En diciembre de 2025, la Fundación Distribuidores Nissan conmemoró 25 años de trabajo continuo a favor de la educación de niñas y niños en México, consolidándose como una de las iniciativas empresariales más relevantes en materia de infraestructura educativa en el país. En este marco, la Fundación anunció la renovación de su Consejo Directivo, encabezado por Miguel Zapata, vicepresidente de la Fundación, quien acompañará la agenda de proyectos de construcción y reconstrucción de escuelas que se desarrollarán durante 2026.
Durante 2025, la Fundación dio inicio a diversos proyectos de construcción y reconstrucción de escuelas en distintas regiones del país, como parte de su compromiso por fortalecer la infraestructura educativa, los cuales se encuentran en proceso y se prevé que concluyan a lo largo de 2026. Asimismo, para este año se tiene contemplado el desarrollo de tres nuevas construcciones y cuatro reconstrucciones, proyectos que permitirán ampliar el impacto educativo de la Fundación y beneficiar a más de 1,680 niñas y niños, reafirmando su compromiso de largo plazo con el acceso a espacios educativos dignos, seguros y funcionales en zonas de alta necesidad.
Como parte de la conmemoración por sus 25 años, la Fundación realizó un reconocimiento especial a los vicepresidentes de los estados de Coahuila, Estado de México, Jalisco, Nuevo León, Oaxaca, Sinaloa y Nayarit, quienes a lo largo de estos 25 años han sido clave en la continuidad, crecimiento y fortalecimiento del proyecto, destacando su compromiso social y su cercanía con las comunidades beneficiadas.
Desde su creación, la Fundación Distribuidores Nissan ha enfocado sus esfuerzos en reducir la desigualdad educativa mediante la construcción, equipamiento y donación de escuelas públicas. A lo largo de estos 25 años, se han construido y donado más de 120 escuelas en 29 estados de la República Mexicana, beneficiando directamente a 1.4 millones de alumnas y alumnos, así como a 44 mil docentes, con una inversión acumulada superior a 535 millones de pesos destinada al fortalecimiento de la educación en México.
Las escuelas construidas por la Fundación cuentan actualmente con seis aulas, dos áreas de dirección, aula de usos múltiples, plaza cívica, cooperativa, bebederos, infraestructura de voz y datos, accesos para personas con discapacidad, mobiliario y sanitarios, además de materiales prefabricados de alta calidad con características antisísmicas y antiinflamables. A partir de 2025, la Fundación inició un proceso de mejora de su modelo educativo, incorporando zonas de alimentos al aire libre, patios techados y sanitarios exclusivos para docentes, mejoras que continuarán implementándose durante 2026.
En alianza con Robotix, la Fundación impulsa programas de robótica educativa que fortalecen las habilidades tecnológicas de los estudiantes. En 2025 se llevó a cabo la First Lego League, en la que se capacitó a docentes y se benefició a 5,600 alumnos mediante la presentación virtual de proyectos finales titulada “Cuidando nuestros océanos”, con la participación de 12 escuelas enfocadas en propuestas para reducir la contaminación marina y proteger a las especies.
El compromiso social de la Fundación también se refleja en acciones de voluntariado corporativo y apoyo comunitario. En colaboración con Grupo Tollocan, se llevó a cabo la Kermés Nissan en una escuela de Atlacomulco, beneficiando a más de 200 alumnas y alumnos. Asimismo, en conjunto con Sicrea, se realizó una jornada de voluntariado en una escuela de Texcoco, impactando a más de 240 estudiantes. De igual forma, junto con Grupo Car One, la Fundación brindó apoyo a las familias damnificadas de Poza Rica tras las inundaciones ocasionadas por la tormenta tropical Raymond, mediante el envío de más de 21,415 artículos, reafirmando su vocación solidaria y su cercanía con las comunidades donde tiene presencia.
Con 25 años de trayectoria, la Fundación Distribuidores Nissan mantiene firme su compromiso de seguir impulsando la educación como una herramienta clave para reducir la desigualdad y generar oportunidades de desarrollo para las futuras generaciones.
El Director Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe, Roberto Benes, realiza una visita oficial a México del 19 al 23 de enero, para concertar con las autoridades una agenda común de derechos de niñas, niños y adolescentes en el país para los seis próximos años.
“México es un país de suma importancia y centralidad para UNICEF en América Latina y el Caribe, no solo por la escala y ambición de su programa, sino por la capacidad de liderazgo del Gobierno Mexicano así como del sector privado a nivel regional y global en favor de la niñez”, señaló Roberto Benes. “Esta visita busca fortalecer ese liderazgo en un momento decisivo, con una agenda ambiciosa que pone a la niñez en el centro de las políticas públicas en México”.
Diálogo con los tres niveles de poder
Durante su visita, el Director Regional sostendrá reuniones con autoridades federales del poder ejecutivo, legislativo y judicial, así como con gobiernos estatales y municipales. Entre los encuentros destacan reuniones con la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la Secretaría de Relaciones Exteriores, así como con autoridades de los sectores de salud, educación y protección social.
Estos diálogos buscan consolidar compromisos políticos a favor de la niñez, profundizar la cooperación en temas como prevención de la violencia, primera infancia, salud y nutrición, educación inclusiva y sistemas de protección, e identificar áreas en las que México puede seguir siendo un referente regional e internacional.
Copa Mundial 2026: una oportunidad para proteger a la niñez
La visita ocurre también en la antesala de la Copa Mundial de la FIFA 2026, que México albergará junto con Estados Unidos y Canadá. En este contexto, el Director Regional realizará una visita de terreno a Guadalajara y Zapopan, Jalisco, donde se reunirá con autoridades estatales y municipales, el poder legislativo local y el comité anfitrión de la sede.
Uno de los momentos clave será la visita al Estadio Akron, donde se presentarán avances del Protocolo de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes impulsado por el Gobierno de Jalisco y UNICEF en el Marco de la Copa Mundial, así como iniciativas de crianza positiva, prevención de la violencia y fortalecimiento de los sistemas de respuesta.
“Los grandes eventos deportivos pueden y deben ser espacios seguros y protectores para niñas, niños y adolescentes, y una oportunidad para construir alianzas y nuevos compromisos”, subrayó Benes.
Alianzas amplias y participación juvenil
La agenda incluye además encuentros con organizaciones de la sociedad civil, empresariado y filantropía, así como diálogos con adolescentes y jóvenes, reconociendo su papel central en el nuevo Programa de País.
“Los avances sostenibles para la infancia solo son posibles cuando gobierno, sociedad civil, sector privado y jóvenes trabajan juntos”, señaló Roberto Benes. “Compartimos con el Gobierno de México una visión compartida para los próximos seis años: invertir en la niñez no solo es un imperativo ético, es una decisión estratégica para el desarrollo de México y de América Latina, con beneficio sociales y económicos”.
Con esta visita, México y UNICEF reafirmarán su compromiso conjunto con los derechos de la niñez y adolescencia, y con una agenda transformadora que busca garantizar un presente y un futuro más justo, seguro y equitativo para todas las niñas y los niños.
La visita se da en el marco del inicio del Programa de País de UNICEF en México 2026–2031, que será presentado ante la Junta Ejecutiva de UNICEF en febrero de 2026, y busca cerrar brechas, fortalecer sistemas y ampliar soluciones conjuntas de la mano de los gobiernos federal y estatales, así como con aliados del sector privado, la sociedad civil y con las y los adolescentes y jóvenes.
El inicio de 2026 encuentra al mundo en un punto de inflexión. Crisis climática, conflictos geopolíticos, desigualdades sociales crecientes, disrupciones tecnológicas y una economía global bajo presión marcan la agenda internacional. En este contexto, el Foro Económico Mundial de Davos 2026 vuelve a colocar en el centro una pregunta clave: ¿qué papel deben asumir las empresas para enfrentar los grandes desafíos de nuestro tiempo?
Lejos de ser un tema secundario, la sostenibilidad se ha convertido en uno de los ejes centrales de la conversación global. En Davos, líderes políticos, económicos y sociales coinciden en que la transformación hacia modelos más responsables ya no es opcional, sino una condición para la estabilidad económica, la competitividad y la paz social.
En este escenario, iniciativas como el Pacto Global de las Naciones Unidas adquieren una relevancia estratégica, particularmente en países como México, donde el sector empresarial juega un papel decisivo para acelerar soluciones a escala.
El más reciente Estudio de CEOs 2025 del Pacto Global de la ONU y Accenture advierte que el mundo avanza más lento de lo necesario frente a sus compromisos globales:
Solo 35 % de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible están actualmente encaminadas a cumplirse.
2024 fue el primer año en superar de forma sostenida el umbral de 1.5 °C establecido por el Acuerdo de París.
Persisten brechas profundas en temas de pobreza, acceso a salud, educación, igualdad de género y trabajo digno.
Ante este panorama, el estudio revela un dato clave: 88 % de los CEOs considera que el argumento empresarial a favor de la sostenibilidad es hoy más fuerte que hace cinco años, y 99 % planea mantener o incrementar sus compromisos en esta materia.
La sostenibilidad, entonces, ya no es solo un imperativo ético, sino un factor central de competitividad, resiliencia y creación de valor a largo plazo.
En México, esta agenda encuentra un aliado estratégico en Pacto Global Red México, que impulsa a las empresas a alinear sus operaciones con los Diez Principios universales en derechos humanos, estándares laborales, medio ambiente y anticorrupción, así como con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Más allá de la adhesión formal, el valor del Pacto Global radica en su capacidad para traducir los grandes acuerdos internacionales en acciones concretas dentro de las empresas:
Integración de criterios ESG en la estrategia corporativa.
Medición y reporte de impactos sociales y ambientales.
Fortalecimiento de cadenas de valor responsables.
Capacitación directiva y técnica en sostenibilidad.
Acciones concretas que mejoren el entorno que las empresas impactan.
En un entorno global cada vez más exigente, estas herramientas permiten que las empresas mexicanas no solo cumplan estándares internacionales, sino que se anticipen a regulaciones, demandas de inversionistas y expectativas de consumidores.
El CEO Study 2025 también identifica una brecha crítica: aunque el compromiso es alto, solo la mitad de los CEOs se siente completamente cómoda comunicando públicamente sus avances, y muchos reconocen dificultades para integrar la sostenibilidad en el corazón del negocio.
Para México, este momento representa una oportunidad única. Fortalecer su competitividad internacional.
Acceder a mercados e inversiones con criterios ESG.
Reducir riesgos reputacionales y operativos.
Contribuir activamente al desarrollo económico y social del país.
En un mundo donde Davos discute el futuro del capitalismo, México puede jugar un papel protagónico si logra articular un sector empresarial comprometido, innovador y alineado con los grandes objetivos globales.
Los desafíos que hoy enfrenta el mundo no admiten soluciones aisladas. Requieren liderazgo empresarial, cooperación internacional y una visión de largo plazo.
En un contexto global marcado por la urgencia, la pregunta ya no es si las empresas deben actuar, sino qué tan rápido y con qué profundidad están dispuestas a hacerlo.
Deben de pasar de pequeñas acciones aisladas a decisiones integradas al negocio que generen un impacto real a a larzo.
En COMUNAL somos parte de Pacto Global México desde hace 3 años y hoy quiero invitarte a adherir a tu empresa para alinear sus estrategias, tener una guía clara y herramientas que te apoyen a tener acciones alineadas a los ODS.
Aldo Farrugia es un mexicano comprometido con el altruismo y la RS. Fundador y Director de Comunal, una agencia que promueve el impacto social mediante consultoría, marketing con causa y conferencias. También preside la Fundación Comunal, dedicada al fortalecimiento de organizaciones sin fines de lucro.
Con una formación en Mercadotecnia y certificaciones en Estrategia Comercial y Sostenibilidad, ha colaborado con más de 50 ONGs, enfocándose en ayudar a diversos grupos vulnerables, desde personas con discapacidad hasta pacientes con cáncer.
Busca transformar el individualismo en activismo, fomentando la empatía y la participación social entre los mexicanos. En 2023, desafió sus propios límites al correr el maratón de la CDMX a ciegas para apoyar a niños con retinoblastoma, logrando recaudar más de $500,000 mxn y obteniendo un Récord Guinness.
Cada inicio de año, el análisis de riesgos globales presentado en Davos se convierte en una suerte de termómetro del estado del mundo. Gobiernos, empresas y mercados observan con atención qué amenazas suben, cuáles bajan y cuáles dominan la conversación. Para quienes promovemos la sostenibilidad, suele ser un ejercicio casi automático subrayar cómo los riesgos ambientales —el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación— terminan afectando, tarde o temprano, al desempeño económico.
Este año, sin embargo, una lectura superficial podría llevar a conclusiones equivocadas.
En el corto plazo, el ranking vuelve a colocar en primer plano riesgos no ambientales: confrontación geoeconómica, polarización social, desinformación, conflictos armados, ciberseguridad. Los riesgos ambientales no desaparecen, pero ceden protagonismo inmediato frente a un contexto marcado por tensiones políticas, fragmentación económica y urgencias operativas. Para algunos, esto podría interpretarse como una señal de que la sostenibilidad pierde relevancia.
Foro Económico Mundial
La lectura fina es otra
A diez años, los riesgos ambientales siguen encabezando el diagnóstico global. Fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad, colapso de ecosistemas y cambios críticos en los sistemas de la Tierra no solo permanecen: dominan. Nadie serio los niega. Lo que cambia no es la comprensión del riesgo, sino la forma en que los tomadores de decisión administran el tiempo.
Y es que cuando el corto plazo manda…
El contexto geopolítico actual obliga a priorizar el corto plazo. No por falta de visión, sino por diseño del sistema. Las grandes empresas globales deben responder a mercados trimestre a trimestre. El capital gestiona portafolios bajo esquemas de evaluación constante. Las decisiones no se toman en ciclos largos ideales, sino en ventanas cada vez más estrechas, presionadas por volatilidad, regulación, conflictos y expectativas inmediatas.
En ese escenario, las urgencias —reales— tienden a deslumbrar incluso a los grandes actores económicos. No porque ignoren los riesgos estructurales, sino porque no pueden permitirse fallar en el presente mientras gestionan el futuro.
Este matiz es clave para entender lo que está ocurriendo con la agenda ESG, CSR y de sostenibilidad en general.
No es retirada, es cambio de fase
Durante años, la sostenibilidad avanzó impulsada por una combinación poderosa: autorregulación corporativa, presión de cadenas de valor globales, estándares voluntarios, compromisos públicos y una narrativa compartida entre empresa, capital y reguladores. En países como México, ese impulso llegó principalmente desde fuera: multinacionales, marcos internacionales, prácticas de debida diligencia y expectativas de clientes globales.
La autorregulación fue un motor real. Permitió avances, capacidades internas y aprendizajes que hoy existen y no desaparecen.
Lo que estamos viendo ahora no es el abandono de esa agenda, sino su entrada en una fase más exigente y menos romántica. Una fase en la que la sostenibilidad deja de ser épica y se convierte en gestión de tensiones: entre corto y largo plazo, entre eficiencia y resiliencia, entre discurso y operación.
Las empresas globales ya no deciden únicamente dónde optimizar, sino dónde protegerse. Regionalizan operaciones, duplican cadenas de suministro y aceptan mayores costos a cambio de menor exposición política. No porque hayan dejado de creer en la sostenibilidad, sino porque el terreno donde se ejecuta cambió.
El capital se repliega del discurso
En paralelo, el capital financiero ha ajustado su rol. No ha dejado de reconocer los riesgos climáticos o sociales; ha dejado de liderar la narrativa pública. En un entorno altamente politizado, el capital reduce su exposición discursiva y concentra su atención en integrar riesgos en modelos, valuaciones y decisiones operativas.
www.responsible-investors.com
No se trata de una marcha atrás ideológica. Es una adaptación estratégica. Cuando el entorno se fragmenta y la política invade la economía, predicar se vuelve costoso. Gestionar se vuelve prioritario.
Aquí no termina el ESG; termina una etapa de ingenuidad: la idea de que la sostenibilidad avanzaría sin fricción, sin costos y sin conflictos.
Un escenario retador… pero no para todos
Este contexto impacta principalmente a las empresas globales cuya fortaleza histórica se construyó sobre las bondades de la globalización: escala, eficiencia, cadenas largas, arbitraje regulatorio y optimización financiera. Cuando ese terreno se fragmenta, su competitividad se ve comprometida. El capital global también pierde parte de la claridad con la que marcaba el paso.
The Economist
La contracción del modelo global abre espacio para grandes empresas locales y regionales que conocen su entorno, operan cadenas más cortas y entienden mejor a sus comunidades, reguladores y mercados. Para ellas, una estrategia de sostenibilidad y responsabilidad bien integrada al negocio puede convertirse en una ventaja real, no discursiva.
Quizá lo que pierde fuerza no es la sostenibilidad, sino una versión de ESG excesivamente estandarizada, financiera y homogénea, pensada para un mundo sin fricción. Lo que emerge es una sostenibilidad más situada, más operativa y más vinculada a la viabilidad del negocio.
Seamos honestos: hoy, más que ayer, ser responsable es buen negocio. No por virtud moral, sino por estrategia. Reduce riesgos, fortalece resiliencia, construye licencia social y protege mercado.
No todas las empresas medianas aprovecharán este momento. Algunas, que creían jugar en liga global solo por imitación discursiva, se verán arrastradas por la contracción. Pero las más ágiles, las que lean bien el contexto y entiendan la sostenibilidad como estrategia —no como cosmética— podrán ganar posición y, con ello, mercado.
¡Hay que leer el mapa completo!
La geopolítica actual no es permanente. Como otros momentos de alta fricción, pasará. Pero dejará huella. Y esa huella marcará una sostenibilidad más madura, más exigente y menos complaciente.
La gestión responsable no está retrocediendo. Está siendo puesta a prueba. Y las pruebas, casi siempre, separan a quienes seguían el ritmo de quienes realmente estaban preparados para marcarlo.
Quizá este sea un buen momento para dejar de preguntar si la sostenibilidad sigue vigente y empezar a preguntarnos quién sabrá capitalizarla cuando deja de ser cómoda.
Ahí es donde empieza, de verdad, la siguiente etapa.
¡A chambear colegas!
Actualización | Davos, 21 de enero de 2026
Un día después de la publicación de este artículo, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, puso palabras a un entorno que ayuda a entender mejor lo aquí planteado. En su discurso en Davos afirmó: “We are in the midst of a rupture, not a transition”, aludiendo a un contexto geopolítico y económico más fragmentado y menos predecible.
WEF – 2026
Horas más tarde, la reacción pública del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, terminó de ilustrar ese mismo entorno. En respuesta al discurso de Carney, señaló: “Canada lives because of the United States. Remember that, Mark, the next time you make your statements.” Más allá del tono, la frase funciona como evidencia de cómo hoy el poder, la dependencia y la presión pública forman parte del marco en el que gobiernos, empresas y mercados toman decisiones.
WEF 2026
Leído desde la agenda de sostenibilidad, lo ocurrido no contradice el planteamiento original; lo vuelve más nítido. La urgencia que domina muchas decisiones no es coyuntural ni exagerada: responde a un entorno donde la volatilidad es estructural y el costo de la exposición —económica, política o reputacional— es más alto.
Esto ayuda a explicar por qué la sostenibilidad se mueve hoy menos desde el discurso y más desde la gestión. No porque haya perdido relevancia, sino porque el margen para narrativas amplias se reduce cuando el corto plazo aprieta y la política incide de forma directa en la economía.
Visto así, lo sucedido en Davos no marca un giro del artículo, sino una confirmación del momento. La sostenibilidad no retrocede, pero se ejecuta en un terreno más duro, donde la consistencia, la resiliencia y la capacidad de sostener decisiones pesan más que la épica.
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
Durante años, las pequeñas y medianas empresas han sido la principal puerta de entrada para miles de jóvenes que buscan iniciar su carrera profesional. Sin embargo, una encuesta realizada por la Facultad de Negocios LeBow de la Universidad de Drexel, muestra un cambio preocupante: las pymes planean contratar menos talento joven en 2026, lo que anticipa un escenario más restrictivo para quienes buscan su primer empleo formal.
Para las pymes, la cautela responde a presiones económicas y operativas; para los jóvenes, significa retrasos en su inserción laboral y trayectorias profesionales más frágiles desde el inicio.
Los recién graduados en el mercado laboral: menos margen para formar talento joven
Las encuestas nacionales muestran que las pequeñas empresas tienen 30 % más probabilidades que las grandes de afirmar que no contratarán recién graduados en 2026. Además, según este análisis, aproximadamente una de cada cinco pymes planea reducir o eliminar este tipo de contrataciones, marcando la mayor caída en más de una década. Esta decisión está directamente relacionada con la falta de recursos internos para procesos de capacitación prolongados.
A diferencia de las grandes corporaciones, muchas pymes no cuentan con programas formales de inducción, supervisores dedicados o áreas de formación. Para ellas, contratar a recién graduados en el mercado laboral implica asumir costos de tiempo y productividad que no siempre pueden absorber. En sectores como manufactura o salud, esta limitación se vuelve aún más evidente.
Además, la presión por resultados inmediatos hace que las pequeñas empresas prioricen perfiles que puedan aportar valor desde el primer día. Esto reduce el espacio para el aprendizaje gradual y coloca a los recién egresados en clara desventaja frente a candidatos con experiencia previa, aunque sea mínima.
El resultado es un círculo vicioso: las pymes necesitan talento adaptable, pero no pueden invertir en desarrollarlo; los jóvenes requieren oportunidades para adquirir experiencia, pero no logran acceder a ellas. Esta desconexión erosiona la función histórica de las pequeñas empresas como semilleros de talento.
Preferencia por perfiles ya conocidos y “probados”
Otro factor clave es la preferencia de las pymes por contratar pasantes, becarios o estudiantes de programas cooperativos que ya han trabajado previamente con ellas. Estos perfiles reducen la incertidumbre, ya que conocen la cultura organizacional y requieren menos acompañamiento inicial. En un contexto de cautela económica, esta estrategia se percibe como menos riesgosa.
Para los recién graduados en el mercado laboral que no tuvieron acceso a prácticas o programas de este tipo, la barrera de entrada se vuelve mucho más alta. El título universitario, por sí solo, ha perdido peso frente a la experiencia práctica demostrable, incluso para puestos de nivel inicial.
Las grandes empresas también han reducido su ritmo de contratación, pero enfrentan menos obstáculos estructurales. Su capacidad para absorber costos de formación explica por qué la desaceleración es más pronunciada en las pymes. Esta asimetría profundiza la segmentación del mercado laboral juvenil.
En consecuencia, el acceso al primer empleo depende cada vez más de decisiones tomadas durante la etapa formativa. Quienes no lograron insertarse tempranamente mediante prácticas quedan rezagados, aunque cuenten con credenciales académicas sólidas.
Factores territoriales y sectoriales que agravan la exclusión
Las dificultades no se distribuyen de manera uniforme. En zonas urbanas, el costo de la vivienda crece más rápido que los salarios iniciales, lo que obliga a muchos jóvenes a vivir lejos de sus lugares de trabajo. Para las pymes, que suelen contratar talento local y no pueden ofrecer sueldos más altos, esto reduce el número de candidatos viables.
En suburbios y zonas rurales, los largos desplazamientos y la falta de transporte confiable complican aún más la ecuación. Aunque existan vacantes, mantener a los recién graduados en el mercado laboral se vuelve un desafío tanto para empleadores como para trabajadores. La contratación presencial, buscada por casi 60 % de las pymes, intensifica estas barreras.
A nivel sectorial, las oportunidades también son limitadas. Aunque salud y construcción concentran el crecimiento del empleo, estos sectores priorizan perfiles con experiencia o formación técnica específica. Industrias como manufactura, artes y entretenimiento, por su parte, prevén contratar menos recién graduados en los próximos años.
Así, incluso en un contexto de creación de empleo, las oportunidades para quienes inician su carrera siguen siendo escasas. La desconexión entre los sectores que crecen y los perfiles que egresan de las universidades profundiza el problema estructural de inserción laboral juvenil.
Un riesgo sistémico para el futuro del trabajo
La decisión de las pymes de reducir la contratación de recién graduados no es solo una reacción coyuntural, sino una señal de alerta sobre la fragilidad del ecosistema laboral. Excluir a los recién graduados en el mercado laboral implica desperdiciar talento, frenar la movilidad social y debilitar la innovación a largo plazo. Sin mecanismos que faciliten la transición entre educación y empleo, el sistema se vuelve cada vez más excluyente.
Si esta tendencia se consolida, las consecuencias no recaerán únicamente en los jóvenes. Las pymes perderán la oportunidad de renovar capacidades, mientras que el mercado laboral se volverá más rígido y desigual. Revertir este escenario exige repensar los modelos de formación, contratación y apoyo a las pequeñas empresas para que volver a apostar por el talento joven no sea un riesgo, sino una inversión estratégica.
Un estudio científico de una década encendió las alertas sobre la velocidad con la que el cambio climático está alterando los ciclos naturales en la Antártida. La investigación documenta que la reproducción de los pingüinos se está adelantando a un ritmo nunca antes registrado en aves, una señal temprana de que el calentamiento global ya está reconfigurando uno de los ecosistemas más sensibles del planeta.
El hallazgo, liderado por las universidades de Oxford y Oxford Brookes, muestra que tres especies de pingüinos antárticos están modificando el inicio de su temporada reproductiva como respuesta directa al aumento acelerado de la temperatura en sus colonias. Para especialistas en sostenibilidad, este cambio no es anecdótico: es un indicador biológico clave de la profundidad de la crisis climática.
La reproducción de los pingüinos bajo la lupa: qué revela el estudio
Los resultados, publicados en el Journal of Animal Ecology, se basan en el análisis de imágenes captadas por 77 cámaras de lapso de tiempo que monitorearon 37 colonias de pingüinos entre 2012 y 2022. Los investigadores se enfocaron en el momento exacto en que las aves “se asientan” para anidar, un marcador preciso del inicio de la temporada reproductiva.
Los datos revelan un fenómeno sin precedentes. Los pingüinos papúa adelantaron su reproducción un promedio de 13 días por década, con colonias donde el cambio alcanzó hasta 24 días. Este ritmo constituye el cambio fenológico más rápido jamás documentado en un ave. Por su parte, los pingüinos barbijo y Adelia también mostraron adelantos significativos, cercanos a los 10 días por década.
“Nuestros resultados indican que probablemente habrá ‘ganadores y perdedores del cambio climático”.
Para los científicos, la rapidez del cambio en la reproducción de los pingüinos sugiere que el ecosistema antártico está reaccionando de forma acelerada a presiones térmicas inéditas.
Lucha por la supervivencia: ganadores y perdedores del cambio climático
El adelanto en la reproducción de los pingüinos no afectará por igual a todas las especies. El estudio plantea un escenario de competencia desigual en el que algunas podrían adaptarse mejor que otras a las nuevas condiciones ambientales.
Entre los posibles “ganadores” se encuentran los pingüinos papúa, considerados generalistas en su dieta y más flexibles ante cambios en la disponibilidad de alimento. En contraste, los pingüinos barbijo —altamente dependientes del kril— y los Adelia —estrechamente ligados al hielo marino— podrían enfrentar mayores dificultades para alimentarse y reproducirse con éxito.
Juárez Martínez advierte que, como especies clave en las cadenas tróficas, cualquier alteración prolongada en las poblaciones pingüinos puede generar efectos en cascada sobre peces, kril y depredadores superiores e indica que:
“La pérdida de diversidad en los pingüinos incrementa el riesgo de un colapso más amplio del ecosistema antártico”.
Vivir en un hábitat que se calienta cuatro veces más rápido
Uno de los hallazgos más preocupantes del estudio es la velocidad del calentamiento local. Cada cámara de monitoreo incluía un termómetro, lo que permitió medir con precisión la temperatura en las colonias. Los datos muestran un aumento promedio de 0.3 °C por año, una tasa cuatro veces superior al promedio del resto de la Antártida. El profesor Tom Hart, cofundador del proyecto Penguin Watch señala que estos hallazgos en el comportamiento de los pingüinos son cruciales:
“Los ecólogos suelen contar poblaciones, pero las primeras señales de declive están en los cambios de comportamiento”.
En este contexto, la alteración de la reproducción de los pingüinos funciona como una señal de advertencia temprana de que el equilibrio ecológico se está rompiendo.
Los científicos subrayan que aún existe incertidumbre: no está claro si este adelanto representa una adaptación exitosa o si provocará un desajuste con la disponibilidad de alimento en momentos críticos del desarrollo de las crías. Lo que sí es claro es que el ritmo del calentamiento reduce el margen de maniobra para la adaptación biológica.
Una señal crítica para la agenda climática global
El adelanto récord en la reproducción de los pingüinos confirma que el cambio climático ya no es una amenaza futura, sino una fuerza activa que está modificando procesos biológicos esenciales. Como señala la coautora del estudio, Fiona Jones, los pingüinos son indicadores del estado del planeta, por lo que estos hallazgos tienen implicaciones que van mucho más allá de la Antártida.
Este estudio refuerza la urgencia de acelerar la acción climática, reducir emisiones y proteger ecosistemas críticos. Ignorar estas señales tempranas implica asumir riesgos sistémicos: cuando incluso las especies mejor adaptadas al frío extremo comienzan a cambiar sus ciclos vitales, el mensaje es inequívoco sobre la magnitud del desafío climático global.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) encendió una alerta global al incluir la carne procesada en el Grupo 1 de agentes cancerígenos, la misma categoría en la que se encuentran el tabaco y el asbesto. La decisión, sustentada por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC), no es simbólica ni preventiva: responde a un consenso científico sólido sobre su vínculo con el desarrollo de cáncer.
Este señalamiento obliga a replantear los hábitos alimentarios normalizados durante décadas, especialmente en sociedades donde el consumo cotidiano de embutidos forma parte de la dieta base.
¿Por qué la carne procesada fue incluida en el Grupo 1 de la OMS?
La inclusión de la carne procesada —como jamón, tocino, salchichas y otros embutidos— en el Grupo 1 significa que existe evidencia científica suficiente que confirma su relación causal con el cáncer. Este grupo no clasifica a los productos por su nivel de peligrosidad comparativa, sino por la solidez y consistencia de las pruebas científicas que demuestran que un agente puede causar cáncer en humanos.
En este sentido, que el jamón comparta categoría con el tabaco no implica que su consumo sea igual de letal o que genere el mismo nivel de riesgo individual. La OMS y el CIIC han sido claros: la clasificación evalúa la certeza científica, no la magnitud del daño. Mientras que fumar incrementa de forma drástica la probabilidad de múltiples tipos de cáncer, el riesgo asociado a la carne procesada es menor en términos absolutos, pero significativo cuando su consumo es frecuente y prolongado.
El CIIC llegó a esta conclusión tras revisar cientos de estudios epidemiológicos de distintos países, que mostraron resultados consistentes sobre el vínculo entre carnes procesadas y cáncer colorrectal. Así, la clasificación funciona como una brújula de salud pública, destinada a advertir a gobiernos, empresas y consumidores sobre riesgos comprobados y a impulsar regulaciones, cambios en la oferta alimentaria y decisiones informadas, más que a establecer comparaciones simplistas entre productos.
¿Con qué tipo de cáncer se relaciona la carne procesada?
La evidencia científica vincula de forma directa a la carne procesada con el cáncer colorrectal, uno de los más comunes y prevenibles a nivel mundial. El riesgo se incrementa cuando estos productos se consumen de manera cotidiana, especialmente dentro de dietas bajas en fibra y altas en grasas saturadas, que deterioran la salud del sistema digestivo.
Estudios internacionales indican que el consumo diario de carnes procesadas puede aumentar hasta en 19% la probabilidad de desarrollar este tipo de cáncer. Factores como la obesidad, el sedentarismo y la falta de una alimentación balanceada potencian este riesgo, lo que refuerza la necesidad de abordar el problema desde un enfoque integral de prevención y salud pública.
¿Por qué la carne procesada eleva el riesgo de cáncer?
El principal mecanismo que explica la relación entre la carne procesada y el cáncer está asociado a los compuestos químicos que contiene. Los nitritos y nitratos utilizados como conservadores y colorantes pueden transformarse, durante la digestión, en nitrosaminas: sustancias altamente carcinógenas que dañan el ADN de las células del colon.
A esto se suman los compuestos que se generan al cocinar estas carnes a altas temperaturas, como al freírlas o asarlas directamente al fuego. Estas prácticas liberan sustancias que alteran la estructura genética celular y favorecen procesos inflamatorios crónicos. La combinación de conservadores, métodos de cocción y consumo prolongado explica por qué incluso cantidades moderadas, acumuladas a lo largo de los años, representan un riesgo significativo.
Recomendaciones para reducir el consumo y sus efectos
Reducir los riesgos asociados a la carne procesada implica, en primer lugar, limitar su consumo y priorizar dietas ricas en frutas, verduras, cereales integrales y legumbres, los cuales ayudan a limpiar las toxinas del cuerpo debido a su aporte de fibra. Organismos de salud recomiendan restringir la carne roja a porciones moderadas y evitar, en la medida de lo posible, los productos ultraprocesados.
Sustituir embutidos por proteínas blancas, pescado o fuentes vegetales no solo disminuye la exposición a nitritos, sino que mejora la salud intestinal gracias al aporte de fibra, que ayuda a limpiar el tracto digestivo. Asimismo, optar por técnicas de cocción más saludables —como el vapor o el horneado— y mantener un peso adecuado son estrategias clave para reducir el impacto acumulativo de estos compuestos en el organismo.
El rol empresarial frente a la advertencia sanitaria
La clasificación de la carne procesada como agente cancerígeno del Grupo 1 plantea un desafío ético para las empresas que participan en su producción y comercialización. Desde una perspectiva de responsabilidad social, ya no basta con cumplir la normativa mínima: es indispensable informar con claridad, reformular productos y reducir el uso de aditivos dañinos cuando la evidencia científica así lo exige.
Las compañías del sector alimentario tienen la capacidad —y la obligación— de innovar hacia opciones más seguras, transparentar riesgos y promover un consumo responsable. Ignorar esta advertencia no solo implica un riesgo reputacional, sino una omisión grave frente a la salud pública. En un contexto donde la sostenibilidad también es salud, la responsabilidad corporativa empieza en lo que se pone en la mesa.
El séptimo informe Perspectivas del Medio Ambiente Mundial (GEO-7), elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), lanza una de las advertencias más severas hasta ahora: la especie humana está llevando a la Tierra a un punto de quiebre ambiental con consecuencias profundas para la salud, la estabilidad social y la economía global. El deterioro acelerado de los ecosistemas, la crisis climática y la contaminación configuran una amenaza sistémica sin precedentes.
Sin embargo, en medio de este diagnóstico crítico, el GEO-7 también ofrece una guía para reparar el planeta. El informe sostiene que aún existe una ventana de oportunidad para cambiar el rumbo, siempre que se transformen de manera simultánea cinco sistemas: el económico y financiero; los materiales y residuos; la energía; los alimentos; y el medio ambiente. A partir de esta premisa, el PNUMA plantea una serie de acciones concretas para hacer viable esta transición.
Una guía para reparar el planeta: 6 claves del informe GEO-7
1. Ir más allá del PIB como medida de progreso
Durante décadas, el producto interno bruto ha sido el principal indicador del éxito económico, pese a que ignora los costos ambientales y sociales del crecimiento. Esta visión ha permitido que la degradación de la naturaleza conviva con narrativas de prosperidad, ocultando riesgos estructurales para el bienestar a largo plazo.
El GEO-7 propone adoptar métricas más amplias, como la contabilidad del capital natural, que asigna valor económico a los servicios que presta la naturaleza. Esta herramienta permitiría tomar decisiones fiscales y de inversión más alineadas con la sostenibilidad, ofreciendo una base más realista para evaluar la riqueza de las naciones.
2. Corregir los incentivos que hoy dañan al planeta
El informe identifica que el sistema económico global sigue premiando prácticas ambientalmente destructivas. Subsidios a los combustibles fósiles, la minería y ciertos modelos agroindustriales distorsionan los mercados y perpetúan actividades incompatibles con los límites planetarios.
Para revertirlo, el PNUMA recomienda redirigir alrededor de 1.5 billones de dólares anuales en subsidios perjudiciales hacia actividades sostenibles. También sugiere gravar bienes y servicios que generan daño ambiental, asegurando que los ingresos se utilicen para proteger a las poblaciones más vulnerables y financiar la transición verde.
3. Transformar residuos en recursos mediante la economía circular
La acumulación de residuos —desde plásticos hasta desechos electrónicos— se ha convertido en uno de los símbolos más visibles del modelo lineal de producción y consumo. GEO-7 advierte que sin un cambio estructural, la contaminación seguirá aumentando de forma exponencial.
La guía para reparar el planeta apuesta por la economía circular como eje transversal de cambio. Esto implica rediseñar productos para que duren más, puedan repararse y reciclarse, así como exigir a las empresas responsabilidad sobre el destino final de sus productos. Los gobiernos, por su parte, deben crear marcos fiscales y regulatorios que favorezcan estos modelos.
4. Acelerar la transición hacia energías limpias
Más del 80 % de la energía mundial aún proviene de combustibles fósiles, una dependencia que alimenta la crisis climática. El GEO-7 subraya que sin una transformación profunda del sistema energético, el colapso climático será inevitable.
El informe llama a multiplicar la inversión en energías renovables, electrificar sectores como el transporte y desarrollar alternativas como el hidrógeno verde. Al mismo tiempo, enfatiza que la transición debe ser justa, evitando que la extracción de minerales estratégicos reproduzca nuevos conflictos sociales y ambientales.
5. Repensar cómo producimos y consumimos alimentos
Los sistemas alimentarios actuales impulsan la deforestación, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Además, coexisten con niveles inaceptables de desperdicio y malnutrición, lo que evidencia su ineficiencia estructural.
GEO-7 propone dietas más sostenibles, con menor consumo de carne y mayor protagonismo de alimentos de origen vegetal, junto con prácticas agrícolas más eficientes y respetuosas con la naturaleza. Reducir el desperdicio de alimentos y diversificar las cadenas de suministro son acciones clave para aliviar la presión sobre el planeta.
6. Proteger y restaurar el mundo natural
La triple crisis planetaria —clima, biodiversidad y contaminación— está erosionando la base misma de la vida. El informe advierte que detener la degradación de la naturaleza es indispensable para cualquier estrategia de desarrollo sostenible.
Entre las acciones prioritarias se encuentran ampliar las áreas protegidas, restaurar ecosistemas degradados y fortalecer la gestión equitativa de recursos compartidos como bosques y pesquerías. Además, el PNUMA destaca el potencial de las soluciones basadas en la naturaleza para enfrentar el cambio climático y mejorar la resiliencia de las comunidades.
Los beneficios de cambiar de rumbo, según el PNUMA
Implementar esta guía para reparar el planeta no solo mitigaría riesgos ambientales, sino que generaría beneficios sociales y económicos de gran escala. El GEO-7 estima que, para 2050, estas transformaciones podrían evitar hasta 9 millones de muertes prematuras, sacar a 100 millones de personas de la pobreza y reducir la desnutrición de 200 millones.
Además, los autores del informe calculan que los beneficios económicos acumulados podrían alcanzar los 100 billones de dólares anuales hacia finales de siglo. Maarten Kappelle, jefe de la Oficina de Ciencia del PNUMA, subraya que implementar estos cambios no será fácil, pero el costo de no actuar sería mucho mayor:
“Reconstruir los cinco sistemas requerirá un esfuerzo conjunto de todo el gobierno y de toda la sociedad, sin precedentes en el mundo…pero esto es absolutamente vital si queremos construir un planeta mejor, más justo y más sostenible”.
Una hoja de ruta ineludible
El informe GEO-7 deja claro que la crisis ambiental no es un problema sectorial, sino el resultado de sistemas económicos y productivos mal alineados con los límites del planeta. La guía para reparar el planeta que propone el PNUMA no es una lista aspiracional, sino una hoja de ruta basada en evidencia científica y análisis sistémico.
Para gobiernos, empresas e inversionistas comprometidos con la responsabilidad social, el mensaje es contundente: postergar estas transformaciones equivale a profundizar los riesgos sociales, económicos y ambientales. Implementar estas seis claves no solo es una opción ética, sino una condición necesaria para asegurar un futuro viable en un planeta cada vez más presionado.
Durante la última década, los informes de sostenibilidad se han consolidado como una práctica casi obligatoria para las empresas que buscan legitimidad frente a inversionistas, reguladores y sociedad civil. No obstante, tal como Eco-Business ha señalado, el aumento en la cantidad de reportes no ha venido acompañado de una mejora proporcional en su capacidad para explicar el impacto real de las operaciones empresariales sobre el planeta.
Hoy, el desafío de los informes de sostenibilidad no es solo medir más variables, sino hacerlo con sentido sistémico. Reportar indicadores ambientales sin conectarlos con los límites físicos del sistema Tierra ha generado una narrativa de progreso corporativo que, en muchos casos, convive con el deterioro acelerado de los ecosistemas y la transgresión de los límites planetarios.
Reportar más no significa entender mejor
La adopción de estándares de sostenibilidad avanza con rapidez alrededor del mundo. Países como Filipinas, Singapur y Malasia ya exigen a las empresas que reporten su desempeño ambiental bajo normas alineadas con el ISSB y las NIIF, mientras que otras economías de la región preparan su armonización regulatoria. Este avance, aunque relevante, no ha resuelto una falla estructural de fondo.
Las normas actuales funcionan principalmente como guías de autoevaluación corporativa. Permiten a las empresas medir riesgos, consumos y emisiones, pero no necesariamente comprender si esos niveles son compatibles con la estabilidad ecológica de las regiones donde operan. El resultado es un cúmulo de datos que rara vez se traducen en decisiones transformadoras.
A esto se suma el papel de los calificadores ESG, cuyas evaluaciones influyen de forma decisiva en el acceso a capital. Metodologías propietarias, poco transparentes y no estandarizadas generan puntuaciones que aparentan precisión, pero que dificultan la comparación real entre empresas y sectores. Esta fragmentación refuerza el desafío de los informes de sostenibilidad como herramientas estratégicas.
En la práctica, muchas compañías logran “buenas calificaciones” mientras siguen contribuyendo al deterioro ambiental. La desconexión entre desempeño reportado e impacto real evidencia que medir sin contexto puede ser tan problemático como no medir en absoluto.
Intensidad versus impacto absoluto: la ilusión del progreso
Una de las inconsistencias más claras de los reportes actuales es la preferencia por métricas de intensidad. El uso de agua por unidad de producción o las emisiones por producto permiten mostrar mejoras en eficiencia, incluso cuando el consumo total de recursos sigue aumentando de forma sostenida.
Este fenómeno es visible en sectores industriales de la ASEAN, donde las empresas reportan reducciones en la intensidad de emisiones de gases de efecto invernadero, mientras sus emisiones absolutas continúan creciendo debido al aumento de la producción. Desde la lógica del sistema Tierra, el daño se agrava, aunque el reporte sugiera avances.
El problema no es la métrica en sí, sino su uso aislado. Las métricas de intensidad informan sobre eficiencia, pero no sobre suficiencia. Sin indicadores absolutos que reflejen la presión total ejercida sobre los ecosistemas, los informes no permiten evaluar si las operaciones empresariales están dentro del “espacio operativo seguro” del planeta.
Así, el desafío de los informes de sostenibilidad se manifiesta en una paradoja: empresas que cumplen objetivos ambientales internos, pero que, colectivamente, empujan al sistema terrestre más allá de sus límites críticos.
La falta de contextualización y las escalas que no dialogan
Otro vacío estructural de los reportes de sostenibilidad es la ausencia de contextualización territorial. Cuando una empresa informa su consumo anual de agua, rara vez se pregunta —o se le exige explicar— si ese volumen es sostenible en la cuenca específica donde opera. Un mismo dato adquiere significados radicalmente distintos en regiones con abundancia hídrica frente a zonas con estrés severo.
Esta falta de traducción interescala impide conectar las decisiones empresariales locales con las evaluaciones planetarias de estabilidad ecológica. Asia, por ejemplo, enfrenta una vulnerabilidad particular ante la transgresión de los límites planetarios debido a su densidad poblacional, rápido desarrollo y exposición a múltiples riesgos climáticos. Sin embargo, los reportes corporativos rara vez reflejan esta realidad.
Además, los límites planetarios no operan de forma aislada. La deforestación, el uso del agua y las emisiones de carbono interactúan entre sí, amplificando riesgos. No obstante, los informes suelen evaluar estos impactos de manera fragmentada, sin considerar sus efectos combinados sobre el sistema terrestre.
Esta omisión refuerza el desafío de los informes de sostenibilidad como instrumentos incapaces de capturar la complejidad real de la crisis ambiental, limitando su utilidad para la toma de decisiones responsables.
Hacia informes alineados con los límites planetarios
Superar estas deficiencias requiere un cambio de enfoque. Los informes de sostenibilidad deben incorporar métricas absolutas de presión ambiental —como emisiones totales de GEI o extracción total de agua— que complementen las métricas de intensidad. Solo así es posible evaluar el impacto real de las actividades empresariales.
Asimismo, es indispensable integrar herramientas que permitan analizar las interacciones entre presiones ambientales, apoyándose en la mejor ciencia disponible sobre resiliencia del sistema Tierra. La investigación ya avanza en este terreno, con prototipos que traducen los límites planetarios a escalas regionales y sectoriales.
La estandarización también es clave. Expresar los impactos corporativos en función de cuánto acercan —o alejan— a la humanidad de cruzar su espacio operativo seguro permitiría comparaciones más justas y basadas en ciencia, evitando la falsa equivalencia entre empresas ubicadas en contextos ecológicos distintos.
En este punto, el desafío de los informes de sostenibilidad deja de ser técnico y se vuelve político y ético: decidir si los reportes servirán para gestionar la transición o solo para narrar una sostenibilidad aparente.
De la narrativa al límite físico
Los informes de sostenibilidad atraviesan una crisis de credibilidad. Mientras el planeta transgrede siete de nueve límites planetarios, muchas empresas continúan reportando avances que no se reflejan en una reducción real de la presión ambiental. Esta incoherencia es cada vez más evidente para inversionistas, reguladores y sociedad civil.
Responder al desafío de los informes de sostenibilidad implica aceptar que no basta con medir y divulgar, sino que es necesario contextualizar, estandarizar y alinear los datos con los límites físicos del planeta. Solo así los reportes podrán cumplir su promesa original: ayudar a conectar las decisiones empresariales cotidianas con la supervivencia de los sistemas de los que dependen la economía y la vida misma.
CHEP ha sido certificada como Top Employer Global 2026 por cuarto año consecutivo. Fue una de las 17 empresas a nivel mundial que recibieron la certificación global del Top Employers Institute, que reconoce a las organizaciones por sus políticas y prácticas de RR. HH.
“Este reconocimiento reafirma nuestro compromiso de seguir construyendo una cultura donde cada persona pueda desarrollarse y aportar lo mejor de sí en países como México, Argentina, Brasil y Chile. En CHEP, trabajamos para que la experiencia de nuestros colaboradores sea significativa, porque sabemos que su talento y dedicación son la base de nuestro éxito y del impacto positivo que generamos en la industria”, comentó Carlos Bojórquez, Human Resources Director for CHEP Latin America.
Con la certificación también renovada en cuatro regiones (África, Asia-Pacífico, Europa y América Latina) y en 26 países, incluyendo México, la empresa alcanza una cobertura del 97 % de su fuerza laboral.
“Estamos increíblemente orgullosos de recibir la certificación Global Top Employer por cuarto año consecutivo, entre solo 17 empresas que obtuvieron este reconocimiento a nivel mundial. Refleja nuestro enfoque continuo en crear un lugar de trabajo donde la inclusión, la oportunidad y hacer lo correcto son parte esencial de quienes somos”, externó Lucy Knight, Brambles’ Chief People Officer.
“Este logro pertenece a todos nuestros colegas, cuyo compromiso con la entrega para el negocio y dedicación a nuestros clientes continúa diferenciándonos”, añadió Lucy Knight.
El programa de Top Employers Institute certifica a las organizaciones en función de la participación y resultados de su Encuesta de Mejores Prácticas de RR. HH., que abarca seis dominios y 20 temas, incluyendo estrategia de personas, entorno laboral, adquisición de talento, aprendizaje, diversidad e inclusión y bienestar.
La compañía obtuvo puntuaciones altas en áreas como desempeño, liderazgo, entorno laboral, sostenibilidad, ética e integridad, y destacó que estas prácticas se implementaron de manera consistente en los 26 países. También hubo avances significativos en todas las métricas principales de liderazgo, diversidad, equidad e inclusión, recompensas y reconocimiento, y procesos de incorporación.
“CHEP ha demostrado una capacidad excepcional para alinear su estrategia de personas a nivel global, al tiempo que garantiza experiencias significativas y relevantes a nivel local para sus empleados en cada mercado certificado, un sello distintivo de las organizaciones que impulsan un sólido desempeño empresarial, la movilidad del talento y la resiliencia de la fuerza laboral”, comentó Adrián Seligman, CEO of Top Employers Institute.
“Este logro coloca a CHEP entre un grupo selecto de empleadores que establecen el punto de referencia para la estrategia de personas a nivel internacional. Estamos increíblemente orgullosos de continuar nuestra asociación con ellos mientras inspiran la excelencia en toda la comunidad global de RR. HH.”, concluyó Adrián Seligman.