradando ecosistemas esenciales para la vida. Este deterioro ambiental reduce la disponibilidad de recursos naturales, incrementa enfermedades respiratorias y cardiovasculares, y genera costos económicos crecientes para los sistemas de salud y productividad.

Más allá de sus impactos directos, la degradación ambiental debilita la capacidad del planeta para absorber los efectos del cambio climático. La pérdida de biodiversidad y la sobreexplotación de recursos comprometen la seguridad alimentaria y la estabilidad social, convirtiendo este riesgo en una amenaza sistémica para el desarrollo sostenible.

Los riesgos globales en 2026 revelan un mundo interconectado donde las crisis ya no pueden entenderse de forma aislada. Cada amenaza se enlaza con otra, formando un sistema de vulnerabilidad que exige respuestas integrales, colaborativas y de largo plazo.

Comprender este panorama no es solo una advertencia, sino una oportunidad para repensar modelos de desarrollo, fortalecer alianzas y construir resiliencia colectiva frente a un futuro cada vez más incierto. Si quieres conocer el estudio completo, da click aquí.

Sin diagnóstico oportuno, variante más letal de cáncer de mama avanza en México: Fundación Cima

Más de 4,878 muertes en un solo año (2022), colocan al cáncer de mama triple negativo metastásico como la variante más letal de esta enfermedad en México, refirió Eliza Puente, directora de Fundación Cima, A.C., quien explicó que es un subtipo que avanza con rapidez y afecta a mujeres cada vez más jóvenes, en lo cual inciden la falta de diagnóstico oportuno y barreras de acceso al tratamiento.

“Esta variante tiene una incidencia preocupante en mujeres jóvenes (menores de 40 años), y aún hay regiones del país donde no existen los medios para detectarla y tratarla oportunamente”, dijo y recordó que dicha variante no responde a terapias hormonales ni dirigidas, toda vez que sus células carecen de receptores hormonales y HER2.

Puente agregó que, en el año 2022, ese subtipo representó entre el 12% y 23% de los 31,043 nuevos casos de cáncer de mama registrados en el país y que se estima que ocasionó 4,878 muertes ese mismo año, lo que representa el 62% del total de decesos por cáncer de mama registrados en México, tanto en mujeres como en hombres.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la detección y tratamiento oportunos de los casos de cáncer de mama reducen la mortalidad y la mayoría de las personas no experimentarán ningún síntoma mientras el cáncer esté todavía en fase temprana.

El diagnóstico del subtipo triple negativo requiere una biopsia con estudios de inmunohistoquímica. Contar con esta información desde el primer contacto con el sistema de salud es clave para definir tratamientos oportunos y mejorar la calidad de vida. Por ello, especialistas insisten en la importancia de promover revisiones periódicas, mastografías anuales y la autoexploración constante.

La OMS ha fijado metas concretas para enfrentar este tipo de cáncer: detectar más del 60% de los casos en etapas I y II, realizar el diagnóstico completo en un plazo máximo de 60 días y garantizar que al menos el 80% de los tratamientos sean completos y sin abandono.

Como parte de los esfuerzos para visibilizar esta enfermedad, organizaciones de la sociedad civil y médicos especialistas han propuesto declarar el 3 de marzo como el Día Nacional del Cáncer de Mama Triple Negativo Metastásico, para impulsar políticas públicas que mejoren la atención integral de las personas diagnosticadas.

“Designar una fecha nacional no sólo visibiliza esta enfermedad, también pone en la mesa el tema para fortalecer políticas públicas, impulsar la investigación y mejorar la atención integral de quienes enfrentan este diagnóstico”, concluyó Eliza Puente.

¿Qué son los ratings ESG y por qué son clave en la actualidad?

En los últimos años, la conversación sobre sostenibilidad dejó de ser aspiracional para convertirse en un factor crítico de competitividad. Hoy, inversionistas, reguladores, clientes y colaboradores analizan a las empresas no solo por su rentabilidad, sino por su impacto social, ambiental y de gobernanza. En este nuevo entorno, entender qué son los ratings ESG, preparar a tu empresa para una crisis social ya no es opcional: es una condición para la permanencia.

Las organizaciones que no logran leer estas nuevas señales se enfrentan a riesgos reputacionales, financieros y legales cada vez más complejos. Los ratings ESG funcionan como un termómetro externo que revela qué tan sólida es una empresa frente a esos riesgos. Saber interpretarlos permite anticipar escenarios, fortalecer procesos internos y convertir la sostenibilidad en una ventaja estratégica real, no en un discurso superficial.

¿Qué son los ratings ESG, preparar a tu empresa para una crisis social?

Los ratings ESG son sistemas de evaluación desarrollados por agencias especializadas que miden el desempeño de una empresa en tres dimensiones: ambiental, social y de gobernanza. Estas calificaciones se basan en datos públicos, reportes corporativos, auditorías, controversias y métricas comparables. No se trata de un ranking decorativo, sino de una radiografía profunda de la gestión empresarial.

A diferencia de los indicadores financieros tradicionales, estos ratings integran variables como emisiones, derechos humanos, diversidad, ética corporativa y transparencia. Cada dimensión se analiza con metodologías propias que permiten comparar a empresas dentro de una misma industria. Su valor radica en que convierten la sostenibilidad en información accionable.

Comprender este sistema implica asumir que la reputación ya no depende solo de lo que una empresa comunica, sino de lo que demuestra con datos. Por eso, los ratings ESG se han convertido en una herramienta clave para evaluar riesgos sistémicos y fortalecer la resiliencia organizacional a largo plazo.

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De la filantropía al riesgo sistémico

Durante décadas, la responsabilidad social se percibía como un complemento reputacional. Sin embargo, los conflictos sociales, las crisis climáticas y los escándalos de gobernanza demostraron que estos temas impactan directamente en el valor de mercado. Los ratings ESG emergen como respuesta a esa transformación.

Hoy, una mala calificación puede limitar el acceso a capital, afectar alianzas estratégicas y debilitar la confianza de los grupos de interés. Las empresas que no integran criterios ESG en su planeación se exponen a crisis que pueden escalar rápidamente. El riesgo ya no es hipotético, es medible. En este contexto, los ratings no solo evalúan el pasado, sino que anticipan escenarios. Son una brújula para detectar vulnerabilidades antes de que se conviertan en crisis visibles, permitiendo a las organizaciones actuar con mayor previsión y coherencia.

El lenguaje que hablan los inversionistas

Los mercados financieros han adoptado los ratings ESG como un filtro esencial para decidir dónde invertir. Fondos de inversión, bancos y aseguradoras utilizan estas calificaciones para evaluar la estabilidad de una empresa más allá de sus resultados trimestrales. La sostenibilidad se traduce así en valor financiero.

Las empresas con mejores ratings suelen acceder a mejores condiciones de financiamiento y a una base de inversionistas más diversa. Esto se debe a que una gestión sólida en ESG reduce la probabilidad de eventos adversos que afecten el rendimiento a largo plazo. La confianza se construye con evidencia.

Entender este lenguaje permite a las organizaciones dialogar con los mercados desde una perspectiva estratégica. No se trata de cumplir por obligación, sino de demostrar que la sostenibilidad es parte integral del modelo de negocio.

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El reto de la comparabilidad y la coherencia

Uno de los mayores desafíos de los ratings ESG es la diversidad de metodologías. Una misma empresa puede recibir calificaciones distintas según la agencia que la evalúe. Esto genera confusión, pero también una oportunidad para profundizar en la estrategia.

Más que buscar un número perfecto, las organizaciones deben enfocarse en la coherencia entre su propósito, sus procesos y sus resultados. La clave está en entender qué evalúa cada agencia y cómo se alinean esos criterios con la realidad del negocio.

La transparencia y la consistencia en la información son fundamentales. Sin una base sólida de datos, los ratings pierden credibilidad y la empresa corre el riesgo de ser percibida como incoherente o reactiva.

Integrar ESG en la toma de decisiones

Los ratings ESG no deben vivir en un área aislada. Su verdadero valor surge cuando influyen en la planeación estratégica, la gestión de riesgos y la cultura organizacional. Integrarlos es un proceso transversal que involucra a todas las áreas.

Desde compras responsables hasta políticas de diversidad y controles de gobernanza, cada decisión impacta la calificación final. Esto obliga a las empresas a romper silos y a trabajar de forma colaborativa para construir una narrativa auténtica.

Cuando el ESG se convierte en parte del ADN corporativo, los ratings dejan de ser un objetivo y se transforman en el reflejo de una organización consciente de su rol en la sociedad.

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El futuro de la competitividad sostenible

La evolución de los ratings ESG apunta hacia una mayor estandarización y exigencia. Regulaciones, nuevas métricas y mayor escrutinio público están redefiniendo lo que significa ser una empresa responsable. El futuro pertenece a quienes se anticipan.

Las organizaciones que hoy invierten en fortalecer su desempeño ESG estarán mejor preparadas para enfrentar cambios regulatorios, crisis sociales y presiones del mercado. La sostenibilidad ya no es un diferenciador, es un requisito.

En este escenario, comprender qué son los ratings ESG, preparar a tu empresa para una crisis social se convierte en una capacidad estratégica que define quién lidera y quién queda rezagado.

Los ratings ESG son mucho más que una calificación: son un espejo que refleja la madurez de una empresa frente a los desafíos de nuestro tiempo. Interpretarlos con profundidad permite anticipar riesgos, fortalecer la confianza y construir modelos de negocio más resilientes. En un mundo donde la legitimidad se mide en acciones, comprender qué son los ratings ESG, preparar a tu empresa para una crisis social es el primer paso para transformar la sostenibilidad en una verdadera ventaja competitiva.

¿Cómo potenciar el talento y transformar el entorno laboral? Caso Grupo Restaurantero Gigante

Los entornos laborales donde las personas pueden crecer, expresarse y aportar valor más allá de sus funciones operativas son una característica indispensable de las empresas que realmente buscan poner a las personas en el centro de su cultura organizacional. Cuando una compañía apuesta por el desarrollo profesional de los colaboradores está invirtiendo en una decisión que impacta directamente en la motivación, la innovación y la sostenibilidad organizacional.

Diversos estudios han demostrado que las compañías que invierten en el crecimiento de su gente logran equipos más comprometidos, creativos y resilientes, pues, cuando una organización se preocupa por desarrollar el talento de los colaboradores, envía un mensaje claro: las personas importan, sus ideas cuentan y su crecimiento forma parte del éxito colectivo.

Grupo Restaurantero Gigante (GRG) y Restaurantes Toks, una de sus cadenas más conocidas, han entendido esta visión desde hace años. Por ello, han implementado dos iniciativas internas que no solo reconocen las habilidades de su personal, sino que también fortalecen el sentido de pertenencia y fomentan la mejora continua dentro de la organización: se trata de Master Toks y Bartista Toks, competencias que convierten la creatividad de sus equipos en parte viva de la experiencia de marca.

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Desarrollar el talento de los colaboradores como eje de cultura y mejora continua en GRG

En Grupo Restaurantero Gigante, la cultura organizacional se construye a partir de valores como la creatividad, el reconocimiento, la participación y la mejora constante. Bajo esta lógica, el grupo no se limita a las capacitaciones tradicionales como único instrumento para desarrollar el talento de los colaboradores, sino que busca generar espacios reales donde las personas pueden mostrar lo que saben hacer, innovar y dejar huella.

Master Toks es una de estas iniciativas. Se trata de una competencia interna dirigida a los chefs de la cadena, quienes ponen a prueba su creatividad y pasión culinaria mediante la creación de recetas. Solo los platillos más destacados llegan a las semifinales, los cuales se someten a eliminatorias hasta identificar a los tres mejores, que además de ganar la competencia, obtienen la oportunidad de formar parte del menú oficial de los restaurantes y llevar el talento de sus creadores directo a la mesa de los clientes.

Por su parte, Bartista Toks está enfocada en los gerentes, quienes compiten desarrollando bebidas a base de café espresso. Al igual que en Master Toks, las tres creaciones ganadoras se integran al menú, lo que permite a la compañía brindar un reconocimiento público al ingenio de los colaboradores y, al mismo tiempo, refuerza la calidad de la experiencia de café que ofrece la marca.

Ambas iniciativas hacen visible el proceso de selección de las creaciones ganadoras mediante transmisiones en las redes sociales de Toks, lo que no sólo motiva a los participantes, sino que involucra al público, de manera que el reconocimiento trasciende lo interno y se convierte en un orgullo compartido.

¿Cómo estos programas impactan el ambiente laboral?

Este tipo de iniciativas tienen un impacto directo en el clima organizacional, pues, al ofrecer espacios donde las ideas se escuchan y se materializan, crean un entorno donde las personas se sienten valoradas y motivadas. Sin duda, programas como Master Toks y Bartista Toks fortalecen el sentido de pertenencia, ya que los colaboradores no solo ejecutan, sino que también crean y transforman la oferta del negocio.

Además, bajo la promesa de poder colocar el platillo o bebida ganadora en el menú, estas competencias impulsan a los participantes a superarse, experimentar y perfeccionar sus habilidades, lo que hace que el proceso para desarrollar el talento de los colaboradores se convierta en algo orgánico, vinculado al orgullo profesional y al reconocimiento de sus capacidades.

Finalmente, el impacto se refleja también en la mejora continua del negocio. Las nuevas propuestas no sólo premian el talento de los colaboradores, sino que enriquecen el menú, elevan la experiencia del cliente y demuestran que la innovación puede surgir desde dentro, a la par que la empresa fortalece su cultura, mejora su entorno laboral y consolida una visión de crecimiento compartido.

desarrollar el talento de los colaboradores

Talento interno como motor de la RSE

Las iniciativas internas de Grupo Restaurantero Gigante muestran que la responsabilidad social empresarial también se vive puertas adentro. Programas como Master Toks y Bartista Toks evidencian que invertir en las personas genera beneficios tanto para los colaboradores, como para la organización, pues, al crear espacios de reconocimiento, creatividad y participación, la empresa logra entornos laborales más sanos, motivadores y alineados con una cultura de mejora continua en la que desarrollar el talento de los colaboradores deja de ser un discurso y se convierte en una práctica con el potencial de transformar el clima laboral, la oferta comercial y el ánimo del equipo.

En un sector tan dinámico como el restaurantero, GRG demuestra que apostar por el talento interno y poner en marcha programas como estos es una estrategia de sostenibilidad que fortalecen el negocio y reafirma el valor de las personas como el corazón de una organización comprometida con el bienestar, la innovación y la RSE.

EE. UU. impulsa un récord global en energía a gas por la IA; el clima paga la factura

Estados Unidos encabeza un nuevo auge energético que ya enciende alertas climáticas a escala global. La expansión acelerada de centros de datos para alimentar a la inteligencia artificial está detonando un récord histórico en nueva capacidad de generación eléctrica a partir de gas fósil, una fuente altamente emisora de gases de efecto invernadero. El fenómeno no es marginal: se trata de uno de los mayores virajes energéticos de la última década.

De acuerdo con proyecciones recientes, este crecimiento no solo compromete los objetivos climáticos, sino que también amenaza con encerrar a la economía en décadas de contaminación. Mientras la IA se presenta como el motor de la innovación del futuro, la energía a gas por la IA se perfila como el costo ambiental que nadie quiere poner sobre la mesa, pero que el planeta inevitablemente terminará pagando.

EE. UU. rompe récords históricos en energía a gas por la IA

Este año se romperá el récord mundial de nuevas incorporaciones de energía a gas, con proyectos que podrían incrementar la capacidad global existente en casi un 50%, según el más reciente informe de Global Energy Monitor (GEM). Estados Unidos lidera este impulso tras triplicar su capacidad planificada a gas en 2025, colocándose como el principal promotor del nuevo ciclo fósil.

De los 252 gigavatios de energía a gas actualmente en desarrollo en el mundo, cerca de un tercio estará ubicado directamente en centros de datos. Esta cifra refleja con claridad cómo la energía a gas por la IA se está convirtiendo en la opción preferida para satisfacer una demanda eléctrica creciente, inmediata y altamente concentrada.

Texas es el epicentro de este auge, con casi 58 GW de nueva capacidad de gas en marcha, seguido por Luisiana y Pensilvania. Para 2026, Estados Unidos podría superar su propio récord histórico de más de 100 GW anuales, establecido en 2002, consolidando una dependencia estructural al gas.

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A nivel global, otros países también apuestan por esta fuente. China, el mayor emisor del mundo, instaló en un solo año 22.4 GW de gas. Sin embargo, es Estados Unidos quien concentra casi una cuarta parte de toda la capacidad mundial en desarrollo, marcando el ritmo del mercado energético fósil.

La factura climática de la energía a gas por la IA

El impacto climático de este auge es contundente. Si los proyectos en desarrollo en Estados Unidos se concretan, generarán alrededor de 12,100 millones de toneladas de CO₂ a lo largo de su vida útil, el doble de las emisiones anuales actuales del país. A escala global, la cifra ascendería a 53,200 millones de toneladas, empujando al planeta hacia escenarios de calor extremo, sequías e inundaciones más severas.

Contratar nuevas plantas de gas para satisfacer la demanda incierta de energía generada por la IA implica incorporar décadas de contaminación”, advirtió Jenny Martos, gerente de proyectos del rastreador de plantas de petróleo y gas de GEM.

Para la experta, estas necesidades podrían resolverse con energía limpia y flexible, sin hipotecar el futuro climático. Los científicos han sido claros: los combustibles fósiles deben eliminarse progresivamente y con rapidez. Sin embargo, la energía a gas por la IA va en sentido contrario, bloqueando capital, infraestructura y decisiones políticas que podrían destinarse a renovables, almacenamiento y eficiencia energética.

Este fenómeno también expone una contradicción estructural: la IA, presentada como una herramienta para optimizar procesos y reducir impactos, se convierte en un acelerador de emisiones cuando se alimenta de fuentes fósiles.

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Centros de datos, costos sociales y tensión política

La proliferación de centros de datos no solo tiene consecuencias ambientales, sino también sociales y económicas. En Estados Unidos, el aumento en la demanda eléctrica ya ha elevado las facturas de electricidad para millones de hogares, contradiciendo promesas políticas de reducción de costos energéticos.

Steve Clemmer, director de investigación energética de la Unión de Científicos Preocupados, advierte que la demanda eléctrica del país podría crecer hasta un 60% para 2050 debido a los centros de datos.

“El crecimiento frenético, con poca transparencia o restricciones, pone al público en riesgo de aumentos masivos de costos”, señaló.

Comunidades locales comienzan a resistirse. En Pensilvania, una antigua planta de carbón será transformada en la mayor instalación de gas del país para abastecer centros de datos, generando división social y preocupación por la contaminación, el uso de agua y el impacto en la calidad de vida.

Mientras tanto, grandes tecnológicas como Meta avanzan con proyectos multimillonarios alimentados por gas, reforzando la narrativa de que la energía a gas por la IA beneficia a intereses privados, mientras los costos ambientales y económicos se socializan.

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IA, energía y responsabilidad climática

El auge de la energía a gas por la IA revela una desconexión peligrosa entre innovación tecnológica y responsabilidad climática. Apostar por infraestructura fósil para sostener el crecimiento de la inteligencia artificial no es una solución transitoria, sino una decisión que amarra al planeta a décadas de emisiones adicionales en un momento crítico para la acción climática.

Para los actores de la responsabilidad social empresarial, este escenario plantea una pregunta ineludible: ¿puede llamarse progreso a un modelo que sacrifica estabilidad climática por velocidad tecnológica? Si la IA aspira a ser parte de la solución, su desarrollo debe alinearse con sistemas energéticos limpios, justos y resilientes. De lo contrario, el récord energético de hoy será la crisis ambiental de mañana, y la factura —una vez más— la pagará el planeta.

Dell, Visa, IBM y más impulsan ‘Trump Accounts’: inversión temprana para bebés y niños, ¿responsable?

En un salón del Tesoro de Estados Unidos decorado con un mensaje que prometía “impulsar el sueño americano”, el presidente Donald Trump presentó una de las apuestas sociales más ambiciosas de su administración: un esquema de inversión temprana para recién nacidos, financiado por el Estado y respaldado por grandes fortunas y corporaciones. La propuesta no solo apela a la narrativa de prosperidad, sino que introduce a millones de niñas y niños al sistema financiero desde su primer día de vida, con la promesa de que el tiempo y el mercado harán el resto.

Más allá del impacto mediático, la iniciativa ha abierto un debate profundo en el ámbito de la responsabilidad social: ¿es este un mecanismo de inclusión real o una política que podría ampliar las brechas existentes? Con el respaldo de empresas como Dell, Visa, IBM, JPMorgan y Bank of America, el programa se presenta como un puente entre política pública, filantropía y estrategia corporativa, pero también como un espejo que refleja las tensiones entre equidad, mercado y bienestar social.

Trump Accounts: una promesa de capital desde la cuna

De acuerdo con TIME, la base del programa es simple: cada bebé nacido entre 2025 y 2028 recibe una cuenta de inversión con un capital inicial de mil dólares, aportado por el gobierno federal. Esa cantidad, invertida en fondos indexados, se capitaliza hasta que la persona cumpla 18 años, momento en que podrá usarla para educación, vivienda o emprendimiento.

El discurso oficial señala que este esquema democratiza el acceso a la inversión y enseña desde temprano el valor del ahorro y la planificación financiera.

Todos parten del mismo punto, con un pequeño patrimonio que crece junto con ellos.

Sin embargo, el potencial real de crecimiento depende en gran medida de las aportaciones adicionales de las familias, empleadores o donantes, lo que introduce un componente de desigualdad que ya ha encendido alertas entre economistas y organizaciones civiles.

Trump Accounts y el rol del sector corporativo

La participación empresarial ha sido clave para amplificar el alcance del programa. Visa anunció que incluirá depósitos en estas cuentas como parte de sus beneficios para empleados, mientras que IBM, Broadcom, SoFi, JPMorgan y Bank of America comunicaron esquemas similares.

Desde la perspectiva de ESG, estas acciones se presentan como una inversión en capital humano y estabilidad social a largo plazo. Las compañías no solo apoyan a las familias de sus colaboradores, sino que se alinean con una narrativa de prosperidad compartida.

No obstante, especialistas en responsabilidad social advierten que estas iniciativas deben evaluarse más allá del impacto reputacional, analizando si realmente reducen brechas o si refuerzan un sistema donde quienes ya tienen más recursos multiplican su ventaja.

Filantropía a gran escala: el caso Dell y Dalio

Michael y Susan Dell se comprometieron a donar 6,250 millones de dólares para beneficiar a 25 millones de niños que no califican para el bono federal inicial. Su aporte se traducirá en depósitos adicionales para menores de 2 a 10 años en comunidades con ingresos medios bajos.

Ray y Barbara Dalio, por su parte, destinaron 75 millones de dólares para niñas y niños en Connecticut, mientras que Brad Gerstner impulsó contribuciones similares en Indiana. Estas acciones buscan cerrar la brecha para quienes no alcanzan el primer corte de elegibilidad.

El mensaje es claro: el sector privado no solo acompaña, sino que amplifica. Pero también plantea una pregunta incómoda: ¿debe el bienestar infantil depender de la generosidad de multimillonarios?

Educación financiera como eje de transformación

Uno de los argumentos más repetidos durante el lanzamiento fue que este programa podría transformar la relación de las nuevas generaciones con el dinero. “Cada niño se convierte en accionista del país”, dijo uno de los impulsores, aludiendo al sentido de pertenencia económica.

La experiencia de otros modelos de “bonos para bebés” en el mundo muestra que tener una cuenta a nombre propio puede influir positivamente en la permanencia escolar y en la toma de decisiones a largo plazo.

Sin embargo, sin una estrategia paralela de educación financiera en comunidades vulnerables, el impacto podría diluirse, dejando a muchos sin las herramientas para aprovechar realmente este capital inicial.

La brecha que no desaparece

Economistas de la Universidad de Stanford han advertido que el programa podría beneficiar de manera desproporcionada a las familias con mayor capacidad de ahorro. Mientras algunos podrán aportar el máximo anual, otros apenas mantendrán el fondo base.

Esto genera una paradoja: un programa diseñado para igualar oportunidades podría, en la práctica, profundizar diferencias si no se acompaña de políticas redistributivas más amplias.

La responsabilidad social, en este contexto, exige mirar no solo el diseño, sino la implementación y los efectos reales en las comunidades más vulnerables.

El simbolismo del “sueño americano”

El evento de lanzamiento fue una puesta en escena de optimismo, con celebridades, líderes empresariales y mensajes que prometían un futuro mejor. La narrativa conecta con una idea profundamente arraigada: que el esfuerzo y el mercado pueden abrir cualquier puerta.

Para muchas familias, la posibilidad de contar con un fondo desde el nacimiento representa esperanza en medio de una crisis de costo de vida. Es una señal de que alguien, al menos, piensa en su futuro.

Pero el simbolismo no puede sustituir a una evaluación crítica de impacto social, especialmente cuando se trata de infancia y desarrollo a largo plazo.

¿Innovación social o política de mercado?

La administración ha calificado el programa como una de las innovaciones más transformadoras de su era. Desde un enfoque de política pública, combina inversión, filantropía y participación corporativa en un mismo modelo.

Para el sector de responsabilidad social, el reto es analizar si este esquema se alinea con principios de equidad, inclusión y sostenibilidad, o si prioriza la lógica del mercado sobre el bienestar colectivo.

La discusión apenas comienza, y su resultado podría marcar el rumbo de futuras alianzas entre Estado y empresas en temas sociales.

La iniciativa de inversión temprana abre una conversación necesaria sobre cómo construir oportunidades desde la infancia en un contexto de desigualdad creciente. La participación de empresas globales demuestra que el sector privado puede jugar un papel activo en el desarrollo social, siempre que exista transparencia y evaluación constante.

El verdadero desafío será convertir esta promesa en un mecanismo que no solo genere capital financiero, sino también capital social. Solo entonces podrá saberse si este modelo es una palanca de inclusión o un reflejo más de las tensiones entre mercado y justicia social.

¿Por qué esta marca responsable busca desaparecer en 10 años? 

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Ochenta millones de paraguas de plástico se utilizan cada año en Japón y, en su mayoría, solo una vez. Fabricados con múltiples materiales difíciles de separar, estos objetos cotidianos no suelen reciclarse y terminan incinerados o en vertederos. Este flujo de residuos urbanos, tan común como invisible, representa uno de los muchos frentes del problema global del plástico.

En este contexto nació Plasticity, una marca responsable con una premisa poco habitual: combatir un residuo específico —los paraguas de plástico desechables— y aspirar a dejar de existir en una década. Su objetivo no es crecer indefinidamente, sino contribuir a que el problema ambiental que atiende disminuya hasta volverse innecesaria.

El origen de Plasticity y el problema que busca resolver esta marca responsable

Plasticity fue creada en 2020 por Mondo Design Co., Ltd., una empresa japonesa con experiencia en el supraciclaje de materiales destinados a vertederos. Desde sus inicios, la compañía ha partido de una idea clara: lo que para unos es basura, para otros puede convertirse en materia prima valiosa. Bajo esa lógica nació primero la marca Seal, enfocada en reutilizar cámaras de neumáticos.

Siguiendo esa misma filosofía, el equipo identificó un residuo urbano omnipresente y poco atendido: los paraguas de plástico. Al descubrir a un diseñador que experimentaba con este material para transformarlo en nuevas superficies textiles, Mondo Design entendió el potencial ambiental y simbólico del proyecto. Así, Plasticity se consolidó como una marca responsable que no solo recicla, sino que resignifica un objeto asociado al consumo desechable.

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Una marca responsable con productos artesanales y diferenciadores

Los productos de Plasticity —bolsos y accesorios— comparten un mismo origen: paraguas de plástico descartados. Tras su recolección, cada paraguas se clasifica por material, tamaño y grosor, se desmonta y se limpia manualmente. Las partes metálicas se reciclan por separado, mientras que el plástico se convierte en la base del nuevo material textil.

La marca desarrolló una técnica propia llamada Glass Rain, que consiste en estratificar y prensar el plástico con alta precisión para lograr una superficie impermeable, translúcida y resistente, con un acabado que recuerda al vidrio pulido. Debido a la variabilidad del material original, cada pieza debe inspeccionarse y ensamblarse a mano, lo que limita la producción y refuerza el carácter artesanal del proceso.

Este enfoque permite a Plasticity ofrecer productos duraderos, libres de materiales de origen animal y elaborados bajo criterios de bajo impacto ambiental. La apuesta por la artesanía japonesa, el cuidado de las condiciones laborales y el diseño funcional son diferenciadores clave que consolidan a Plasticity como una marca responsable alineada con los principios de la economía circular.

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Diseñada para desaparecer: impacto ambiental y lecciones de circularidad

Uno de los mayores retos para Plasticity es evitar que su éxito normalice el desperdicio. La empresa es clara: no quiere que las personas desechen paraguas solo porque existe una marca que los recicla. De hecho, muchos de los paraguas que reciben están prácticamente nuevos, lo que evidencia un problema cultural más profundo en torno al consumo y la conveniencia.

Por ello, además de transformar residuos, Plasticity apuesta por la concientización y la educación. La marca colabora con socios, impulsa talleres vinculados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y trabaja con estudiantes para fomentar una reflexión temprana sobre los residuos y su valor. Su aspiración final es clara: reducir drásticamente el desecho de paraguas de plástico y demostrar que pensar de forma circular implica, en algunos casos, diseñar modelos de negocio que no buscan perpetuarse.

Así, Plasticity se posiciona como una marca responsable que va más allá del reciclaje, mostrando que revalorizar los residuos, cuestionar el consumo desechable y aceptar la posibilidad de desaparecer también puede ser una poderosa estrategia de impacto ambiental y social.

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Una marca responsable que redefine la RSE desde la temporalidad

Plasticity plantea una visión poco convencional de la responsabilidad social empresarial al asumir que el éxito no siempre se mide en crecimiento, sino en la capacidad de resolver un problema ambiental concreto. Su enfoque combina diseño, artesanía, cuidado de las personas y reducción de residuos, integrando la RSE en el corazón del modelo de negocio y no como un complemento. Al atender un flujo específico de desechos plásticos y visibilizar su impacto, la empresa demuestra cómo una marca responsable puede generar valor ambiental y social sin fomentar nuevas dinámicas de consumo.

En un contexto de crisis climática, iniciativas como Plasticity evidencian la urgencia de desarrollar modelos empresariales circulares, conscientes de sus límites y alineados con objetivos de largo plazo. Pensar en empresas diseñadas para desaparecer implica cuestionar la lógica tradicional del mercado y abrir paso a soluciones enfocadas en la regeneración, la educación y la colaboración. Este tipo de propuestas no solo contribuyen a mitigar impactos ambientales, sino que ofrecen una hoja de ruta para que la RSE evolucione hacia modelos más honestos, transformadores y coherentes con la magnitud de los desafíos climáticos actuales.

Enlace abre convocatoria para impulsar el crecimiento empresarial en Guadalajara y el resto del país

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Por Fabián Muro

El Instituto de Emprendimiento Eugenio Garza Lagüera (IEEGL) del Tecnológico de Monterrey, a través de su programa Enlace, lanzó la convocatoria 2026 dirigida a empresas mexicanas con potencial de crecimiento que deseen fortalecer la toma de decisiones estratégicas mediante la conformación de su primer Consejo Consultivo.

En un entorno empresarial cada vez más competitivo, el liderazgo empresarial se ha convertido en una herramienta clave para que las empresas consoliden su crecimiento de manera estructurada, por lo que contar con un consejo consultivo permite a los líderes tomar decisiones estratégicas más informadas, anticipar riesgos y establecer bases sólidas.  

Es en este marco, el programa Enlace busca acompañar a las empresas mexicanas en sus primeros pasos hacia el fortalecimiento de su dirección estratégica. “La gobernanza no es exclusiva de las grandes corporaciones. Hoy es una herramienta clave para que las empresas en crecimiento mejoren su toma de decisiones, reduzcan riesgos y construyan bases sólidas para crecer de manera sostenible”, declaró Alma Pérez, directora general de Enlace.

Enlace abre convocatoria

La convocatoria está abierta del 15 de enero al 31 de marzo de 2026, y va dirigida a empresas con ventas anuales entre 20 y 500 millones de pesos, que tengan al menos cuatro años de operación en México, un mínimo de 10 colaboradores, finanzas sanas y que deseen estructurar su crecimiento en torno a objetivos estratégicos.

Durante 18 meses, las empresas seleccionadas recibirán acompañamiento de un grupo de consejeras y consejeros empresariales líderes con amplia experiencia, quienes aportarán una visión externa y mejores prácticas en gobernanza, estrategia y escalamiento de negocios.

Convocatoria ENLACE JALISCO 2026

Vips recibe certificado “Hecho en México” y refrenda su compromiso con el país y su gastronomía

Vips, el restaurante familiar más grande y querido de México recibe el certificado “Hecho en México” impulsado por la Secretaría de Economía, con el que refrenda su compromiso con la identidad nacional, el orgullo de nuestras raíces y la preservación de la gastronomía mexicana.

A lo largo de más de 60 años de historia en el país, Vips ha acompañado a las familias mexicanas a través de recetas icónicas que enaltecen ingredientes, sabores y tradiciones, convirtiéndose en un espacio que evoca recuerdos y celebra lo que nos une como mexicanos.

La marca abrió sus puertas por primera vez el 6 de agosto de 1964 en Toreo con la visión de ser un punto de encuentro para sus invitados. Hoy, después de más de seis décadas, es una marca icónica con más de 235 unidades en 50 ciudades del país que son atendidas diariamente por casi seis mil Vipsters, quienes reciben a más de 550 mil clientes cada semana.

Durante el último año Vips sirvió más de 19 mil tazas de café todos los días, 350 mil Chiles en Nogada, 950 mil Caldos Tlalpeños y 3.5 millones de Enchiladas, platillos que forman parte del legado gastronómico del país. En 2025, la marca presentó el 14 de octubre como el Día del Caldo Tlalpeño, reafirmando su intención de rendir homenaje a las recetas que nos definen.

Mantener vivas las costumbres y tradiciones gastronómicas es una responsabilidad que Vips asume con profunda dedicación. Por ello, a través de iniciativas y temporalidades especiales, la marca continúa preservando y promoviendo la riqueza de la cocina mexicana.

“Este certificado reconoce a una marca 100% mexicana y al trabajo que hemos realizado por más de seis décadas de conectar con las personas al preservar y compartir la cocina tradicional, celebrando la herencia y la identidad, fomentando la memoria colectiva e impulsando el consumo de lo que hacemos los mexicanos,” señaló Jaime Vásquez, Director General de Vips.

Por su parte, Bárbara Botello, coordinadora del Plan de Marca Nacional Hecho en México indicó que, “la entrega del distintivo Hecho en México a Vips reconoce a una empresa que ha acompañado por décadas a las familias mexicanas y que hoy refrenda su compromiso con la proveeduría nacional, el empleo y el fortalecimiento del mercado interno, en congruencia con la visión del Plan México.”

Con el certificado “Hecho en México”, Vips reafirma su compromiso de seguir impulsando la cocina mexicana en cada uno de sus restaurantes, preservando los sabores que definen a los mexicanos y apoyando el desarrollo del país.

T-Systems y FEMSA donan equipos de cómputo al Centro Escolar Cuauhtémoc para fortalecer la educación digital

Como parte de su compromiso con el desarrollo social y la educación de calidad, T-Systems México, la firma alemana perteneciente al grupo Deutsche Telekom, en conjunto con FEMSA, realizó la donación de 71 equipos de cómputo portátiles al Centro Escolar Cuauhtémoc, A.C. (CECAC), institución educativa con más de seis décadas de trayectoria en la formación académica de niñas, niños y adolescentes en el área metropolitana de Monterrey.

Esta donación permitirá modernizar la infraestructura tecnológica del CECAC, habilitando dos aulas completas de cómputo y fortaleciendo la enseñanza de materias clave como paquetería Office, robótica, alfabetización digital e introducción a la Inteligencia Artificial. Con ello, se beneficiará de manera directa a más de 1,800 estudiantes, desde nivel primaria hasta secundaria, así como de forma indirecta a más de 1,300 familias.

La iniciativa forma parte del programa Digitalíza-T de T-Systems, cuyo objetivo es reducir la brecha digital y ampliar el acceso a herramientas tecnológicas en comunidades educativas, alineándose con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, particularmente el ODS 4 (Educación de calidad), ODS 9 (Industria, innovación e infraestructura) y ODS 10 (Reducción de las desigualdades).

T-Systems y FEMSA

“El acceso a la tecnología es un habilitador clave para el desarrollo educativo y social. En T-Systems creemos firmemente que la colaboración entre empresas e instituciones educativas es fundamental para preparar a las nuevas generaciones para un entorno cada vez más digital”, señaló Jorge Lezama, VP Finance & Controlling de T-Systems México y Norteamérica. “Esta donación refleja nuestro compromiso de largo plazo con la inclusión digital y con el fortalecimiento de comunidades a través del conocimiento”.

El Centro Escolar Cuauhtémoc, A.C., fundado en 1957, es reconocido por su modelo educativo basado en valores, excelencia académica y responsabilidad social. La colaboración con empresas aliadas como T-Systems y FEMSA refuerza su capacidad para ofrecer una educación acorde con las demandas tecnológicas actuales.

Con acciones como esta, T-Systems y FEMSA refrendan su compromiso con la educación, la innovación y el desarrollo sostenible, impulsando oportunidades de aprendizaje que contribuyen a la formación integral de las futuras generaciones.