Nike es investigada por presunta discriminación laboral contra blancos en EE. UU.

La noticia sacudió tanto a los círculos empresariales como a quienes siguen de cerca la evolución de la diversidad corporativa: una de las marca deportivas más influyentes del mundo enfrenta una investigación federal por presunta discriminación laboral en Nike. El caso no solo involucra documentos, demandas y citaciones judiciales, sino una discusión profunda sobre los límites de las políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) en el contexto actual de Estados Unidos. En el centro del debate está la pregunta de si promover la representación puede, paradójicamente, generar nuevas formas de exclusión.

De acuerdo con Aristegui Noticias, lo que comenzó como una revisión administrativa se ha convertido en un símbolo de una tensión mayor entre justicia social, legalidad y percepción pública. La intervención del gobierno estadounidense, a través de la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo (EEOC), ha colocado a Nike bajo un reflector incómodo. El caso trasciende a la empresa y pone en juego la credibilidad de los programas corporativos que buscan corregir desigualdades históricas sin violar los principios de igualdad ante la ley.

Discriminación laboral en Nike y el inicio de la investigación

La EEOC presentó una demanda ante un tribunal federal para obligar a Nike a entregar documentos relacionados con sus prácticas de contratación y desarrollo profesional. El organismo sostiene que la empresa pudo haber aplicado criterios raciales en decisiones laborales, lo que podría contravenir el Título VII de la Ley de Derechos Civiles.

La investigación se enfoca en programas de mentoría, liderazgo y capacitación con restricciones raciales.

Según la agencia, existen indicios de un “patrón o práctica” de trato desigual contra trabajadores blancos. Estas acusaciones abarcan desde ascensos y despidos hasta el acceso a oportunidades de crecimiento. Algunas se remontan a 2018, durante el primer mandato de Donald Trump, lo que amplía el alcance temporal del caso.

La demanda se justifica, afirma la EEOC, porque Nike no habría proporcionado toda la información solicitada en las citaciones previas. Para la agencia, este paso legal es necesario para determinar si hubo violaciones sistémicas a las leyes federales contra la discriminación.

Discriminación laboral en Nike y el papel de los programas DEI

El foco principal está en los objetivos de representación que la compañía estableció para 2025 en Estados Unidos. Nike buscaba alcanzar un 30% de minorías raciales y étnicas en puestos directivos y un 35% en su fuerza laboral corporativa. Para la EEOC, estas metas podrían haber derivado en decisiones que excluyeron a otros grupos.

Andrea Lucas, presidenta de la agencia, afirmó que cuando existan indicios contundentes de que los programas DEI pueden violar la ley, la EEOC actuará con firmeza. Aseguró que la protección contra la discriminación aplica a todas las razas, sin distinciones de color.

Este posicionamiento reabre un debate complejo: ¿hasta qué punto las metas de diversidad pueden coexistir con un marco legal que exige neutralidad racial? La respuesta, aún incierta, tendrá implicaciones para cientos de empresas que adoptaron estrategias similares.

El contexto político y legal detrás del caso

La investigación se inscribe en un entorno político donde el gobierno de Donald Trump ha reforzado la aplicación estricta de las leyes de derechos civiles. Bajo este enfoque, la EEOC ha intensificado sanciones e investigaciones contra organizaciones acusadas de prácticas discriminatorias, incluso cuando estas se presentan como iniciativas de inclusión.

Lucas, quien impulsó la acusación original en 2024 cuando era comisionada, sostuvo que Nike pudo haber tomado “medidas ilegales” al intentar construir una fuerza laboral representativa de sus consumidores. Para ella, la intención no justifica métodos que puedan vulnerar derechos.

Este contexto convierte al caso en un precedente potencial para el sector privado. Lo que se decida podría redefinir cómo se diseñan y comunican los programas DEI en el futuro.

La respuesta de Nike y su estrategia de defensa

La compañía calificó la investigación como una “escalada sorprendente e inusual”. En un comunicado, aseguró haber colaborado de buena fe con la EEOC y haber compartido miles de páginas de información, además de respuestas detalladas a las solicitudes recibidas.

Nike sostiene que continúa en proceso de entregar datos adicionales, a pesar de la versión de la agencia sobre una supuesta falta de cooperación. Para la marca, este conflicto no refleja una negativa, sino diferencias en la interpretación de los alcances legales de la investigación.

Desde su perspectiva, sus programas buscan crear entornos más justos y representativos, sin intención de excluir. Sin embargo, la disputa ahora se resolverá en los tribunales.

El impacto en la reputación y la confianza pública

Más allá del resultado legal, el caso ya ha generado un impacto en la percepción pública de la empresa. La posibilidad de una discriminación laboral en Nike plantea dudas sobre la coherencia entre sus valores declarados y sus prácticas internas.

Para muchos, este episodio demuestra que la transparencia y el diseño ético de políticas internas son tan importantes como los objetivos que se persiguen. La confianza se construye no solo con metas ambiciosas, sino con procesos claros y auditables. El caso también invita a otras organizaciones a revisar sus estrategias de diversidad, asegurando que estén alineadas con la ley y con principios de equidad real.

Un debate que trasciende a una sola empresa

La controversia no se limita a Nike. Refleja una conversación global sobre cómo equilibrar justicia histórica, representación y legalidad. En un mundo cada vez más polarizado, las empresas se encuentran en la delgada línea entre la innovación social y el riesgo legal.

La discriminación laboral en Nike se ha convertido en un símbolo de esta tensión. Lo que suceda marcará un antes y un después en la forma en que las compañías estructuran sus compromisos con la diversidad. Este caso no solo es un proceso judicial, sino una llamada de atención para el sector empresarial. Demuestra que las buenas intenciones deben ir acompañadas de marcos claros, inclusivos y legalmente sólidos.

Al final, el verdadero reto no es elegir entre diversidad o igualdad, sino construir modelos que integren ambas sin sacrificar derechos. La historia que hoy rodea a Nike podría ser el punto de inflexión para redefinir cómo se entiende la responsabilidad social en el siglo XXI.

Corporativo Kosmos y AMA apoyan la alimentación de más de 26 mil familias de bajos recursos

El desperdicio de alimentos representa una de las contradicciones sociales y económicas más graves en México. Cada año se pierden alrededor de 20.4 millones de toneladas de alimentos, lo que equivale al 34 % de la producción nacional. Esta pérdida no solo implica un impacto económico superior a los 400 mil millones de pesos, sino también un enorme desperdicio de recursos naturales como agua, energía y suelo, en un contexto de creciente presión ambiental.

Al mismo tiempo, 27.5 millones de personas carecen de acceso a una dieta suficiente, nutritiva y de calidad. Esta realidad expone una brecha estructural: mientras millones de toneladas de alimentos aptos para el consumo humano se desechan, millones de familias enfrentan diariamente la incertidumbre de no saber si podrán cubrir una de sus necesidades más básicas.

Frente a estos desafíos, alianzas como la de Corporativo Kosmos —líder nacional en servicios de alimentación— y el Banco de Alimentos AMA —organización de la sociedad civil dedicada a rescatar, revalorizar y distribuir alimentos a familias en situación vulnerable— han unido capacidades y recursos para brindar apoyo alimentario en México y así  ayudar a quienes más lo necesitan. 

Corporativo Kosmos y AMA brindan apoyo alimentario en México

La alianza entre el Banco de Alimentos AMA y el brazo social de Corporativo Kosmos, la Fundación Pablo Landsmanas (FPL), inició en 2018 como una apuesta estratégica para ampliar el alcance del apoyo alimentario en México y fortalecer la lucha contra el hambre. En ese momento, tal cómo explicó María Contreras, Directora del Banco de Alimentos AMA, la organización tenía apenas tres años de operación, pero una visión clara: rescatar alimentos aptos para el consumo humano y llevarlos a las familias que más lo necesitaban. 

Para AMA, la confianza de la FPL significó un parteaguas, pues les permitió incrementar de manera significativa el número de hogares beneficiados y consolidar un modelo de colaboración de largo plazo. Desde entonces, la FPL dona alimentos provenientes de distintas filiales de Corporativo Kosmos que han perdido su valor comercial, pero que aún pueden ser aprovechados, así como productos no perecederos:

Nos convocan cuando van a sacar productos de sus almacenes por cuestiones de calidad, pero que aún son aptos para el consumo humano; nosotros los recibimos y los revalorizamos para canalizarlos a familias de bajos recursos”, detalla Contreras.

Gracias a esto, AMA logra beneficiar a grupos altamente vulnerables, como madres y padres solteros, personas adultas mayores, personas con discapacidad y familias cuyos ingresos mensuales no superan los 4 mil 700 pesos, los cuales pueden acceder a dietas suficientes, variadas y nutritivas a través de este tipo de alianzas.

Alimentos que alivian el hambre y el estrés cotidiano

Las familias beneficiadas reciben los insumos mediante el programa Canastas que Nutren, el cual les permite obtener una canasta semanal con alimentos perecederos —como frutas, verduras y otros productos frescos— y una canasta mensual de alimentos no perecederos, acompañada de un kit de higiene. Esta frecuencia permite que cada semana se apoye a familias distintas y que, de manera constante, más hogares cuenten con alimentos suficientes.

Las donaciones de Corporativo Kosmos y la Fundación Pablo Landsmanas no sólo representan el 13% de los productos que recibe AMA, sino que han hecho posible que más de 2 mil familias reciban un apoyo alimentario en México de manera mensual. 

Más allá de cubrir una necesidad básica, este respaldo libera a las familias del estrés permanente que implica no saber si podrán comer al día siguiente. Además, contribuye a mejorar su salud, les brinda tranquilidad y les permite elevar su calidad de vida al reducir la carga económica destinada a la alimentación.

Tres frentes, una misma solución

Cabe destacar que la alianza entre la Fundación Pablo Landsmanas y el Banco de Alimentos AMA permite abordar de forma estratégica no una, sino tres problemáticas graves que enfrenta México. La primera es la inseguridad alimentaria, ya que, tan sólo en 2025, esta colaboración logró poner al alcance de más de 26 mil familias los insumos necesarios para ejercer su derecho a una alimentación nutritiva y suficiente, un derecho que millones de personas ven vulnerado diariamente.

La segunda es el desperdicio de alimentos, pues en siete años de trabajo colaborativo, esta alianza ha permitido recuperar más de mil 670 toneladas de alimentos aptos para el consumo humano, evitando que terminen en la basura y que se pierdan también todos los recursos empleados para producirlos —agua, energía, trabajo y transporte.

La tercera son las emisiones contaminantes, pues al rescatar todos estos alimentos, estas organizaciones han evitado la emisión de cerca de 3 mil 850 toneladas de CO₂, lo que equivale a plantar más de 185 mil árboles y conservarlos durante un año, lo que posiciona a este tipo de alianzas como una herramienta poderosa para impulsar la sostenibilidad y el cuidado del planeta.

Colaboraciones que alimentan a miles de familias mexicanas

Durante 2025, la alianza entre estas organizaciones continuó fortaleciendo su alcance. AMA recolectó alimentos de más de 60 empresas, siendo la colaboración con Corporativo Kosmos una de las más relevantes por su volumen y constancia. Gracias a estas aportaciones, se logró beneficiar a miles de familias en 13 alcaldías de la Ciudad de México y 4 municipios del Estado de México, con especial énfasis en Iztapalapa, una de las alcaldías con mayor inseguridad alimentaria del país. María Contreras, directora del Banco de Alimentos AMA, expresó su agradecimiento por esta colaboración:

“Quiero agradecer a la Fundación Pablo Landsmanas,  a su equipo directivo y a todas las personas de sus unidades de negocio por el compromiso y responsabilidad social que tienen con el combate al hambre y con ayudar a que miles de familias reciban los alimentos variados y nutritivos que merecen”.

Dado el volúmen y constancia del apoyo que Corporativo Kosmos brinda al banco de alimentos, la compañía líder en servicios de alimentación en México se ha convertido en uno de los aliados más destacados del banco, cuyo apoyo resulta indispensable para que AMA pueda lograr el objetivo de alimentar a más personas, pues, como destacó Contreras, sin este tipo de sinergias sería imposible cumplir su misión:

“Alianzas como esta nos permiten ampliar nuestro alcance de apoyo y llegar a más familias que lo necesitan; no podemos hacerlo solos, necesitamos el respaldo de empresas como ustedes”.

Corporativo Kosmos y AMA: sumando esfuerzos para transformar realidades

La colaboración entre Corporativo Kosmos, la Fundación Pablo Landsmanas y el Banco de Alimentos AMA demuestra que el trabajo conjunto entre el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil es una vía efectiva para enfrentar problemáticas estructurales como el hambre y el desperdicio de alimentos en México. Cuando los recursos, la logística y la voluntad social se alinean, el impacto se multiplica.

Más allá de las cifras, esta alianza refleja el valor de construir soluciones sostenibles que dignifican a las personas, cuidan el medio ambiente y fortalecen el tejido social. Apostar por este tipo de colaboraciones no solo es una estrategia de responsabilidad social, sino una contribución directa a un país más justo, donde el derecho a la alimentación deje de ser una deuda pendiente.

ONU propone un impuesto climático para obligar a las petroleras a pagar por los daños al planeta

El debate sobre cómo financiar la respuesta global al cambio climático ha entrado en una fase decisiva. En un contexto marcado por desastres cada vez más frecuentes, desigualdades profundas y una crisis de confianza en los sistemas fiscales, la ONU vuelve a poner sobre la mesa una idea que durante años fue considerada políticamente inviable: que quienes más contaminan contribuyan directamente a reparar el daño causado. Hoy, la conversación ya no gira solo en torno a metas ambientales, sino a la arquitectura económica que las hace posibles.

De acuerdo con The Guardian, en este escenario, la propuesta de un impuesto climático se perfila como un punto de inflexión para la gobernanza global. No se trata únicamente de recaudar recursos, sino de redefinir responsabilidades históricas y abrir una vía de justicia para los países más golpeados por la crisis. Mientras las negociaciones avanzan en Nueva York, el mundo observa si esta vez el discurso se traducirá en reglas claras y vinculantes.

El llamado a que “quien contamina pague”: el impuesto climático como eje del nuevo debate

Las conversaciones sobre un tratado fiscal global han regresado a la sede de la ONU con una consigna central: hacer que los grandes contaminadores asuman parte del costo de la crisis climática. Decenas de países respaldan reglas más estrictas para que las ganancias extraordinarias de las petroleras no queden al margen de la responsabilidad ambiental.

Este impulso busca conectar dos crisis que hasta ahora se han tratado por separado: la climática y la fiscal. Para muchos negociadores, el impuesto climático no es solo una herramienta financiera, sino una señal política de que el modelo extractivo ya no puede sostenerse sin rendir cuentas.

El reto es que este principio no quede diluido en declaraciones generales. Los países en desarrollo reclaman que el texto final establezca con claridad cómo se vincularán los tributos ambientales con los compromisos climáticos reales.

Países vulnerables: cuando el clima destruye economías enteras

Para naciones expuestas a huracanes, sequías e inundaciones, la discusión no es teórica. Jamaica, por ejemplo, vio desaparecer en una noche el equivalente al 40 % de su PIB tras el paso del huracán Melissa, una experiencia que ilustra la urgencia de un sistema más justo.

Delegados de estas regiones subrayan que sin recursos propios no hay resiliencia posible. Depender de préstamos y deuda solo profundiza la fragilidad, mientras que un esquema fiscal global permitiría reconstruir de forma sostenible.

En este contexto, la tributación ambiental se convierte en una palanca de desarrollo. La demanda es clara: no puede haber sostenibilidad sin integrar el cambio climático en el diseño de las normas fiscales internacionales.

Un proceso lento y lleno de resistencias

El tratado, impulsado originalmente por países africanos en 2022, ha avanzado con lentitud. La salida de Estados Unidos de las conversaciones y la preferencia de algunos países ricos por discutir estos temas en la OCDE han generado tensiones sobre quién debe liderar la agenda.

Para muchos Estados, la ONU sigue siendo el único foro verdaderamente inclusivo, donde todas las voces tienen peso. Sin embargo, las propuestas iniciales se han suavizado, eliminando incluso la idea de un registro global de activos que facilitaría gravar a los ultrarricos.

Esta resistencia refleja un temor persistente: que un sistema fiscal más justo altere el statu quo económico. Aun así, la presión de la sociedad civil y de los países más afectados no deja de crecer.

Desigualdad global y beneficios extraordinarios

Mientras comunidades enteras luchan por sobrevivir, las cifras muestran un contraste extremo. El 0.001 % más rico del planeta acumula más riqueza que la mitad más pobre de la población, una brecha que sigue ampliándose.

Las petroleras, por su parte, han obtenido beneficios récord, impulsados por la volatilidad de los precios tras conflictos geopolíticos. Organizaciones como Eurodad estiman que un recargo del 20 % sobre las mayores productoras habría generado más de un billón de dólares desde 2015.

Este escenario refuerza el argumento de que el impuesto climático no es una penalización, sino una corrección necesaria para equilibrar un sistema profundamente asimétrico.

Paraísos fiscales: el agujero negro de la recaudación

La Red de Justicia Fiscal calcula que los países pierden casi 500 mil millones de dólares al año debido a la evasión facilitada por paraísos fiscales. Este dinero podría financiar infraestructura resiliente, transición energética y protección social. Sin mecanismos globales, los esfuerzos nacionales quedan limitados. Las empresas pueden trasladar ganancias y los individuos más ricos esconder activos, debilitando cualquier intento de tributación progresiva.

Por ello, la convención busca cerrar estas brechas mediante normas comunes. Solo así se podrá garantizar que los recursos fluyan hacia quienes más los necesitan.

Justicia climática y corresponsabilidad histórica

Para pequeños Estados insulares como Tuvalu, la crisis climática no es una amenaza futura, sino una realidad diaria. Sus representantes recuerdan que quienes menos han contribuido al problema son quienes enfrentan las peores consecuencias. Desde esta perspectiva, el impuesto climático se convierte en una herramienta de justicia, al reconocer la responsabilidad histórica de los mayores emisores y su obligación de apoyar a los más vulnerables.

Activistas insisten en que la tributación ambiental progresiva puede reducir desigualdades y fortalecer la cooperación internacional, alineando economía y sostenibilidad.

Hacia un nuevo pacto fiscal global

Algunos países ya exploran impuestos al consumo de combustibles fósiles, pero solo un acuerdo amplio permitiría gravar directamente la extracción y el patrimonio de los ultrarricos sin provocar una “carrera hacia el fondo”.

Estudios muestran que un impuesto anual de hasta 5 % sobre grandes fortunas podría recaudar 1.7 billones de dólares al año. Si se coordina globalmente, este mecanismo reduciría la evasión y ampliaría la base de recursos. El respaldo reciente de países como el Reino Unido al principio de “quien contamina paga” sugiere que el consenso, aunque frágil, comienza a tomar forma.

La propuesta de la ONU no es solo un ajuste técnico, sino un intento de redefinir las reglas del juego en una era marcada por la catástrofe climática. Vincular la tributación con la sostenibilidad implica reconocer que la economía global debe transformarse si quiere seguir siendo viable.

Si las negociaciones logran concretar un acuerdo ambicioso, el mundo podría dar un paso histórico hacia una gobernanza más justa. El desafío ahora es convertir la voluntad política en un sistema que haga realidad la promesa de que, esta vez, los costos no recaigan sobre quienes menos han contribuido al problema.

La crisis silenciosa: 44 especies se extinguieron en 2025, alerta la UICN

La desaparición de una especie rara vez ocurre de forma visible. No hay un momento exacto, ni un último registro que haga ruido en los titulares globales. Ocurre en silencio, mientras los ecosistemas se fragmentan, las poblaciones se reducen y las alertas científicas quedan atrapadas entre otras urgencias. Así, el mundo despertó en 2025 con una cifra que estremece: 44 especies declaradas extintas por la UICN.

No se trata solo de números ni de nombres en una lista. Cada pérdida representa un vacío ecológico, una historia interrumpida y una señal clara de que los sistemas naturales están llegando a puntos de no retorno. En un contexto donde la sostenibilidad se discute en foros empresariales, gobiernos y comunidades, esta realidad nos confronta con una pregunta incómoda: ¿qué tanto más podemos perder antes de cambiar?

El peso de las especies extintas en 2025 en los ecosistemas

De acuerdo con Aristegui Noticias, las especies extintas en 2025 no son casos aislados ni excepciones estadísticas. Forman parte de una tendencia que la ciencia describe como una aceleración sin precedentes en la historia reciente del planeta. Para la UICN, cada evaluación no solo confirma una desaparición, sino que evidencia una falla colectiva en la protección de la biodiversidad.

El término “irreversible” que utilizan los expertos no es retórico. Cuando una especie se extingue, desaparece también su función ecológica: su rol en la cadena alimentaria, su interacción con otras especies y su contribución al equilibrio de los hábitats. El impacto, aunque invisible a simple vista, se propaga en cascada.

Historias que ya no volverán

El zarapito fino (Numenius tenuirostris) surcó durante siglos los cielos de Eurasia y el norte de África. Su migración era parte del pulso natural entre continentes, una coreografía ancestral que hoy solo existe en registros científicos y relatos de observadores.

En el océano, el pequeño caracol Conus lugubris, endémico de Cabo Verde, también desapareció. Aunque su picadura era venenosa, cumplía una función clave en los ecosistemas marinos. Su pérdida es un recordatorio de que incluso las especies menos “carismáticas” sostienen la vida bajo la superficie.

Mamíferos que se extinguieron lejos del radar

La musaraña de la Isla de Navidad (Crocidura trichiura) fue vista por última vez en la década de 1980. Su desaparición se confirmó décadas después, cuando ya no quedaba rastro alguno de sus poblaciones. Pequeña, discreta y frágil, su historia resume el destino de muchas especies ignoradas.

Australia también perdió tres especies de bandicuts, marsupiales que durante siglos lograron adaptarse a ambientes extremos. Lo que no pudieron resistir fue la presión humana: pérdida de hábitat, especies invasoras y cambios en el uso del suelo terminaron por borrarlos del mapa.

Las especies extintas en 2025 se suman a una cifra aún más inquietante: más de 48,600 especies están hoy en peligro de extinción, lo que representa el 28 % de las evaluadas por la UICN. Algunos grupos enfrentan riesgos extremos, como las cícadas, los corales, los anfibios y los tiburones.

Este panorama no es estático. En los últimos cinco años, 310 especies pasaron oficialmente a la categoría de “Extinta”. Aunque parte del aumento se debe a proyectos de investigación más amplios, la tendencia confirma que la tasa de desaparición sigue creciendo.

Cómo se mide el riesgo de desaparecer

La UICN evalúa a las especies mediante criterios cuantitativos que analizan el tamaño de sus poblaciones, su distribución, el grado de fragmentación y la velocidad de su declive. Estos indicadores permiten estimar la probabilidad de extinción y clasificarlas desde “Preocupación Menor” hasta “Extinta”.

Este sistema no solo ordena datos; también establece prioridades de conservación. Cada categoría es una alerta temprana que, si se ignora, puede convertirse en una sentencia definitiva.

Las especies extintas en 2025 comparten patrones claros: destrucción de hábitat, sobreexplotación, introducción de especies invasoras, enfermedades emergentes y el impacto creciente del cambio climático. Ninguna de estas amenazas actúa de forma aislada; se refuerzan entre sí.

En muchos casos, la presión humana acelera procesos que, de otro modo, tomarían siglos. La diferencia hoy es la velocidad: los ecosistemas no logran adaptarse con la misma rapidez con la que se transforman.

Un reto que también es corporativo y social

Para quienes trabajan en responsabilidad social, esta crisis no es ajena. La pérdida de biodiversidad afecta cadenas de suministro, seguridad alimentaria, estabilidad económica y bienestar comunitario. No es solo un problema ambiental, es un riesgo sistémico. Integrar la conservación en las estrategias empresariales ya no es opcional. Proteger la naturaleza es proteger la continuidad de los modelos de negocio, las comunidades y los recursos de los que dependemos.

Las especies extintas en 2025 son más que una estadística alarmante: son un reflejo de nuestra relación con el planeta. Cada nombre en la Lista Roja representa una oportunidad perdida para actuar a tiempo y una señal de que la sostenibilidad debe ir más allá del discurso.

Frente a esta crisis silenciosa, el desafío es transformar la conciencia en acción. La biodiversidad no es un recurso infinito, y su desaparición es una advertencia clara: proteger la vida en todas sus formas es, en última instancia, proteger nuestro propio futuro.

Solo 35% de las empresas se prepara para el impacto del cambio climático

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El cambio climático dejó de ser una advertencia lejana para convertirse en una variable crítica que ya está afectando la productividad, la salud y la estabilidad de los mercados. Hoy, las disrupciones ambientales redefinen cadenas de suministro, elevan costos operativos y exponen la fragilidad de modelos de negocio que no fueron diseñados para un planeta en transformación. En este contexto, hablar de sostenibilidad ya no es una conversación aspiracional, sino una discusión sobre continuidad empresarial y competitividad a largo plazo.

Sin embargo, la brecha entre lo que las organizaciones reconocen y lo que realmente integran en su estrategia sigue siendo alarmante. A pesar de la evidencia, solo una minoría se prepara de forma estructural para enfrentar estos riesgos. El informe Crecimiento frente a la disrupción climática, presentado en el Foro Económico Mundial, confirma esta distancia: mientras los riesgos ambientales escalan en la agenda global, las empresas frente al cambio climático avanzan con lentitud, sin incorporar aún estos factores como ejes centrales de decisión.

Empresas frente al cambio climático: un riesgo que ya es financiero

De acuerdo con Aristegui Noticias, los riesgos ambientales llevan ocho años consecutivos entre las principales amenazas económicas globales. No se trata únicamente de eventos extremos, sino de impactos sistémicos que afectan la productividad, la salud y la estabilidad social. Las proyecciones indican pérdidas de más de 1.5 billones de dólares anuales hacia 2050 si no se adoptan medidas de adaptación.

Para las compañías, esto se traduce en impactos directos en su operación de hasta 1.2 billones de dólares por año. Índices globales advierten que sin estrategias claras, el riesgo climático deja de ser externo y se convierte en un factor material que compromete resultados, valor de mercado y reputación.

Del discurso a la estrategia: la brecha del 35%

A pesar de estas cifras, solo 35% de las organizaciones cuenta con planes sólidos para adaptarse a los cambios físicos del planeta. Esto revela una desconexión profunda entre el reconocimiento del problema y su incorporación real en la gestión corporativa.

La mayoría de las compañías continúa tratando el clima como un tema paralelo, aislado de la planeación financiera y del gobierno corporativo. En consecuencia, las empresas frente al cambio climático permanecen en una zona de alto riesgo, reaccionando tarde a disrupciones que ya están ocurriendo.

El papel del consejo de administración

Uno de los grandes retos es que el riesgo climático aún no se asume como una responsabilidad fiduciaria. Desde la perspectiva de Chapter Zero, los consejos deben entender que el impacto financiero del cambio climático los obliga a integrar este tema como parte central de su mandato.

Cuando el consejo lidera la conversación, la sostenibilidad deja de ser un área operativa para convertirse en un eje estratégico. Esto permite alinear decisiones de inversión, innovación y crecimiento con una visión de largo plazo que proteja el valor de la empresa.

En México, el trabajo con consejeros ha demostrado que la formación es clave para romper inercias. Programas ejecutivos especializados traducen variables ambientales en lenguaje de negocio, mostrando cómo afectan la productividad, la operación y el desempeño financiero.

Con alrededor de 30 horas de formación en clima, naturaleza y sostenibilidad, los participantes adquieren herramientas prácticas para evaluar riesgos, identificar oportunidades y replantear modelos de negocio. Este enfoque busca que las empresas frente al cambio climático pasen de la reacción a la anticipación.

Cuatro principios para una transformación real

El primer principio establece que los temas climáticos son responsabilidad directa del consejo, por su impacto financiero. El segundo señala que la estrategia climática debe ser parte integral de la estrategia de negocio, no un apéndice.

El tercer principio se enfoca en identificar riesgos y oportunidades materiales, con datos estructurados y gobernanza clara. El cuarto pone énfasis en el reporte y la transparencia, garantizando que la información ambiental sea tan consistente como la financiera.

Del riesgo a la oportunidad

Cuando el consejo comprende el impacto de la crisis climática, también identifica nuevas oportunidades: innovación, eficiencia, nuevos mercados y modelos de negocio alineados con una economía baja en carbono y circular.

Este cambio de enfoque permite que la sostenibilidad deje de verse como un costo y se convierta en un motor de resiliencia y competitividad. Así, las empresas frente al cambio climático pueden construir ventajas en un entorno cada vez más incierto.

La crisis climática no es un escenario futuro, es una condición presente que redefine las reglas del juego. Ignorarla no solo incrementa los riesgos, también limita la capacidad de adaptación y crecimiento de las organizaciones. Integrar estos factores en la toma de decisiones ya no es opcional.

Las empresas que comprendan esta transformación y actúen desde su máximo órgano de gobierno estarán mejor preparadas para enfrentar la disrupción. El verdadero reto no es reconocer el problema, sino convertirlo en una palanca estratégica para asegurar la permanencia y el valor en el largo plazo.

¿Qué es el “capital reputacional” y cómo impacta en el valor real de una empresa?

Durante años, las organizaciones midieron su éxito únicamente en términos financieros, confiando en que los números reflejaban su verdadera fortaleza. Sin embargo, los escándalos corporativos, las crisis sociales y la hipertransparencia digital demostraron que los activos intangibles pueden destruir o multiplicar valor en cuestión de horas. Hoy, la confianza se ha convertido en una moneda más poderosa que cualquier inversión material.

En este contexto surge una pregunta clave: qué es el capital reputacional y por qué se ha transformado en un factor estratégico. No se trata de una tendencia pasajera, sino de un componente estructural del valor de marca. Comprenderlo implica reconocer que cada decisión impacta la percepción pública y, por ende, la viabilidad del negocio.

Qué es el capital reputacional y por qué ya no es intangible

Qué es el capital reputacional sino la suma de percepciones, emociones y expectativas que los grupos de interés proyectan sobre una empresa a partir de su comportamiento. No vive en un balance contable, pero se manifiesta en la preferencia de clientes, en la lealtad de empleados y en la confianza de inversionistas. Es un activo vivo que se construye todos los días.

Este capital no se compra ni se improvisa; se cultiva a partir de coherencia entre discurso y acción. Cada política interna, cada alianza y cada respuesta ante una crisis deja una huella que refuerza o debilita la credibilidad. Por eso, su valor no depende de campañas, sino de consistencia.

Cuando una organización entiende que la reputación es una forma de capital, deja de verla como un área aislada. Comienza a integrarla en su estrategia, conectando sostenibilidad, gobernanza y propósito. Así, lo intangible se vuelve medible a través de impactos reales en el negocio.

De la percepción al valor económico

El capital reputacional se traduce en preferencia, y la preferencia se traduce en ingresos. Una marca confiable reduce costos de adquisición, retiene talento y accede con mayor facilidad a financiamiento.

En mercados saturados, la reputación se convierte en un diferenciador tan relevante como el precio o la calidad.

Las empresas con una narrativa creíble logran resistir mejor las crisis porque cuentan con un “colchón de confianza”. Este respaldo no elimina el riesgo, pero sí amortigua sus efectos y acelera la recuperación. La reputación actúa como un seguro invisible que protege el valor de la organización.

En este sentido, qué es el capital reputacional no es una pregunta teórica, sino una ecuación práctica. Donde hay coherencia, hay estabilidad; donde hay confianza, hay crecimiento sostenible. La reputación deja de ser un intangible para convertirse en un motor económico.

El rol de la sostenibilidad en la construcción de confianza

La sostenibilidad dejó de ser un área complementaria para convertirse en un pilar de credibilidad. Las empresas que integran criterios sociales, ambientales y de gobernanza en su estrategia fortalecen su reputación porque demuestran visión de largo plazo. No se trata de “verse bien”, sino de “hacerlo bien”.

Cuando las acciones responden a necesidades reales de la comunidad, se genera una conexión emocional con los grupos de interés. Esa conexión es la base de una reputación sólida, porque trasciende el producto y se ancla en valores compartidos. La empresa deja de ser solo una marca para convertirse en un actor social.

Aquí, qué es el capital reputacional se entiende como el reflejo de una gestión responsable. Cada iniciativa auténtica suma credibilidad, mientras que cualquier incoherencia resta confianza.

La sostenibilidad no es el discurso: es la evidencia.

Liderazgo, cultura y reputación corporativa

El capital reputacional comienza dentro de la organización. Los colaboradores son los primeros embajadores de la marca y, al mismo tiempo, los primeros críticos. Una cultura alineada con el propósito fortalece la credibilidad hacia afuera porque nace de una convicción real.

El liderazgo juega un papel decisivo en este proceso. Las decisiones éticas, la transparencia y la escucha activa construyen una narrativa coherente que se replica en todos los niveles. Cuando el ejemplo viene desde arriba, la reputación se vuelve parte del ADN corporativo.

Así, qué es el capital reputacional se conecta directamente con la cultura interna. No puede existir una marca confiable sin personas que crean en ella. La reputación no se impone: se vive.

Gestión de riesgos y resiliencia reputacional

Las crisis son inevitables, pero su impacto depende de la fortaleza reputacional previa. Las organizaciones con credibilidad enfrentan los errores con mayor margen de maniobra, porque la sociedad les concede el beneficio de la duda. La reputación funciona como un amortiguador estratégico.

Gestionar este capital implica anticipar riesgos, monitorear percepciones y responder con transparencia. No se trata de controlar la narrativa, sino de asumir responsabilidades con coherencia. Cada crisis es una oportunidad para demostrar valores.

Desde esta perspectiva, qué es el capital reputacional también es una herramienta de resiliencia. Permite atravesar momentos críticos sin perder legitimidad, siempre que exista una base sólida de confianza.

Medir lo invisible: indicadores y estrategia

Aunque intangible, el capital reputacional puede analizarse a través de métricas de confianza, engagement, atracción de talento y percepción de marca. Estas señales permiten evaluar cómo las acciones impactan en la credibilidad de la empresa. Lo que no se mide, no se gestiona.

Integrar estos indicadores en la estrategia corporativa ayuda a tomar decisiones más conscientes. La reputación deja de ser reactiva para convertirse en un eje de planificación. Cada proyecto se evalúa no solo por su rentabilidad, sino por su impacto reputacional.

Comprender qué es el capital reputacional también implica asumir que su gestión requiere inversión, tiempo y coherencia. No es un resultado inmediato, sino un proceso continuo de construcción.

El capital reputacional es el puente entre lo que una empresa dice y lo que realmente es. Su valor no se limita a la percepción, sino que se traduce en estabilidad, crecimiento y legitimidad social. En un entorno donde la confianza es escasa, las organizaciones que la cultivan se posicionan como referentes.

Entender qué es el capital reputacional es reconocer que la reputación no es un accesorio, sino un activo estratégico que define el futuro de las empresas. Aquellas que lo gestionen con autenticidad no solo sobrevivirán, sino que liderarán el cambio hacia modelos de negocio más responsables y sostenibles.

¿Puede el evento deportivo más grande del mundo ser sostenible? El reto del Super Bowl LX

El Super Bowl no solo es una final deportiva: es un ritual global que conecta a más de 120 millones de personas frente a una pantalla, alrededor de un mismo espectáculo. Cada pase, cada anuncio y cada acorde del show de medio tiempo convierten a este evento en un fenómeno cultural con un impacto que va mucho más allá del deporte. Pero junto con esa magnitud también llegan preguntas incómodas sobre su huella ambiental.

De acuerdo con un artículo de Sustainability Mag, en 2026, el Super Bowl LX vuelve a poner el tema en la conversación pública, no como un accesorio, sino como parte central del relato. Con la presión de la opinión global y la urgencia climática como telón de fondo, la NFL, PepsiCo y Levi’s Stadium buscan demostrar que un Super Bowl LX sostenible no es una utopía, sino un experimento real a escala masiva que podría redefinir cómo se conciben los grandes eventos.

El escenario del desafío global

El domingo 8 de febrero de 2026, los New England Patriots y los Seattle Seahawks se enfrentarán en el Levi’s Stadium, casa de los San Francisco 49ers. No se trata solo de una final más, sino del evento deportivo más visto del planeta, con una logística comparable a la de una ciudad temporal. Energía, agua, alimentos y residuos se mueven en volúmenes extraordinarios.

Cada Super Bowl deja tras de sí toneladas de desechos y una huella difícil de justificar en tiempos de emergencia ambiental. Por eso, la edición LX se convierte en un laboratorio vivo para probar si es posible reducir impactos sin sacrificar la experiencia del fan. La pregunta ya no es si se debe intentar, sino cómo hacerlo.

La expectativa es alta, porque el alcance mediático del evento puede amplificar cualquier avance. Lo que funcione aquí tiene el potencial de replicarse en otros estadios y ligas. En ese sentido, el reto es tan simbólico como operativo.

PepsiCo y la apuesta por la reutilización

Una de las iniciativas más visibles nace de la alianza entre los 49ers y PepsiCo, que introdujo vasos reutilizables en el estadio desde la pretemporada 2025. Estos recipientes duraderos se integran en un sistema de circuito cerrado: el fan devuelve el vaso, se desinfecta y vuelve a circular. La lógica es simple, pero el impacto es profundo.

Durante la temporada regular, este modelo evitó que más de 32.000 vasos desechables terminaran en vertederos. Para el Super Bowl LX, el programa se ampliará con más contenedores de retorno y zonas piloto en áreas de asientos seleccionadas. Bold Reuse y Levy se encargan de la operación, demostrando que la logística de la reutilización es posible incluso en eventos de alta densidad.

Burgess Scott Davis, director de sostenibilidad de PepsiCo Norteamérica, lo resume con claridad: avanzar en la reutilización requiere colaboración y un cambio sistémico.

No se trata solo de tecnología, sino de transformar hábitos y hacer que la opción sostenible sea la más conveniente.

¿Qué tan viable es un Super Bowl LX sostenible?

Más allá de los vasos, la estrategia se extiende a la gestión integral de residuos. PepsiCo apoya la instalación de unidades Oscar Sort, sistemas interactivos con inteligencia artificial que guían a los asistentes para clasificar correctamente sus desechos. La tecnología se convierte así en una aliada pedagógica.

Se suman más de 200 contenedores de reciclaje plegables y reutilizables distribuidos por el estadio y zonas de eventos. Además, personal especializado en sostenibilidad estará disponible para orientar a los fanáticos, cerrando la brecha entre intención y acción. El objetivo es reducir la contaminación cruzada en los flujos de residuos.

Este enfoque integral muestra que un Super Bowl LX sostenible no depende de una sola medida, sino de un ecosistema de soluciones coordinadas. La experiencia del usuario sigue siendo prioritaria, pero ahora con una narrativa ambiental que invita a participar.

Donar, reutilizar y cerrar el ciclo

La NFL planea dar una segunda vida a los materiales y alimentos que queden tras el evento. Más de 30 organizaciones locales, entre bancos de alimentos y escuelas, recibirán donaciones que en ediciones pasadas superaron los 800.000 dólares en valor. Para 2026, se espera igualar o incluso superar esa cifra.

Esta fase posterior al evento es clave, porque conecta la sostenibilidad con la justicia social. No se trata solo de reducir residuos, sino de redistribuir recursos hacia quienes más los necesitan. Así, el impacto trasciende el estadio y se ancla en la comunidad.

Además, se están probando nuevos protocolos de clasificación que podrían convertirse en estándar para futuros eventos.

Cada Super Bowl se transforma en un ensayo que deja aprendizajes replicables.

Un legado verde para el Área de la Bahía

El compromiso no termina cuando se apagan las luces. La NFL busca dejar un “legado verde” en la región, priorizando donaciones y proyectos que generen beneficios duraderos. La idea es que el evento sea un catalizador de cambios locales, no una carga temporal.

Las organizaciones comunitarias participan activamente en este proceso, asegurando que los recursos se utilicen de manera estratégica. Este enfoque refuerza la noción de que la sostenibilidad no es un gesto simbólico, sino una inversión en resiliencia social.

Aquí, el Super Bowl LX sostenible se convierte en un puente entre el espectáculo global y la transformación local. Un recordatorio de que los grandes escenarios también pueden servir a causas mayores.

Colaboración como motor del cambio

Ninguna empresa puede resolver por sí sola los desafíos de los envases y los residuos. El valor de este esfuerzo radica en la colaboración entre la NFL, PepsiCo, el Levi’s Stadium y los propios fanáticos. Cada actor aporta una pieza al rompecabezas.

La participación del público es crucial. Devolver un vaso, separar un residuo o apoyar una donación son gestos pequeños, pero multiplicados por miles generan un efecto tangible. La sostenibilidad se vuelve un deporte de equipo.

Este modelo colaborativo ofrece una hoja de ruta para otros eventos masivos. No es perfecto, pero demuestra que el cambio sistémico empieza con alianzas estratégicas.

El poder de la visibilidad global

Con millones de personas observando, cada acción se amplifica. La narrativa del Super Bowl LX sostenible no solo se vive en el estadio, sino que viaja por pantallas de todo el mundo. La visibilidad convierte a la sostenibilidad en parte del espectáculo.

Este alcance tiene un efecto cultural: normaliza prácticas responsables y las presenta como parte del futuro del entretenimiento. Lo que antes era un esfuerzo silencioso ahora se integra al relato principal. Así, el evento no solo entretiene, sino que educa e inspira. La sostenibilidad deja de ser un tema de nicho para ocupar el centro del escenario.

El Super Bowl LX demuestra que incluso los eventos más complejos pueden reinventarse cuando existe voluntad, innovación y colaboración. No se trata de alcanzar la perfección, sino de avanzar con pasos concretos que marquen una diferencia real.

En ese camino, el Super Bowl LX sostenible se convierte en un símbolo de lo que es posible cuando el deporte, la industria y la comunidad trabajan juntos. Un recordatorio de que, incluso en los escenarios más grandes, cada acción cuenta.

El III Foro ESG Nuevo León de la Secretaría de Igualdad e Inclusión convierte la sostenibilidad social en una nueva oportunidad de negocio

Con la visión de que la sostenibilidad social puede y debe convertirse en una oportunidad real de negocio, Martha Herrera, Secretaria de Igualdad e Inclusión, anunció el III Foro ESG Nuevo León: Innovación como motor de Igualdad e Inclusión, que se llevará a cabo el próximo 3 de marzo en el Auditorio del EGADE Business School.

Martha Herrera, titular de la dependencia, destacó que desde la dependencia se impulsa una visión de gobierno que reconoce a las empresas como aliadas estratégicas del desarrollo social, generando sinergias que permiten vincular el crecimiento económico con causas sociales prioritarias. 

La Secretaría ha consolidado un modelo de colaboración público-privada que acompaña a las empresas para transformar su compromiso social en impacto medible, valor reputacional y ventajas competitivas reales.

“Nos propusimos desde el principio el trabajo colaborativo entre gobierno, academia, empresas, sociedad civil y gobierno estatal para poder realmente promover la sostenibilidad social dentro de las empresas. Entonces, Nuevo León, siendo un estado motor económico del país, pues definitivamente depende de la sostenibilidad de sus propias empresas. Y cuando hablo de la sostenibilidad de sus propias empresas, no hablo nada más de las empresas grandes, porque se creería que nada más las empresas grandes tienen que tener todos estos mecanismos para lograr su sostenibilidad económica, ambiental, social y de gobernanza”, dijo Martha Herrera. 

El Foro es un evento sin costo, abierto, inclusivo y con causa, diseñado para que empresas de todos los tamaños accedan a información estratégica, herramientas prácticas y casos reales que les permitan integrar la sostenibilidad social en sus modelos de negocio y cadenas de suministro, en línea con las exigencias de los mercados globales.

“Hoy las empresas no necesitan más discursos; necesitan aliados. Las empresas son generadoras de riqueza y bienestar, y cuando les va bien, le va bien a todo el estado. Desde el Gobierno de Nuevo León estamos construyendo un modelo que las acompaña para integrar la sostenibilidad social como una ventaja competitiva real, que les permita crecer, atraer inversión y abrirse a nuevos mercados”, afirmó Martha Herrera, Secretaria de Igualdad e Inclusión.

En un entorno donde las grandes inversiones que llegan al estado exigen cadenas de suministro responsables, la Secretaría impulsa este espacio como una vía para vincular a las empresas locales y a las personas a los beneficios del desarrollo económico, fortaleciendo la competitividad de Nuevo León frente a las cadenas globales de valor.

En este contexto, la academia y la formación de liderazgo juegan un papel clave para preparar a las empresas frente a los retos de la sostenibilidad, la innovación y la competitividad global.

Miguel Treviño, Director de la Sede Monterrey de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey, señaló que “la innovación, el conocimiento y la formación de líderes son factores clave para que las empresas puedan competir en un entorno global cada vez más exigente. Espacios como el Foro ESG Nuevo León permiten traducir la sostenibilidad social en capacidades reales para las organizaciones, fortaleciendo su toma de decisiones, su talento y su impacto en la economía y en la sociedad”.

Durante el Foro se abordarán temas clave sobre cómo aumentar la valuación empresarial a partir de criterios ESG, la innovación en proyectos de impacto social, los nuevos modelos de financiamiento con propósito y el uso responsable de la inteligencia artificial en sostenibilidad.

Además, se realizará el lanzamiento del curso en línea gratuito para el cálculo del Retorno Social de la Inversión (SROI), que permitirá a empresas y organizaciones medir, gestionar y comunicar su impacto social alineado a estándares internacionales.

Uno de los momentos centrales será la presentación de resultados y la entrega del Premio Igualdad e Inclusión Corporativa 2025, un esquema de acompañamiento diseñado a partir del análisis de 16 certificaciones y estándares internacionales, que hoy reconoce a 26 empresas de distintos tamaños y sectores, desde grandes corporativos hasta empresas pequeñas, instituciones educativas y organizaciones del sector creativo.

Desde la perspectiva del sector privado, las alianzas estratégicas se consolidan como un factor clave para convertir la sostenibilidad social en valor económico y en una ventaja competitiva sostenible en el tiempo.

Ana Margarita Garza-Villarreal, Directora de Asuntos Públicos LATAM de Clarios, destacó que “la visión que compartimos con la Secretaría y con la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey es la de sumar a cada vez más empresas a este ecosistema donde todos hacemos equipo para multiplicar el efecto positivo de nuestras acciones individuales. La invitación a empresas e instituciones de todos los tamaños es a informarse, prepararse, tomar conciencia y actuar con responsabilidad ante los desafíos que enfrentamos como estado y como humanidad, incluyéndonos como parte activa de la solución”.

Con este Foro, la Secretaría de Igualdad e Inclusión reafirma que la innovación con enfoque social no es un costo, sino una estrategia para hacer más y mejores negocios, impulsando proyectos público-privados que generan impacto medible, crecimiento económico y bienestar para las personas.

Para obtener más información o registrarse sin costo pueden visitar el sitio www.foroesgnuevoleon.com.

No cometa estos 5 errores de IA: una guía de sostenibilidad para la era de la IA

Por Vinod Bijlani, AI Practice Leader para APAC, HPE

A medida que la inteligencia artificial transforma las industrias a una velocidad vertiginosa, las organizaciones se apresuran a implementar soluciones de IA sin tener en cuenta su impacto ambiental. ¿El resultado? Una crisis oculta que amenaza tanto los objetivos medioambientales como la sostenibilidad empresarial. Aquí hay cinco errores críticos que debe evitar al crear su estrategia de IA.

1. Elegir modelos de gran tamaño para tareas simples

Implementar grandes modelos de lenguaje para tareas que los modelos de lenguaje pequeños podrían manejar con la misma eficacia.

Muchas organizaciones adoptan los modelos de IA más recientes y de mayor tamaño: pensando que cuanto más grande, mejor. Sin embargo, ejecutar inferencias en modelos masivos puede consumir entre 10 y 100 veces más energía por consulta que alternativas más pequeñas y optimizadas. Usar un modelo de 175 mil millones de parámetros para clasificar correos electrónicos de clientes o extraer datos básicos es como usar un camión de carga para hacer la compra. Considere si su caso de uso realmente requiere capacidades de vanguardia, o si un modelo más pequeño y eficiente—o incluso el aprendizaje automático tradicional—podría ofrecer resultados similares con una fracción del costo ambiental.

2. Ignorar la infraestructura y el despliegue de eficiencia energética

Ejecutar cargas de trabajo de IA sin optimizar la eficiencia energética ni considerar la intensidad de carbono de su infraestructura informática.

No todos los componentes de infraestructura o centros de datos son iguales en cuanto al uso de energía y las emisiones de carbono. Ejecutar el mismo modelo en centros de datos alimentados por carbón frente a aquellos que funcionan con energía renovable puede resultar en diferencias de hasta 10 veces en la huella de carbono. Del mismo modo, no implementar técnicas de optimización de modelos como la cuantificación, poda o destilación de conocimiento significa que sus modelos consumen cantidades innecesarias de energía durante la inferencia. Las organizaciones inteligentes auditan los compromisos de energía renovable de sus proveedores de centros de datos o en la nube y optimizan las arquitecturas de modelos para la eficiencia, no solo para precisión.

sostenibilidad IA

3. Descuidar las prácticas de gestión y almacenamiento de datos

Almacenar grandes conjuntos de datos indefinidamente sin políticas de gobernanza, conduce a un consumo innecesario de energía en los centros de datos.

Los datos son el combustible de la IA, pero una mala higiene de datos genera costos ocultos enormes. Muchas organizaciones recopilan y almacenan grandes cantidades de datos “por si acaso,” sin políticas para la gestión del ciclo de vida de los datos. Los datos redundantes, obsoletos o triviales aún requieren energía para ser almacenados y respaldados. Implemente marcos de gobernanza de datos que evalúen regularmente el valor de los datos, establezcan políticas de retención y utilicen técnicas de compresión.

Considere si realmente necesita almacenar los datos sin procesar de manera permanente, o si se procesan, conjuntos de datos más pequeños serían suficientes para sus aplicaciones de IA.

4. No invertir en las personas y en una comunicación clara

Implementar IA sin capacitar adecuadamente a su fuerza laboral o comunicar cómo la IA complementará en lugar de reemplazar los roles humanos.

Una mala gestión del cambio en la adopción de la IA genera resistencia organizativa, reduce la eficiencia y, en última instancia, desperdicia la energía invertida en los sistemas de IA. Cuando los empleados temen la pérdida de empleo o carecen de las habilidades para trabajar eficazmente con herramientas de IA, las organizaciones enfrentan menores tasas de adopción, esfuerzos duplicados y resultados subóptimos. Esta fricción humana hace que las implementaciones de IA sean menos sostenibles tanto ambiental como económicamente. Una comunicación clara que posicione la IA como una herramienta colaborativa—ayudando a los humanos a centrarse en trabajos creativos y de mayor valor—combinada con programas de capacitación integral, asegura que sus inversiones en IA generen los beneficios previstos mientras se mantiene el compromiso y la productividad de la fuerza laboral.

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5. No medir y monitorear el impacto total de la IA en la sostenibilidad

Tratar la sostenibilidad de la IA como un pensamiento posterior en lugar de integrar la medición y el monitoreo desde el primer día de sus operaciones de IA.

Usted no puede gestionar lo que no se mide. La mayoría de las organizaciones no tienen visibilidad del consumo de energía ni de las emisiones de carbono de sus sistemas de IA, lo que hace imposible identificar oportunidades de optimización o realizar un seguimiento del progreso hacia los objetivos de sostenibilidad. Implemente herramientas y marcos de trabajo que monitoreen métricas clave de eficiencia, como tokens procesados por kilovatio-hora, solicitudes de inferencia por unidad de energía consumida, tiempo de respuesta del modelo frente a la carga computacional y emisiones de carbono por interacción del usuario. Realice un seguimiento tanto de los KPI de impacto ambiental (consumo de energía por tarea, reducción de la huella de carbono, porcentaje de uso de energía renovable) como de los KPI de aumento de productividad (reducción del tiempo de realización de tareas, horas humanas ahorradas, mejoras en la eficiencia de la automatización de procesos) junto con las métricas de rendimiento tradicionales como precisión y latencia. Este enfoque de medición dual permite la mejora continua, ayuda a identificar cuándo los modelos funcionan de manera ineficiente y proporciona métricas concretas para justificar inversiones en prácticas de IA más eficientes.

Incorporar la sostenibilidad en la IA desde el principio

La sostenibilidad de la IA no se trata solo de emisiones de carbono y mitigación de riesgos ambientales, es un negocio inteligente. Los sistemas de IA más eficientes reducen los costos operativos, mejoran el rendimiento y preparan las inversiones en tecnología para el futuro contra el aumento de los costos de energía y las regulaciones climáticas. Al evitar estos errores comunes, las organizaciones pueden aprovechar el poder transformador de la IA mientras construyen un futuro digital más sostenible.

La clave es integrar el pensamiento de sostenibilidad en su estrategia de IA desde el principio, no añadirlo posteriormente. A medida que la IA se vuelve omnipresente, las organizaciones que dominen las prácticas sostenibles de IA hoy tendrán una ventaja competitiva significativa mañana.

CONAGUA y HEINEKEN Water Challenge impulsan a emprendedores para convertir soluciones hídricas en proyectos de alto impacto

Con el objetivo de fortalecer el desarrollo de soluciones innovadoras para la gestión del agua en México y en el marco del Acuerdo Nacional por el Derecho Humano al Agua y la Sustentabilidad, la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), en colaboración con HEINEKEN México, brindó a emprendedores orientación estratégica durante el HEINEKEN Water Challenge 2025, una iniciativa que forma parte de los compromisos asumidos por HEINEKEN para contribuir activamente a la gestión responsable y sostenible del recurso hídrico en el país.

Este esfuerzo contó con el acompañamiento de aliados clave como el Tecnológico de Monterrey, Banco Santander y la Embajada de los Países Bajos en México, consolidando un espacio de colaboración multisectorial orientado a transformar la innovación en acciones concretas de impacto social y ambiental.

A través de esta iniciativa, CONAGUA y HEINEKEN México abrieron la oportunidad para que emprendedores con proyectos enfocados en la gestión, conservación y acceso al agua recibieran acompañamiento especializado, lo que permitió fortalecer sus modelos, evaluar su viabilidad técnica y potenciar su implementación en contextos reales. Este enfoque busca cerrar la brecha entre la innovación y la ejecución, uno de los principales desafíos que enfrentan los emprendimientos de impacto.

El HEINEKEN Water Challenge 2025 se consolidó como una plataforma que trasciende la generación de ideas, al priorizar proyectos con potencial de convertirse en soluciones aplicables y escalables. En este marco, la participación de CONAGUA contribuyó a enriquecer el diálogo y a brindar un referente institucional que permite a las iniciativas participantes visualizar posibles rutas para su desarrollo e implementación, alineadas con los objetivos del Acuerdo Nacional.

De acuerdo con datos de CONAGUA, el 96% de la población mexicana tiene acceso a fuentes mejoradas de agua potable, reflejo de avances importantes en infraestructura hídrica. Sin embargo, persisten desafíos significativos en la preservación de cuerpos de agua y en el acceso equitativo al recurso, especialmente en comunidades vulnerables. Frente a este panorama, la articulación entre sector público, iniciativa privada y emprendedores resulta clave para detonar soluciones innovadoras que complementen los esfuerzos públicos y contribuyan al cumplimiento del derecho humano al agua.

CONAGUA y HEINEKEN

Los proyectos apoyados se enfocan en dos áreas prioritarias:

  • Mejora de cuerpos de agua, mediante soluciones orientadas a la preservación, recuperación y reducción de contaminantes en ríos, lagos y otros ecosistemas.
  • Acceso al agua potable para comunidades vulnerables, con propuestas que buscan garantizar agua limpia y segura, mejorando la calidad de vida de las personas.

Con este esfuerzo conjunto, CONAGUA y HEINEKEN México reafirman su compromiso con el Acuerdo Nacional por el Derecho Humano al Agua y la Sustentabilidad, impulsando el talento emprendedor como un aliado estratégico para la gestión sostenible del agua. A través del HEINEKEN Water Challenge 2025, ambas instituciones fortalecen una plataforma que conecta innovación, impacto social y acción concreta, con una meta compartida: transformar buenas ideas en proyectos reales que contribuyan a una gestión responsable y sostenible del agua en México.